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Alemania y los Leopard: ¿titubeo o estrategia?, por Josep Piqué

Artículo de Política Exterior

Scholz no ha titubeado ante una decisión trascendental: el envío de los Leopard a Ucrania, sino que ha marcado el ritmo, buscando una coalición lo más amplia posible con los aliados del gobierno, la oposición, los estadounidenses y, más importante, la sociedad alemana. La estrategia le ha salido bien.

El titular más habitual (con alguna excepción) ante la decisión alemana de enviar, por fin, una compañía de carros de combate Leopard 2 para el ejército ucraniano (que los venía solicitando desde que entraron los primeros tanques rusos en su territorio) ha sido que Alemania cede a la presión de los aliados y que se ha visto forzada a tomar una decisión que no deseaba. En mi opinión, las cosas no son tan lineales y simples. Para el canciller alemán, Olaf Scholz, asegurarse el respaldo de su propio partido y no profundizar en las diferencias con sus socios de gobierno (liberales y verdes) era esencial. Y lo ha conseguido. Primero, mostrando su resistencia y obteniendo que Estados Unidos se comprometa, a su vez, a enviar sus propios carros de última generación, los Abrams. Son pocos, pero es un cambio cualitativo, no exento de oposición en el Capitolio. Una decisión arriesgada y valiente de Joe Biden, incluso con las reticencias claras del Pentágono.

A su vez, en su justificación ante el Bundestag (en un claro ejemplo de respeto a las instituciones democráticas), Scholz ha sumado a la oposición (la CDU/CSU), que venía reclamando la decisión, consiguiendo así un amplísimo respaldo parlamentario del que solo ha quedado exento (y no por casualidad) el partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD). Más allá del Parlamento, conviene tener en cuenta que la opinión pública alemana ha estado muy dividida y que, sobre todo en el este, la decisión recibe un notable rechazo, aunque decreciente. Hoy los partidarios ya son mayoría. El rechazo se fundamenta en la historia, ya que recuerda a los carros alemanes invadiendo Polonia y, más adelante, emprendiendo la ofensiva contra la Unión Soviética, en la Segunda Guerra Mundial. Obviamente, la actual situación nada tiene que ver, pero es una muestra más del peso (y el sentimiento de culpabilidad) que tiene en los alemanes la historia reciente del país. Es evidente que en el caso de AfD hay un componente político adicional que se relaciona con la equidistancia para atender en exclusiva los intereses de Alemania, pero que, en la práctica, acaba favoreciendo a Rusia.

En el frente interno, por tanto, al final las cosas le han salido bien a Scholz. Es cierto que ello obliga a reconsiderar los gastos en los presupuestos de defensa, ya que habrá que recomponer la capacidad militar alemana. Pero es también un fuerte apoyo a su potente industria de defensa y un reconocimiento a su avanzada tecnología. Se trata, en suma, de dotar de contenido a la Zeitenwende o cambio de era, afrontando una imprescindible modernización y el refuerzo de unas Fuerzas Armadas muy poco dotadas para un país del peso de Alemania.

«Es riesgo de escala ya fue asumido cuando la OTAN decidió apoyar militar y financieramente a Ucrania frente a la agresión rusa»

Algunos argumentarán que la decisión podría provocar una respuesta imprevisible de Rusia y una escalada cuyas consecuencias son muy difíciles de predecir. Pero es un riesgo ya asumido, cuando la OTAN decidió apoyar militar y financieramente a Ucrania frente a la agresión rusa, con los límites (que se mantienen, al menos de momento), de no facilitar aviones de caza o de usar tropas de la OTAN en territorio ucraniano.

En todo caso, ha quedado patente que no es una decisión que afecte solo a Alemania. Tanto EEUU, con su compromiso, como algunos de los países que tienen Leopard 2 dispuestos a ser entregados, todos van a acompañar a los alemanes. Comenzando por Polonia (en una clara paradoja de la historia: pidiendo a Alemania que acepte que sus carros de combate se utilicen en una guerra en un país fronterizo), pero siguiendo también, probablemente, con España (así lo ha manifestado ya el gobierno español, a pesar de la oposición interna de Unidos Podemos y de algunos de sus socios parlamentarios más relevantes). En su momento, España se precipitó, anticipando ese envío sin contar con el visto bueno de Alemania (que es necesario al ser una licencia de su tecnología) para después recular, argumentando el mal estado de sus carros. Algo que ahora parece que puede resolverse, una vez garantizado el permiso alemán.

En cualquier caso, Alemania ha logrado inscribir su decisión en el marco de la coordinación internacional y de común acuerdo con sus aliados y contando, en paralelo, con el compromiso estadounidense. No ha sido un movimiento en solitario que descargara toda la responsabilidad en ella.

«Se ha logrado recomponer, mal que bien, el frágil eje franco-alemán y el apoyo sin reticencias de Francia a una Alemania que ha marcado los tiempos frente al resto de aliados, pero sobre todo en el seno de la Unión Europea»

Tal aseveración debe ir acompañada de otra reflexión. Con ello, Alemania ha reforzado su liderazgo europeo, poco después de la cumbre franco-alemana de hace unos días (cuando se cumplen 60 años del Pacto del Elíseo) que ha intentado cerrar (por lo menos en apariencia) las discrepancias entre ambos países en ámbitos como el energético, el financiero o el de las ayudas de Estado. Se ha logrado recomponer, mal que bien, el frágil eje franco-alemán y el apoyo sin reticencias de Francia a una Alemania que ha marcado los tiempos frente al resto de aliados, pero sobre todo en el seno de la Unión Europea, explicitando que es ella la que marca su política frente a la agresión rusa.

Por todas estas consideraciones, lo que ha sido percibido como un titubeo e, incluso, una falta de compromiso de Alemania ante una decisión trascendental no se corresponde con la realidad.

Alemania ha marcado el ritmo y su estrategia ha salido bien. Ahora queda apretar el acelerador para que el envío y, sobre todo, la formación de los militares ucranianos se hagan con la máxima rapidez (de hecho, esta última ya había empezado con anterioridad) para llegar a tiempo ante la eventual contraofensiva rusa cuando acabe el invierno. Si eso se consigue, Ucrania no solo estará en mejores condiciones de repelerla, sino, incluso, de iniciar a su vez su propia ofensiva para recuperar buena parte del territorio invadido y forzar a Rusia a entrar en una verdadera negociación que solo puede dar auténticos resultados perdurables si se restablece la integridad territorial de Ucrania, reconocida internacionalmente (incluyendo a China, India o Turquía).

Ojalá la ventaja militar ucraniana contribuya a que Rusia llegue a esta conclusión. Y el envío de los carros de combate puede ser un hito trascendental. Ha habido más estrategia que titubeo real.

Y sin embargo se mueve

La primera visita internacional de Zelenski ha sido a Washington, lo que manda una señal inequívoca de la importancia de EEUU como apoyo principal de Kiev en el desarrollo de la guerra. Mientras tanto, la UE, aunque no cuenta con la celeridad estadounidense para dar respuestas, sí que resiste, se adapta y evoluciona. Es decir, se mueve. JOSEP PIQUÉ |  23 de diciembre de 2022

Volodímir Zelenski no fue a Berlín (1.200 kilómetros de distancia desde Kiev, unas dos horas de vuelo) en su primer viaje al extranjero desde la invasión rusa de Ucrania. Tampoco a Bruselas (1.800 kilómetros de Kiev, poco menos de tres horas) ni a París (2.000 kilómetros, tres horas). La primera salida del presidente ucraniano ha sido con destino a Washington DC, a casi 8.000 kilómetros de distancia y unas diez horas de vuelo. En el mundo post-americano, todos los caminos importantes parecen seguir llevando a Roma, es decir, a Estados Unidos.

Como explicábamos en los Apuntes del Editor de finales de noviembre, buena parte del futuro de Ucrania se juega en EEUU. Esa es la señal que mandan al mundo tanto el presidente ucraniano como el estadounidense, Joe Biden, con su encuentro en el Despacho Oval de la Casa Blanca. La visita ha ido acompañada de un nuevo paquete de asistencia militar, por valor de 45.000 millones de dólares, que incluye una batería de misiles Patriot de largo alcance, refuerzo esencial para el sistema de defensa aérea ucraniano (aunque los misiles llegarán al teatro de operaciones, como muy pronto, en febrero). La ofensiva aérea rusa con drones (iraníes) y misiles contra las infraestructuras ucranianas seguirá, por el momento, causando un daño humano y material considerable.

Para un gobierno como el ucraniano, en lucha por la supervivencia del pueblo al que representa, la relativa celeridad con la que van aprobándose los paquetes de ayuda estadounidense (que suman más de 50.000 millones) debe de contrastar, por fuerza, con el laberíntico proceso político de la Unión Europea, donde cada paso importante pende de 27 hilos. Véase, por ejemplo, lo sucedido con los 18.000 millones de euros en asistencia financiera aprobados la semana pasada. El fondo propuesto por la Comisión Europa para aliviar el presupuesto ucraniano en 2023 requería la aprobación unánime de los Veintisiete. Una vez más, el veto del gobierno de Víktor Orbán en Hungría complicó y retrasó el acuerdo. Que evitar la bancarrota de tu país, en guerra contra un enemigo implacable, dependa de batallas políticas colaterales (desde el tira y afloja sobre los fondos estructurales, congelados debido a las vulneraciones del Estado de Derecho en Hungría, hasta la aprobación de un tipo mínimo en el impuesto de sociedades) ha de exasperar hasta al más aplomado de los dirigentes.

En cuanto a la ayuda militar en sí (unas de las claves en el extraordinario desempeño de las tropas ucranianas), la asistencia europea ha palidecido en comparación con la estadounidense. Después de años de recortar o congelar los presupuestos de defensa, a muchos países europeos les cuesta sangre, sudor y algunas lágrimas mantener unas fuerzas armadas listas para el combate (o para ayudar a terceros en una guerra a gran escala como la que hay en marcha en Ucrania). Aquí destaca Alemania, cuyo ejército no deja de dar muestras de precariedad. A principios de este mes, en unas prácticas de tiro, los 18 tanques Puma implicados en ellas tuvieron problemas de funcionamiento, quedando inutilizados. La Bundeswehr sigue desnuda.

En breve, la guerra en Ucrania cumplirá un año (o nueve, si contamos desde 2014, como bien hacen los ucranianos, cuando Rusia se anexionó de manera ilegal la península de Crimea). El final no parece cerca. Hoy la iniciativa militar está en manos de los ucranianos, que continúan luchando de manera heroica por defender su patria (y, de paso, los valores de todos). Vladímir Putin, sin embargo, no parece preparado para dar su brazo a torcer. Al contrario, redobla apuestas, y para 2023 es de esperar que continúe poniendo a prueba, en múltiples frentes (político, energético, migratorio), la resistencia del que considera el flanco débil del frente occidental: el europeo.

No lo tendrá fácil. A pesar del anquilosamiento que parece atenazar al Viejo Continente en cada nueva crisis existencial (y esta lo es en grado sumo), la UE resiste, se adapta, evoluciona. Es decir, se mueve.

Con la perspectiva que siempre dan los finales de año, hoy podemos mirar atrás y no sentirnos del todo insatisfechos con el desempeño de la UE desde la invasión rusa de Ucrania. Los depósitos de gas europeos están llenos. Se han construido terminales de gas natural licuado en un tiempo récord. Y en todo el continente se han tomado medidas para aliviar las presiones de la inflación sobre poblaciones e industrias nacionales. Hoy el invierno es mucho menos amenazador de lo que parecía hace solo unos meses.

La independencia energética de Rusia está al alcance de la mano, algo impensable hace un año. En 2020, la UE importó más de la mitad (57,5%) de su energía, según Eurostat, con alrededor del 27% de dichas importaciones proveniente de Rusia. Hoy la cuota rusa apenas supera el 15%, lo que ha supuesto una caída de unos 6.400 millones de dólares.

Las sanciones a Rusia van por su novena ronda y ya incluyen restricciones a la industria financiera y al Banco de Rusia, a las empresas exportadoras de carbón y petróleo, además de controles generales de las exportaciones. Por ahora, la economía rusa resiste mejor de lo esperado, gracias en buena parte a la acción decidida de su banco central y a los elevados precios de los hidrocarburos, lo que ha permitido a Putin seguir financiando la guerra. Sin embargo, como señala un estudio de Bruegel, esto puede empezar a cambiar pronto. Con las sanciones, la UE cuenta hoy con una poderosa herramienta de política exterior.

En paralelo, la defensa del continente se ha reforzado de manera notable, sobre todo a través del pilar europeo de la OTAN. El ingreso de Finlandia y Suecia, así como la voluntad firme del resto de países miembros en cumplir con todos sus compromisos, han insuflado nueva vida a la Alianza, que sigue siendo la espina dorsal de la defensa europea. Al presidente francés, Emmanuel Macron, ya no se le ocurriría hablar de una organización en “muerte cerebral”.

Mientras tanto, la construcción de una genuina Europa de la Defensa marcha más lenta, pero marcha. Por primera vez en décadas, como explica Sophia Besch en Carnegie, la defensa europea ya no se limita a intentar conseguir más con menos. Hoy los europeos están gastando más dinero en defensa para cubrir con urgencia las carencias de capacidad de sus ejércitos, lo que supone una oportunidad única para modernizarlos, garantizar la interoperabilidad de sus equipos y forjar una base industrial común más sólida. Para ello será necesario apostar de manera decidida por la adquisición conjunta de material de defensa. Hasta ahora, como señala Besch, solo el 18% de toda la inversión en defensa de los Estados miembros se realiza en cooperación con otros países de la UE. El margen de mejora es enorme.

Por último, y tal vez lo más importante, la principal herramienta de política exterior de la UE se ha reactivado. El debate sobre la ampliación ha vuelto a primera línea, enriquecido con propuestas como la Comunidad Política Europea. Zelenski puede haber volado a Washington en su primer viaje al extranjero desde la invasión rusa, pero su país viaja sin escalas rumbo a la UE. En junio, los dirigentes europeos concedieron a Ucrania la condición de país candidato a la adhesión. Muchos querrían que se incorporase lo antes posible, pero quizá merezca la pena hacer bien las cosas. Tuvieron que pasar 15 años desde la caída del muro de Berlín para que los países de Europa Central y del Este entrasen en la UE, y una década si contamos desde que se asumió en serio el compromiso de incluirlos. En el caso de Ucrania, el proceso podría ir más rápido, dada la voluntad firme de ambas partes. La meta está clara y es compartida: una Ucrania libre, próspera y europea; una Ucrania en paz.

En resumen, no todos los caminos importantes llevan a Roma. Algunos desembocan en la UE.

Guerra ruso-ucraniana. Propaganda, debates y controversias, por el coronel (Ret.) Fernando Pinto Cebrián

21. de octubre de 2022

https://www.despertaferro-ediciones.com/2022/guerra-ruso-ucraniana-debates-controversias-propaganda/

En los medios se han estado produciendo varios debates, basados en algunas certezas, especulaciones y opiniones que, en mayor medida, son desinformaciones, fruto de la propaganda y contrapropaganda de guerra. Una extensa variedad de fake news de diversos orígenes, en ocasiones derivadas de ciertos intereses políticos, buscan afirmar lo que se querría que ocurriera sobre lo que ha pasado, está pasando y pasará en la guerra ruso-ucraniana.

Estos debates han surgido y siguen surgiendo como consecuencia de lo complicado que es tratar de entender la guerra en todos sus procesos. Como guía aclaratoria veamos, sintéticamente, los debates más conocidos y difundidos en los medios de comunicación sobre la guerra ruso-ucraniana.

Toma de Bucha por las tropas ucranianas

Las primeras controversias

Con el soporte de expertos ucraniólogos y rusólogos de toda clase, tras la sorpresa inesperada de la invasión rusa hace siete meses en territorio ucraniano –fallo de los Servicios de Inteligencia occidentales que según la OTAN deberían producir información rápida en tiempo real para poder reaccionar con eficacia–, los debates apuntados se iniciaron con aquel que analizaba si tal acción era una guerra o no, ante la declaración rusa de que la invasión era solo una “operación militar especial”. Declaración que colocaba a dicha invasión, por no haber una declaración formal de guerra fuera de la concepción de una guerra convencional, aun cuando la misma fuera armada y violenta, con la realidad de que Europa estaba y está en guerra.

Concretamente, aquel debate sobre si el tipo de guerra es para unos convencional incluso acusando la acción sobre civiles, o híbrida para otros, si a la convencional se añaden procedimientos diferentes de los habituales, en apoyo a aquella confrontación bélica –proxy para los rusos ante la intervención bélica indirecta de los amigos de Ucrania–; o bien, para otros, se trata de una guerra total al estilo de la Segunda Guerra Mundial, en la que se actuó bélicamente con todo y contra todo.

Con el tiempo se debatió también sobre la duración de la guerra/conflicto. Por un lado, estaban aquellos que aseveraban que el conflicto sería de escasa duración, ya que los ucranianos recibirían a los rusos de brazos abiertos, con lo que la entrada en Ucrania sería un “paseo militar”, cosa que no ocurrió. Por el otro lado estaban los que, considerando los presuntos objetivos de Vladímir Putin –la anexión de la totalidad de Ucrania tras la caída de Kiev, o solo una parte fronteriza–, presumían que sería más larga. A la distancia de este debate, es posible anotar que ni siquiera los segundos acertaron del todo.

Como consecuencia, la aseveración de que la invasión rusa ha conseguido unir Europa y reforzar la OTAN en su contra –tal como se declaró en la Cumbre de la OTAN en Madrid–, ha sido planteada recientemente como posibilidad peligrosa por Josep Borrell, el alto representante de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la ONU, a la vista de que Hungría quiere una consulta popular sobre los efectos de las sanciones rusas y la determinación de soluciones. Esto, a pesar de que dicha aseveración no era clara para algunos pues lo que parecía tener claridad se podría romper en orden de los intereses nacionales de cada país, según avanzara el conflicto y la dureza de las sanciones rusas, las cuales ya están deteriorando y desestabilizando la economía europea y mundial.

A propósito de la mencionada unidad de los países europeos –discutida más adelante– junto a los EE. UU., se abrió el debate sobre si estábamos ya en una Tercera Guerra Mundial o no, en atención a la intervención, aunque no directamente bélica por su parte, a la existencia nominal de bloques internacionales de soporte para cada uno de los contendientes, a los apoyos logísticos bélicos de todo tipo a Ucrania –con entrega de armamento creciente en calidad y cantidad, formación de combate a sus fuerzas, etc.–; y el sufrimiento común de los rebotes de las sanciones impuestas a Rusia. Debate en el que la mayoría señaló que, aunque existiera la posibilidad de una escalada, de momento dialéctica, en dirección a la mundialización del conflicto, aún no se estaba en ella.

Líderes de la OTAN reunidos en Madrid-2022

No obstante, aún queda pendiente la amenaza rusa de comenzar la Tercera Guerra Mundial si las fuerzas de la OTAN entran en Ucrania, o si Ucrania pasa a ser miembro de tal organización. Al igual que existe la incertidumbre sobre si esta posible guerra mundial derivaría en una guerra nuclear, la cual nadie desea. Al respecto hay dos posturas, los que creen que esta amenaza no se producirá, a no ser que se rompa el efecto disuasorio que pasara de la advertencia a la realidad, o a que haya un error bélico en tal dirección –mismos que exigen a Putin que ponga fin a la guerra–; y aquellos que la ven completamente posible si, como inicio, se emplearan por parte rusa armas nucleares tácticas, en caso de que la situación bélica se torciera en demasía para los rusos, poniéndoles «entre la espada y la pared» como parece que está ocurriendo: movilización desorganizada de fuerzas con falta de recursos, avances territoriales ucranianos de reconquista, voladura en el puente de Kerch que une Rusia con Crimea,  sabotajes sobre los gaseoductos en el mar Báltico y en Polonia, etc.

El debate actual ante la reciente amenaza pública rusa de ataques nucleares –importante saber si solo se trata de un farol con intencionalidad disuasoria–, a pesar de algunos desmentidos diplomáticos, ha originado una respuesta europea y estadounidense que intenta ser disuasoria –maniobras de la OTAN de carácter anual con armamento nuclear, las Steadfast Noom–. No obstante, esta amenaza ha sido tomada en serio por algunos países fronterizos con Ucrania, como Moldavia, Rumanía, Hungría, Eslovaquia y Polonia, los cuales están adquiriendo pastillas de yodo y revisando sus búnkeres antinucleares ante la idea de que la misma pudiera ser auténtica.

También está el debate comparativo de las bajas de combatientes y de armamento en ambos bandos, esto sobre todo por el lado europeo, contando con el silencio ruso tratando de dirimir quién va perdiendo la guerra. Rusia tiene en la actualidad carencias en cuanto a armas y municiones. Al respecto, algunos señalan que incluso cuando su maquinaria e industria militar están desgastadas, todavía cuentan con potencial para seguir en la guerra; asimismo otros señalan que, a pesar de que también se está llevando a cabo en Europa la producción de armas y municiones –armamento que ante los recientes ataques a Kiev y otras quince ciudades ucranianas se va a reforzar con sistemas antimisiles dando instrucción a quien han de emplearlos– para Ucrania con el fin de atender sus propias reservas, Ucrania está creciendo en cuanto a la recepción de armamento y material bélico, de la mano de financiación bélica por parte de que quienes les apoyan, lo que va a impulsar al ejército ucraniano hacia la victoria. Y este apoyo será también necesario en el invierno, ante la dificultad para el movimiento de tropas y la acentuación, con seguridad, de los ataques rusos por el aire de cualquier tipo. En este terreno también hay que mencionar la poca experiencia bélica de las fuerzas rusas presentes frente a parte de las ucranianas, que llevaban combatiendo siete años en la región de Donbás contra los separatistas prorrusos, además de los buenos resultados de su táctica de golpear por sorpresa y huir sin enfrentarse nunca directamente.

Asimismo, se abrió el debate, sin exponer la doctrina bélica rusa –diferente en su concepción a la europea y estadounidense–, sobre si Putin tenía una estrategia definida o no. Esto entre los que admitían que lo que estaba tratando era recuperar un territorio que antes era ruso; afirmando a la vez que Rusia había sido engañada por la OTAN sobre las intenciones de reforzar Ucrania frente al Este. En el debate, igualmente estaban aquellos que veían, y siguen viendo más allá, considerando que Rusia atacará para reforzar su seguridad y retomar su presencia como potencia mundial, recuperando en el proceso la idea de volver a la Gran Rusia, a otros países europeos fronterizos con Rusia; y ello a pesar de que haya quienes consideran, a la vista de los acontecimientos, que Putin ha cambiado de estrategia en varias ocasiones: abandono del intento de ocupación de Kiev, traslado al Este de las operaciones, nuevo ataque a Kiev con misiles, junto a quince ciudades más, como «venganza», «castigo» o represalia; ante la pérdida de parte de los territorios anexionados, la voladura de parte del puente de Kerch y la amenaza reiterada de un ataque nuclear. Cambios que, al margen de intentar mejorar la opinión pública rusa sobre la guerra, no suponen nada en cuanto a la idea de Putin, al parecer fija, de seguir adelante con la guerra de cualquier forma.

Lo que se discute recientemente

Otro debate, actualmente abierto, es sobre el valor de las sanciones económicas a Rusia. Este, entre aquellos que, partidarios de las mismas, consideraron que el resultado se vería a largo plazo;  y entre aquellos que consideran que las sanciones, como parte de la guerra, una «guerra económica» que acompaña a la bélica, no resolverán el conflicto, anunciando al tiempo que el daño causado rebotaría contra Europa. Lo que abriría la puerta a una escalada de las mismas, pensando además que el efecto de las sanciones, que afectan al continente europeo y más allá, continuará en el tiempo aun cuando se alcanzara la paz. Y este debate viene acompañado del subsecuente respecto a cómo paliar, cara al presente y al futuro, las dependencias económicas.

Existe igualmente un debate referente al apoyo armamentístico y logístico, amén de otros –entre ellos, el entrenamiento de fuerzas ucranianas, tropas y mandos, la atención sanitaria, la acogida de desplazados, etc.–, a Ucrania. Este, entre aquellos que lo consideran esencial –factor decisivo para la OTAN, para evitar que Rusia gane la guerra– y los que hablan de no dar tal apoyo, dirigiendo los esfuerzos a abrir una negociación ante la idea de que la guerra terminaría pronto frente una Ucrania derrotada.

Respecto a la salud de Putin, siguiendo la creencia generalizada de que «muerto el perro se acabó la rabia», también se ha originado un debate entre los que decían tener información concreta al respecto, información que daba como seguro, ampliada con la observación de algunos de sus gestos de que Putin estaba enfermo, gravemente enfermo; y entre aquellos que, dudando, no la consideraron como hecho en ningún momento.

Además de la polémica que refería a una posible enfermedad que pudiera eliminar naturalmente a Putin, ha surgido otra discusión. En esta, por un lado están los que consideran la posibilidad de un golpe interno en Rusia que haga caer a Putin, idea que refuerzan con habilidad en su contra ante las presuntas quejas de soldados rusos en Ucrania, de sus familias, de la sociedad ante la actual movilización; ante los resultados de las sanciones, de las supuestas críticas de algunos generales y poderosos; todos, bajo la idea de que Putin ha perdido el control y que es ya incapaz de imponer su autoridad, que la invasión de Ucrania se ha vuelto contra él, que su régimen está desnortado. Y, por el otro lado, ante el tema están aquellos que consideran que el poder establecido por Putin y la presencia de una mayoría rusa nacionalista, aún no visualizada completamente al sentirse agredida por occidente, se pone a su lado, no se ha debilitado tanto, a pesar de algunos miedos a su poder,  como para ser derrocado. Y más, teniendo en cuenta la existencia de un círculo de poder próximo a Putin –el «partido de la guerra»– que exige más dureza sobre Ucrania, con acciones contra las infraestructuras vitales –energía, comunicaciones, transportes, etc.– y contra las vías de recepción de armas y medios europeos y estadounidenses para la guerra. Esto, con el objeto de colocar a Ucrania y, por ende a Europa, al borde de la supervivencia. Asimismo, hay que considerar la especulación de algunos analistas que refiere a que la ausencia de Putin no supondría ni el fin de la guerra ni que Rusia no continuara «defendiéndose» de Occidente.

Embajada de Rusia en Londres

Sobre quién está ganando o perdiendo la guerra ruso-ucraniana existe de igual forma cierta controversia. En tal caso, están los que consideran que Ucrania la ganará en un futuro más o menos lejano –que son los que manifestaban y manifiestan que la guerra no la han de ganar nunca los rusos–, sobre todo ante las ultimas reconquistas territoriales; de la mano de aquellos que afirman que la guerra está ya dada por perdida para Rusia, a la vista de lo que consideran señales de desesperación y debilidad en el ejército ruso: cambios frecuentes de generales y mandos militares, faltas de armas y de municiones. Igualmente, en el tema están los que no ven tan clara esa debilidad, dada la potencialidad rusa, de cara al futuro en su posible esfuerzo de guerra.

Un debate más responde a lo que algunos afirman sobre una posible ralentización de la guerra durante el invierno, por dificultar los movimientos de fuerzas; frente a la creencia de otros que, sin olvidar el peso de la artillería, de los misiles, de los drones y de la fuerza aérea, ven posible la continuidad bélica.

Y mientras, frente a tanto debate que ha surgido, como se puede cotejar, al compás de la evolución de la guerra bajo la mirada de los expertos antes aludidos, además de los que posiblemente se sigan planteando –ahora, por ejemplo, sobre el significado de la aplicación de la Ley Marcial por parte Rusia a los territorios irregularmente anexionados, respecto a la evacuación de civiles de la región de Jersón o sobre los nuevos aliados de Rusia, etc.–, todos ellos interrelacionados, nos vamos distanciando para aclarar el «aquí y ahora» que interesa, dejando igualmente de lado una cuestión que pudiera ser clave: ¿Qué se ha hecho en el terreno de la diplomacia para atajar la guerra?

Finalmente hay también un debate, aún inconcluso, que refiere que las partes que debieran negociar –al margen de las incitaciones a ello por parte occidental, y de lo que no hay mucho de cierto  todavía, sobre una posible reunión entre Biden y Putin en la Cumbre del G20 en Indonesia a mediados de noviembre–, no quieren hacerlo. Esto, ya que cada lado plantea exigencias encontradas. Al respecto, por un lado se encuentran los ucranianos calificando la guerra de «existencial», mostrando una elevada moral y gran voluntad de vencer, considerando la posibilidad real de derrotar a Rusia–incluso cuando Rusia llegase a emplear armamento nuclear–; empeñados, a su vez, en que se respete por parte rusa la integridad territorial de Ucrania, devolviendo todo el territorio ocupado, incluso Crimea –ello, al margen de que Volodímir Zelenski​ rechace hablar con un dirigente ruso, «criminal de guerra» y terrorista, mostrando así una falta de voluntad para negociar–. Por su parte Rusia, empeñada en continuar la guerra en Ucrania para ganarla, a pesar de los constantes apoyos de la UE y de la OTAN a Ucrania –lo que exacerba su belicismo–, no ve condiciones para la negociación –negociación que no quiere–. No obstante, algunos analistas intuyen que, en caso de producirse, Rusia exigiría el reconocimiento definitivo de Crimea como territorio ruso, que Ucrania admitiera que se repitieran los referéndums sobre las cuatro regiones anexionadas recientemente –Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia– bajo los auspicios de la ONU, y que, de cara al futuro, Ucrania sea neutral, sin formar parte de la OTAN.

En suma, ambas posiciones generan una situación de bloqueo sobre la que habría que haber considerado ya soluciones, con el fin de abrirla.

Coronel D. Fernando Pinto Cebrián

Coronel de Infantería y diplomado de Estado Mayor retirado. Exmiembro del CNI. Técnico de Inteligencia. Licenciado en Geografía e Historia por la UNED. Doctor en Historia por el Instituto Universitario de Historia «Simancas» (Universidad de Valladolid). Miembro correspondiente de la Sociedad de Geografía de Brasil. Socio fundador de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI). Miembro de la Asociación Española de Escritores Militares (AEME). Miembro de la Asociación de Exmiembros del Servicio de Inteligencia Español (AMSIE). Agregado a las embajadas de España en Brasil, Mauritania, Senegal, Mali y Angola. Autor de diversas publicaciones dedicadas a la historia, geografía, antropología y al terrorismo contemporáneo. Entre ellas: Las razones de la sinrazón de los terrorismos contemporáneos (Finvespol, 2017), Terrorismo yihadista e Inteligencia (Ediciones Áltera, 2019), Terrorismo y Contraterrorismo en España. La experiencia (Ediciones Áltera, 2021).

Las armas nucleares nunca fueron un juego, Ramón González Férriz

Tras la crisis de los misiles, que casi provocó una guerra nuclear, el debate público puso el control armamentístico en la agenda política. Nuestra obligación es volver a hacerlo.

 1 de mayo de 2022

El 4 de julio de 2017, Corea del Norte lanzó un misil balístico intercontinental capaz de llegar a Alaska: fue un regalo a los “cabrones americanos” por su día nacional, dijo el líder norcoreano, Kim Jong-un, quien más tarde anunció que su país era una “potencia nuclear plena” y llevaría a cabo una prueba con una bomba de hidrógeno. En mayo de 2018, el presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos del Plan de Acción Integral Conjunto firmado en 2015 entre Alemania, China, Francia, Reino Unido y Rusia con Irán y que garantizaba que el programa nuclear iraní se desarrollaba para fines civiles y no militares. En 2019, EEUU abandonaba el

Tras la crisis de los misiles, que casi provocó una guerra nuclear, el debate público puso el control armamentístico en la agenda política. Nuestra obligación es volver a hacerlo.RAMÓN GONZÁLEZ FÉRRIZ | 1 de mayo de 2022

El 4 de julio de 2017, Corea del Norte lanzó un misil balístico intercontinental capaz de llegar a Alaska: fue un regalo a los “cabrones americanos” por su día nacional, dijo el líder norcoreano, Kim Jong-un, quien más tarde anunció que su país era una “potencia nuclear plena” y llevaría a cabo una prueba con una bomba de hidrógeno. En mayo de 2018, el presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos del Plan de Acción Integral Conjunto firmado en 2015 entre Alemania, China, Francia, Reino Unido y Rusia con Irán y que garantizaba que el programa nuclear iraní se desarrollaba para fines civiles y no militares. En 2019, EEUU abandonaba el

Tras la crisis de los misiles, que casi provocó una guerra nuclear, el debate público puso el control armamentístico en la agenda política. Nuestra obligación es volver a hacerlo.RAMÓN GONZÁLEZ FÉRRIZ | 1 de mayo de 2022

El 4 de julio de 2017, Corea del Norte lanzó un misil balístico intercontinental capaz de llegar a Alaska: fue un regalo a los “cabrones americanos” por su día nacional, dijo el líder norcoreano, Kim Jong-un, quien más tarde anunció que su país era una “potencia nuclear plena” y llevaría a cabo una prueba con una bomba de hidrógeno. En mayo de 2018, el presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos del Plan de Acción Integral Conjunto firmado en 2015 entre Alemania, China, Francia, Reino Unido y Rusia con Irán y que garantizaba que el programa nuclear iraní se desarrollaba para fines civiles y no militares. En 2019, EEUU abandonaba el Tratado sobre Fuerzas ­Nucleares de Rango Intermedio (INF, en inglés) firmado con Rusia en 1987 por Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan. En enero de 2020, después de que EEUU ejecutara al general iraní Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds, Teherán anunció que dejaría de limitar el enriquecimiento de uranio. En febrero de ese año, Vladímir Putin insistió en que su país estaba dispuesto a amenazar a EEUU con misiles supersónicos instalados en barcos y submarinos apostados cerca de la costa americana. Más recientemente, tras la invasión de Ucrania, Putin ordenó a su ejército aumentar el nivel de alerta de las fuerzas nucleares del país para responder a una posible agresión de la OTAN.

(INF, en inglés) firmado con Rusia en 1987 por Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan. En enero de 2020, después de que EEUU ejecutara al general iraní Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds, Teherán anunció que dejaría de limitar el enriquecimiento de uranio. En febrero de ese año, Vladímir Putin insistió en que su país estaba dispuesto a amenazar a EEUU con misiles supersónicos instalados en barcos y submarinos apostados cerca de la costa americana. Más recientemente, tras la invasión de Ucrania, Putin ordenó a su ejército aumentar el nivel de alerta de las fuerzas nucleares del país para responder a una posible agresión de la OTAN.

(INF, en inglés) firmado con Rusia en 1987 por Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan. En enero de 2020, después de que EEUU ejecutara al general iraní Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds, Teherán anunció que dejaría de limitar el enriquecimiento de uranio. En febrero de ese año, Vladímir Putin insistió en que su país estaba dispuesto a amenazar a EEUU con misiles supersónicos instalados en barcos y submarinos apostados cerca de la costa americana. Más recientemente, tras la invasión de Ucrania, Putin ordenó a su ejército aumentar el nivel de alerta de las fuerzas nucleares del país para responder a una posible agresión de la OTAN.

Artículo completo

Reordenación de la seguridad transatlántica.

La invasión rusa de Ucrania ha vuelto a centrar el debate transatlántico sobre seguridad, hasta hace poco marcado por la frivolidad y la introversión. Las líneas divisorias tradicionales entre europeístas y atlantistas se redibujan, emerge una nueva división del trabajo entre la OTAN y la Unión Europea, y el equilibrio de poder entre los aliados muta. La flexibilidad, el pragmatismo y la funcionalidad deberían guiar el camino.

SOPHIA BESCH Y MARTIN QUENCEZ |  6 de octubre de 2022

Texto completo en:

Geopolítica en el Mediterráneo: pasado, presente y futuro, por Rafael Vidal Delgado

Cubierta del libro

INTRODUCCIÓN
Este pequeño repaso a la geopolítica en el Mediterráneo, no pretende extraer conclusiones, sino simplemente relacionar históricamente el hecho geopolítico; hacer mención a los actores que intervienen, de los que se ha hecho una breve relación existiendo muchos más, de carácter internacional y privado; enumerar las tensiones o conflictos existentes sobre la base de zonas concretas del ámbito objeto de este estudio y por último recoger de una forma sucinta lo que el Concepto Estratégico de la OTAN 2022, aprobado en la Cumbre de Madrid de 30 de junio, lo que señala para el Mediterráneo.
Al final, como anexo, se dispone del texto completo del Concepto Estratégico.

La relación bilateral con Estados Unidos y la Cumbre de la OTAN, por Josep Piqué

La buena sintonía con EEUU es indispensable para España, pues refuerza su posición en ámbitos clave de su política exterior: la Unión Europea, América Latina y el Mediterráneo occidental.

JOSEP PIQUÉ |  1 de julio de 2022

La Cumbre de la OTAN en Madrid ha sido extremadamente importante, por el contenido y por el contexto geopolítico en el que se ha producido. La criminal agresión de Rusia a Ucrania ha propiciado lo que el presidente Joe Biden ha denominado la “otanización” de Europa y ha puesto de manifiesto que China no ha sido coherente con los principios básicos del Derecho Internacional, al no condenar y “comprender” la flagrante violación de la integridad territorial de un Estado independiente y soberano, mediante el uso injustificado de la fuerza.

Por ello, más allá de calificar a Rusia como la amenaza más significativa y directa a la seguridad de los aliados, y para la paz y la estabilidad del área euro-atlántica, el nuevo Concepto Estratégico de la OTAN considera a China un desafío a nuestros valores e intereses y a nuestra seguridad. Son cambios sustanciales en relación al Concepto Estratégico anterior, cuando se consideraba a Rusia como un socio para la paz y la seguridad y no había ninguna mención a China.

En esa “otanización” de Europa cabe destacar la incorporación de dos países neutrales (por diferentes motivos y circunstancias) como Suecia y Finlandia, una vez levantado el veto de Turquía. Pero también el fortalecimiento de las capacidades militares de la Alianza y de la presencia estadounidense en Europa.

Otro asunto muy relevante abordado en Madrid es el relativo a la seguridad de 360º, tanto en lo que se refiere a los ámbitos (incluidos los relacionados con la “guerra híbrida” y las “zonas grises”, y el uso del espacio y el ciberespacio) como a la visión geográfica, incluyendo las amenazas crecientes que vienen no solo del Este, sino del llamado Flanco Sur. Dos de estos aspectos –el aumento de la presencia militar estadounidense en el continente europeo y las amenazas desde el Flanco Sur– enmarcan una nueva etapa en la relación bilateral entre España y Estados Unidos, una relación que ha pasado por diferentes intensidades y que es crucial para nuestro país. No solo se trata de la primera potencia del mundo, sino que EEUU es el principal inversor en España y principal destino en inversión directa de nuestras empresas. Los intercambios comerciales son muy importantes (unos 44.000 millones de euros anuales) y los flujos turísticos –más allá del impacto de la pandemia– son cada vez mayores, así como nuestros intercambios culturales o las relaciones científicas y tecnológicas.

«No solo se trata de la primera potencia del mundo, sino que EEUU es el principal inversor en España y principal destino en inversión directa de nuestras empresas»

Obviamente somos, como ha dicho el presidente Biden, un “socio indispensable” para la seguridad y la defensa, dada la estratégica importancia de las bases de Rota y Morón. Por todo ello, una estrecha relación bilateral en el ámbito político es muy deseable. Y, además, debemos ser conscientes que fortalece nuestro peso específico en la Unión Europea, desde una vocación atlántica reforzada con la salida de Reino Unido. También en América Latina, con una creciente influencia china que tanto España como EEUU tienen que tomarse muy en serio en una región tan vinculada a su vecino del Norte como a través de la Comunidad Iberoamericana, especialmente en el momento convulso que viven todos los países de la región. Y, desde luego, la relación bilateral es esencial para hacer valer nuestra posición en el Mediterráneo occidental. Basta mencionar nuestra relación con Marruecos o Argelia para ver la relevancia de una buena sintonía con EEUU.

En este sentido, el momento más alto de la relación bilateral fue a partir de 2001, cuando se firmó en Madrid por quien suscribe –entonces ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de José María Aznar– y la secretaria de Estado, Madeleine Albright, con la administración de Bill Clinton, la primera Declaración Conjunta entre ambos países. Nótese que se negoció con esa administración, pero fue asumida plenamente y profundizada por la administración de George W. Bush.

Tenía pues una profunda visión “bipartisana” por ambas partes, ya que el gobierno español compartió con el Partido Socialista, entonces en la oposición, toda la información y obtuvo su conformidad. La relación entre dos Estados soberanos e independientes no puede basarse en la coyuntura política ni en los vaivenes de la lógica y legítima alternancia de gobierno, sino que debe plantearse como una “política de Estado”, como lo es la política exterior. Sin consensos básicos en este terreno, la política exterior adolece de falta de credibilidad y deja de inspirar la confianza necesaria con los interlocutores.

Lamentablemente, ese consenso interno se perdió en 2004, cuando el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero retiró apresurada y unilateralmente las tropas españolas en Irak, a pesar de que no habían intervenido en la guerra y estaban bajo el paraguas de Naciones Unidas y, además, se permitió aconsejar al resto de aliados que hicieran lo mismo. Previamente, se produjo el famoso episodio cuando el entonces jefe de la oposición no se levantó en señal de respeto a la bandera estadounidense en el desfile militar del 12 de octubre en Madrid.

«La relación entre dos Estados soberanos e independientes no puede basarse en la coyuntura política ni en los vaivenes de la lógica y legítima alternancia de gobierno, sino que debe plantearse como una ‘política de Estado’»

Cabe decir que Rodríguez Zapatero, ya en calidad de expresidente del gobierno, ha seguido manifestando su animadversión hacia EEUU, apoyando a regímenes tan antinorteamericanos como Cuba o Venezuela o recomendando la necesidad de que Europa se uniera a China para hacer frente común a la hegemonía de nuestro principal aliado. Actitudes que no ayudan a generar de nuevo un clima de confianza mutua. Como tampoco ayuda el hecho de que miembros del actual gobierno de coalición sean claramente contrarios a la Alianza Atlántica y al propio EEUU. Todo esto se ha visto con meridiana claridad a raíz de la agresión rusa a Ucrania, culpabilizando a la OTAN y pidiendo una “paz” que no es otra cosa que una rendición de Ucrania y la cristalización de una situación de facto que premia la violación del Derecho Internacional y el uso injustificado de la fuerza militar para conseguir objetivos geopolíticos, posibilitando futuras agresiones.

Por ello, es remarcable que, en los márgenes de la Cumbre de Madrid, se haya firmado otra Declaración Conjunta que, recogiendo el espíritu y los objetivos de la de 2001, se haya adaptado a las nuevas circunstancias, aunque sin más concreciones que las relativas a la defensa. Es un mérito, sin duda, del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Se trata de una declaración que refuerza la respuesta multilateral ante el desafío de Rusia y muestra un firme apoyo a Ucrania, defiende un orden internacional basado en normas, comparte los objetivos de la Agenda 2030, y “anima” a China a cumplir sus compromisos en los organismos multilaterales, contribuir a la seguridad internacional y cooperar en la provisión de bienes públicos globales como el cambio climático, la biodiversidad y la igualdad de género.

La nueva declaración se propone intensificar la cooperación en seguridad, incluyendo la lucha antiterrorista, el narcotráfico y la trata de personas, así como la ciberseguridad y el ciberespacio. También promover una migración segura, ordenada y regular, tanto en América Latina como en el Norte de África, la lucha contra el cambio climático en el marco del Acuerdo de París, así como la mejora de la seguridad energética y del suministro de minerales críticos, promoviendo cadenas de suministro resilientes.

Asimismo, se pretende una mayor cooperación en el ámbito comercial (donde mantenemos aún algunas diferencias por los aranceles establecidos por la anterior administración estadounidense), fiscalidad empresarial (en el marco de la OCDE) y en el terreno digital, científico y tecnológico.

Finalmente, se promueve una mayor cooperación política, con consultas regulares entre el ministerio de Asuntos Exteriores y el Departamento de Estado, así como entre los dos gobiernos, en la perspectiva, además, de la próxima presidencia española del Consejo de la UE del segundo semestre de 2023. Objetivos muy generales todos ellos, pero que enmarcan una voluntad clara de colaboración y de mejora de la relación bilateral.

«La fiabilidad y la confianza cuestan mucho construirlas, pero perderlas puede ser muy rápido»

La declaración del 2001 era más concreta en algunos puntos (como los contactos entre presidentes, el intercambio de información, la actualización del Acuerdo de Extradición o la promoción de la enseñanza del inglés en España y del español en EEUU).Y dio lugar a la mejor relación bilateral que hayamos mantenido nunca. Hay que esperar que se recupere aquel nivel, aunque sea parcialmente.

En ambas declaraciones, los temas de defensa fueron cruciales, estableciéndose incluso en 2001 un Comité Bilateral de Defensa de Alto Nivel, en el marco de la revisión del Convenio de Cooperación de Defensa. Ahora se acuerda, de nuevo en ese marco, el establecimiento permanente de dos destructores estadounidenses adicionales (a los cuatro existentes) en la base de Rota, para el fortalecimiento del escudo antimisiles. Queda pendiente la aprobación parlamentaria. Los socios de gobierno y parlamentarios del Partido Socialista ya han anticipado su voto negativo. Afortunadamente, la oposición encabezada por el Partido Popular ya ha confirmado su voto favorable, en un claro ejercicio de responsabilidad y sentido de Estado.

Es cierto que en la fase final del gobierno de Rodríguez Zapatero se ofreció a EEUU aumentar la presencia militar en la base de Rota, y que hubo una cierta mejora durante el gobierno de Mariano Rajoy. Pero, el hecho de que llegara Donald Trump a la Casa Blanca no solo no ayudó sino que empeoró las cosas (con España y, en general, con los aliados occidentales).

La declaración bilateral de 2001 posibilitó que el primer viaje a Europa del nuevo presidente Bush empezara por España, en una visita bilateral de gran profundidad, algo que no había sucedido antes. Ahora se ha producido, por primera vez en las dos últimas décadas, en el marco multilateral de la Cumbre de la OTAN.

Vamos en la buena dirección. Ojalá se pueda ir más allá y el claro compromiso de España con la OTAN o el cambio repentino –poco explicado y pésimo en las formas– de la posición española sobre el Sáhara han podido contribuir a restablecer una mínima confianza. Pero la política exterior, la credibilidad y la confianza se construyen paso a paso, con perseverancia y coherencia. Para ello, debe consensuarse con el principal partido de la oposición y alternativa de gobierno, y en el marco del Parlamento.

Si no se hace así, todo podría resultar, de nuevo, un intento fallido. Y no nos lo podemos permitir. La fiabilidad y la confianza cuestan mucho construirlas, pero perderlas puede ser muy rápido. Que la Cumbre de la OTAN, organizativamente muy exitosa para España, no sea flor de un día. Deben mantenerse los compromisos asumidos de forma leal y firme, así debe exigírsele también a la alternativa de Gobierno. Sobre su posición, afortunadamente, no tengo la menor duda.

Organización de la OTAN en 2016. Artículo escrito para AEME, por Rafael Vidal Delgado y publicado en diversos medios

Si comparamos la Organización de Tratado de Atlántico Norte en el momento de su fundación y su situación en 2016, es como si estuviéramos hablando de dos alianzas totalmente distintas, teniendo en la actualidad como único nexo el concepto de defensa colectiva ante el ataque a uno de sus miembros.

La Alianza se basa en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, desarrollado en el artículo 5º del Tratado de Washington de 1949 y completado con el 6º.

La OTAN ha sido una organización dinámica y se ha organizado a lo largo del tiempo a través de la estrategia fijada por los jefes de estado y de gobierno de los países miembros. A esta estrategia se le ha denominado “Concepto Estratégico”, pudiéndose definir como “la visualización de un posible escenario futuro, político-militar, en un intervalo de tiempo determinado”, siendo este intervalo, al objeto de una determinada perdurabilidad en el tiempo de diez años, sin menoscabo que a lo largo de dicho período hayan sufrido retoques, de acuerdo con la evolución de la situación mundial.

Hasta la fecha se ha decididos seis conceptos estratégicos, sobre los cuales podemos comprobar la evolución de la OTAN de una forma muy sintética:

Gráfico de evolución de los Conceptos Estratégicos de la OTAN

El concepto de 1949 preconizaba que ante un ataque de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), al no existir todavía el Pacto de Varsovia, se respondería con un despliegue masivo divisiones convencionales, es decir una estrategia con la que se había ganado la Segunda Guerra Mundial.

La URSS responde creando en 1955 el Pacto de Varsovia y desplegando 175 divisiones, frente a las 39 de la Alianza, por lo que en la cumbre de París de 1957, la OTAN modifica totalmente su concepto estratégico, basándolo en la “represalia masiva”, es decir un ataque de cualquier tipo contra la Alianza desencadenaría el holocausto nuclear.

La carrera de misiles de largo alcance, dotados de cabeza nuclear, fue imparable, sustituyendo la OTAN el Concepto en 1967, gracias al “informe Harmel”, por el de “respuesta flexible”, es decir se utilizarían los mismos medios que el adversario y al mismo tiempo se impulsaba la gestión de crisis, el desarme y la distensión.

A partir de la década de los setenta el Pacto de Varsovia comenzó a tener dificultades internas, naciendo en 1975 en Helsinki, la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE), transformada 20 años más tarde en Organización (OSCE). Pocos años después alcanzaron el poder espiritual Juan Pablo II y el poder material Ronald Reagan, ambos con la finalidad de eliminar, el primero, el ateísmo en los países comunistas, y el segundo de doblegarlos a través del programa “Iniciativa de Defensa Estratégica” (guerra de las galaxias), que obligó al nuevo secretario general de la URSS, Mijaíl Serguéyevich Gorbachov (1985) a “entenderse” con los EE.UU. y con la OTAN, ante la imposibilidad de seguir la carrera de armamento por su coste económico.

En 1989 cae el muro de Berlín y la URSS y el Pacto de Varsovia se desmoronan, decidiendo la OTAN en la cumbre de Roma de 1990, transformar la Alianza, emitiendo un nuevo Concepto, el cuarto, el cual manteniendo la “defensa colectiva de los países miembros”, daba prioridad al “diálogo político” y a la “cooperación en su más alto sentido”, dando entrada como “países amigos” en el programa “Asociación para la Paz”, más conocido como “Partner for Peace”, a los antiguos del Telón de Acero.

La OTAN en este Concepto no hablaba de amenazas y mucho menos del Este, pero sí de riesgos e incertidumbres que comenzaban a surgir en distintas partes del mundo, de tal forma que exigía que la OTAN se hiciera “planetaria”, siempre bajo los auspicios  del Consejo de Seguridad de las NN.UU. El mundo daba por terminada la “Guerra Fría”.

La realidad es que el 1991 la OTAN se encontró con el dilema de su propia existencia, propugnando su desaparición partidos políticos de los países miembros, al igual que había ocurrido con el Pacto de Varsovia, pero ya en el Concepto se contemplaban las nuevas necesidades, como la proliferación de armas de destrucción masiva, la ruptura de los aprovisionamientos de los recursos vitales y las acciones de terrorismo y sabotaje.

En 1999 se actualiza el Concepto anterior y se decide uno nuevo, en cierto modo de transición al vigente actualmente. En este Concepto se tiende a las relaciones transatlánticas, a las iniciativas de defensa propiamente europeas y otras que relacionadas con la OTAN, dispuesieran de medios de defensa en todo el globo, se inicia, tímidamente la llamada “defensa cooperativa”.

El Concepto estratégico actual de 2010, se basa en tres pilares: la “prevención y gestión de crisis” y el uso intensivo de la “seguridad cooperativa”. La aparición de nuevos escenarios, como el virtual y espacial, obligan a la atención al ciberespacio y al espacio atmosférico, y aunque no se citan explícitamente a los líderes mesiánicos que podían desestabilizar distintas zonas, como Corea del Norte, Venezuela, Eritrea, etc.

La acción del presidente ruso sobre Ucrania, ha obligado a la OTAN, en palabras de su Secretario General Jens Stoltenberg, a declarar en la cumbre de Varsovia de 2016 que la Alianza y Rusia ya no son socios estratégicos, lo cual da pie a la iniciación de una nueva “Guerra Fría”

Orgánicamente la estructura de la OTAN no ha variado sustancialmente, al menos políticamente, manteniéndose las Autoridades Nacionales, como máximo órgano de decisión; las Representaciones Permanentes a nivel de embajador; la disminución de los numerosos comités, por tres bloques: Planeamiento de Defensa (DPC), que en la actualidad se encuentra un diplomático español como Secretario General Adjunto; Consejo del Atlántico Norte (NAC) y el Grupo de Planeamiento Nuclear (NPG), de los que dependen otros comités. Todo el conjunto está coordinado y presidido por el Secretario General de la OTAN, que dispone de un Estado Mayor Internacional (IS).

Aunque la OTAN se ha “civilizado”, es decir se da más énfasis al diálogo y la cooperación, siendo paradigmáticos los planes civiles de emergencia, que han dado un resultado extraordinario en catástrofes europeas y mundiales, también cuenta con la “parte militar”, formada por el Comité Militar, constituido por los Jefes de Estado Mayor de los países miembros; por unos Representantes Militares de carácter Permanente y que cuentan, al igual que el IS de una Estado Mayor Militar Internacional (IMS).

Las decisiones militares de la OTAN parten de las Autoridades Nacionales y/o del Consejo del Atlántico Norte, así como del DPC, NPG y Secretario General, los cuales comunican las directrices a los comités civiles especializados y al Militar, apoyándose en los estados mayores IS e ISM, así como en caso necesario, por la dificultad del problema, se crea un grupo de trabajo “ad hoc”.

Con todos estos estudios y análisis se proponen a la cúpula de la Alianza unas Líneas de Acción, la cual elige una o toma una decisión mezcla de varias, designando al Mando Militar Estratégico que debe desarrollarla.

CUARTELES GENERALES DE LA OTAN

Mandos Estratégicos de la OTAN

Hay dos Mandos Estratégicos: el Mando Aliado de Operaciones (ACO), que se encuentra en Mons (Bélgica) y el Mando Aliado de Transformación (ACT), en Norfolk (Virginia-EE-UU).

Las funciones atribuidas al ACT son: definir las características de los conflictos futuros y las necesidades de medios, crear doctrina de los nuevos conceptos operacionales e implementar esta doctrina en los miembros de la Alianza. Para ello la OTAN ha dotado al ACT de cuatro centros subordinados y 22 centros de excelencia, dedicados a dirigir ejercicios que ayuden a implementar la nueva doctrina operacional a través de la experiencia adquirida por los componentes de la OTAN (Boletín de Información del CESEDEN, nº 320 de 2011).

Por su parte el ACO ha sufrido una drástica disminución en sus cuarteles generales, de tal forma que han quedado, a nivel operacional, como Cuarteles Generales Conjuntos el de Brunssum en Holanda y el de Nápoles en Italia; un solo Cuartel General Aéreo, el de Ramsteim en Alemania; un Mando Terrestre (Landcom) en Izmir en Turquía y un Mando Marítimo (MARCOM) en Northwood en Gran Bretaña.

Por su parte, en nivel táctico, prácticamente han desaparecido los cuarteles generales, llegándose a alcanzar la cifra de más de treinta, manteniéndose tres Centros de Operaciones Aéreas Combinadas (CAOC), situados en Uedem  en Alemania, Poggio en Italia y Torrejón en España, siendo este último el único Cuartel General existente en nuestro país, de hecho el Cuartel General Aliado de Retamares (Madrid), sus responsabilidades y zona de acción han sido transferidas al de Turquía.

De los Cuarteles Generales conjuntos de Nápoles o de Brunssum se encuentra la Fuerza de Respuesta de la OTAN (NRC), de la cual a su vez depende la Fuerza Conjunta de Muy Alta Disponibilidad o Very High Readiness Joint Task Force Land (VJTF), cuyo Componente Terrestre es asumido por España, en principio (puede que sea rotatorio), disponiendo para ellos de un Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad (CGTAD), con base en Bétera y en Valencia. Existen otros CG,s de división y brigada desplegados en los países bálticos en Polonia y Rumania, así los llamados CGs, de NATO Forces Integration Units (NFIU), siendo similar la estructura en los componentes aéreos y marítimos

La realidad es que la OTAN desea apoyarse cada vez más en los cuarteles generales de los países miembros y en caso necesario lo implementan, bien de forma permanente o durante un intervalo temporal de oficiales de otros ejércitos.

ESPAÑA EN LOS CUARTELES GENERALES

Cuarteles Generales de la OTAN

Todos los Cuarteles Generales de la OTAN son de carácter combinado, existiendo en todos ellos oficiales de mayor o menor rango.

El CAOC de Torrejón, cuyo mando es un general de división del Aire, en la actualidad García Servert, dispone de un 2º jefe griego, de director de operaciones portugués y las divisiones del Estado Mayor están mandadas por oficiales superiores de distintas naciones miembros, al igual que las secciones y negociados. La responsabilidad de este Mando es enorme, dado que tiene bajo su coordinación a todos los aviones de alerta que existen en las bases aéreas de los países de la Alianza de todo el sur de Europa, excepto Francia, y del Este y Turquía, pudiendo ordenar la interceptación de cualquier aeronave que sobrevuele el espacio aéreo y no se encuentre perfectamente identificado.

Por su parte el CGTAD está mandada por el teniente general español, con un adjunto portugués, un Jefe de Estado Mayor, general español de dos estrellas y las divisiones se encuentran al frente de generales de una estrella de distintas nacionalidades, predominando los españoles.

CONCLUSIÓN

La OTAN ha demostrado su utilidad a lo largo de cerca de setenta años de su historia, gracias a que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, a la situación del momento y a los nuevos riesgos e incertidumbres.

Ha sabido optimizar sus recursos, flexibilizando el uso de la fuerza, siendo España con las llamadas brigadas polivalentes, un ejemplo de ello. La respuesta rápida, la alta disponibilidad de fuerzas y las capacidades estratégicas de transporte y vigilancia aérea, hacen de la OTAN la única gran alianza mundial capaz de responder a retos en cualquier parte del mundo, siempre bajo mandato de la ONU.

España se encuentra en un lugar privilegiado, siendo el sexto contribuyente de la Alianza, manteniendo en su territorio dos cuarteles generales, uno de tercer nivel y el otro de cuarto/quinto.

España, al igual que la OTAN se enfrenta a la escasez de recursos económicos, pudiendo afectar en un futuro próximo a su operatividad y más si tenemos en cuenta la traslación del esfuerzo norteamericano al área del Pacífico y la salida de la Unión Europea del Reino Unido.

Pero algo es seguro, que la OTAN sabrá adaptarse al futuro.

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artª (Ret.) DEM

Doctor en Historia Director del Foro para la Paz en el Mediterráneo

La OTAN y la lucha contra el terrorismo. 1ª Ciclo AEME 2022. Autor: Coronel del ET Ignacio fuente Cobo del IEEE

Cuando se fundó la OTAN en 1949, el terrorismo era considerado un asunto básicamente nacional, por lo que la Alianza Atlántica no le prestó demasiada atención dedicándose exclusivamente a la defensa colectiva contra la amenaza soviética. Habrá que esperar al fin de la Guerra Fría, para que el terrorismo alcance un carácter global y se convierta en una amenaza directa para los países aliados, para la seguridad de sus ciudadanos y para la estabilidad internacional. El Concepto Estratégico aliado de 1999 definía por vez primera el terrorismo como un riesgo que podía afectar a la seguridad de la OTAN y contemplaba la posibilidad de desarrollar operaciones no previstas en el artículo 5 para responder al mismo incluso fuera del territorio aliado.

Pero habrá que esperar a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos para que la OTAN invoque su cláusula de defensa colectiva (artículo 5) y ofrezca su apoyo a los Estados Unidos, comprometiéndose a “realizar todos los esfuerzos para combatir el flagelo del terrorismo”. Consecuentemente, la OTAN lanzó su primera operación contra el terrorismo “Eagle Assist” enviando siete aviones de radar AWACS a patrullar los cielos de los Estados Unidos. Unos meses después, el 26 de octubre de 2001, la OTAN iniciaba su segunda operación antiterrorista “Active Endeavour” desplegando elementos de las Fuerzas Navales Permanentes de la OTAN en el Mediterráneo oriental con la misión de detectar y disuadir la actividad terrorista. Esta operación se ampliará en el 2003 para incluir la escolta de barcos civiles a través del Estrecho de Gibraltar.

Más tarde, Casablanca, Madrid, Londres, Bali, o Mumbai confirmaron la necesidad de cambiar la visión aliada del terrorismo que pasó a considerarse una amenaza real para la seguridad euroatlántica.  A partir de entonces, la lucha contraterrorista formará parte de las tres tareas principales de la OTAN recogidas en el concepto estratégico de 2010; es decir, la defensa colectiva, la gestión de crisis y la seguridad cooperativa. La política antiterrorista dirigirá en los años siguientes los esfuerzos de la alianza en tres direcciones principales. En primer lugar, lo que se denomina en el argot OTAN conciencia compartida (“awareness”), que incluiría las consultas, el intercambio con los aliados y socios de inteligencia y el análisis y evaluación continuada de la amenaza terrorista de carácter estratégico.

En segundo lugar, estaría el desarrollo de nuevas capacidades y tecnologías innovadoras para prevenir, proteger y responder a las amenazas terroristas. La OTAN lleva a cabo este cometido a través del “Programa de Trabajo de Defensa contra el Terrorismo”, cuyo objetivo es proteger a las Fuerzas militares, personal civil e infraestructura crítica contra los ataques terroristas. Los Centros de Excelencia de la OTAN contribuyen al mismo de una manera muy relevante proporcionando experiencia en una amplia variedad de temas, incluida la ingeniería militar para la limpieza de rutas, la lucha contra los artefactos explosivos improvisados, el análisis de redes sociales etc. De esta manera, los socios pueden aprovechar los mecanismos de asociación y la cooperación en la lucha contra el terrorismo, para crear o mejorar sus capacidades de defensa.

Finalmente, estaría la cooperación con los socios y actores internacionales, como es el caso de la Unión Europea o las Naciones Unidas, dado que la OTAN entiende que el esfuerzo contra el terrorismo requiere el compromiso de toda la comunidad internacional. Aquí juega un papel muy importante el “Programa de Ciencia para la Paz y la Seguridad” de la OTAN, cuya finalidad es mejorar la cooperación y el diálogo entre científicos aliados y socios fomentando la creación de una red de expertos que intercambian información. Con ello se logra una mejor comprensión de la amenaza terrorista y un mayor desarrollo de medidas de detección y respuesta.

Pero el compromiso de la OTAN en la lucha contra el terrorismo también se extiende al campo de las operaciones. En la Cumbre de Varsovia de julio de 2016, los líderes aliados decidieron apoyar la lucha contra el Daesh en Irak y los aviones AWACS de la OTAN comenzaron a proporcionar información a la Coalición Global para la lucha contra el terrorismo. Al mismo tiempo, la OTAN lanzó un programa de entrenamiento dirigido a enseñar a las fuerzas de seguridad iraquíes a contrarrestar los artefactos explosivos improvisados (IED). Esto resultaba particularmente relevante para el territorio recién liberado de la ocupación del Daesh.

Actualmente, la OTAN sigue más comprometida que nunca en la lucha contra el terrorismo, al entender que se trata de una amenaza que continuará existiendo en el futuro previsible, dada la capacidad que han demostrado los terroristas para cruzar las fronteras internacionales, ocupar territorios en estados frágiles, y en áreas de importancia estratégica para la Alianza, y ejecutar ataques contra nuestras poblaciones, o contra las fuerzas aliadas desplegadas en los teatros de operaciones.

Al mismo tiempo, la OTAN es consciente de que la tecnología moderna y el fácil acceso que tienen a ella, aumentan el impacto potencial de los ataques terroristas que emplean medios convencionales y no convencionales, y que resultan particularmente peligrosos cuando los terroristas buscan adquirir capacidades químicas, biológicas, radiológicas o nucleares, o cuando emplean sus habilidades cibernéticas para atacar a nuestras sociedades, o a nuestras instituciones.

La OTAN ha aprendido mucho los últimos años. La experiencia en escenarios como Afganistán, Libia o Irak, ha llevado a la OTAN a aceptar que la respuesta contra la amenaza terrorista tiene que ser multidimensional e inclusiva, más allá de la puramente militar, y debe abordar las desigualdades económicas, sociales y de gobernanza que están en la raíz de las insurgencias locales y del yihadismo. Pero también la OTAN ha aprendido que, dicha respuesta, debe mantener una dimensión militar absolutamente imprescindible para garantizar el éxito frente a unos grupos terroristas que operan desde estados que han demostrado ser débiles, incapaces y disfuncionales.

De especial preocupación, en los momentos actuales, es el caso del Sahel, una región que hasta fechas recientes había quedado fuera del foco de atención aliado, y donde las perspectivas de derrotar a los grupos terroristas siguen siendo sombrías en el corto y medio plazo. El Sahel se ha convertido en uno de los escenarios más exigentes y más desestabilizadores del mundo en términos de seguridad. Así lo reconocía el informe de los Ministros de Asuntos Exteriores aliados aprobado a finales de 2020, el cual afirmaba que “el deterioro de la situación de seguridad en el Sahel y las amenazas terroristas que desestabilizan a varias naciones de la región tienen el potencial de afectar la seguridad transatlántica”.

Dentro de unos días, el 29 y 30 de junio, Madrid albergará una importante cumbre en la que los aliados aprobaran su estrategia para los próximos años. La cumbre supondrá un hito en la visión de la OTAN de su papel en el mundo, al contemplar la necesidad de que la Alianza Atlántica desempeñe un papel más relevante como proveedor global de seguridad.

El terrorismo será uno de los cinco desafíos que la OTAN asumirá en el Concepto Estratégico que aprobará en Madrid, junto con el resurgimiento de la rivalidad sistémica entre grandes potencias, el incremento de la guerra por medio de métodos híbridos, el crecimiento de la guerra a través de terceros o intermediarios, y la evolución de las tecnologías disruptivas y emergentes.

Ello quiere decir que, en plena guerra en Ucrania, los asuntos de seguridad en el este de Europa y la adaptación de la OTAN a una era dominada por la rivalidad estratégica entre grandes potencias, centrarán las disquisiciones y los debates; pero también que la OTAN deberá prestar una mayor atención a otras zonas, empezando por el Sahel, donde el terrorismo sigue siendo la principal amenaza. El éxito de la OTAN en los próximos años dependerá de que esta toma de conciencia a los problemas de seguridad en los 360°, se traduzca también en hechos concretos en la lucha contra el terrorismo y, sobre todo, en un mayor compromiso sobre un espacio físico del Sahel que, hoy por hoy, permanece descontrolado.

                                                                                            Coronel del ET Ignacio Fuente Cobo

                                                                                       Instituto Español de Estudios Estratégicos

La vulnerabilidad de Europa frente al avance yihadista en el Mediterráneo, un debate en Deusto Forum

OTAN: DISTENSIÓN O GUERRA FRÍA. 1º Ciclo AEME 2022, por el Alm.(R). D. José Mª Treviño Ruiz

ANTECEDENTES

José María Treviño Ruiz. Fuente: www.realliganaval.com

El término Guerra Fría fue acuñado al acabar la SGM en 1945, tras crearse dos bloques, el Occidental-capitalista liderado por los EEUU, que culminó con la creación del Tratado del Atlántico Norte el 4 de abril de 1949 y el Oriental-comunista dirigido por la URSS, que dio lugar al Pacto de Varsovia firmado el 14 de mayo de 1955. La posesión del arma nuclear por ambos Tratados, supuso una carrera de armamentos que alcanzó su cúspide a mediados de los 80 con la estrategia de la Destrucción Mutua Asegurada o MAD, con más de 60.000 cabezas nucleares entre los dos bloques. Felizmente la elección de Mijail Gorbachov, Secretario General del Partido Comunista de la URSS y Ronald Reagan, a la sazón Presidente de los EEUU, supuso crear una relación de confianza e incluso de amistad entre ambos dirigentes, que comprendieron que una guerra nuclear con tamaño arsenal, eliminaría cualquier rastro de vida sobre la superficie terrestre. Cuando ambos acabaron sus respectivos mandatos, el número de ojivas nucleares se había reducido a la 6ª parte, 10.000, cifra que aún perdura entre los EEUU y Rusia.    

LA SITUACIÓN ACTUAL

En la cumbre de la OTAN en Riga, en noviembre de 2006, a la que no asistió el Presidente ruso Putin, pese a estar invitado, el problema entonces latente era la guerra de Afganistán, que llegó a requerir 160.000 efectivos de las Naciones Aliadas Miembro. Hay que destacar que esta fue la primera cumbre a celebrar en un estado báltico con frontera física con Rusia, y cuya seguridad  estaba a cargo de la Alianza, como bien hizo notar la entonces Presidenta de Letonia, Vaira Vike Freiberga, cuya permanencia en la cima del gobierno durante ocho años, supuso conseguir dos importantes objetivos políticos para su país, cuyo  ejemplo seguirían sus vecinos bálticos y más tarde las antiguas naciones del Pacto de Varsovia sin excepción: el ingreso en la Unión Europea, para conseguir la estabilidad y bienestar económico y la entrada en la OTAN, para obtener dentro  de la Alianza una seguridad garantizada por el artículo 5 del Tratado de Washington de 1949.. Desgraciadamente la visión política de esta gran señora, que tras la ocupación soviética de Riga, tuvo que huir a Alemania, y posteriormente a Canadá, pudiendo regresar a su país en 1991, no la tuvieron lo dirigentes de Ucrania, ya que según el punto de vista de cada presidente, se solicitaba el ingreso o no en la OTAN, así el Presidente Kravchuk, firmó la participación de su país como miembro del Partenariado para la Paz o PfP en1994, su sucesor Kuchma, estableció en 1997 una Comisión NATO-Ucrania, y posteriormente en 2002, esa Comisión inició un Plan de Acción, para entrar en la Alianza, enviando incluso tropas ucranianas a Irak en 2003 con los efectivos de la OTAN hasta 2006. Inexplicablemente en julio de 2004, Kuchma comunicó a la comisión NATO-Ucrania, que el ingreso en la Alianza no era un objetivo prioritario. En 2005 tras la Revolución Naranja, se hizo cargo de la Presidencia Yushchenko, firme partidario del ingreso en la OTAN, iniciando el programa MAP (Membership Action Plan) o Plan de Acción para ser Miembro, pero en 2006 el Parlamento eligió a Yanukovich como nuevo Presidente de Ucrania, eligiendo éste una línea contraria a la de su predecesor con el apoyo del Presidente Putin. Tras las revueltas de la Plaza de Euromaidán en 2013, Yanukovich huyó a Moscú, sucediéndole Poroshenko en 2014, que inmediatamente hizo prioritario el ingreso en la OTAN al mismo tiempo que también solicitaba la entrada en la Unión Europea, si bien esta última Organización, en boca del Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, contemplaba un plazo de 20 a 25 años para entrar en ambas Organizaciones, pese a que el Parlamento ucraniano había votado con una amplia mayoría de 334 votos sobre 385 a favor de entrar en las dos organizaciones. En mayo de 2019 ganó las elecciones el actual Presidente, Zelensky, solicitando un nuevo MAP, para entrar en la Alianza, pero con el conflicto encubierto con Rusia en la región del Donbas, ese ingreso en la OTAN no era viable, pues a la ocupación de la Península de Crimea en 2014, o su recuperación según el punto de vista ruso, siguieron  la independencia unilateral de las provincias ucranianas de Donetsk y Luhansk iniciándose el consiguiente conflicto armado en el Donbas por el incumplimiento de los acuerdos de Minsk I y II de septiembre de 2014 y febrero de 2015 respectivamente. A raíz de ese incumplimiento, el peligro de una invasión rusa de Ucrania empezó a cernirse en el horizonte, por lo que la OTAN inició prudentemente un despliegue de tropas de refuerzo en los tres estados bálticos, así como en Polonia y Rumanía, por su proximidad y frontera física de alguno de ellos, con la Federación Rusa.

Los recientes y graves acontecimientos producidos por la Operación Especial ordenada por el Presidente ruso Putin, que enmascaraba una invasión por vía terrestre de Ucrania, ha encendido todas las luces de alarma de la Alianza, que ha comprobado que tanto sus directrices políticas como militares, se han mostrado insuficientes a la hora de impedir la invasión militar por parte de una potencia nuclear a un país libre que no pertenezca a la OTAN, contrariamente a la posibilidad por parte de la Alianza, de llevar a cabo operaciones militares en terceros países con efectivos de las Naciones Miembro bajo Mando Aliado, como las realizadas en Yugoslavia, Irak, Afganistán y Libia. Paradójicamente, esta supuesta imposibilidad ha servido para aumentar el peso y valor especifico de la Alianza, al mostrar a las naciones europeas el grave riesgo que supone estar fuera del paraguas protector de la mayor Alianza Militar de la Historia, venciendo las reticencias de naciones tradicionalmente neutrales, como Finlandia y Suecia, moviéndolas  a abandonar su política de observadores internacionales imparciales a los que en teoría nada les puede afectar en el ámbito de los conflictos y guerras de terceros países.

CONCLUSIONES

La situación actual entre la OTAN y Rusia, dista mucho de la distensión creada en 1985 entre Ronald Regan y Mijail Gorbachov, que consiguieron crear una atmósfera de confianza en plena Guerra Fría que culminaría con la caída del Muro de Berlín, permitida por Gorbachov y cuyas consecuencias fueron la desaparición de la URSS y del Pacto de Varsovia en 1991, quedando la OTAN como única alianza supranacional político-militar a la que algunas naciones le atribuyeron el papel de gendarme mundial. El anterior Presidente de EEUU, Donald Trump, del partido republicano al igual que Reagan, intentó establecer una relación de confianza con su homólogo Putin, que posiblemente, de haber conseguido un segundo mandato habría llegado a buen término. La llegada del demócrata  Biden interrumpió esa política de entendimiento rompiéndose los puentes de entendimiento entre la Casa Blanca y el Kremlin, antes de la invasión de Ucrania, provocando esta invasión la rotura de cualquier diálogo entre Biden y Putin para parar esa guerra injusta y demencial. Con un fin sine die, qué duda cabe que si alguna vez se logra el alto el fuego y un tratado de paz entre Rusia y Ucrania, las relaciones con la OTAN ya no serán las mismas de antes del 24 de febrero de 2022, habiéndose dado el pistoletazo de salida a una costosísima carrera de armamentos entre las naciones europeas y Rusia, que en el caso de la Unión Europea no garantiza la seguridad física de sus 27 miembros, excepto de aquellos que pertenezcan a la OTAN, hecho que ha provocado que tanto Finlandia, con 1.300 km de frontera con Rusia, como Suecia, país ribereño del Báltico, hayan solicitado su ingreso urgente en la Alianza, como un seguro de vida para su integridad física. La pregunta pertinente que nos queda en el aire es la siguiente: si el Gobierno y Parlamento ucraniano hubiesen solicitado por el mismo procedimiento de Finlandia y Suecia, un MAP corto y en 2014, Ucrania ya hubiese sido un miembro efectivo de la OTAN, ¿se habría Putin atrevido a invadir a su vecino occidental? La respuesta se la dejo al avezado lector.

José Mª Treviño Ruiz, Almirante         

                                                                Asociación Española de Militares Escritores

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