Categoría: Estrategia de Seguridad Nacional

LOS NICHOS CLAVE Y LA CLAVE DE LOS NICHOS DE LA INDUSTRIA DE DEFENSA. II Ciclo AEME/2022

Manuel Vila Gonzalez
Clúster de la Industria de Defensa

Introducción

Sabido es que todo lo relacionado con la guerra (aunque sea fundamentalmente para evitarla) está inmerso en una niebla que nos impide definir con exactitud aquello de lo que hablamos, por mucho que intuitivamente creamos tenerlo claro, convirtiéndonos en remedos de San Agustín cuando pretendía enfrentarse al concepto del tiempo (1). Descrita directa o indirectamente por Sun Tzu, por Baltasar Gracián o por Clausewitz, la lógica paradójica que envuelve la estrategia se extiende más allá de su propia aplicación al marco que la hace posible.

Lo que la “industria de defensa” es.

En esas circunstancias, la “industria de defensa”, ni es “industria”, ni es de “defensa”.

Por un lado, todos entendemos que el propio concepto de industria excede lo que podría limitarse al sector secundario, ya que estamos hablando de aquella actividad económica que procura los bienes o servicios que necesitan la Armada y los Ejércitos, lo que más allá de manufacturas (vehículos, armas y demás), incluye servicios básicos o avanzados, construcción de infraestructuras o alimentos. Industria es aquí sinónimo de la cadena de suministros necesaria para el buen funcionamiento de las Fuerzas Armadas, y cuyo resultado lo mismo se refiere al motor eléctrico de un submarino, que a un curso de guerra electrónica, una camilla, un algoritmo, crema de protección solar, un acuartelamiento, un informe financiero, cierto transporte o una ración de berberechos.

En cuanto al hecho de que la labor de esa industria se centre en las necesidades de la defensa, caben dos consideraciones.

La primera es que como consecuencia de cierto “buenismo”, fundamentalmente europeo occidental (con alguna excepción, eso sí, entre las que no nos encontramos), la “defensa” ha ido perdiendo color y mezclándose intencionadamente con la “seguridad”, hasta el extremo de que esta última ha llegado a fagocitarla, por mor de una pretendida mejor aceptación de la realidad castrense por parte de la sociedad. Así, ya hablamos sin complejos de la Estrategia de Seguridad Nacional, como si integrándolo todo bajo un paraguas más amplio (sin llegar al extremo de los británicos… aún) hiciese pasar desapercibido el hecho de que la estrategia es lo que es (2), por mucho que se quiera extender ese concepto fascinante a lo que no debería denominarse sino “política”.

La segunda es que una actividad de alta tecnología, como es el caso, tiene la vocación (casi el deber patrio) de ser exportadora. Aunque cumpla obviamente con las restricciones que la ley establezca, lo cierto es que una venta exterior puede acabar siendo el germen o al menos un factor favorecedor (o un mero aditamento) de una agresión exterior, convirtiendo esa “defensa” exactamente en lo contrario.

La clave de los nichos de la industria de defensa

Toda empresa especializada (y las relacionadas con la defensa lo son casi por definición), busca un mercado específico en el que poder destacar en virtud de sus capacidades tecnológicas y productivas: un mercado nicho. En un rango de actuación tan amplio como el descrito, en el que la industria de defensa se encargaría de cubrir todo el espectro de las necesidades de la defensa (nada menos), identificar los sectores clave resultaría, de nuevo, paradójico (cómo no), ya que cualquier delimitación de lo que es más importante excluiría de forma automática otros productos o servicios que son simplemente vitales (¿o es que podemos decir a priori que las balas son más prioritarias que el gasoil, que el agua, que las botas o que las comunicaciones?).

Así pues, habida cuenta de que nuestras empresas ya cubren muchas de las necesidades de nuestras Fuerzas Armadas, parece sensato centrar el tiro en aquello de lo que carecemos, siendo conscientes de que a éstas no las debería faltar de nada, pues acudirán al extranjero a dotarse de los equipos o tecnologías que no puedan encontrar en casa.

Y ahí está la clave: el Gobierno de España fomenta la compra nacional (cuando es posible), como ventaja estratégica. Por lo que, si pensamos en “nuevos” nichos de mercado, debemos tener en cuenta las necesidades operativas, con el fin de satisfacer esa demanda.

Identificación de los nichos clave: el papel de las asociaciones

Ahora bien, dado que el desarrollo de soluciones a esos requerimientos no es inmediato, ¿cómo podrían las empresas acelerar su reacción y adelantarse en lo posible a la consolidación de las tendencias?

La respuesta es sencilla: conociendo lo antes posible y sin intermediarios las necesidades de las Fuerzas Armadas. Ese diálogo directo es frecuente entre el estamento militar y las grandes empresas del sector, aquellas que integran y suministran los grandes sistemas de armas. Pero ese contacto natural siempre ha sido bastante escaso entre las Fuerzas Armadas y la pléyade de PYMES que suministran bienes o servicios menos glamurosos, que son meros subcontratistas de los grandes grupos o que disponen de una tecnología dual que ni siquiera saben que pueda ser de aplicación para la defensa. Todas ellas atesoran un know how sobresaliente que bien podrían afilar si supieran hacia dónde dirigir sus esfuerzos de I+D+i, siempre concebidos a largo plazo.

El pequeño tamaño de muchas empresas impide todo contacto directo entre ellas y el cliente final, como es lógico. Y el gran número de sociedades dificulta el acceso en sentido contrario. Por eso debe existir un vehículo que lo haga posible, haciendo de puente entre esos dos mundos.

Pues bien, me cabe el honor de presidir un clúster que nació hace apenas tres años con la vocación de convertirse en un foro en el que las empresas punteras, independientemente de su tamaño, pudieran escuchar a las Fuerzas Armadas, y en la que éstas pudieran conocer, de primera mano, de qué capacidades dispone nuestra industria. Un foro en el que las empresas de defensa pudiesen interactuar entre sí para buscar sinergias y establecer colaboraciones. Un foro (complementario a las grandes asociaciones), cuya principal pretensión es atraer el talento empresarial e industrial español al mundo de la Defensa, haciéndoles ver que sus habilidades pueden ser de utilidad al servicio de todos nosotros.

Hace unos días el Clúster de la Industria de Defensa (CID) reunió en Santander a su Consejo Asesor y celebró la entrega de sus premios anuales. El Palacio de la Magdalena se convirtió en un hervidero de ideas sobre cómo suplir las carencias más perentorias: municiones merodeadoras e inteligentes, sensorización del campo de batalla, inteligencia artificial, comunicaciones seguras, artillería de largo alcance, telemedicina, materiales más ligeros, textiles autoadaptables, vehículos autónomos de todo tipo, etc. El evento fue un ejemplo de esa imprescindible interlocución entre lo militar y la empresa, donde gracias a la clave para localizar los nichos (el empeño de nuestra sociedad por comprar en España), se perfilaron al final algunos de esos nichos clave…

Conclusiones.

Las necesidades de las Fuerzas Armadas se extienden al sector textil, al agroalimentario, a la construcción, al de la movilidad… o incluso a cría de mulas, llegado el caso. Cualquier cosa es susceptible de ser industria de defensa y no solo los aviones de combate, los submarinos o los vehículos de combate de infantería.

El CID quiere contribuir, modestamente, a que la industria de defensa se suba al carro de las necesidades de nuestras Fuerzas Armadas al amparo del incremento presupuestario que empieza a vislumbrarse.

                                                                                               Manuel Vila González

                                               Presidente del Clúster de Industria de Defensa (CID)

NOTAS:

  • “Si no me lo preguntan, sé lo que es; pero si he describirlo, no sabría cómo hacerlo”
  • Y sobre lo que la estrategia es cabría hablar largo y tendido; baste decir que se trata del proceso de decisión que se establece cuando nos enfrentamos a una voluntad ajena que procura nuestra destrucción, en medio de circunstancias terceras que ninguna de las dos partes puede dominar.

Dualidad en la Industria de defensa actual. II CICLO AEME/22

Cristián Briales

Ingeniero de Supervivencia

GDELS-Santa Bárbara Sistemas

Introducción

La amenaza que representan los IED en las misiones de paz aparece tanto en los medios que se hace innecesario aclarar que IED son las siglas de Improvised Explosive Device. Esto se refiere a artilugios no convencionales, como coches bomba situados al borde de la carretera y que se hacen detonar al paso de un convoy. Se ha establecido una clasificación de diversos tipos de IED, los cuales se gradúan en una serie de Niveles de amenaza en función de la cantidad de explosivo y de la distancia. Por ejemplo, una furgoneta repleta de explosivo a unos metros de distancia, representa un cierto nivel en la parte alta de la escala.

Singularidad de la amenaza IED

El IED es una amenaza singular frente a la que los vehículos blindados tradicionales no ofrecían protección suficiente. El dotar a los vehículos militares de una protección ajustada al nivel que exige su perfil de misión es uno de los retos a los que se enfrenta la industria de plataformas terrestres y al que GDELS-Santa Bárbara Sistemas dedica una parte importante de presupuesto de I+D.

Desde más de una década, la gama de vehículos blindados que GDELS-Santa Bárbara Sistemas desarrolla tiene una respuesta a amenazas IED conocida y un nivel de protección ajustado por diseño a la exigencia del cliente.

La singularidad de esta amenaza se debe a los fuertes efectos dinámicos producidos por la detonación del artefacto. La onda aérea de gran intensidad generada por el IED, que se amplifica de forma no-lineal al superponerse con la onda reflejada en el terreno, se propaga hacia el vehículo transportando en su frente un elevadísimo impulso.

Al incidir y reflejarse contra la superficie de un blindado, esta onda transfiere un impulso que puede oscilar entre 3 y 30 kN·s por m2, dependiendo principalmente de la cantidad de explosivo y la distancia.

Sumando vectorialmente los impulsos transferidos a las distintas superficies del blindado, podemos encontrarnos con impulsos totales que, en casos extremos, podrían superar los 100 kN·s. Estos impulsos pueden ser verticales hacia arriba, si el IED está enterrado bajo el punto por donde pasa el blindado, o también laterales, si el IED es un coche bomba aparcado a un lado del camino.

Para hacernos una idea de qué representa un impulso de 100 kN·s, este valor es la cantidad de movimiento de una camioneta de 3.6 Ton impactando a 100 km/h contra un vehículo en reposo. Como vemos, cuantitativamente, los impulsos intercambiados en un IED son típicamente similares a los de una colisión entre automóviles.

Sin embargo, aunque guardan similitud, hay una importante diferencia cualitativa respecto a una colisión de carretera. El tiempo en que se transfiere el grueso del impulso al blindado oscila entre 0.3 y 3 ms, lo que es 1-2 órdenes de magnitud inferior al tiempo en que se transfiere el impulso en una colisión. Así pues, el carácter del evento IED es mucho más dinámico, pues al ser la estructura de un blindado mucho más rígida que la carrocería de chapa de un automóvil, las aceleraciones globales son mucho más fuertes.

La mitigación de estas aceleraciones, para asegurar la supervivencia de la tripulación, exige elementos amortiguadores en las interfaces de la estructura con los asientos o con cualquier unidad o aparato en contacto con la persona. De lo contrario, estos componentes transmitirán esfuerzos al cuerpo que pueden traducirse en lesiones graves.

Aportación de la ingeniería civil al desarrollo de defensa

Del diseño moderno de automóviles según requisitos de seguridad ante accidentes (crash-worthiness), se extraen valiosas técnicas y metodologías para el diseño de blindajes protegidos contra IED. No obstante, por tratarse de fenómenos cualitativamente diferentes, las soluciones de supervivencia son distintas en un blindado que en un coche, como puede esperarse.

Un ejemplo claro de aportación civil es la sofisticada tecnología de ensayos crash-test de automoción, que se aplica, con lógicas adaptaciones, a la evaluación de los niveles de protección de vehículos para la supervivencia de sus ocupantes.

Para evaluar la supervivencia, se realizan ensayos reales en todos los aspectos, excepto en que los tripulantes se reemplazan por maniquís antropomórficos monitorizados o ATD (anthropomorphic test device). Estos son los conocidos crash-test dummies de la automoción, a los que se añade algún sensor específico como es el registro de presiones sobre el tórax. Estos dummies siguen siendo perfeccionados por la industria civil desde hace décadas y son igualmente útiles en la industria de defensa. De hecho, los criterios basados en probabilidad de lesión son los mismos, pues los soldados son igual de vulnerables que los conductores.

Una diferencia respecto a los crash-tests reside en los montajes e instalaciones empleados. Mientras que en automoción se consiguen representar las velocidades relativas y geometría de la colisión mediante carros o trineos) acelerados sobre raíles, en las pruebas IED no queda otro remedio que detonar una carga explosiva representativa de la amenaza. Esto se tiene que realizar en campos de prueba del Ejército y bajo estrictos protocolos de seguridad, dada la potencia de las explosiones, que puede aproximarse a los niveles de una bomba de aviación.

Otra diferencia relevante con respecto a las pruebas crash-test es la imposibilidad de filmar desde el exterior el evento, pues a los pocos milisegundos el vehículo queda envuelto en una bola de fuego, que da paso a una nube fuliginosa de polvo que persiste durante unos segundos, cuando ya todo ha concluido. Los registros filmados se limitan al interior del vehículo, constituyendo la información más valiosa que se recoge en un ensayo, aparte de las señales de los dummies.

En el ámbito de defensa se han desarrollado métodos sofisticados para instalar las cámaras interiores, minimizando su movimiento durante los primeros ms del evento. También es posible, pintando un patrón de marcas en el interior, reconstruir la dinámica de deformación de dicha superficie. Esto resulta útil para caracterizar las reservas de espacio de supervivencia y también para correlar simulaciones numéricas.

Otra contribución del ámbito civil es el avance que la automoción ha impartido a la simulación numérica para eventos altamente dinámicos y no lineales. Esta herramienta ha sido crucial para ir optimizando la respuesta de las carrocerías a colisiones. Existen paquetes de software comercial (LS-DYNA, RADIOSS, etc.) que permiten modelar los aspectos relevantes de la dinámica de deformaciones con gran fiabilidad. Y estas mismas herramientas son indispensables para el diseño avanzado de vehículos blindados, si se busca compatibilizar su diseño con la supervivencia ante IED.

Innovaciones del desarrollo militar C-IED con potencial aplicación civil

La industria de defensa, como hemos apuntado, ha aprovechado un buen número de las herramientas y técnicas del campo civil para el desarrollo de vehículos compatibles con la supervivencia ante IED. A su vez, condicionadas por las importantes diferencias cualitativas asociadas a un IED, estas técnicas se han tenido que adaptar al nuevo entorno, como veremos a continuación.

Hemos visto ya que en las pruebas reales se ha tenido que sustituir la filmación exterior por vídeos de alta velocidad desde el interior. Esto presenta problemas prácticos como es iluminar un interior oscuro con focos que no se destruyan durante el evento. Pero, sobre todo, está el problema teórico de un análisis y reducción de datos fiable a partir de registros obtenidos con cámaras que vibran y se desplazan durante el evento. Para este último problema, existen técnicas de minimizar y de corregir por ordenador los efectos de cámara móvil, lo que permitirá en su día obtener una información casi tan valiosa como la de los vídeos exteriores. Esta técnica, no cabe duda, podrá aplicarse en un futuro en los crash tests con el fin de obtener datos no accesibles desde el exterior.

Otro ejemplo es la computación numérica, donde la simulación de la generación y propagación de una onda aérea a partir de una fuerte explosión, es ya un fuerte reto computacional. En efecto, para resolver las ecuaciones de evolución del gas, se requiere lo que se llama una discretización euleriana, donde la malla es fija y los gases fluyen de una celda a otra. Esto es radicalmente diferente a la discretización lagrangiana que se usa en crash test, donde los nodos de la malla son puntos materiales de la estructura sólida que se deforman y mueven con la misma.

El problema se complica cuando el gas de la onda aérea incide e interacciona con la estructura del vehículo. En esta fase se deben considerar ambas discretizaciones condicionándose entre sí, lo que ralentiza la computación de modelos 3D hasta tiempos de cálculo inasumibles. Para que los tiempos de cálculo sean razonables, es obligado dividir la modelización numérica en fases, lo que significa poner a punto una metodología propia indispensable para obtener simulaciones consistentes en las que apoyarse para optimizar el diseño.

Esta metodología de interacción de ondas áreas con estructuras podrá ser de aplicación en campos civiles como la minería o en la protección de plantas de generación de hidrógeno verde y sus depósitos de almacenamiento en la red de distribución.

Conclusión

Hemos visto que el diseño de plataformas terrestres conforme a criterios de protección IED ha sacado provecho de muchas técnicas y métodos de la industria civil, sobre todo del campo de la automoción.

A su vez, debido a la singularidad de la amenaza IED y sus diferencias cualitativas, ha sido necesario poner a punto técnicas de ensayo y simulación numérica que son específicas del reto de la industria de defensa para asegurar la supervivencia ante IED. Estos avances, como la técnica de filmación con cámaras montadas en el interior, podrían encontrar aplicación en la I+D de la industria civil.

LA INDUSTRIA DE DEFENSA EN EL EJERCITO DEL AIRE, del II Ciclo AEME/2022

Arturo Alfonso Meiriño. General de División EAE (R). Academia de las Ciencias y las Artes Militares (ACAMI)

https://www.diariosur.es/v/20130706/malaga/senalan-crisis-puesto-entredicho-20130706.html

El Ejército del Aire y la industria aeronáutica española: una simbiosis histórica

El sector industrial aeronáutico español ha estado inexorablemente unido a la historia del Ejército del Aire (EA). Una historia, relativamente corta, tanto la del sector como la de nuestra Fuerza Aérea, cuando la comparamos con la larga tradición de los sectores industriales terrestre y naval en nuestro país y la de nuestros centenarios Ejército de Tierra y Armada.

Sin embargo, la evolución que ha sufrido la industria de la aviación a lo largo de ese relativamente corto período de vida, se ha producido, si se me permite el símil, a la misma velocidad que su principal protagonista; es decir, el avión, que, ya hace tiempo, superó la barrera del sonido. La industria que diseña, desarrolla, produce y mantiene a los aviones en España, de acuerdo con el reciente informe realizado por KPMG para la Asociación de Industrias de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio, (TEDAE), facturó en 2022, a pesar de los efectos de la pandemia, 8,1 millardos de euros, destinó el 9,4% de su facturación a la I+D+i, aportó a las arcas del Estado 1,5 millardos de euros en ingresos fiscales, creó el 0,7% de empleo nacional con 33.900 puestos directos y 108.500 indirectos, de calidad y contribuyó al 1% del PIB nacional, generado por el efecto de arrastre de sus empresas.

Y en ese proceso vertiginoso, varios son los factores que han contribuido a que la base tecnológica e industrial del sector aeronáutico español haya alcanzado los mas que saludables niveles actuales de competitividad en la esfera internacional, con un 44% de su facturación realizado en el exterior. Competitividad que se ha enmarcado en áreas como la de desarrollo de Aero-estructuras, la propulsión, la aviónica y otros sistemas y equipos producidos por pequeñas y medianas empresas, poseedoras de unos elevados y competitivos niveles tecnológicos. Unos niveles, en definitiva, que nos permiten afirmar que España es uno de los pocos países europeos capaces de hacer volar un avión; desde el diseño hasta el ensamblaje final y la certificación así como su mantenimiento a lo largo del ciclo de vida.

De los “offsets” a la competitividad en los programas aeronáuticos de cooperación

Sin duda, la decisión tomada por el Consejo de Ministros en mayo de 1983, de dar luz verde a la adquisición, a la US Navy, bajo la modalidad FMS (Foreign Military Sales), de 72 aviones EF-18A/B, dentro del Programa FACA (Futuro Avión de Caza y Ataque), es el factor clave que, gracias a una política de compensaciones industriales asociada a dicha adquisición, mucho más concreta y estructurada que la que se había venido desarrollando hasta entonces en las adquisiciones en el extranjero, produjo un impulso sin precedentes en el proceso de desarrollo tecnológico del sector industrial aeronáutico español. Y que también trajo un cambio de paradigma en la forma de operar y gestionar el sostenimiento de las flotas en el EA, este último aspecto a través del SND (Sistema de Necesidades y Distribución) que revolucionó la gestión del abastecimiento y el mantenimiento aéreos e incluso indujo a la reorganización del entonces Mando de Material (MAMAT) del EA, hoy Mando del Apoyo Logístico (MALOG).

Unas compensaciones industriales, u “offsets” (contrapartidas), como se les denominaba entonces, que posteriormente evolucionaron hacia el concepto de “just return” (justo retorno) aplicado en el programa EFA (European Fighter Aircraft), de adquisición de los aviones Eurofighter, al que España se adhirió en junio de 1984, cuando se autorizó por el Consejo de Ministros la participación, con un 13%, en el proyecto y cuya gestión se asignó a la Agencia NETMA, creada a tal efecto, en el marco de la OTAN. Concepto este del “just return” por el que España igualaba su participación industrial a su participación en los costes (y por tanto financiación), y ello tanto para el motor como para la célula y cada uno de sus equipos de abordo y de apoyo contratados en el programa. Es lo que en términos técnicos se denomina workshare=costshare y que permitió a la industria nacional participar en el desarrollo tecnológico del “Typhon”, como se le acabó llamando, con el consiguiente salto tecnológico para el sector aeronáutico español.

El Programa Eurofighter permitió alcanzar unos niveles de competitividad en el sector aeronáutico nacional suficientes y necesarios para enfrentarse a las nuevas reglas del modelo de “global balance”, implantado por la Organización Conjunta para la Cooperación en materia de Armamento (OCCAR), a la que España se adhirió en 2005. Un modelo mediante el cual, la participación industrial a nivel nacional se mide en términos globales, es decir en varios programas gestionados por la organización y a lo largo del tiempo. Modelo que es aplicado, por ejemplo, en el Programa del avión de transporte estratégico A400M o en el programa del Sistema Aéreo Remotamente Tripulado (RPAS) europeo MALE (Medium Altitud and Long Endurance), gestionados por la OCCAR. En ambos programas, se ha podido demostrar, y se continúa demostrando, el alto nivel alcanzado por las empresas españolas relacionadas con la aeronáutica que, en competencia con otras de los países participantes en estos proyectos, han logrado hacerse con determinados contratos, en específicos nichos tecnológicos.

La entrada de España, con pleno derecho, en las organizaciones internacionales relacionadas con la defensa, primero en la OTAN en 1982, y posteriormente en la Unión Europea en 1986, así como la entrada de España en las diferentes organizaciones internacionales relacionadas con aspectos industriales de la defensa. −LoI (Letter of Intent) y su posterior Acuerdo Marco (Framework Agreement), OCCAR (Organisation Conjoint pour la Cooperátion an Matière d’Ármament), EDA (European Defence Agency) o la NSPA (NATO Support and Procurement Agency), o la entrada de AFARMADE, posteriormente relanzada como TEDAE, en la asociación de industrias Aeroespaciales y de Defensa europea (ASD), junto a la apuesta por la cooperación internacional en el campo aeronáutico como forma de satisfacer las necesidades de sistemas de armas para el EA, han constituido otro elemento clave en el proceso de desarrollo tecnológico de las empresas españolas.

Y por supuesto sin olvidar la fórmula de financiación aplicada a los grandes programas de defensa, con la participación del Ministerio de Industria. Modelo que permitió, en su día, posibilitar la participación de las empresas españolas en los grandes programas de defensa en general y en los de carácter aeronáutico en particular, siendo por tanto otro de los factores determinantes en ese proceso evolutivo del nivel tecnológico y de competitividad de la base tecnológica e industrial actual del sector en España.

Los fondos europeos y el nuevo ciclo inversor del MINISDEF: los retos actuales

Con ese bagaje, nos encontramos en las postrimerías del 2022 con una industria aeronáutica de defensa española que, tras un importante periodo de estancamiento en cuanto a programas aeronáuticos lanzados por el Ministerio de Defensa español, con un escaso portfolio en cuanto a programas de cooperación internacional lanzados en los últimos años, y con un importante impacto negativo producido por el parón de la pandemia del COVID-19, tiene por delante tres retos o realidades a los que hacer frente.

Por un lado, nos encontramos con una Unión Europea absolutamente decidida, y esta vez con financiación, a alcanzar tres objetivos bien definidos en su Estrategia Global (EUGS en sus siglas en inglés), y en particular en su Plan de Implantación en las áreas de Seguridad y Defensa. En primer lugar dispuesta a analizar, de forma conjunta, las necesidades de capacidades militares que Europa requiere para hacer frente a las amenazas presentes y futuras de la Unión; en segundo lugar decidida a promover la cooperación en la adquisición de capacidades militares conjuntas y por último, involucrada en el proceso de fortalecimiento de la Base Tecnológica e Industrial Europea (EDTIB en sus siglas en inglés), llevándola a niveles más altos de competencia desde el punto de vista tecnológico y a cotas más elevadas de competitividad en la esfera global. El Plan Europeo de Defensa (EDAP en sus siglas en inglés) y dentro de él, su Fondo Europeo de Defensa (EDF en sus siglas en inglés) han traído, por primera vez en la historia de la Unión Europea, fondos europeos para la defensa. Los 7,9 Millardos de Euro aprobados en la Marco Financiero Plurianual (MFF en sus siglas en inglés) para el período 2021-2027 (2,6 Millardos de Euro para investigación y 5,3 Millardos de Euro para desarrollo de capacidades) suponen un panorama de inversiones sin precedentes para los próximos años, en el que necesariamente tanto el Ministerio de Defensa como la industria aeronáutica española tienen que estar si queremos seguir evolucionando en la competitividad del sector aeronáutico español. Proyectos como el de “Tecnologías para ala rotatoria de próxima generación”(Investigación), o el FMTC (Future Medium size Tactical Cargo) (Desarrollo), ambos dentro del EDF, o el FCAS (Future Combat Air System), son solo unos ejemplos de lo que está en juego para el futuro de la industria aeronáutica española.

Por otro lado, nos encontramos ante un proyecto de presupuestos del Ministerio de Defensa Español para 2023 en el que, además de la continuación de los Programas Especiales de Modernización en curso, se han añadido 13 nuevos programas, 6 de los cuáles son eminentemente aeronáuticos: El helicóptero multipropósito para la Armada, los aviones de patrulla marítima (MPA en sus siglas en inglés) para el EA, los Sistemas Aéreos Pilotados remotamente  (RPAS en sus siglas en inglés) de largo alcance SIRTAP (Sistema Remotamente Tripulado de Altas Prestaciones), el programa de sustitución de los aviones C-15M (EF-18A/B) del EA, los aviones sustitutos del AV-8B Harrier de la Armada y del C.15M (EF-18A/B) 2ª fase del EA y los aviones de vigilancia marítima (VIGMA) para el EA. Seis programas con un coste total de 13,1 Millardos de Euro a lo largo de sus diferentes periodos de ejecución, lo que representa un 76% del total de los costes de los 13 nuevos programas.

Todo ello sin olvidar la denominación actual del Ejército del Aire que también lo es del Espacio (EAE). Y por tanto la necesidad de extrapolar los aspectos antes indicados a un nuevo sector, el del Espacio, en el que los asuntos de defensa han ido ganando protagonismo y que, aunque representando por el momento solo una pequeña aportación al PIB nacional (0,1%), ha sabido especializarse en el desarrollo de lanzadores, satélites, segmento terreno, operadores de satélite y aplicaciones entre otros, con un volumen creciente de facturación y dentro de ella, un más que relevante 80% de facturación asociada a la exportación. Un sector que también tiene detrás a la Unión Europea al incluirlo entre sus prioridades de inversión en el marco del MFF. La puesta en marcha, en los próximos meses, de la Agencia Espacial Española, será sin duda un importante apoyo al desarrollo de este sector en España.

Teniendo en cuenta el escenario presupuestario previsto para el  Ministerio de Defensa en 2023 (asumiendo que las inversiones reales del Programa 122.B del proyecto de presupuestos no sufrirán modificaciones o recortes posteriores a la vista de las revisiones a la baja que las previsiones del PIB español están teniendo) y asumiendo también que España se involucrará en los proyectos, tanto de investigación como de desarrollo, de la Unión Europea dentro del programa EDF, será necesario desarrollar nuevas fórmulas innovadores y más ágiles de contratación y de gestión así como disponer de un capital humano apropiado en cantidad y calidad no solo en el ámbito industrial sino también en el de la Dirección General de Armamento y Material (DGAM), responsable de la gestión de adquisiciones de los sistemas de armas demandados por los Ejércitos y la Armada y priorizados por el Estado Mayor de la Defensa (EMAD)  en su Objetivo de Capacidades Militares  (OCM).

INDUSTRIA DE DEFENSA: AÑO 2035. Segundo ciclo II/22 de AEME

Antonio Fonfría

Universidad Complutense de Madrid y Academia de las Ciencias y las Artes Militares.

Antonio Fonfría: Profesor de Economía Aplicada en la UCM. –

La industria de defensa es un sector estratégico. Con esta frase se pueden resumir un conjunto amplio de características que, lamentablemente, no todo el espectro político comparte. Sin embargo, un ejemplo puede ayudar a entenderlo. En la guerra de Ucrania este país está recibiendo apoyo de terceros países en términos de material militar lo cual está permitiendo que resista e incluso recupere terreno ante la que se suponía es una potencia militar en el ámbito convencional. ¿Quién fabrica dicho material para Ucrania? No los países, tampoco las fuerzas armadas. Lo fabrican empresas, cuya investigación y su capital humano se encuentran en la frontera tecnológica. En otras palabras, la industria de defensa.

Además, la aplicación de algunas de esas tecnologías al ámbito civil ha generado un importante impulso al crecimiento económico, aspecto éste que generalmente no se cuantifica pero que impacta en nuestro día a día como ciudadanos. Adicionalmente, la disuasión que generan las fuerzas armadas de los países se apoya indefectiblemente en su capacidad tecnológica en términos de sistemas de armas y equipos que aporten el mayor nivel de seguridad posible a un país. Ese es el objetivo último que hay que tener siempre presente.

La UE lleva años intentado que las industrias de defensa de los países miembros colaboren a fin de conseguir varios objetivos: menor fragmentación de la oferta, es decir que se unan fuerzas industriales entre países; desarrollos tecnológicos cooperativos para no duplicar esfuerzos económicos y demandas agregadas de los países para reducir los costes unitarios de producción, fundamentalmente. Con esos fines se han planteado un conjunto de instrumentos como el Fondo Europeo de Defensa –que financia la colaboración empresarial- o la PESCO –Cooperación Estructurada Permanente-, cuyo objetivo es servir de marco para dicha colaboración.

Sin embargo, estos esfuerzos resultan baldíos sin un notable aumento de la financiación de la defensa de los países, extremo este que ya se acordó en 2014 con la OTAN y que se ha venido dilatando en el tiempo por la falta de voluntad política de numerosos países, entre ellos España, lo cual ha hecho perder 8 de los 10 años que nos dábamos para alcanzar el 2% del PIB en gasto en defensa. Sin embargo, la guerra de Ucrania ha cambiado el panorama político, estratégico y militar y ha forzado a los países a adquirir un mayor compromiso con la política de defensa. La disuasión ha entrado en juego de forma notable y su importancia –tal y como destacaran numerosos autores hace ya incluso miles de años, Sun Tzu, particularmente-, empieza a ocupar el lugar que de forma natural le corresponde dentro de las relaciones internacionales.

Suponiendo que tanto las políticas de impulso a la cooperación, como los aumentos presupuestarios fuesen estables, predecibles y adecuados, suponen un reto para la industria de defensa. Por una parte, la industria habrá de responder con mayor prontitud que hasta ahora a las elevadas demandas tecnológicas de las fuerzas armadas. Por otra parte, habrá de impulsar aún más sus esfuerzos innovadores ya que en ellos se encuentra buena parte de la capacidad de disuasión. Todo ello impone un novedoso escenario de prioridades unidas a nuevas necesidades que obligan a las empresas a incrementar su eficiencia. Pero, en este nuevo contexto ¿Qué posición tiene la industria española de defensa? y lo que es más importante ¿Cómo se quiere que sea esta industria dentro de unos años, pongamos 2035?

Con relación a la primera de las cuestiones, España es el cuarto país de la UE en términos de su industria, pero la diferencia con los tres primeros es sustancial, lo cual nos deja en una posición de país intermedio. Ésta no suele ser una posición cómoda salvo que se apueste decididamente y con base en una estrategia clara y de largo plazo por un desarrollo industrial adecuado. En este sentido resulta más necesario que nunca que el famoso triángulo de acero –industria, políticos y militares-, se pongan de acuerdo para impulsar todos ellos en la misma dirección el sector industrial de la defensa. Hay numerosas formas de hacerlo, pero todas pasan por un concepto estratégico y un elevado compromiso, sin los cuales no se puede conseguir más que mantenernos en ese estadio intermedio que no nos beneficia, en el mejor de los casos. 

Las grandes empresas europeas pueden ejercer su poder de mercado, capacidad de lobby, utilizar sus recursos financieros, etc. a fin de obtener un elevado volumen de recursos provenientes de los fondos europeos para sus proyectos. Las empresas españolas que, incluso las de mayor tamaño, son menores que las europeas, se encuentran en desventaja. Por tanto, uno de los retos de la estrategia sería cómo utilizar de manera lo más eficiente posible nuestra posición para dar un salto que nos coloque a un nivel similar al de los grandes europeos. La respuesta pasa por enfocarnos en una variable clave: la tecnología.

El liderazgo se obtiene cada vez de manera más intensa apalancados en la capacidad de generación de tecnologías propias. Sin embargo, hay varios problemas que salvar. Por una parte, la importante fragmentación de recursos entre administraciones, lo cual no permite ni alcanzar economías de escala en el uso de los mismos, ni tener líneas prioritarias coherentes en el ámbito tecnológico. En segundo lugar, la falta de financiación pública para la investigación en defensa. Bien es cierto que es un tema tabú, pero la dualidad tecnológica corre en los dos sentidos: de lo civil a lo militar y viceversa. Por último, un dato importante es que, según la IGAE, la diferencia entre el presupuesto dedicado a I+D en España y su ejecución es del 50% de media en los últimos años, lo cual indica que la mitad de los recursos no se utilizan.

Esta situación es poco halagüeña, pero da pistas de por dónde se pueden atajar los problemas. La industria española de defensa posee un importante potencial –también ha de resolver sus propios problemas-, pero no está claro hacia dónde se quiere orientar ese potencial. Mantener el statu quo no parece una solución viable debido a la dinámica de los mercados europeos de defensa. La realización de alianzas entre empresas es una opción que ya se está utilizando y que es potencialmente una línea de impulso a medio y largo plazos. No obstante, saber hacia dónde se han de dirigir los esfuerzos es la base para los desarrollos posteriores, sin ello no podemos participar en numerosos programas de defensa europeos sin obtener los resultados esperados. En el año 2035 la industria española de defensa puede convertirse en un suministrador de inputs para las grandes europeas o en un generador de nuevas tecnologías de alto valor añadido. En cualquier caso, ha de colaborar, pero dependiendo de cómo lo haga el resultado puede ser uno u otro. No cabe duda de que las decisiones políticas, empresariales y estratégicas han de coordinarse para llegar a una estrategia que indique la senda a recorrer. Sin ello todo lo demás sobra. Se puede resumir en pocas palabras: estrategia, objetivos claros y voluntad de las partes.

CARTA A LOS PADRES Y ABUELOS ESPAÑOLES: EL 12 DE OCTUBRE NO ES UN DÍA CUALQUIERA

Queridos padres y abuelos:

El 12 de octubre no es un día cualquiera, es el DÍA DE LA FIESTA NACIONAL Y DE LA HISPANIDAD. Os proponemos “salir del armario del silencio” y contar a vuestros hijos, nietos y a todos vuestros allegados el significado de esta fecha. Os invitamos a ser valientes y a contarlo con vuestras propias palabras, sin filtros mediáticos y sin que nos importe lo que se diga en la calle, colegios, universidad o centros de trabajo. Para mejorar España y nuestro futuro, dando ejemplo y empezando por nuestros jóvenes y su educación en casa.

Autores:

Juan Carlos Tellería – Profesor.

Carlos de Palma – Piloto Militar.

https://iniciativa2028.es/el-12-de-octubre-no-es-un-dia-cualquiera/

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