Categoría: África

LA OTAN Y EL MEDITERRÁNEO. 1º ciclo AEME 2022

Por Rafael Vidal, coronel de Artª, DEM, Inteligencia militar Conjunta, Estados Mayores Conjuntos, Doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Granada. Master y profesor principal de Seguridad Global y Dirección de Servicios de Emergencia. Presidente de la Real Hermandad de Veteranos de la Junta Provincial de Málaga, de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil, Presidente del Consejo Asesor del Foro para la Paz en el Mediterráneo.

La frontera sur de la Alianza Atlántica abarca el mar mediterráneo (mar entre tierras) y el norte de África, siendo concebido, geopolíticamente, no como los países del Magreb, sino incluyendo el Sahel y hasta el golfo de Guinea.

En teoría, en junio de 2022, se aprobará el nuevo Concepto Estratégico de la OTAN, siendo nuestra capital, Madrid, donde se realizará la cumbre. Hagamos antes un breve repaso gráfico de los conceptos anteriores [1]:

Resumen de los Conceptos Estratégicos

La guerra en Ucrania, iniciada en 2022 y la penetración de Rusia y China en África; conflictos de intereses en el Norte del continente africano; el auge del terrorismo yihadista en el Sahel; la existencia de estados fallidos; la inmigración indeseada procedente del Sur; el autoritarismo militar como forma de gobierno en estados africanos; las agresiones al medio ambiente; la pobreza, la pandemia y la hambruna en algunos países al Sur del Sahel y en el mismo Sahel; y un largo etcétera, pueden hacer inviable el Séptimo Concepto Estratégico citado en el primer párrafo, tal como está concebido, según fuentes de la Alianza.

Antes de la aprobación del 6º Concepto Estratégico, la OTAN en concurrencia con la UE habían promovido una serie de iniciativas, como el Diálogo Mediterráneo (1994), adhiriéndose varios países del Norte de África, llegando a denominarse OTAN+7, pero como decía el general Ayala: “La OTAN no es la herramienta más adecuada para aproximar ambas orillas del Mediterráneo” y posteriormente en sus conclusiones expresaba que “el verdadero problema es la falta de definición de lo que la OTAN es y quiere ser” [2].

Sin embargo, el sexto Concepto, aprobado en 2010, se encuentra, en años posteriores, con la Primavera Árabe y la intervención de la OTAN en diversos países del Magreb, Libia y Egipto, sin la unanimidad que debiera regir la seguridad de la Alianza, de tal forma que los países intervinieron de acuerdo con sus propios criterios.

Fueron años en que la Alianza aun creía y basaba su estrategia en la “seguridad cooperativa”, dado que Rusia era un socio estratégico, pero todo se rompió en mil pedazos, cuando Vladimir Putin, el autócrata ruso, decidió que ya era hora de volver a sus fronteras de antaño y que el cerco que estaba sufriendo por parte de la OTAN, ponía en peligro la propia Federación Rusa y estados afines. La invasión de Ucrania y la ocupación de Crimea, así como determinadas regiones del este del país, presentaron la nueva faz rusa, corría 2014.

Situación de fuerzas navales en el Mediterráneo en 2016

Una de las obsesiones estratégicas del imperio ruso ha sido y sigue siendo su salida libre al Mediterráneo y de hecho en 1971 el régimen de Háfez al-Ásad, de ideología del socialismo árabe, permitió un pequeño apeadero, para que los buques pudieran repostar, pero en 2017, se había convertido en una potente base naval, con cesión de soberanía territorial, permitiendo el atraque en ella, junto con todas las instalaciones convenientes, de una flota rusa para el Mediterráneo, incluyéndose la existencia en la misma de armamento nuclear, nos estamos refiriendo a la base naval de Tartus.

En los documentos previos a la concreción del Concepto Estratégico para 2022, se han identificado cinco desafíos para la OTAN:

  1. Enfrentamiento dialéctico entre grandes potencias, sin llegar a definir ¡qué se entiende con ello!
  2. La guerra híbrida, no existiendo una idea clara, por mucho que tratadistas luminosos hayan intentado interpretar el concepto.
  3. La guerra a través de terceros.
  4. El terrorismo internacional yihadista.
  5. La evolución acelerada de tecnología rupturistas y emergentes.

Estos desafíos, es lo que actualmente se definen dentro de la “zona gris” que, en realidad es un estado de crisis permanente y que hay que saber gestionar. Vivimos en un mundo en crisis que es la normalidad, parafraseando a Heráclito: “todo pasa, nada permanece, ningún momento es igual al anterior y continuamente hay que tomar decisiones para resolver la situación del momento”.

Lo importante del “mar entre tierras”, no son las propias aguas, sino las tierras que lo rodean y que todo el sur del mismo es un verdadero polvorín que en puede estallar en cualquier momento y que en la actualidad, 2022, se dan todos los ingredientes de que lo haga.

Alpha Oumar Konaré, presidente de la Comisión de la Unión Africana, en una conferencia pronunciada en el mes de abril de 2006 en la Universidad de Alcalá de Henares, dijo textualmente:

Si la situación en África sigue degradándose, ningún continente estará a salvo. Menos aún nuestros vecinos europeos, porque están al lado. Ningún visado ni muro podrá detener a 1.500 millones de pobres que no tienen un dólar al día para comer [3].

Han transcurrido 16 años de aquellas proféticas palabras y la situación en el continente africano, principalmente desde el golfo de Guinea hacia el Mediterráneo ha ido degradándose paulatinamente, sin que la OTAN ni la Unión Europea y mucho menos Francia, al ser una zona eminentemente francófona, hayan podido resolver los enormes problemas planteados.

Estado Unidos dispone del AFRICOM o cuartel general de las operaciones para África, con el fin de intervenir en algunos de los 53 países que la integran, excepto Egipto, teniendo su sede en Stuttgar, aunque es previsible su traslado a la Base Naval de Rota.

Pero es un instrumento militar, sin sentido en los tiempos de corren. Entre 2021 y lo que va de año 2022, se han dado numerosos golpes de estado en distintos países. La UE y Francia, van retrocediendo y va aumentando la influencia de China y principalmente Rusia, a través de lo que se llamada “la diplomacia armada paralela”, es decir del grupo contratista de seguridad Wagner, propiedad de Yevgeny Prigozhin, muy allegado al autócrata ruso, Vladimir Putin.

Estos contratistas ofrecen seguridad a los gobernantes de los muchos países africanos, del Sahel y al Sur del mismo, principalmente contra los opositores, el terrorismo yihadista y una aparente paz, que sirve a Rusia para extraer una gran cantidad de minerales estratégicos para el futuro.

China, de una forma más suave, pero igualmente eficaz, está penetrando en África, considerando a los africanos como “iguales”, proporcionándole tecnología a cambio de los recursos que almacena en sus entrañas.

Retomando las palabras de Oumar Konaré, el problema de África, desde el Norte al Sur, es de desarrollo, por ello, la OTAN, aunque sea una Alianza político militar, no tiene una incidencia diaria sobre ella, a no ser que los intereses útiles y/o vitales de la misma se vean amenazados, teniéndose que realizar operaciones “no artículo 5º del Tratado”. La Alianza debe proteger las aguas del Mediterráneo, dejando la cooperación con el Magreb, Sahel y África ecuatorial en manos de otras instituciones, como la Unión Europea.

Se ha producido iniciativas, como la Unión por el Mediterráneo, la 5+5, y otras, pero ninguna ha demostrado su eficacia y continuidad.

Las premisas sobre las que deben basarse la cooperación con los países africanos deben ser:

  1. Consideración de igualdad soberana, sin mirar al pasado colonialista.
  2. Cooperación económica, social y política, siempre a través de vías seguras que, no lleven a la corrupción.
  3. Exigencia a las empresas occidentales y norteamericanas, por supuesto, de la ética y moral en las inversiones.
  4. Hacer de muchos países africanos una de las “fábricas del mundo”, al igual que hoy lo es China.
  5. Apoyo incondicional a la protección del medio ambiente, revirtiendo el escándalo del lago Chad o las pestilentes aguas del golfo de Guinea.
  6. Aportación de los países europeos y de otros de la Alianza, de un 0,5 o 0,7% del PIB para cooperación con los países africanos, sin contrapartida por parte de ellos.
  7. Convocar una Conferencia de Seguridad y Cooperación del Mediterráneo y África, a modos de su homónima europea de 1975, transformada luego en organización que sirva de caja de resonancia de los problemas mediterráneos y africanos y puedan resolverse las diferencias.
  8. Potenciar las organizaciones regionales, como la Unión Africana, Comunidad Económica de los Estados de África Central, Comité Permanente Interestatal para la Lucha contra la Sequía en el Sahel, Comunidad Africana Oriental, Comunidad de Desarrollo de África Austral, Comunidad Económica Africana, Comunidad Económica y Monetaria de África Central, etc.
  9. Ayuda para resolver el fenómeno terrorista.
  10. Dar estabilidad a las instituciones para reducir los “estados fallidos” y los “vacíos del poder central” que se producen en bastantes estados africanos.

A modo de conclusión:

La OTAN poco puede hacer para resolver los problemas del “mar entre tierras”, aunque debe ser el pilar defensivo de todas las iniciativas sociales, económicas, políticas y de cualquier índole que se lleven a cabo.

Coronel E.T. (Ret.) Rafael Vidal Delgado

Asociación Española de Militares Escritores (AEME)


[1] VIDAL DELGADO, Rafael. La OTAN ante el terrorismo. Foro para la Paz en el Mediterráneo. Málaga, 2016. Pág. 50.

[2] AYALA, José Enrique de. La OTAN en el Mediterráneo. Afkar/Ideas, de otoño de 2009. Páginas 25-27.

[3] MUNDO NEGRO, junio de 2006.

El Sáhara en el laberinto

El Sáhara en el laberinto | Política Exterior (politicaexterior.com)

Si las dos primeras décadas del siglo XXI fueron las de los nuevos conflictos en el mundo árabe, esta parece confirmar la tendencia del resurgimiento de los “conflictos encallados” en el Mediterráneo. El del Sáhara Occidental, en el que España juega indudablemente un papel principal, es una “patata caliente” de la que apenas se hablaba y en la que el statu quo preservaba un frágil equilibro entre las partes y los países interesados.

EDITORIAL | 21 de abril de 2022

Nunca ha sido fácil para España navegar en las arenas movedizas del Sáhara, donde su impronta colonial apela a una responsabilidad frente a la población saharaui. Así, los partidos políticos españoles han ido matizando su posición en función del puesto que ocupaban: más prosaharauis en la oposición, más promarroquíes cuando estaban en el gobierno. En este delicado vaivén, España iba desempeñándose entre la indispensable complicidad y relación con Marruecos y la indiscutible relación energética con Argelia. Si bien con el primero los vínculos eran más intensos y marcados por el pasado colonial, con Argelia la relación ha sido menos acomplejada y sentida, pero igualmente necesaria.

La postura ambivalente y de amparo bajo el paraguas de Naciones Unidas había servido a España para esquivar, no sin sustos, las turbulencias. Desde la Guerra de las Arenas en 1963-64, pasando por los enfrentamientos militares entre Marruecos y el Polisario, hasta el cierre de fronteras entre Marruecos y Argelia en 1994, la situación del Sáhara se había mantenido en gran medida sin cambios hasta otoño de 2020.

Bajo el liderazgo de James Baker III, 2003 fue el momento más prometedor en décadas pero la imposibilidad de avanzar frente al bloqueo de las partes hizo que el impulso de Naciones Unidas, oficialmente responsable del futuro del Sáhara Occidental, quedara relegado al mantenimiento de la MINURSO. Poco después, Marruecos puso en marcha su iniciativa del plan de autonomía, una propuesta que sobre el papel parecía una forma práctica de resolver un problema que todo el mundo parecía querer esquivar. Sin embargo, la credibilidad del plan se vio cuestionada, puesto que la promesa procedía de un gobierno cuyo crédito democrático estaba por demostrar. Y este sigue siendo uno de los principales escollos: ¿qué autonomía tendría tal autonomía? ¿qué capacidad de satisfacer las demandas de los saharauis podría tener una autonomía gestionada desde un centro de poder aun muy centralizado y en una transición democrática que se resiste a desembocar en una democracia plena?

Lo cierto es que la comunidad internacional ha demostrado ser incapaz de abordar muchos de los conflictos en curso, y cuando las soluciones no llegan, la realidad sobre el terreno cambia y se impone. La Administración Trump dictó, a su manera y por sus razones, su propia solución para el Sáhara y abrió camino a un pragmatismo que otros países o bien ya habían iniciado, como Francia, o que posteriormente han ido adoptando, como Alemania y ahora España. El statu quo no favorece a los miles de refugiados que ven generación tras generación su futuro atrapado en la hamada, pero apartarse del marco de la legalidad internacional tampoco les proporciona garantías de un futuro mejor.

Es indiscutible que el llamado “colchón de intereses” entre España y Marruecos pesa mucho y que la situación de ruptura de las relaciones bilaterales era insostenible. La necesaria cooperación en materia de control de fronteras, el desgaste progresivo del derecho internacional y de los mecanismos internacionales de resolución de conflictos han permitido decantar la balanza hacia la promesa de la autonomía. Sin embargo, sería conveniente asegurarse de que la prometida autonomía no es un canto de sirenas en un contexto en el que la transición hacia la democracia es un camino que se anda pero que no parece lograr su destino. Sin duda, es pronto para calibrar las consecuencias –o incluso para analizar los incentivos– del gesto de apoyo por parte del gobierno español al plan de autonomía. También parece difícil plantearse una marcha atrás. Por ello, es más crucial que nunca que España –y la Unión Europea– acompañe a Marruecos en este tránsito. No solo por el bien de las relaciones vecinales, no solo por el bien de los marroquíes sino, sobre todo, por su responsabilidad hacia la población saharaui a la que, de algún modo, debe responder./

La respuesta de África a la invasión de Ucrania

24 marzo 2022Alba Vega Tapia,  Anastasia Herranz Lespagnol Categoría: África Artículos Economía Geopolítica guerra UcraniaRusia Ucraniarusiaafrica

El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, recibe a la ministra de Asuntos Exteriores de Sudán, Mariam Al-Mahdi, antes de su reunión en Moscú, Rusia, el 12 de julio de 2021. (Ministerio de Asuntos Exteriores ruso / Handout/Anadolu Agency vía Getty Images)

¿Pudo influir la creciente presencia de Rusia en algunos países africanos en la reacción y posicionamiento de estos ante la invasión de Ucrania?

Entonces Putin ordenó la invasión de Ucrania. El 24 de febrero, se cumplieron los peores —e inesperados, para muchos— augurios: la fuerza militar rusa, por mar y tierra, inició su gran ofensiva sobre territorio de soberanía ucraniano, dejando a su paso muerte y destrucción. La reacción de condena de la comunidad internacional fue inmediata y pronto la cuestión llegó a las Naciones Unidas. Sin embargo, el derecho de veto de Rusia impidió que el Consejo de Seguridad aprobase una resolución de condena, pero no pudo evitar que esta propuesta —presentada por Francia y Albania— llegase a la Asamblea General de la ONU —convocada en una sesión de emergencia— para someterlo a la consideración de todos los Estados miembros.

Allí, el pasado 2 de marzo y en una votación histórica, los 193 miembros de las Naciones Unidas votaron la resolución de condena: 141 a favor, 5 en contra —Bielorrusia, República Popular Democrática de Corea, Eritrea, Federación Rusa y Siria—, 35 se abstuvieron (entre ellos, China) y, por último, 12 se ausentaron del plenario para no ejercer su voto. Por tanto, una mayoría abrumadora de Estados soberanos acordaron exigir que Rusia ponga fin al uso ilegal de la fuerza en Ucrania y retire incondicionalmente todas sus tropas de suelo ucraniano.

África y la invasión de Ucrania

Sin embargo, si miramos con detalle a la votación de los países africanos, llama la atención el resultado, que refleja la disparidad y la diferencia de intereses en el continente: 28 votaciones a favor y una en contra; 17 abstenciones, algo más de la mitad del resultado global (35); 8 ausencias, la amplia mayoría del resultado global (12).

¿Qué subyace bajo este posicionamiento de África ante la invasión rusa?

Varios argumentos pueden responder a esta pregunta. Cada Estado africano es soberano para tomar sus decisiones; y detrás de ellas subyacen distintas razones de índole interno y también internacional. La presencia de EE UU, Francia o Reino Unido en el continente es muy significativa, pero también —desde hace décadas— la de China y Rusia. A tenor de los resultados de la votación en Naciones Unidas, todo indica que el bloque no occidental ha influido en gran medida en las decisiones de África. Por otro lado, sus vínculos con la Unión Europea tampoco han logrado un impacto representativo en los votos africanos contra la invasión de Ucrania. Con todo, y como factor de futuro, sería conveniente repensar la fortaleza de las relaciones de Occidente con la región.

Sin duda, el interés y la presencia de Rusia en África parece haber revivido en los últimos años. Aunque desde la descolonización, la URSS comenzó a estrechar lazos con varios países a través del apoyo a movimientos de liberalización colonial. El colapso soviético limitó su influencia internacional. El interés ruso por el continente africano se ha tornado más evidente desde el comienzo de este siglo.

Así, en los últimos años, Rusia ha acrecentado su presencia en África en el ámbito económico, comercial, diplomático y, fundamentalmente, militar; hasta convertirse en un socio clave para muchos países del continente. En la actualidad, es una potencia emergente en la región, aunque su influencia está muy alejada de otros países tradicionalmente presentes en la zona, como Francia, EE UU o China.

No obstante, esta creciente influencia parece coincidir en un momento en el que la relación de muchos países africanos y sus socios occidentales tradicionales no pasa por su mejor momento. Así muestran las numerosas narrativas y manifestaciones antioccidentales —principalmente antifrancesas— en diversos países. A esto se le añade el deslucido papel que ha jugado África Subsahariana en la política exterior estadounidense durante el mandato del presidente Donald Trump, y el atractivo que países como Rusia y China —principalmente por la falta de condicionalidad de sus acuerdos con principios como la transparencia, el respeto de los Derechos Humanos o la lucha contra la corrupción— suponen para gobiernos africanos aislados o sancionados por la comunidad internacional.

En su expansión africana, Rusia ha aumentado sus flujos comerciales de manera progresiva, como muestran los datos del Fondo Monetario Internacional, y la presencia de sus empresas cada vez más notoria, principalmente en actividades extractivas de minerales y piedras preciosas, así como de recursos energéticos y proyectos en el sector de la energía nuclear, en el que Rusia es dominante a nivel mundial. En materia militar, la relación con África data, en muchas ocasiones, de la época de la extinta URSS. Hoy, Rusia es el principal proveedor de armas al continente, por delante de China, Francia o EE UU: un negocio que representa el 44% de las importaciones totales de armas del continente. Mención aparte merecen las diferentes operaciones y campañas de desinformación rusas o de entidades asociadas en diferentes países de la región, ligadas fundamentalmente con redes de cuentas falsas y medios estatales.

Abstención de los países africanos y su relación con Rusia

Como se ha referido, tan solo un país africano votó en contra de la resolución de condena: Eritrea, la dictadura más férrea y longeva de África. La alianza de este país del Cuerno de África con Rusia es larga y sólida y se basa —en primer lugar— en que ambos tienen a Estados Unidos como su principal enemigo. Sin embargo, también resulta oportuno repasar, aún de forma somera, las relaciones bilaterales de Rusia con los países que se abstuvieron.

Angola. El ámbito militar ha sido el área tradicional de cooperación, que se ha diversificado especialmente hacia la industria extractiva de piedras preciosas y el sector energético. En 2019, firmaron acuerdos en materia de minería de piedras preciosas, defensa, producción de gas y petróleo o agricultura. Alrosa —gigante minero ruso— controla casi el 33% de las acciones de las minas de diamantes de Catoca, la 4ª más grande del mundo.

Argelia. Rusia es el principal proveedor de armas de Argelia y este, a su vez, es el primer país africano comprador de bienes rusos. En el ámbito energético, la empresa gasística rusa Gazprom está implantada en Argelia desde 2006. Asimismo, ambos han firmado acuerdos en materia nuclear para, entre otros objetivos, construir una central en suelo argelino.

Burundi ha sellado con Rusia acuerdos de cooperación en temas económicos, comerciales, humanitarios y políticos. Rusia, al igual que China, se ha presentado como una alternativa a los países occidentales mientras las sanciones de la UE y EE UU contra el gobierno burundés estuvieron vigentes. Entonces se forjaron varias alianzas, principalmente militares, pero también bancarias y de inversión. Hace menos de un año, Burundi firmó un acuerdo en materia nuclear con la empresa rusa Rosatom.

República Democrática del Congo. Desde hace décadas, Rusia es socio principal en materia económica y militar. Hace menos de un año entró en vigor su último acuerdo de cooperación militar que, entre otros asuntos, permite a Moscú enviar especialistas para formar a militares y que sus aviones y buques de guerra hagan escala en el Congo.

El logotipo de Rosneft mostrado en la pantalla de un teléfono. (Ilustración fotográfica de Jakub Porzycki/NurPhoto vía Getty Images)

Guinea Ecuatorial. Ambos tienen acuerdos de cooperación económica y la compañía geológica líder de Rusia, Rosgeo, ha firmado contratos para la exploración de recursos minerales e hidrocarburos. En el ámbito militar,  además de adquirir armamento ruso, permite a la Armada rusa disponer de las instalaciones de dos de sus puertos.

Madagascar. Gracias a su sólida relación, cooperan en el campo militar y económico, donde empresas rusas explotan minas nacionales. Durante las elecciones presidenciales de 2019, Rusia desplegó una intensa campaña de desinformación en apoyo al actual presidente del país, que negó cualquier vínculo con Moscú. Según la UE, existen evidencias sobre la presencia de Wagner en el país.

Malí. En 2021, según denunciaba Francia, los mercenarios de Wagner llegaron a Malí. Tras dos golpes de Estado, la junta militar parece preferir el apoyo ruso en la lucha contra el terrorismo antes que mantener su vinculación con Francia. Según el gobierno maliense, se trata únicamente de acuerdos de cooperación militar con Moscú para adquirir equipamiento y formación, aunque parece probable el acceso de Rusia a varias minas malienses.

Mozambique. Su cooperación militar y energética con Rusia se ha reforzado tras el hallazgo de ingentes reservas de gas natural en las costas septentrionales. En la actualidad, la empresa rusa Rosneft explota estas reservas, mientras se multiplican los inversores y empresas rusas interesadas en el campo energético y geológico del país. Por otro lado, la UE y organizaciones humanitarias sostienen que mercenarios de Wagner se están desplegando en Mozambique.

Namibia es uno de los principales países productores mundiales de uranio y mantiene acuerdos con Rusia, además de una potente cooperación económica. La empresa rusa Uranium One, propiedad de Rosatom, está en proceso de prospección de metales raros en Namibia.

República Centroafricana. Desde hace años, mercenarios rusos están presentes en este país africano, como denuncian Naciones Unidas y la UE. De hecho, muchos informes recogen violaciones sistemáticas de los derechos humanos de la población por parte de los milicianos de Wagner.

Senegal, que actualmente preside la Unión Africana, mantiene relaciones económicas y comerciales con Rusia. En los últimos años, el volumen de sus intercambios comerciales ha crecido exponencialmente, en concreto en el sector petrolero.

Sudáfrica. Destacan especialmente los acuerdos en el ámbito de la energía nuclear: la capital, Johannesburgo, acoge la sede regional de la empresa estatal rusa Rosatom, donde también está la sucursal africana de Gazprombank —tercera institución financiera más importante de Rusia—. Involucrada, además, en proyectos energéticos (petróleo y gas) y mineros en África.

Sudán. El dictador Omar Al Bashir, ahora encarcelado, forjó una estrecha alianza militar, comercial y energética con Moscú, que le brindó una alternativa frente a las sanciones occidentales. Asimismo, firmaron un acuerdo para la instalación de una base naval rusa en el país. Tanto la UE como Naciones Unidas han denunciado la presencia de Wagner. Tras el derrocamiento del dictador en 2019 la influencia rusa fue disminuyendo, pero se ha rehabilitado tras el golpe de Estado de 2021.

Sudán del Sur se ha convertido en un polo de inversión para países como India, China o Rusia, debido esencialmente a sus reservas de petróleo, su posición geoestratégica y las posibilidades de desarrollo económico. Así, en los últimos años Moscú ha incrementado su cooperación con el país. En 2016, firmaron un acuerdo de cooperación técnico-militar. También se ha incrementado su relación bilateral en materia energética, económica y comercial.

Tanzania. En la actualidad, los principales vectores de cooperación son el sector militar, la energía nuclear y el ámbito educativo-cultural, con profundas raíces en la sociedad y la élite tanzana. El cono sur de África se ha convertido en objeto estratégico primordial de Moscú para la exportación de su industria nuclear, que se ha materializado en diferentes acuerdos de cooperación, así como de extracción y exportación de las reservas tanzanas de uranio. Asimismo, y según diferentes medios e investigadores sudafricanos, la presencia de mercenarios de Wagner en el país es una realidad.

Uganda mantiene acuerdos militares y nucleares con Rusia. Hace menos de un año, ambos países firmaron uno para reforzar su cooperación económica.

Zimbabue, sobre el que recaen sanciones de la UE, ha desarrollado una extensa relación con la industria rusa de defensa, así como en el ámbito de la energía nuclear y minería (diamantes y platino).

La fuerte presencia de Rusia en los Estados africanos incluidos en esta lista está constatada, así como su relación bilateral con aquellos que se abstuvieron de condenar la invasión de Ucrania. Como en otros muchos ámbitos, está por determinar la evolución y la influencia de este escenario en el nuevo, pero aún incierto, orden mundial.

https://www.esglobal.org/la-respuesta-de-africa-a-la-invasion-de-ucrania/