Categoría: Amenazas híbridas

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL

F. Javier Blasco, coronel (r) 8 de mayo de 2022

Coronel Francisco Javier Blasco

Las dos grandes guerras que el siglo pasado asolaron Europa tuvieron como causa u origen un hecho, que para muchos era nimio o sin importancia, aunque poco a poco, se iba agrandando y expandiendo.

Hace muchos días, demasiados, que internacionalmente se especula con la certera posibilidad y probabilidad de que una intervención directa o en fuerza por parte de la OTAN, la UE o de un estado independiente como EEUU, en la guerra de Ucrania, podría ser el motivo o el detonante de llevar al mundo a la III Guerra Mundial.

Es más, es la principal razón o excusa esgrimida por los próceres de los países aliados y todas las Organizaciones Internacionales, incluso la misma ONU, con la que se trata de dar un cerrojazo, a todas luces falso, a una incomprensible situación, por la que, oficial y realmente, se abandona a su suerte a un país occidental, lindante con la OTAN y la UE, que con un gran desequilibrio inicial de fuerzas, está siendo masacrado -sin ni siquiera una declaración formal de guerra- ante la impávida postura de una sociedad que se conforma con dicho pensamiento.

Situación vergonzosa, que, de paso, mantiene de forma semi oculta la esperanza que, con unos cuantos apoyos por su parte, sean aquellos pobres infelices, los que contengan, masacren y finalmente derroten a un “potente” ejército, el ruso, que nos amenaza constantemente a todos, sin que este acto bélico final nos cueste una sola baja personal, ni que un solo proyectil de su artillería caiga en nuestro territorio.           

Aquellos que dedicamos algo más de un rato a observar la evolución de los acontecimientos, a la intensidad y variaciones en los enfrentamientos de diversa índole a lo largo y ancho del mundo, al desarrollo de las capacidades, precisión y alcance de los nuevos armamentos y a la aplicación y desarrollo de las nuevas tácticas, técnicas y procedimientos en los conflictos interpretados por viejos y nuevos actores en las guerras, hace tiempo que hemos llegado a diversas conclusiones -que se pueden encontrar en lo mucho escrito y publicado- sobre la guerra y los enfrentamientos globales en el futuro, a corto y medio plazo.

Existe una casi total unanimidad en la mayor parte de los autores y variopintos expertos o entendidos, por la que la guerra del futuro cambiará y mucho los grandes conceptos de la estrategia bélica, los cuales, durante varios lustros, han sido considerados como inamovibles.   

Con carácter general, y a modo de resumen, se puede afirmar que la guerra total, las nuevas armas tecnológicas, de bajo coste y de mucha rentabilidad dados los efectos que proporcionan, la economía, así como un amplio uso del espectro electrónico y la información, adecuadamente manoseada, y dirigida tendrán mucho que decir en tales enfrentamientos.

Debido a la globalización y a la enmarañada interconexión entre los estados, la economía, las sanciones y restricciones económico-comerciales directas, los vetos o dificultades a los intercambios comerciales y las relaciones políticas entre los grupos resultantes de países o bloques enfrentados en la arena de los conflictos, no solo jugarán un papel importante, dado que se verán limitadas en sus capacidades reales para iniciar y en alimentar el conflicto a medio y largo plazo; sino porque, además, y en función de las medidas adoptadas por la Comunidad Internacional (CI), sufrirán grandes cambios, graves presiones y hasta una posible quiebra o una gran merma económica en alguno o varios de los países implicados.

No obstante, o como consecuencia de la libertad de mercado entre los diversos estados así como por las mutuas dependencias energéticas y económicas, incluso con o entre países situados en las antípodas político sociales, dichos lazos supondrán un gran hándicap a la hora de tratar de imponer vetos o sanciones económicas a los países implicados en agresiones o conflictos por dicho u otros motivos.  

La existente interconexión o gran dependencia en el mundo para todo tipo de actividad económica o social, para las relaciones o intercambios comerciales, los descubrimientos de la ciencia, el manejo o expansión de las pandemias o cualquier otro fenómeno que podamos imaginar, también aparecerán de inmediato y jugarán un gran papel en la posible extensión y consecuencias de los conflictos. Todo el mundo se verá afectado de una forma u otra, y nadie puede mirar para otro lado mientras un conflicto importante suceda en cualquier rincón del mundo.  

Las poblaciones civiles se verán afectadas, e inmediatamente, millones de refugiados y desplazados internos, antes incluso de iniciarse el conflicto, se pondrán en marcha y abandonarán sus hogares en busca del cobijo que su propio país no sea capaz de garantizar; lo que, sin duda, contribuirá a desestabilizar las relaciones internas y externas del propio país y en los de su entorno.

Los grandes enfrentamientos en masa de ejércitos, unos contra los otros a campo abierto con amplitud de preparaciones artilleras y unidades mecanizadas o acorazadas implicadas durante largas jornadas de lucha, raramente se darán y se verán limitadas a momentos o situaciones puntuales, como preludio o complemento de una acción vital.   

La propaganda, las medidas de decepción, el engaño y el abuso en el empleo de las redes muy infectadas de falsa información y tomando parte en uno u otro sentido a modo de marketing o justificación, son herramientas que se usarán profusamente en los nuevos conflictos, incluso desde antes que estos se lancen o alcancen fases importantes; ya desde su preparación y durante toda la ejecución.

La observación electrónica, por satélite o por las trazas dejadas en los medios de comunicación, sistemas de orientación, navegación y localización particulares, serán elementos a tener muy en cuenta por los grandes rendimientos que se pueden obtener de una explotación adecuada de forma sigilosa y sin dejar traza de que se está observando y monitorizando directamente la pieza a caza.

El efecto CNN, por el que los conflictos de relevancia, se retransmiten en directo de forma pública y sin control alguno, es un medio de inteligencia basado en fuentes abiertas (OSINT) de gran rendimiento a efectos de localización de fuerzas y en la determinación de los principales esfuerzos y escenarios. Cosa similar, ocurre con el seguimiento de las comunicaciones privadas (incluyendo videos, chats y fotografías) entre los propios combatientes con sus superiores, familiares y amigos.

Las armas de alta precisión serán una pieza fundamental para el derribo de aeronaves poco protegidas, ataques selectivos o a buques rodeados de deficientes o ningún medio de protección; e inclusive, para crear el caos al atacar masas de carros de combate, expuestos al fuego por todos los flancos, incluso por debajo o sobre ellos.

Las unidades especiales de los tres ejércitos, fáciles y rápidas de mover de un escenario a otro, suplirán a los grandes movimientos en masa y tendrán un papel muy importante en la conquista de objetivos a distancia, siempre que sean rápida y debidamente relevadas por unidades más protegidas y con mayor capacidad de resistencia a las reacciones del enemigo,

Los cambios en las exigencias, necesidades y en la forma de vivir, de descanso, en la alimentación de las personas y en la aplicación directa de la asistencia sanitaria al combatiente, requieren unas cadenas logísticas demasiado pesadas, largas, continuas y eficientes. Si estas fallan, la guerra se para, tal y como se demostró en las dos guerras del golfo, posteriormente en la larga campaña en Afganistán y más recientemente, en la guerra en Ucrania.

La guerra centralizada tanto en el planteamiento como en la ejecución tiene sus días contados. La descentralización en la segunda fase es casi una exigencia irrenunciable siempre que se pretenden unos resultados más que aceptables.

La inteligencia y el espionaje en todas sus modalidades, si bien siempre han sido un arma fundamental en la identificación de los posibles conflictos y en descubrir los potenciales o probables movimientos del enemigo, tomará un papel mucho más importante en la prevención y conducción de los futuros conflictos a gran escala para descubrir o desbaratar las verdaderas y cambiantes intenciones ocultas.

El empleo o amenaza de las armas de destrucción masiva, en especial las nucleares, jugará un papel importante en la disuasión para intervenir o no de forma directa en los conflictos, a pesar de que haya un sentimiento generalizado de que nadie, con dos dedos de frente, salvo un loco de remate, las llegue a emplear. Su uso, supondría un enfrentamiento de fatales consecuencias para todos los contendientes, incluso peor para aquel que las llegase a usar en primer lugar por la descontrolada respuesta que puede originar. No se descarta el uso de armas biológicas o químicas por el gran poder de penetración que causan de forma más o menos rápida y silenciosa, sin apenas peligro para el que las inocula y porque pueden llegar a poner a países o continentes enteros en cuarentena u ocasionar centenas de miles de muertos.

La capacidad de intervenir en los conflictos por parte de los organismos internacionales es y será cada vez menor. Su papel, organización, composición y misiones, ideadas para mediados del siglo pasado, han demostrado su obsolescencia e irrelevancia casi un siglo después. Sus sistemas de toma de decisiones se han mostrado totalmente ineficaces, incluso para montar misiones humanitarias de emergencia.

Si, más o menos, estas han sido las conclusiones o predicciones a las que últimamente se ha llegado sobre los parámetros en los que se moverán los grandes conflictos del futuro y, si, además, son aceptadas por muchos o la mayoría de los que hacen análisis y deducciones, fácilmente podríamos conformar el escenario en el que se moverá, con algunas ligeras excepciones, la III Guerra mundial. Pero, si nos detenemos un instante y se comparan con lo que actualmente está sucediendo en la guerra de Ucrania, mucho me temo, que no tenemos más remedio que aceptar, que la CI, por mucho que haya vacilado y maniobrado, no ha podido evitar que la temida y tan cacareada III Guerra Mundial ya haya comenzado y se está batiendo en Ucrania como escenario principal.

Hacia una nueva era geopolítica, por el general Argumosa Pila, publicado por El Mundo el 03.05.2022

El pasado 23 de abril, el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, aseguraba en el programa El Gran Juego de la televisión pública que existe peligro real de una tercera guerra mundial. «El peligro es grave, es real, no se puede subestimar», dijo, comparando la actual situación internacional con la vivida durante la crisis de los misiles de Cuba en 1962, uno de los momentos más tensos en las relaciones entre la Unión Soviética y Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Unos días antes, el 20 de abril, el presidente ruso Vladimir Putin amenazaba a Occidente con el lanzamiento de prueba del misil balístico intercontinental RS-28 SARMAT -también conocido como Satán 2 y con un alcance de 10.000 kilómetros- desde el cosmódromo de Plesetsk, a unos 800 kilómetros al norte de Moscú, que impactó en el polígono de Kura, situado en la península de Kamchatka, bañada por el océano Pacífico, a unos 6.000 kilómetros de distancia.

En palabras de Putin, el misil «hará que se lo piensen dos veces quienes amenazan a nuestro país con su retórica desenfrenada y agresiva». Con independencia de que este nuevo misil tiene capacidad nuclear y está diseñado para eludir los sistemas de defensa antimisiles, hay que tener en cuenta que este lanzamiento es uno más de un programa de pruebas que comenzó en el año 2018. El misil estará listo para su empleo solo cuando finalice el mencionado programa.

Este tipo de declaraciones con rasgos amenazantes y de intimidación estratégica ha sido una constante durante los más de dos meses que lleva ya la guerra desencadenada tras la invasión rusa de Ucrania. A los tres días de que se iniciara esta contienda, el 24 de febrero de 2022, Rusia anunciaba, de forma sorprendente, que ponía las armas nucleares en estado de alerta cuando las operaciones que se estaban realizando se hallaban claramente en el ámbito convencional. Previamente, antes del inicio de la guerra, el 19 de febrero, Putin y el presidente bielorruso Alexander Lukhasenko habían protagonizado una demostración de fuerza conjunta, con el lanzamiento de misiles desde tierra, mar y aire, algunos de ellos supersónicos y todos ellos con capacidad nuclear.

La amenaza rusa, en este caso el pasado 14 de abril, de desplegar armas nucleares en el mar Báltico en caso de que Suecia y Finlandia ingresen en la OTAN cuando Moscú ya tiene desplegados misiles Iskander -capaces de llevar ojivas nucleares- en el enclave ruso de Kaliningrado, emparedado entre dos miembros de la Alianza Atlántica como son Lituania y Polonia, no parece ni lógica ni razonable en este contexto

Coincidía esa declaración de Rusia con el hundimiento, en el mar Negro, del crucero lanzamisiles Moskva, impactado por dos misiles Neptuno ucranianos. Era el buque insignia de la flota rusa del mar Negro, con un desplazamiento de 12.400 toneladas, medio millar de tripulantes y armado con 16 lanzadores de misiles. Sin duda, ha supuesto un fuerte revés para la marina rusa en un momento en que tenía la alternativa de atacar la ciudad ucraniana de Odesa.

Todas estas amenazas son muestra, cuanto menos, de una reacción inquietante y alarmante del Kremlin ante los malos resultados del desarrollo de las operaciones militares en el país invadido. Se percibe una falta de seguridad, de confianza y de rigurosidad en los planteamientos estratégicos y operacionales de la guerra.

Decía Sun Tzu, 2.500 años antes de Cristo: «Si el objetivo principal de la guerra, la victoria, tarda demasiado en llegar es posible que la moral decaiga y que los recursos se agoten. Así que, de nada sirve que una campaña se alargue demasiado en el tiempo». Es muy posible que a Putin le esté ocurriendo algo similar. Según todos los indicadores de que ahora disponemos, la guerra en Ucrania se había planeado en un tiempo mucho más corto que en el que se está desarrollando. Y conforme más larga sea la guerra más debilitada se encontrará Rusia.

No hay duda de que la guerra no solo afecta a Rusia y a Ucrania sino también a la Unión Europea, a la OTAN y, en realidad, a toda la comunidad internacional. De hecho, ha saltado en pedazos el equilibrio estratégico de seguridad internacional en el que actualmente existe una competencia geoestratégica entre potencias de primer orden y entre los de segundo orden.

En efecto, en el panorama geopolítico mundial que se avecina se pueden establecer dos grandes niveles de países en la más alta jerarquía de poder. En el horizonte principal se hallan Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea. Serían los niveles de primer orden por el peso específico que tienen en el establecimiento y definición del orden internacional. En un nivel inmediatamente debajo se encuentran los países de segundo orden en el que podemos considerar, a su vez, dos categorías. La primera incluye a India, Japón y Brasil; y la segunda la componen Bangladesh, Corea del Sur, Egipto, Filipinas, Indonesia, Irán, México, Nigeria, Pakistán, Turquía y Vietnam -los señalados por Jim O`Neill como el Grupo de los 11, en su obra The Growth Map, en 2011- que están cerca o pasan claramente de los 100 millones de habitantes.

Por otra parte, tampoco hay muchas dudas de que cuando estamos entrando en una nueva era caracterizada, entre otras cosas, por el ascenso de China, el previsible declive de Rusia, el mundo cibernético, el escenario del ciberespacio, la computación cuántica, la revolución energética, el cambio climático o el protagonismo de las empresas digitales, parece lógico que aparezca una nueva configuración geopolítica que se distinga por responder a unos innovadores factores geopolíticos mezclados con otros tradicionales.

En los últimos años se está hablando a través de la mayor parte de los medios de comunicación de la actual y previsible rivalidad y enfrentamiento entre el bloque de países democráticos y el bloque de países autoritarios. Pero a este planteamiento hay que vestirle de algunos matices. Uno de los más importantes consiste en distinguir no solo el grado de democracia de algunas naciones sino también el grado de autoritarismo de otras. Por ejemplo, no es lo mismo la democracia en Estados Unidos que la democracia en Nigeria. Y no es igual el autoritarismo de Pekín que el de Cuba.

En todo caso, el resultado de la guerra en Ucrania va a acelerar e influir poderosamente en la configuración de la cambiante era geopolítica que se avecina, en la que los nuevos equilibrios de poder van a variar sustancialmente. Hasta ahora se ha considerado la rivalidad entre la asociación estratégica de China y Rusia, representantes del modelo autocrático, frente al vínculo transatlántico de Estados Unidos y la Unión Europea, representantes del modelo democrático. Pero ahora hay que preguntarse si esto va seguir así, en qué condiciones en su caso, y dónde se situará el resto de países mundiales, especialmente los que están integrados en el horizonte del segundo orden de poder.

En definitiva, con mucha probabilidad la guerra en Ucrania no va a tener muchos beneficios para Rusia; más bien al contrario, le causará graves perjuicios, ya que su duración y los previsibles resultados no responden a lo esperado por las autoridades del Kremlin. En cualquier caso, Moscú quedará debilitada perdiendo un fuerte protagonismo internacional que repercutirá considerablemente en la nueva era geopolítica que marcará las normas de un naciente orden mundial, aún por definir.

Jesús Argumosa Pila es general de División en la Reserva y ha sido jefe de la Escuela de Altos Estudios de la Defensa.

https://www.elmundo.es/opinion/2022/05/03/626f954a21efa029668b4579.html

LA AMENAZA NUCLEAR DEL PRESIDENTE PUTIN- 1º Ciclo AEME de 2022

 La disuasión nuclear fue concebida para  evitar una conflagración mundial, pues el Mundo, tal y como lo concebimos, sería sacrificado seguramente. Desde entonces las potencias que poseen armas nucleares, y que las incluyen en sus Estrategias de Seguridad Nacional, han tratado de desarrollar cargas y vectores portantes que de algún modo facilitaran su  inclusión en el seno de un conflicto generalizado, sin renunciar al carácter disuasivo de tales armas, pues tanto un sistema como otro de inclusión podría producir la temible escalada.

   De lo que no debe quedar duda es de que el desencadenamiento del fuego nuclear por una potencia en conflicto generalizado se produciría cuando la existencia de la Nación iniciadora se viera en extremo comprometida por las acciones del adversario, pues cuando se dotó de armamento nuclear lo hizo seguramente por ese motivo, la causa suprema, la existencial; curiosamente esta es una reflexión que ha sido aducida por el propio Presidente Putin en la actual guerra que enfrenta a Rusia y Ucrania, tras la invasión de esta última por la primera.

   Los intereses vitales de una Nación forman parte de sus intereses nacionales, pero aquellos son tan exclusivos que determinan la existencia misma de la colectividad organizada a la que llamamos Estado; sin ellos desaparecería la necesidad de continuar con la vida nacional, al menos esa es la concepción subjetiva del propio Estado, potencialmente agredido, por la  que “su  privación o violación materializa el umbral de franqueamiento crítico más allá del cual el defensor estima que su supervivencia estaría irremisiblemente comprometida”. (Politologie de la Défense Nationale. Henri Pac. Masson. Pag.68).

   En otro orden de cosas, esta concepción nacional referida, este estado subjetivo puede no ser compartido por el otro protagonista de la disuasión, dado que aquella anida en un sentimiento, en una percepción, que nada tiene que ver con aspectos estratégicos, estos últimos muy ligados al propio territorio, a los objetivos fundamentales del país objeto, solo ellos justificarían una reacción nuclear pues su conquista supondría la derrota,  he ahí la clave de la disuasión.

   Por lo tanto podemos admitir, y los pensadores en torno a la disuasión así lo hacen (Politologie de la Défense Nationale), que existen dos concepciones sobre el verdadero sentido de los intereses vitales como límite para desencadenar, en este caso, una respuesta nuclear; el primero es una percepción nacional y el segundo es meramente estratégica, al estilo de Clausewitz.

   Yendo al caso del actual escenario de la guerra entre Rusia y Ucrania, y dentro de las dos hipótesis de la concepción del interés vital, es necesario encajarlas en las sucesivas amenazas nucleares del Presidente Putin, antes y a lo largo de lo que él llama “operación especial” en Ucrania, por otra parte incontestadas por el país agredido que además no posee armas nucleares, y que van dirigidas claramente a la Organización Atlántica, para disuadirla de actuación a favor del país ucraniano, por otra parte inverosímil pues la OTAN es una organización internacional que actúa por consenso, a 30 países, de los que solo 3 poseen armas nucleares con sus propias políticas de empleo. Distinto es que estos países nucleares pongan sus armas de este tipo a disposición de la Alianza, en las condiciones que se determinen en su Comité de Planes de la Defensa, en su planeamiento nuclear, aspectos que se deberán aprobar en sus órganos de gobierno al más alto nivel; en cualquier caso, y según los mismos teóricos, la OTAN estaría ya, con la situación actual, en una guerra disuasiva con la Federación Rusa.

   En el caso de las armas nucleares de Francia, su concepto de empleo no prevé la cesión de la decisión de su desencadenamiento pues su doctrina es muy rigurosa al respecto, fomentando su propia autonomía estratégica; además el país galo renuncia al concepto de escalada, pues el desencadenamiento de su respuesta nuclear se produciría cuando “sus objetivos vitales” estuvieran en grave peligro; por ello las armas nucleares tácticas, los antiguos Regimientos Plutón, fueron suprimidos, los misiles de la Meseta de Albión, en Provenza, igualmente, y sus fuerzas convencionales tendrían también, en ambiente de guerra abierta, la finalidad de determinar, marcando al enemigo, cuando esos intereses vitales estarían en serio peligro. Sin duda que sus armas han estado “apuntadas” a la Federación Rusa, sirviendo de elemento importante de incertidumbre, en relación con la estrategia OTAN, para el cálculo disuasivo de la ex URSS.

   El Presidente Putin esgrime, como umbral de empleo del armamento nuclear, razones existenciales de la Federación Rusa, es decir que se ponga en entredicho o se amenace gravemente la existencia de la Federación, aspecto que sitúa los intereses vitales de Rusia en una mera percepción subjetiva, en un relato que proviene del momento del hundimiento y desarticulación de la antigua Unión Soviética, y que se basa en la no aceptación, de hecho, de los acuerdos de Paris de 1990, implementados, aceptados y rubricados por los representantes oficiales de la entonces Unión Soviética.

   En este sentido, su pretensión es el cambio del orden internacional actual, perjudicial para la Federación Rusa en su opinión, cuando nunca en estos 70 últimos años había sido tan floreciente, incluso podría haber sido hasta democrática, si hubiera respetado los patrones de la misma, la alternancia política, el respeto a la oposición, la separación de poderes y la lucha contra la corrupción.

   Su pretendida amenaza existencial proviene de una reflexión que supone que las Organizaciones Internacionales, la OTAN y la UE, tienen por finalidad la amenaza a la Federación y su fin, simplemente porque las Naciones limítrofes quieren decidir su propio futuro de seguridad, soberanamente; en ningún caso la Organización Atlántica y mucho menos la UE, per se, representan un peligro existencial para los rusos, sino un convencimiento de que no quieren ser regidos por gobiernos autocráticos después de las experiencias recientes y antiguas; las minorías rusófonas en su “extranjero próximo” son frecuentes, con otras etnias, en muchos países del Mundo, merced a delimitaciones administrativas y descolonizadoras, cuando en la antigua URSS, en ocasiones, eran consecuencia de sus “progromos”, como en Ucrania.

   La disuasión que sobre la Alianza Atlántica está ejerciendo el Presidente Putin, con sus advertencias referentes al posible empleo de armamento nuclear, no puede ser concebida por Occidente si este y sus acciones no representan un grave peligro de carácter estratégico, como es la conquista o neutralización de objetivos específicos que supongan un peligro existencial, vital, para la Federación Rusa, y este no es el caso; la ayuda militar y financiera, a un tercer país, invadido, en francas condiciones de inferioridad, flagrantes si se quiere, con amplias repercusiones europeas, la ha venido practicando, secularmente, lo que hoy es la Federación Rusa, en teatros de Oriente Medio y Próximo, y en el Indo-Pacífico para apoyar a regímenes anti occidentales y opuestos.

   Putin está prácticamente solo, con adeptos más que consejeros, con la calle secuestrada y en un gran aislamiento internacional, y económicamente constreñido. Su Doctrina Militar vigente, y en general la consuetudinaria desde que posee el arma nuclear, admite el “primer uso” del arma nuclear, para ello dispone de la Triada en este tipo de armamento, y no es en absoluto extraño que pudiera emplear armamento nuclear táctico, para resolver sus problemas operacionales en Ucrania, por ello tiene su despliegue listo, de Iskander-M, por ejemplo, de hasta 500 kms. de alcance con la doble capacidad, pero su empleo más probable sería en algún objetivo adecuado en Ucrania, o como demostración de su resolución en este conflicto, pero no en el Occidente “otanizado”, pues allí su disuasión no funcionaría, pues no hay ningún interés vital, estratégico, amenazado por la Organización Atlántica.

   Diferente sería predecir la reacción de la OTAN ante ese empleo nuclear en Europa, que abriría una etapa de extraordinaria tensión , y posiblemente una escalada de empleo de este tipo de armas, empezando por un despliegue de nuevos vectores que recordaría” la crisis de los misiles de los años ochenta” y sus repercusiones para la seguridad mundial, en un momento donde la vacuidad reina, por la ausencia de tratados y medidas de confianza, todos ellos en suspenso, y con un START negociado con prisas.

                                                                                GENERAL DE DIVISION (Rdo)

                                                                                RICARDO MARTINEZ ISIDORO

                                                                                Miembro de AEME.      18.04.22 

UCRANIA, PRIMERAS CONCLUSIONES TRAS DOS MESES DE GUERRA

F.  Javier Blasco, coronel (r). 24 de abril de 2022

Cuando un conflicto bélico, creado y manipulado por Putin en este caso y que no le está dando los resultados esperados ni deseados, lleva ya dos meses en activo e in crescendo y en él se han empleado muchos medios y todo tipo de unidades, se puede decir que, tanto por cuestión del tiempo como por la forma, deben sobresalir un buen número de conclusiones que pongan de manifiesto gran parte de los aciertos y de los errores que se han cometido en el mismo.

En primer lugar, cabe destacar que por la parte rusa no se han tenido en consideración ninguno de los siguientes tres ‘principios fundamentales’ que nosotros consideramos fundamentales para lograr el éxito en las operaciones.

No existía una determinada ‘voluntad de vencer’ en un ejército cuyos dos tercios, cómo mínimo, son de tropa de recluta, mal preparada y dotada de un material de dudosa capacidad y modernidad a la que se le sometió a más de un mes de constantes trasiegos y movimientos de distracción alrededor de las fronteras ucranias, aparentando estar de maniobras. Principio que, por el contrario, ha sido vital en las filas ucranias.

La más que necesaria ‘acción de conjunto’ de todos los medios terrestres, navales y aéreos implicados en la operación, debido a diversas circunstancias, errores y falta de previsión, munición o de entrenamiento, fundamentalmente del sector aéreo, tampoco se llevó a efecto cómo debía.

Por último, el principio de la ‘sorpresa’ nunca fue tenido en consideración, dieron tiempo a los ucranios a recibir todo tipo de información sobre el despliegue enemigo y los tres esfuerzos por donde iban a romper el frente. En definitiva, los ucranios, gracias a la inteligencia norteamericana conocían su orden de batalla y, debido a los dilatados amagos les dio tiempo a recibir apoyos, instrucción o refuerzos, principalmente por parte de EEUU.  

El ‘punto decisivo’ (aquel que se marca y define en toda operación y cuya toma, caída, mantenimiento o posesión determina el éxito o el fracaso de cualquier operación de envergadura), Kiev fue bien definido, pero no se emplearon los medios necesarios para su toma rápida, efectiva o total, tal y como estaba prevista en la maniobra inicial.

La ‘Doctrina’ rusa (documento base que marca la correcta manera de conducir el combate) es una mera evolución de la soviética de los años 30 del siglo XX. Doctrina, que se basaba en el empleo en profundidad de unidades completas en masa que eran sobrepasadas cuando las de primera línea quedaban anuladas o muy desgastadas, no se puede aplicar en estos momentos, porque la entidad del ejercito ruso es muy inferior a la del de la URSS. 

Otro tanto sucede con la forma de ejecutar el ‘planeamiento y la conducción de la maniobra’ que, en este caso, ha sido totalmente ‘centralizada’ a pesar de haber requerido una descentralización en la ejecución, ya que esta era llevaba a cabo por tres frentes y ejes diferentes.    

La pobreza de la capacidad logística del ejército ruso para alimentar la batalla en profundidad y por varios ejes diferentes, pone de manifiesto que esta lacra, arrastrada tradicionalmente por los rusos en otros enfrentamientos, no ha sido corregida ni mejorada a pesar de los fracasos pretéritos en el mismo tema, así como no ha mejorado mucho el empleo, recuperación y mantenimiento de los materiales en un terreno hostil en condiciones adversas.

Es de resaltar, que este conflicto ha puesto de manifiesto grandes cambios en los conceptos sobre el ‘valor táctico y en las formas de empleo de los carros de combate y de los buques armados’. Ambos elementos, considerados durante muchos años como auténticas y eficaces máquinas de guerra, cuasi inexpugnables, que proporcionaban un gran valor especifico a la capacidad de combate de las naciones y sus ejércitos, han demostrado una gran vulnerabilidad ante los medios modernos a base de misiles de largo alcance y elevada precisión o a los mortíferos efectos de simples drones, incluso de fabricación casera, guiados en proximidad, capaces de descargar sobre ellos bombas o artefactos explosivos de gran efectividad.  

Dichas “nuevas vulnerabilidades” exigirán cambios en la forma de empleo de los mismos, en su cobertura o protección y en las mínimas distancias del enemigo a las que deben o pueden ser empleados. De lo contrario, tales costosas maquinas dotadas con todo tipo de capacidad de destrucción, quedaran al albur y a la constante amenaza y alcance de unas armas sencillas, baratas y de gran efectividad.

El empleo de unidades de mercenarios y francotiradores a sueldo o por simpatía con la causa en ambos bandos, no es una buena solución, porque si bien puede proporcionar éxitos iniciales y selectivos en algunos momentos, suelen ser soldados de circunstancias que operan por una elevada soldada, que son más bien asesinos a sueldo o depravados saqueadores y violadores a los que no les importa expandir el odio y el terror entre la población civil y los mismos combatientes tradicionales y además, a la larga, su erradicación o extermino, supondrá un grave problema para los que finalmente gobiernen los territorios en liza.

En este conflicto, convertido en una ‘guerra total’, el liderazgo y la exaltación el sentimiento patriótico vienen jugando un papel muy importante en uno y otro sentido. Sin menospreciar en nada el rol desempeñado por la ‘propaganda y la desinformación’. Uno y otro bando, han conseguido que sus públicos objetivo, hayan recibido clara y nítidamente los mensajes que se les ha querido transmitir.

La guerra cibernética y también la electrónica (que parece haber recuperado gran parte de su protagonismo en el campo de batalla), unido a la poca calidad y eficacia de los medios de comunicación propios, principalmente los rusos, no solo han logrado atacar redes de mando y control esenciales de comunicación, también, han obligado al uso de medios comerciales propios en altos mandos, lo que ha facilitado su localización y aniquilamiento por francotiradores cercanos.

El empeño y obcecación de Putin en destruir y allanar los núcleos urbanos que se le resisten, incluso en las zonas prorrusas del Donbass, ha logrado un triple efecto negativo; aumentar el odio hacia él y los rusos por parte de los que han perdido sus hogares y ciudades; facilitar su defensa favoreciendo los efectos de las líneas y puestos de defensa, la colocación de minas y trampas y que el precio de la factura para la reconstrucción de los mismos se eleve a cifras insospechadas; elementos que le llegarán a perjudicarle de forma directa o indirecta.  

Zelenski ha sabido mantener hábilmente la presión sobre los principales parlamentos en occidente mediante programadas y bastante arriesgadas videoconferencias para que, al menos, no decayese el ánimo o la intención en su apoyo en material de guerra. Apoyo, que realmente, se inició de forma timorata y casi testimonial, para ir subiendo y completándose con materiales que realmente le interesan; aunque no cabe la menor duda, que muchos de dichos apoyos han sido a base de material de surplus o no en muy buenas condiciones.

La enorme cantidad de bajas civiles y militares ponen de manifiesto que esta guerra no ha sido ninguna broma; que los excesos, abusos y crímenes de guerra han existido -y no en pocos casos- en ambos bandos y que la Comunidad Internacional (CI) deberá tomar cartas en el asunto de forma clara, patente y seria a pesar del peso que tiene Rusia y su apoyo incondicional chino en el mundo de las finanzas internacionales y en el CSNU.

Los refugiados y desplazados internos ucranios, mayoritariamente al menos de forma inicial, muestran su deseo de volver a sus hogares de procedencia; ello será más efectivo y real cuanto mayor, mejor y más rápida sea la reconstrucción del país desolado por una guerra injusta, que para el resto del mundo, solo sirve para mantenerlo entretenido tras los televisores, viendo y viviendo en directo una cruenta guerra con cientos y miles de cadáveres, destrucción y desolación, cuando hace muy pocos meses, escondíamos nuestros propios miles de fallecidos debido a una pandemia, que en general no se supo gestionar bien a nivel global ni particular.  

Putin tenía varios ‘objetivos marcados en los niveles geoestratégicos, geopolíticos y geográficos’. Contrariamente a lo que se piensa, porque así le interesa lanzarlo a la CI, ya ha logrado algunos de ellos.

Está a punto de ocupar todo el Donbass y unir la península de Crimea con Rusia a través de aquellos y otros puntos neurálgicos. Le falta poco para denegar el acceso a Ucrania al mar con lo que le corta un gran lazo de unión con el exterior para exportar sus productos.

Machaconamente, se nos viene repitiendo el mantra de que se ha logrado un gran efecto positivo en los organismos de la CI como la OTAN, la UE y la ONU; cosa que no es así del todo o más bien lo contrario.

Podríamos afirmar que la OTAN se ha fortalecido, aunque parcialmente al aumentar su “intención” de gastar más en defensa y en despertar ante la comprobación de que el enemigo, que la originó, sigue vivo y con deseos de expansión.

Pero, por otro lado, esa manifiesta piña, proclamada a todos los vientos, ha sido fruto y entorno a una falacia que denota una gran debilidad individual y colectiva y una alarmante falta de compromiso ante los excesos de los sátrapas contra las personas, la cultura y la democracia en territorios vecinos a su área de interés y responsabilidad. Falacia, que realmente consiste en hacer creer al mundo que la Alianza no entra ni entrará en el conflicto para evitar que se desencadene una tercera guerra mundial; guerra que con mucha probabilidad podría degenerar en un conflicto de índole nuclear.

La ONU y la UE han demostrado su ineficacia e inutilidad para afrontar e influir en este tipo de conflictos y a día de hoy, se puede asegurar que varios miembros de la propia Unión son los que le están subvencionando la guerra a Putin al seguir comprándole gas y petróleo para mantener su esfera de confort; lo que está provocando no pocos conflictos y diferencias en la misma UE a la hora de decidir cómo y cuándo se deben o no, cortar dichos suministros.  

La capacidad de ‘disuasión del empleo o amenaza del arma nuclear’ por parte de Putin ha logrado el efecto deseado; la CI debido al miedo creado con ello, ha decidido sin pestañear ni dudarlo por un instante, dejar solos a los ucranianos frente al invasor y calmar sus conciencias a base de prestarles información y algo de adiestramiento y que sean ellos los que desgasten o incluso, de ser posible derroten -al falazmente proclamado por todos los occidentales como super poderoso ejército ruso- con un importante derramamiento de su sangre, en sus propias tierras y ciudades a cambio de unas palmaditas en la espalda, el envío de pequeñas cantidades de armas y con visitas guiadas del tipo de campaña electoral o de propaganda política indigna de quienes presumen de lo que no saben, ni son.                            

La guerra híbrida y la invasión, por Mariano Gerván en Clarín (Argentina). 21.03.2022

La guerra en Ucrania se desarrolla bajo un nuevo paradigma, propio de los conflictos del siglo XXI: la guerra híbrida. Uno de sus principales teóricos es nada menos que el general Valery Gerasimov, jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa. “Las «mismas leyes de guerra» han cambiado” afirmaba ante la Academia de Ciencias Militares rusa en 2013.

La primera mención a la “Guerra Híbrida” es la tesis sobre las guerras de Chechenia que el mayor William J. Nemeth presentó en 2002 en la Escuela de Postgrado Naval de la Armada de Estados Unidos. Se refiere a la “forma contemporánea de la guerra de guerrillas … una continuación de la guerra pre-estatal que se ha vuelto más efectiva porque emplea tanto tecnología moderna como métodos de movilización modernos” (2002: 29).

Luego de las invasiones a Afganistán e Iraq, en 2004 el teniente coronel Nathan Freier, asignado al Pentágono, refina su desarrollo en una matriz con los desafíos de seguridad que enfrenta Estados Unidos: «irregulares» (terrorismo, insurgencias, etc), «regulares» (fuerzas convencionales), «catastróficas» (armas de destrucción masiva, atentados como el 11-S, etc.) y «disruptivas» (cíber-operaciones, biotecnología, nanotecnología, etc). Las principales amenazas vendrían de la combinación de desafíos irregulares con los tradicionales o catastróficos (Freier 2007: 2, 5-6).

Un gran aporte hace el teniente coronel Frank Hoffman. Alerta sobre la fascinación estadounidense por las soluciones tecnológicas, la subestimación de enemigos irregulares, confiando en su superioridad militar convencional, pasando por alto los medios tecnológicos avanzados que en un mundo globalizado las fuerzas irregulares podrían desplegar.

Hoffman era consultor en el Centro para las Amenazas y Oportunidades Emergentes (CETO) de la Infantería de Marina en Quantico, dentro del proyecto de investigación “El Carácter Cambiante del Conflicto”. Allí coincidió con el teniente general James Mattis, más tarde Secretario de Defensa del presidente Donald Trump. Fueron coautores de un artículo previo al definitivo de Hoffman. Mattis fue clave en su difusión (Mattis y Hoffman, 2005).

Sobre esta base conceptual el general Gerasimov pronuncia dos discursos magistrales ante la Academia de Ciencias Militares rusa, el primero en 2013, y el segundo en 2016 a la luz de experiencias en el conflicto de Ucrania, la guerra del Donbass y la intervención rusa en Siria (Voienno-Promyshlenny Kurier; 2013 y 2016). Desde 2014, la guerra hibrida rusa estaba en foco de los analistas occidentales (Runner, 2019). La “doctrina Gerasimov” toma cuerpo en “El valor de la ciencia radica en la anticipación” (Gerasimov, 2013) que es su documento fundacional.

Gerasimov da por sentado que la guerra hibrida es una creación occidental, pero modifica de una manera significativa su contenido. “El papel que desempeñan los medios no militares para lograr metas políticas y estratégicas ha aumentado y … superado el poder de las armas en cuanto a su eficacia”. “Es cada vez más frecuente que se dé prioridad a un uso conjunto de medidas de carácter no militar, políticas, económicas, informativas y de otro tipo, … con el sostén de la fuerza militar. Son los métodos híbridos”.

Los define como los que van más allá de los métodos militares tradicionales. “Las acciones militares tradicionales … pueden, preverse. El uso de métodos indirectos … tan solo suponerse.” “Un estado víctima de una agresión híbrida, cae en una situación de caos completo, de crisis política interna y de colapso económico. El asesinato de civiles por razones nacionales o religiosas, el aumento de la criminalidad, la emigración masiva no controlada, son consecuencias”. Y el elemento esencial. “La falsificación de los acontecimientos, la limitación de la actividad de los medios de información, es uno de los métodos asimétricos más eficaces … Su efecto … comparable al uso masivo de tropas”.

Para Rusia, el conflicto ucraniano es una guerra hibrida. Gerasimov lo sugiere desde 2016. Para Ucrania también. Oleksandr Turchínov, ex secretario del Concejo Nacional de Seguridad y Defensa de Ucrania, en una reunión de países bálticos sostenía que “Rusia está llevando a cabo una guerra híbrida contra la Unión Europea y Ucrania” (The Baltic Times, Febrero 2016). Confundir la guerra en Ucrania con la invasión a Ucrania es un error de apreciación. Comprender la naturaleza y lógica del conflicto es el prerrequisito para su resolución.

La guerra híbrida y la invasión (clarin.com)

Misiles, submarinos y equilibrio estratégico, por Josep Piqué

El desarrollo de tecnologías que hagan obsoletos los escudos antimisiles puede alterar de manera profunda el actual equilibrio estratégico entre las tres grandes potencias: EEUU, Rusia y China.JOSEP PIQUÉ |  28 de octubre de 2021

En las últimas semanas estamos asistiendo a una sucesión de noticias relativas a pruebas de misiles hipersónicos por parte de las tres grandes potencias (Estados UnidosRusia y China), así como al debate suscitado a raíz del AUKUS sobre el papel estratégico de los submarinos en el equilibrio estratégico global. Con independencia del ingente esfuerzo tecnológico (y económico) que hay detrás de estos desarrollos, los objetivos que se persiguen no son nuevos en la historia. Desde el “Vis pace, para bellum” de los romanos a las modernas teorías de la disuasión, las pugnas entre los grandes poderes se han caracterizado por alterar a su favor la correlación de fuerzas ofensivas y defensivas, para disuadir al adversario para atacar o para defenderse en caso de agresión, buscando su rendición sin necesidad de luchar.

Tales objetivos, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la guerra fría, han venido marcados por la búsqueda de la superioridad nuclear, pero sobre todo por la capacidad de neutralizar las defensas enemigas y conseguir su inferioridad de partida ante un eventual conflicto atómico a gran escala. En este contexto cabe enmarcar el desarrollo de nuevos misiles, así como el despliegue de capacidad submarina que estamos observando en estos momentos. Su alcance es enorme, ya que pueden claramente alterar el actual panorama estratégico, hoy todavía decantado de manera indudable a favor de EEUU.

Tal superioridad viene de los años ochenta y es una de las causas fundamentales de la victoria occidental en la guerra fría. Pero no siempre fue así. Ni mucho menos fue un camino fácil.

Una vez iniciada la carrera nuclear con el acceso de la Unión Soviética a la bomba en 1949, la preponderancia de EEUU y la URRS (sucedida por Rusia) en este ámbito sigue hoy intacta, siempre que nos atengamos al número de armas nucleares totales –entre ambos disponen de un 90% del total–, sentando las bases de la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada y del llamado Equilibrio del Terror, algo que no impedía la posibilidad de una guerra limitada en Europa.

Sin embargo, no basta con ese criterio numérico. Hay que atender a las armas realmente desplegadas y a su distribución entre misiles intercontinentales y tácticos –de corto y medio alcance–, sus plataformas de lanzamiento –desde bases operativas, desde operativos móviles, submarinos, bombarderos, etcétera– y cada vez más, su capacidad para sortear los sistemas defensivos del adversario. Desde este punto de vista, EEUU y Rusia disponen de un despliegue similar, aunque sus plataformas de lanzamiento difieren y subsiste una clara asimetría en lo que se refiere tanto a los submarinos como a los llamados escudos antimisiles.

Ambos, después de los diferentes tratados de limitación, han prescindido de los misiles tácticos desde bases terrestres, tienen una importante flota de submarinos –aunque EEUU mantiene una gran superioridad numérica y tecnológica– y de bombarderos, algunos de ellos, por parte estadounidense, “invisibles”. Pero desde los ochenta, el elemento diferencial entre ambos –más allá del ámbito convencional, en donde EEUU tiene una superioridad abrumadora, después del colapso de la URSS y los enormes problemas de Rusia a la hora de renovarse y modernizarse en ese terreno– es, sin duda, la enorme ventaja estadounidense en sistemas de intercepción de mísiles balísticos y, por tanto, su capacidad para neutralizar de manera significativa cualquier ataque y mantener casi intacta su capacidad de respuesta. Son los llamados escudos antimisiles, que en su día, cuando se implementan en la época del presidente Ronald Reagan, la imaginación popular convino en denominar “la Guerra de las Galaxias”.

«Desde los ochenta, el elemento diferencial es la enorme ventaja de EEUU en sistemas de intercepción de mísiles balísticos y, por tanto, su capacidad para neutralizar de manera significativa cualquier ataque y mantener casi intacta su capacidad de respuesta»

Pero antes pasaron muchas cosas. La más llamativa fue la llamada crisis de los misiles en Cuba en 1962. Hasta entonces, EEUU no sentía la amenaza de una instalación de misiles tácticos que pudieran amenazar su territorio continental. De ahí que el presidente John F. Kennedy lo interpretara como un desafío inaceptable. Al final, como es bien sabido, después de unas semanas de enorme tensión, la URSS convino en su retirada. Lo que es menos conocido es que también hubo un compromiso por parte estadounidense de retirar los instalados en Turquía por la OTAN. De nuevo, el resultado buscaba mantener un equilibrio de amenazas entre los dos bloques.

La otra gran crisis es la conocida como la de los euromisiles, cuando la URSS decide, en 1977, instalar misiles tácticos en Europa central y oriental –sobre todo en la República Democrática Alemana y en Checoslovaquia–, conocidos como SS-20. Eran de alcance corto medio (hasta 5.500 kilómetros) y equipados con varias cabezas nucleares, lo que suponía introducir un claro desequilibrio ofensivo frente a la Alianza Atlántica, además de la posibilidad de una guerra nuclear limitada al territorio europeo, partiendo de que EEUU no se arriesgaría a una guerra total por mantener su compromiso con la defensa de Europa Occidental.

La reacción de extrema alarma vino del canciller de la República Federal Alemana, Helmut Schmidt, haciendo un llamamiento desesperado a la OTAN para que contrarrestara tal amenaza. La respuesta llegó a finales de 1979 con la llamada Doble Decisión, por la que se abría un plazo de cuatro años para negociar con los soviéticos una solución o, en caso contrario, instalar una amplia red de misiles de corto y medio alcance –los Pershing 2 y de Crucero–, que supondrían tener a Moscú bajo su alcance. Tal enfoque fue rechazado por la URSS, pero también topó con enormes resistencias dentro de Europa Occidental, con una clara división en el Bundestag –que acabaría con la coalición entre el SPD y los liberales, la caída de Schmidt y la llegada al poder de Helmut Khöl– y una clara oposición en las calles, muchas veces orquestadas por los propios partidos comunistas occidentales, aprovechando los sentimientos pacifistas de la sociedad alemana y de otros países europeos. En paralelo, Reagan propuso la “Opción Cero”, por la que la OTAN se comprometía a no instalar los nuevos misiles a cambio de que la URSS retirara los suyos. El Kremlin se negó, arguyendo que eso dejaba al margen a los misiles nucleares franceses y británicos, independientes de la propia OTAN.

«La crisis de los euromisiles supuso la posibilidad de una guerra nuclear limitada al territorio europeo, partiendo de que EEUU no se arriesgaría a una guerra total por mantener su compromiso con la defensa de Europa Occidental»

En cualquier caso, después de cuatro años tensos, la OTAN, a petición del Bundestag, decide proceder a la instalación planteada, ya con Khöl al frente del gobierno de Bonn. Se equilibraba de nuevo así la amenaza estratégica, pero sobre la base de la nuclearización masiva del territorio europeo. Se trataba, sin embargo, de un equilibrio asimétrico, ya que la URSS tenía la doble amenaza, desde territorio europeo y desde los misiles intercontinentales estadounidenses, mientras que EEUU solo tenía la de los misiles intercontinentales soviéticos.

El paso siguiente fue el desarrollo del escudo antimisiles por parte de EEUU, que neutralizaba en gran medida esta última amenaza. Y la URSS se mostró incapaz de seguir por ese camino, por sus limitaciones económicas y tecnológicas. El escenario estratégico global se decantaba claramente en favor de Occidente, aunque en 1987, ya con Mijaíl Gorbachov, se firmase el Tratado de Washington para desmantelar todos los misiles balísticos o de crucero de alcance inferior a los 5.500 kilómetros. Se restablecía así el equilibrio en territorio europeo, pero no en el ámbito de los misiles intercontinentales, a pesar de los diferentes acuerdos de limitación de los mismos.

La gran asimetría se producía por el despliegue del escudo antimisiles y la superioridad ofensiva a través de submarinos y grandes bombarderos. La pugna se decantaba de manera irremisible, gracias a la tecnología y a la determinación política, en favor de Occidente.

Hasta hoy. Porque además del recuperado esfuerzo ruso en el ámbito militar –tanto convencional, a través de estrategias de A2/AD, utilizadas también por China en el Mar del Sur, como nuclear, con la instalación de misiles móviles rusos en el enclave de Kaliningrado–, el cambio cualitativo viene de dos vectores. Por un lado, la apuesta de EEUU por mantener su superioridad en submarinos de propulsión nuclear y armados con armas nucleares tácticas y estratégicas –de ahí la relevancia estratégica del AUKUS–, con las ventajas que ello supone, ya que son enormemente difíciles de detectar, muy rápidos y movibles sin salir a superficie, no necesitan abastecerse de combustible y tecnológicamente son muy avanzados. Y aunque tanto Rusia como China han incrementado su arsenal, la superioridad estadounidense sigue siendo clara.

«Aunque se siga invirtiendo en nuevas generaciones de defensa antimisiles balísticos, el esfuerzo puede resultar baldío si se tiene la capacidad de sortear el escudo»

Pero por otro lado esa superioridad, afianzada desde los años ochenta y basada en los escudos antimisiles balísticos de crucero intercontinentales, de trayectoria elíptica y suficientemente lentos como para ser interceptados en vuelo se pone en peligro con el desarrollo de los nuevos misiles hipersónicos, ensayados ya por Rusia (los Zirkon) y recientemente por China. Estos son mucho más rápidos –en seis o siete minutos pueden dar la vuelta a la tierra–, se mueven en cotas mucho más bajas –entre 20 y 100 kilómetros de altura– y pueden modificar su trayectoria incluso bruscamente para evitar su detección y así evitar su destrucción, antes de llegar a sus objetivos. De manera que, aunque EEUU esté también desarrollándolos, el mensaje es claro: aunque se siga invirtiendo en nuevas generaciones de defensa antimisiles balísticos, el esfuerzo puede resultar baldío si se tiene la capacidad de sortear el escudo.

Este es el gran cambio que puede alterar de manera profunda el actual equilibrio estratégico global. Y si bien EEUU y Rusia, con altibajos y provocaciones mutuas, tienen marcos definidos por los acuerdos de limitación, China no está en ellos. Un motivo más para alimentar el temor estadounidense de ver amenazada realmente su hegemonía global a mediados del presente siglo. China no oculta su ambición y EEUU tiene la obligación de mostrar, con hechos, que tiene la determinación de impedirla.

Estamos ante mundo tan peligroso como el de la guerra fría y con una aceleración de acontecimientos gracias a las nuevas tecnologías que lo hacen, además, mucho más impredecible. Es, pues, más urgente que nunca establecer un diálogo entre las superpotencias que evite al planeta el riesgo real de la destrucción de la humanidad.

Lamentablemente, lo que vemos es una creciente escalada de rearme. Están comenzando a sonar todas las alarmas. Porque sigue vigente el aforismo romano: si vis pace, para bellum.

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Misiles, submarinos y equilibrio estratégico | Política Exterior (politicaexterior.com)