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Alemania y los Leopard: ¿titubeo o estrategia?, por Josep Piqué

Artículo de Política Exterior

Scholz no ha titubeado ante una decisión trascendental: el envío de los Leopard a Ucrania, sino que ha marcado el ritmo, buscando una coalición lo más amplia posible con los aliados del gobierno, la oposición, los estadounidenses y, más importante, la sociedad alemana. La estrategia le ha salido bien.

El titular más habitual (con alguna excepción) ante la decisión alemana de enviar, por fin, una compañía de carros de combate Leopard 2 para el ejército ucraniano (que los venía solicitando desde que entraron los primeros tanques rusos en su territorio) ha sido que Alemania cede a la presión de los aliados y que se ha visto forzada a tomar una decisión que no deseaba. En mi opinión, las cosas no son tan lineales y simples. Para el canciller alemán, Olaf Scholz, asegurarse el respaldo de su propio partido y no profundizar en las diferencias con sus socios de gobierno (liberales y verdes) era esencial. Y lo ha conseguido. Primero, mostrando su resistencia y obteniendo que Estados Unidos se comprometa, a su vez, a enviar sus propios carros de última generación, los Abrams. Son pocos, pero es un cambio cualitativo, no exento de oposición en el Capitolio. Una decisión arriesgada y valiente de Joe Biden, incluso con las reticencias claras del Pentágono.

A su vez, en su justificación ante el Bundestag (en un claro ejemplo de respeto a las instituciones democráticas), Scholz ha sumado a la oposición (la CDU/CSU), que venía reclamando la decisión, consiguiendo así un amplísimo respaldo parlamentario del que solo ha quedado exento (y no por casualidad) el partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD). Más allá del Parlamento, conviene tener en cuenta que la opinión pública alemana ha estado muy dividida y que, sobre todo en el este, la decisión recibe un notable rechazo, aunque decreciente. Hoy los partidarios ya son mayoría. El rechazo se fundamenta en la historia, ya que recuerda a los carros alemanes invadiendo Polonia y, más adelante, emprendiendo la ofensiva contra la Unión Soviética, en la Segunda Guerra Mundial. Obviamente, la actual situación nada tiene que ver, pero es una muestra más del peso (y el sentimiento de culpabilidad) que tiene en los alemanes la historia reciente del país. Es evidente que en el caso de AfD hay un componente político adicional que se relaciona con la equidistancia para atender en exclusiva los intereses de Alemania, pero que, en la práctica, acaba favoreciendo a Rusia.

En el frente interno, por tanto, al final las cosas le han salido bien a Scholz. Es cierto que ello obliga a reconsiderar los gastos en los presupuestos de defensa, ya que habrá que recomponer la capacidad militar alemana. Pero es también un fuerte apoyo a su potente industria de defensa y un reconocimiento a su avanzada tecnología. Se trata, en suma, de dotar de contenido a la Zeitenwende o cambio de era, afrontando una imprescindible modernización y el refuerzo de unas Fuerzas Armadas muy poco dotadas para un país del peso de Alemania.

«Es riesgo de escala ya fue asumido cuando la OTAN decidió apoyar militar y financieramente a Ucrania frente a la agresión rusa»

Algunos argumentarán que la decisión podría provocar una respuesta imprevisible de Rusia y una escalada cuyas consecuencias son muy difíciles de predecir. Pero es un riesgo ya asumido, cuando la OTAN decidió apoyar militar y financieramente a Ucrania frente a la agresión rusa, con los límites (que se mantienen, al menos de momento), de no facilitar aviones de caza o de usar tropas de la OTAN en territorio ucraniano.

En todo caso, ha quedado patente que no es una decisión que afecte solo a Alemania. Tanto EEUU, con su compromiso, como algunos de los países que tienen Leopard 2 dispuestos a ser entregados, todos van a acompañar a los alemanes. Comenzando por Polonia (en una clara paradoja de la historia: pidiendo a Alemania que acepte que sus carros de combate se utilicen en una guerra en un país fronterizo), pero siguiendo también, probablemente, con España (así lo ha manifestado ya el gobierno español, a pesar de la oposición interna de Unidos Podemos y de algunos de sus socios parlamentarios más relevantes). En su momento, España se precipitó, anticipando ese envío sin contar con el visto bueno de Alemania (que es necesario al ser una licencia de su tecnología) para después recular, argumentando el mal estado de sus carros. Algo que ahora parece que puede resolverse, una vez garantizado el permiso alemán.

En cualquier caso, Alemania ha logrado inscribir su decisión en el marco de la coordinación internacional y de común acuerdo con sus aliados y contando, en paralelo, con el compromiso estadounidense. No ha sido un movimiento en solitario que descargara toda la responsabilidad en ella.

«Se ha logrado recomponer, mal que bien, el frágil eje franco-alemán y el apoyo sin reticencias de Francia a una Alemania que ha marcado los tiempos frente al resto de aliados, pero sobre todo en el seno de la Unión Europea»

Tal aseveración debe ir acompañada de otra reflexión. Con ello, Alemania ha reforzado su liderazgo europeo, poco después de la cumbre franco-alemana de hace unos días (cuando se cumplen 60 años del Pacto del Elíseo) que ha intentado cerrar (por lo menos en apariencia) las discrepancias entre ambos países en ámbitos como el energético, el financiero o el de las ayudas de Estado. Se ha logrado recomponer, mal que bien, el frágil eje franco-alemán y el apoyo sin reticencias de Francia a una Alemania que ha marcado los tiempos frente al resto de aliados, pero sobre todo en el seno de la Unión Europea, explicitando que es ella la que marca su política frente a la agresión rusa.

Por todas estas consideraciones, lo que ha sido percibido como un titubeo e, incluso, una falta de compromiso de Alemania ante una decisión trascendental no se corresponde con la realidad.

Alemania ha marcado el ritmo y su estrategia ha salido bien. Ahora queda apretar el acelerador para que el envío y, sobre todo, la formación de los militares ucranianos se hagan con la máxima rapidez (de hecho, esta última ya había empezado con anterioridad) para llegar a tiempo ante la eventual contraofensiva rusa cuando acabe el invierno. Si eso se consigue, Ucrania no solo estará en mejores condiciones de repelerla, sino, incluso, de iniciar a su vez su propia ofensiva para recuperar buena parte del territorio invadido y forzar a Rusia a entrar en una verdadera negociación que solo puede dar auténticos resultados perdurables si se restablece la integridad territorial de Ucrania, reconocida internacionalmente (incluyendo a China, India o Turquía).

Ojalá la ventaja militar ucraniana contribuya a que Rusia llegue a esta conclusión. Y el envío de los carros de combate puede ser un hito trascendental. Ha habido más estrategia que titubeo real.

Y sin embargo se mueve

La primera visita internacional de Zelenski ha sido a Washington, lo que manda una señal inequívoca de la importancia de EEUU como apoyo principal de Kiev en el desarrollo de la guerra. Mientras tanto, la UE, aunque no cuenta con la celeridad estadounidense para dar respuestas, sí que resiste, se adapta y evoluciona. Es decir, se mueve. JOSEP PIQUÉ |  23 de diciembre de 2022

Volodímir Zelenski no fue a Berlín (1.200 kilómetros de distancia desde Kiev, unas dos horas de vuelo) en su primer viaje al extranjero desde la invasión rusa de Ucrania. Tampoco a Bruselas (1.800 kilómetros de Kiev, poco menos de tres horas) ni a París (2.000 kilómetros, tres horas). La primera salida del presidente ucraniano ha sido con destino a Washington DC, a casi 8.000 kilómetros de distancia y unas diez horas de vuelo. En el mundo post-americano, todos los caminos importantes parecen seguir llevando a Roma, es decir, a Estados Unidos.

Como explicábamos en los Apuntes del Editor de finales de noviembre, buena parte del futuro de Ucrania se juega en EEUU. Esa es la señal que mandan al mundo tanto el presidente ucraniano como el estadounidense, Joe Biden, con su encuentro en el Despacho Oval de la Casa Blanca. La visita ha ido acompañada de un nuevo paquete de asistencia militar, por valor de 45.000 millones de dólares, que incluye una batería de misiles Patriot de largo alcance, refuerzo esencial para el sistema de defensa aérea ucraniano (aunque los misiles llegarán al teatro de operaciones, como muy pronto, en febrero). La ofensiva aérea rusa con drones (iraníes) y misiles contra las infraestructuras ucranianas seguirá, por el momento, causando un daño humano y material considerable.

Para un gobierno como el ucraniano, en lucha por la supervivencia del pueblo al que representa, la relativa celeridad con la que van aprobándose los paquetes de ayuda estadounidense (que suman más de 50.000 millones) debe de contrastar, por fuerza, con el laberíntico proceso político de la Unión Europea, donde cada paso importante pende de 27 hilos. Véase, por ejemplo, lo sucedido con los 18.000 millones de euros en asistencia financiera aprobados la semana pasada. El fondo propuesto por la Comisión Europa para aliviar el presupuesto ucraniano en 2023 requería la aprobación unánime de los Veintisiete. Una vez más, el veto del gobierno de Víktor Orbán en Hungría complicó y retrasó el acuerdo. Que evitar la bancarrota de tu país, en guerra contra un enemigo implacable, dependa de batallas políticas colaterales (desde el tira y afloja sobre los fondos estructurales, congelados debido a las vulneraciones del Estado de Derecho en Hungría, hasta la aprobación de un tipo mínimo en el impuesto de sociedades) ha de exasperar hasta al más aplomado de los dirigentes.

En cuanto a la ayuda militar en sí (unas de las claves en el extraordinario desempeño de las tropas ucranianas), la asistencia europea ha palidecido en comparación con la estadounidense. Después de años de recortar o congelar los presupuestos de defensa, a muchos países europeos les cuesta sangre, sudor y algunas lágrimas mantener unas fuerzas armadas listas para el combate (o para ayudar a terceros en una guerra a gran escala como la que hay en marcha en Ucrania). Aquí destaca Alemania, cuyo ejército no deja de dar muestras de precariedad. A principios de este mes, en unas prácticas de tiro, los 18 tanques Puma implicados en ellas tuvieron problemas de funcionamiento, quedando inutilizados. La Bundeswehr sigue desnuda.

En breve, la guerra en Ucrania cumplirá un año (o nueve, si contamos desde 2014, como bien hacen los ucranianos, cuando Rusia se anexionó de manera ilegal la península de Crimea). El final no parece cerca. Hoy la iniciativa militar está en manos de los ucranianos, que continúan luchando de manera heroica por defender su patria (y, de paso, los valores de todos). Vladímir Putin, sin embargo, no parece preparado para dar su brazo a torcer. Al contrario, redobla apuestas, y para 2023 es de esperar que continúe poniendo a prueba, en múltiples frentes (político, energético, migratorio), la resistencia del que considera el flanco débil del frente occidental: el europeo.

No lo tendrá fácil. A pesar del anquilosamiento que parece atenazar al Viejo Continente en cada nueva crisis existencial (y esta lo es en grado sumo), la UE resiste, se adapta, evoluciona. Es decir, se mueve.

Con la perspectiva que siempre dan los finales de año, hoy podemos mirar atrás y no sentirnos del todo insatisfechos con el desempeño de la UE desde la invasión rusa de Ucrania. Los depósitos de gas europeos están llenos. Se han construido terminales de gas natural licuado en un tiempo récord. Y en todo el continente se han tomado medidas para aliviar las presiones de la inflación sobre poblaciones e industrias nacionales. Hoy el invierno es mucho menos amenazador de lo que parecía hace solo unos meses.

La independencia energética de Rusia está al alcance de la mano, algo impensable hace un año. En 2020, la UE importó más de la mitad (57,5%) de su energía, según Eurostat, con alrededor del 27% de dichas importaciones proveniente de Rusia. Hoy la cuota rusa apenas supera el 15%, lo que ha supuesto una caída de unos 6.400 millones de dólares.

Las sanciones a Rusia van por su novena ronda y ya incluyen restricciones a la industria financiera y al Banco de Rusia, a las empresas exportadoras de carbón y petróleo, además de controles generales de las exportaciones. Por ahora, la economía rusa resiste mejor de lo esperado, gracias en buena parte a la acción decidida de su banco central y a los elevados precios de los hidrocarburos, lo que ha permitido a Putin seguir financiando la guerra. Sin embargo, como señala un estudio de Bruegel, esto puede empezar a cambiar pronto. Con las sanciones, la UE cuenta hoy con una poderosa herramienta de política exterior.

En paralelo, la defensa del continente se ha reforzado de manera notable, sobre todo a través del pilar europeo de la OTAN. El ingreso de Finlandia y Suecia, así como la voluntad firme del resto de países miembros en cumplir con todos sus compromisos, han insuflado nueva vida a la Alianza, que sigue siendo la espina dorsal de la defensa europea. Al presidente francés, Emmanuel Macron, ya no se le ocurriría hablar de una organización en “muerte cerebral”.

Mientras tanto, la construcción de una genuina Europa de la Defensa marcha más lenta, pero marcha. Por primera vez en décadas, como explica Sophia Besch en Carnegie, la defensa europea ya no se limita a intentar conseguir más con menos. Hoy los europeos están gastando más dinero en defensa para cubrir con urgencia las carencias de capacidad de sus ejércitos, lo que supone una oportunidad única para modernizarlos, garantizar la interoperabilidad de sus equipos y forjar una base industrial común más sólida. Para ello será necesario apostar de manera decidida por la adquisición conjunta de material de defensa. Hasta ahora, como señala Besch, solo el 18% de toda la inversión en defensa de los Estados miembros se realiza en cooperación con otros países de la UE. El margen de mejora es enorme.

Por último, y tal vez lo más importante, la principal herramienta de política exterior de la UE se ha reactivado. El debate sobre la ampliación ha vuelto a primera línea, enriquecido con propuestas como la Comunidad Política Europea. Zelenski puede haber volado a Washington en su primer viaje al extranjero desde la invasión rusa, pero su país viaja sin escalas rumbo a la UE. En junio, los dirigentes europeos concedieron a Ucrania la condición de país candidato a la adhesión. Muchos querrían que se incorporase lo antes posible, pero quizá merezca la pena hacer bien las cosas. Tuvieron que pasar 15 años desde la caída del muro de Berlín para que los países de Europa Central y del Este entrasen en la UE, y una década si contamos desde que se asumió en serio el compromiso de incluirlos. En el caso de Ucrania, el proceso podría ir más rápido, dada la voluntad firme de ambas partes. La meta está clara y es compartida: una Ucrania libre, próspera y europea; una Ucrania en paz.

En resumen, no todos los caminos importantes llevan a Roma. Algunos desembocan en la UE.

Guerra compleja, armamento inteligente, superioridad en el combate y capacidades tecnológicas. AEME II/ciclo 2022

Profesor D. Antonio Martínez González

CURRICULUM:

Especialista en economía y tecnología de la defensa, ha participado y dirigido diferentes proyectos de investigación relacionados con la materia, entre los que cabe destacar “La Defensa y la Seguridad Nacional como factor de desarrollo económico-tecnológico: el caso español y la PESD” concedido por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado.

Es profesor de asignaturas específicas en Másteres Universitarios (“El sector empresarial de defensa y seguridad como alternativa eficiente al Sector Público”; “Innovación y tecnología en los procesos de mercado”; “Presupuestos y gastos públicos”).

En su campo de especialización, ha dirigido varias tesis doctorales dedicadas a las relaciones existentes entre economía, tecnología y defensa: “Administración pública de los recursos humanos de defensa en Uruguay”, con mención de doctorado europeo; “Análisis de la eficiencia del gasto en Defensa: el presupuesto de Defensa en España 1946-2008”; “La sostenibilidad de la industria aeroespacial en Europa: Aplicación específica a los casos francés y español”; “La eficiencia dinámica de las agencias privadas de suministros de servicios en los mercados de defensa y seguridad desde la perspectiva de la escuela austriaca”.

Sus estudios han dado lugar a la realización de publicaciones nacionales e internacionales, la organización de cursos y seminarios, y la participación en congresos, ciclos de conferencias, debates y jornadas

PONENCIA:

La guerra de Ucrania está sirviendo como escaparate para mostrar un conjunto de realidades contrastables en cuanto a cómo y de qué manera se gestan y evolucionan las circunstancias y condicionantes que coadyuvan a los grandes conflictos geopolíticos y militares. Por primera vez, tras el final de la Guerra Fría, los principales bloques geopolíticos y geoeconómicos en competencia por la hegemonía de la gobernanza mundial se han visto arrastrados a un escenario diplomático y militar que presenta, por un lado, la posibilidad concreta de llegar a generar escenarios de destrucción mutua y, por el otro, un complejo contexto de necesidades sociales y económicas que atender tras los terribles efectos de la pandemia del COVID‑19.

El conflicto ucraniano ha dejado en evidencia la existencia de un problemático conjunto de escenarios y dinámicas que afectan a diferentes fenómenos y procesos geopolíticos, sociales, económicos, tecnológicos, militares, energéticos y logísticos. Este complejo ecosistema interdependiente, estratégicamente catalizado por la guerra, ha obligado más que nunca desde la caída del muro de Berlín a los gobiernos occidentales y a sus estructuras militares, a tener que alinear sus capacidades geoestratégicas y de defensa a corto plazo junto al resto de necesidades económicas y productivas. En particular, a las derivadas de la garantía del suministro de otros bienes y servicios públicos, percibidos como absolutamente necesarios en nuestras sociedades desarrollas modernas y, todo ello, con unos niveles de exigencia en las actuaciones de gobernanza como no se había experimentado a nivel mundial desde hacía décadas.   

En tales circunstancias, tanto en España como en el resto de los países que conforman la Unión Europea, junto a los miembros la Alianza Atlántica, se han tomado una serie de decisiones estratégicas, en particular en la última cumbre de la OTAN celebrada en Madrid, acompañadas de un conjunto de medidas que implicaban asignar unos niveles de recursos presupuestarios en materia de Defensa Nacional por encima de los habitualmente destinados al sector. Así pues, en el caso de las inversiones dedicadas a innovación y tecnología de la defensa, hay dos partidas presupuestarias de aplicación que se han visto particularmente beneficiadas. Nos referimos al Programa 122.B Programas especiales de modernización, incluido en Área de Gasto 1 de Servicios Públicos Básicos; y al programa 464.A. de Investigación y estudio de las fuerzas armadas, encuadrado en el grupo de programas 4.6 INVESTIGACIÓN, DESARROLLO, INNOVACIÓN Y DIGITALIZACIÓN del Área de gasto 4 – Actuaciones de carácter económico.

Por lo que se refiere a los Programas Especiales de Modernización, éstos son el resultado de la cooperación entre los Ministerios de Defensa y de Industria, Comercio y Turismo. Tienen como objetivos el dotar de los mejores sistemas de armamento y tecnologías para el combate a nuestras Fuerzas Armadas en el campo de batalla, así como explotar las sinergias derivadas de sus desarrollos tecnológicos para la potenciación e impulso al crecimiento del tejido económico y productivo nacional en su conjunto. A tal fin, la partida presupuestaria asignada este año en los Presupuestos Generales del Estado alcanza la cifra de 4.901,71 millones de euros frente a la prevista el año anterior, que fue de 2.848 millones de euros, lo que ha supuesto un incremento del 72,11 %. Es innegable que este aumento representa una subida sustancial con relación a las asignaciones de ciclos presupuestarios anteriores.

En cuanto al programa 464.A. de Investigación y estudio de las fuerzas armadas, y en particular la partida de inversiones correspondiente a su Objetivo 2: Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial “Esteban Terradas” (INTA), asciende este año a la cifra de 196,02 millones de euros. Esta partida incluye todas aquellas acciones e inversiones dirigidas a la investigación para su aplicación en el diseño y desarrollo de nuevos prototipos de sistemas de armamento. En su confección se presta una especial atención a aquellos proyectos e iniciativas que, por su carácter dual, favorecen las sinergias y externalidades positivas en los sectores civiles de alta y media tecnología de nuestra industria nacional. Además, el conjunto de actuaciones que abarcan sus proyectos está enmarcado en la Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa 2020 (ETID). Para entender la importancia y el verdadero alcance de invertir en este programa, también hay que indicar que la actividad del INTA abarca más de 350 proyectos relacionados con la I+D, que están a su vez asociados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y a las políticas de la Unión Europea destinadas a la reducción de la contaminación del medioambiente, así como a impulsar la cooperación y coordinación con universidades y empresas.

 Ahora bien, la pregunta que deberíamos plantearnos es, si un aumento tan significativo de las inversiones en estos programas, algunos de cuyos objetivos son los de aumentar la capacidad operativa, la resiliencia y la efectividad de nuestra Defensa Nacional, recordemos que estamos hablando de una cifra que supera los 5.000 millones de euros, está realmente o no justificada.  La respuesta es sin duda alguna que sí. La realidad de los hechos lo avala, tanto por lo que se refiere a las necesidades reales de seguridad, el escaparate de la guerra de Ucrania es su mejor demostración práctica, junto a la necesidad de potenciar nuestro tejido tecnológico e innovador en cuanto principal fuente de impulso a la productividad, lo que representa uno de los factores determinantes del crecimiento económico, condición sine qua non para sostener y mejorar el estado del bienestar de nuestras sociedades.

Sin embargo, no debemos olvidar que uno de los principales argumentos de controversia en lo referente a invertir en políticas de Defensa y Seguridad Nacional frente a otras políticas sociales, ha sido históricamente el derivado de la componente ideológica que determina el proceso de la toma de decisiones en materia de gasto público. El principal problema reside en ofrecer respuestas por parte de los gobiernos lo más satisfactorias posibles a las demandas del conjunto de la sociedad, sobre si es mejor gastar en cañones o en mantequilla y en qué proporción hacerlo. Para ello debemos tener en cuenta lo que la ciudadanía entiende y percibe como necesidades más o menos inmediatas y apremiantes.

Este nivel de percepción y su intensidad van de la mano de otro importante concepto económico, el de coste de oportunidad. Este representa el verdadero coste de nuestras decisiones en cada proceso de elección al que nos vemos continuamente sometidos, ya sea a nivel individual o colectivo. Representa ni más ni menos que la idea, de a qué estamos dispuestos a renunciar en términos de otras posibles elecciones, para conseguir satisfacer nuestros deseos y necesidades en un momento determinado. Resulta evidente que el sentido de inmediatez que rige el deseo y la necesidad de cubrir las carencias percibidas por los ciudadanos juega un papel instrumental fundamental a la hora de preferir gastar en servicios públicos básicos como la Defensa o la Política Exterior, frente a otras políticas como puedan ser los servicios y la promoción social, las ayudas al desempleo, el acceso a la vivienda o la producción de bienes públicos de carácter preferente como sanidad, educación y cultura.

Sin embargo, la disyuntiva de tener que elegir entre posibles alternativas de gasto e inversión, no es tan sencilla a la hora de tomar decisiones como podría parecer. Independientemente del condicionante ideológico y del contexto político que pueda enmascarar la verdadera importancia y necesidad de gastar en un tipo de políticas frente a otras, existe una realidad que exige distinguir claramente lo que son necesidades estructurales, para mantener y defender nuestro modelo democrático de convivencia en forma pacífica, de otras que, por tener un carácter más coyuntural, no dejan también de ser importantes a los ojos de los ciudadanos. En este sentido la Defensa representa un factor sistémico sobre el que se sustenta nuestro modelo constitucional y de libertades.

Por lo tanto, se puede asegurar que el gasto en Defensa y Seguridad Nacional es importante por su propia naturaleza sistémica y dentro del mismo, las inversiones en tecnologías de defensa también lo son y por partida doble ya que revisten un interés particular al aportar una doble componente positiva con relación a otros tipos de gasto de inversión. En primer lugar, la ventaja tecnológica que es uno de los factores determinantes para conseguir la superioridad en el combate. Esta es una realidad históricamente contrastada y que, por si cabía alguna duda, se ha vuelto a confirmar en la guerra de Ucrania. En segundo lugar, el gasto en inversión en defensa contribuye al impulso de un tejido productivo y empresarial cada vez más potente y avanzado. La dualidad que presentan la mayor parte de las tecnologías de carácter militar las convierte, desde el punto de vista de la mejora de la productividad y del crecimiento económico, en una parte estructural sobre la que se sustenta el modelo productivo capaz de garantizar la resiliencia y el bienestar social y económico.

Es por todo ello, que finalmente podemos concluir que la Defensa Nacional vale porque sirve y la tecnología de defensa sirve porque vale. Demos, por lo tanto, la bienvenida al aumento del gasto real en inversión en unos programas tecnológicos e innovadores tan necesarios e indispensables para mejorar nuestras capacidades militares, y a la vez coadyuvantes del desarrollo y potenciación de nuestro tejido económico, productivo y empresarial nacional.  

                                                                                                       

Guerra ruso-ucraniana. Propaganda, debates y controversias, por el coronel (Ret.) Fernando Pinto Cebrián

21. de octubre de 2022

https://www.despertaferro-ediciones.com/2022/guerra-ruso-ucraniana-debates-controversias-propaganda/

En los medios se han estado produciendo varios debates, basados en algunas certezas, especulaciones y opiniones que, en mayor medida, son desinformaciones, fruto de la propaganda y contrapropaganda de guerra. Una extensa variedad de fake news de diversos orígenes, en ocasiones derivadas de ciertos intereses políticos, buscan afirmar lo que se querría que ocurriera sobre lo que ha pasado, está pasando y pasará en la guerra ruso-ucraniana.

Estos debates han surgido y siguen surgiendo como consecuencia de lo complicado que es tratar de entender la guerra en todos sus procesos. Como guía aclaratoria veamos, sintéticamente, los debates más conocidos y difundidos en los medios de comunicación sobre la guerra ruso-ucraniana.

Toma de Bucha por las tropas ucranianas

Las primeras controversias

Con el soporte de expertos ucraniólogos y rusólogos de toda clase, tras la sorpresa inesperada de la invasión rusa hace siete meses en territorio ucraniano –fallo de los Servicios de Inteligencia occidentales que según la OTAN deberían producir información rápida en tiempo real para poder reaccionar con eficacia–, los debates apuntados se iniciaron con aquel que analizaba si tal acción era una guerra o no, ante la declaración rusa de que la invasión era solo una “operación militar especial”. Declaración que colocaba a dicha invasión, por no haber una declaración formal de guerra fuera de la concepción de una guerra convencional, aun cuando la misma fuera armada y violenta, con la realidad de que Europa estaba y está en guerra.

Concretamente, aquel debate sobre si el tipo de guerra es para unos convencional incluso acusando la acción sobre civiles, o híbrida para otros, si a la convencional se añaden procedimientos diferentes de los habituales, en apoyo a aquella confrontación bélica –proxy para los rusos ante la intervención bélica indirecta de los amigos de Ucrania–; o bien, para otros, se trata de una guerra total al estilo de la Segunda Guerra Mundial, en la que se actuó bélicamente con todo y contra todo.

Con el tiempo se debatió también sobre la duración de la guerra/conflicto. Por un lado, estaban aquellos que aseveraban que el conflicto sería de escasa duración, ya que los ucranianos recibirían a los rusos de brazos abiertos, con lo que la entrada en Ucrania sería un “paseo militar”, cosa que no ocurrió. Por el otro lado estaban los que, considerando los presuntos objetivos de Vladímir Putin –la anexión de la totalidad de Ucrania tras la caída de Kiev, o solo una parte fronteriza–, presumían que sería más larga. A la distancia de este debate, es posible anotar que ni siquiera los segundos acertaron del todo.

Como consecuencia, la aseveración de que la invasión rusa ha conseguido unir Europa y reforzar la OTAN en su contra –tal como se declaró en la Cumbre de la OTAN en Madrid–, ha sido planteada recientemente como posibilidad peligrosa por Josep Borrell, el alto representante de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la ONU, a la vista de que Hungría quiere una consulta popular sobre los efectos de las sanciones rusas y la determinación de soluciones. Esto, a pesar de que dicha aseveración no era clara para algunos pues lo que parecía tener claridad se podría romper en orden de los intereses nacionales de cada país, según avanzara el conflicto y la dureza de las sanciones rusas, las cuales ya están deteriorando y desestabilizando la economía europea y mundial.

A propósito de la mencionada unidad de los países europeos –discutida más adelante– junto a los EE. UU., se abrió el debate sobre si estábamos ya en una Tercera Guerra Mundial o no, en atención a la intervención, aunque no directamente bélica por su parte, a la existencia nominal de bloques internacionales de soporte para cada uno de los contendientes, a los apoyos logísticos bélicos de todo tipo a Ucrania –con entrega de armamento creciente en calidad y cantidad, formación de combate a sus fuerzas, etc.–; y el sufrimiento común de los rebotes de las sanciones impuestas a Rusia. Debate en el que la mayoría señaló que, aunque existiera la posibilidad de una escalada, de momento dialéctica, en dirección a la mundialización del conflicto, aún no se estaba en ella.

Líderes de la OTAN reunidos en Madrid-2022

No obstante, aún queda pendiente la amenaza rusa de comenzar la Tercera Guerra Mundial si las fuerzas de la OTAN entran en Ucrania, o si Ucrania pasa a ser miembro de tal organización. Al igual que existe la incertidumbre sobre si esta posible guerra mundial derivaría en una guerra nuclear, la cual nadie desea. Al respecto hay dos posturas, los que creen que esta amenaza no se producirá, a no ser que se rompa el efecto disuasorio que pasara de la advertencia a la realidad, o a que haya un error bélico en tal dirección –mismos que exigen a Putin que ponga fin a la guerra–; y aquellos que la ven completamente posible si, como inicio, se emplearan por parte rusa armas nucleares tácticas, en caso de que la situación bélica se torciera en demasía para los rusos, poniéndoles «entre la espada y la pared» como parece que está ocurriendo: movilización desorganizada de fuerzas con falta de recursos, avances territoriales ucranianos de reconquista, voladura en el puente de Kerch que une Rusia con Crimea,  sabotajes sobre los gaseoductos en el mar Báltico y en Polonia, etc.

El debate actual ante la reciente amenaza pública rusa de ataques nucleares –importante saber si solo se trata de un farol con intencionalidad disuasoria–, a pesar de algunos desmentidos diplomáticos, ha originado una respuesta europea y estadounidense que intenta ser disuasoria –maniobras de la OTAN de carácter anual con armamento nuclear, las Steadfast Noom–. No obstante, esta amenaza ha sido tomada en serio por algunos países fronterizos con Ucrania, como Moldavia, Rumanía, Hungría, Eslovaquia y Polonia, los cuales están adquiriendo pastillas de yodo y revisando sus búnkeres antinucleares ante la idea de que la misma pudiera ser auténtica.

También está el debate comparativo de las bajas de combatientes y de armamento en ambos bandos, esto sobre todo por el lado europeo, contando con el silencio ruso tratando de dirimir quién va perdiendo la guerra. Rusia tiene en la actualidad carencias en cuanto a armas y municiones. Al respecto, algunos señalan que incluso cuando su maquinaria e industria militar están desgastadas, todavía cuentan con potencial para seguir en la guerra; asimismo otros señalan que, a pesar de que también se está llevando a cabo en Europa la producción de armas y municiones –armamento que ante los recientes ataques a Kiev y otras quince ciudades ucranianas se va a reforzar con sistemas antimisiles dando instrucción a quien han de emplearlos– para Ucrania con el fin de atender sus propias reservas, Ucrania está creciendo en cuanto a la recepción de armamento y material bélico, de la mano de financiación bélica por parte de que quienes les apoyan, lo que va a impulsar al ejército ucraniano hacia la victoria. Y este apoyo será también necesario en el invierno, ante la dificultad para el movimiento de tropas y la acentuación, con seguridad, de los ataques rusos por el aire de cualquier tipo. En este terreno también hay que mencionar la poca experiencia bélica de las fuerzas rusas presentes frente a parte de las ucranianas, que llevaban combatiendo siete años en la región de Donbás contra los separatistas prorrusos, además de los buenos resultados de su táctica de golpear por sorpresa y huir sin enfrentarse nunca directamente.

Asimismo, se abrió el debate, sin exponer la doctrina bélica rusa –diferente en su concepción a la europea y estadounidense–, sobre si Putin tenía una estrategia definida o no. Esto entre los que admitían que lo que estaba tratando era recuperar un territorio que antes era ruso; afirmando a la vez que Rusia había sido engañada por la OTAN sobre las intenciones de reforzar Ucrania frente al Este. En el debate, igualmente estaban aquellos que veían, y siguen viendo más allá, considerando que Rusia atacará para reforzar su seguridad y retomar su presencia como potencia mundial, recuperando en el proceso la idea de volver a la Gran Rusia, a otros países europeos fronterizos con Rusia; y ello a pesar de que haya quienes consideran, a la vista de los acontecimientos, que Putin ha cambiado de estrategia en varias ocasiones: abandono del intento de ocupación de Kiev, traslado al Este de las operaciones, nuevo ataque a Kiev con misiles, junto a quince ciudades más, como «venganza», «castigo» o represalia; ante la pérdida de parte de los territorios anexionados, la voladura de parte del puente de Kerch y la amenaza reiterada de un ataque nuclear. Cambios que, al margen de intentar mejorar la opinión pública rusa sobre la guerra, no suponen nada en cuanto a la idea de Putin, al parecer fija, de seguir adelante con la guerra de cualquier forma.

Lo que se discute recientemente

Otro debate, actualmente abierto, es sobre el valor de las sanciones económicas a Rusia. Este, entre aquellos que, partidarios de las mismas, consideraron que el resultado se vería a largo plazo;  y entre aquellos que consideran que las sanciones, como parte de la guerra, una «guerra económica» que acompaña a la bélica, no resolverán el conflicto, anunciando al tiempo que el daño causado rebotaría contra Europa. Lo que abriría la puerta a una escalada de las mismas, pensando además que el efecto de las sanciones, que afectan al continente europeo y más allá, continuará en el tiempo aun cuando se alcanzara la paz. Y este debate viene acompañado del subsecuente respecto a cómo paliar, cara al presente y al futuro, las dependencias económicas.

Existe igualmente un debate referente al apoyo armamentístico y logístico, amén de otros –entre ellos, el entrenamiento de fuerzas ucranianas, tropas y mandos, la atención sanitaria, la acogida de desplazados, etc.–, a Ucrania. Este, entre aquellos que lo consideran esencial –factor decisivo para la OTAN, para evitar que Rusia gane la guerra– y los que hablan de no dar tal apoyo, dirigiendo los esfuerzos a abrir una negociación ante la idea de que la guerra terminaría pronto frente una Ucrania derrotada.

Respecto a la salud de Putin, siguiendo la creencia generalizada de que «muerto el perro se acabó la rabia», también se ha originado un debate entre los que decían tener información concreta al respecto, información que daba como seguro, ampliada con la observación de algunos de sus gestos de que Putin estaba enfermo, gravemente enfermo; y entre aquellos que, dudando, no la consideraron como hecho en ningún momento.

Además de la polémica que refería a una posible enfermedad que pudiera eliminar naturalmente a Putin, ha surgido otra discusión. En esta, por un lado están los que consideran la posibilidad de un golpe interno en Rusia que haga caer a Putin, idea que refuerzan con habilidad en su contra ante las presuntas quejas de soldados rusos en Ucrania, de sus familias, de la sociedad ante la actual movilización; ante los resultados de las sanciones, de las supuestas críticas de algunos generales y poderosos; todos, bajo la idea de que Putin ha perdido el control y que es ya incapaz de imponer su autoridad, que la invasión de Ucrania se ha vuelto contra él, que su régimen está desnortado. Y, por el otro lado, ante el tema están aquellos que consideran que el poder establecido por Putin y la presencia de una mayoría rusa nacionalista, aún no visualizada completamente al sentirse agredida por occidente, se pone a su lado, no se ha debilitado tanto, a pesar de algunos miedos a su poder,  como para ser derrocado. Y más, teniendo en cuenta la existencia de un círculo de poder próximo a Putin –el «partido de la guerra»– que exige más dureza sobre Ucrania, con acciones contra las infraestructuras vitales –energía, comunicaciones, transportes, etc.– y contra las vías de recepción de armas y medios europeos y estadounidenses para la guerra. Esto, con el objeto de colocar a Ucrania y, por ende a Europa, al borde de la supervivencia. Asimismo, hay que considerar la especulación de algunos analistas que refiere a que la ausencia de Putin no supondría ni el fin de la guerra ni que Rusia no continuara «defendiéndose» de Occidente.

Embajada de Rusia en Londres

Sobre quién está ganando o perdiendo la guerra ruso-ucraniana existe de igual forma cierta controversia. En tal caso, están los que consideran que Ucrania la ganará en un futuro más o menos lejano –que son los que manifestaban y manifiestan que la guerra no la han de ganar nunca los rusos–, sobre todo ante las ultimas reconquistas territoriales; de la mano de aquellos que afirman que la guerra está ya dada por perdida para Rusia, a la vista de lo que consideran señales de desesperación y debilidad en el ejército ruso: cambios frecuentes de generales y mandos militares, faltas de armas y de municiones. Igualmente, en el tema están los que no ven tan clara esa debilidad, dada la potencialidad rusa, de cara al futuro en su posible esfuerzo de guerra.

Un debate más responde a lo que algunos afirman sobre una posible ralentización de la guerra durante el invierno, por dificultar los movimientos de fuerzas; frente a la creencia de otros que, sin olvidar el peso de la artillería, de los misiles, de los drones y de la fuerza aérea, ven posible la continuidad bélica.

Y mientras, frente a tanto debate que ha surgido, como se puede cotejar, al compás de la evolución de la guerra bajo la mirada de los expertos antes aludidos, además de los que posiblemente se sigan planteando –ahora, por ejemplo, sobre el significado de la aplicación de la Ley Marcial por parte Rusia a los territorios irregularmente anexionados, respecto a la evacuación de civiles de la región de Jersón o sobre los nuevos aliados de Rusia, etc.–, todos ellos interrelacionados, nos vamos distanciando para aclarar el «aquí y ahora» que interesa, dejando igualmente de lado una cuestión que pudiera ser clave: ¿Qué se ha hecho en el terreno de la diplomacia para atajar la guerra?

Finalmente hay también un debate, aún inconcluso, que refiere que las partes que debieran negociar –al margen de las incitaciones a ello por parte occidental, y de lo que no hay mucho de cierto  todavía, sobre una posible reunión entre Biden y Putin en la Cumbre del G20 en Indonesia a mediados de noviembre–, no quieren hacerlo. Esto, ya que cada lado plantea exigencias encontradas. Al respecto, por un lado se encuentran los ucranianos calificando la guerra de «existencial», mostrando una elevada moral y gran voluntad de vencer, considerando la posibilidad real de derrotar a Rusia–incluso cuando Rusia llegase a emplear armamento nuclear–; empeñados, a su vez, en que se respete por parte rusa la integridad territorial de Ucrania, devolviendo todo el territorio ocupado, incluso Crimea –ello, al margen de que Volodímir Zelenski​ rechace hablar con un dirigente ruso, «criminal de guerra» y terrorista, mostrando así una falta de voluntad para negociar–. Por su parte Rusia, empeñada en continuar la guerra en Ucrania para ganarla, a pesar de los constantes apoyos de la UE y de la OTAN a Ucrania –lo que exacerba su belicismo–, no ve condiciones para la negociación –negociación que no quiere–. No obstante, algunos analistas intuyen que, en caso de producirse, Rusia exigiría el reconocimiento definitivo de Crimea como territorio ruso, que Ucrania admitiera que se repitieran los referéndums sobre las cuatro regiones anexionadas recientemente –Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia– bajo los auspicios de la ONU, y que, de cara al futuro, Ucrania sea neutral, sin formar parte de la OTAN.

En suma, ambas posiciones generan una situación de bloqueo sobre la que habría que haber considerado ya soluciones, con el fin de abrirla.

Coronel D. Fernando Pinto Cebrián

Coronel de Infantería y diplomado de Estado Mayor retirado. Exmiembro del CNI. Técnico de Inteligencia. Licenciado en Geografía e Historia por la UNED. Doctor en Historia por el Instituto Universitario de Historia «Simancas» (Universidad de Valladolid). Miembro correspondiente de la Sociedad de Geografía de Brasil. Socio fundador de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI). Miembro de la Asociación Española de Escritores Militares (AEME). Miembro de la Asociación de Exmiembros del Servicio de Inteligencia Español (AMSIE). Agregado a las embajadas de España en Brasil, Mauritania, Senegal, Mali y Angola. Autor de diversas publicaciones dedicadas a la historia, geografía, antropología y al terrorismo contemporáneo. Entre ellas: Las razones de la sinrazón de los terrorismos contemporáneos (Finvespol, 2017), Terrorismo yihadista e Inteligencia (Ediciones Áltera, 2019), Terrorismo y Contraterrorismo en España. La experiencia (Ediciones Áltera, 2021).

Reordenación de la seguridad transatlántica.

La invasión rusa de Ucrania ha vuelto a centrar el debate transatlántico sobre seguridad, hasta hace poco marcado por la frivolidad y la introversión. Las líneas divisorias tradicionales entre europeístas y atlantistas se redibujan, emerge una nueva división del trabajo entre la OTAN y la Unión Europea, y el equilibrio de poder entre los aliados muta. La flexibilidad, el pragmatismo y la funcionalidad deberían guiar el camino.

SOPHIA BESCH Y MARTIN QUENCEZ |  6 de octubre de 2022

Texto completo en:

Ucrania: ni guerra relámpago ni paz duradera

La prolongación de la guerra en Ucrania está teniendo graves consecuencias para todos los actores implicados. Las sanciones impuestas por algunos países a Moscú no solamente dañan la economía rusa, sino que tienen también duras repercusiones en toda Europa. La cohesión occidental está sometida a tensiones derivadas de las diferentes perspectivas a uno y otro lado del Atlántico. Y los alineamientos de la comunidad internacional ante la invasión rusa de Ucrania vienen fuertemente condicionados por los intereses de cada país en relación con su seguridad energética.

Fracasada la blitzkrieg rusa en Ucrania, la salida negociada del conflicto parece lejana. Las posturas de partida en torno a una hipotética mesa de negociación son irreconciliables. Todo apunta a un conflicto enquistado de larga duración: una guerra híbrida que descarta, indefinidamente, la paz duradera en la Europa del siglo xxi.

Documento elaborado por Francisco José Dacoba CerviñoGeneral de Brigada ET. Director del IEEE. @fran_dacoba

Documentos de interés

Ucrania: ni guerra relámpago, ni paz duradera

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Ukraine: no blitzkrieg, no lasting peace

Rusia, entre la mantequilla y las armas

JOSEP BORRELL / ALTO REPRESENTANTE DE LA UE PARA ASUNTOS EXTERIORES Y POLÍTICA DE SEGURIDAD

https://www.diariosur.es/opinion/rusia-mantequilla-armas-20220712000126-ntvo.html

Desde que Rusia violó deliberadamente el derecho internacional al invadir Ucrania, la UE ha adoptado seis paquetes de sanciones contra Moscú. Nuestras medidas se dirigen ahora a casi 1.200 personas y 98 entidades en Rusia, así como a un número importante de sectores de la economía del país. Estas sanciones se adoptaron en coordinación con los miembros del G7. Su eficacia se ve reforzada por el hecho de que más de 40 países (incluidos algunos tradicionalmente neutrales) han optado por ellas o han tomado medidas similares. A finales de 2022, habremos reducido nuestras importaciones de petróleo ruso en un 90% y estamos reduciendo rápidamente nuestras importaciones de gas.

Estas decisiones nos están liberando gradualmente de una dependencia que durante mucho tiempo ha inhibido nuestras opciones políticas frente a la agresividad de Vladímir Putin. Probablemente creía que Europa no se atrevería a aplicar sanciones debido a su dependencia energética. Este no es el menor de los muchos errores de apreciación del régimen ruso en este conflicto. Por supuesto, esta rápida desintoxicación de la energía rusa también crea serias dificultades para muchos países de la UE y para varios sectores de actividad. Pero este es el precio que tenemos que pagar por defender nuestras democracias y el derecho internacional, y estamos tomando las medidas necesarias para hacer frente a estos problemas de forma solidaria.

Algunos dirán, ¿pero estas sanciones afectan realmente a la economía rusa? La respuesta es sí. Porque si bien Rusia exporta muchas materias primas, también se ve obligada a importar muchos productos de alto valor añadido que no produce. En materia de tecnologías avanzadas, depende en un 45% de Europa y en un 21% de Estados Unidos, frente a solo un 11% de China. En el ámbito militar, crucial en el contexto de la guerra en Ucrania, las sanciones limitan la capacidad de Rusia para producir misiles de precisión como el Iskander o el KH 101. Casi todos los fabricantes de automóviles extranjeros también han decidido retirarse de Rusia y los pocos coches producidos por los fabricantes rusos se venderán sin airbags ni transmisiones automáticas.

La industria petrolera no solo sufre por la marcha de los operadores extranjeros, sino también por la dificultad de acceder a tecnologías avanzadas como la perforación horizontal. Es probable que la capacidad de la industria rusa para poner en marcha nuevos pozos sea limitada. Por último, para mantener el tráfico aéreo, Rusia tendrá que retirar de la circulación la mayoría de sus aviones para recuperar las piezas de recambio necesarias para que los demás puedan volar. A esto hay que añadir la pérdida de acceso a los mercados financieros, la desconexión de las grandes redes de investigación mundiales y la fuga masiva de cerebros.

En cuanto a la alternativa que China ofrecería a la economía rusa, sigue siendo limitada en la realidad, especialmente para los productos de alta tecnología. Hasta ahora, el Gobierno de Pekín, muy dependiente de sus exportaciones a los países desarrollados, no ha permitido a Rusia eludir las sanciones occidentales. Las exportaciones chinas a Rusia han disminuido en proporciones comparables a las de los países occidentales.

¿Estos impactos significativos y crecientes llevarán a Vladímir Putin a modificar sus cálculos estratégicos? Probablemente no en el futuro inmediato: sus acciones no se guían principalmente por la lógica económica. Sin embargo, al obligarle a elegir entre la mantequilla y los cañones, las sanciones le encierran en un círculo que se va estrechando poco a poco.

Queda el impacto de estas sanciones en terceros países, especialmente africanos, que dependen del trigo y los fertilizantes rusos y ucranianos. Las responsabilidades en la crisis alimentaria son claras: nuestras sanciones no se dirigen a las exportaciones rusas de trigo o fertilizantes, mientras que a Ucrania se le impide exportar su trigo por el bloqueo del Mar Negro y la destrucción causada por la agresión rusa. Si se materializan algunas dificultades potenciales relacionadas con nuestras sanciones, estamos preparados para poner en marcha los mecanismos adecuados para responder. He informado de ello a mis homólogos africanos y les he pedido que no se dejen engañar por las falsedades de las autoridades rusas sobre nuestras sanciones.

La verdadera respuesta a las dificultades de los mercados mundiales de energía y alimentos es el fin de la guerra. Esto no puede lograrse aceptando el ‘diktat’ ruso, sino con la retirada del ejército ruso de Ucrania. El respeto a la integridad territorial de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza no son principios occidentales ni europeos. Son el fundamento de todo el Derecho Internacional. Rusia los pisotea alegremente. Aceptar tal violación abriría la puerta a la ley de la selva a escala mundial.

En contra de lo que pensábamos con cierta ingenuidad hace unos años, la interdependencia económica no implica automáticamente una pacificación de las relaciones internacionales. Por eso es imperativo la transición hacia una Europa como potencia, que vengo reclamando desde el inicio de mi mandato. Ante la invasión de Ucrania, hemos empezado a pasar de la intención a la acción demostrando que, cuando se le provoca, Europa puede responder. Como no queremos entrar en guerra con Rusia, las sanciones económicas son ahora el núcleo de esta respuesta. Ya están empezando a surtir efecto y lo harán aún más en los próximos meses.

OTAN: DISTENSIÓN O GUERRA FRÍA. 1º Ciclo AEME 2022, por el Alm.(R). D. José Mª Treviño Ruiz

ANTECEDENTES

José María Treviño Ruiz. Fuente: www.realliganaval.com

El término Guerra Fría fue acuñado al acabar la SGM en 1945, tras crearse dos bloques, el Occidental-capitalista liderado por los EEUU, que culminó con la creación del Tratado del Atlántico Norte el 4 de abril de 1949 y el Oriental-comunista dirigido por la URSS, que dio lugar al Pacto de Varsovia firmado el 14 de mayo de 1955. La posesión del arma nuclear por ambos Tratados, supuso una carrera de armamentos que alcanzó su cúspide a mediados de los 80 con la estrategia de la Destrucción Mutua Asegurada o MAD, con más de 60.000 cabezas nucleares entre los dos bloques. Felizmente la elección de Mijail Gorbachov, Secretario General del Partido Comunista de la URSS y Ronald Reagan, a la sazón Presidente de los EEUU, supuso crear una relación de confianza e incluso de amistad entre ambos dirigentes, que comprendieron que una guerra nuclear con tamaño arsenal, eliminaría cualquier rastro de vida sobre la superficie terrestre. Cuando ambos acabaron sus respectivos mandatos, el número de ojivas nucleares se había reducido a la 6ª parte, 10.000, cifra que aún perdura entre los EEUU y Rusia.    

LA SITUACIÓN ACTUAL

En la cumbre de la OTAN en Riga, en noviembre de 2006, a la que no asistió el Presidente ruso Putin, pese a estar invitado, el problema entonces latente era la guerra de Afganistán, que llegó a requerir 160.000 efectivos de las Naciones Aliadas Miembro. Hay que destacar que esta fue la primera cumbre a celebrar en un estado báltico con frontera física con Rusia, y cuya seguridad  estaba a cargo de la Alianza, como bien hizo notar la entonces Presidenta de Letonia, Vaira Vike Freiberga, cuya permanencia en la cima del gobierno durante ocho años, supuso conseguir dos importantes objetivos políticos para su país, cuyo  ejemplo seguirían sus vecinos bálticos y más tarde las antiguas naciones del Pacto de Varsovia sin excepción: el ingreso en la Unión Europea, para conseguir la estabilidad y bienestar económico y la entrada en la OTAN, para obtener dentro  de la Alianza una seguridad garantizada por el artículo 5 del Tratado de Washington de 1949.. Desgraciadamente la visión política de esta gran señora, que tras la ocupación soviética de Riga, tuvo que huir a Alemania, y posteriormente a Canadá, pudiendo regresar a su país en 1991, no la tuvieron lo dirigentes de Ucrania, ya que según el punto de vista de cada presidente, se solicitaba el ingreso o no en la OTAN, así el Presidente Kravchuk, firmó la participación de su país como miembro del Partenariado para la Paz o PfP en1994, su sucesor Kuchma, estableció en 1997 una Comisión NATO-Ucrania, y posteriormente en 2002, esa Comisión inició un Plan de Acción, para entrar en la Alianza, enviando incluso tropas ucranianas a Irak en 2003 con los efectivos de la OTAN hasta 2006. Inexplicablemente en julio de 2004, Kuchma comunicó a la comisión NATO-Ucrania, que el ingreso en la Alianza no era un objetivo prioritario. En 2005 tras la Revolución Naranja, se hizo cargo de la Presidencia Yushchenko, firme partidario del ingreso en la OTAN, iniciando el programa MAP (Membership Action Plan) o Plan de Acción para ser Miembro, pero en 2006 el Parlamento eligió a Yanukovich como nuevo Presidente de Ucrania, eligiendo éste una línea contraria a la de su predecesor con el apoyo del Presidente Putin. Tras las revueltas de la Plaza de Euromaidán en 2013, Yanukovich huyó a Moscú, sucediéndole Poroshenko en 2014, que inmediatamente hizo prioritario el ingreso en la OTAN al mismo tiempo que también solicitaba la entrada en la Unión Europea, si bien esta última Organización, en boca del Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, contemplaba un plazo de 20 a 25 años para entrar en ambas Organizaciones, pese a que el Parlamento ucraniano había votado con una amplia mayoría de 334 votos sobre 385 a favor de entrar en las dos organizaciones. En mayo de 2019 ganó las elecciones el actual Presidente, Zelensky, solicitando un nuevo MAP, para entrar en la Alianza, pero con el conflicto encubierto con Rusia en la región del Donbas, ese ingreso en la OTAN no era viable, pues a la ocupación de la Península de Crimea en 2014, o su recuperación según el punto de vista ruso, siguieron  la independencia unilateral de las provincias ucranianas de Donetsk y Luhansk iniciándose el consiguiente conflicto armado en el Donbas por el incumplimiento de los acuerdos de Minsk I y II de septiembre de 2014 y febrero de 2015 respectivamente. A raíz de ese incumplimiento, el peligro de una invasión rusa de Ucrania empezó a cernirse en el horizonte, por lo que la OTAN inició prudentemente un despliegue de tropas de refuerzo en los tres estados bálticos, así como en Polonia y Rumanía, por su proximidad y frontera física de alguno de ellos, con la Federación Rusa.

Los recientes y graves acontecimientos producidos por la Operación Especial ordenada por el Presidente ruso Putin, que enmascaraba una invasión por vía terrestre de Ucrania, ha encendido todas las luces de alarma de la Alianza, que ha comprobado que tanto sus directrices políticas como militares, se han mostrado insuficientes a la hora de impedir la invasión militar por parte de una potencia nuclear a un país libre que no pertenezca a la OTAN, contrariamente a la posibilidad por parte de la Alianza, de llevar a cabo operaciones militares en terceros países con efectivos de las Naciones Miembro bajo Mando Aliado, como las realizadas en Yugoslavia, Irak, Afganistán y Libia. Paradójicamente, esta supuesta imposibilidad ha servido para aumentar el peso y valor especifico de la Alianza, al mostrar a las naciones europeas el grave riesgo que supone estar fuera del paraguas protector de la mayor Alianza Militar de la Historia, venciendo las reticencias de naciones tradicionalmente neutrales, como Finlandia y Suecia, moviéndolas  a abandonar su política de observadores internacionales imparciales a los que en teoría nada les puede afectar en el ámbito de los conflictos y guerras de terceros países.

CONCLUSIONES

La situación actual entre la OTAN y Rusia, dista mucho de la distensión creada en 1985 entre Ronald Regan y Mijail Gorbachov, que consiguieron crear una atmósfera de confianza en plena Guerra Fría que culminaría con la caída del Muro de Berlín, permitida por Gorbachov y cuyas consecuencias fueron la desaparición de la URSS y del Pacto de Varsovia en 1991, quedando la OTAN como única alianza supranacional político-militar a la que algunas naciones le atribuyeron el papel de gendarme mundial. El anterior Presidente de EEUU, Donald Trump, del partido republicano al igual que Reagan, intentó establecer una relación de confianza con su homólogo Putin, que posiblemente, de haber conseguido un segundo mandato habría llegado a buen término. La llegada del demócrata  Biden interrumpió esa política de entendimiento rompiéndose los puentes de entendimiento entre la Casa Blanca y el Kremlin, antes de la invasión de Ucrania, provocando esta invasión la rotura de cualquier diálogo entre Biden y Putin para parar esa guerra injusta y demencial. Con un fin sine die, qué duda cabe que si alguna vez se logra el alto el fuego y un tratado de paz entre Rusia y Ucrania, las relaciones con la OTAN ya no serán las mismas de antes del 24 de febrero de 2022, habiéndose dado el pistoletazo de salida a una costosísima carrera de armamentos entre las naciones europeas y Rusia, que en el caso de la Unión Europea no garantiza la seguridad física de sus 27 miembros, excepto de aquellos que pertenezcan a la OTAN, hecho que ha provocado que tanto Finlandia, con 1.300 km de frontera con Rusia, como Suecia, país ribereño del Báltico, hayan solicitado su ingreso urgente en la Alianza, como un seguro de vida para su integridad física. La pregunta pertinente que nos queda en el aire es la siguiente: si el Gobierno y Parlamento ucraniano hubiesen solicitado por el mismo procedimiento de Finlandia y Suecia, un MAP corto y en 2014, Ucrania ya hubiese sido un miembro efectivo de la OTAN, ¿se habría Putin atrevido a invadir a su vecino occidental? La respuesta se la dejo al avezado lector.

José Mª Treviño Ruiz, Almirante         

                                                                Asociación Española de Militares Escritores

Jactancia armada y falacias

EDITORIAL (10.05.2022)

Las falsas excusas de Putin para la guerra confirman que un autócrata no necesita pruebas para presentar sus actos como inevitables

La conmemoración del Día de la Victoria de la URSS frente a la Alemania nazi se anunciaba inquietante como el momento elegido por Vladímir Putin para celebrar un triunfo definitivo en Ucrania, declarar la guerra con la movilización de reservistas o dar paso al empleo de armas nucleares tácticas. Nada de eso ocurrió ayer. El autócrata del Kremlin volvió a apropiarse de tan señalada fecha haciendo de su régimen la síntesis entre el pasado soviético y el poder acumulado tras su caída, y reduciendo el sacrificio que entre otros realizaron millones de ucranianos al blandir la bandera rusa. Aunque esta vez renunció a justificar la pretendida invasión de Ucrania por el nazismo y el genocidio que encarnaría el Gobierno de Kiev para ofrecer la enésima versión de su sinrazón: que Occidente atacaba a Rusia en el territorio que considera propio del Donbás y Crimea.

Las dictaduras no necesitan argumentos probatorios para explicar la inevitabilidad de sus actos, por crueles que sean estos. Los portavoces del Kremlin van desgranando sus supuestos motivos en la seguridad de que la mayoría de sus súbditos no osarán mostrar públicamente su escepticismo y mucho menos su oposición a una «operación militar especial» de la que Putin insistió ayer en que proseguía sobre los planes previstos. El mensaje no resultó precisamente victorioso. Pero vino a dar por sentado que el Donbás forma parte de la «tierra rusa». Como si, ante las dificultades por hacer efectiva su ocupación por la fuerza, Putin volviese a dibujar una patria expansiva por naturaleza, de manera que toda resistencia a sus pretensiones se convierte en agresión.

El régimen de Moscú es un sistema sin contrapesos, capaz de hacer un uso ilimitado de la anulación de derechos básicos y de la falacia. Ayer hizo desfilar por la Plaza Roja ingenios a los que se les supone una capacidad destructiva atroz, pero que parecían inermes. Ucrania, los aliados de la OTAN y de la UE están poniendo en evidencia el poder militar ruso. Será muy difícil que el Kremlin pueda alcanzar una victoria significativa e irreversible sobre Ucrania, a la que Putin ni siquiera nombró, aunque, en contraste con la endeblez de su jactancia armada, Rusia se está mostrando más correosa ante las sanciones económicas porque los países democráticos siguen siendo en mayor o menor medida dependientes de sus fuentes de energía. Pero la ventaja rusa irá desvaneciéndose a pesar del oportunismo doméstico al que se aferra su líder.

Guerra contra Ucrania. Por el General Vicente Díaz de Villegas

Llegó el día 9 con la expectativa de la declaración de Putin sobre el curso de la guerra en Ucrania. Ningún trofeo puede presentar, ni siquiera Azovstal, sólo limitadas victórias pírricas en el Este y SE y mucha destrucción. 

Se esperaban dos grandes decisiones, la posible declaración de Guerra, que supera la de “Operación Especial”, y la impopular orden de Movilización, que ya ha hecho salir de Rusia a muchos posibles afectados. Ambas servirían para reforzar sus capacidades en Ucrania. Ninguna de ellas se ha producido, aunque si ha hablado de Guerra y de que fué una decisión forzada, apropiada y correcta.

Putin ha basado su discurso en otra mentira victimista sobre una supuesta preparación OTAN para invadir la Crimea que el mismo ocupó en 2014, traicionando los acuerdos de 1991, 1994 y 1997 entre Rusia y Ucrania, sobre desnuclearización de Ucrania, reconocimiento de fronteras, reparto de armas y bases y compromiso de no agresión. Putin no ha mencionado en su discurso a Ucrania borrando su existencia.

Añadía Putin que también se preparaba desde OTAN una operación de castigo a las provincias secesionistas del Donbass, que el apoya, y que defender el país es algo sagrado. Dirigiéndose a los soldados dijo: «Estáis luchando por nuestra gente en Donbas y por la seguridad de Rusia”.

La única decisión que anunció Putin fue que: «La muerte de cada soldado y oficial es dolorosa para nosotros”. «el Estado hará todo lo posible para cuidar de estas familias, el decreto está firmado”.Y efectivamente miles de soldados han muerto, entre ellos 12 generales y 39 coroneles o tenientes coroneles, y muchos más han resultado heridos (más de 23.000 bajas).

Sin embargo lo que ha quedado a la vista es que, a la invasión ilegal y no provocada, a una gratuita acción destructora y a los asesinatos de civiles, se ha sumado la incapacidad profesional militar traducida en derrotas en el N y tablas en el E y SE con grandes perdidas humanas rusas.

Zelensky por su parte no renuncia para nada a recuperar todos los territorios ocupados por Putin desde 2014, incluido Crimea. Estas posturas diferentes significan alargamiento de las operaciones y una carrera contra el tiempo entre los refuerzos rusos y los apoyos de material de países OTAN y occidentales.

En estos días Ucrania puede presentar como épica, la defensa del complejo de Azovstal en Mariupol, que recuerda gestas españolas como las de Sagunto ante los cartagineses, Numancia ante las legiones romanas, los Últimos de Filipinas en su independencia y guerra contra EEUU 1898, el Alcazar de Toledo ante al Frente popular en 1936.

Es difícil que se llegue a un acuerdo cuando Putin incrementa su apuesta, imponiendo ya su moneda, el Rublo, en los territorios ocupados, al tiempo que va haciendo desaparecer los líderes ucranianos. El Oblast de Kherson pretende convertirlo en otra República afin a sus intereses, como las de Donetsz y Lugansk, para después anexionarlas a Rusia.

Putin busca distraer y expandir el conflicto a otros escenarios fuera de Ucrania como Transnitria o Kaliningrado, quizás el N de Africa pero también a él se le abren otros escenarios fuera de Ucrania: se suceden los incendios y explosiones en el interior de Rusia, Azerbayan reanuda su ofensiva en Nagorno Karabaj, Georgia está alerta para tratar de recuperar Osetia y Abjasia, Moldavia también se prepara para rechazar la agresión desde Transnitria y contraatacar para recuperar ese enclave arrebatado por los rusos, también debería atender a una posible reanudación de las operaciones en Chechenia y finalmente a unos rumores de Golpe de Estado.

Sobre el terreno Ucrania se ha lanzado a una contraofensiva sobre las fuerzas rusas en Karkov y los rusos se han retirado volando puentes lo que da a entender que no van a volver por ahi.

Los Apoyos occidentales ya están sumando su efecto, en particular la artillería de 155 con mayor alcance y precisión que la de 152. Un ejemplo de materiales y alcances son: del lado ruso TOS 1A cohetes de 6 Km; el D-30 de 22Km, el 2S 19 de 29Km o el 2S7 203 de 37,5 Km; del lado occidental de apoyo a ucrania el US M777 de 41Km, el Cesar francés de 42Km, el PzH 2000 155mm ATP alemán de 41 Km, ademas de munición guiada Excalibur M829 GPS -a cualquier blanco localizado de 2×2 metros- y munición de alcances aumentados.

Los mayores alcance y precisión alejan a la artillería enemiga de las posiciones y poblaciones como Kharkov.

Mientras, se espera la llegada de Carros de Combate al frente Este; carros que contrariamente a lo que creen continuan siendo un elemento fundamental en la batalla terrestre adecuadamente empleados y protegidos.

Rusia incrementa los ataques aéreos de de misiles sobre líneas de comunicación tratando de frenar los refuerzos ucranianos.

Rusia aprieta a las defensas ucranianas de Izyum atacando, pero sigue manteniendo frentes abiertos como Odessa que cerraría la salida al mar Negro de Ucrania, después de haberle cerrado el mar de Azov y destruido Mariupol, pero Rusia ha sido incapaz de sobrepasar los dos puentes que cruzan el río por  Mykolaiv y ha perdido ademas del insignia , Moscú, una fragata, 2 patrulleras,… y 3 cazas Sukoi 30 Flanker en 48 horas. 

Odessa tiene connotaciones con la historia de España. En septiembre de 1789 el asentamiento fue conquistado por cosacos y tropas del imperio ruso  al mando del español Jose de Ribas tras de lo cual, el asentamiento se renombró pasando de ser Kotsubiyiva a Odesa. En 1936, llegaban a Odessa cuatro buques soviéticos con los casi 600.000 kilos de oro puro saqueado del Banco de España por “La banda de los Cuatro”. Otra fué la llegada a Barcelona en abril de 1954 de los 229 supervivientes prisioneros de la fuerza expedicionaria de voluntarios, la “División Azul”, procedentes del puerto ucraniano de Odessa.

Se aleja la amenaza nuclear pero el odio entre pueblos, tras la invasion y los crímenes rusos tardarán en desaparecer. Rusia o refuerza o pide alto el fuego, pero, si se le permite mantener su ocupación del Donbass, Kherson y otros puntos del territorio, estos le servirían de base de partida para continuar lo que inició ocupando Crimea en 2014.

La negociación, de no salir todas las fuerzas rusas de Ucrania, quedaría a plazos para no convertirse en una nueva Corea. Sin duda las sanciones jugaran durante un tiempo, pero tampoco demasiado para que no se busquen caminos para burlarlas.

La guerra debía haberse evitado y Francia, Alemania, Reino Unido y EEUU cada uno con su influencia y relación debían haber cortado la trayectoria de Putin sin cometer el mismo error que cometieron Daladier y Chamberlain con Hitler antes de la 2ª Guerra Mundial con sus sucesivas invasiones. Ahora se avecina una nueva Europa con Polonia y Ucrania

De la Guerra en Ucrania cabe sacar las siguientes conclusiones: Solo una Nación soberana puede proporcionar seguridad a sus ciudadanos sin esperar a los organismos internacionales y para ello se necesita un instrumento militar nacional fuerte y una implicación de la población integrada o no en unidades de Defensa Operativa del Territorio. La Paz no es lo primero, ni tampoco las prisas, el propósito ha de ser vencer al agresor para recuperar la libertad y todo lo perdido. Hace falta un liderazgo politico enamorado de su patria.

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