AEME 7/21 SEGURIDAD EN EL MEDITERRÁNEO La OTAN y el Mediterráneo

AEME 7/21 SEGURIDAD EN EL MEDITERRÁNEO La OTAN y el Mediterráneo

La OTAN y el Mediterráneo

Desde la Antigüedad, el Mediterráneo ha sido un entorno geoestratégico de la mayor importancia. Cruce y choque de culturas, civilizaciones e intereses y lugar por donde siempre han pasado las rutas comerciales. Por ello en cada momento de la Historia, las potencias hegemónicas han tratado de dominarlo. (…)

… Esta necesidad de dominio y esta lucha de intereses ha producido siempre importantes tensiones estratégicas e incluso batallas y guerras pero es que lo que ha ocurrido en el Mediterráneo ha repercutido siempre en Europa y en cierto modo, en el resto del mundo occidental.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la OTAN, que nace como organización de defensa colectiva del mundo libre ante el comunismo expansionista de la Unión Soviética, consideró al Mediterráneo como el flanco Sur de su despliegue defensivo en centro Europa y por eso colocó en Nápoles su cuartel general para el sur (AFSOUTH), coincidiendo con el de la VI Flota estadounidense.

Así se mantiene durante toda la etapa de la Guerra Fría a pesar de las reclamaciones cada vez más insistentes de los países del sur, especialmente España, que alertan de los posibles riesgos provenientes del Sur. En aquellos días la preocupación mayor de la Alianza estaba en la frontera interalemana y “el flanco sur” estaba más bien limitado a Los Balcanes y las fronteras Turquía.

Drones de la OTAN vigilan el Mediterráneo

Sin embargo, con el fin de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, que trae consigo el fin de la Guerra Fría y de la bipolarización sustituida por la multipolarización, el concepto estratégico de la OTAN varía y la región mediterránea cobra un renovado interés para la Alianza. Se considera que la estabilidad en la zona es esencial para la seguridad de Europa. El Mediterráneo pasa, de ser el flanco sur de la OTAN, a una zona de interés estratégico primordial. A ello contribuyen varios hechos, como son las revoluciones árabes de 2011 con su secuela de conflictos, la creciente presencia rusa, que cuenta ya en Siria con una base naval, la de Tartus, y una aérea la de Jmeimim, más la todavía incipiente pero creciente presencia china. Sin olvidar el reciente hallazgo de importantes reservas de gas en el mar Egeo que ya han avivado nuevamente las crónicas desavenencias entre griegos y turcos.

Por otra parte, hay que tener presente que son nueve los miembros de la OTAN ribereños de esas aguas, que por el Mediterráneo siguen pasando las rutas que portan gran parte de los recursos energéticos y comerciales que necesita Europa y finalmente que los países de la ribera sur son el glacis defensivo frente a la turbulenta y terrorista zona del SAHEL. Últimamente se ha añadido además el problema de la actuación de las mafias que controlan el tráfico de migrantes.

La OTAN intentó primero una estrategia regional coordinada para el Mediterráneo pero la falta de consenso entre sus miembros hizo que derivara hacia una estrategia de acuerdos de seguridad puntuales y limitados a los países que quisieran participar. Esta estrategia fue denominada de “seguridad cooperativa”.

La falta de consenso en la Alianza hay que atribuirla a que, especialmente con la ampliación a los países del Este de Europa y la falta de una amenaza común y definida, la percepción de los riesgos a su seguridad varía mucho de esos países que siguen mirando hacia el este, a la de los países mediterráneos.

Fruto de esta estrategia de seguridad cooperativa fue la firma en 1994 del llamado “Diálogo Mediterráneo” (DMO) en el que participaron Israel, Egipto, Marruecos, y Mauritania a los que se añadieron en 1995 Jordania y Túnez y en el año 2000 Argelia. Este acuerdo que fue promovido por España y que continúa en vigor, tiene por objetivo fundamental el de fomentar la estabilidad regional y la cooperación en materia de seguridad en estos países. Tuvo, sobre todo al principio, la virtud de constituir un foro donde se reunían conjuntamente Israel y países árabes pero precisamente por la presencia de aquél, países importantes como Líbano y Siria rechazaron participar.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York hicieron que la OTAN volviera su atención al Próximo Oriente. Fruto de esta atención fue la operación naval “Active Endeavour”, promovida ese mismo año por EE.UU, cuyo objetivo era prevenir los ataques terroristas al tráfico naval por el Mediterráneo. Esta misión duró hasta 2016 en que fue sustituida por la “Sea Guardian” en el Mediterráneo central y centrada más en la lucha contra las mafias de migrantes. Asimismo y para completar y ampliar el Diálogo Mediterráneo a los países árabes del Golfo como Bahrein, Qatar, Kuwait y los Emiratos Arabes Unidos, se crea en la Cumbre de la OTAN de 2004, en Estambul, la “Iniciativa de Cooperacion de Estambul” (ICI). Sin embargo no se logró que se unieran a ella países tan importantes como Arabia Saudita, Oman e Irak que prefirieron mantener acuerdos puntuales con OTAN.

Tanto el DMO como la ICI no han dado los resultados apetecidos y ello, como ya se ha mencionado, es debido a varias causas. En primer lugar las ausencias destacadas de determinados países, en segundo lugar, a la mala imagen de la OTAN en los países árabes por su identificación con EE.UU con sus intervenciones en Libia o su apoyo a Israel. En tercer lugar la falta de unanimidad en los intereses de los distintos miembros de la Alianza.

Cuartel General de la OTAN

Aparte de estos tratados, en los últimos años, la OTAN ha intervenido en varias ocasiones. En marzo de 2011 asumió el mando de la coalición militar internacional “Unified Protector” respaldada por la ONU para proteger a la población civil de Libia, duró siete meses pero fue criticada porque priorizó la caída de Gadafi a la protección de la población. Durante la guerra civil de Siria, Turquía, invocando el artículo 5 del Tratado de Washington, solicitó apoyo defensivo y la OTAN como señal de solidaridad , puso en marcha la misión “Active Fence”. Algunos países OTAN participaron a nivel particular en la lucha contra el DAESH y la organización como tal en 2017 proporcionó apoyo militar y entrenamiento a Jordania e Irak. Finalmente ha puesto en marcha en 2014 la iniciativa “Defence Capacity Building” (DCB) mediante la cual ha firmado convenios con Jordania, Marruecos y Túnez, pero a pesar de los esfuerzos de la Alianza, las relaciones no son precisamente idílicas con Túnez, no ha logrado establecer convenios con Argelia y solamente con Marruecos se mantienen buenas relaciones a través de EE.UU.

Pero quizás lo más preocupante es que estos problemas han producido nuevas divisiones entre países miembros de la OTAN. Aparte de las ya mencionadas tensiones entre Grecia y Turquía con motivo de la construcción del gaseoducto “East Med” del mar Egeo, en julio del pasado año, Francia anunció su retirada de la misión “Sea Guardian” por la supuesta amenaza de Turquía a una de sus fragatas encargada de controlar el embargo de armas a Libia.

En la actualidad, la OTAN mantiene en el Mediterráneo una de las dos agrupaciones navales permanentes de buques de escolta, el SNMG 2. Este grupo, lo mismo que el SNMG 1, constituye el primer elemento de respuesta de la Alianza ante una situación de crisis y el apoyo a cualquier operación liderada por la OTAN en respuesta a esa crisis. Asimismo, asegura, con su capacidad disuasoria, una presencia naval permanente en la zona marítima de responsabilidad de la OTAN y contribuye a estrechar los lazos de cooperación y amistad con naciones amigas, no OTAN, mediante visitas a puertos y actividades de cooperación. Es importante mencionar que desde el junio pasado y durante un año el mando de la Agrupación lo ejerce un capitán de navío español.

Mirando al futuro, la OTAN debe seguir teniendo un papel fundamental en mantener la estabilidad y seguridad en la región en cooperación con otras organizaciones como la UE y la OSCE. Pero, como opinan muchos analistas, debería establecerse, no sólo una estrecha cooperación, sino un cierto reparto de tareas que evitaran duplicidades, concentrándose la OTAN en los aspectos militares, como la lucha contra el terrorismo y las mafias, así como de la disuasión militar ante cualquier amenaza a la seguridad. Además, y muy importante, la OTAN tiene que seguir trabajando para mejorar su imagen en la región.

Luis Feliu Ortega. Teniente General del Ejército, r

El papel de la Unión Europea AEME/21 LA SEGURIDAD EN EL MEDITERRÁNEO (2)

FEBRERO 14, 2021 / ADMIN / SIN COMENTARIOS / EDITAR

El mar Mediterráneo es considerado el vínculo que une los países cuyas costas se bañan en sus templadas aguas. Sin embargo, esa realidad se ve confrontada por la diversidad cultural, religiosa, económica y social entre las naciones situadas en las orillas del Mediterráneo. Esa diversidad es especialmente notable entre los países al norte del Mare Nostrum y los que están al sur y este de dicho mar, (…)

A modo de presentación

… rodeado por tres continentes: África, Asia y Europa. De los 20 estados soberanos ribereños, ocho pertenecen a la Unión Europea. Además, las aguas del Mediterráneo rodean varias islas que pertenecen a esos países. Además, muchos expertos consideran dentro del marco estratégico mediterráneo la región del Sahel en el sur y la vecina al Golfo Pérsico en el este. También es importante resaltar que al noreste del Mediterráneo hay estados que no son miembros de la Unión Europea. La mayoría de ellos se vieron muy afectados por los conflictos que se tuvieron lugar entre 1991 y 2001 en el territorio de la antigua Yugoslavia. Sucesivamente se desarrollaron dos guerras fratricidas que afectaron a las seis repúblicas que conformaban la República Federativa Socialista de Yugoslavia. Conocidas como guerras de la antigua Yugoslavia o guerra de los Balcanes no pueden olvidarse sus graves consecuencias y la inestabilidad remanente que afecta a la zona.

Sin incluir el mar Negro, el Mediterráneo abarca un área, de aproximadamente2,5 millones de km2 y tiene una longitud máxima de unos 3.860-3.900 kilómetros. Su anchura máxima es de 1.600 kilómetros y la distancia más corta entre Europa y África es de sólo 14 kilómetros en el estrecho de Gibraltar. La extensión del área mediterránea, incluso si se incluyen territorios adyacentes, es relativamente pequeña comparada con otras áreas estratégicas. Sin embargo, la diversidad humana, política, social y económica hacen que la zona se enfrente a múltiples y variadas amenazas.

Reconociendo la complejidad del proceso que originó el estallido de la “primavera árabe” a partir de finales del año 2010, sus inicios fueron profundamente alentadores y democráticos. Las revueltas tuvieron su origen en la frustración de la población ante la actuación de los regímenes autoritarios, de diverso signo, que han gobernado los países árabes desde su independencia. Cuando han pasado más de diez años de aquellos acontecimientos, existe la percepción de que en los países árabes sigue existiendo una frustración profunda causada por la corrupción, la presión demográfica, la ausencia de reformas y el deterioro del modelo económico y social. Por todo ello, es generalmente admitido que las movilizaciones volverán cuando se levanten las restricciones sanitarias existentes.

Desequilibrios y operaciones en el Mediterráneo

Como se ha mencionado, existen numerosos factores que afectan a la seguridad en el área mediterránea. Sin embargo, los expertos destacan como fuente de inestabilidad las notables diferencias existentes en el desarrollo económico de los países mediterráneos pertenecientes a la UE y aquellos que no lo son. El desequilibrio se puede apreciar fácilmente comparando el PIB (Producto Interior Bruto) per cápita[1]de Italia y Marruecos. Según datos macro de Expansión, el PIB per cápita de Italia el año 2019 fue de 29.660 Euros y el de Marruecos de 2.932 Euros. Estas cifras ayudan a entender en parte el flujo migratorio desde los países del Magreb y otros de la zona hacia la UE. Esa corriente migratoria en la mayoría de los casos es ilegal y está manejada por mafias que se aprovechan de la demanda existente para trasladarse a la UE. Ese tráfico ilegal ha sido y es la causa de graves tensiones en la zona. Como consecuencia de los naufragios de migrantes libios hace 6 años, se lanzó la Fuerza Naval de la UE en el Mediterráneo, (EUNAVFORMED) por decisión 2015/1778 del Consejo de la UE de 18 de mayo. Conocida como operación Sofia se puso en marcha el 22 de junio del mismo año y su cuartel general estuvo situado en Roma. El mandato para la operación finalizó el 31 de marzo de 2020. Su sucesora es la operación IRINI cuyo objetivo principal es aplicar el embargo de armas frente a la costa de Libia de conformidad con la Resolución 2292 (2016) del Consejo de Seguridad (CSNU). Además, IRINI contribuye a la desarticulación del modelo de negocio de las redes de tráfico ilícito y trata de personas mediante la recopilación de información y patrullas aéreas.

La Unión Europea como factor de estabilidad

La UE ha sido y es un factor esencial para la estabilidad y seguridad en el Mediterráneo, siendo su aportación principal diversos acuerdos y sus políticas específicas de colaboración. La Estrategia Global de la UE busca convertir la visión hacia esa y otras áreas en una acción común. El 17 de octubre de 2016, los ministros de Exteriores de la UE decidieron las prioridades estratégicas más importantes para la aplicación de la Estrategia Global de la UE[2]. Estas prioridades son la seguridad y la defensa, la creación de resiliencia estatal y social, el enfoque integrado de los conflictos y las crisis, el fortalecimiento de los órganos regionales cooperativos y una gobernanza mundial basada en normas. Para alcanzar esas prioridades, la Unión dispone de varios instrumentos entre los que se encuentran los Acuerdos de Asociación (AA) que son tratados entre la UE, sus Estados miembros y un país no miembro de la Unión. Su base legal está en el artículo 217 del Tratado de Funcionamiento de la Unión (TFUE). La UE tiene AA con: Albania (2009), Argelia (2005), Bosnia-Herzegovina (2015), Egipto (2004), Israel (2000), Jordania (2002), Líbano (2006), Montenegro (2010), Marruecos (2000), Macedonia del Norte (2004), Siria (1978 aunque los programas de cooperación fueron suspendidos en el año 2011), Túnez (1998), Turquía (1964 y en el marco para una Unión Aduanera en1995).

Por su parte, la Política Europea de Vecindad (PEV) pretende vincular los países de la Unión con Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Libia, Marruecos, Palestina, Siria Túnez. También existe una PEV con algunos países del este de Europa. La UE ofrece asistencia financiera a los países PEV siempre que cumplan con las condiciones de reforma gubernamental y económica, así como de transformación positiva. El proceso se basa en un Plan de Acción acordado tanto por Bruselas como por el país de destino.

Para finalizar, es preciso mencionar el Proceso de Barcelona o asociación euro- mediterránea que fue un proyecto de cooperación regional propuesto por el gobierno de España en la cumbre euro-mediterránea celebrada en Barcelona los días 27/28 noviembre de 1995. En ese marco se presentaron diversas posibles políticas relacionadas con el desarrollo económico, la lucha antiterrorista, así como la promoción de la democracia y los derechos humanos. Para reforzar y dar un nuevo empuje al Proceso de Barcelona, se propuso crear la Unión por el Mediterráneo (UpM) basada en la construcción de una asociación entre Europa y los países del contorno mediterráneo. El Consejo Europeo de los días 13/14 de marzo de 2008 retomó dicha iniciativa y la rebautizó Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo. La iniciativa recibió su espaldarazo durante la Cumbre de París para el Mediterráneo celebrada el 13 de julio de 2008. La Declaración tras la Cumbre fue suscrita por los jefes de Estado y de Gobierno de 43 países que representaban a más de 756 millones de ciudadanos.

La UE tiene el desafío de desarrollar y aplicar una política eficaz que, pese a las limitaciones existentes, logre asegurar o al menos mejorar la seguridad y la estabilidad en el Mediterráneo.

Madrid, 10 de febrero de 2021

Federico Yaniz Velasco

General del EA (R).

Exdirector adjunto del EMI

[1] Indicador económico que mide la relación existente entre el nivel de renta de un país y su población. Se usa habitualmente para medir la riqueza de un país,

[2] Ver Conclusiones https://data.consilium.europa.eu/doc/document/ST-13202-2016-INIT/es/pdf

Fuentes:

https://lacritica.eu/noticia/2288/aeme/21-la-seguridad-en-el-mediterraneo/el-papel-de-la-union-europea.html