Hoy día de la constitución de 1978. Células madre, por José Soldado

José Soldado

¿Hoy es un día de fiesta o de reflexión constructiva?  Supongo que si dedicamos un día a celebrar la constitución será para que ese día deparemos en ella y analizamos su estado de salud…por si hay que ayudarle. Los actos públicos de los políticos, las medallas, y demás bagatelas que nutren el ego están bien si son merecidas, pero nosotros creo que le debemos a esta democracia vigilar que no esté siendo, poco a poco, aniquilada por sus enemigos que son muchos más de lo que parece. Hemos llegado al punto de que Otegui (que no es demócrata porque es marxista leninista y eso, como es sabido, es la antítesis de la democracia liberal) lo ha tenido que decir para que algunos se enteren: El Estado necesita a los que quieren destruir el Estado. Traduzco: el gobierno (ejecutivo y consorcio legislativo que lo sostiene) necesita a quienes quieren destruir la unidad nacional para seguir gobernando y lo que quieren destruir la unidad nacional y territorial necesitan a este gobierno. Ellos usan la palabra,  en el análisis marxista, una estructura al servicio de una clase, ideología, o de otra nación invasora. Hablan de estado, que es un ente jurídico, separándolo del concepto de nación (para Bueno nación política sólo es la que tiene un Estado). Algo, pues, artificial frente al concepto de nación (prefieren «pueblo») étnica o lingüística que quiere su propio estado (es decir su propia estructura, en su mentalidad, de represión e imposición ideológica).  Las palabras de Otegui (no desmentidas por ningún miembro del gobierno) implican que el gobierno sabe que su socio quiere destruir el Estado (sacarlo de un territorio, expropiárselo a unos ciudadanos) desgajando, a su vez, la nación política. Sin embargo, la permanencia en el poder es, deducción por los hechos, prioritaria a las intenciones de Otegui y su grupo independentista, que deben tomarse como un efecto colateral admisible y sus declaraciones como «fuego amigo».  Lo que, al parecer,  no saben los colectivistas (por nacionalistas) del PNV es que a ellos les harán lo mismo los colectivistas (por nacionalistas y socialistas, mezcla fatal) lo mismo si alcanzaran la independencia.
Es un ejemplo por no reiterar el (igualmente grave corrupción) asalto ideológico al Estado mediante las redes  clientelares.
La degeneración de la democracia liberal, un sistema basado en el individualismo, mediante la penetración del colectivismo y sus técnicas a largo plazo no nos permite hoy, para evitar esa corrupción de la democracia liberal  actuar simplemente sobre la superficie de las políticas que es lo que suelen hacer los partidos. Es necesario recuperar el espíritu de la democracia, su esencia, sus orígenes culturales y filosóficos, recomponer el tejido y a ese tratamiento me referí en otra entrada como tratamiento con células madre. El velo contaminante del colectivismo (que no es moderno, sino tan antiguo como Esparta y tan moderno como las teocracias moderna  o el marxismo, tan antiguos y tan modernos) ha permitido a los Procustos hacer ingeniería social (alargando, recortando y ofreciendo seguridad mediante paguitas de subsistencia).  España tiene un potencial gigantesco pero está atenazada, come un pobre menú en el hostal de Procusto que se ha convertido en el supremo intérprete de la Constitución. Hoy está directamente en el gobierno. 
Así que vayamos directamente a los orígenes. He extraído algunas células madre, en este caso de Benjamin Constant.  De él se dijo que «amaba la libertad como otros aman el poder». Era un liberal auténtico de aquel batiburrillo de finales del XVIII (donde el indivodualismo y el colectivismo jugaron sus bazas). Pertenece al sector luminoso de la filosofía política, ese conjunto de hombres realmente buenos cuya obra los define perfectamente como puede ser también Locke, Adam Smith, Montesquieu,  Aron o el propio Hayek. Aman el hombre (no son doctrinas basadas en el odio y su consecuencia la lucha entre colectivos, sino en la colaboración respetuosa de todos los intereses en juego), en definitiva y buscan formas de intersubjetividad que parten del respeto al individuo que se constituye en un fin en sí mismo, en una sociedad a partir de esa premisa donde todos se saben necesarios y todos tienen algo que ofrecer y algo que necesitar. La doctrina implica que la colaboración (además de suponer una forma de moral colectiva más elevada) es mucho más productiva y que la libertad es un requisito imprescindible para el verdadero progreso individual y, en consecuencia, social; mientras que cierto concepto de igualdad, salvo la igualdad ante la ley que sí es imprescindible por las mismas razones, es en realidad una trampa colectivista que tiene que ver (de modo más sofisticado) con la cama de Procusto: todos iguales, todos muertos al erradicar, precisamente, el factor clave del progreso y de la división del trabajo. El primero de clase en procustianismo hoy en día es Kim Jong-un,   pero hay muchos alumnos aventajados en todo el planeta, incluso en España. Todo colectivismo tiende  a eso y va implantando semillas en todas las democracias liberales porque, en realidad, ni creen en el individuo como fin en sí mismo, ni creen en la democracia liberal, simplemente se ha adaptado para conseguir sus fines igualitaristas y su control (ellos no son iguales, como recordó Orwell, unos son más iguales que otros… hasta en las hormigas hay una reina que tiene el monopolio del poder y la explotación y también zánganos, también en las termitas y las abejas prototipos de la igualdad de resultados y, como puede, apreciarse, su vida ha cambiado poco en los últimos millones de años, de hecho hay algunas atrapadas en resina y eran igualitas que ahora hace 50.000.000 de años). 
Por eso creo que tenemos un problema de raíz, que las democracias liberales están siendo afectadas, en sus raíces. y que el único tratamiento posible es con células madre que nos hagan retornar a los orígenes y -una vez que el pensamiento liberal goce de cierta hegemonía- restablecer las democracias que, sin dejar de serlo, por supuesto, se han apartado de sus fundamentos, transitando un camino cuyo final es el mundo de Huxley, donde, como podéis recordar, los individuos sólo podían soportar tanta ignominia plana mediante la droga denominada soma. 
Ahí van esas células madre (he procurado extraer de dos de las obras influyentes de Constant, aquéllo que tiene que ver con eso dicho, con las raíces mismas del problema), como hablan de los principios son de una actualidad extraordinaria y aplicables a situaciones concretas que estamos viviendo:
La libertad de los antiguos frente a la de los modernos (Discurso en el Ateneo de Paris el 20.02.1819 (Este discurso fue luego incluido por Constant su “Curso de política constitucional”)

“… hemos vivido bajo gobiernos abusivos, que sin ser fuertes eran vejatorios, absurdos en sus principios, miserables en sus acciones, gobiernos que tenían como resorte la arbitrariedad y como objetivo el empequeñecimiento de la especie humana.”

“…la libertad individual es la primera necesidad de los modernos. Por lo tanto, jamás se debe pedir su sacrificio para establecer la libertad política”

“… la libertad individual, repito, es la verdadera libertad moderna. Y la libertad política es su garantía.”

“… nadie tiene el derecho de arrancar al ciudadano de su patria, al marido de su mujer, al padre de sus hijos, al escritor de sus meditaciones, al anciano de sus costumbres. Todo destierro político es un atentado político.”

“. .. el peligro de la libertad moderna radica en que, absortos en el disfrute de nuestra independencia privada y en la búsqueda de nuestros intereses particulares, renunciemos con demasiada facilidad a nuestro derecho a participar en el poder político.”

“Los depositarios de la autoridad no dejan de exhortarnos a ello. ¡Están completamente dispuestos a ahorrarnos todo tipo de preocupaciones excepto la de obedecer y la de pagar! nos dirán:”¿ Cuál es el en el fondo la finalidad de vuestros esfuerzos el motivo de vuestros trabajos el objetivo de vuestras esperanzas?¿ no es acaso a la felicidad? Pues bien dejadnos hacer y os la daremos”. No, señores, no les dejemos hacer. Por muy conmovedor que sea ese interés tan entrañable, pidámosle a la autoridad que permanezca dentro de sus límites; se limita a ser justa. Nosotros nos encargaremos de ser felices.”

………

 “Libertad de pensamiento” (libro VIII su obra “Principios de Política”, escrita en 1806 y publicada en 1815). “La libertad política sería algo carente de valor si los derechos de los individuos no estuvieran protegidos contra toda violación. Cualquier país en el que no se respeten esos derechos es un país sometido al despotismo, con independencia de cuál sea la organización nominal del Gobierno.”

 “los gobiernos ignoran el daño que se hacen a sí mismos al reservarse el privilegio exclusivo de hablar y de escribir sobre sus propios actos. No es creíble nada de lo que afirma una autoridad que no permite que se leresponda.es creíble todo lo que se afirme contra una autoridad que no tolera el examen”

“Colatino pudo exponer en la plaza pública de Roma el cuerpo de Lucrecia, y todo el pueblo estaba informado del ultraje que había tenido lugar… si los gobiernos efímeros que tiranizaron Francia atrajeron sobre ellos el odio público,  no fue tanto por lo que habían hecho como por lo que confesaron. Se vanagloriaban de sus injusticias. Las publicaban en sus diarios.”

“todas las barreras civiles, políticas y judiciales se vuelven ilusorias si no hay libertad de prensa. La independencia de los tribunales puede ser violada con desprecio por la Constitución mejor redactada. Y si la divulgación pública no está garantizada, eso delito no será sancionado,  pues quedará cubierto por un velo. Los propios tribunales pueden prevaricar en sus juicios o alterar el proceso. La única salvaguardia al debido proceso sigue siendo la publicidad. La inocencia puede ser puesta entre rejas. Si la publicidad no advierte a los ciudadanos del peligro que se cierne sobre sus cabezas, los calabozos retendrán indefinidamente a sus víctimas gracias al silencio universal.” …” Además, el juicio por jurados representaría una garantía contra esos abusos en la interpretación.”

“Restringir hoy la libertad de prensa es restringir toda la libertad intelectual de la especie humana.”

“Hace 400 años, España era más poderosa y estaba más poblada que Francia. Ese imperio antes de la abolición de las Cortes comer tenía 30 millones de habitantes; hoy tiene 9. Sus naves cubrían todos los mares y dominaban todas las colonias. Su armada que soy inferior a la de Inglaterra, a la de Francia y a la de Holanda. Sin embargo, el carácter españoles enérgico, valiente, emprendedor. ¿A qué se debe entonces esa sorprendente diferencia entre el destino de España y el de Francia? A que en el momento en que la libertad política ha desaparecido de España, nada ofreció ya un nuevo medio de desarrollo a la actividad intelectual y moral de sus habitantes. Se atribuirá sin duda la decadencia de España a los defectos de su administración, a la Inquisición que la gobierna, a otras 1000 causas inmediatas. Pero todas estas causas tienen el mismo origen. Si en España hubiera existido libertad para el pensamiento, a la administración habría sido mejor, porque se habría visto iluminada por las luces de los individuos.”

“El mayor servicio que la autoridad puede hacer a la ilustración es no ocuparse de ella. Dejar hacer es todo lo que se necesita para llevar al comercio al más alto grado de prosperidad; dejar escribir es todo cuanto se necesita para que el espíritu humano alcance el más alto grado de actividad, penetración y exactitud.”

“La naturaleza, al crear al hombre, no consultó a la autoridad”

“”Los líderes de los pueblos ignorantes”, dice Bentham, “siempre han terminado por ser víctimas de su política estrecha y pusilánime. Esas naciones envejecidas en la infancia, bajo tutores que prolongan su imbecilidad para gobernar las más cómodamente, siempre han sido presa fácil para el primer agresor.”” (la cita es a la obra de Bentham, “Tratados de legislación civil y penal”)

“La verdadera causa de esas vicisitudes de la historia de los pueblos radica en que la inteligencia del hombre no puede permanecer estacionaria. Si no se la detiene, avanza. Sí se ve detenida, retrocede, puesto que no puede permanecer en el mismo punto. El pensamiento es el principio de todo. Si se desalienta el que se ha ejercido sobre sí mismo, dejará de ejercerse sobre cualquier otro objeto, salvo con languidez. Se diría que, al verse apartado de la esfera que la expropia, quiere vengarse, mediante un noble suicidio, por la humillación que se le infringe. Ningún esfuerzo de la autoridad servirá para devolverle la vida. El movimiento artificial e ininterrumpido que recibe se parece a esas convulsiones que un arte más terrorífico que útil imprime a los cadáveres sin conseguir reanimarlos.”(…) ” todo sigue en marcha, pero por las órdenes y las amenazas. Todo es más caro, porque los hombres se hacen pagar para descender al rango de simples máquinas. El dinero ha de cumplir la función de la opinión la emulación y la gloria. Todo es menos fácil, porque nada es voluntario. El gobierno es obedecido en lugar de secundado.” (…)” Así pues, todo cae en silencio, todo degenera, se hunde, todo se degrada en una nación que ya no tiene el derecho de expresar su pensamiento y, tarde o temprano, semejante imperio ofrece un espectáculo similar al de las planicies de Egipto, en las que vemos cómo una inmensa pirámide descansa sobre el polvo árido y reina sobre desiertos silenciosos.”

 “Al limitar la manifestación del pensamiento, se le cierra el talento su más bello camino. Pero no se evita que la naturaleza dé a luz a hombres con talento. Y su actividad necesita ejercerse. ¿Qué ocurrirá? Que los hombres se dividirán en dos clases. Unos, fieles a su destino original, atacarán a la autoridad. Los otros se precipitarán en el egoísmo y emplearán sus facultades superiores para acumular todos los medios de goce, única compensación que les queda. Así, la autoridad, con su extraordinaria actividad, habrá repartido a los hombres de espíritu en dos grupos: unos serán sediciosos, los otros, bribones. Y sin duda los castigará, pero por el crimen que ella misma ha cometido.”

Saludos 
José Soldado Gutiérrez.

LOS NICHOS CLAVE Y LA CLAVE DE LOS NICHOS DE LA INDUSTRIA DE DEFENSA. II Ciclo AEME/2022

Manuel Vila Gonzalez
Clúster de la Industria de Defensa

Introducción

Sabido es que todo lo relacionado con la guerra (aunque sea fundamentalmente para evitarla) está inmerso en una niebla que nos impide definir con exactitud aquello de lo que hablamos, por mucho que intuitivamente creamos tenerlo claro, convirtiéndonos en remedos de San Agustín cuando pretendía enfrentarse al concepto del tiempo (1). Descrita directa o indirectamente por Sun Tzu, por Baltasar Gracián o por Clausewitz, la lógica paradójica que envuelve la estrategia se extiende más allá de su propia aplicación al marco que la hace posible.

Lo que la “industria de defensa” es.

En esas circunstancias, la “industria de defensa”, ni es “industria”, ni es de “defensa”.

Por un lado, todos entendemos que el propio concepto de industria excede lo que podría limitarse al sector secundario, ya que estamos hablando de aquella actividad económica que procura los bienes o servicios que necesitan la Armada y los Ejércitos, lo que más allá de manufacturas (vehículos, armas y demás), incluye servicios básicos o avanzados, construcción de infraestructuras o alimentos. Industria es aquí sinónimo de la cadena de suministros necesaria para el buen funcionamiento de las Fuerzas Armadas, y cuyo resultado lo mismo se refiere al motor eléctrico de un submarino, que a un curso de guerra electrónica, una camilla, un algoritmo, crema de protección solar, un acuartelamiento, un informe financiero, cierto transporte o una ración de berberechos.

En cuanto al hecho de que la labor de esa industria se centre en las necesidades de la defensa, caben dos consideraciones.

La primera es que como consecuencia de cierto “buenismo”, fundamentalmente europeo occidental (con alguna excepción, eso sí, entre las que no nos encontramos), la “defensa” ha ido perdiendo color y mezclándose intencionadamente con la “seguridad”, hasta el extremo de que esta última ha llegado a fagocitarla, por mor de una pretendida mejor aceptación de la realidad castrense por parte de la sociedad. Así, ya hablamos sin complejos de la Estrategia de Seguridad Nacional, como si integrándolo todo bajo un paraguas más amplio (sin llegar al extremo de los británicos… aún) hiciese pasar desapercibido el hecho de que la estrategia es lo que es (2), por mucho que se quiera extender ese concepto fascinante a lo que no debería denominarse sino “política”.

La segunda es que una actividad de alta tecnología, como es el caso, tiene la vocación (casi el deber patrio) de ser exportadora. Aunque cumpla obviamente con las restricciones que la ley establezca, lo cierto es que una venta exterior puede acabar siendo el germen o al menos un factor favorecedor (o un mero aditamento) de una agresión exterior, convirtiendo esa “defensa” exactamente en lo contrario.

La clave de los nichos de la industria de defensa

Toda empresa especializada (y las relacionadas con la defensa lo son casi por definición), busca un mercado específico en el que poder destacar en virtud de sus capacidades tecnológicas y productivas: un mercado nicho. En un rango de actuación tan amplio como el descrito, en el que la industria de defensa se encargaría de cubrir todo el espectro de las necesidades de la defensa (nada menos), identificar los sectores clave resultaría, de nuevo, paradójico (cómo no), ya que cualquier delimitación de lo que es más importante excluiría de forma automática otros productos o servicios que son simplemente vitales (¿o es que podemos decir a priori que las balas son más prioritarias que el gasoil, que el agua, que las botas o que las comunicaciones?).

Así pues, habida cuenta de que nuestras empresas ya cubren muchas de las necesidades de nuestras Fuerzas Armadas, parece sensato centrar el tiro en aquello de lo que carecemos, siendo conscientes de que a éstas no las debería faltar de nada, pues acudirán al extranjero a dotarse de los equipos o tecnologías que no puedan encontrar en casa.

Y ahí está la clave: el Gobierno de España fomenta la compra nacional (cuando es posible), como ventaja estratégica. Por lo que, si pensamos en “nuevos” nichos de mercado, debemos tener en cuenta las necesidades operativas, con el fin de satisfacer esa demanda.

Identificación de los nichos clave: el papel de las asociaciones

Ahora bien, dado que el desarrollo de soluciones a esos requerimientos no es inmediato, ¿cómo podrían las empresas acelerar su reacción y adelantarse en lo posible a la consolidación de las tendencias?

La respuesta es sencilla: conociendo lo antes posible y sin intermediarios las necesidades de las Fuerzas Armadas. Ese diálogo directo es frecuente entre el estamento militar y las grandes empresas del sector, aquellas que integran y suministran los grandes sistemas de armas. Pero ese contacto natural siempre ha sido bastante escaso entre las Fuerzas Armadas y la pléyade de PYMES que suministran bienes o servicios menos glamurosos, que son meros subcontratistas de los grandes grupos o que disponen de una tecnología dual que ni siquiera saben que pueda ser de aplicación para la defensa. Todas ellas atesoran un know how sobresaliente que bien podrían afilar si supieran hacia dónde dirigir sus esfuerzos de I+D+i, siempre concebidos a largo plazo.

El pequeño tamaño de muchas empresas impide todo contacto directo entre ellas y el cliente final, como es lógico. Y el gran número de sociedades dificulta el acceso en sentido contrario. Por eso debe existir un vehículo que lo haga posible, haciendo de puente entre esos dos mundos.

Pues bien, me cabe el honor de presidir un clúster que nació hace apenas tres años con la vocación de convertirse en un foro en el que las empresas punteras, independientemente de su tamaño, pudieran escuchar a las Fuerzas Armadas, y en la que éstas pudieran conocer, de primera mano, de qué capacidades dispone nuestra industria. Un foro en el que las empresas de defensa pudiesen interactuar entre sí para buscar sinergias y establecer colaboraciones. Un foro (complementario a las grandes asociaciones), cuya principal pretensión es atraer el talento empresarial e industrial español al mundo de la Defensa, haciéndoles ver que sus habilidades pueden ser de utilidad al servicio de todos nosotros.

Hace unos días el Clúster de la Industria de Defensa (CID) reunió en Santander a su Consejo Asesor y celebró la entrega de sus premios anuales. El Palacio de la Magdalena se convirtió en un hervidero de ideas sobre cómo suplir las carencias más perentorias: municiones merodeadoras e inteligentes, sensorización del campo de batalla, inteligencia artificial, comunicaciones seguras, artillería de largo alcance, telemedicina, materiales más ligeros, textiles autoadaptables, vehículos autónomos de todo tipo, etc. El evento fue un ejemplo de esa imprescindible interlocución entre lo militar y la empresa, donde gracias a la clave para localizar los nichos (el empeño de nuestra sociedad por comprar en España), se perfilaron al final algunos de esos nichos clave…

Conclusiones.

Las necesidades de las Fuerzas Armadas se extienden al sector textil, al agroalimentario, a la construcción, al de la movilidad… o incluso a cría de mulas, llegado el caso. Cualquier cosa es susceptible de ser industria de defensa y no solo los aviones de combate, los submarinos o los vehículos de combate de infantería.

El CID quiere contribuir, modestamente, a que la industria de defensa se suba al carro de las necesidades de nuestras Fuerzas Armadas al amparo del incremento presupuestario que empieza a vislumbrarse.

                                                                                               Manuel Vila González

                                               Presidente del Clúster de Industria de Defensa (CID)

NOTAS:

  • “Si no me lo preguntan, sé lo que es; pero si he describirlo, no sabría cómo hacerlo”
  • Y sobre lo que la estrategia es cabría hablar largo y tendido; baste decir que se trata del proceso de decisión que se establece cuando nos enfrentamos a una voluntad ajena que procura nuestra destrucción, en medio de circunstancias terceras que ninguna de las dos partes puede dominar.

Dualidad en la Industria de defensa actual. II CICLO AEME/22

Cristián Briales

Ingeniero de Supervivencia

GDELS-Santa Bárbara Sistemas

Introducción

La amenaza que representan los IED en las misiones de paz aparece tanto en los medios que se hace innecesario aclarar que IED son las siglas de Improvised Explosive Device. Esto se refiere a artilugios no convencionales, como coches bomba situados al borde de la carretera y que se hacen detonar al paso de un convoy. Se ha establecido una clasificación de diversos tipos de IED, los cuales se gradúan en una serie de Niveles de amenaza en función de la cantidad de explosivo y de la distancia. Por ejemplo, una furgoneta repleta de explosivo a unos metros de distancia, representa un cierto nivel en la parte alta de la escala.

Singularidad de la amenaza IED

El IED es una amenaza singular frente a la que los vehículos blindados tradicionales no ofrecían protección suficiente. El dotar a los vehículos militares de una protección ajustada al nivel que exige su perfil de misión es uno de los retos a los que se enfrenta la industria de plataformas terrestres y al que GDELS-Santa Bárbara Sistemas dedica una parte importante de presupuesto de I+D.

Desde más de una década, la gama de vehículos blindados que GDELS-Santa Bárbara Sistemas desarrolla tiene una respuesta a amenazas IED conocida y un nivel de protección ajustado por diseño a la exigencia del cliente.

La singularidad de esta amenaza se debe a los fuertes efectos dinámicos producidos por la detonación del artefacto. La onda aérea de gran intensidad generada por el IED, que se amplifica de forma no-lineal al superponerse con la onda reflejada en el terreno, se propaga hacia el vehículo transportando en su frente un elevadísimo impulso.

Al incidir y reflejarse contra la superficie de un blindado, esta onda transfiere un impulso que puede oscilar entre 3 y 30 kN·s por m2, dependiendo principalmente de la cantidad de explosivo y la distancia.

Sumando vectorialmente los impulsos transferidos a las distintas superficies del blindado, podemos encontrarnos con impulsos totales que, en casos extremos, podrían superar los 100 kN·s. Estos impulsos pueden ser verticales hacia arriba, si el IED está enterrado bajo el punto por donde pasa el blindado, o también laterales, si el IED es un coche bomba aparcado a un lado del camino.

Para hacernos una idea de qué representa un impulso de 100 kN·s, este valor es la cantidad de movimiento de una camioneta de 3.6 Ton impactando a 100 km/h contra un vehículo en reposo. Como vemos, cuantitativamente, los impulsos intercambiados en un IED son típicamente similares a los de una colisión entre automóviles.

Sin embargo, aunque guardan similitud, hay una importante diferencia cualitativa respecto a una colisión de carretera. El tiempo en que se transfiere el grueso del impulso al blindado oscila entre 0.3 y 3 ms, lo que es 1-2 órdenes de magnitud inferior al tiempo en que se transfiere el impulso en una colisión. Así pues, el carácter del evento IED es mucho más dinámico, pues al ser la estructura de un blindado mucho más rígida que la carrocería de chapa de un automóvil, las aceleraciones globales son mucho más fuertes.

La mitigación de estas aceleraciones, para asegurar la supervivencia de la tripulación, exige elementos amortiguadores en las interfaces de la estructura con los asientos o con cualquier unidad o aparato en contacto con la persona. De lo contrario, estos componentes transmitirán esfuerzos al cuerpo que pueden traducirse en lesiones graves.

Aportación de la ingeniería civil al desarrollo de defensa

Del diseño moderno de automóviles según requisitos de seguridad ante accidentes (crash-worthiness), se extraen valiosas técnicas y metodologías para el diseño de blindajes protegidos contra IED. No obstante, por tratarse de fenómenos cualitativamente diferentes, las soluciones de supervivencia son distintas en un blindado que en un coche, como puede esperarse.

Un ejemplo claro de aportación civil es la sofisticada tecnología de ensayos crash-test de automoción, que se aplica, con lógicas adaptaciones, a la evaluación de los niveles de protección de vehículos para la supervivencia de sus ocupantes.

Para evaluar la supervivencia, se realizan ensayos reales en todos los aspectos, excepto en que los tripulantes se reemplazan por maniquís antropomórficos monitorizados o ATD (anthropomorphic test device). Estos son los conocidos crash-test dummies de la automoción, a los que se añade algún sensor específico como es el registro de presiones sobre el tórax. Estos dummies siguen siendo perfeccionados por la industria civil desde hace décadas y son igualmente útiles en la industria de defensa. De hecho, los criterios basados en probabilidad de lesión son los mismos, pues los soldados son igual de vulnerables que los conductores.

Una diferencia respecto a los crash-tests reside en los montajes e instalaciones empleados. Mientras que en automoción se consiguen representar las velocidades relativas y geometría de la colisión mediante carros o trineos) acelerados sobre raíles, en las pruebas IED no queda otro remedio que detonar una carga explosiva representativa de la amenaza. Esto se tiene que realizar en campos de prueba del Ejército y bajo estrictos protocolos de seguridad, dada la potencia de las explosiones, que puede aproximarse a los niveles de una bomba de aviación.

Otra diferencia relevante con respecto a las pruebas crash-test es la imposibilidad de filmar desde el exterior el evento, pues a los pocos milisegundos el vehículo queda envuelto en una bola de fuego, que da paso a una nube fuliginosa de polvo que persiste durante unos segundos, cuando ya todo ha concluido. Los registros filmados se limitan al interior del vehículo, constituyendo la información más valiosa que se recoge en un ensayo, aparte de las señales de los dummies.

En el ámbito de defensa se han desarrollado métodos sofisticados para instalar las cámaras interiores, minimizando su movimiento durante los primeros ms del evento. También es posible, pintando un patrón de marcas en el interior, reconstruir la dinámica de deformación de dicha superficie. Esto resulta útil para caracterizar las reservas de espacio de supervivencia y también para correlar simulaciones numéricas.

Otra contribución del ámbito civil es el avance que la automoción ha impartido a la simulación numérica para eventos altamente dinámicos y no lineales. Esta herramienta ha sido crucial para ir optimizando la respuesta de las carrocerías a colisiones. Existen paquetes de software comercial (LS-DYNA, RADIOSS, etc.) que permiten modelar los aspectos relevantes de la dinámica de deformaciones con gran fiabilidad. Y estas mismas herramientas son indispensables para el diseño avanzado de vehículos blindados, si se busca compatibilizar su diseño con la supervivencia ante IED.

Innovaciones del desarrollo militar C-IED con potencial aplicación civil

La industria de defensa, como hemos apuntado, ha aprovechado un buen número de las herramientas y técnicas del campo civil para el desarrollo de vehículos compatibles con la supervivencia ante IED. A su vez, condicionadas por las importantes diferencias cualitativas asociadas a un IED, estas técnicas se han tenido que adaptar al nuevo entorno, como veremos a continuación.

Hemos visto ya que en las pruebas reales se ha tenido que sustituir la filmación exterior por vídeos de alta velocidad desde el interior. Esto presenta problemas prácticos como es iluminar un interior oscuro con focos que no se destruyan durante el evento. Pero, sobre todo, está el problema teórico de un análisis y reducción de datos fiable a partir de registros obtenidos con cámaras que vibran y se desplazan durante el evento. Para este último problema, existen técnicas de minimizar y de corregir por ordenador los efectos de cámara móvil, lo que permitirá en su día obtener una información casi tan valiosa como la de los vídeos exteriores. Esta técnica, no cabe duda, podrá aplicarse en un futuro en los crash tests con el fin de obtener datos no accesibles desde el exterior.

Otro ejemplo es la computación numérica, donde la simulación de la generación y propagación de una onda aérea a partir de una fuerte explosión, es ya un fuerte reto computacional. En efecto, para resolver las ecuaciones de evolución del gas, se requiere lo que se llama una discretización euleriana, donde la malla es fija y los gases fluyen de una celda a otra. Esto es radicalmente diferente a la discretización lagrangiana que se usa en crash test, donde los nodos de la malla son puntos materiales de la estructura sólida que se deforman y mueven con la misma.

El problema se complica cuando el gas de la onda aérea incide e interacciona con la estructura del vehículo. En esta fase se deben considerar ambas discretizaciones condicionándose entre sí, lo que ralentiza la computación de modelos 3D hasta tiempos de cálculo inasumibles. Para que los tiempos de cálculo sean razonables, es obligado dividir la modelización numérica en fases, lo que significa poner a punto una metodología propia indispensable para obtener simulaciones consistentes en las que apoyarse para optimizar el diseño.

Esta metodología de interacción de ondas áreas con estructuras podrá ser de aplicación en campos civiles como la minería o en la protección de plantas de generación de hidrógeno verde y sus depósitos de almacenamiento en la red de distribución.

Conclusión

Hemos visto que el diseño de plataformas terrestres conforme a criterios de protección IED ha sacado provecho de muchas técnicas y métodos de la industria civil, sobre todo del campo de la automoción.

A su vez, debido a la singularidad de la amenaza IED y sus diferencias cualitativas, ha sido necesario poner a punto técnicas de ensayo y simulación numérica que son específicas del reto de la industria de defensa para asegurar la supervivencia ante IED. Estos avances, como la técnica de filmación con cámaras montadas en el interior, podrían encontrar aplicación en la I+D de la industria civil.

LA INDUSTRIA DE DEFENSA EN EL EJERCITO DEL AIRE, del II Ciclo AEME/2022

Arturo Alfonso Meiriño. General de División EAE (R). Academia de las Ciencias y las Artes Militares (ACAMI)

https://www.diariosur.es/v/20130706/malaga/senalan-crisis-puesto-entredicho-20130706.html

El Ejército del Aire y la industria aeronáutica española: una simbiosis histórica

El sector industrial aeronáutico español ha estado inexorablemente unido a la historia del Ejército del Aire (EA). Una historia, relativamente corta, tanto la del sector como la de nuestra Fuerza Aérea, cuando la comparamos con la larga tradición de los sectores industriales terrestre y naval en nuestro país y la de nuestros centenarios Ejército de Tierra y Armada.

Sin embargo, la evolución que ha sufrido la industria de la aviación a lo largo de ese relativamente corto período de vida, se ha producido, si se me permite el símil, a la misma velocidad que su principal protagonista; es decir, el avión, que, ya hace tiempo, superó la barrera del sonido. La industria que diseña, desarrolla, produce y mantiene a los aviones en España, de acuerdo con el reciente informe realizado por KPMG para la Asociación de Industrias de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio, (TEDAE), facturó en 2022, a pesar de los efectos de la pandemia, 8,1 millardos de euros, destinó el 9,4% de su facturación a la I+D+i, aportó a las arcas del Estado 1,5 millardos de euros en ingresos fiscales, creó el 0,7% de empleo nacional con 33.900 puestos directos y 108.500 indirectos, de calidad y contribuyó al 1% del PIB nacional, generado por el efecto de arrastre de sus empresas.

Y en ese proceso vertiginoso, varios son los factores que han contribuido a que la base tecnológica e industrial del sector aeronáutico español haya alcanzado los mas que saludables niveles actuales de competitividad en la esfera internacional, con un 44% de su facturación realizado en el exterior. Competitividad que se ha enmarcado en áreas como la de desarrollo de Aero-estructuras, la propulsión, la aviónica y otros sistemas y equipos producidos por pequeñas y medianas empresas, poseedoras de unos elevados y competitivos niveles tecnológicos. Unos niveles, en definitiva, que nos permiten afirmar que España es uno de los pocos países europeos capaces de hacer volar un avión; desde el diseño hasta el ensamblaje final y la certificación así como su mantenimiento a lo largo del ciclo de vida.

De los “offsets” a la competitividad en los programas aeronáuticos de cooperación

Sin duda, la decisión tomada por el Consejo de Ministros en mayo de 1983, de dar luz verde a la adquisición, a la US Navy, bajo la modalidad FMS (Foreign Military Sales), de 72 aviones EF-18A/B, dentro del Programa FACA (Futuro Avión de Caza y Ataque), es el factor clave que, gracias a una política de compensaciones industriales asociada a dicha adquisición, mucho más concreta y estructurada que la que se había venido desarrollando hasta entonces en las adquisiciones en el extranjero, produjo un impulso sin precedentes en el proceso de desarrollo tecnológico del sector industrial aeronáutico español. Y que también trajo un cambio de paradigma en la forma de operar y gestionar el sostenimiento de las flotas en el EA, este último aspecto a través del SND (Sistema de Necesidades y Distribución) que revolucionó la gestión del abastecimiento y el mantenimiento aéreos e incluso indujo a la reorganización del entonces Mando de Material (MAMAT) del EA, hoy Mando del Apoyo Logístico (MALOG).

Unas compensaciones industriales, u “offsets” (contrapartidas), como se les denominaba entonces, que posteriormente evolucionaron hacia el concepto de “just return” (justo retorno) aplicado en el programa EFA (European Fighter Aircraft), de adquisición de los aviones Eurofighter, al que España se adhirió en junio de 1984, cuando se autorizó por el Consejo de Ministros la participación, con un 13%, en el proyecto y cuya gestión se asignó a la Agencia NETMA, creada a tal efecto, en el marco de la OTAN. Concepto este del “just return” por el que España igualaba su participación industrial a su participación en los costes (y por tanto financiación), y ello tanto para el motor como para la célula y cada uno de sus equipos de abordo y de apoyo contratados en el programa. Es lo que en términos técnicos se denomina workshare=costshare y que permitió a la industria nacional participar en el desarrollo tecnológico del “Typhon”, como se le acabó llamando, con el consiguiente salto tecnológico para el sector aeronáutico español.

El Programa Eurofighter permitió alcanzar unos niveles de competitividad en el sector aeronáutico nacional suficientes y necesarios para enfrentarse a las nuevas reglas del modelo de “global balance”, implantado por la Organización Conjunta para la Cooperación en materia de Armamento (OCCAR), a la que España se adhirió en 2005. Un modelo mediante el cual, la participación industrial a nivel nacional se mide en términos globales, es decir en varios programas gestionados por la organización y a lo largo del tiempo. Modelo que es aplicado, por ejemplo, en el Programa del avión de transporte estratégico A400M o en el programa del Sistema Aéreo Remotamente Tripulado (RPAS) europeo MALE (Medium Altitud and Long Endurance), gestionados por la OCCAR. En ambos programas, se ha podido demostrar, y se continúa demostrando, el alto nivel alcanzado por las empresas españolas relacionadas con la aeronáutica que, en competencia con otras de los países participantes en estos proyectos, han logrado hacerse con determinados contratos, en específicos nichos tecnológicos.

La entrada de España, con pleno derecho, en las organizaciones internacionales relacionadas con la defensa, primero en la OTAN en 1982, y posteriormente en la Unión Europea en 1986, así como la entrada de España en las diferentes organizaciones internacionales relacionadas con aspectos industriales de la defensa. −LoI (Letter of Intent) y su posterior Acuerdo Marco (Framework Agreement), OCCAR (Organisation Conjoint pour la Cooperátion an Matière d’Ármament), EDA (European Defence Agency) o la NSPA (NATO Support and Procurement Agency), o la entrada de AFARMADE, posteriormente relanzada como TEDAE, en la asociación de industrias Aeroespaciales y de Defensa europea (ASD), junto a la apuesta por la cooperación internacional en el campo aeronáutico como forma de satisfacer las necesidades de sistemas de armas para el EA, han constituido otro elemento clave en el proceso de desarrollo tecnológico de las empresas españolas.

Y por supuesto sin olvidar la fórmula de financiación aplicada a los grandes programas de defensa, con la participación del Ministerio de Industria. Modelo que permitió, en su día, posibilitar la participación de las empresas españolas en los grandes programas de defensa en general y en los de carácter aeronáutico en particular, siendo por tanto otro de los factores determinantes en ese proceso evolutivo del nivel tecnológico y de competitividad de la base tecnológica e industrial actual del sector en España.

Los fondos europeos y el nuevo ciclo inversor del MINISDEF: los retos actuales

Con ese bagaje, nos encontramos en las postrimerías del 2022 con una industria aeronáutica de defensa española que, tras un importante periodo de estancamiento en cuanto a programas aeronáuticos lanzados por el Ministerio de Defensa español, con un escaso portfolio en cuanto a programas de cooperación internacional lanzados en los últimos años, y con un importante impacto negativo producido por el parón de la pandemia del COVID-19, tiene por delante tres retos o realidades a los que hacer frente.

Por un lado, nos encontramos con una Unión Europea absolutamente decidida, y esta vez con financiación, a alcanzar tres objetivos bien definidos en su Estrategia Global (EUGS en sus siglas en inglés), y en particular en su Plan de Implantación en las áreas de Seguridad y Defensa. En primer lugar dispuesta a analizar, de forma conjunta, las necesidades de capacidades militares que Europa requiere para hacer frente a las amenazas presentes y futuras de la Unión; en segundo lugar decidida a promover la cooperación en la adquisición de capacidades militares conjuntas y por último, involucrada en el proceso de fortalecimiento de la Base Tecnológica e Industrial Europea (EDTIB en sus siglas en inglés), llevándola a niveles más altos de competencia desde el punto de vista tecnológico y a cotas más elevadas de competitividad en la esfera global. El Plan Europeo de Defensa (EDAP en sus siglas en inglés) y dentro de él, su Fondo Europeo de Defensa (EDF en sus siglas en inglés) han traído, por primera vez en la historia de la Unión Europea, fondos europeos para la defensa. Los 7,9 Millardos de Euro aprobados en la Marco Financiero Plurianual (MFF en sus siglas en inglés) para el período 2021-2027 (2,6 Millardos de Euro para investigación y 5,3 Millardos de Euro para desarrollo de capacidades) suponen un panorama de inversiones sin precedentes para los próximos años, en el que necesariamente tanto el Ministerio de Defensa como la industria aeronáutica española tienen que estar si queremos seguir evolucionando en la competitividad del sector aeronáutico español. Proyectos como el de “Tecnologías para ala rotatoria de próxima generación”(Investigación), o el FMTC (Future Medium size Tactical Cargo) (Desarrollo), ambos dentro del EDF, o el FCAS (Future Combat Air System), son solo unos ejemplos de lo que está en juego para el futuro de la industria aeronáutica española.

Por otro lado, nos encontramos ante un proyecto de presupuestos del Ministerio de Defensa Español para 2023 en el que, además de la continuación de los Programas Especiales de Modernización en curso, se han añadido 13 nuevos programas, 6 de los cuáles son eminentemente aeronáuticos: El helicóptero multipropósito para la Armada, los aviones de patrulla marítima (MPA en sus siglas en inglés) para el EA, los Sistemas Aéreos Pilotados remotamente  (RPAS en sus siglas en inglés) de largo alcance SIRTAP (Sistema Remotamente Tripulado de Altas Prestaciones), el programa de sustitución de los aviones C-15M (EF-18A/B) del EA, los aviones sustitutos del AV-8B Harrier de la Armada y del C.15M (EF-18A/B) 2ª fase del EA y los aviones de vigilancia marítima (VIGMA) para el EA. Seis programas con un coste total de 13,1 Millardos de Euro a lo largo de sus diferentes periodos de ejecución, lo que representa un 76% del total de los costes de los 13 nuevos programas.

Todo ello sin olvidar la denominación actual del Ejército del Aire que también lo es del Espacio (EAE). Y por tanto la necesidad de extrapolar los aspectos antes indicados a un nuevo sector, el del Espacio, en el que los asuntos de defensa han ido ganando protagonismo y que, aunque representando por el momento solo una pequeña aportación al PIB nacional (0,1%), ha sabido especializarse en el desarrollo de lanzadores, satélites, segmento terreno, operadores de satélite y aplicaciones entre otros, con un volumen creciente de facturación y dentro de ella, un más que relevante 80% de facturación asociada a la exportación. Un sector que también tiene detrás a la Unión Europea al incluirlo entre sus prioridades de inversión en el marco del MFF. La puesta en marcha, en los próximos meses, de la Agencia Espacial Española, será sin duda un importante apoyo al desarrollo de este sector en España.

Teniendo en cuenta el escenario presupuestario previsto para el  Ministerio de Defensa en 2023 (asumiendo que las inversiones reales del Programa 122.B del proyecto de presupuestos no sufrirán modificaciones o recortes posteriores a la vista de las revisiones a la baja que las previsiones del PIB español están teniendo) y asumiendo también que España se involucrará en los proyectos, tanto de investigación como de desarrollo, de la Unión Europea dentro del programa EDF, será necesario desarrollar nuevas fórmulas innovadores y más ágiles de contratación y de gestión así como disponer de un capital humano apropiado en cantidad y calidad no solo en el ámbito industrial sino también en el de la Dirección General de Armamento y Material (DGAM), responsable de la gestión de adquisiciones de los sistemas de armas demandados por los Ejércitos y la Armada y priorizados por el Estado Mayor de la Defensa (EMAD)  en su Objetivo de Capacidades Militares  (OCM).

Revista Ejército número 979 de noviembre de 2022

ARTÍCULOS

·         EL CUARTO PILAR DE LA VICTORIA. LA INFLUENCIA DE LA SUERTE EN LA GUERRA. Andrés González Alvarado. Teniente coronel de Infantería DEM.

·         ANÁLISIS COMPARATIVO DE DAESH Y HEZBOLLAH. Diego Gaspar Azparren. Cabo 1º de Caballería. Criminólogo, Master en Análisis y Prevención del Crimen. Doctorado en Ciencias Sociales y Humanidades.

·         GEOPOLÍTICA GLOBAL PARA UNA POSTGUERRA UCRANIANA. Raúl Suevos Barrero. Coronel de Infantería retirado.

·         JAPÓN: CAIDA Y AUGE DE UNA NACION. Antonio Varet Peñarrubia. Coronel de Artillería retirado.

·         OPERACIONES EN EL CIBERESPACIO: ¿ESAS DESCONOCIDAS? José María Millán Martínez. Teniente general.

·         DRONES CAZADORES DE BLINDADOS. José Alberto Marín Delgado. Capitán del Ejército del Aire y del Espacio.

·         LAS JEFATURAS DE APOYO Y LA PREPARACIÓN (JEAPRE), DESCONOCIDAS PERO INDISPENSABLES. Ramón Angulo Morales. Coronel de Infantería DEM.

·         EL DEPARTAMENTO DE IDIOMAS DE LA ESCUELA DE GUERRA DEL EJÉRCITO. Manuel Arriví Albentosa. Teniente coronel de Caballería.

·         EL TENIENTE CORONEL PALANCA: CUANDO ESPAÑA INVADIÓ VIETNAM. Ignacio Del Pozo Gutiérrez. Licenciado en Derecho e Historiador.

·         LA ORGANIZACIÓN DEFENSIVA DE LOS PIRINEOS EN NAVARRA. Félix David Vaquerizo Rodríguez. Coronel de Infantería DEM.

SECCIONES

OBSERVATORIO INTERNACIONAL

·         NUEVO GOLPE DE ESTADO EN ÁFRICA.

Alberto Pérez Moreno Coronel de Infantería DEM retirado.

·         PERDURA EL CONFLICTO ENTRE ARMENIA Y AZERBAIYÁN TRAS CASI CUATRO DÉCADAS.

Carlos Echeverría Jesús. Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED.

PENSADORES ESTRATEGICOS

·         LIANG Y XIANGSUI Y SU GUERRA IRRESTRICA (PARTE 1).

Ángel José Adán García. Coronel de Artillería DEM.

INNOVACIÓN TECNOLOGICA

§  ESPIA ELECTRICO.

§  PANTALLA DE HUMO.

Ricardo Illán Romero. Teniente coronel de Infantería.

FILMOTECA

§  EL MAESTRO DEL AGUA.

§  CASTILLO DE ARENA.

José Manuel Fernández López. Ejército de Tierra.

INFORMACIÓN BIBLIOGRÁFICA

·         ESTRATEGIA. UNA FORMA DE PENSAR. EVOLUCIÓN DEL PENSAMIENTO ESTRATÉGICO.

Federico Aznar, Andrés G. Martín y Luis Feliú | Silex | 2022.

·         GALDOS EN EL MUSEO DEL EJÉRCITO. LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA A TRAVÉS DE LOS EPISODIOS NACIONALES.

Museo del Ejército | Ministerio de Defensa. Secretaría General Técnica | 2021

WARGAMES/ JUEGOS DE GUERRA

§  EL DÍA MÁS LARGO.

José Manuel Fernández López. Ejército de Tierra.

La industria de defensa en el ET. II Ciclo AEME de 2022

Manfredo Monforte Moreno. General de División (Ret.). Dr. Ingeniero de Armamento. Artillero. Academia de Artes y Ciencias Militares

General Monforte Moreno

“Robles (ministra de Defensa) alerta de que la industria militar europea está ganando la batalla a la española”, a lo que añade: “tenemos mucha capacidad, iniciativa de hacer cosas, pero mucha competencia internacional… la industria española es muy pequeña y eso hace que en ocasiones sea menos competitiva” (Europapress, 21 de octubre de 2022). Un diagnóstico válido para los últimos cinco siglos de la pendular historia industrial militar nacional.

La industria militar española equipa a los ejércitos desde que Alonso de Quintanilla gestionase el reclutamiento y aprovisionamiento de las Hermandades de Castilla para la conquista de Granada. A partir de ese momento (1492), los Reyes Católicos mantienen un ejército permanente, razón última por la que aparece una industria artesanal, privada y gremial que le proporciona armas y equipos.

Dos siglos antes, la pólvora negra había llegado a Europa para revolucionar el arte de la guerra. Único propulsor y explosivo durante casi seis siglos, alrededor de ella, y sin abandonar la fabricación de armas blancas y otros ingenios, aparece la necesidad de fabricar ingenios capaces de lanzar proyectiles a partir de la energía química de la pólvora, lo que da lugar a la aparición de numerosas instalaciones privadas de armamento ligero y pesado, sus municiones y su pólvora.  

Durante el Siglo XVI y a medida que se estanca el combate terrestre, el esfuerzo bélico se orienta a incrementar la fuerza naval. Con la llegada de los Borbones a España a principios del Siglo XVIII, se regula la actividad industrial militar y la Corona asume su explotación para lo cual confía la tarea al Cuerpo de Artillería. Con el fin de satisfacer las necesidades del Ejército y mantener la Carrera de Indias se crean las Reales Fábricas, que a finales del XVIII se reordenan y alejan de la frontera francesa tras la revolución de 1789. Los problemas económicos y otras circunstancias obligan a importar armamento para abastecer a las unidades durante las Guerras Carlistas del XIX, mostrando claramente las carencias de una industria en continua decadencia y sin pulso. Este hecho, conocido por militares y gobernantes, ha tratado de corregirse en repetidas ocasiones con resultados muy dispares.  

La industria militar trató de reorganizarse por enésima vez durante la dictadura de Primo de Rivera y posteriormente durante la II República, pero los continuos cambios de gobierno y la Guerra Civil truncaron cualquier iniciativa. Tras la contienda, la fabricación quedó en manos del Estado o con una fuerte intervención de éste. Así, la creación del Instituto Nacional de Industria y de la Empresa Nacional Santa Bárbara protagonizan décadas de centralización y control de unas capacidades poco competitivas y, en algunos casos, ruinosas. En paralelo, comenzaron a nacer algunas industrias de capital privado (Barreiros, Manufacturas Metálicas Madrileñas, Instalaza, Ceselsa, Fecsa, Iturri…) que poco a poco fueron equipando al Ejército de materiales muy dispares, desde lanzagranadas a uniformes, material de campaña y otros aperos.

Con la llegada de la democracia se inicia una reconversión industrial inevitable; en el sector de defensa se comienza a considerar la cuenta de resultados de las empresas públicas, reconociendo que sanearlas precisaba de nuevos productos –innovación– y el acceso al mercado exterior.  El déficit del sector público es el detonante de la privatización de la Empresa Nacional Santa Bárbara a favor de la multinacional americana General Dynamics. A dicha privatización siguieron los intentos de reconversión de algunas factorías para terminar cerrando unas y vendiendo otras.

Al igual que la Armada cuenta con un proveedor principal, Navantia, de capital público, y el Ejército del Aire dispone de Airbus como suministrador de referencia, el Ejército de Tierra no cuenta con un “campeón nacional” capaz de satisfacer el grueso de sus necesidades. De hecho, las compras del Ejército están atomizadas y se reparten entre la industria nacional y el mercado internacional, donde se trata de adquirir materiales que se han dejado de producir en España, como es el caso de fusiles, pistolas, cohetes, misiles, etc.

Aunque en conjunto la industria militar española es netamente exportadora, no ocurre lo mismo con el material terrestre, pues para resultar competitivo en el mercado exterior hay que mantener un cierto volumen de producción que, en los países de nuestro entorno, se apoya en la demanda interna. Una industria que cuenta con una baja demanda basada en un presupuesto anoréxico, que recibe pedidos de forma discontinua –por programas– y carece de una planificación estratégica por parte de su cliente interno, es incapaz de mantener un cierto ritmo de producción y justificar nuevas inversiones en inmovilizado –un ejemplo es el taller de cañones de Trubia, que no recibe pedidos desde hace más de una década– y está condenada a sobrevivir en la incertidumbre. A esto hay que sumar la cesión de ciertas capacidades a multinacionales cuyos objetivos no tienen necesariamente que coincidir con las necesidades estratégicas del Ejército Español.

El bajo presupuesto dedicado a la defensa, mantenido alrededor del 1 % del Producto Interior Bruto nacional durante décadas, junto con la profesionalización de las Fuerzas Armadas y la carga salarial que ello implica, ha ido poniendo de manifiesto las carencias del equipamiento militar por mera obsolescencia y la imposibilidad física de atender al mantenimiento de los materiales. El propio JEMAD ha manifestado que se dispone de unidades que no se pueden desplegar por obsolescencia (Comparecencia del jefe de Estado Mayor de la Defensa en la Comisión de Defensa para informar sobre el Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para el año 2022. Madrid, 28 de octubre de 2021).

Afortunadamente, los empresarios del sector han entendido que el mercado nacional es demasiado pequeño para sostener las grandes capacidades que un sector tan especializado como el militar precisa, y se han visto empujados al mercado exterior. De hecho, algunas fábricas dedican hasta el 95 % de su producción a la exportación.

Para entender la situación actual del sector, son de suma importancia otros dos factores: por una parte, la inversión estatal en I+D+i, que es netamente inferior a la que dedican los países de nuestro entorno. De hecho, España dedica a esta partida en torno al 1,15% de su PIB, mientras nuestros competidores invierten entre un 2,5 y un 4 % de su riqueza anual, lo que lastra nuestra capacidad innovadora relativa; basta echar un vistazo al número de patentes españolas frente a las de otros países, con un saldo desfavorable de 1 a 100 o más si nos comparamos con Suecia, Israel o Corea del Sur.

Por otra parte, nos encontramos con una Ley de Contratos del Sector Público que muestra serias carencias para su aplicación en el sector de la Defensa al no contemplar que la mayor parte de los suministros requieren experiencia, solvencia técnica y capacidades singulares que poco tienen que ver con el precio de los servicios o productos contratados. Así, con la aplicación rigurosa de la Ley, se adquieren materiales en el extranjero por presentar un precio ligeramente inferior, sin tener en cuenta el daño que se produce a la industria nacional (a igualdad de calidad y producto) y las condiciones del suministro. No se considera, por ejemplo, el volumen de impuestos que pagan las empresas nacionales frente a las extranjeras, y que, globalmente, resultarían más beneficiosas para el Estado.

Y aún podemos considerar una tercera circunstancia: la reglamentación en materia de armamento y explosivos supone una barrera de entrada a nuevas empresas e impone condiciones mucho más restrictivas que las de nuestros competidores extranjeros, repercutiendo en una falta de competitividad comparada.

Por otra parte, la concentración de las grandes adquisiciones en un solo órgano de la Administración que no cuenta con suficiente personal cualificado dificulta en gran medida la gestión de las adquisiciones y posterga la planificación y aplicación de una política industrial avanzada y valiente que no contemplar el ciclo de vida de los sistemas como un todo. A pesar de ello, la iniciativa privada y la consultoría pública (Isdefe) va subsanando las carencias del sistema.

La industria española del sector se apoya en dos asociaciones empresariales muy activas y valoradas, AESMIDE y TEDAE. Además, existen algunos esfuerzos puntuales mediante la creación de clústers orientados al desarrollo de algunos programas: tal es el caso de Tess Defense, nacida para la gestión del 8×8 Dragón o de SMS para el desarrollo de misiles.

Dos oportunidades se asoman al horizonte de 2023: el incremento del presupuesto dedicado a Defensa anunciado por el Gobierno tras la cumbre de la OTAN en Madrid y la participación en los grandes proyectos europeos. Lo primero puede empezar a subsanar las insuficiencias manifestadas por los mandos de las Fuerzas Armadas, aunque se tardarán años en ponernos al día en cuanto a materiales modernos; la segunda puede incrementar la competitividad de nuestra industria y la apertura de nuevos y atractivos mercados plurinacionales.

En definitiva, la industria militar española constituye un ecosistema caracterizado por una gran estabilidad laboral, buenas condiciones retributivas y una alta cualificación de su masa laboral. Sin duda, un activo que España debe potenciar y aprovechar. Ojalá que, en un futuro próximo, el Ejército de Tierra pueda contar con los proveedores de referencia que necesita. Tal vez, el modelo industrial israelí puede ser un buen ejemplo.

Guerra compleja, armamento inteligente, superioridad en el combate y capacidades tecnológicas. AEME II/ciclo 2022

Profesor D. Antonio Martínez González

CURRICULUM:

Especialista en economía y tecnología de la defensa, ha participado y dirigido diferentes proyectos de investigación relacionados con la materia, entre los que cabe destacar “La Defensa y la Seguridad Nacional como factor de desarrollo económico-tecnológico: el caso español y la PESD” concedido por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado.

Es profesor de asignaturas específicas en Másteres Universitarios (“El sector empresarial de defensa y seguridad como alternativa eficiente al Sector Público”; “Innovación y tecnología en los procesos de mercado”; “Presupuestos y gastos públicos”).

En su campo de especialización, ha dirigido varias tesis doctorales dedicadas a las relaciones existentes entre economía, tecnología y defensa: “Administración pública de los recursos humanos de defensa en Uruguay”, con mención de doctorado europeo; “Análisis de la eficiencia del gasto en Defensa: el presupuesto de Defensa en España 1946-2008”; “La sostenibilidad de la industria aeroespacial en Europa: Aplicación específica a los casos francés y español”; “La eficiencia dinámica de las agencias privadas de suministros de servicios en los mercados de defensa y seguridad desde la perspectiva de la escuela austriaca”.

Sus estudios han dado lugar a la realización de publicaciones nacionales e internacionales, la organización de cursos y seminarios, y la participación en congresos, ciclos de conferencias, debates y jornadas

PONENCIA:

La guerra de Ucrania está sirviendo como escaparate para mostrar un conjunto de realidades contrastables en cuanto a cómo y de qué manera se gestan y evolucionan las circunstancias y condicionantes que coadyuvan a los grandes conflictos geopolíticos y militares. Por primera vez, tras el final de la Guerra Fría, los principales bloques geopolíticos y geoeconómicos en competencia por la hegemonía de la gobernanza mundial se han visto arrastrados a un escenario diplomático y militar que presenta, por un lado, la posibilidad concreta de llegar a generar escenarios de destrucción mutua y, por el otro, un complejo contexto de necesidades sociales y económicas que atender tras los terribles efectos de la pandemia del COVID‑19.

El conflicto ucraniano ha dejado en evidencia la existencia de un problemático conjunto de escenarios y dinámicas que afectan a diferentes fenómenos y procesos geopolíticos, sociales, económicos, tecnológicos, militares, energéticos y logísticos. Este complejo ecosistema interdependiente, estratégicamente catalizado por la guerra, ha obligado más que nunca desde la caída del muro de Berlín a los gobiernos occidentales y a sus estructuras militares, a tener que alinear sus capacidades geoestratégicas y de defensa a corto plazo junto al resto de necesidades económicas y productivas. En particular, a las derivadas de la garantía del suministro de otros bienes y servicios públicos, percibidos como absolutamente necesarios en nuestras sociedades desarrollas modernas y, todo ello, con unos niveles de exigencia en las actuaciones de gobernanza como no se había experimentado a nivel mundial desde hacía décadas.   

En tales circunstancias, tanto en España como en el resto de los países que conforman la Unión Europea, junto a los miembros la Alianza Atlántica, se han tomado una serie de decisiones estratégicas, en particular en la última cumbre de la OTAN celebrada en Madrid, acompañadas de un conjunto de medidas que implicaban asignar unos niveles de recursos presupuestarios en materia de Defensa Nacional por encima de los habitualmente destinados al sector. Así pues, en el caso de las inversiones dedicadas a innovación y tecnología de la defensa, hay dos partidas presupuestarias de aplicación que se han visto particularmente beneficiadas. Nos referimos al Programa 122.B Programas especiales de modernización, incluido en Área de Gasto 1 de Servicios Públicos Básicos; y al programa 464.A. de Investigación y estudio de las fuerzas armadas, encuadrado en el grupo de programas 4.6 INVESTIGACIÓN, DESARROLLO, INNOVACIÓN Y DIGITALIZACIÓN del Área de gasto 4 – Actuaciones de carácter económico.

Por lo que se refiere a los Programas Especiales de Modernización, éstos son el resultado de la cooperación entre los Ministerios de Defensa y de Industria, Comercio y Turismo. Tienen como objetivos el dotar de los mejores sistemas de armamento y tecnologías para el combate a nuestras Fuerzas Armadas en el campo de batalla, así como explotar las sinergias derivadas de sus desarrollos tecnológicos para la potenciación e impulso al crecimiento del tejido económico y productivo nacional en su conjunto. A tal fin, la partida presupuestaria asignada este año en los Presupuestos Generales del Estado alcanza la cifra de 4.901,71 millones de euros frente a la prevista el año anterior, que fue de 2.848 millones de euros, lo que ha supuesto un incremento del 72,11 %. Es innegable que este aumento representa una subida sustancial con relación a las asignaciones de ciclos presupuestarios anteriores.

En cuanto al programa 464.A. de Investigación y estudio de las fuerzas armadas, y en particular la partida de inversiones correspondiente a su Objetivo 2: Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial “Esteban Terradas” (INTA), asciende este año a la cifra de 196,02 millones de euros. Esta partida incluye todas aquellas acciones e inversiones dirigidas a la investigación para su aplicación en el diseño y desarrollo de nuevos prototipos de sistemas de armamento. En su confección se presta una especial atención a aquellos proyectos e iniciativas que, por su carácter dual, favorecen las sinergias y externalidades positivas en los sectores civiles de alta y media tecnología de nuestra industria nacional. Además, el conjunto de actuaciones que abarcan sus proyectos está enmarcado en la Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa 2020 (ETID). Para entender la importancia y el verdadero alcance de invertir en este programa, también hay que indicar que la actividad del INTA abarca más de 350 proyectos relacionados con la I+D, que están a su vez asociados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y a las políticas de la Unión Europea destinadas a la reducción de la contaminación del medioambiente, así como a impulsar la cooperación y coordinación con universidades y empresas.

 Ahora bien, la pregunta que deberíamos plantearnos es, si un aumento tan significativo de las inversiones en estos programas, algunos de cuyos objetivos son los de aumentar la capacidad operativa, la resiliencia y la efectividad de nuestra Defensa Nacional, recordemos que estamos hablando de una cifra que supera los 5.000 millones de euros, está realmente o no justificada.  La respuesta es sin duda alguna que sí. La realidad de los hechos lo avala, tanto por lo que se refiere a las necesidades reales de seguridad, el escaparate de la guerra de Ucrania es su mejor demostración práctica, junto a la necesidad de potenciar nuestro tejido tecnológico e innovador en cuanto principal fuente de impulso a la productividad, lo que representa uno de los factores determinantes del crecimiento económico, condición sine qua non para sostener y mejorar el estado del bienestar de nuestras sociedades.

Sin embargo, no debemos olvidar que uno de los principales argumentos de controversia en lo referente a invertir en políticas de Defensa y Seguridad Nacional frente a otras políticas sociales, ha sido históricamente el derivado de la componente ideológica que determina el proceso de la toma de decisiones en materia de gasto público. El principal problema reside en ofrecer respuestas por parte de los gobiernos lo más satisfactorias posibles a las demandas del conjunto de la sociedad, sobre si es mejor gastar en cañones o en mantequilla y en qué proporción hacerlo. Para ello debemos tener en cuenta lo que la ciudadanía entiende y percibe como necesidades más o menos inmediatas y apremiantes.

Este nivel de percepción y su intensidad van de la mano de otro importante concepto económico, el de coste de oportunidad. Este representa el verdadero coste de nuestras decisiones en cada proceso de elección al que nos vemos continuamente sometidos, ya sea a nivel individual o colectivo. Representa ni más ni menos que la idea, de a qué estamos dispuestos a renunciar en términos de otras posibles elecciones, para conseguir satisfacer nuestros deseos y necesidades en un momento determinado. Resulta evidente que el sentido de inmediatez que rige el deseo y la necesidad de cubrir las carencias percibidas por los ciudadanos juega un papel instrumental fundamental a la hora de preferir gastar en servicios públicos básicos como la Defensa o la Política Exterior, frente a otras políticas como puedan ser los servicios y la promoción social, las ayudas al desempleo, el acceso a la vivienda o la producción de bienes públicos de carácter preferente como sanidad, educación y cultura.

Sin embargo, la disyuntiva de tener que elegir entre posibles alternativas de gasto e inversión, no es tan sencilla a la hora de tomar decisiones como podría parecer. Independientemente del condicionante ideológico y del contexto político que pueda enmascarar la verdadera importancia y necesidad de gastar en un tipo de políticas frente a otras, existe una realidad que exige distinguir claramente lo que son necesidades estructurales, para mantener y defender nuestro modelo democrático de convivencia en forma pacífica, de otras que, por tener un carácter más coyuntural, no dejan también de ser importantes a los ojos de los ciudadanos. En este sentido la Defensa representa un factor sistémico sobre el que se sustenta nuestro modelo constitucional y de libertades.

Por lo tanto, se puede asegurar que el gasto en Defensa y Seguridad Nacional es importante por su propia naturaleza sistémica y dentro del mismo, las inversiones en tecnologías de defensa también lo son y por partida doble ya que revisten un interés particular al aportar una doble componente positiva con relación a otros tipos de gasto de inversión. En primer lugar, la ventaja tecnológica que es uno de los factores determinantes para conseguir la superioridad en el combate. Esta es una realidad históricamente contrastada y que, por si cabía alguna duda, se ha vuelto a confirmar en la guerra de Ucrania. En segundo lugar, el gasto en inversión en defensa contribuye al impulso de un tejido productivo y empresarial cada vez más potente y avanzado. La dualidad que presentan la mayor parte de las tecnologías de carácter militar las convierte, desde el punto de vista de la mejora de la productividad y del crecimiento económico, en una parte estructural sobre la que se sustenta el modelo productivo capaz de garantizar la resiliencia y el bienestar social y económico.

Es por todo ello, que finalmente podemos concluir que la Defensa Nacional vale porque sirve y la tecnología de defensa sirve porque vale. Demos, por lo tanto, la bienvenida al aumento del gasto real en inversión en unos programas tecnológicos e innovadores tan necesarios e indispensables para mejorar nuestras capacidades militares, y a la vez coadyuvantes del desarrollo y potenciación de nuestro tejido económico, productivo y empresarial nacional.  

                                                                                                       

INDUSTRIA DE DEFENSA: AÑO 2035. Segundo ciclo II/22 de AEME

Antonio Fonfría

Universidad Complutense de Madrid y Academia de las Ciencias y las Artes Militares.

Antonio Fonfría: Profesor de Economía Aplicada en la UCM. –

La industria de defensa es un sector estratégico. Con esta frase se pueden resumir un conjunto amplio de características que, lamentablemente, no todo el espectro político comparte. Sin embargo, un ejemplo puede ayudar a entenderlo. En la guerra de Ucrania este país está recibiendo apoyo de terceros países en términos de material militar lo cual está permitiendo que resista e incluso recupere terreno ante la que se suponía es una potencia militar en el ámbito convencional. ¿Quién fabrica dicho material para Ucrania? No los países, tampoco las fuerzas armadas. Lo fabrican empresas, cuya investigación y su capital humano se encuentran en la frontera tecnológica. En otras palabras, la industria de defensa.

Además, la aplicación de algunas de esas tecnologías al ámbito civil ha generado un importante impulso al crecimiento económico, aspecto éste que generalmente no se cuantifica pero que impacta en nuestro día a día como ciudadanos. Adicionalmente, la disuasión que generan las fuerzas armadas de los países se apoya indefectiblemente en su capacidad tecnológica en términos de sistemas de armas y equipos que aporten el mayor nivel de seguridad posible a un país. Ese es el objetivo último que hay que tener siempre presente.

La UE lleva años intentado que las industrias de defensa de los países miembros colaboren a fin de conseguir varios objetivos: menor fragmentación de la oferta, es decir que se unan fuerzas industriales entre países; desarrollos tecnológicos cooperativos para no duplicar esfuerzos económicos y demandas agregadas de los países para reducir los costes unitarios de producción, fundamentalmente. Con esos fines se han planteado un conjunto de instrumentos como el Fondo Europeo de Defensa –que financia la colaboración empresarial- o la PESCO –Cooperación Estructurada Permanente-, cuyo objetivo es servir de marco para dicha colaboración.

Sin embargo, estos esfuerzos resultan baldíos sin un notable aumento de la financiación de la defensa de los países, extremo este que ya se acordó en 2014 con la OTAN y que se ha venido dilatando en el tiempo por la falta de voluntad política de numerosos países, entre ellos España, lo cual ha hecho perder 8 de los 10 años que nos dábamos para alcanzar el 2% del PIB en gasto en defensa. Sin embargo, la guerra de Ucrania ha cambiado el panorama político, estratégico y militar y ha forzado a los países a adquirir un mayor compromiso con la política de defensa. La disuasión ha entrado en juego de forma notable y su importancia –tal y como destacaran numerosos autores hace ya incluso miles de años, Sun Tzu, particularmente-, empieza a ocupar el lugar que de forma natural le corresponde dentro de las relaciones internacionales.

Suponiendo que tanto las políticas de impulso a la cooperación, como los aumentos presupuestarios fuesen estables, predecibles y adecuados, suponen un reto para la industria de defensa. Por una parte, la industria habrá de responder con mayor prontitud que hasta ahora a las elevadas demandas tecnológicas de las fuerzas armadas. Por otra parte, habrá de impulsar aún más sus esfuerzos innovadores ya que en ellos se encuentra buena parte de la capacidad de disuasión. Todo ello impone un novedoso escenario de prioridades unidas a nuevas necesidades que obligan a las empresas a incrementar su eficiencia. Pero, en este nuevo contexto ¿Qué posición tiene la industria española de defensa? y lo que es más importante ¿Cómo se quiere que sea esta industria dentro de unos años, pongamos 2035?

Con relación a la primera de las cuestiones, España es el cuarto país de la UE en términos de su industria, pero la diferencia con los tres primeros es sustancial, lo cual nos deja en una posición de país intermedio. Ésta no suele ser una posición cómoda salvo que se apueste decididamente y con base en una estrategia clara y de largo plazo por un desarrollo industrial adecuado. En este sentido resulta más necesario que nunca que el famoso triángulo de acero –industria, políticos y militares-, se pongan de acuerdo para impulsar todos ellos en la misma dirección el sector industrial de la defensa. Hay numerosas formas de hacerlo, pero todas pasan por un concepto estratégico y un elevado compromiso, sin los cuales no se puede conseguir más que mantenernos en ese estadio intermedio que no nos beneficia, en el mejor de los casos. 

Las grandes empresas europeas pueden ejercer su poder de mercado, capacidad de lobby, utilizar sus recursos financieros, etc. a fin de obtener un elevado volumen de recursos provenientes de los fondos europeos para sus proyectos. Las empresas españolas que, incluso las de mayor tamaño, son menores que las europeas, se encuentran en desventaja. Por tanto, uno de los retos de la estrategia sería cómo utilizar de manera lo más eficiente posible nuestra posición para dar un salto que nos coloque a un nivel similar al de los grandes europeos. La respuesta pasa por enfocarnos en una variable clave: la tecnología.

El liderazgo se obtiene cada vez de manera más intensa apalancados en la capacidad de generación de tecnologías propias. Sin embargo, hay varios problemas que salvar. Por una parte, la importante fragmentación de recursos entre administraciones, lo cual no permite ni alcanzar economías de escala en el uso de los mismos, ni tener líneas prioritarias coherentes en el ámbito tecnológico. En segundo lugar, la falta de financiación pública para la investigación en defensa. Bien es cierto que es un tema tabú, pero la dualidad tecnológica corre en los dos sentidos: de lo civil a lo militar y viceversa. Por último, un dato importante es que, según la IGAE, la diferencia entre el presupuesto dedicado a I+D en España y su ejecución es del 50% de media en los últimos años, lo cual indica que la mitad de los recursos no se utilizan.

Esta situación es poco halagüeña, pero da pistas de por dónde se pueden atajar los problemas. La industria española de defensa posee un importante potencial –también ha de resolver sus propios problemas-, pero no está claro hacia dónde se quiere orientar ese potencial. Mantener el statu quo no parece una solución viable debido a la dinámica de los mercados europeos de defensa. La realización de alianzas entre empresas es una opción que ya se está utilizando y que es potencialmente una línea de impulso a medio y largo plazos. No obstante, saber hacia dónde se han de dirigir los esfuerzos es la base para los desarrollos posteriores, sin ello no podemos participar en numerosos programas de defensa europeos sin obtener los resultados esperados. En el año 2035 la industria española de defensa puede convertirse en un suministrador de inputs para las grandes europeas o en un generador de nuevas tecnologías de alto valor añadido. En cualquier caso, ha de colaborar, pero dependiendo de cómo lo haga el resultado puede ser uno u otro. No cabe duda de que las decisiones políticas, empresariales y estratégicas han de coordinarse para llegar a una estrategia que indique la senda a recorrer. Sin ello todo lo demás sobra. Se puede resumir en pocas palabras: estrategia, objetivos claros y voluntad de las partes.

Guerra ruso-ucraniana. Propaganda, debates y controversias, por el coronel (Ret.) Fernando Pinto Cebrián

21. de octubre de 2022

https://www.despertaferro-ediciones.com/2022/guerra-ruso-ucraniana-debates-controversias-propaganda/

En los medios se han estado produciendo varios debates, basados en algunas certezas, especulaciones y opiniones que, en mayor medida, son desinformaciones, fruto de la propaganda y contrapropaganda de guerra. Una extensa variedad de fake news de diversos orígenes, en ocasiones derivadas de ciertos intereses políticos, buscan afirmar lo que se querría que ocurriera sobre lo que ha pasado, está pasando y pasará en la guerra ruso-ucraniana.

Estos debates han surgido y siguen surgiendo como consecuencia de lo complicado que es tratar de entender la guerra en todos sus procesos. Como guía aclaratoria veamos, sintéticamente, los debates más conocidos y difundidos en los medios de comunicación sobre la guerra ruso-ucraniana.

Toma de Bucha por las tropas ucranianas

Las primeras controversias

Con el soporte de expertos ucraniólogos y rusólogos de toda clase, tras la sorpresa inesperada de la invasión rusa hace siete meses en territorio ucraniano –fallo de los Servicios de Inteligencia occidentales que según la OTAN deberían producir información rápida en tiempo real para poder reaccionar con eficacia–, los debates apuntados se iniciaron con aquel que analizaba si tal acción era una guerra o no, ante la declaración rusa de que la invasión era solo una “operación militar especial”. Declaración que colocaba a dicha invasión, por no haber una declaración formal de guerra fuera de la concepción de una guerra convencional, aun cuando la misma fuera armada y violenta, con la realidad de que Europa estaba y está en guerra.

Concretamente, aquel debate sobre si el tipo de guerra es para unos convencional incluso acusando la acción sobre civiles, o híbrida para otros, si a la convencional se añaden procedimientos diferentes de los habituales, en apoyo a aquella confrontación bélica –proxy para los rusos ante la intervención bélica indirecta de los amigos de Ucrania–; o bien, para otros, se trata de una guerra total al estilo de la Segunda Guerra Mundial, en la que se actuó bélicamente con todo y contra todo.

Con el tiempo se debatió también sobre la duración de la guerra/conflicto. Por un lado, estaban aquellos que aseveraban que el conflicto sería de escasa duración, ya que los ucranianos recibirían a los rusos de brazos abiertos, con lo que la entrada en Ucrania sería un “paseo militar”, cosa que no ocurrió. Por el otro lado estaban los que, considerando los presuntos objetivos de Vladímir Putin –la anexión de la totalidad de Ucrania tras la caída de Kiev, o solo una parte fronteriza–, presumían que sería más larga. A la distancia de este debate, es posible anotar que ni siquiera los segundos acertaron del todo.

Como consecuencia, la aseveración de que la invasión rusa ha conseguido unir Europa y reforzar la OTAN en su contra –tal como se declaró en la Cumbre de la OTAN en Madrid–, ha sido planteada recientemente como posibilidad peligrosa por Josep Borrell, el alto representante de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la ONU, a la vista de que Hungría quiere una consulta popular sobre los efectos de las sanciones rusas y la determinación de soluciones. Esto, a pesar de que dicha aseveración no era clara para algunos pues lo que parecía tener claridad se podría romper en orden de los intereses nacionales de cada país, según avanzara el conflicto y la dureza de las sanciones rusas, las cuales ya están deteriorando y desestabilizando la economía europea y mundial.

A propósito de la mencionada unidad de los países europeos –discutida más adelante– junto a los EE. UU., se abrió el debate sobre si estábamos ya en una Tercera Guerra Mundial o no, en atención a la intervención, aunque no directamente bélica por su parte, a la existencia nominal de bloques internacionales de soporte para cada uno de los contendientes, a los apoyos logísticos bélicos de todo tipo a Ucrania –con entrega de armamento creciente en calidad y cantidad, formación de combate a sus fuerzas, etc.–; y el sufrimiento común de los rebotes de las sanciones impuestas a Rusia. Debate en el que la mayoría señaló que, aunque existiera la posibilidad de una escalada, de momento dialéctica, en dirección a la mundialización del conflicto, aún no se estaba en ella.

Líderes de la OTAN reunidos en Madrid-2022

No obstante, aún queda pendiente la amenaza rusa de comenzar la Tercera Guerra Mundial si las fuerzas de la OTAN entran en Ucrania, o si Ucrania pasa a ser miembro de tal organización. Al igual que existe la incertidumbre sobre si esta posible guerra mundial derivaría en una guerra nuclear, la cual nadie desea. Al respecto hay dos posturas, los que creen que esta amenaza no se producirá, a no ser que se rompa el efecto disuasorio que pasara de la advertencia a la realidad, o a que haya un error bélico en tal dirección –mismos que exigen a Putin que ponga fin a la guerra–; y aquellos que la ven completamente posible si, como inicio, se emplearan por parte rusa armas nucleares tácticas, en caso de que la situación bélica se torciera en demasía para los rusos, poniéndoles «entre la espada y la pared» como parece que está ocurriendo: movilización desorganizada de fuerzas con falta de recursos, avances territoriales ucranianos de reconquista, voladura en el puente de Kerch que une Rusia con Crimea,  sabotajes sobre los gaseoductos en el mar Báltico y en Polonia, etc.

El debate actual ante la reciente amenaza pública rusa de ataques nucleares –importante saber si solo se trata de un farol con intencionalidad disuasoria–, a pesar de algunos desmentidos diplomáticos, ha originado una respuesta europea y estadounidense que intenta ser disuasoria –maniobras de la OTAN de carácter anual con armamento nuclear, las Steadfast Noom–. No obstante, esta amenaza ha sido tomada en serio por algunos países fronterizos con Ucrania, como Moldavia, Rumanía, Hungría, Eslovaquia y Polonia, los cuales están adquiriendo pastillas de yodo y revisando sus búnkeres antinucleares ante la idea de que la misma pudiera ser auténtica.

También está el debate comparativo de las bajas de combatientes y de armamento en ambos bandos, esto sobre todo por el lado europeo, contando con el silencio ruso tratando de dirimir quién va perdiendo la guerra. Rusia tiene en la actualidad carencias en cuanto a armas y municiones. Al respecto, algunos señalan que incluso cuando su maquinaria e industria militar están desgastadas, todavía cuentan con potencial para seguir en la guerra; asimismo otros señalan que, a pesar de que también se está llevando a cabo en Europa la producción de armas y municiones –armamento que ante los recientes ataques a Kiev y otras quince ciudades ucranianas se va a reforzar con sistemas antimisiles dando instrucción a quien han de emplearlos– para Ucrania con el fin de atender sus propias reservas, Ucrania está creciendo en cuanto a la recepción de armamento y material bélico, de la mano de financiación bélica por parte de que quienes les apoyan, lo que va a impulsar al ejército ucraniano hacia la victoria. Y este apoyo será también necesario en el invierno, ante la dificultad para el movimiento de tropas y la acentuación, con seguridad, de los ataques rusos por el aire de cualquier tipo. En este terreno también hay que mencionar la poca experiencia bélica de las fuerzas rusas presentes frente a parte de las ucranianas, que llevaban combatiendo siete años en la región de Donbás contra los separatistas prorrusos, además de los buenos resultados de su táctica de golpear por sorpresa y huir sin enfrentarse nunca directamente.

Asimismo, se abrió el debate, sin exponer la doctrina bélica rusa –diferente en su concepción a la europea y estadounidense–, sobre si Putin tenía una estrategia definida o no. Esto entre los que admitían que lo que estaba tratando era recuperar un territorio que antes era ruso; afirmando a la vez que Rusia había sido engañada por la OTAN sobre las intenciones de reforzar Ucrania frente al Este. En el debate, igualmente estaban aquellos que veían, y siguen viendo más allá, considerando que Rusia atacará para reforzar su seguridad y retomar su presencia como potencia mundial, recuperando en el proceso la idea de volver a la Gran Rusia, a otros países europeos fronterizos con Rusia; y ello a pesar de que haya quienes consideran, a la vista de los acontecimientos, que Putin ha cambiado de estrategia en varias ocasiones: abandono del intento de ocupación de Kiev, traslado al Este de las operaciones, nuevo ataque a Kiev con misiles, junto a quince ciudades más, como «venganza», «castigo» o represalia; ante la pérdida de parte de los territorios anexionados, la voladura de parte del puente de Kerch y la amenaza reiterada de un ataque nuclear. Cambios que, al margen de intentar mejorar la opinión pública rusa sobre la guerra, no suponen nada en cuanto a la idea de Putin, al parecer fija, de seguir adelante con la guerra de cualquier forma.

Lo que se discute recientemente

Otro debate, actualmente abierto, es sobre el valor de las sanciones económicas a Rusia. Este, entre aquellos que, partidarios de las mismas, consideraron que el resultado se vería a largo plazo;  y entre aquellos que consideran que las sanciones, como parte de la guerra, una «guerra económica» que acompaña a la bélica, no resolverán el conflicto, anunciando al tiempo que el daño causado rebotaría contra Europa. Lo que abriría la puerta a una escalada de las mismas, pensando además que el efecto de las sanciones, que afectan al continente europeo y más allá, continuará en el tiempo aun cuando se alcanzara la paz. Y este debate viene acompañado del subsecuente respecto a cómo paliar, cara al presente y al futuro, las dependencias económicas.

Existe igualmente un debate referente al apoyo armamentístico y logístico, amén de otros –entre ellos, el entrenamiento de fuerzas ucranianas, tropas y mandos, la atención sanitaria, la acogida de desplazados, etc.–, a Ucrania. Este, entre aquellos que lo consideran esencial –factor decisivo para la OTAN, para evitar que Rusia gane la guerra– y los que hablan de no dar tal apoyo, dirigiendo los esfuerzos a abrir una negociación ante la idea de que la guerra terminaría pronto frente una Ucrania derrotada.

Respecto a la salud de Putin, siguiendo la creencia generalizada de que «muerto el perro se acabó la rabia», también se ha originado un debate entre los que decían tener información concreta al respecto, información que daba como seguro, ampliada con la observación de algunos de sus gestos de que Putin estaba enfermo, gravemente enfermo; y entre aquellos que, dudando, no la consideraron como hecho en ningún momento.

Además de la polémica que refería a una posible enfermedad que pudiera eliminar naturalmente a Putin, ha surgido otra discusión. En esta, por un lado están los que consideran la posibilidad de un golpe interno en Rusia que haga caer a Putin, idea que refuerzan con habilidad en su contra ante las presuntas quejas de soldados rusos en Ucrania, de sus familias, de la sociedad ante la actual movilización; ante los resultados de las sanciones, de las supuestas críticas de algunos generales y poderosos; todos, bajo la idea de que Putin ha perdido el control y que es ya incapaz de imponer su autoridad, que la invasión de Ucrania se ha vuelto contra él, que su régimen está desnortado. Y, por el otro lado, ante el tema están aquellos que consideran que el poder establecido por Putin y la presencia de una mayoría rusa nacionalista, aún no visualizada completamente al sentirse agredida por occidente, se pone a su lado, no se ha debilitado tanto, a pesar de algunos miedos a su poder,  como para ser derrocado. Y más, teniendo en cuenta la existencia de un círculo de poder próximo a Putin –el «partido de la guerra»– que exige más dureza sobre Ucrania, con acciones contra las infraestructuras vitales –energía, comunicaciones, transportes, etc.– y contra las vías de recepción de armas y medios europeos y estadounidenses para la guerra. Esto, con el objeto de colocar a Ucrania y, por ende a Europa, al borde de la supervivencia. Asimismo, hay que considerar la especulación de algunos analistas que refiere a que la ausencia de Putin no supondría ni el fin de la guerra ni que Rusia no continuara «defendiéndose» de Occidente.

Embajada de Rusia en Londres

Sobre quién está ganando o perdiendo la guerra ruso-ucraniana existe de igual forma cierta controversia. En tal caso, están los que consideran que Ucrania la ganará en un futuro más o menos lejano –que son los que manifestaban y manifiestan que la guerra no la han de ganar nunca los rusos–, sobre todo ante las ultimas reconquistas territoriales; de la mano de aquellos que afirman que la guerra está ya dada por perdida para Rusia, a la vista de lo que consideran señales de desesperación y debilidad en el ejército ruso: cambios frecuentes de generales y mandos militares, faltas de armas y de municiones. Igualmente, en el tema están los que no ven tan clara esa debilidad, dada la potencialidad rusa, de cara al futuro en su posible esfuerzo de guerra.

Un debate más responde a lo que algunos afirman sobre una posible ralentización de la guerra durante el invierno, por dificultar los movimientos de fuerzas; frente a la creencia de otros que, sin olvidar el peso de la artillería, de los misiles, de los drones y de la fuerza aérea, ven posible la continuidad bélica.

Y mientras, frente a tanto debate que ha surgido, como se puede cotejar, al compás de la evolución de la guerra bajo la mirada de los expertos antes aludidos, además de los que posiblemente se sigan planteando –ahora, por ejemplo, sobre el significado de la aplicación de la Ley Marcial por parte Rusia a los territorios irregularmente anexionados, respecto a la evacuación de civiles de la región de Jersón o sobre los nuevos aliados de Rusia, etc.–, todos ellos interrelacionados, nos vamos distanciando para aclarar el «aquí y ahora» que interesa, dejando igualmente de lado una cuestión que pudiera ser clave: ¿Qué se ha hecho en el terreno de la diplomacia para atajar la guerra?

Finalmente hay también un debate, aún inconcluso, que refiere que las partes que debieran negociar –al margen de las incitaciones a ello por parte occidental, y de lo que no hay mucho de cierto  todavía, sobre una posible reunión entre Biden y Putin en la Cumbre del G20 en Indonesia a mediados de noviembre–, no quieren hacerlo. Esto, ya que cada lado plantea exigencias encontradas. Al respecto, por un lado se encuentran los ucranianos calificando la guerra de «existencial», mostrando una elevada moral y gran voluntad de vencer, considerando la posibilidad real de derrotar a Rusia–incluso cuando Rusia llegase a emplear armamento nuclear–; empeñados, a su vez, en que se respete por parte rusa la integridad territorial de Ucrania, devolviendo todo el territorio ocupado, incluso Crimea –ello, al margen de que Volodímir Zelenski​ rechace hablar con un dirigente ruso, «criminal de guerra» y terrorista, mostrando así una falta de voluntad para negociar–. Por su parte Rusia, empeñada en continuar la guerra en Ucrania para ganarla, a pesar de los constantes apoyos de la UE y de la OTAN a Ucrania –lo que exacerba su belicismo–, no ve condiciones para la negociación –negociación que no quiere–. No obstante, algunos analistas intuyen que, en caso de producirse, Rusia exigiría el reconocimiento definitivo de Crimea como territorio ruso, que Ucrania admitiera que se repitieran los referéndums sobre las cuatro regiones anexionadas recientemente –Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia– bajo los auspicios de la ONU, y que, de cara al futuro, Ucrania sea neutral, sin formar parte de la OTAN.

En suma, ambas posiciones generan una situación de bloqueo sobre la que habría que haber considerado ya soluciones, con el fin de abrirla.

Coronel D. Fernando Pinto Cebrián

Coronel de Infantería y diplomado de Estado Mayor retirado. Exmiembro del CNI. Técnico de Inteligencia. Licenciado en Geografía e Historia por la UNED. Doctor en Historia por el Instituto Universitario de Historia «Simancas» (Universidad de Valladolid). Miembro correspondiente de la Sociedad de Geografía de Brasil. Socio fundador de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI). Miembro de la Asociación Española de Escritores Militares (AEME). Miembro de la Asociación de Exmiembros del Servicio de Inteligencia Español (AMSIE). Agregado a las embajadas de España en Brasil, Mauritania, Senegal, Mali y Angola. Autor de diversas publicaciones dedicadas a la historia, geografía, antropología y al terrorismo contemporáneo. Entre ellas: Las razones de la sinrazón de los terrorismos contemporáneos (Finvespol, 2017), Terrorismo yihadista e Inteligencia (Ediciones Áltera, 2019), Terrorismo y Contraterrorismo en España. La experiencia (Ediciones Áltera, 2021).

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