Categoría: Cultura

CUANDO SE DEJA DE SER MILITAR

Aunque parezca mentira, sabemos que muchos españoles no saben que los militares – ahora todos profesionales – tienen recortados los derechos que a todos los nacionales reconoce la Constitución. Entre ellos, los de asociación de opinión política, manifestación y huelga.

Todo aspirante a ser militar conoce estas limitaciones, importantísimas, que los hacen compatibles con la disciplina militar y, por tanto, con la neutralidad política. Aunque ello ni implique, naturalmente, que con su derecho al voto el militar, de acuerdo con su libertad de pensamiento y su conciencia, decida cuál es su opción política preferida y vote por ella.

Estas ideas sobre los “derechos” de los militares nos llevan directamente al tema que nos ocupa. Todo militar, sea cual sea el camino que haya elegido para serlo, no lo consigue sino cuando realiza el sagrado juramento ante la Bandera que representa a su Patria. Y en ese acto se compromete, nada menos, que a dar su vida (derramar hasta la última gota de su sangre) en defensa de esa Patria que le acoge como soldado – ¡honrosísimo título! – de la nación a la que pertenece.

Por tanto, el hecho de ser soldado español comienza cuando se realiza ese juramento y, a partir de ese momento, asume el recorte de “derechos” a los que me referí antes. Ser soldado es una profesión vocacional. Pero, ¿sólo vocacional?

No cabe duda que existen otras profesiones que exigen un sentido del deber y unos sacrificios que no son exigibles para la mayor parte de quienes se dedican a la práctica de la mayoría de las profesiones existentes. Por ejemplo, es profesión vocacional el sacerdocio, la vida religiosa contemplativa, la práctica policial, la tauromaquia, la medicina en muchos casos… Pero, ninguna de estas profesiones vocacionales requiere el juramento que se exige al militar ni soportan, en la práctica, las restricciones de los derechos constitucionales que el militar está obligado a respetar y cumplir. Hay un tercer factor más que distingue al militar del resto de sus compatriotas: el estar dispuesto a acudir, sin reservas ni pretexto, a la llamada para el servicio los siete días de la semana en los 365 días del año.

Por ello, cuando al militar se le designa con el nombre de funcionario del Estado se confunden demasiados conceptos fundamentales. Por la sencilla razón de que el militar no es un funcionario, sea cual sea la categoría que éste ostente. Resulta bastante inconveniente – yo diría que incoherente, inaceptable y falso – confundir al militar con el funcionario. Como es fácilmente deducible, ni por sus obligaciones ni por sus derechos son comparables. La militar es una profesión única. En absoluto comparable a la del funcionario.

De ahí que la pregunta vuelva a repetirse: ¿la profesión militar sólo es vocacional? Sin ánimo de ser exclusivista pero sí realista, digo como Calderón de la Barca que la militar es “una religión de hombres honrados”. Esto es, una vocación que va más allá del cumplimiento del deber, del sacrificio, del riesgo, de la abnegación… Porque llega, si es preciso, hasta dar la vida voluntariamente en virtud del juramento público que se ha hecho ante la representación de la Patria, nuestra Bandera.

Y ahora surge otra pregunta muy interesante, cuya respuesta es bastante desconocida en estos tiempos caracterizados por la abundancia de información procedente no sólo de los medios de comunicación clásicos, sino a la conexión de la masa popular a las redes sociales: ¿Cuándo el militar deja de serlo? ¿Cuándo termina la vida militar del militar?

Cuando una fuerte, decisiva y exclusiva vocación te ha llevado a integrarte en una Institución que está dispuesta, en su conjunto, a defender a la Patria ofrendando la vida de sus componentes, y que todos y cada uno de ellos se han comprometido a hacerlo mediante un juramento sagrado o, como mínimo, mediante una rotundidad legal inapelable, es prácticamente imposible renunciar de por vida a ello ni olvidarse del solemne compromiso adquirido hasta que llega la muerte.

Moral y éticamente, el militar como tal va a dejar de serlo cuando le llegue el final de su vida. Pero no sólo por el hecho del juramento que en su día realizó ante su Bandera, del que nada ni nadie puede intentar que se desdiga de la solemne decisión adoptada libremente con pleno conocimiento de causa. En realidad, quien así lo hiciera lo que estaría consiguiendo es adquirir la calificación de perjuro.

Hay muchísimas personas – incluso quienes se consideran excelentes comunicadores – que confunden a los militares en activo o en reserva con los militares retirados. Piensan que estos últimos, en esa situación administrativa, ya no son militares, ni piensan o actúan como tales. Por eso, cuando estos militares hablan, escriben, opinan o divulgan, se los suele tratar con un desdén que no se corresponde con la realidad de lo que realmente son. La idea esencial recogida en el párrafo anterior es fundamental para saber distinguir en qué se diferencian unos militares de otros.

El militar retirado lo que ha logrado es recuperar todos los derechos constitucionales, recortados como ya vimos cuando se está en activo o en reserva. Todos los derechos sin excepción. Y es la Ley la que pone en sus justos términos cuál es su relación contractual con la Institución a la que perteneció, sin que por ello se le exija que renuncie, de ningún modo, al juramento al que estuvieron y siguen estando sujetos.

La Ley 39/2007 de 19 de noviembre de la Carrera Militar, dice en su Artículo 115 sobre los Militares Retirados: “Dejarán de estar sujetos al régimen general de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas y a las leyes penales y disciplinarias militares”. Es decir, recuperan todos los derechos que la Constitución otorga a todos los españoles, aunque estén sujetos a lo dispuesto en las leyes ordinarias penal, civil, contencioso administrativa, etc.).

Añade el Artículo 115 que estos militares “tendrán la consideración de militar retirado…”, es decir, no deja de ser militar.

Además, en la Disposición Final 3.7 de la Ley 8/2014 de 4 de diciembre sobre Régimen Disciplinario de las FAS, se dice que al final del Artículo 115 de la Ley 39/2007 citado anteriormente, se añada el siguiente párrafo: “(Los militares retirados) podrán seguir identificándose con el empleo militar que hubieran alcanzado, siempre acompañado de la palabra <retirado>”. Con lo que se acentúa así el hecho de que el militar, como dije anteriormente, no dejará de serlo hasta su muerte, con las condiciones citadas en las Leyes.

Es por todo lo anterior por lo que los militares retirados tienen el mismo derecho a opinar públicamente y en cualquier ocasión que quienes lo hacen a través de cualquier medio, y el mismo que el que ocupa un escaño de cualquier Parlamento. Firmando sus palabras o escritos con el empleo militar que le corresponda con el añadido de “retirado”.

Esto es lo que en numerosas ocasiones no han entendido quienes creen disponer del monopolio de la palabra o de las ideas a través de los grandes y pequeños medios de comunicación y en los diversos sistemas de las redes sociales. No sólo parece incomodarles que militares retirados, de acuerdo con los derechos que les asisten, puedan llevarles la contraria en las opiniones que libremente manifiestan, sean de la índole que sean. Es muy posible que, además, piensen que esos militares lo que hacen es transgredir el mutismo al que se vieron obligados a practicar los militares en otras situaciones administrativas, y les sorprenda que al estar “retirados” se atrevan a exponer con claridad sus propios puntos de vista con una particularidad característica del militar: la de decir verdad, aun en contra de lo que pueda considerarse políticamente correcto.

Estoy convencido de que quienes por edad y otras circunstancias han pasado a la situación de “retirado”, tienen la enorme fortuna – y también responsabilidad – de haberse convertido, con la educación que han mamado durante muchos años de servicio, en “la voz de los sin voz”, en la de aquellos militares sujetos a callar públicamente por obligación, aunque no a otorgar.

Con los argumentos citados a lo largo de este escrito, la conclusión está clara: el militar no deja de serlo hasta su muerte, sea accidental, en acto de servicio o natural. No sólo por la vocación única que le movió para llegar a serlo, o por la situación administrativa en que se encuentre, o por la avanzada edad a la que pueda llegar.

El militar adquirió un compromiso público, un juramento, que le obliga hasta su último aliento. Y salvo rarísimas excepciones – que las hay – no perderá su condición de soldado al servicio de su Patria, permaneciendo fiel al amor que les une. Hasta el final.

Enrique Domínguez Martínez Campos. Coronel de Infantería/DEM, r.

 Asociación Española de Militares Escritores

Gestionando el caos (I)

Nuevo libro del Dr. Rafael Vidal Delgado.

La Cruz del trabajo, dibujo de Juan Cutanda, publicado en la Ilustración Española y Americana de 1897

ÍNDICE

CAPÍTULOPÁGINA
PRÓLOGO13
INTRODUCCIÓN21
CAPÍTULO 1º. ANTECEDENTES DE SITUACIONES DE CRISIS29
Un nueva actitud29
Concomitancias con el quehacer militar33
Antecedentes históricos36
El Sistema de Conducción de Crisis Español41
Conclusión50
CAPÍTULO 2º. SEGURIDAD Y SISTEMAS DE CRISIS51
2.1. Definición de Crisis51
2.2. Riesgos interrelacionados56
2.3. Conclusión71
CAPÍTULO 3º CONCEPTOS DE CRISIS73
3.1. Clasificación de las crisis73
3.1.1. Generalidades73
3.1.2. Por su globalidad74
3.1.3. Por sus efectos74
3.1.4. Por el sector que afecta75
3.1.5. Por su forma de manifestarse76
3.2. Conceptos que son necesarios conocer en un sistema de crisis  77
3.3. ¿Hay soluciones para una situación de crisis?85
3.4. Ejemplo de un diagrama de una situación de crisis87
CAPÍTULOPÁGINA
CAPÍTULO 4º. DIRECCIÓN DE UN SISTEMA DE CRISIS89
4.1. Funciones de un Sistema de Crisis89
4.2. Planificación89
4.2.1. Generalidades89
4.2.2. Objetivos básicos91
4.2.3. Investigación básica de la organización95
4.3. Información111
4.3.1. Facetas de la información111
4.3.2. Indicadores de crisis113
4.4. Activación118
4.5. Proposición120
4.6. Ejecución y seguimiento121
4.7. Desactivación121
4.8. Conclusión122
CAPÍTULO 5º. INVENTARIO DE RIESGOS123
5.1. Generalidades123
5.2. Tipología de los riesgos123
5.3. En función del sujeto activo123
5.3.1. Riesgos de la Naturaleza124
5.3.2. Riesgos biológicos124
5.3.3. Riesgos tecnológicos125
5.3.3.1. Riesgos químicos125
5.3.3.2. Riesgos físicos125
5.3.3.3. Riesgos nucleares126
5.3.4. Riesgos derivados de la actividades sociales126
5.3.4.1. Riesgos del trabajo126
5.3.4.2. Riesgos en el tráfico y en transporte127
5.3.4.3. Riesgos en el ocio127
5.3.4.4. Riesgos en el hogar127
5.3.5. Riesgos derivados de actividades antisociales127
CAPÍTULOPÁGINA
5.4. En función de la actividad empresarial128
5.5. En función de posibles daños129
5.5.1. Materiales129
5.5.2. Corporales130
5.5.3. Consecuenciales130
5.5.4. Responsabilidad131
5.6. En función de la clase de crisis132
5.6.1. Riesgos de una crisis financiera132
5.6.2. Riesgos de una crisis política133
5.6.3. Riesgos de una crisis laboral133
5.6.4. Riesgos de una crisis institucional134
5.6.5. Riesgos de una crisis tecnológica134
5.6.6. Riesgos de una crisis de emergencia135
5.6.7. Riesgos de una crisis de imagen135
5.7. Riesgos considerados en Protección Civil136
CAPÍTULO 6º. COMUNICACIÓN EN UN SISTEMA DE CRISIS  139
6.1. Introducción139
6.2. Percepción por parte de las organizaciones141
6.3. Principios de comunicación de crisis143
6.4. Los distintos públicos ante la crisis146
6.5. Tipos de portavoces para las situaciones de crisis148
6.6. A modo de conclusión150
CAPÍTULO 7º. ORGANIZACIÓN DE UN SISTEMA DE CRISIS151
7.1. Organización para un sistema de crisis151
7.2. Comité de Planificación152
7.2.1. Introducción152
7.2.2. Director del Comité de Planificación156
7.2.2.1. Perfil del Director de Planificación156
7.2.2.2. Misiones156
7.2.3. Sistema de trabajo del Comité de Planificación157
CAPÍTULOPÁGINA
7.3. Dirección de Crisis158
7.4. Gabinete de Crisis158
7.4.1. Director del Gabinete de Crisis158
7.4.2. Coordinador de Crisis160
7.4.3. Composición del Gabinete de Crisis161
7.5. Centro de Situación de Crisis163
7.6. Elementos de intervención y rehabilitación163
7.6.1. Delimitaciones conceptuales163
7.6.2. Catálogo de recursos movilizables para una crisis de emergencia  164
7.7. Procedimiento operativo166
7.7.1. Definición166
7.7.2 Ámbito de actuación del procedimiento167
7.7.3 Partes que deben comprender las NOP,s167
7.8. Comunicaciones169
7.9. Auditorías170
7.10. Planes de Crisis170
7.11. Conclusión171
CAPÍTULO 8. CENTROS DE MANDO Y CONTROL PARA SITUACIONES DE CRISIS  173
8.1. Qué es un Centro de Mando y Control173
8.1.1. Denominaciones173
8.1.2. Definición173
8.1.3. Aproximación al C2174
8.1.4. Condiciones físicas que debe reunir un C2177
8.2. Diseño funcional de un C2178
8.2.1. Funciones básicas178
CAPÍTULOPÁGINA
8.2.1.1. Función de Mando y Control179
8.2.1.2. Función de Información181
8.2.1.3. Función de Comunicaciones181
8.2.1.4. Función de Instrucción182
8.2.1.5. Función Logística183
8.2.1.6. Función de Información Pública185
8.3. Estados de Prevención de un Centro de Mando y Control186
8.3.1. Tipología de las crisis en función de su intensidad186
8.3.2. Estados de Prevención en el C2187
8.4. Personal en el C2187
8.5. Hablando de comunicaciones188
8.6. Partes que comprende un Centro de Mando y Control189
8.6.1. Sala de Operaciones189
8.6.2. Sala de Decisión194
8.6.3. Centro de Comunicaciones195
8.6.4. Sala de Apoyo195
8.6.5. Sala de Energía195
8.6.6. Sala de grupos electrógenos196
8.6.7. Entrada196
8.6.8. Otras configuraciones196
8.7. Ubicación de un Centro de Mando y Control199
8.8. Los Centros de Mando y Control y las situaciones de crisis199
CAPÍTULO 9º. EJEMPLO DE SITUACIONES DE CRISIS. CRISIS EN LA COMMERCIAL UNION  201
9.1. Causas de la crisis en la Commercial Union201
9.2. Filosofía de gestión de crisis por Commercial Union202
9.3. La gestión de la crisis durante las primeras horas204
9.4. Plan de situaciones de crisis de la Commercial Union208
9.5. Conclusiones210
CAPÍTULOPÁGINA
CAPÍTULO 10º. MÉTODO DE PLANEAMIENTO213
10.1. Introducción213
10.2. Planeamiento y Conducción215
10.3. Proceso continuo de planeamiento215
10.4. El inicio del planeamiento ¿Cuál es la misión?217
10.5. Síntesis del Método de Planeamiento.219
Capítulo 11º. SISTEMA DE CRISIS SANITARIA223
11.1. Preámbulo223
11.2. Orden del Ministerio de Sanidad223
11.3. Organización Mundial de la Salud (OMS)227
11.4. Las alertas sanitarias de la Unión Europea232
11.5. Situación del sistema de crisis sanitaria en 2012236
11.6. Sistema de crisis sanitaria en una comunidad autónoma248
11.7. Sistema de crisis sanitaria en un ayuntamiento251
11.8. Plan de Catástrofes Externas en un hospital254
11.8.1. Consideración previa254
11.8.2. Concepto de Catástrofe255
11.8.3. Concepto de Medicina de Catástrofe255
11.8.4. Definición de Plan de Catástrofes Externas256
11.8.5. Activación del Plan de Catástrofes Externas259
11.8.6. Planificación para preparar al hospital ante una catástrofe  259
11.8.7. Activación del dispositivo sanitarios262
11.8.8. Análisis de riesgos potenciales263
11.8.9. Recuento de medios y recursos263
11.8.10. Organización del sistema de catástrofes del hospital265
11.8.11 Función de Información267
11.8.12 Protocolos de actuación267
11.8.13. Organización del área de Urgencias268
CAPÍTULOPÁGINA
11.8.14. Organización del apoyo no asistencial269
11.9. Conclusiones al capítulo270
CAPÍTULO 12. MÉTODO DE PLANEAMIENTO PARA UN TURISMO DE CONGRESOS  273
12.1. Introducción273
12.2. Organismos internacionales vinculados con Málaga274
12.3. Método de Planeamiento277
12.3.1. Generalidades277
12.3.2. El proceso de la decisión279
12.4. Análisis de los factores de la decisión282
12.4.1. Estudio del ambiente282
12.4.2. Estudio del terreno285
12.4.3. Estudio de los riesgos291
12.4.4. Estudio de los medios disponibles294
12.5. Elaboración de líneas de acción304
12.6. La decisión308
12.7. Sistema de crisis que disponemos tras el método de planeamiento  310
12.7.1. Estructura del Sistema de Crisis310
12.7.2. Riesgos310
12.7.3. Indicadores de crisis311
12.7.4. Conducción de crisis312
12.7.5. Gabinete o Célula de crisis313
12.7.6. Planes de contingencia o de continuidad del negocio314
12.7.7. Principios del sistema de crisis314
12.7.8. Comunicación pública314
12.8 Conclusiones314
EPÍLOGO317
  
  

La Cultura como Servicio Esencial

Por Rafael Vidal Delgado, Coronel de Artª, DEM (Ret.), doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Granada y Presidente del Consejo Asesor del Foro para la Paz en el Mediterráneo.

Vidal Delgado, impartiendo una conferencia

Se define Servicio Esencial como el servicio necesario para el mantenimiento de las funciones sociales básicas, la salud, la seguridad, el bienestar social y económico de los ciudadanos, o el eficaz funcionamiento de las Instituciones del Estado y las Administraciones Públicas. Definición recogida en la Ley de Infraestructuras Críticas.

Se subraya el bienestar social y económico de los ciudadanos porque tras la declaración del estado de alarma, se han considerado una serie de servicios esenciales, fundamentalmente los recogidos explícitamente en la Ley anteriormente citado y en la de Seguridad Nacional.

Determinadas comunidades autónomas, han querido solicitar que la cultura sea declarada como servicio esencial, aunque con escaso éxito, dada la declaración del Estado de Alarma por el Gobierno de la Nación y que se prolonga, desde hace más de un año, caso único en la historia política de España.

Desde las esferas de los poderes nacionales y autonómicos se restringen todas las manifestaciones que congreguen a un número importante de personas, casi todas ellas desarrollados por empresas privadas y que han hecho de ella, su propia economía y la de sus empleados. Es triste ver por las ciudades españolas tantos establecimientos culturales o no cerrados a causa de las restricciones impuestas. No es válido indicar que se está apoyando con ayudas económicas a estas empresas/autónomos, porque inevitablemente les lleva a ruina.

Además, en ningún momento se ha contrastado con certeza que la causa de los contagios por coronavirus se deba a la reunión legal de un número de personas, dado que el titular de la actividad, ya prevé las medidas higiénicas necesarias para que ello no ocurra. Los contagios provienen de las aglomeraciones no controladas, imposible que la policía pueda localizar a todas y desarticularlas, aunque cuando lo hacen el mal está hecho y el coronavirus ha traspasado de una persona a otra. Luego llegan a casa y contagian a los familiares, principalmente a los más vulnerables.

Gran parte del mundo ha superado el nivel de economía de subsistencia y ha pasado al de las relaciones sociales, de tal forma que si en el primer caso, ante la falta de ella, la persona enferma y muere, también al faltar la segunda la persona enferma, en este caso psíquicamente y podría producirle daños irreversibles de por vida.

Por ello es imprescindible que los poderes públicos, consideren a la “Cultura”, en su más amplia expresión, como servicio esencial.

Málaga esté camino de convertirse en la capital del Mediterráneo Occidental en los sectores tecnológico, turístico y cultural, pues bien, los dos primeros no podrían consolidarse sin el tercer pilar, porque la cultura templa el alma y el espíritu y hace descansar el pensamiento.

La música: ligera y clásica; la danza; los teatros; los museos; los cines, junto con lo que conlleva de actores, músicos, tramoyistas, acomodadores, vigilantes, servicios de limpieza, y un largo etcétera que vive de la cultura y que hoy, en el mejor de los casos están en ERTE o se han dedicado a otras actividades, como una extraordinaria cantante, que conocí casualmente y que ha tenido que dedicarse a cuidar personas mayores, hasta que llegue su oportunidad.

No solo estamos hipotecando la economía con una deuda pública que durará generaciones, sino que también estamos hipotecando la cultura y también para bastantes años.

El poder público debe de primar la obtención de vacunas y la vacunación del mayor porcentaje de población, pero dejemos a la CULTURA que, con las normas de seguridad sanitaria necesaria, pueda seguir desarrollando su misión. España y los españoles lo necesitamos.