Geopolítica en el Mediterráneo: pasado, presente y futuro, por Rafael Vidal Delgado

Cubierta del libro

INTRODUCCIÓN
Este pequeño repaso a la geopolítica en el Mediterráneo, no pretende extraer conclusiones, sino simplemente relacionar históricamente el hecho geopolítico; hacer mención a los actores que intervienen, de los que se ha hecho una breve relación existiendo muchos más, de carácter internacional y privado; enumerar las tensiones o conflictos existentes sobre la base de zonas concretas del ámbito objeto de este estudio y por último recoger de una forma sucinta lo que el Concepto Estratégico de la OTAN 2022, aprobado en la Cumbre de Madrid de 30 de junio, lo que señala para el Mediterráneo.
Al final, como anexo, se dispone del texto completo del Concepto Estratégico.

Japón después de Abe

Abe supo leer el nuevo escenario geopolítico con una gran capacidad de anticipación. Ante el choque entre China y EEUU, propuso una reformulación de la política exterior y de seguridad niponas coherente con los valores democráticos y liberales de la sociedad japonesa, primero impuestos y luego plenamente asumidos.

JOSEP PIQUÉ |  14 de julio de 2022

La sociedad japonesa y la comunidad internacional se han visto fuertemente sacudidas por el asesinato de su ex primer ministro Shinzo Abe, mientras participaba en un acto de campaña electoral, aparentemente por un perturbado y vengativo “lobo solitario”. La conmoción ha venido acrecentada por la gran seguridad ciudadana que tiene Japón y por su legislación enormemente restringida para la tenencia de armas.

En cualquier caso, el impacto ha sido especialmente significativo por la personalidad y la acción política desarrollada por Abe como primer ministro en dos etapas. Una inicial, muy corta, y una segunda mucho más larga, que han hecho que su mandato conjunto haya sido el de mayor duración desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Pero más allá de la duración, conviene fijarse en el contenido y la concreción de sus políticas. Unas políticas centradas en dos ámbitos: la política exterior y de seguridad, por una parte, y la política económica, por otra.

En lo que se refiere a esta última, sus recetas son conocidas como Abenomics y constan de tres “flechas” o campos de actuación. La primera es una política monetaria ultra-expansiva, con instrucción clara al Banco de Japón, que pretendía salir de la espiral de deflación y estancamiento económico que aqueja al país desde la década de los noventa, desarrollando una política sobre toda la curva de tipos orientada a incrementar la demanda efectiva y mantener tipos de interés reales nulos o negativos. La segunda, una política fiscal “flexible” y contra-cíclica, con grandes estímulos a través del gasto público (acompañada de subida de impuestos indirectos) sin incrementar la deuda, ya de por sí enormemente elevada. Y la tercera, las reformas estructurales.

Reformas concretas, como reforzar el segundo aeropuerto internacional de Tokio para atraer turistas y negocios, cambiar el sistema de pensiones, reforzar la resiliencia del comercio de materias primas en un país altamente dependiente, o en el mercado laboral. En particular, facilitar la entrada de trabajadores extranjeros (en uno de los países más cerrados del mundo y étnicamente más homogéneos, producto de su insularidad y su historia) y la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, muy limitada por razones culturales.

«Japón sigue siendo un país con una tasa de participación femenina en el mercado laboral muy baja. No basta con la legislación, es necesario un cambio cultural muy profundo que requiere mucho tiempo»

Las dos primeras “flechas”, en tanto que políticas de demanda, son relativamente fáciles de implementar, sobre todo la primera. La tercera ha tenido resultados desiguales y concretamente Japón sigue siendo un país con una tasa de participación femenina en el mercado laboral muy baja. No basta con la legislación. Es necesario un cambio cultural muy profundo que requiere mucho tiempo.

Sin embargo, mucho más remarcables son sus logros económicos en las relaciones exteriores y que van ligadas a una nueva política exterior y de seguridad. Ahí la huella de Abe es mucho más profunda e indeleble.

El ejemplo paradigmático es el impulso al Tratado Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) de libre comercio e inversiones entre 12 países de ambas orillas, al margen de China e incorporando a Estados Unidos. Lamentablemente, Donald Trump decidió no ratificarlo, pero Abe persistió en llevarlo adelante con los otros diez y dejando la puerta abierta a una futura incorporación estadounidense. A ello hay que añadir la Asociación Económica Integral Regional o RCEP (otro acuerdo comercial, menos ambicioso, entre países asiáticos y que sí incluye a China y del que India se descolgó en el último momento). Una apuesta por la apertura económica y comercial, liderada por Japón y que conecta con la gran aportación geopolítica de Abe: el concepto del Indo-Pacífico Libre y Abierto, endosado rápidamente por EEUU, y que busca defender sociedades, economías y prácticas políticas abiertas, para hacer frente al crecientemente agresivo expansionismo de China. Abe supo leer prematuramente el desafío planteado por una China con la ambición de sustituir a mediados de este siglo a EEUU como la gran superpotencia global.

Ello le llevó a replantear y reforzar el QUAD (foro de diálogo entre EEUU, Japón, Australia e India) que, más allá de un foro político, es el embrión de una alianza más profunda que incluye el ámbito militar (con maniobras aeronavales conjuntas en el Índico) y que está formado por países que se sienten amenazados por la potencia de China (con la que Japón mantiene un contencioso territorial por las islas Senkaku en el mar de la China del Este).

«Abe complementó la pugna con Pekín con iniciativas de financiación de infraestructuras, sostenible, transparente y no coercitiva para contrarrestar la Nueva Ruta de la Seda china»

Al mismo tiempo, y con la misma lógica, potenció una relación cada vez más estrecha con India y Australia como dos polos esenciales para evitar un Indo-Pacífico dominado por la gran potencia asiática. Una pugna que se complementó con iniciativas de financiación de infraestructuras, sostenible, transparente y no coercitiva, precisamente para contrarrestar la estrategia china de penetración en todos los continentes y que conocemos como la Franja y la Ruta (la Nueva Ruta de la Seda).

Todo ello en un difícil equilibrio, intentando mantener relaciones fluidas con la propia China, con Corea del Sur (con el grave problema de las llamadas “mujeres de confort” durante la Segunda Guerra Mundial, agravado por su visita al Santuario Yasukuni, en el que reposan héroes militares considerados criminales de guerra por Seúl y la comunidad internacional) o con Rusia (con la que tiene el contencioso de las Islas Kuriles, ocupadas por la Unión Soviética aprovechando la rendición de Japón después de Hiroshima y Nagasaki).

‘Japón vuelve’

Pero el gran desafío de Abe fue transformar profundamente la política exterior en su vector de seguridad y defensa.

El gran escollo era de naturaleza jurídica y política, dada la Constitución pacifista impuesta por EEUU después de la derrota en 1945, por la que, en su artículo 9, limita las capacidades militares a las llamadas Fuerzas de Auto-Defensa, sin capacidades ofensivas y con la prohibición de tener armas nucleares en su territorio a pesar de las importantes bases militares estadounidenses en el mismo, en aplicación de la llamada Doctrina Yoshida, por la que se priorizó la recuperación económica (Japón sigue siendo la tercera economía del mundo y es una gran potencia tecnológica) y delegaba su seguridad en el “paraguas” nuclear (y convencional) de EEUU.

Abe planteó su reforma, algo hartamente complicado en un país pacifista aún traumatizado por el horror de las dos únicas bombas nuclearas usadas hasta el momento, y que hasta ahora no ha sido posible, aunque la amplia victoria del Partido Liberal Democrático (y del Komeito) en los últimos comicios puede ser una puerta abierta a tal modificación. El camino seguido, pragmáticamente, fue la “reinterpretación” de dicho artículo, ampliando la “auto-defensa” a la defensa de sus aliados si estos eran amenazados o atacados.

Para ello, puso en marcha el Consejo de Seguridad Nacional que, bajo su autoridad, coordinaba las tres armas y se dispuso a superar el tradicional 1% del PIB invertido en defensa, para equipararse a los parámetros de la Alianza Atlántica, llegando al equivalente al 2%. Ello implicaba capacidades en defensa antimisiles, aviones de caza de última generación o sistemas de detección por radar de alto alcance. Temas tabú hasta entonces.

«Aumentar el PIB invertido en defensa hasta el 2%, para equipararse a los parámetros de la Alianza Atlántica, implicaba capacidades en defensa antimisiles, aviones de caza de última generación o sistemas de detección por radar de alto alcance, temas tabú hasta entonces»

En definitiva, Japón tenía que asumir, para Abe, un papel mucho más proactivo y protagonista en su defensa y seguridad, en paralelo con un refuerzo de la alianza con EEUU, mediante el QUAD o la profundización de los acuerdos bilaterales (que podrían llegar a incluir en su caso la instalación disuasoria de armamento nuclear en su territorio).

Una de las frases preferidas de Abe era “Japan is back”. Japón vuelve. Y quiere dejar de ser solo una enorme potencia económica, sino un sujeto político reconocido, de la mano del refuerzo de sus capacidades militares y una política exterior mucho más asertiva que en el pasado.

Seguramente, Abe supo leer el nuevo escenario geopolítico con una gran capacidad de anticipación. Un mundo en el que reaparece un nuevo enfrentamiento bipolar (ahora entre EEUU y China), que le afecta muy directamente, y que requiere de una reformulación de los actores y el establecimiento de alianzas de amplio espectro, desde las económicas y comerciales a las militares. Una reformulación que Abe quería coherente con los valores democráticos y liberales de la sociedad japonesa, primero impuestos y luego plenamente asumidos. El claro alineamiento de Japón con Occidente en las respuestas a la agresión criminal e ilegal de Rusia a Ucrania es un buen ejemplo. Además, lanza un mensaje a China, en el sentido de comprometerse, de la mano de EEUU, con la protección de Taiwán ante una posible invasión por parte de la República Popular.

«La posición japonesa en la guerra de Ucrania lanza un mensaje a China, en el sentido de comprometerse, de la mano de EEUU, con la protección de Taiwán ante una posible invasión»

De ahí, también, su creciente implicación con Europa, tanto con la Unión Europea como con Reino Unido para que desempeñe un papel no solo en el ámbito atlántico, sino también en el nuevo “Gran Juego” que se desarrolla en el Indo-Pacífico. Mención especial merecen las dos visitas de Abe a España. La primera, en 2014, para “peregrinar” a Santiago de Compostela, con el presidente Mariano Rajoy, y la segunda, en 2018, para conmemorar el 150 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas y para la firma de un acuerdo de “Asociación Estratégica”.

Una implicación no solo, pues, en el campo económico y comercial, sino también en el de la seguridad colectiva.

En definitiva, Abe ha sido, sin duda y por derecho propio, el político japonés más importante desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Por su voluntad de reorientación estratégica, de transformación y de adaptación a un futuro distinto que vio antes que nadie.

Algunos le consideran un político nacionalista japonés. Y lo ha sido. Otros, como un político cercano a la ultra-derecha. No lo era. Era un hombre comprometido con su país y su tiempo y que utilizó el poder no para disfrutarlo, sino para ejercerlo para cambiar su país, pensando no solo en el corto plazo, sino con mentalidad estratégica y de largo plazo.

Merece ese reconocimiento y que descanse en paz.

Actuaremos contra España si no renueva y luego reforma el CGPJ

DIDIER REYNDERS COMISARIO EUROPEO DE JUSTICIA

EL VERDADERO estado de nuestra nación, por más que lo haya tratado de escamotear el presidente del Gobierno en el Congreso, dibuja una grave crisis institucional que afecta de modo preocupante a un pilar básico de la democracia como es la Justicia. En este sentido, causa rubor que la Comisión Europea haya vuelto a señalar a nuestro país para exigir la inmediata renovación del Consejo General del Poder Judicial –pendiente desde diciembre de 2018–, reclamando que a continuación se proceda a la re-forma del sistema de elección de sus miembros. Una vez más, exige que al menos la mitad sean elegidos por los propios jueces, con el fin de avanzar en su necesaria despolitización. La advertencia es tan seria y tan dura que el comisario de Justicia, Didier Reynders, alerta hoy en EL MUNDO de que está dispuesto a abrir un procedimiento sancionador a España por vulnerar las normas del Estado de Derecho, lo que podría afectar a la recepción de fondos de recuperación. Por desgracia, de las intenciones de Moncloa lo dice todo que siga adelante con su contrarreforma pactada con ERC para que el CGPJ pueda nombrar a dos nuevos magistrados del Constitucional y provocar así el vuelco ideológico en el tribunal de garantías. El Gobierno, en una irresponsable huida hacia adelante, decidió anoche desafiar a la UE al imponer un plazo de dos meses al CGPJ para designar sus dos magistrados del TC, lo que, a su vez, permitiría al Ejecutivo imponer inmediatamente los suyos y consumar el asalto. Habida cuenta de los asuntos que necesitará negociar con sus socios independentistas para mantenerse en el poder cabe temerse un pacto con ellos para incluir personalidades afines al separatismo.
Bruselas había marcado en su informe conocido ayer sobre el Estado de Derecho en la UE el punto de partida para llegar por fin a un acuerdo: renovación conforme a la ley actual pero con el compromiso firme e irrevocable de reformar al mismo tiempo el sistema de elección. No parecía una exigencia irrazonable, descabellada ni inalcanzable. Pero, con esta maniobra, el Gobierno rompe cualquier posibilidad de confianza y quiebra definitivamente el horizonte de renovar el órgano de gobierno de los jue-ces con el PP.
El serio tirón de orejas interpelaba sobre todo al Gobierno, empecinado en negarse a cambiar el sistema de elección de vocales. Pero ahora queda claro que el único objeto de deseo para Pedro Sánchez es controlar el Tribunal Constitucional, en el que obtendrá una mayoría progresista para los próximos nueve años. De esta forma, se erigirá en un auténtico contrapoder que fiscalizará todas las decisiones de las próximas mayorías políticas, sea cual sea su color. El camino elegido representa una grave anomalía que deteriorará de forma irreversible nuestro sistema institucional.

Mano dura de Bruselas con España: La UE aumenta la exigencia para renovar el CGPJ y llama a cambiar lo antes posible el sistema de elección: «Que los jueces elijan a sus pares» . Insta en su nuevo informe a cortar los lazos del Ejecutivo con la Fiscalía General.

Edición de El Mundo de 14.07.2022

Ucrania: ni guerra relámpago ni paz duradera

La prolongación de la guerra en Ucrania está teniendo graves consecuencias para todos los actores implicados. Las sanciones impuestas por algunos países a Moscú no solamente dañan la economía rusa, sino que tienen también duras repercusiones en toda Europa. La cohesión occidental está sometida a tensiones derivadas de las diferentes perspectivas a uno y otro lado del Atlántico. Y los alineamientos de la comunidad internacional ante la invasión rusa de Ucrania vienen fuertemente condicionados por los intereses de cada país en relación con su seguridad energética.

Fracasada la blitzkrieg rusa en Ucrania, la salida negociada del conflicto parece lejana. Las posturas de partida en torno a una hipotética mesa de negociación son irreconciliables. Todo apunta a un conflicto enquistado de larga duración: una guerra híbrida que descarta, indefinidamente, la paz duradera en la Europa del siglo xxi.

Documento elaborado por Francisco José Dacoba CerviñoGeneral de Brigada ET. Director del IEEE. @fran_dacoba

Documentos de interés

Ucrania: ni guerra relámpago, ni paz duradera

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Ukraine: no blitzkrieg, no lasting peace

Rusia, entre la mantequilla y las armas

JOSEP BORRELL / ALTO REPRESENTANTE DE LA UE PARA ASUNTOS EXTERIORES Y POLÍTICA DE SEGURIDAD

https://www.diariosur.es/opinion/rusia-mantequilla-armas-20220712000126-ntvo.html

Desde que Rusia violó deliberadamente el derecho internacional al invadir Ucrania, la UE ha adoptado seis paquetes de sanciones contra Moscú. Nuestras medidas se dirigen ahora a casi 1.200 personas y 98 entidades en Rusia, así como a un número importante de sectores de la economía del país. Estas sanciones se adoptaron en coordinación con los miembros del G7. Su eficacia se ve reforzada por el hecho de que más de 40 países (incluidos algunos tradicionalmente neutrales) han optado por ellas o han tomado medidas similares. A finales de 2022, habremos reducido nuestras importaciones de petróleo ruso en un 90% y estamos reduciendo rápidamente nuestras importaciones de gas.

Estas decisiones nos están liberando gradualmente de una dependencia que durante mucho tiempo ha inhibido nuestras opciones políticas frente a la agresividad de Vladímir Putin. Probablemente creía que Europa no se atrevería a aplicar sanciones debido a su dependencia energética. Este no es el menor de los muchos errores de apreciación del régimen ruso en este conflicto. Por supuesto, esta rápida desintoxicación de la energía rusa también crea serias dificultades para muchos países de la UE y para varios sectores de actividad. Pero este es el precio que tenemos que pagar por defender nuestras democracias y el derecho internacional, y estamos tomando las medidas necesarias para hacer frente a estos problemas de forma solidaria.

Algunos dirán, ¿pero estas sanciones afectan realmente a la economía rusa? La respuesta es sí. Porque si bien Rusia exporta muchas materias primas, también se ve obligada a importar muchos productos de alto valor añadido que no produce. En materia de tecnologías avanzadas, depende en un 45% de Europa y en un 21% de Estados Unidos, frente a solo un 11% de China. En el ámbito militar, crucial en el contexto de la guerra en Ucrania, las sanciones limitan la capacidad de Rusia para producir misiles de precisión como el Iskander o el KH 101. Casi todos los fabricantes de automóviles extranjeros también han decidido retirarse de Rusia y los pocos coches producidos por los fabricantes rusos se venderán sin airbags ni transmisiones automáticas.

La industria petrolera no solo sufre por la marcha de los operadores extranjeros, sino también por la dificultad de acceder a tecnologías avanzadas como la perforación horizontal. Es probable que la capacidad de la industria rusa para poner en marcha nuevos pozos sea limitada. Por último, para mantener el tráfico aéreo, Rusia tendrá que retirar de la circulación la mayoría de sus aviones para recuperar las piezas de recambio necesarias para que los demás puedan volar. A esto hay que añadir la pérdida de acceso a los mercados financieros, la desconexión de las grandes redes de investigación mundiales y la fuga masiva de cerebros.

En cuanto a la alternativa que China ofrecería a la economía rusa, sigue siendo limitada en la realidad, especialmente para los productos de alta tecnología. Hasta ahora, el Gobierno de Pekín, muy dependiente de sus exportaciones a los países desarrollados, no ha permitido a Rusia eludir las sanciones occidentales. Las exportaciones chinas a Rusia han disminuido en proporciones comparables a las de los países occidentales.

¿Estos impactos significativos y crecientes llevarán a Vladímir Putin a modificar sus cálculos estratégicos? Probablemente no en el futuro inmediato: sus acciones no se guían principalmente por la lógica económica. Sin embargo, al obligarle a elegir entre la mantequilla y los cañones, las sanciones le encierran en un círculo que se va estrechando poco a poco.

Queda el impacto de estas sanciones en terceros países, especialmente africanos, que dependen del trigo y los fertilizantes rusos y ucranianos. Las responsabilidades en la crisis alimentaria son claras: nuestras sanciones no se dirigen a las exportaciones rusas de trigo o fertilizantes, mientras que a Ucrania se le impide exportar su trigo por el bloqueo del Mar Negro y la destrucción causada por la agresión rusa. Si se materializan algunas dificultades potenciales relacionadas con nuestras sanciones, estamos preparados para poner en marcha los mecanismos adecuados para responder. He informado de ello a mis homólogos africanos y les he pedido que no se dejen engañar por las falsedades de las autoridades rusas sobre nuestras sanciones.

La verdadera respuesta a las dificultades de los mercados mundiales de energía y alimentos es el fin de la guerra. Esto no puede lograrse aceptando el ‘diktat’ ruso, sino con la retirada del ejército ruso de Ucrania. El respeto a la integridad territorial de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza no son principios occidentales ni europeos. Son el fundamento de todo el Derecho Internacional. Rusia los pisotea alegremente. Aceptar tal violación abriría la puerta a la ley de la selva a escala mundial.

En contra de lo que pensábamos con cierta ingenuidad hace unos años, la interdependencia económica no implica automáticamente una pacificación de las relaciones internacionales. Por eso es imperativo la transición hacia una Europa como potencia, que vengo reclamando desde el inicio de mi mandato. Ante la invasión de Ucrania, hemos empezado a pasar de la intención a la acción demostrando que, cuando se le provoca, Europa puede responder. Como no queremos entrar en guerra con Rusia, las sanciones económicas son ahora el núcleo de esta respuesta. Ya están empezando a surtir efecto y lo harán aún más en los próximos meses.

CONCEPTO ESTRATEGICO 2022, por AEME

Aunque el  Ejecutivo celebra que el Concepto Estratégico de Madrid incluya la enmienda que presentó para «precisar» que la organización defenderá la “integridad territorial de los aliados”, tal cual ellos lo definan en su ordenamiento jurídico    (Nueva España dixit: Cumbre de la OTAN | La Alianza protegerá la «integridad territorial” de Ceuta y Melilla como quería el Gobierno (lne.es)  ),
El documento no contempla nada nuevo en relación con Ceuta y Melilla, pese a la propaganda oficial; seria necesario incluir una enmienda en el Tratado de Washington, ya que la situación de Ceuta y Melilla están  fuera de los limites que contempla el Tratado. Las provincias francesas de Argelia, precisaron de la inclusión explicita de ellas en el Tratado, en el que fueron excluidas al independizarse el territorio. 
Los comentarios generalizados de que nunca se abandonaran a las naciones , aunque un centímetro cuadrado sean atacadas, necesita una matización practica. ¿Apoyó la OTAN a España cuando fue invadido el territorio español de Perejil?, respuesta NO. Ayudó  EE.UU en base al tratado bilateral de amistad y especialmente por las buenas relaciones existentes entre las cabezas rectoras de ambos países.  

Los puntos clave del nuevo Concepto Estratégico de la OTAN

El nuevo Concepto Estratégico de la OTAN se aleja de la «cooperación» impulsada en años anteriores y fija a Rusia como la amenaza «más directa y significativa para la seguridad, la paz y la estabilidad euroatlántica». Esta filosofía contrasta con la adoptada en 2010 en la Cumbre de Lisboa, que resaltaba la importancia de la cooperación con Rusia, una cuestión que contribuía a «crear un espacio común de paz, estabilidad y seguridad». Entonces la Alianza reafirmaba no ser una amenaza para Moscú y hacía hincapié en la importancia de construir una «alianza estratégica de reciprocidad». La invasión a Ucrania lo ha cambiado todo.

Estos son, en resumen, los puntos esenciales del documento:

Propósito de la OTAN

La OTAN está decidida a salvaguardar la libertad y la seguridad de los aliados. Su propósito clave y mayor responsabilidad es asegurar nuestra defensa colectiva contra todas las amenazas, de todas las direcciones.Somos una Alianza defensiva. El vínculo transatlántico entre nuestras naciones es indispensable para nuestra seguridad. Estamos unidos por valores comunes: libertad individual, derechos humanos, democracia y defensa de la ley. Seguimos firmemente comprometidos con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y el Tratado del Atlántico Norte.

Entorno estratégico

La zona euroatlántica no está en paz. La Federación Rusa ha violado las normas y principios que contribuyeron a un orden de seguridad europeo estable y predecible. No podemos descartar la posibilidad de un ataque contra la soberanía y y la integridad territorial de los aliados. Las amenazas a las que nos enfrentamos son globales y están interconectadas. Los actores autoritarios desafían nuestros intereses, valores y forma de vida democrática. Están invirtiendo en sofisticadas capacidades convencionales, nucleares y de misiles, con poca transparencia o respeto por las normas y compromisos internacionales. Interfieren en nuestros procesos democráticos e instituciones y apuntan a la seguridad de nuestros ciudadanos a través de tácticas híbridas. Realizan actividades maliciosas en el ciberespacio y el espacio, promoviendo campañas de desinformación, instrumentalizando la migración, manipulando la energía y los suministros y utilizando la coerción económica.

Rusia, la gran amenaza

La Federación Rusa es la amenaza más significativa y directa para la seguridad de los aliados. Pretende establecer esferas de influencia y control directo a través de la coerción, la subversión, la agresión y la anexión. Utiliza medios convencionales, cibernéticos e híbridos contra nosotros y nuestros socios. Emplea la amenaza nuclear. Tiene como objetivo desestabilizar países de nuestro Este, Norte y Sur. La OTAN no busca la confrontación y no representa una amenaza para la Federación Rusa. Continuaremos respondiendo a las amenazas rusas y las acciones hostiles de manera unida y responsable. Reforzaremos significativamente la disuasión y la defensa para todos los aliados. No podemos considerar a la Federación Rusa como nuestro socio. Sin embargo, seguimos dispuestos a mantener abiertos los canales de comunicación con Moscú para gestionar y mitigar los riesgos, prevenir la escalada y aumentar la transparencia.

Terrorismo

El terrorismo, en todas sus formas y manifestaciones, es la amenaza asimétrica más directa a la seguridad de nuestros ciudadanos y a la paz y la prosperidad internacionales. Las organizaciones buscan atacar o inspirar ataques contra los aliados. Se han expandido sus redes y mejorado sus capacidades con nuevas tecnologías que les proporcionan más alcance y letalidad.

El vecindario sur

Los conflictos, la fragilidad y la inestabilidad en África y Oriente Medio afectan directamente a nuestra seguridad y la de nuestros socios en el vecindario sur de la OTAN. Particularmente las regiones de Medio Oriente, África del Norte y el Sahel enfrentan desafíos de seguridad, demográficos, económicos y políticos. Estos se agravan por el impacto del cambio climático, instituciones frágiles, emergencias sanitarias e inseguridad. Esta situación proporciona un terreno fértil para la proliferación de organizaciones no estatales y grupos armados, incluidas las organizaciones terroristas, y contribuye al desplazamiento forzado, alimentando la trata de personas y el tráfico irregular. Estas tendencias plantean serios desafíos transnacionales y humanitarios y socavan la seguridad humana y estatal y tienen un impacto desproporcionado en mujeres, niños y grupos minoritarios.

China

Las ambiciones declaradas y las políticas coercitivas de la República Popular China desafían nuestros intereses, seguridad y valores. Emplea una amplia gama de herramientas políticas, económicas y militares para aumentar su huella global y proyectar poder, mientras permanece opaco sobre su estrategia, intenciones y desarrollo militar. Las operaciones híbridas y cibernéticas maliciosas de China y su retórica de confrontación y desinformación apunta a los aliados y daña la seguridad de la Alianza. Busca controlar sectores tecnológicos e industriales, infraestructura crítica y materiales estratégicos y cadenas de suministro. Utiliza su influencia económica para crear dependencias y potenciar su influencia. Seguimos abiertos a un compromiso constructivo con China, incluso para construir transparencia recíproca, con miras a salvaguardar los intereses de seguridad de la Alianza. Mejoraremos nuestra resiliencia y preparación para protegernos contra las tácticas coercitivas e intentos de dividir la Alianza. Defenderemos nuestros valores compartidos y las reglas del orden internacional, incluida la libertad de navegación.

Ciberespacio

El ciberespacio está en disputa en todo momento. Actores malignos buscan degradar nuestra infraestructura, interferir nuestros servicios gubernamentales, extraer inteligencia, robar propiedad intelectual e impedir nuestras actividades militares. Las tecnologías emergentes y disruptivas traen tanto oportunidades como riesgos. Están alterando el carácter del conflicto, adquiriendo mayor importancia estratégica. La primacía tecnológica influye cada vez más al éxito en el campo de batalla.

Cambio climático

El cambio climático es un desafío definitorio de nuestro tiempo, con un profundo impacto en los aliados. Es un multiplicador de crisis y amenazas. Puede exacerbar el conflicto, la fragilidad y la competencia geopolítica. El aumento de las temperaturas provoca el aumento del nivel del mar, los incendios forestales y fenómenos meteorológicos más frecuentes y extremos perturban nuestras sociedades, socavando nuestra seguridad y amenazando la vida y el sustento de nuestros ciudadanos. El cambio climático también afecta la forma en que operan nuestras fuerzas armadas. Nuestra infraestructura, activos y bases son vulnerables a sus efectos, pues necesitan operar en un clima más extremo.

Tareas principales

Si bien la OTAN es una Alianza defensiva, nadie debe dudar de nuestra fuerza y determinación. Defenderemos cada centímetro del territorio aliado en todos los dominios y direcciones, en 360 grados. La postura de disuasión y defensa de la OTAN se basa en una combinación adecuada de capacidades de defensa nuclear, convencional y antimisiles, complementadas con capacidades espaciales y cibernéticas. Emplearemos herramientas militares y no militares de manera proporcionada, coherente e integrada. Nos aseguraremos de que nuestra postura de disuasión y defensa siga siendo creíble, flexible, medida y sostenible. Continuaremos mejorando la preparación colectiva, la capacidad de respuesta y de despliegue. La seguridad marítima es clave para nuestra paz y prosperidad. Aceleraremos nuestra transformación digital, adaptaremos la Estructura de Mando de la OTAN para la era de la información y mejorar nuestras ciberdefensas, redes e infraestructura. Mejoraremos nuestra seguridad energética invirtiendo en suministro, proveedores y fuentes de energía estables y confiables.

Las fuerzas nucleares estratégicas, en particular las de los Estados Unidos, son la garantía suprema de la seguridad de la Alianza. Las fuerzas nucleares del Reino Unido y Francia tienen un papel disuasorio propio y contribuyen significativamente a la seguridad general de la OTAN. El Tratado de No Proliferación Nuclear es el baluarte esencial contra la propagación de las armas nucleares y seguimos firmemente comprometidos con su plena aplicación.

Fuente:

https://www.abc.es/internacional/abci-estos-puntos-clave-nuevo-concepto-estrategico-otan-202206291706_noticia.html

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220629 NATO strategic-concept

La relación bilateral con Estados Unidos y la Cumbre de la OTAN, por Josep Piqué

La buena sintonía con EEUU es indispensable para España, pues refuerza su posición en ámbitos clave de su política exterior: la Unión Europea, América Latina y el Mediterráneo occidental.

JOSEP PIQUÉ |  1 de julio de 2022

La Cumbre de la OTAN en Madrid ha sido extremadamente importante, por el contenido y por el contexto geopolítico en el que se ha producido. La criminal agresión de Rusia a Ucrania ha propiciado lo que el presidente Joe Biden ha denominado la “otanización” de Europa y ha puesto de manifiesto que China no ha sido coherente con los principios básicos del Derecho Internacional, al no condenar y “comprender” la flagrante violación de la integridad territorial de un Estado independiente y soberano, mediante el uso injustificado de la fuerza.

Por ello, más allá de calificar a Rusia como la amenaza más significativa y directa a la seguridad de los aliados, y para la paz y la estabilidad del área euro-atlántica, el nuevo Concepto Estratégico de la OTAN considera a China un desafío a nuestros valores e intereses y a nuestra seguridad. Son cambios sustanciales en relación al Concepto Estratégico anterior, cuando se consideraba a Rusia como un socio para la paz y la seguridad y no había ninguna mención a China.

En esa “otanización” de Europa cabe destacar la incorporación de dos países neutrales (por diferentes motivos y circunstancias) como Suecia y Finlandia, una vez levantado el veto de Turquía. Pero también el fortalecimiento de las capacidades militares de la Alianza y de la presencia estadounidense en Europa.

Otro asunto muy relevante abordado en Madrid es el relativo a la seguridad de 360º, tanto en lo que se refiere a los ámbitos (incluidos los relacionados con la “guerra híbrida” y las “zonas grises”, y el uso del espacio y el ciberespacio) como a la visión geográfica, incluyendo las amenazas crecientes que vienen no solo del Este, sino del llamado Flanco Sur. Dos de estos aspectos –el aumento de la presencia militar estadounidense en el continente europeo y las amenazas desde el Flanco Sur– enmarcan una nueva etapa en la relación bilateral entre España y Estados Unidos, una relación que ha pasado por diferentes intensidades y que es crucial para nuestro país. No solo se trata de la primera potencia del mundo, sino que EEUU es el principal inversor en España y principal destino en inversión directa de nuestras empresas. Los intercambios comerciales son muy importantes (unos 44.000 millones de euros anuales) y los flujos turísticos –más allá del impacto de la pandemia– son cada vez mayores, así como nuestros intercambios culturales o las relaciones científicas y tecnológicas.

«No solo se trata de la primera potencia del mundo, sino que EEUU es el principal inversor en España y principal destino en inversión directa de nuestras empresas»

Obviamente somos, como ha dicho el presidente Biden, un “socio indispensable” para la seguridad y la defensa, dada la estratégica importancia de las bases de Rota y Morón. Por todo ello, una estrecha relación bilateral en el ámbito político es muy deseable. Y, además, debemos ser conscientes que fortalece nuestro peso específico en la Unión Europea, desde una vocación atlántica reforzada con la salida de Reino Unido. También en América Latina, con una creciente influencia china que tanto España como EEUU tienen que tomarse muy en serio en una región tan vinculada a su vecino del Norte como a través de la Comunidad Iberoamericana, especialmente en el momento convulso que viven todos los países de la región. Y, desde luego, la relación bilateral es esencial para hacer valer nuestra posición en el Mediterráneo occidental. Basta mencionar nuestra relación con Marruecos o Argelia para ver la relevancia de una buena sintonía con EEUU.

En este sentido, el momento más alto de la relación bilateral fue a partir de 2001, cuando se firmó en Madrid por quien suscribe –entonces ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de José María Aznar– y la secretaria de Estado, Madeleine Albright, con la administración de Bill Clinton, la primera Declaración Conjunta entre ambos países. Nótese que se negoció con esa administración, pero fue asumida plenamente y profundizada por la administración de George W. Bush.

Tenía pues una profunda visión “bipartisana” por ambas partes, ya que el gobierno español compartió con el Partido Socialista, entonces en la oposición, toda la información y obtuvo su conformidad. La relación entre dos Estados soberanos e independientes no puede basarse en la coyuntura política ni en los vaivenes de la lógica y legítima alternancia de gobierno, sino que debe plantearse como una “política de Estado”, como lo es la política exterior. Sin consensos básicos en este terreno, la política exterior adolece de falta de credibilidad y deja de inspirar la confianza necesaria con los interlocutores.

Lamentablemente, ese consenso interno se perdió en 2004, cuando el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero retiró apresurada y unilateralmente las tropas españolas en Irak, a pesar de que no habían intervenido en la guerra y estaban bajo el paraguas de Naciones Unidas y, además, se permitió aconsejar al resto de aliados que hicieran lo mismo. Previamente, se produjo el famoso episodio cuando el entonces jefe de la oposición no se levantó en señal de respeto a la bandera estadounidense en el desfile militar del 12 de octubre en Madrid.

«La relación entre dos Estados soberanos e independientes no puede basarse en la coyuntura política ni en los vaivenes de la lógica y legítima alternancia de gobierno, sino que debe plantearse como una ‘política de Estado’»

Cabe decir que Rodríguez Zapatero, ya en calidad de expresidente del gobierno, ha seguido manifestando su animadversión hacia EEUU, apoyando a regímenes tan antinorteamericanos como Cuba o Venezuela o recomendando la necesidad de que Europa se uniera a China para hacer frente común a la hegemonía de nuestro principal aliado. Actitudes que no ayudan a generar de nuevo un clima de confianza mutua. Como tampoco ayuda el hecho de que miembros del actual gobierno de coalición sean claramente contrarios a la Alianza Atlántica y al propio EEUU. Todo esto se ha visto con meridiana claridad a raíz de la agresión rusa a Ucrania, culpabilizando a la OTAN y pidiendo una “paz” que no es otra cosa que una rendición de Ucrania y la cristalización de una situación de facto que premia la violación del Derecho Internacional y el uso injustificado de la fuerza militar para conseguir objetivos geopolíticos, posibilitando futuras agresiones.

Por ello, es remarcable que, en los márgenes de la Cumbre de Madrid, se haya firmado otra Declaración Conjunta que, recogiendo el espíritu y los objetivos de la de 2001, se haya adaptado a las nuevas circunstancias, aunque sin más concreciones que las relativas a la defensa. Es un mérito, sin duda, del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Se trata de una declaración que refuerza la respuesta multilateral ante el desafío de Rusia y muestra un firme apoyo a Ucrania, defiende un orden internacional basado en normas, comparte los objetivos de la Agenda 2030, y “anima” a China a cumplir sus compromisos en los organismos multilaterales, contribuir a la seguridad internacional y cooperar en la provisión de bienes públicos globales como el cambio climático, la biodiversidad y la igualdad de género.

La nueva declaración se propone intensificar la cooperación en seguridad, incluyendo la lucha antiterrorista, el narcotráfico y la trata de personas, así como la ciberseguridad y el ciberespacio. También promover una migración segura, ordenada y regular, tanto en América Latina como en el Norte de África, la lucha contra el cambio climático en el marco del Acuerdo de París, así como la mejora de la seguridad energética y del suministro de minerales críticos, promoviendo cadenas de suministro resilientes.

Asimismo, se pretende una mayor cooperación en el ámbito comercial (donde mantenemos aún algunas diferencias por los aranceles establecidos por la anterior administración estadounidense), fiscalidad empresarial (en el marco de la OCDE) y en el terreno digital, científico y tecnológico.

Finalmente, se promueve una mayor cooperación política, con consultas regulares entre el ministerio de Asuntos Exteriores y el Departamento de Estado, así como entre los dos gobiernos, en la perspectiva, además, de la próxima presidencia española del Consejo de la UE del segundo semestre de 2023. Objetivos muy generales todos ellos, pero que enmarcan una voluntad clara de colaboración y de mejora de la relación bilateral.

«La fiabilidad y la confianza cuestan mucho construirlas, pero perderlas puede ser muy rápido»

La declaración del 2001 era más concreta en algunos puntos (como los contactos entre presidentes, el intercambio de información, la actualización del Acuerdo de Extradición o la promoción de la enseñanza del inglés en España y del español en EEUU).Y dio lugar a la mejor relación bilateral que hayamos mantenido nunca. Hay que esperar que se recupere aquel nivel, aunque sea parcialmente.

En ambas declaraciones, los temas de defensa fueron cruciales, estableciéndose incluso en 2001 un Comité Bilateral de Defensa de Alto Nivel, en el marco de la revisión del Convenio de Cooperación de Defensa. Ahora se acuerda, de nuevo en ese marco, el establecimiento permanente de dos destructores estadounidenses adicionales (a los cuatro existentes) en la base de Rota, para el fortalecimiento del escudo antimisiles. Queda pendiente la aprobación parlamentaria. Los socios de gobierno y parlamentarios del Partido Socialista ya han anticipado su voto negativo. Afortunadamente, la oposición encabezada por el Partido Popular ya ha confirmado su voto favorable, en un claro ejercicio de responsabilidad y sentido de Estado.

Es cierto que en la fase final del gobierno de Rodríguez Zapatero se ofreció a EEUU aumentar la presencia militar en la base de Rota, y que hubo una cierta mejora durante el gobierno de Mariano Rajoy. Pero, el hecho de que llegara Donald Trump a la Casa Blanca no solo no ayudó sino que empeoró las cosas (con España y, en general, con los aliados occidentales).

La declaración bilateral de 2001 posibilitó que el primer viaje a Europa del nuevo presidente Bush empezara por España, en una visita bilateral de gran profundidad, algo que no había sucedido antes. Ahora se ha producido, por primera vez en las dos últimas décadas, en el marco multilateral de la Cumbre de la OTAN.

Vamos en la buena dirección. Ojalá se pueda ir más allá y el claro compromiso de España con la OTAN o el cambio repentino –poco explicado y pésimo en las formas– de la posición española sobre el Sáhara han podido contribuir a restablecer una mínima confianza. Pero la política exterior, la credibilidad y la confianza se construyen paso a paso, con perseverancia y coherencia. Para ello, debe consensuarse con el principal partido de la oposición y alternativa de gobierno, y en el marco del Parlamento.

Si no se hace así, todo podría resultar, de nuevo, un intento fallido. Y no nos lo podemos permitir. La fiabilidad y la confianza cuestan mucho construirlas, pero perderlas puede ser muy rápido. Que la Cumbre de la OTAN, organizativamente muy exitosa para España, no sea flor de un día. Deben mantenerse los compromisos asumidos de forma leal y firme, así debe exigírsele también a la alternativa de Gobierno. Sobre su posición, afortunadamente, no tengo la menor duda.

LA OTAN Y ESPAÑA, por el General de división Juan A. Moliner González, dentro del 1º ciclo AEME 2022

General Juan Antonio Moliner González

Con la celebración en Madrid el pasado 30 de mayo del 40 aniversario de la incorporación de España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, como miembro 16 de la Alianza, se ha mostrado de forma palmaria una de las características relevantes de la presencia de nuestro país en la OTAN y que ha sido la excesiva peculiaridad de nuestra participación en la misma durante mucho tiempo y que, hay que lamentar, parece que aún persiste.

En este caso, dicha originalidad ha consistido en que el gobierno de España, o más bien una parte del mismo, ha celebrado el mencionado aniversario mientras que otra parte no solo no ha participado, sino que se opone a la celebración de la Cumbre que la Alianza va a celebrar en Madrid los días 29 y 30 de junio e incluso plantea contrarrestarla con una paralela Conferencia por la Paz.

Decisión, la de oponerse a una reunión de enorme alcance político y estratégico en la que se aprobará en nuevo Concepto estratégico, tras el vigente de 2010 y que se reclama para hacer frente a todos los cambios geoestratégicos sufridos en las relaciones internacionales, en unos momentos en que Occidente parece encontrar una gran unanimidad en las políticas de seguridad y defensa ante la agresión injustificada e ilegítima de Rusia en Ucrania, lo que muestra esa dicotomía política e ideológica que desde hace cuarenta años ha presidido la percepción de la opinión pública y la participación de España en la OTAN.

Así, tras la solicitud de adhesión formal a la Alianza el 2 de diciembre de 1981 por el gobierno centrista de Calvo Sotelo, y el ingreso efectivo seis meses después, a pesar de que en esos momentos las encuestas mostraban un muy limitado de la opinión pública del 18%, la llegada al poder en octubre de 1982 de Felipe González y los socialistas paralizó la integración en la estructura militar aliada.

La peculiaridad y fragmentación en clave interna se volvía a mostrar con las reticencias ante el ingreso en la OTAN del gobierno recién llegado al poder y parte importante de la opinión pública española, algo que no ha ocurrido con las sucesivas incorporaciones de otros países europeos, tras el fin de la Guerra Fría, a la Alianza.

La OTAN, debe asumirse, no cubre todos los intereses estratégicos de España y parece lógico pensar que esas visiones y fragmentación política interna no cabe duda influyeron que, en el proceso de negociación para la adhesión a la Alianza, se excluyera la aplicación de la cláusula de defensa colectiva a nuestras ciudades del norte de África, en coherencia con una lectura estricta del Artículo 6 del Tratado de Washington.

Sin embargo, las objeciones ideológicas comentadas no pudieron superar la confrontación con la evidencia de que la mejor defensa de los intereses nacionales -la democracia se había instalado en España desde 1978 y por historia, cultura y política, formábamos parte del mundo occidental- significaba asumir los costes que supone la defensa de unos valores. Y esto exigía formar parte de la OTAN, como alianza militar, y de las instituciones europeas como organización política supranacional.

Esa singularidad española llevó a la celebración del referéndum del 12 de marzo de 1986, si bien condicionado, siempre nuestras condiciones especiales, a la no entrada en la estructura militar, a reducir la presencia militar estadounidense en España y a la prohibición de almacenar o instalar armas nucleares en nuestro territorio. Como curiosidad cabe decir que en la papeleta del referéndum no aparecía la palabra OTAN y sí Alianza Atlántica. Lo ajustado del resultado final positivo (56,85 SI frente a 43,15 NO) ha contribuido a que en la opinión pública la visión de nuestro papel en la OTAN se mantenga como asunto polémico hasta nuestros días.

Pero las exigencias de las relaciones internacionales y nuestro posicionamiento claramente occidental, desde lo unilateral a lo multilateral como inevitable retorno de España a la Europa democrática de los derechos y las libertades, hicieron que se fuera haciendo una interpretación laxa de algunas de esas condiciones. Así, la participación en misiones OTAN, desplegadas por nuestras Fuerzas Armadas desde 1992, incluyendo la participación con medios aéreos en la primera operación de combate de la OTAN en su historia -la campaña aérea en Bosnia Herzegovina en 1995-, la aparente contradicción de que un español, Javier Solana, se convirtiera en Secretario General el 5 de diciembre de 1995, o incluso la celebración de una Cumbre de la OTAN en Madrid los días 8 y 9 de julio de 1997, llevaron a que el 2 de diciembre de 1997 España ingresara en la estructura militar y en 1999 militares españoles se incorporaran a los cuarteles generales y resto de estructuras de la OTAN, participando activamente en todos los organismos de planeamiento y toma de decisiones.

Se llegaba, por fin, a una situación de relativa normalidad en la participación militar de España en la Alianza Atlántica y que ha supuesto que más de 125.000 militares españoles hayan participado en 21 misiones, además de la existencia de estructuras OTAN en nuestro país como son el Centro Combinado de Operaciones Aéreas desplegable en Torrejón, el Centro de excelencia Contra Artefactos Explosivos Improvisados y los cuarteles generales de alta disponibilidad, el marítimo a bordo del buque Castilla con base en Rota y el terrestre en Bétera.

Esta relación especial de España con la OTAN se pone claramente de manifiesto si se analizan nuestras Directivas de Defensa Nacional, el documento que durante mucho tiempo ha sido el más importante en nuestro país para fijar esa política pública esencial que es la de Defensa. Mientras las Directivas publicadas bajo gobiernos socialistas hacen hincapié en el estrechamiento de las relaciones con Europa, incluidas sus políticas de seguridad y defensa, las emitidas por gobiernos populares reafirman de forma clara, además, el compromiso con la defensa colectiva que supone la OTAN.

Sí parece claro que desde el principio de nuestra adhesión a la OTAN hubo una evidente omisión en explicar a los españoles que la alianza es elemento clave para proteger los valores occidentales, amenazados hoy como antes, y que la invasión rusa de Ucrania tan evidentemente ha puesto sobre el tablero internacional.

De igual forma, como el propio gobierno español acaba de poner de manifiesto con sus contradicciones internas sobre la Alianza, la opinión pública, incluso la especializada, mantiene abundantes prejuicios ideológicos, en parte apoyados por la consideración de que la OTAN defiende sobre todo los intereses norteamericanos, que reafirman esa peculiaridad española que constituye el hilo conductor de estas reflexiones. No puede sorprender que, de algún modo, esto haya provocado entre los aliados una extraña sensación de socio poco fiable y sometido a oscilaciones en una cuestión clave de estado como es la política de seguridad y defensa.

Consecuencias de esta singularidad española han sido el desconocimiento del gran público sobre el funcionamiento interno de la Alianza y sus mecanismos de voto y posibilidad de bloqueo de decisiones, las habituales limitaciones en cometidos de las fuerzas militares españolas que participan en misiones OTAN y el hasta ahora poco entusiasmo de la opinión pública española por la Alianza Atlántica, algo que choca con el interés que, en estos días, están manifestando países tan tradicionalmente neutrales como Suecia y Finlandia.

Quizá esto también nos haya hecho perder el protagonismo que, dentro de la OTAN, nos debería corresponder en las relaciones internacionales por nuestra situación geográfica y estratégica, cultura e historia. Cabría esperar de nuestros líderes políticos que se aprovechara la celebración en España de la importante próxima Cumbre de la OTAN, al final de este mes de junio, para informar y desarrollar en los ciudadanos la conciencia de que ahora, más que nunca como demuestra la guerra en Ucrania, formar parte de una organización que asegura la defensa colectiva de nuestros valores, principios y forma democrática de vida, respetuosa con los derechos humanos y el derecho internacional, está por encima de ideologías y posicionamientos políticos particulares.

                                              General de División (R) Juan A. Moliner González                                                       Asociación Española de Militares Españoles

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