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Rusia, entre la mantequilla y las armas

JOSEP BORRELL / ALTO REPRESENTANTE DE LA UE PARA ASUNTOS EXTERIORES Y POLÍTICA DE SEGURIDAD

https://www.diariosur.es/opinion/rusia-mantequilla-armas-20220712000126-ntvo.html

Desde que Rusia violó deliberadamente el derecho internacional al invadir Ucrania, la UE ha adoptado seis paquetes de sanciones contra Moscú. Nuestras medidas se dirigen ahora a casi 1.200 personas y 98 entidades en Rusia, así como a un número importante de sectores de la economía del país. Estas sanciones se adoptaron en coordinación con los miembros del G7. Su eficacia se ve reforzada por el hecho de que más de 40 países (incluidos algunos tradicionalmente neutrales) han optado por ellas o han tomado medidas similares. A finales de 2022, habremos reducido nuestras importaciones de petróleo ruso en un 90% y estamos reduciendo rápidamente nuestras importaciones de gas.

Estas decisiones nos están liberando gradualmente de una dependencia que durante mucho tiempo ha inhibido nuestras opciones políticas frente a la agresividad de Vladímir Putin. Probablemente creía que Europa no se atrevería a aplicar sanciones debido a su dependencia energética. Este no es el menor de los muchos errores de apreciación del régimen ruso en este conflicto. Por supuesto, esta rápida desintoxicación de la energía rusa también crea serias dificultades para muchos países de la UE y para varios sectores de actividad. Pero este es el precio que tenemos que pagar por defender nuestras democracias y el derecho internacional, y estamos tomando las medidas necesarias para hacer frente a estos problemas de forma solidaria.

Algunos dirán, ¿pero estas sanciones afectan realmente a la economía rusa? La respuesta es sí. Porque si bien Rusia exporta muchas materias primas, también se ve obligada a importar muchos productos de alto valor añadido que no produce. En materia de tecnologías avanzadas, depende en un 45% de Europa y en un 21% de Estados Unidos, frente a solo un 11% de China. En el ámbito militar, crucial en el contexto de la guerra en Ucrania, las sanciones limitan la capacidad de Rusia para producir misiles de precisión como el Iskander o el KH 101. Casi todos los fabricantes de automóviles extranjeros también han decidido retirarse de Rusia y los pocos coches producidos por los fabricantes rusos se venderán sin airbags ni transmisiones automáticas.

La industria petrolera no solo sufre por la marcha de los operadores extranjeros, sino también por la dificultad de acceder a tecnologías avanzadas como la perforación horizontal. Es probable que la capacidad de la industria rusa para poner en marcha nuevos pozos sea limitada. Por último, para mantener el tráfico aéreo, Rusia tendrá que retirar de la circulación la mayoría de sus aviones para recuperar las piezas de recambio necesarias para que los demás puedan volar. A esto hay que añadir la pérdida de acceso a los mercados financieros, la desconexión de las grandes redes de investigación mundiales y la fuga masiva de cerebros.

En cuanto a la alternativa que China ofrecería a la economía rusa, sigue siendo limitada en la realidad, especialmente para los productos de alta tecnología. Hasta ahora, el Gobierno de Pekín, muy dependiente de sus exportaciones a los países desarrollados, no ha permitido a Rusia eludir las sanciones occidentales. Las exportaciones chinas a Rusia han disminuido en proporciones comparables a las de los países occidentales.

¿Estos impactos significativos y crecientes llevarán a Vladímir Putin a modificar sus cálculos estratégicos? Probablemente no en el futuro inmediato: sus acciones no se guían principalmente por la lógica económica. Sin embargo, al obligarle a elegir entre la mantequilla y los cañones, las sanciones le encierran en un círculo que se va estrechando poco a poco.

Queda el impacto de estas sanciones en terceros países, especialmente africanos, que dependen del trigo y los fertilizantes rusos y ucranianos. Las responsabilidades en la crisis alimentaria son claras: nuestras sanciones no se dirigen a las exportaciones rusas de trigo o fertilizantes, mientras que a Ucrania se le impide exportar su trigo por el bloqueo del Mar Negro y la destrucción causada por la agresión rusa. Si se materializan algunas dificultades potenciales relacionadas con nuestras sanciones, estamos preparados para poner en marcha los mecanismos adecuados para responder. He informado de ello a mis homólogos africanos y les he pedido que no se dejen engañar por las falsedades de las autoridades rusas sobre nuestras sanciones.

La verdadera respuesta a las dificultades de los mercados mundiales de energía y alimentos es el fin de la guerra. Esto no puede lograrse aceptando el ‘diktat’ ruso, sino con la retirada del ejército ruso de Ucrania. El respeto a la integridad territorial de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza no son principios occidentales ni europeos. Son el fundamento de todo el Derecho Internacional. Rusia los pisotea alegremente. Aceptar tal violación abriría la puerta a la ley de la selva a escala mundial.

En contra de lo que pensábamos con cierta ingenuidad hace unos años, la interdependencia económica no implica automáticamente una pacificación de las relaciones internacionales. Por eso es imperativo la transición hacia una Europa como potencia, que vengo reclamando desde el inicio de mi mandato. Ante la invasión de Ucrania, hemos empezado a pasar de la intención a la acción demostrando que, cuando se le provoca, Europa puede responder. Como no queremos entrar en guerra con Rusia, las sanciones económicas son ahora el núcleo de esta respuesta. Ya están empezando a surtir efecto y lo harán aún más en los próximos meses.

OTAN: DISTENSIÓN O GUERRA FRÍA. 1º Ciclo AEME 2022, por el Alm.(R). D. José Mª Treviño Ruiz

ANTECEDENTES

José María Treviño Ruiz. Fuente: www.realliganaval.com

El término Guerra Fría fue acuñado al acabar la SGM en 1945, tras crearse dos bloques, el Occidental-capitalista liderado por los EEUU, que culminó con la creación del Tratado del Atlántico Norte el 4 de abril de 1949 y el Oriental-comunista dirigido por la URSS, que dio lugar al Pacto de Varsovia firmado el 14 de mayo de 1955. La posesión del arma nuclear por ambos Tratados, supuso una carrera de armamentos que alcanzó su cúspide a mediados de los 80 con la estrategia de la Destrucción Mutua Asegurada o MAD, con más de 60.000 cabezas nucleares entre los dos bloques. Felizmente la elección de Mijail Gorbachov, Secretario General del Partido Comunista de la URSS y Ronald Reagan, a la sazón Presidente de los EEUU, supuso crear una relación de confianza e incluso de amistad entre ambos dirigentes, que comprendieron que una guerra nuclear con tamaño arsenal, eliminaría cualquier rastro de vida sobre la superficie terrestre. Cuando ambos acabaron sus respectivos mandatos, el número de ojivas nucleares se había reducido a la 6ª parte, 10.000, cifra que aún perdura entre los EEUU y Rusia.    

LA SITUACIÓN ACTUAL

En la cumbre de la OTAN en Riga, en noviembre de 2006, a la que no asistió el Presidente ruso Putin, pese a estar invitado, el problema entonces latente era la guerra de Afganistán, que llegó a requerir 160.000 efectivos de las Naciones Aliadas Miembro. Hay que destacar que esta fue la primera cumbre a celebrar en un estado báltico con frontera física con Rusia, y cuya seguridad  estaba a cargo de la Alianza, como bien hizo notar la entonces Presidenta de Letonia, Vaira Vike Freiberga, cuya permanencia en la cima del gobierno durante ocho años, supuso conseguir dos importantes objetivos políticos para su país, cuyo  ejemplo seguirían sus vecinos bálticos y más tarde las antiguas naciones del Pacto de Varsovia sin excepción: el ingreso en la Unión Europea, para conseguir la estabilidad y bienestar económico y la entrada en la OTAN, para obtener dentro  de la Alianza una seguridad garantizada por el artículo 5 del Tratado de Washington de 1949.. Desgraciadamente la visión política de esta gran señora, que tras la ocupación soviética de Riga, tuvo que huir a Alemania, y posteriormente a Canadá, pudiendo regresar a su país en 1991, no la tuvieron lo dirigentes de Ucrania, ya que según el punto de vista de cada presidente, se solicitaba el ingreso o no en la OTAN, así el Presidente Kravchuk, firmó la participación de su país como miembro del Partenariado para la Paz o PfP en1994, su sucesor Kuchma, estableció en 1997 una Comisión NATO-Ucrania, y posteriormente en 2002, esa Comisión inició un Plan de Acción, para entrar en la Alianza, enviando incluso tropas ucranianas a Irak en 2003 con los efectivos de la OTAN hasta 2006. Inexplicablemente en julio de 2004, Kuchma comunicó a la comisión NATO-Ucrania, que el ingreso en la Alianza no era un objetivo prioritario. En 2005 tras la Revolución Naranja, se hizo cargo de la Presidencia Yushchenko, firme partidario del ingreso en la OTAN, iniciando el programa MAP (Membership Action Plan) o Plan de Acción para ser Miembro, pero en 2006 el Parlamento eligió a Yanukovich como nuevo Presidente de Ucrania, eligiendo éste una línea contraria a la de su predecesor con el apoyo del Presidente Putin. Tras las revueltas de la Plaza de Euromaidán en 2013, Yanukovich huyó a Moscú, sucediéndole Poroshenko en 2014, que inmediatamente hizo prioritario el ingreso en la OTAN al mismo tiempo que también solicitaba la entrada en la Unión Europea, si bien esta última Organización, en boca del Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, contemplaba un plazo de 20 a 25 años para entrar en ambas Organizaciones, pese a que el Parlamento ucraniano había votado con una amplia mayoría de 334 votos sobre 385 a favor de entrar en las dos organizaciones. En mayo de 2019 ganó las elecciones el actual Presidente, Zelensky, solicitando un nuevo MAP, para entrar en la Alianza, pero con el conflicto encubierto con Rusia en la región del Donbas, ese ingreso en la OTAN no era viable, pues a la ocupación de la Península de Crimea en 2014, o su recuperación según el punto de vista ruso, siguieron  la independencia unilateral de las provincias ucranianas de Donetsk y Luhansk iniciándose el consiguiente conflicto armado en el Donbas por el incumplimiento de los acuerdos de Minsk I y II de septiembre de 2014 y febrero de 2015 respectivamente. A raíz de ese incumplimiento, el peligro de una invasión rusa de Ucrania empezó a cernirse en el horizonte, por lo que la OTAN inició prudentemente un despliegue de tropas de refuerzo en los tres estados bálticos, así como en Polonia y Rumanía, por su proximidad y frontera física de alguno de ellos, con la Federación Rusa.

Los recientes y graves acontecimientos producidos por la Operación Especial ordenada por el Presidente ruso Putin, que enmascaraba una invasión por vía terrestre de Ucrania, ha encendido todas las luces de alarma de la Alianza, que ha comprobado que tanto sus directrices políticas como militares, se han mostrado insuficientes a la hora de impedir la invasión militar por parte de una potencia nuclear a un país libre que no pertenezca a la OTAN, contrariamente a la posibilidad por parte de la Alianza, de llevar a cabo operaciones militares en terceros países con efectivos de las Naciones Miembro bajo Mando Aliado, como las realizadas en Yugoslavia, Irak, Afganistán y Libia. Paradójicamente, esta supuesta imposibilidad ha servido para aumentar el peso y valor especifico de la Alianza, al mostrar a las naciones europeas el grave riesgo que supone estar fuera del paraguas protector de la mayor Alianza Militar de la Historia, venciendo las reticencias de naciones tradicionalmente neutrales, como Finlandia y Suecia, moviéndolas  a abandonar su política de observadores internacionales imparciales a los que en teoría nada les puede afectar en el ámbito de los conflictos y guerras de terceros países.

CONCLUSIONES

La situación actual entre la OTAN y Rusia, dista mucho de la distensión creada en 1985 entre Ronald Regan y Mijail Gorbachov, que consiguieron crear una atmósfera de confianza en plena Guerra Fría que culminaría con la caída del Muro de Berlín, permitida por Gorbachov y cuyas consecuencias fueron la desaparición de la URSS y del Pacto de Varsovia en 1991, quedando la OTAN como única alianza supranacional político-militar a la que algunas naciones le atribuyeron el papel de gendarme mundial. El anterior Presidente de EEUU, Donald Trump, del partido republicano al igual que Reagan, intentó establecer una relación de confianza con su homólogo Putin, que posiblemente, de haber conseguido un segundo mandato habría llegado a buen término. La llegada del demócrata  Biden interrumpió esa política de entendimiento rompiéndose los puentes de entendimiento entre la Casa Blanca y el Kremlin, antes de la invasión de Ucrania, provocando esta invasión la rotura de cualquier diálogo entre Biden y Putin para parar esa guerra injusta y demencial. Con un fin sine die, qué duda cabe que si alguna vez se logra el alto el fuego y un tratado de paz entre Rusia y Ucrania, las relaciones con la OTAN ya no serán las mismas de antes del 24 de febrero de 2022, habiéndose dado el pistoletazo de salida a una costosísima carrera de armamentos entre las naciones europeas y Rusia, que en el caso de la Unión Europea no garantiza la seguridad física de sus 27 miembros, excepto de aquellos que pertenezcan a la OTAN, hecho que ha provocado que tanto Finlandia, con 1.300 km de frontera con Rusia, como Suecia, país ribereño del Báltico, hayan solicitado su ingreso urgente en la Alianza, como un seguro de vida para su integridad física. La pregunta pertinente que nos queda en el aire es la siguiente: si el Gobierno y Parlamento ucraniano hubiesen solicitado por el mismo procedimiento de Finlandia y Suecia, un MAP corto y en 2014, Ucrania ya hubiese sido un miembro efectivo de la OTAN, ¿se habría Putin atrevido a invadir a su vecino occidental? La respuesta se la dejo al avezado lector.

José Mª Treviño Ruiz, Almirante         

                                                                Asociación Española de Militares Escritores

Jactancia armada y falacias

EDITORIAL (10.05.2022)

Las falsas excusas de Putin para la guerra confirman que un autócrata no necesita pruebas para presentar sus actos como inevitables

La conmemoración del Día de la Victoria de la URSS frente a la Alemania nazi se anunciaba inquietante como el momento elegido por Vladímir Putin para celebrar un triunfo definitivo en Ucrania, declarar la guerra con la movilización de reservistas o dar paso al empleo de armas nucleares tácticas. Nada de eso ocurrió ayer. El autócrata del Kremlin volvió a apropiarse de tan señalada fecha haciendo de su régimen la síntesis entre el pasado soviético y el poder acumulado tras su caída, y reduciendo el sacrificio que entre otros realizaron millones de ucranianos al blandir la bandera rusa. Aunque esta vez renunció a justificar la pretendida invasión de Ucrania por el nazismo y el genocidio que encarnaría el Gobierno de Kiev para ofrecer la enésima versión de su sinrazón: que Occidente atacaba a Rusia en el territorio que considera propio del Donbás y Crimea.

Las dictaduras no necesitan argumentos probatorios para explicar la inevitabilidad de sus actos, por crueles que sean estos. Los portavoces del Kremlin van desgranando sus supuestos motivos en la seguridad de que la mayoría de sus súbditos no osarán mostrar públicamente su escepticismo y mucho menos su oposición a una «operación militar especial» de la que Putin insistió ayer en que proseguía sobre los planes previstos. El mensaje no resultó precisamente victorioso. Pero vino a dar por sentado que el Donbás forma parte de la «tierra rusa». Como si, ante las dificultades por hacer efectiva su ocupación por la fuerza, Putin volviese a dibujar una patria expansiva por naturaleza, de manera que toda resistencia a sus pretensiones se convierte en agresión.

El régimen de Moscú es un sistema sin contrapesos, capaz de hacer un uso ilimitado de la anulación de derechos básicos y de la falacia. Ayer hizo desfilar por la Plaza Roja ingenios a los que se les supone una capacidad destructiva atroz, pero que parecían inermes. Ucrania, los aliados de la OTAN y de la UE están poniendo en evidencia el poder militar ruso. Será muy difícil que el Kremlin pueda alcanzar una victoria significativa e irreversible sobre Ucrania, a la que Putin ni siquiera nombró, aunque, en contraste con la endeblez de su jactancia armada, Rusia se está mostrando más correosa ante las sanciones económicas porque los países democráticos siguen siendo en mayor o menor medida dependientes de sus fuentes de energía. Pero la ventaja rusa irá desvaneciéndose a pesar del oportunismo doméstico al que se aferra su líder.

Guerra contra Ucrania. Por el General Vicente Díaz de Villegas

Llegó el día 9 con la expectativa de la declaración de Putin sobre el curso de la guerra en Ucrania. Ningún trofeo puede presentar, ni siquiera Azovstal, sólo limitadas victórias pírricas en el Este y SE y mucha destrucción. 

Se esperaban dos grandes decisiones, la posible declaración de Guerra, que supera la de “Operación Especial”, y la impopular orden de Movilización, que ya ha hecho salir de Rusia a muchos posibles afectados. Ambas servirían para reforzar sus capacidades en Ucrania. Ninguna de ellas se ha producido, aunque si ha hablado de Guerra y de que fué una decisión forzada, apropiada y correcta.

Putin ha basado su discurso en otra mentira victimista sobre una supuesta preparación OTAN para invadir la Crimea que el mismo ocupó en 2014, traicionando los acuerdos de 1991, 1994 y 1997 entre Rusia y Ucrania, sobre desnuclearización de Ucrania, reconocimiento de fronteras, reparto de armas y bases y compromiso de no agresión. Putin no ha mencionado en su discurso a Ucrania borrando su existencia.

Añadía Putin que también se preparaba desde OTAN una operación de castigo a las provincias secesionistas del Donbass, que el apoya, y que defender el país es algo sagrado. Dirigiéndose a los soldados dijo: «Estáis luchando por nuestra gente en Donbas y por la seguridad de Rusia”.

La única decisión que anunció Putin fue que: «La muerte de cada soldado y oficial es dolorosa para nosotros”. «el Estado hará todo lo posible para cuidar de estas familias, el decreto está firmado”.Y efectivamente miles de soldados han muerto, entre ellos 12 generales y 39 coroneles o tenientes coroneles, y muchos más han resultado heridos (más de 23.000 bajas).

Sin embargo lo que ha quedado a la vista es que, a la invasión ilegal y no provocada, a una gratuita acción destructora y a los asesinatos de civiles, se ha sumado la incapacidad profesional militar traducida en derrotas en el N y tablas en el E y SE con grandes perdidas humanas rusas.

Zelensky por su parte no renuncia para nada a recuperar todos los territorios ocupados por Putin desde 2014, incluido Crimea. Estas posturas diferentes significan alargamiento de las operaciones y una carrera contra el tiempo entre los refuerzos rusos y los apoyos de material de países OTAN y occidentales.

En estos días Ucrania puede presentar como épica, la defensa del complejo de Azovstal en Mariupol, que recuerda gestas españolas como las de Sagunto ante los cartagineses, Numancia ante las legiones romanas, los Últimos de Filipinas en su independencia y guerra contra EEUU 1898, el Alcazar de Toledo ante al Frente popular en 1936.

Es difícil que se llegue a un acuerdo cuando Putin incrementa su apuesta, imponiendo ya su moneda, el Rublo, en los territorios ocupados, al tiempo que va haciendo desaparecer los líderes ucranianos. El Oblast de Kherson pretende convertirlo en otra República afin a sus intereses, como las de Donetsz y Lugansk, para después anexionarlas a Rusia.

Putin busca distraer y expandir el conflicto a otros escenarios fuera de Ucrania como Transnitria o Kaliningrado, quizás el N de Africa pero también a él se le abren otros escenarios fuera de Ucrania: se suceden los incendios y explosiones en el interior de Rusia, Azerbayan reanuda su ofensiva en Nagorno Karabaj, Georgia está alerta para tratar de recuperar Osetia y Abjasia, Moldavia también se prepara para rechazar la agresión desde Transnitria y contraatacar para recuperar ese enclave arrebatado por los rusos, también debería atender a una posible reanudación de las operaciones en Chechenia y finalmente a unos rumores de Golpe de Estado.

Sobre el terreno Ucrania se ha lanzado a una contraofensiva sobre las fuerzas rusas en Karkov y los rusos se han retirado volando puentes lo que da a entender que no van a volver por ahi.

Los Apoyos occidentales ya están sumando su efecto, en particular la artillería de 155 con mayor alcance y precisión que la de 152. Un ejemplo de materiales y alcances son: del lado ruso TOS 1A cohetes de 6 Km; el D-30 de 22Km, el 2S 19 de 29Km o el 2S7 203 de 37,5 Km; del lado occidental de apoyo a ucrania el US M777 de 41Km, el Cesar francés de 42Km, el PzH 2000 155mm ATP alemán de 41 Km, ademas de munición guiada Excalibur M829 GPS -a cualquier blanco localizado de 2×2 metros- y munición de alcances aumentados.

Los mayores alcance y precisión alejan a la artillería enemiga de las posiciones y poblaciones como Kharkov.

Mientras, se espera la llegada de Carros de Combate al frente Este; carros que contrariamente a lo que creen continuan siendo un elemento fundamental en la batalla terrestre adecuadamente empleados y protegidos.

Rusia incrementa los ataques aéreos de de misiles sobre líneas de comunicación tratando de frenar los refuerzos ucranianos.

Rusia aprieta a las defensas ucranianas de Izyum atacando, pero sigue manteniendo frentes abiertos como Odessa que cerraría la salida al mar Negro de Ucrania, después de haberle cerrado el mar de Azov y destruido Mariupol, pero Rusia ha sido incapaz de sobrepasar los dos puentes que cruzan el río por  Mykolaiv y ha perdido ademas del insignia , Moscú, una fragata, 2 patrulleras,… y 3 cazas Sukoi 30 Flanker en 48 horas. 

Odessa tiene connotaciones con la historia de España. En septiembre de 1789 el asentamiento fue conquistado por cosacos y tropas del imperio ruso  al mando del español Jose de Ribas tras de lo cual, el asentamiento se renombró pasando de ser Kotsubiyiva a Odesa. En 1936, llegaban a Odessa cuatro buques soviéticos con los casi 600.000 kilos de oro puro saqueado del Banco de España por “La banda de los Cuatro”. Otra fué la llegada a Barcelona en abril de 1954 de los 229 supervivientes prisioneros de la fuerza expedicionaria de voluntarios, la “División Azul”, procedentes del puerto ucraniano de Odessa.

Se aleja la amenaza nuclear pero el odio entre pueblos, tras la invasion y los crímenes rusos tardarán en desaparecer. Rusia o refuerza o pide alto el fuego, pero, si se le permite mantener su ocupación del Donbass, Kherson y otros puntos del territorio, estos le servirían de base de partida para continuar lo que inició ocupando Crimea en 2014.

La negociación, de no salir todas las fuerzas rusas de Ucrania, quedaría a plazos para no convertirse en una nueva Corea. Sin duda las sanciones jugaran durante un tiempo, pero tampoco demasiado para que no se busquen caminos para burlarlas.

La guerra debía haberse evitado y Francia, Alemania, Reino Unido y EEUU cada uno con su influencia y relación debían haber cortado la trayectoria de Putin sin cometer el mismo error que cometieron Daladier y Chamberlain con Hitler antes de la 2ª Guerra Mundial con sus sucesivas invasiones. Ahora se avecina una nueva Europa con Polonia y Ucrania

De la Guerra en Ucrania cabe sacar las siguientes conclusiones: Solo una Nación soberana puede proporcionar seguridad a sus ciudadanos sin esperar a los organismos internacionales y para ello se necesita un instrumento militar nacional fuerte y una implicación de la población integrada o no en unidades de Defensa Operativa del Territorio. La Paz no es lo primero, ni tampoco las prisas, el propósito ha de ser vencer al agresor para recuperar la libertad y todo lo perdido. Hace falta un liderazgo politico enamorado de su patria.

Hacia una nueva era geopolítica, por el general Argumosa Pila, publicado por El Mundo el 03.05.2022

El pasado 23 de abril, el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, aseguraba en el programa El Gran Juego de la televisión pública que existe peligro real de una tercera guerra mundial. «El peligro es grave, es real, no se puede subestimar», dijo, comparando la actual situación internacional con la vivida durante la crisis de los misiles de Cuba en 1962, uno de los momentos más tensos en las relaciones entre la Unión Soviética y Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Unos días antes, el 20 de abril, el presidente ruso Vladimir Putin amenazaba a Occidente con el lanzamiento de prueba del misil balístico intercontinental RS-28 SARMAT -también conocido como Satán 2 y con un alcance de 10.000 kilómetros- desde el cosmódromo de Plesetsk, a unos 800 kilómetros al norte de Moscú, que impactó en el polígono de Kura, situado en la península de Kamchatka, bañada por el océano Pacífico, a unos 6.000 kilómetros de distancia.

En palabras de Putin, el misil «hará que se lo piensen dos veces quienes amenazan a nuestro país con su retórica desenfrenada y agresiva». Con independencia de que este nuevo misil tiene capacidad nuclear y está diseñado para eludir los sistemas de defensa antimisiles, hay que tener en cuenta que este lanzamiento es uno más de un programa de pruebas que comenzó en el año 2018. El misil estará listo para su empleo solo cuando finalice el mencionado programa.

Este tipo de declaraciones con rasgos amenazantes y de intimidación estratégica ha sido una constante durante los más de dos meses que lleva ya la guerra desencadenada tras la invasión rusa de Ucrania. A los tres días de que se iniciara esta contienda, el 24 de febrero de 2022, Rusia anunciaba, de forma sorprendente, que ponía las armas nucleares en estado de alerta cuando las operaciones que se estaban realizando se hallaban claramente en el ámbito convencional. Previamente, antes del inicio de la guerra, el 19 de febrero, Putin y el presidente bielorruso Alexander Lukhasenko habían protagonizado una demostración de fuerza conjunta, con el lanzamiento de misiles desde tierra, mar y aire, algunos de ellos supersónicos y todos ellos con capacidad nuclear.

La amenaza rusa, en este caso el pasado 14 de abril, de desplegar armas nucleares en el mar Báltico en caso de que Suecia y Finlandia ingresen en la OTAN cuando Moscú ya tiene desplegados misiles Iskander -capaces de llevar ojivas nucleares- en el enclave ruso de Kaliningrado, emparedado entre dos miembros de la Alianza Atlántica como son Lituania y Polonia, no parece ni lógica ni razonable en este contexto

Coincidía esa declaración de Rusia con el hundimiento, en el mar Negro, del crucero lanzamisiles Moskva, impactado por dos misiles Neptuno ucranianos. Era el buque insignia de la flota rusa del mar Negro, con un desplazamiento de 12.400 toneladas, medio millar de tripulantes y armado con 16 lanzadores de misiles. Sin duda, ha supuesto un fuerte revés para la marina rusa en un momento en que tenía la alternativa de atacar la ciudad ucraniana de Odesa.

Todas estas amenazas son muestra, cuanto menos, de una reacción inquietante y alarmante del Kremlin ante los malos resultados del desarrollo de las operaciones militares en el país invadido. Se percibe una falta de seguridad, de confianza y de rigurosidad en los planteamientos estratégicos y operacionales de la guerra.

Decía Sun Tzu, 2.500 años antes de Cristo: «Si el objetivo principal de la guerra, la victoria, tarda demasiado en llegar es posible que la moral decaiga y que los recursos se agoten. Así que, de nada sirve que una campaña se alargue demasiado en el tiempo». Es muy posible que a Putin le esté ocurriendo algo similar. Según todos los indicadores de que ahora disponemos, la guerra en Ucrania se había planeado en un tiempo mucho más corto que en el que se está desarrollando. Y conforme más larga sea la guerra más debilitada se encontrará Rusia.

No hay duda de que la guerra no solo afecta a Rusia y a Ucrania sino también a la Unión Europea, a la OTAN y, en realidad, a toda la comunidad internacional. De hecho, ha saltado en pedazos el equilibrio estratégico de seguridad internacional en el que actualmente existe una competencia geoestratégica entre potencias de primer orden y entre los de segundo orden.

En efecto, en el panorama geopolítico mundial que se avecina se pueden establecer dos grandes niveles de países en la más alta jerarquía de poder. En el horizonte principal se hallan Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea. Serían los niveles de primer orden por el peso específico que tienen en el establecimiento y definición del orden internacional. En un nivel inmediatamente debajo se encuentran los países de segundo orden en el que podemos considerar, a su vez, dos categorías. La primera incluye a India, Japón y Brasil; y la segunda la componen Bangladesh, Corea del Sur, Egipto, Filipinas, Indonesia, Irán, México, Nigeria, Pakistán, Turquía y Vietnam -los señalados por Jim O`Neill como el Grupo de los 11, en su obra The Growth Map, en 2011- que están cerca o pasan claramente de los 100 millones de habitantes.

Por otra parte, tampoco hay muchas dudas de que cuando estamos entrando en una nueva era caracterizada, entre otras cosas, por el ascenso de China, el previsible declive de Rusia, el mundo cibernético, el escenario del ciberespacio, la computación cuántica, la revolución energética, el cambio climático o el protagonismo de las empresas digitales, parece lógico que aparezca una nueva configuración geopolítica que se distinga por responder a unos innovadores factores geopolíticos mezclados con otros tradicionales.

En los últimos años se está hablando a través de la mayor parte de los medios de comunicación de la actual y previsible rivalidad y enfrentamiento entre el bloque de países democráticos y el bloque de países autoritarios. Pero a este planteamiento hay que vestirle de algunos matices. Uno de los más importantes consiste en distinguir no solo el grado de democracia de algunas naciones sino también el grado de autoritarismo de otras. Por ejemplo, no es lo mismo la democracia en Estados Unidos que la democracia en Nigeria. Y no es igual el autoritarismo de Pekín que el de Cuba.

En todo caso, el resultado de la guerra en Ucrania va a acelerar e influir poderosamente en la configuración de la cambiante era geopolítica que se avecina, en la que los nuevos equilibrios de poder van a variar sustancialmente. Hasta ahora se ha considerado la rivalidad entre la asociación estratégica de China y Rusia, representantes del modelo autocrático, frente al vínculo transatlántico de Estados Unidos y la Unión Europea, representantes del modelo democrático. Pero ahora hay que preguntarse si esto va seguir así, en qué condiciones en su caso, y dónde se situará el resto de países mundiales, especialmente los que están integrados en el horizonte del segundo orden de poder.

En definitiva, con mucha probabilidad la guerra en Ucrania no va a tener muchos beneficios para Rusia; más bien al contrario, le causará graves perjuicios, ya que su duración y los previsibles resultados no responden a lo esperado por las autoridades del Kremlin. En cualquier caso, Moscú quedará debilitada perdiendo un fuerte protagonismo internacional que repercutirá considerablemente en la nueva era geopolítica que marcará las normas de un naciente orden mundial, aún por definir.

Jesús Argumosa Pila es general de División en la Reserva y ha sido jefe de la Escuela de Altos Estudios de la Defensa.

https://www.elmundo.es/opinion/2022/05/03/626f954a21efa029668b4579.html

LA AMENAZA NUCLEAR DEL PRESIDENTE PUTIN- 1º Ciclo AEME de 2022

 La disuasión nuclear fue concebida para  evitar una conflagración mundial, pues el Mundo, tal y como lo concebimos, sería sacrificado seguramente. Desde entonces las potencias que poseen armas nucleares, y que las incluyen en sus Estrategias de Seguridad Nacional, han tratado de desarrollar cargas y vectores portantes que de algún modo facilitaran su  inclusión en el seno de un conflicto generalizado, sin renunciar al carácter disuasivo de tales armas, pues tanto un sistema como otro de inclusión podría producir la temible escalada.

   De lo que no debe quedar duda es de que el desencadenamiento del fuego nuclear por una potencia en conflicto generalizado se produciría cuando la existencia de la Nación iniciadora se viera en extremo comprometida por las acciones del adversario, pues cuando se dotó de armamento nuclear lo hizo seguramente por ese motivo, la causa suprema, la existencial; curiosamente esta es una reflexión que ha sido aducida por el propio Presidente Putin en la actual guerra que enfrenta a Rusia y Ucrania, tras la invasión de esta última por la primera.

   Los intereses vitales de una Nación forman parte de sus intereses nacionales, pero aquellos son tan exclusivos que determinan la existencia misma de la colectividad organizada a la que llamamos Estado; sin ellos desaparecería la necesidad de continuar con la vida nacional, al menos esa es la concepción subjetiva del propio Estado, potencialmente agredido, por la  que “su  privación o violación materializa el umbral de franqueamiento crítico más allá del cual el defensor estima que su supervivencia estaría irremisiblemente comprometida”. (Politologie de la Défense Nationale. Henri Pac. Masson. Pag.68).

   En otro orden de cosas, esta concepción nacional referida, este estado subjetivo puede no ser compartido por el otro protagonista de la disuasión, dado que aquella anida en un sentimiento, en una percepción, que nada tiene que ver con aspectos estratégicos, estos últimos muy ligados al propio territorio, a los objetivos fundamentales del país objeto, solo ellos justificarían una reacción nuclear pues su conquista supondría la derrota,  he ahí la clave de la disuasión.

   Por lo tanto podemos admitir, y los pensadores en torno a la disuasión así lo hacen (Politologie de la Défense Nationale), que existen dos concepciones sobre el verdadero sentido de los intereses vitales como límite para desencadenar, en este caso, una respuesta nuclear; el primero es una percepción nacional y el segundo es meramente estratégica, al estilo de Clausewitz.

   Yendo al caso del actual escenario de la guerra entre Rusia y Ucrania, y dentro de las dos hipótesis de la concepción del interés vital, es necesario encajarlas en las sucesivas amenazas nucleares del Presidente Putin, antes y a lo largo de lo que él llama “operación especial” en Ucrania, por otra parte incontestadas por el país agredido que además no posee armas nucleares, y que van dirigidas claramente a la Organización Atlántica, para disuadirla de actuación a favor del país ucraniano, por otra parte inverosímil pues la OTAN es una organización internacional que actúa por consenso, a 30 países, de los que solo 3 poseen armas nucleares con sus propias políticas de empleo. Distinto es que estos países nucleares pongan sus armas de este tipo a disposición de la Alianza, en las condiciones que se determinen en su Comité de Planes de la Defensa, en su planeamiento nuclear, aspectos que se deberán aprobar en sus órganos de gobierno al más alto nivel; en cualquier caso, y según los mismos teóricos, la OTAN estaría ya, con la situación actual, en una guerra disuasiva con la Federación Rusa.

   En el caso de las armas nucleares de Francia, su concepto de empleo no prevé la cesión de la decisión de su desencadenamiento pues su doctrina es muy rigurosa al respecto, fomentando su propia autonomía estratégica; además el país galo renuncia al concepto de escalada, pues el desencadenamiento de su respuesta nuclear se produciría cuando “sus objetivos vitales” estuvieran en grave peligro; por ello las armas nucleares tácticas, los antiguos Regimientos Plutón, fueron suprimidos, los misiles de la Meseta de Albión, en Provenza, igualmente, y sus fuerzas convencionales tendrían también, en ambiente de guerra abierta, la finalidad de determinar, marcando al enemigo, cuando esos intereses vitales estarían en serio peligro. Sin duda que sus armas han estado “apuntadas” a la Federación Rusa, sirviendo de elemento importante de incertidumbre, en relación con la estrategia OTAN, para el cálculo disuasivo de la ex URSS.

   El Presidente Putin esgrime, como umbral de empleo del armamento nuclear, razones existenciales de la Federación Rusa, es decir que se ponga en entredicho o se amenace gravemente la existencia de la Federación, aspecto que sitúa los intereses vitales de Rusia en una mera percepción subjetiva, en un relato que proviene del momento del hundimiento y desarticulación de la antigua Unión Soviética, y que se basa en la no aceptación, de hecho, de los acuerdos de Paris de 1990, implementados, aceptados y rubricados por los representantes oficiales de la entonces Unión Soviética.

   En este sentido, su pretensión es el cambio del orden internacional actual, perjudicial para la Federación Rusa en su opinión, cuando nunca en estos 70 últimos años había sido tan floreciente, incluso podría haber sido hasta democrática, si hubiera respetado los patrones de la misma, la alternancia política, el respeto a la oposición, la separación de poderes y la lucha contra la corrupción.

   Su pretendida amenaza existencial proviene de una reflexión que supone que las Organizaciones Internacionales, la OTAN y la UE, tienen por finalidad la amenaza a la Federación y su fin, simplemente porque las Naciones limítrofes quieren decidir su propio futuro de seguridad, soberanamente; en ningún caso la Organización Atlántica y mucho menos la UE, per se, representan un peligro existencial para los rusos, sino un convencimiento de que no quieren ser regidos por gobiernos autocráticos después de las experiencias recientes y antiguas; las minorías rusófonas en su “extranjero próximo” son frecuentes, con otras etnias, en muchos países del Mundo, merced a delimitaciones administrativas y descolonizadoras, cuando en la antigua URSS, en ocasiones, eran consecuencia de sus “progromos”, como en Ucrania.

   La disuasión que sobre la Alianza Atlántica está ejerciendo el Presidente Putin, con sus advertencias referentes al posible empleo de armamento nuclear, no puede ser concebida por Occidente si este y sus acciones no representan un grave peligro de carácter estratégico, como es la conquista o neutralización de objetivos específicos que supongan un peligro existencial, vital, para la Federación Rusa, y este no es el caso; la ayuda militar y financiera, a un tercer país, invadido, en francas condiciones de inferioridad, flagrantes si se quiere, con amplias repercusiones europeas, la ha venido practicando, secularmente, lo que hoy es la Federación Rusa, en teatros de Oriente Medio y Próximo, y en el Indo-Pacífico para apoyar a regímenes anti occidentales y opuestos.

   Putin está prácticamente solo, con adeptos más que consejeros, con la calle secuestrada y en un gran aislamiento internacional, y económicamente constreñido. Su Doctrina Militar vigente, y en general la consuetudinaria desde que posee el arma nuclear, admite el “primer uso” del arma nuclear, para ello dispone de la Triada en este tipo de armamento, y no es en absoluto extraño que pudiera emplear armamento nuclear táctico, para resolver sus problemas operacionales en Ucrania, por ello tiene su despliegue listo, de Iskander-M, por ejemplo, de hasta 500 kms. de alcance con la doble capacidad, pero su empleo más probable sería en algún objetivo adecuado en Ucrania, o como demostración de su resolución en este conflicto, pero no en el Occidente “otanizado”, pues allí su disuasión no funcionaría, pues no hay ningún interés vital, estratégico, amenazado por la Organización Atlántica.

   Diferente sería predecir la reacción de la OTAN ante ese empleo nuclear en Europa, que abriría una etapa de extraordinaria tensión , y posiblemente una escalada de empleo de este tipo de armas, empezando por un despliegue de nuevos vectores que recordaría” la crisis de los misiles de los años ochenta” y sus repercusiones para la seguridad mundial, en un momento donde la vacuidad reina, por la ausencia de tratados y medidas de confianza, todos ellos en suspenso, y con un START negociado con prisas.

                                                                                GENERAL DE DIVISION (Rdo)

                                                                                RICARDO MARTINEZ ISIDORO

                                                                                Miembro de AEME.      18.04.22 

Ucrania y la Primera Guerra Mundial

Michael S. Neiberg[1]

Es una sensación surrealista y desconcertante ser un historiador de los conflictos europeos y ver cómo se desarrolla una guerra en Europa ante tus propios ojos. Como profesión, los historiadores tienden a compartir dos características en momentos como estos. Primero, nos frustramos con las analogías históricas superficiales o simplemente inexactas que usan los expertos para hacer de ello un asunto político en lugar de ilustrar el problema actual. En segundo lugar, tratamos -sobre todo- de no hacer predicciones. Como escribió el gran historiador británico, Sir Michael Howard: “Los historiadores han visto a demasiadas personas confiadas caer de bruces como para exponerse a más humillaciones de las que pueden evitar.”[2]

Las últimas semanas me han recordado lo que el historiador R.G. Collingwood señaló particularmente en el año 1939,[3] sobre el papel de los historiadores en tiempos de crisis, al comparar a los historiadores con expertos leñadores que caminan por un bosque junto a excursionistas novatos. El historiador, escribió, no puede ver perfectamente a través del bosque pero, al igual que el leñador, puede detectar áreas de peligro o amenazas acechantes allí donde el excursionista tan solo ve árboles.

Los historiadores intentan mirar hacia atrás en busca de un poco de conocimiento y, tal vez, de algunos ecos del pasado que puedan sugerir hacia dónde nos dirigimos. Durante años, les he dicho a los estudiantes que no debemos confinar a la gente de 1914 a lo que a veces llamo “La Caja Idiota.” Nuestra respuesta instintiva de ver a las personas de ese fatídico año como inusualmente estúpidas o sanguinarias nos brinda el consuelo de que somos demasiado inteligentes, o demasiado sofisticados, para cometer los errores en los que ellos incurrieron. Pero, por supuesto, no lo somos.

De manera similar, durante los últimos 20 años más o menos he tratado de convencer a cientos de profesores de secundaria para que abandonen el método MAIN (Militarismo, Alianzas, Imperialismo y Nacionalismo) para enseñar las causas de la Primera Guerra Mundial porque también proporciona un falso consuelo.[4] Si podemos convencernos de que esos cuatro factores MAIN ya no existen o ya no son un peligro existencial para la paz, entonces podemos irnos a dormir por la noche con la creencia de que los horrores desatados en el año 1914 realmente no tienen nada que enseñarnos.

Sin embargo, mientras estoy sentado aquí, viendo la guerra rusa contra Ucrania, estoy más convencido que nunca de que 1914 tiene mucho que enseñarnos. De hecho, podría proporcionar la mejor guía que tenemos sobre dónde estamos ahora y hacia dónde podríamos ir en el futuro.

Primero, esta guerra, como la que comenzó en el año 1914, parecía surgir de la nada y sobre causas difíciles de identificar, incluso para los expertos. Hubo poca tensión internacional en las semanas comprendidas entre el tiroteo del archiduque Franz Ferdinand del 28 de junio y el ultimátum austrohúngaro del 23 de julio. Luego, los acontecimientos comenzaron a salirse de control muy rápidamente, dejando a la gente atónita y desconcertada. En una semana, para asombro de casi todos, había comenzado una guerra continental e imperial. De manera similar, la invasión rusa de Ucrania pareció surgir de la nada, recordando las observaciones de personas en 1914 que describieron la guerra como un relámpago en un cielo despejado. Al igual que en 1914, los occidentales de hoy han llegado a la conclusión de que la única explicación posible para una ruptura de la paz tan insondable debe ser que un líder trastornado estaba conduciendo a un pueblo que no estaba dispuesto a la guerra basado en mentiras, engaños y un control casi total del poder dentro de su Estado. Por otro lado, el presidente Zelensky está desempeñando el papel del rey belga Alberto I,[5] liderando valientemente a su pueblo contra viento y marea y poniendo un rostro humano a un movimiento nacional de resistencia.

En segundo lugar, la simpatía inmediata y sincera en Occidente por los valientes ucranianos se asemeja a la intensa efusión de simpatía en el Reino Unido y los Estados Unidos por Bélgica en 1914.[6] La preocupación por la difícil situación de los belgas no explica por qué los británicos entraron en la guerra, pero la profunda sensación de apoyo a Bélgica ayudó a cristalizar tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos la sensación de que un lado tenía razón y el otro estaba equivocado. El bombardeo ruso de hospitales y centros comerciales y la destrucción de Mariupol han producido este año esa misma sensación.[7] Como en 1914, este sentimiento de apoyo traerá consigo (de hecho, ya trajo consigo)[8] un deseo de justicia para las víctimas de la agresión, que puede complicar la consecución de un acuerdo de paz.

En tercer lugar, ya podemos ver el problema relacionado de los costos irrecuperables. Los hombres y mujeres asombrosamente valientes que han muerto para defender Ucrania, las familias que han huido de sus hogares y el sentimiento de unidad y patriotismo que ha engendrado la guerra no pueden haber sido en vano. Ucrania y sus partidarios querrán asegurarse de que el país salga de esta guerra en un lugar mejor y más seguro que cuando Rusia les invadió. Ese deseo ya ha dado lugar a pedidos de una garantía de seguridad de los Estados Occidentales,[9] membresía en la Unión Europea y una demanda de reparaciones o juicios por crímenes de guerra. Todos estos factores también complicaron el proceso de pacificación en 1918-1919.

En cuarto lugar, es posible que ya hayamos llegado al punto en que simplemente no hay nada que debatir en esta guerra. Al igual que en 1914, la retórica se ha convertido rápidamente en un maniqueo “Correcto contra Incorrecto”, “Bueno contra Malo.” Las guerras pueden convertirse rápidamente en algo muy diferente a sus causas originales. Esta guerra ya no se trata realmente del futuro del Donbas o de si Ucrania puede unirse a la Unión Europea o la OTAN, como tampoco a fines de 1914, la Primera Guerra Mundial se trató de la agitación serbia dentro del Imperio austrohúngaro o quién fue el responsable del asesinato de un archiduque. Las banderas ucranianas que uno ve por todas partes, la efusión de emociones en las redes sociales y los extraordinarios eventos en Europa en las últimas semanas sugieren que la guerra de Ucrania ya se ha convertido, como escribió Sir Hew Strachan sobre 1914,[10] en una guerra de grandes ideas. Se trata de una especie de prisma, que refleja y refracta los colores que uno quiera ver en él.

Juntos, me parece que estos cuatro factores hacen que sea mucho más difícil para nosotros negociar una paz de lo que podría haber sido unas pocas semanas antes. Como en el año 1914, no se vislumbra un final claro. Hablar de «rampas de salida» y «juegos finales» parece tan ingenuo ahora como lo era entonces. Incluso si Mariupol se desvanece de la memoria, como lo hizo parte de la simpatía por Bélgica, el problema central permanecerá. ¿Cómo pueden las dos partes encontrar la paz si el conflicto adquiere significados cada vez más profundos y simbólicos, no solo para Rusia y Ucrania, sino para el mundo entero?

A finales de septiembre de 1914, la artista alemana Käthe Kollwitz[11] escribió una carta en la que captaba el enigma clave de la guerra: “Uno ya no puede aferrarse a ninguna ilusión. Nada es real excepto lo espantoso de este estado, al que casi nos acostumbramos. En esos tiempos parece tan estúpido que los jóvenes deban ir a la guerra. Todo es tan espantoso y demente. De vez en cuando viene el pensamiento tonto: ¿Cómo es posible que participen en tal locura? ¡Pero deben hacerlo! ¡Ellos deben!» Aunque odiaba la guerra y pronto perdería a un hijo,[12] se había dado cuenta, incluso en las primeras semanas de la guerra, de que Alemania había ido demasiado lejos como para dar marcha atrás. Ese mismo enigma permanece con nosotros hoy, lo que dificulta ver cómo las negociaciones de paz pueden producir algo parecido a la estabilidad del período anterior a la invasión rusa.

Hay algunos ecos más aterradores de 1914 que debemos escuchar, aunque esperamos que nunca sucedan. Las guerras tienen un “efecto de contagio”, atrayendo a otros Estados porque esperan ganar algo o porque ya no ven la neutralidad como una opción viable. ¿Cuánto tiempo más pueden permanecer no beligerantes los Estados al oeste y al norte de Ucrania mientras continúan abasteciendo y apoyando a Ucrania? Si los rusos hunden un barco que transporta municiones estadounidenses, ¿Llegaremos a un momento Lusitania?[13] Si cometen un acto de sabotaje o de ciberguerra en nuestro suelo, ¿Estamos en un momento Black Tom?[14] ¿Es indignante pensar que podrían intentar trabajar con Cuba o Venezuela para presionar a la propia patria estadounidense, tal y como intentaron hacer los alemanes con el Telegrama de Zimmermann?[15]

Por supuesto, no estoy prediciendo que alguno de estos escenarios aterradores sucederá. Los historiadores fallan tan a menudo como cualquier otro cuando intentan predecir, pero -como dijo Collingwood- los historiadores hacen su mejor servicio cuando recuerdan a los viajeros inexpertos que los bosques contienen muchos más peligros de los que uno puede ver a simple vista.

Este artículo -en su versión en inglés- ha sido publicado inicialmente por the National WWI Museum and Memorial:

https://www.theworldwar.org/learn/about-wwi/ukraine-and-wwi

Notas Finales:

  1. Michael S. Neiberg es profesor de historia y catedrático de estudios de la guerra en el U.S. Army War College en Carlisle, Pensilvania. Los puntos de vista expresados en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista del Army War College, el Departamento de Defensa o cualquier agencia del gobierno de los Estados Unidos. 
  2. Michael Howard, “Interview Transcript, This interview took place in the Institute of Historical Research”, University of London School of Advanced Study The Institute of Historical Research (Londres: 5 de junio de 2008), https://archives.history.ac.uk/makinghistory/resources/interviews/Howard_Michael.html 
  3. Giuseppina D’Oro y James Connelly, “Discussion of Collingwood’s aesthetics”, Stanford Encyclopedia of Philosophy (2020), https://plato.stanford.edu/entries/collingwood/ 
  4. National WWI Museum and Memorial, “The Outbreak of War in 1914: New Ways to Think About the ‘Road to War’ – Michael Neiberg” Youtube 39m 23s (13 de julio de 2015), https://www.youtube.com/watch?v=0WecvcEFjGk 
  5. “King Albert I”, The Royal Family The Belgian Monarchhttps://www.monarchie.be/en/royal-family/history/king-albert-i 

Qué ocurrirá en Ucrania cuando caiga Mariúpol

Remitido por el experto en geopolítica Carlos Guerrero.

Convertida en una trinchera humeante, la antaño próspera ciudad de medio millón de habitantes se ha convertido en símbolo de la resistencia feroz y desesperada de los ucranianos. La reorganización del ejército de Rusia ha permitido concentrar sus esfuerzos en el este, en especial los sanguinarios veteranos chechenos, pero el puñado de defensores que aún planta cara hará difícil que los invasores den por controlada Mariúpol.

Renunciando a entrar en Kiev para instalar un gobierno títere, Vladimir Putin aspira a engullir Ucrania oriental, teóricamente prorrusa, en una porción en forma de luna creciente que abarque de Jarkov a Odesa pasando por el Donbás. La superioridad numérica rusa parece darles ventaja en la guerra de desgaste, pero cada día ganado por los ucranianos acerca las sanciones más severas que terminarán agotando los recursos del Kremlin.

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