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Geopolítica en el Mediterráneo: pasado, presente y futuro, por Rafael Vidal Delgado

Cubierta del libro

INTRODUCCIÓN
Este pequeño repaso a la geopolítica en el Mediterráneo, no pretende extraer conclusiones, sino simplemente relacionar históricamente el hecho geopolítico; hacer mención a los actores que intervienen, de los que se ha hecho una breve relación existiendo muchos más, de carácter internacional y privado; enumerar las tensiones o conflictos existentes sobre la base de zonas concretas del ámbito objeto de este estudio y por último recoger de una forma sucinta lo que el Concepto Estratégico de la OTAN 2022, aprobado en la Cumbre de Madrid de 30 de junio, lo que señala para el Mediterráneo.
Al final, como anexo, se dispone del texto completo del Concepto Estratégico.

La relación bilateral con Estados Unidos y la Cumbre de la OTAN, por Josep Piqué

La buena sintonía con EEUU es indispensable para España, pues refuerza su posición en ámbitos clave de su política exterior: la Unión Europea, América Latina y el Mediterráneo occidental.

JOSEP PIQUÉ |  1 de julio de 2022

La Cumbre de la OTAN en Madrid ha sido extremadamente importante, por el contenido y por el contexto geopolítico en el que se ha producido. La criminal agresión de Rusia a Ucrania ha propiciado lo que el presidente Joe Biden ha denominado la “otanización” de Europa y ha puesto de manifiesto que China no ha sido coherente con los principios básicos del Derecho Internacional, al no condenar y “comprender” la flagrante violación de la integridad territorial de un Estado independiente y soberano, mediante el uso injustificado de la fuerza.

Por ello, más allá de calificar a Rusia como la amenaza más significativa y directa a la seguridad de los aliados, y para la paz y la estabilidad del área euro-atlántica, el nuevo Concepto Estratégico de la OTAN considera a China un desafío a nuestros valores e intereses y a nuestra seguridad. Son cambios sustanciales en relación al Concepto Estratégico anterior, cuando se consideraba a Rusia como un socio para la paz y la seguridad y no había ninguna mención a China.

En esa “otanización” de Europa cabe destacar la incorporación de dos países neutrales (por diferentes motivos y circunstancias) como Suecia y Finlandia, una vez levantado el veto de Turquía. Pero también el fortalecimiento de las capacidades militares de la Alianza y de la presencia estadounidense en Europa.

Otro asunto muy relevante abordado en Madrid es el relativo a la seguridad de 360º, tanto en lo que se refiere a los ámbitos (incluidos los relacionados con la “guerra híbrida” y las “zonas grises”, y el uso del espacio y el ciberespacio) como a la visión geográfica, incluyendo las amenazas crecientes que vienen no solo del Este, sino del llamado Flanco Sur. Dos de estos aspectos –el aumento de la presencia militar estadounidense en el continente europeo y las amenazas desde el Flanco Sur– enmarcan una nueva etapa en la relación bilateral entre España y Estados Unidos, una relación que ha pasado por diferentes intensidades y que es crucial para nuestro país. No solo se trata de la primera potencia del mundo, sino que EEUU es el principal inversor en España y principal destino en inversión directa de nuestras empresas. Los intercambios comerciales son muy importantes (unos 44.000 millones de euros anuales) y los flujos turísticos –más allá del impacto de la pandemia– son cada vez mayores, así como nuestros intercambios culturales o las relaciones científicas y tecnológicas.

«No solo se trata de la primera potencia del mundo, sino que EEUU es el principal inversor en España y principal destino en inversión directa de nuestras empresas»

Obviamente somos, como ha dicho el presidente Biden, un “socio indispensable” para la seguridad y la defensa, dada la estratégica importancia de las bases de Rota y Morón. Por todo ello, una estrecha relación bilateral en el ámbito político es muy deseable. Y, además, debemos ser conscientes que fortalece nuestro peso específico en la Unión Europea, desde una vocación atlántica reforzada con la salida de Reino Unido. También en América Latina, con una creciente influencia china que tanto España como EEUU tienen que tomarse muy en serio en una región tan vinculada a su vecino del Norte como a través de la Comunidad Iberoamericana, especialmente en el momento convulso que viven todos los países de la región. Y, desde luego, la relación bilateral es esencial para hacer valer nuestra posición en el Mediterráneo occidental. Basta mencionar nuestra relación con Marruecos o Argelia para ver la relevancia de una buena sintonía con EEUU.

En este sentido, el momento más alto de la relación bilateral fue a partir de 2001, cuando se firmó en Madrid por quien suscribe –entonces ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de José María Aznar– y la secretaria de Estado, Madeleine Albright, con la administración de Bill Clinton, la primera Declaración Conjunta entre ambos países. Nótese que se negoció con esa administración, pero fue asumida plenamente y profundizada por la administración de George W. Bush.

Tenía pues una profunda visión “bipartisana” por ambas partes, ya que el gobierno español compartió con el Partido Socialista, entonces en la oposición, toda la información y obtuvo su conformidad. La relación entre dos Estados soberanos e independientes no puede basarse en la coyuntura política ni en los vaivenes de la lógica y legítima alternancia de gobierno, sino que debe plantearse como una “política de Estado”, como lo es la política exterior. Sin consensos básicos en este terreno, la política exterior adolece de falta de credibilidad y deja de inspirar la confianza necesaria con los interlocutores.

Lamentablemente, ese consenso interno se perdió en 2004, cuando el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero retiró apresurada y unilateralmente las tropas españolas en Irak, a pesar de que no habían intervenido en la guerra y estaban bajo el paraguas de Naciones Unidas y, además, se permitió aconsejar al resto de aliados que hicieran lo mismo. Previamente, se produjo el famoso episodio cuando el entonces jefe de la oposición no se levantó en señal de respeto a la bandera estadounidense en el desfile militar del 12 de octubre en Madrid.

«La relación entre dos Estados soberanos e independientes no puede basarse en la coyuntura política ni en los vaivenes de la lógica y legítima alternancia de gobierno, sino que debe plantearse como una ‘política de Estado’»

Cabe decir que Rodríguez Zapatero, ya en calidad de expresidente del gobierno, ha seguido manifestando su animadversión hacia EEUU, apoyando a regímenes tan antinorteamericanos como Cuba o Venezuela o recomendando la necesidad de que Europa se uniera a China para hacer frente común a la hegemonía de nuestro principal aliado. Actitudes que no ayudan a generar de nuevo un clima de confianza mutua. Como tampoco ayuda el hecho de que miembros del actual gobierno de coalición sean claramente contrarios a la Alianza Atlántica y al propio EEUU. Todo esto se ha visto con meridiana claridad a raíz de la agresión rusa a Ucrania, culpabilizando a la OTAN y pidiendo una “paz” que no es otra cosa que una rendición de Ucrania y la cristalización de una situación de facto que premia la violación del Derecho Internacional y el uso injustificado de la fuerza militar para conseguir objetivos geopolíticos, posibilitando futuras agresiones.

Por ello, es remarcable que, en los márgenes de la Cumbre de Madrid, se haya firmado otra Declaración Conjunta que, recogiendo el espíritu y los objetivos de la de 2001, se haya adaptado a las nuevas circunstancias, aunque sin más concreciones que las relativas a la defensa. Es un mérito, sin duda, del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Se trata de una declaración que refuerza la respuesta multilateral ante el desafío de Rusia y muestra un firme apoyo a Ucrania, defiende un orden internacional basado en normas, comparte los objetivos de la Agenda 2030, y “anima” a China a cumplir sus compromisos en los organismos multilaterales, contribuir a la seguridad internacional y cooperar en la provisión de bienes públicos globales como el cambio climático, la biodiversidad y la igualdad de género.

La nueva declaración se propone intensificar la cooperación en seguridad, incluyendo la lucha antiterrorista, el narcotráfico y la trata de personas, así como la ciberseguridad y el ciberespacio. También promover una migración segura, ordenada y regular, tanto en América Latina como en el Norte de África, la lucha contra el cambio climático en el marco del Acuerdo de París, así como la mejora de la seguridad energética y del suministro de minerales críticos, promoviendo cadenas de suministro resilientes.

Asimismo, se pretende una mayor cooperación en el ámbito comercial (donde mantenemos aún algunas diferencias por los aranceles establecidos por la anterior administración estadounidense), fiscalidad empresarial (en el marco de la OCDE) y en el terreno digital, científico y tecnológico.

Finalmente, se promueve una mayor cooperación política, con consultas regulares entre el ministerio de Asuntos Exteriores y el Departamento de Estado, así como entre los dos gobiernos, en la perspectiva, además, de la próxima presidencia española del Consejo de la UE del segundo semestre de 2023. Objetivos muy generales todos ellos, pero que enmarcan una voluntad clara de colaboración y de mejora de la relación bilateral.

«La fiabilidad y la confianza cuestan mucho construirlas, pero perderlas puede ser muy rápido»

La declaración del 2001 era más concreta en algunos puntos (como los contactos entre presidentes, el intercambio de información, la actualización del Acuerdo de Extradición o la promoción de la enseñanza del inglés en España y del español en EEUU).Y dio lugar a la mejor relación bilateral que hayamos mantenido nunca. Hay que esperar que se recupere aquel nivel, aunque sea parcialmente.

En ambas declaraciones, los temas de defensa fueron cruciales, estableciéndose incluso en 2001 un Comité Bilateral de Defensa de Alto Nivel, en el marco de la revisión del Convenio de Cooperación de Defensa. Ahora se acuerda, de nuevo en ese marco, el establecimiento permanente de dos destructores estadounidenses adicionales (a los cuatro existentes) en la base de Rota, para el fortalecimiento del escudo antimisiles. Queda pendiente la aprobación parlamentaria. Los socios de gobierno y parlamentarios del Partido Socialista ya han anticipado su voto negativo. Afortunadamente, la oposición encabezada por el Partido Popular ya ha confirmado su voto favorable, en un claro ejercicio de responsabilidad y sentido de Estado.

Es cierto que en la fase final del gobierno de Rodríguez Zapatero se ofreció a EEUU aumentar la presencia militar en la base de Rota, y que hubo una cierta mejora durante el gobierno de Mariano Rajoy. Pero, el hecho de que llegara Donald Trump a la Casa Blanca no solo no ayudó sino que empeoró las cosas (con España y, en general, con los aliados occidentales).

La declaración bilateral de 2001 posibilitó que el primer viaje a Europa del nuevo presidente Bush empezara por España, en una visita bilateral de gran profundidad, algo que no había sucedido antes. Ahora se ha producido, por primera vez en las dos últimas décadas, en el marco multilateral de la Cumbre de la OTAN.

Vamos en la buena dirección. Ojalá se pueda ir más allá y el claro compromiso de España con la OTAN o el cambio repentino –poco explicado y pésimo en las formas– de la posición española sobre el Sáhara han podido contribuir a restablecer una mínima confianza. Pero la política exterior, la credibilidad y la confianza se construyen paso a paso, con perseverancia y coherencia. Para ello, debe consensuarse con el principal partido de la oposición y alternativa de gobierno, y en el marco del Parlamento.

Si no se hace así, todo podría resultar, de nuevo, un intento fallido. Y no nos lo podemos permitir. La fiabilidad y la confianza cuestan mucho construirlas, pero perderlas puede ser muy rápido. Que la Cumbre de la OTAN, organizativamente muy exitosa para España, no sea flor de un día. Deben mantenerse los compromisos asumidos de forma leal y firme, así debe exigírsele también a la alternativa de Gobierno. Sobre su posición, afortunadamente, no tengo la menor duda.

Organización de la OTAN en 2016. Artículo escrito para AEME, por Rafael Vidal Delgado y publicado en diversos medios

Si comparamos la Organización de Tratado de Atlántico Norte en el momento de su fundación y su situación en 2016, es como si estuviéramos hablando de dos alianzas totalmente distintas, teniendo en la actualidad como único nexo el concepto de defensa colectiva ante el ataque a uno de sus miembros.

La Alianza se basa en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, desarrollado en el artículo 5º del Tratado de Washington de 1949 y completado con el 6º.

La OTAN ha sido una organización dinámica y se ha organizado a lo largo del tiempo a través de la estrategia fijada por los jefes de estado y de gobierno de los países miembros. A esta estrategia se le ha denominado “Concepto Estratégico”, pudiéndose definir como “la visualización de un posible escenario futuro, político-militar, en un intervalo de tiempo determinado”, siendo este intervalo, al objeto de una determinada perdurabilidad en el tiempo de diez años, sin menoscabo que a lo largo de dicho período hayan sufrido retoques, de acuerdo con la evolución de la situación mundial.

Hasta la fecha se ha decididos seis conceptos estratégicos, sobre los cuales podemos comprobar la evolución de la OTAN de una forma muy sintética:

Gráfico de evolución de los Conceptos Estratégicos de la OTAN

El concepto de 1949 preconizaba que ante un ataque de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), al no existir todavía el Pacto de Varsovia, se respondería con un despliegue masivo divisiones convencionales, es decir una estrategia con la que se había ganado la Segunda Guerra Mundial.

La URSS responde creando en 1955 el Pacto de Varsovia y desplegando 175 divisiones, frente a las 39 de la Alianza, por lo que en la cumbre de París de 1957, la OTAN modifica totalmente su concepto estratégico, basándolo en la “represalia masiva”, es decir un ataque de cualquier tipo contra la Alianza desencadenaría el holocausto nuclear.

La carrera de misiles de largo alcance, dotados de cabeza nuclear, fue imparable, sustituyendo la OTAN el Concepto en 1967, gracias al “informe Harmel”, por el de “respuesta flexible”, es decir se utilizarían los mismos medios que el adversario y al mismo tiempo se impulsaba la gestión de crisis, el desarme y la distensión.

A partir de la década de los setenta el Pacto de Varsovia comenzó a tener dificultades internas, naciendo en 1975 en Helsinki, la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE), transformada 20 años más tarde en Organización (OSCE). Pocos años después alcanzaron el poder espiritual Juan Pablo II y el poder material Ronald Reagan, ambos con la finalidad de eliminar, el primero, el ateísmo en los países comunistas, y el segundo de doblegarlos a través del programa “Iniciativa de Defensa Estratégica” (guerra de las galaxias), que obligó al nuevo secretario general de la URSS, Mijaíl Serguéyevich Gorbachov (1985) a “entenderse” con los EE.UU. y con la OTAN, ante la imposibilidad de seguir la carrera de armamento por su coste económico.

En 1989 cae el muro de Berlín y la URSS y el Pacto de Varsovia se desmoronan, decidiendo la OTAN en la cumbre de Roma de 1990, transformar la Alianza, emitiendo un nuevo Concepto, el cuarto, el cual manteniendo la “defensa colectiva de los países miembros”, daba prioridad al “diálogo político” y a la “cooperación en su más alto sentido”, dando entrada como “países amigos” en el programa “Asociación para la Paz”, más conocido como “Partner for Peace”, a los antiguos del Telón de Acero.

La OTAN en este Concepto no hablaba de amenazas y mucho menos del Este, pero sí de riesgos e incertidumbres que comenzaban a surgir en distintas partes del mundo, de tal forma que exigía que la OTAN se hiciera “planetaria”, siempre bajo los auspicios  del Consejo de Seguridad de las NN.UU. El mundo daba por terminada la “Guerra Fría”.

La realidad es que el 1991 la OTAN se encontró con el dilema de su propia existencia, propugnando su desaparición partidos políticos de los países miembros, al igual que había ocurrido con el Pacto de Varsovia, pero ya en el Concepto se contemplaban las nuevas necesidades, como la proliferación de armas de destrucción masiva, la ruptura de los aprovisionamientos de los recursos vitales y las acciones de terrorismo y sabotaje.

En 1999 se actualiza el Concepto anterior y se decide uno nuevo, en cierto modo de transición al vigente actualmente. En este Concepto se tiende a las relaciones transatlánticas, a las iniciativas de defensa propiamente europeas y otras que relacionadas con la OTAN, dispuesieran de medios de defensa en todo el globo, se inicia, tímidamente la llamada “defensa cooperativa”.

El Concepto estratégico actual de 2010, se basa en tres pilares: la “prevención y gestión de crisis” y el uso intensivo de la “seguridad cooperativa”. La aparición de nuevos escenarios, como el virtual y espacial, obligan a la atención al ciberespacio y al espacio atmosférico, y aunque no se citan explícitamente a los líderes mesiánicos que podían desestabilizar distintas zonas, como Corea del Norte, Venezuela, Eritrea, etc.

La acción del presidente ruso sobre Ucrania, ha obligado a la OTAN, en palabras de su Secretario General Jens Stoltenberg, a declarar en la cumbre de Varsovia de 2016 que la Alianza y Rusia ya no son socios estratégicos, lo cual da pie a la iniciación de una nueva “Guerra Fría”

Orgánicamente la estructura de la OTAN no ha variado sustancialmente, al menos políticamente, manteniéndose las Autoridades Nacionales, como máximo órgano de decisión; las Representaciones Permanentes a nivel de embajador; la disminución de los numerosos comités, por tres bloques: Planeamiento de Defensa (DPC), que en la actualidad se encuentra un diplomático español como Secretario General Adjunto; Consejo del Atlántico Norte (NAC) y el Grupo de Planeamiento Nuclear (NPG), de los que dependen otros comités. Todo el conjunto está coordinado y presidido por el Secretario General de la OTAN, que dispone de un Estado Mayor Internacional (IS).

Aunque la OTAN se ha “civilizado”, es decir se da más énfasis al diálogo y la cooperación, siendo paradigmáticos los planes civiles de emergencia, que han dado un resultado extraordinario en catástrofes europeas y mundiales, también cuenta con la “parte militar”, formada por el Comité Militar, constituido por los Jefes de Estado Mayor de los países miembros; por unos Representantes Militares de carácter Permanente y que cuentan, al igual que el IS de una Estado Mayor Militar Internacional (IMS).

Las decisiones militares de la OTAN parten de las Autoridades Nacionales y/o del Consejo del Atlántico Norte, así como del DPC, NPG y Secretario General, los cuales comunican las directrices a los comités civiles especializados y al Militar, apoyándose en los estados mayores IS e ISM, así como en caso necesario, por la dificultad del problema, se crea un grupo de trabajo “ad hoc”.

Con todos estos estudios y análisis se proponen a la cúpula de la Alianza unas Líneas de Acción, la cual elige una o toma una decisión mezcla de varias, designando al Mando Militar Estratégico que debe desarrollarla.

CUARTELES GENERALES DE LA OTAN

Mandos Estratégicos de la OTAN

Hay dos Mandos Estratégicos: el Mando Aliado de Operaciones (ACO), que se encuentra en Mons (Bélgica) y el Mando Aliado de Transformación (ACT), en Norfolk (Virginia-EE-UU).

Las funciones atribuidas al ACT son: definir las características de los conflictos futuros y las necesidades de medios, crear doctrina de los nuevos conceptos operacionales e implementar esta doctrina en los miembros de la Alianza. Para ello la OTAN ha dotado al ACT de cuatro centros subordinados y 22 centros de excelencia, dedicados a dirigir ejercicios que ayuden a implementar la nueva doctrina operacional a través de la experiencia adquirida por los componentes de la OTAN (Boletín de Información del CESEDEN, nº 320 de 2011).

Por su parte el ACO ha sufrido una drástica disminución en sus cuarteles generales, de tal forma que han quedado, a nivel operacional, como Cuarteles Generales Conjuntos el de Brunssum en Holanda y el de Nápoles en Italia; un solo Cuartel General Aéreo, el de Ramsteim en Alemania; un Mando Terrestre (Landcom) en Izmir en Turquía y un Mando Marítimo (MARCOM) en Northwood en Gran Bretaña.

Por su parte, en nivel táctico, prácticamente han desaparecido los cuarteles generales, llegándose a alcanzar la cifra de más de treinta, manteniéndose tres Centros de Operaciones Aéreas Combinadas (CAOC), situados en Uedem  en Alemania, Poggio en Italia y Torrejón en España, siendo este último el único Cuartel General existente en nuestro país, de hecho el Cuartel General Aliado de Retamares (Madrid), sus responsabilidades y zona de acción han sido transferidas al de Turquía.

De los Cuarteles Generales conjuntos de Nápoles o de Brunssum se encuentra la Fuerza de Respuesta de la OTAN (NRC), de la cual a su vez depende la Fuerza Conjunta de Muy Alta Disponibilidad o Very High Readiness Joint Task Force Land (VJTF), cuyo Componente Terrestre es asumido por España, en principio (puede que sea rotatorio), disponiendo para ellos de un Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad (CGTAD), con base en Bétera y en Valencia. Existen otros CG,s de división y brigada desplegados en los países bálticos en Polonia y Rumania, así los llamados CGs, de NATO Forces Integration Units (NFIU), siendo similar la estructura en los componentes aéreos y marítimos

La realidad es que la OTAN desea apoyarse cada vez más en los cuarteles generales de los países miembros y en caso necesario lo implementan, bien de forma permanente o durante un intervalo temporal de oficiales de otros ejércitos.

ESPAÑA EN LOS CUARTELES GENERALES

Cuarteles Generales de la OTAN

Todos los Cuarteles Generales de la OTAN son de carácter combinado, existiendo en todos ellos oficiales de mayor o menor rango.

El CAOC de Torrejón, cuyo mando es un general de división del Aire, en la actualidad García Servert, dispone de un 2º jefe griego, de director de operaciones portugués y las divisiones del Estado Mayor están mandadas por oficiales superiores de distintas naciones miembros, al igual que las secciones y negociados. La responsabilidad de este Mando es enorme, dado que tiene bajo su coordinación a todos los aviones de alerta que existen en las bases aéreas de los países de la Alianza de todo el sur de Europa, excepto Francia, y del Este y Turquía, pudiendo ordenar la interceptación de cualquier aeronave que sobrevuele el espacio aéreo y no se encuentre perfectamente identificado.

Por su parte el CGTAD está mandada por el teniente general español, con un adjunto portugués, un Jefe de Estado Mayor, general español de dos estrellas y las divisiones se encuentran al frente de generales de una estrella de distintas nacionalidades, predominando los españoles.

CONCLUSIÓN

La OTAN ha demostrado su utilidad a lo largo de cerca de setenta años de su historia, gracias a que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, a la situación del momento y a los nuevos riesgos e incertidumbres.

Ha sabido optimizar sus recursos, flexibilizando el uso de la fuerza, siendo España con las llamadas brigadas polivalentes, un ejemplo de ello. La respuesta rápida, la alta disponibilidad de fuerzas y las capacidades estratégicas de transporte y vigilancia aérea, hacen de la OTAN la única gran alianza mundial capaz de responder a retos en cualquier parte del mundo, siempre bajo mandato de la ONU.

España se encuentra en un lugar privilegiado, siendo el sexto contribuyente de la Alianza, manteniendo en su territorio dos cuarteles generales, uno de tercer nivel y el otro de cuarto/quinto.

España, al igual que la OTAN se enfrenta a la escasez de recursos económicos, pudiendo afectar en un futuro próximo a su operatividad y más si tenemos en cuenta la traslación del esfuerzo norteamericano al área del Pacífico y la salida de la Unión Europea del Reino Unido.

Pero algo es seguro, que la OTAN sabrá adaptarse al futuro.

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artª (Ret.) DEM

Doctor en Historia Director del Foro para la Paz en el Mediterráneo

La OTAN y la lucha contra el terrorismo. 1ª Ciclo AEME 2022. Autor: Coronel del ET Ignacio fuente Cobo del IEEE

Cuando se fundó la OTAN en 1949, el terrorismo era considerado un asunto básicamente nacional, por lo que la Alianza Atlántica no le prestó demasiada atención dedicándose exclusivamente a la defensa colectiva contra la amenaza soviética. Habrá que esperar al fin de la Guerra Fría, para que el terrorismo alcance un carácter global y se convierta en una amenaza directa para los países aliados, para la seguridad de sus ciudadanos y para la estabilidad internacional. El Concepto Estratégico aliado de 1999 definía por vez primera el terrorismo como un riesgo que podía afectar a la seguridad de la OTAN y contemplaba la posibilidad de desarrollar operaciones no previstas en el artículo 5 para responder al mismo incluso fuera del territorio aliado.

Pero habrá que esperar a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos para que la OTAN invoque su cláusula de defensa colectiva (artículo 5) y ofrezca su apoyo a los Estados Unidos, comprometiéndose a “realizar todos los esfuerzos para combatir el flagelo del terrorismo”. Consecuentemente, la OTAN lanzó su primera operación contra el terrorismo “Eagle Assist” enviando siete aviones de radar AWACS a patrullar los cielos de los Estados Unidos. Unos meses después, el 26 de octubre de 2001, la OTAN iniciaba su segunda operación antiterrorista “Active Endeavour” desplegando elementos de las Fuerzas Navales Permanentes de la OTAN en el Mediterráneo oriental con la misión de detectar y disuadir la actividad terrorista. Esta operación se ampliará en el 2003 para incluir la escolta de barcos civiles a través del Estrecho de Gibraltar.

Más tarde, Casablanca, Madrid, Londres, Bali, o Mumbai confirmaron la necesidad de cambiar la visión aliada del terrorismo que pasó a considerarse una amenaza real para la seguridad euroatlántica.  A partir de entonces, la lucha contraterrorista formará parte de las tres tareas principales de la OTAN recogidas en el concepto estratégico de 2010; es decir, la defensa colectiva, la gestión de crisis y la seguridad cooperativa. La política antiterrorista dirigirá en los años siguientes los esfuerzos de la alianza en tres direcciones principales. En primer lugar, lo que se denomina en el argot OTAN conciencia compartida (“awareness”), que incluiría las consultas, el intercambio con los aliados y socios de inteligencia y el análisis y evaluación continuada de la amenaza terrorista de carácter estratégico.

En segundo lugar, estaría el desarrollo de nuevas capacidades y tecnologías innovadoras para prevenir, proteger y responder a las amenazas terroristas. La OTAN lleva a cabo este cometido a través del “Programa de Trabajo de Defensa contra el Terrorismo”, cuyo objetivo es proteger a las Fuerzas militares, personal civil e infraestructura crítica contra los ataques terroristas. Los Centros de Excelencia de la OTAN contribuyen al mismo de una manera muy relevante proporcionando experiencia en una amplia variedad de temas, incluida la ingeniería militar para la limpieza de rutas, la lucha contra los artefactos explosivos improvisados, el análisis de redes sociales etc. De esta manera, los socios pueden aprovechar los mecanismos de asociación y la cooperación en la lucha contra el terrorismo, para crear o mejorar sus capacidades de defensa.

Finalmente, estaría la cooperación con los socios y actores internacionales, como es el caso de la Unión Europea o las Naciones Unidas, dado que la OTAN entiende que el esfuerzo contra el terrorismo requiere el compromiso de toda la comunidad internacional. Aquí juega un papel muy importante el “Programa de Ciencia para la Paz y la Seguridad” de la OTAN, cuya finalidad es mejorar la cooperación y el diálogo entre científicos aliados y socios fomentando la creación de una red de expertos que intercambian información. Con ello se logra una mejor comprensión de la amenaza terrorista y un mayor desarrollo de medidas de detección y respuesta.

Pero el compromiso de la OTAN en la lucha contra el terrorismo también se extiende al campo de las operaciones. En la Cumbre de Varsovia de julio de 2016, los líderes aliados decidieron apoyar la lucha contra el Daesh en Irak y los aviones AWACS de la OTAN comenzaron a proporcionar información a la Coalición Global para la lucha contra el terrorismo. Al mismo tiempo, la OTAN lanzó un programa de entrenamiento dirigido a enseñar a las fuerzas de seguridad iraquíes a contrarrestar los artefactos explosivos improvisados (IED). Esto resultaba particularmente relevante para el territorio recién liberado de la ocupación del Daesh.

Actualmente, la OTAN sigue más comprometida que nunca en la lucha contra el terrorismo, al entender que se trata de una amenaza que continuará existiendo en el futuro previsible, dada la capacidad que han demostrado los terroristas para cruzar las fronteras internacionales, ocupar territorios en estados frágiles, y en áreas de importancia estratégica para la Alianza, y ejecutar ataques contra nuestras poblaciones, o contra las fuerzas aliadas desplegadas en los teatros de operaciones.

Al mismo tiempo, la OTAN es consciente de que la tecnología moderna y el fácil acceso que tienen a ella, aumentan el impacto potencial de los ataques terroristas que emplean medios convencionales y no convencionales, y que resultan particularmente peligrosos cuando los terroristas buscan adquirir capacidades químicas, biológicas, radiológicas o nucleares, o cuando emplean sus habilidades cibernéticas para atacar a nuestras sociedades, o a nuestras instituciones.

La OTAN ha aprendido mucho los últimos años. La experiencia en escenarios como Afganistán, Libia o Irak, ha llevado a la OTAN a aceptar que la respuesta contra la amenaza terrorista tiene que ser multidimensional e inclusiva, más allá de la puramente militar, y debe abordar las desigualdades económicas, sociales y de gobernanza que están en la raíz de las insurgencias locales y del yihadismo. Pero también la OTAN ha aprendido que, dicha respuesta, debe mantener una dimensión militar absolutamente imprescindible para garantizar el éxito frente a unos grupos terroristas que operan desde estados que han demostrado ser débiles, incapaces y disfuncionales.

De especial preocupación, en los momentos actuales, es el caso del Sahel, una región que hasta fechas recientes había quedado fuera del foco de atención aliado, y donde las perspectivas de derrotar a los grupos terroristas siguen siendo sombrías en el corto y medio plazo. El Sahel se ha convertido en uno de los escenarios más exigentes y más desestabilizadores del mundo en términos de seguridad. Así lo reconocía el informe de los Ministros de Asuntos Exteriores aliados aprobado a finales de 2020, el cual afirmaba que “el deterioro de la situación de seguridad en el Sahel y las amenazas terroristas que desestabilizan a varias naciones de la región tienen el potencial de afectar la seguridad transatlántica”.

Dentro de unos días, el 29 y 30 de junio, Madrid albergará una importante cumbre en la que los aliados aprobaran su estrategia para los próximos años. La cumbre supondrá un hito en la visión de la OTAN de su papel en el mundo, al contemplar la necesidad de que la Alianza Atlántica desempeñe un papel más relevante como proveedor global de seguridad.

El terrorismo será uno de los cinco desafíos que la OTAN asumirá en el Concepto Estratégico que aprobará en Madrid, junto con el resurgimiento de la rivalidad sistémica entre grandes potencias, el incremento de la guerra por medio de métodos híbridos, el crecimiento de la guerra a través de terceros o intermediarios, y la evolución de las tecnologías disruptivas y emergentes.

Ello quiere decir que, en plena guerra en Ucrania, los asuntos de seguridad en el este de Europa y la adaptación de la OTAN a una era dominada por la rivalidad estratégica entre grandes potencias, centrarán las disquisiciones y los debates; pero también que la OTAN deberá prestar una mayor atención a otras zonas, empezando por el Sahel, donde el terrorismo sigue siendo la principal amenaza. El éxito de la OTAN en los próximos años dependerá de que esta toma de conciencia a los problemas de seguridad en los 360°, se traduzca también en hechos concretos en la lucha contra el terrorismo y, sobre todo, en un mayor compromiso sobre un espacio físico del Sahel que, hoy por hoy, permanece descontrolado.

                                                                                            Coronel del ET Ignacio Fuente Cobo

                                                                                       Instituto Español de Estudios Estratégicos

La vulnerabilidad de Europa frente al avance yihadista en el Mediterráneo, un debate en Deusto Forum

OTAN: DISTENSIÓN O GUERRA FRÍA. 1º Ciclo AEME 2022, por el Alm.(R). D. José Mª Treviño Ruiz

ANTECEDENTES

José María Treviño Ruiz. Fuente: www.realliganaval.com

El término Guerra Fría fue acuñado al acabar la SGM en 1945, tras crearse dos bloques, el Occidental-capitalista liderado por los EEUU, que culminó con la creación del Tratado del Atlántico Norte el 4 de abril de 1949 y el Oriental-comunista dirigido por la URSS, que dio lugar al Pacto de Varsovia firmado el 14 de mayo de 1955. La posesión del arma nuclear por ambos Tratados, supuso una carrera de armamentos que alcanzó su cúspide a mediados de los 80 con la estrategia de la Destrucción Mutua Asegurada o MAD, con más de 60.000 cabezas nucleares entre los dos bloques. Felizmente la elección de Mijail Gorbachov, Secretario General del Partido Comunista de la URSS y Ronald Reagan, a la sazón Presidente de los EEUU, supuso crear una relación de confianza e incluso de amistad entre ambos dirigentes, que comprendieron que una guerra nuclear con tamaño arsenal, eliminaría cualquier rastro de vida sobre la superficie terrestre. Cuando ambos acabaron sus respectivos mandatos, el número de ojivas nucleares se había reducido a la 6ª parte, 10.000, cifra que aún perdura entre los EEUU y Rusia.    

LA SITUACIÓN ACTUAL

En la cumbre de la OTAN en Riga, en noviembre de 2006, a la que no asistió el Presidente ruso Putin, pese a estar invitado, el problema entonces latente era la guerra de Afganistán, que llegó a requerir 160.000 efectivos de las Naciones Aliadas Miembro. Hay que destacar que esta fue la primera cumbre a celebrar en un estado báltico con frontera física con Rusia, y cuya seguridad  estaba a cargo de la Alianza, como bien hizo notar la entonces Presidenta de Letonia, Vaira Vike Freiberga, cuya permanencia en la cima del gobierno durante ocho años, supuso conseguir dos importantes objetivos políticos para su país, cuyo  ejemplo seguirían sus vecinos bálticos y más tarde las antiguas naciones del Pacto de Varsovia sin excepción: el ingreso en la Unión Europea, para conseguir la estabilidad y bienestar económico y la entrada en la OTAN, para obtener dentro  de la Alianza una seguridad garantizada por el artículo 5 del Tratado de Washington de 1949.. Desgraciadamente la visión política de esta gran señora, que tras la ocupación soviética de Riga, tuvo que huir a Alemania, y posteriormente a Canadá, pudiendo regresar a su país en 1991, no la tuvieron lo dirigentes de Ucrania, ya que según el punto de vista de cada presidente, se solicitaba el ingreso o no en la OTAN, así el Presidente Kravchuk, firmó la participación de su país como miembro del Partenariado para la Paz o PfP en1994, su sucesor Kuchma, estableció en 1997 una Comisión NATO-Ucrania, y posteriormente en 2002, esa Comisión inició un Plan de Acción, para entrar en la Alianza, enviando incluso tropas ucranianas a Irak en 2003 con los efectivos de la OTAN hasta 2006. Inexplicablemente en julio de 2004, Kuchma comunicó a la comisión NATO-Ucrania, que el ingreso en la Alianza no era un objetivo prioritario. En 2005 tras la Revolución Naranja, se hizo cargo de la Presidencia Yushchenko, firme partidario del ingreso en la OTAN, iniciando el programa MAP (Membership Action Plan) o Plan de Acción para ser Miembro, pero en 2006 el Parlamento eligió a Yanukovich como nuevo Presidente de Ucrania, eligiendo éste una línea contraria a la de su predecesor con el apoyo del Presidente Putin. Tras las revueltas de la Plaza de Euromaidán en 2013, Yanukovich huyó a Moscú, sucediéndole Poroshenko en 2014, que inmediatamente hizo prioritario el ingreso en la OTAN al mismo tiempo que también solicitaba la entrada en la Unión Europea, si bien esta última Organización, en boca del Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, contemplaba un plazo de 20 a 25 años para entrar en ambas Organizaciones, pese a que el Parlamento ucraniano había votado con una amplia mayoría de 334 votos sobre 385 a favor de entrar en las dos organizaciones. En mayo de 2019 ganó las elecciones el actual Presidente, Zelensky, solicitando un nuevo MAP, para entrar en la Alianza, pero con el conflicto encubierto con Rusia en la región del Donbas, ese ingreso en la OTAN no era viable, pues a la ocupación de la Península de Crimea en 2014, o su recuperación según el punto de vista ruso, siguieron  la independencia unilateral de las provincias ucranianas de Donetsk y Luhansk iniciándose el consiguiente conflicto armado en el Donbas por el incumplimiento de los acuerdos de Minsk I y II de septiembre de 2014 y febrero de 2015 respectivamente. A raíz de ese incumplimiento, el peligro de una invasión rusa de Ucrania empezó a cernirse en el horizonte, por lo que la OTAN inició prudentemente un despliegue de tropas de refuerzo en los tres estados bálticos, así como en Polonia y Rumanía, por su proximidad y frontera física de alguno de ellos, con la Federación Rusa.

Los recientes y graves acontecimientos producidos por la Operación Especial ordenada por el Presidente ruso Putin, que enmascaraba una invasión por vía terrestre de Ucrania, ha encendido todas las luces de alarma de la Alianza, que ha comprobado que tanto sus directrices políticas como militares, se han mostrado insuficientes a la hora de impedir la invasión militar por parte de una potencia nuclear a un país libre que no pertenezca a la OTAN, contrariamente a la posibilidad por parte de la Alianza, de llevar a cabo operaciones militares en terceros países con efectivos de las Naciones Miembro bajo Mando Aliado, como las realizadas en Yugoslavia, Irak, Afganistán y Libia. Paradójicamente, esta supuesta imposibilidad ha servido para aumentar el peso y valor especifico de la Alianza, al mostrar a las naciones europeas el grave riesgo que supone estar fuera del paraguas protector de la mayor Alianza Militar de la Historia, venciendo las reticencias de naciones tradicionalmente neutrales, como Finlandia y Suecia, moviéndolas  a abandonar su política de observadores internacionales imparciales a los que en teoría nada les puede afectar en el ámbito de los conflictos y guerras de terceros países.

CONCLUSIONES

La situación actual entre la OTAN y Rusia, dista mucho de la distensión creada en 1985 entre Ronald Regan y Mijail Gorbachov, que consiguieron crear una atmósfera de confianza en plena Guerra Fría que culminaría con la caída del Muro de Berlín, permitida por Gorbachov y cuyas consecuencias fueron la desaparición de la URSS y del Pacto de Varsovia en 1991, quedando la OTAN como única alianza supranacional político-militar a la que algunas naciones le atribuyeron el papel de gendarme mundial. El anterior Presidente de EEUU, Donald Trump, del partido republicano al igual que Reagan, intentó establecer una relación de confianza con su homólogo Putin, que posiblemente, de haber conseguido un segundo mandato habría llegado a buen término. La llegada del demócrata  Biden interrumpió esa política de entendimiento rompiéndose los puentes de entendimiento entre la Casa Blanca y el Kremlin, antes de la invasión de Ucrania, provocando esta invasión la rotura de cualquier diálogo entre Biden y Putin para parar esa guerra injusta y demencial. Con un fin sine die, qué duda cabe que si alguna vez se logra el alto el fuego y un tratado de paz entre Rusia y Ucrania, las relaciones con la OTAN ya no serán las mismas de antes del 24 de febrero de 2022, habiéndose dado el pistoletazo de salida a una costosísima carrera de armamentos entre las naciones europeas y Rusia, que en el caso de la Unión Europea no garantiza la seguridad física de sus 27 miembros, excepto de aquellos que pertenezcan a la OTAN, hecho que ha provocado que tanto Finlandia, con 1.300 km de frontera con Rusia, como Suecia, país ribereño del Báltico, hayan solicitado su ingreso urgente en la Alianza, como un seguro de vida para su integridad física. La pregunta pertinente que nos queda en el aire es la siguiente: si el Gobierno y Parlamento ucraniano hubiesen solicitado por el mismo procedimiento de Finlandia y Suecia, un MAP corto y en 2014, Ucrania ya hubiese sido un miembro efectivo de la OTAN, ¿se habría Putin atrevido a invadir a su vecino occidental? La respuesta se la dejo al avezado lector.

José Mª Treviño Ruiz, Almirante         

                                                                Asociación Española de Militares Escritores

LAS NUEVAS OPERACIONES MULTIDOMINIO EN LA OTAN. 1º CICLO de AEME 2022, por el TG (Res.) Rubén García Servet

García Servet, entre las banderas de España y la OTAN. / SUR

Mucho se ha hablado en los últimos tiempos de la evolución del panorama estratégico y sobre la guerra de Ucrania, que conduce inevitablemente a una reflexión de fondo sobre la defensa en Europa y sobre la defensa nacional de los países europeos, sobre esquemas novedosos.

A todo ello se ha hecho referencia en este ciclo dedicado al Concepto Estratégico de la OTAN que se aprobará en junio de este año por los países miembros de la Alianza Atlántica en la cumbre de Madrid. Este documento marcará la forma en que la Alianza se recoloca a sí misma, al menos conceptualmente, cara al futuro, en el complejo tablero de la seguridad y la defensa en Europa.

Dentro de este ciclo conviene también hacer una referencia a una evolución doctrinal de gran calado y que raramente se analiza en este tipo de reflexiones estratégicas. Se trata de la conducción de las operaciones militares en el mundo tan sumamente complejo del Siglo XXI.

Esta reflexión se ha visto ratificada en lo fundamental y de una forma rotunda, en la reciente guerra de Ucrania, que está revelando lecciones que no deben pasarse por alto.

Y es que la evolución conceptual en el tema operativo ha sido vertiginosa desde la guerra fría, apareciendo sucesivamente nuevos elementos que encierran lecciones profundas, muchas veces filosóficas, de cómo se debe afrontar al adversario en el campo de batalla, entendido dicho campo de batalla de una forma amplia, como el terreno en el que tiene lugar el enfrentamiento de voluntades, que es al fin y al cabo la guerra.

Una visión rápida a lo que está pasando en Ucrania nos obliga a reconocer el esbozo de un nuevo paradigma del conflicto. Las conducción de las operaciones hoy, en un mundo globalizado e hiperconectado, obliga a llevar a sus últimas consecuencias en la Doctrina OTAN el concepto de Operaciones Multidominio y, seguramente, a irlas ampliando a nuevos campos de acción relevantes.

En una primera derivada se constata que, con el paso del tiempo, los dominios operativos, los campos de batalla en los que hay que confrontar al enemigo, se han ido ampliando.

Hasta el Siglo XX, los dominios de operación se limitaban a dos: el Terrestre y el Naval, las batallas eran sobre la tierra o sobre el mar y muy excepcionalmente con interacciones entre ambos dominios. Esto explica la tradicional especialización de los profesionales de las armas en militares o marinos de guerra.

El Siglo XX trajo la aparición de un nuevo dominio de operaciones, el aéreo. La derivada fue la aparición de los ejércitos del aire, con personal especializado y mentalizado para operar en el medio aéreo.

Trajo también un concepto operativo exigido por la realidad de los hechos, las operaciones conjuntas. Porque el hecho de que el dominio operativo aéreo se superponía a los otros dos, obligaba a un planeamiento y ejecución conjunto de la acción militar en los tres dominios operativos.

Con ello surgió un problema práctico que perdura hasta nuestros días. Es muy difícil dotar de una verdadera mentalidad conjunta a personal formado, uniformado y entrenado para operar en un dominio específico. Aunque las operaciones son hoy necesariamente conjuntas, planeadas y dirigidas por Estados Mayores conjuntos, son ejecutadas por medios y mentalidades específicos, lo que hace a menudo que el sistema presente puntos de fricción.

Los ejércitos modernos han pretendido fomentar la imprescindible mentalidad conjunta de sus militares a través de la formación de altos estudios militares, cursos de Estado mayor y cursos de Oficial General, pero manteniendo una enseñanza de formación específica. El éxito de este dispositivo de formación fue siempre relativo, sin que las operaciones conjuntas lo hayan sido nunca del todo.

El Siglo XXI se abre con el reconocimiento de la existencia de nuevos dominios, nuevos campos de batalla que hay que integrar en el esquema operativo. No se concibe operación militar futura que no plantee las acciones simultáneamente en los dominios tradicionales y en tres nuevos dominios que explicaré a continuación.

El primer nuevo dominio es el ciberespacio, reconocido como cuarto dominio operacional por la doctrina de la OTAN. Aquí el campo de batalla es virtual, pero los efectos se hacen sentir de manera directa en el terreno. Hay una vulnerabilidad que deriva de la sobredependencia de los sistemas informáticos y que hace que las acciones en el ciberespacio hayan de estar integradas con las que se planean y ejecutan en los demás dominios.

La segunda novedad es el Espacio ultraterrestre, reconocido desde 2019 como Dominio Operacional por la OTAN. Sin el Espacio, que envuelve a partir de los 100Km. de altitud al dominio aéreo, no se concibe hoy ninguna operación militar. Comunicaciones, Posicionamiento, Observación visible, infrarroja, radárica, son elementos imprescindibles para toda capacidad militar, incluido el armamento de precisión. Los satélites son muy vulnerables y hay que protegerlos, hay una necesidad imperiosa de acciones defensivas, al igual que cabe imaginar la posibilidad acciones sobre las capacidades espaciales del adversario.

En la guerra de Ucrania, la superioridad en el enfrentamiento en este dominio está cayendo del lado Ucraniano, vía los aliados de la OTAN, hasta el punto de hacer que la manifiesta superioridad rusa en los demás dominios se haya visto cuestionada.

Y se abre paso un sexto dominio operacional, aún no reconocido como tal por la OTAN, pero que está siendo un terreno de combate decisivo en la guerra de Ucrania, el dominio cognitivo, o humano en terminología anglosajona.

El tema es complejo y vidrioso, y sólo será posible plantear la cuestión en un artículo como este. La mera observación del conflicto en Ucrania, nos muestra un combate de narrativas entre los contendientes, que se juega en la mente de las opiniones públicas propias y extrañas.

Comprobamos empíricamente como toda noticia relativa a la guerra, procedente de fuentes propias o cercanas a los contendientes, forma parte de una estrategia de comunicación bien diseñada y dirigida para influir sobre las decisiones de los líderes políticos occidentales, a través de las emociones de sus opiniones públicas.

Parte de este esfuerzo operativo está teniendo lugar en el campo del derecho, en lo que desde hace sólo unos años, los propios servicios jurídicos de la Alianza han catalogado como “Lawfare”, que podríamos traducir como guerra jurídica, y que pretende describir una forma de acción que utiliza el derecho internacional como arma de guerra contra el adversario.

En este sentido, incluso la incuestionable ilegalidad del recurso a la guerra por parte de Rusia, ha sido contestada por este país haciendo alusiones a un inexistente derecho a la legítima defensa de las poblaciones rusas de Ucrania, que abriría la puerta a la aplicación del Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas y por ello a la intervención rusa.

Por parte ucraniana, estamos asistiendo a una campaña sistemática de acusaciones de violaciones del derecho internacional de los conflictos, cuya comprobación será larga y compleja. La mera acusación, unida a la censura sobre los medios rusos, está produciendo resultados.

La narrativa ucraniana, perfectamente adaptada en mensaje y destinatario a los fines perseguidos, está consiguiendo que los países occidentales y sus liderazgos políticos estén presionados a prestar un apoyo explícito y creciente a la causa ucraniana hasta el límite que permite el peligro de un conflicto nuclear. Al mismo tiempo, la narrativa rusa ha sido eliminada de la ecuación, a través de censura y del reproche social de todo el que mantenga algún tipo de explicación alternativa.

La reflexión sobre la conducción futura de operaciones, que forma parte de las discusiones que llevarán al nuevo concepto estratégico de la Alianza, lleva al Multidominio en su versión amplia, que incide sobre el planeamiento y ejecución de toda operación futura.

Deberán sin duda las autoridades políticas y militares responsables de la Defensa Nacional tomar buena nota de esta importante cuestión para el conflicto de mañana.

TG (res) Rubén García Servert

EL VINCULO TRANSATLANTICO DE LA OTAN. EVOLUCION Y PERSPECTIVAS DE FUTURO (1º Ciclo AEME de 2022)

Una relación ligada a valores compartidos

En la actual situación que vive Europa, se antoja imposible encontrar a alguien a quien no lleguen, al menos una vez al día, noticias sobre la OTAN. Pero más allá de su carácter de alianza defensiva militar del mundo occidental, ni los medios de comunicación ni los ciudadanos tienen una idea clara de  la organización, estructura y misiones de la misma. Como otras muchas instituciones supranacionales, la Alianza se identifica con su logo, consistente en una estrella de cuatro puntas blanca, azul y verde; sus siglas, NATO u OTAN, y una expresión que se encuentra en muchos de sus documentos y que define el carácter de la relación entre sus miembros. Se trata del «transatlantic link», o vínculo transatlántico.

El vínculo transatlántico es el lazo espiritual que une las orillas occidental y oriental del océano que baña a muchos de sus países miembros, aunque no a todos, y mucho menos desde hace unos pocos años. Este vínculo se estableció antes de1949, fecha de la creación de la Alianza Atlántica,  en el momento en que los norteamericanos se unieron, como antes sus vecinos canadienses, al esfuerzo aliado contra la Alemania nazi. Tras el triunfo, el temor a la amenazante Unión Soviética de Stalin hizo posible el Tratado de Washington, firmado por doce países en su inicio y que cuenta con treinta signatarios en la actualidad.

Su significado se entiende como la expresión de un compromiso entre países que comparten los mismos valores y los mismos principios ligados a la democracia y a la libertad de sus ciudadanos, y también como la asunción de una responsabilidad compartida en la defensa de esos valores. Este compromiso formalizado en Washington, la asunción por todos del mecanismo de toma de decisiones por consenso, que las convierte en unánimes tras el consiguiente proceso de acercamiento de posturas , y la contundencia de la respuesta de la Alianza ante un ataque armado a cualquiera de sus miembros expresado en su emblemático Artículo V y apoyado por la capacidad nuclear de los Estados Unidos, mantuvo una «paz helada» a ambos lados del llamado » telón de acero», frontera entre los países signatarios y los comunistas, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1989, fecha de la caída de la Unión Soviética. En definitiva, el triunfo de una Alianza militar vencedora sin tener que superar un conflicto previo.

¿Ejército de la UE o pilar europeo de la Alianza?  El condicionamiento de las tres D.

Entonces, paradójicamente, empezaron a replantearse algunos la propia existencia del hasta entonces exitoso «transatlantic link». Desaparecida la URSS, mantener la OTAN carecía de sentido, se decía en algunos foros. En Europa, se experimentaba con embriones de organizaciones  de defensa europeas como la UEO, y Grandes Unidades como la Brigada Franco-Alemana y el Cuerpo de Ejército Europeo. Se hablaba de conceptos como «separables pero no separadas» al tratar de fuerzas militares que atendieran a necesidades de defensa específicas de USA o de Europa, todo ello mientras el peso mayoritario del fardo de los gastos y el elemento principal de la disuasión, el poder nuclear, corrían abrumadoramente del lado estadounidense.

Tras la declaración de Saint-Malo, emitida por los gobiernos de UK y Francia en su cumbre bilateral de 1998: «la Unión Europea debe disponer de una capacidad autónoma de acción, apoyada por fuerzas militares creíbles», la Secretaria de Estado Madeleine Albright, en la reunión de Ministros de Exteriores de la OTAN en Diciembre de ese año , expreso la respuesta norteamericana a la misma, recalcando el  entusiasta apoyo USA hacia medidas que incrementaran  las capacidades (militares) europeas, pero planteando al mismo tiempo tres elementos  de juicio a considerar: no desligar la Iniciativa Europea de Seguridad y Defensa de la OTAN( de-linking): evitar duplicaciones (de- duplication ) y evitar cualquier tipo de discriminacion ( discrimination)  con los miembros europeos de la OTAN no miembros de la UE, caso de Turquia. Estos elementos fueron denominados desde entonces» las tres D», condiciones que debían mantenerse, en cualquier caso.

Lo sucedido entre las postrimerías del siglo XX y la actualidad ha brindado a todos la posibilidad de extraer lecciones valiosas: los Estados Unidos solos frente al mundo, con el paraguas de la OTAN cerrado, sienten frío (segunda guerra de Irak), y los resultados han sido, en muchos aspectos, catastróficos. Europa no contempla ni siquiera la posibilidad de quedarse sola frente al mundo: los piratas somalíes son una amenaza diferente al terrorismo islámico global o a las intenciones de aspirantes a la hegemonía mundial. Incluso en las operaciones en que la OTAN ha prevalecido, como en el caso de Kosovo, la solución política final de la independencia de la provincia fue considerada como una voladura del Acta Final de Helsinki por Rusia, con dolorosas consecuencias. Mientras tanto, la comunidad internacional, o al menos la parte que no pertenece a ese concepto a veces tan ambiguo de » Occidente», donde felizmente se van cobijando naciones que han vuelto a ser ellas mismas tras 1991, observa en un silencio a veces significativo las actividades de la OTAN.

La determinación de los países aliados frente a la agresión rusa a Ucrania es una excelente oportunidad para mostrar a los europeos un camino: la defensa compartida empieza por la defensa propia, la seguridad de todos se inicia con la firme convicción de cada uno de defender lo que es suyo. Europa es una gran potencia demográfica, económica y comercial. Prácticamente todos sus países se han conformado y cohesionado en la lucha con sus vecinos o con poderes exteriores. Todos ellos, hermanados felizmente hoy, han dado muestras continúas en la Historia de sus virtudes militares. Solo falta un liderazgo auténtico y profundo, basado escrupulosamente en los valores de nuestra civilización para asumir la inmensa tarea de equilibrar el hasta ahora desequilibrado vínculo, cuyo valor sea quizás ahora más importante que nunca.

La búsqueda del equilibrio entre las dos orillas atlánticas

Porque, y eso es una realidad palpable, el lazo transatlántico es un compromiso entre dos partes muy desequilibradas en el argumento más importante de una alianza defensiva: la fuerza militar. Mientras la supremacía convencional y nuclear de la OTAN se encuentra en Norteamérica, las sucesivas ampliaciones de la organización se han producido en Europa, en la vecindad próxima del antiguo enemigo «convencional», extendiendo considerablemente el territorio a defender sin un incremento proporcionado de la capacidad para defenderlo, debido a las características demográficas y económicas de los nuevos miembros.

El futuro del vínculo, en mi opinión, puede resumirse en una frase: búsqueda del equilibrio. Una búsqueda ligada a la asunción por Europa de que, fundamentalmente, la amenaza pende sobre ella, y en consecuencia debe asumir de una vez por todas que sus Fuerzas Armadas deben estar al nivel de su potencial tecnológico, industrial, demográfico y social. Y ello incluye una capacidad nuclear digna de ese nombre, y no desligada de la Alianza, sino parte de la concepción estratégica de la misma. Del mismo modo, en un vínculo transatlántico reequilibrado, el incremento de esa capacidad militar europea debe hacerse sentir en las estructuras de mando, en las capacidades de despliegue y, sobre todo, en la firme determinación de todos sus miembros, cualesquiera que sean su tamaño e importancia, de imponerse al adversario en cualquier circunstancia. En definitiva, considerar la pertenencia a la OTAN como la inserción de un elemento importante en su coraza y no como el tranquilizador ingreso en un corral seguro protegido por torres más firmes que las propias.

                                                                                                               Marín Bello Crespo

                                                                                      General de Brigada de Infantería (R)

                                                                              Asociación Española de Militares Escritores

Jactancia armada y falacias

EDITORIAL (10.05.2022)

Las falsas excusas de Putin para la guerra confirman que un autócrata no necesita pruebas para presentar sus actos como inevitables

La conmemoración del Día de la Victoria de la URSS frente a la Alemania nazi se anunciaba inquietante como el momento elegido por Vladímir Putin para celebrar un triunfo definitivo en Ucrania, declarar la guerra con la movilización de reservistas o dar paso al empleo de armas nucleares tácticas. Nada de eso ocurrió ayer. El autócrata del Kremlin volvió a apropiarse de tan señalada fecha haciendo de su régimen la síntesis entre el pasado soviético y el poder acumulado tras su caída, y reduciendo el sacrificio que entre otros realizaron millones de ucranianos al blandir la bandera rusa. Aunque esta vez renunció a justificar la pretendida invasión de Ucrania por el nazismo y el genocidio que encarnaría el Gobierno de Kiev para ofrecer la enésima versión de su sinrazón: que Occidente atacaba a Rusia en el territorio que considera propio del Donbás y Crimea.

Las dictaduras no necesitan argumentos probatorios para explicar la inevitabilidad de sus actos, por crueles que sean estos. Los portavoces del Kremlin van desgranando sus supuestos motivos en la seguridad de que la mayoría de sus súbditos no osarán mostrar públicamente su escepticismo y mucho menos su oposición a una «operación militar especial» de la que Putin insistió ayer en que proseguía sobre los planes previstos. El mensaje no resultó precisamente victorioso. Pero vino a dar por sentado que el Donbás forma parte de la «tierra rusa». Como si, ante las dificultades por hacer efectiva su ocupación por la fuerza, Putin volviese a dibujar una patria expansiva por naturaleza, de manera que toda resistencia a sus pretensiones se convierte en agresión.

El régimen de Moscú es un sistema sin contrapesos, capaz de hacer un uso ilimitado de la anulación de derechos básicos y de la falacia. Ayer hizo desfilar por la Plaza Roja ingenios a los que se les supone una capacidad destructiva atroz, pero que parecían inermes. Ucrania, los aliados de la OTAN y de la UE están poniendo en evidencia el poder militar ruso. Será muy difícil que el Kremlin pueda alcanzar una victoria significativa e irreversible sobre Ucrania, a la que Putin ni siquiera nombró, aunque, en contraste con la endeblez de su jactancia armada, Rusia se está mostrando más correosa ante las sanciones económicas porque los países democráticos siguen siendo en mayor o menor medida dependientes de sus fuentes de energía. Pero la ventaja rusa irá desvaneciéndose a pesar del oportunismo doméstico al que se aferra su líder.

Guerra contra Ucrania. Por el General Vicente Díaz de Villegas

Llegó el día 9 con la expectativa de la declaración de Putin sobre el curso de la guerra en Ucrania. Ningún trofeo puede presentar, ni siquiera Azovstal, sólo limitadas victórias pírricas en el Este y SE y mucha destrucción. 

Se esperaban dos grandes decisiones, la posible declaración de Guerra, que supera la de “Operación Especial”, y la impopular orden de Movilización, que ya ha hecho salir de Rusia a muchos posibles afectados. Ambas servirían para reforzar sus capacidades en Ucrania. Ninguna de ellas se ha producido, aunque si ha hablado de Guerra y de que fué una decisión forzada, apropiada y correcta.

Putin ha basado su discurso en otra mentira victimista sobre una supuesta preparación OTAN para invadir la Crimea que el mismo ocupó en 2014, traicionando los acuerdos de 1991, 1994 y 1997 entre Rusia y Ucrania, sobre desnuclearización de Ucrania, reconocimiento de fronteras, reparto de armas y bases y compromiso de no agresión. Putin no ha mencionado en su discurso a Ucrania borrando su existencia.

Añadía Putin que también se preparaba desde OTAN una operación de castigo a las provincias secesionistas del Donbass, que el apoya, y que defender el país es algo sagrado. Dirigiéndose a los soldados dijo: «Estáis luchando por nuestra gente en Donbas y por la seguridad de Rusia”.

La única decisión que anunció Putin fue que: «La muerte de cada soldado y oficial es dolorosa para nosotros”. «el Estado hará todo lo posible para cuidar de estas familias, el decreto está firmado”.Y efectivamente miles de soldados han muerto, entre ellos 12 generales y 39 coroneles o tenientes coroneles, y muchos más han resultado heridos (más de 23.000 bajas).

Sin embargo lo que ha quedado a la vista es que, a la invasión ilegal y no provocada, a una gratuita acción destructora y a los asesinatos de civiles, se ha sumado la incapacidad profesional militar traducida en derrotas en el N y tablas en el E y SE con grandes perdidas humanas rusas.

Zelensky por su parte no renuncia para nada a recuperar todos los territorios ocupados por Putin desde 2014, incluido Crimea. Estas posturas diferentes significan alargamiento de las operaciones y una carrera contra el tiempo entre los refuerzos rusos y los apoyos de material de países OTAN y occidentales.

En estos días Ucrania puede presentar como épica, la defensa del complejo de Azovstal en Mariupol, que recuerda gestas españolas como las de Sagunto ante los cartagineses, Numancia ante las legiones romanas, los Últimos de Filipinas en su independencia y guerra contra EEUU 1898, el Alcazar de Toledo ante al Frente popular en 1936.

Es difícil que se llegue a un acuerdo cuando Putin incrementa su apuesta, imponiendo ya su moneda, el Rublo, en los territorios ocupados, al tiempo que va haciendo desaparecer los líderes ucranianos. El Oblast de Kherson pretende convertirlo en otra República afin a sus intereses, como las de Donetsz y Lugansk, para después anexionarlas a Rusia.

Putin busca distraer y expandir el conflicto a otros escenarios fuera de Ucrania como Transnitria o Kaliningrado, quizás el N de Africa pero también a él se le abren otros escenarios fuera de Ucrania: se suceden los incendios y explosiones en el interior de Rusia, Azerbayan reanuda su ofensiva en Nagorno Karabaj, Georgia está alerta para tratar de recuperar Osetia y Abjasia, Moldavia también se prepara para rechazar la agresión desde Transnitria y contraatacar para recuperar ese enclave arrebatado por los rusos, también debería atender a una posible reanudación de las operaciones en Chechenia y finalmente a unos rumores de Golpe de Estado.

Sobre el terreno Ucrania se ha lanzado a una contraofensiva sobre las fuerzas rusas en Karkov y los rusos se han retirado volando puentes lo que da a entender que no van a volver por ahi.

Los Apoyos occidentales ya están sumando su efecto, en particular la artillería de 155 con mayor alcance y precisión que la de 152. Un ejemplo de materiales y alcances son: del lado ruso TOS 1A cohetes de 6 Km; el D-30 de 22Km, el 2S 19 de 29Km o el 2S7 203 de 37,5 Km; del lado occidental de apoyo a ucrania el US M777 de 41Km, el Cesar francés de 42Km, el PzH 2000 155mm ATP alemán de 41 Km, ademas de munición guiada Excalibur M829 GPS -a cualquier blanco localizado de 2×2 metros- y munición de alcances aumentados.

Los mayores alcance y precisión alejan a la artillería enemiga de las posiciones y poblaciones como Kharkov.

Mientras, se espera la llegada de Carros de Combate al frente Este; carros que contrariamente a lo que creen continuan siendo un elemento fundamental en la batalla terrestre adecuadamente empleados y protegidos.

Rusia incrementa los ataques aéreos de de misiles sobre líneas de comunicación tratando de frenar los refuerzos ucranianos.

Rusia aprieta a las defensas ucranianas de Izyum atacando, pero sigue manteniendo frentes abiertos como Odessa que cerraría la salida al mar Negro de Ucrania, después de haberle cerrado el mar de Azov y destruido Mariupol, pero Rusia ha sido incapaz de sobrepasar los dos puentes que cruzan el río por  Mykolaiv y ha perdido ademas del insignia , Moscú, una fragata, 2 patrulleras,… y 3 cazas Sukoi 30 Flanker en 48 horas. 

Odessa tiene connotaciones con la historia de España. En septiembre de 1789 el asentamiento fue conquistado por cosacos y tropas del imperio ruso  al mando del español Jose de Ribas tras de lo cual, el asentamiento se renombró pasando de ser Kotsubiyiva a Odesa. En 1936, llegaban a Odessa cuatro buques soviéticos con los casi 600.000 kilos de oro puro saqueado del Banco de España por “La banda de los Cuatro”. Otra fué la llegada a Barcelona en abril de 1954 de los 229 supervivientes prisioneros de la fuerza expedicionaria de voluntarios, la “División Azul”, procedentes del puerto ucraniano de Odessa.

Se aleja la amenaza nuclear pero el odio entre pueblos, tras la invasion y los crímenes rusos tardarán en desaparecer. Rusia o refuerza o pide alto el fuego, pero, si se le permite mantener su ocupación del Donbass, Kherson y otros puntos del territorio, estos le servirían de base de partida para continuar lo que inició ocupando Crimea en 2014.

La negociación, de no salir todas las fuerzas rusas de Ucrania, quedaría a plazos para no convertirse en una nueva Corea. Sin duda las sanciones jugaran durante un tiempo, pero tampoco demasiado para que no se busquen caminos para burlarlas.

La guerra debía haberse evitado y Francia, Alemania, Reino Unido y EEUU cada uno con su influencia y relación debían haber cortado la trayectoria de Putin sin cometer el mismo error que cometieron Daladier y Chamberlain con Hitler antes de la 2ª Guerra Mundial con sus sucesivas invasiones. Ahora se avecina una nueva Europa con Polonia y Ucrania

De la Guerra en Ucrania cabe sacar las siguientes conclusiones: Solo una Nación soberana puede proporcionar seguridad a sus ciudadanos sin esperar a los organismos internacionales y para ello se necesita un instrumento militar nacional fuerte y una implicación de la población integrada o no en unidades de Defensa Operativa del Territorio. La Paz no es lo primero, ni tampoco las prisas, el propósito ha de ser vencer al agresor para recuperar la libertad y todo lo perdido. Hace falta un liderazgo politico enamorado de su patria.

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL

F. Javier Blasco, coronel (r) 8 de mayo de 2022

Coronel Francisco Javier Blasco

Las dos grandes guerras que el siglo pasado asolaron Europa tuvieron como causa u origen un hecho, que para muchos era nimio o sin importancia, aunque poco a poco, se iba agrandando y expandiendo.

Hace muchos días, demasiados, que internacionalmente se especula con la certera posibilidad y probabilidad de que una intervención directa o en fuerza por parte de la OTAN, la UE o de un estado independiente como EEUU, en la guerra de Ucrania, podría ser el motivo o el detonante de llevar al mundo a la III Guerra Mundial.

Es más, es la principal razón o excusa esgrimida por los próceres de los países aliados y todas las Organizaciones Internacionales, incluso la misma ONU, con la que se trata de dar un cerrojazo, a todas luces falso, a una incomprensible situación, por la que, oficial y realmente, se abandona a su suerte a un país occidental, lindante con la OTAN y la UE, que con un gran desequilibrio inicial de fuerzas, está siendo masacrado -sin ni siquiera una declaración formal de guerra- ante la impávida postura de una sociedad que se conforma con dicho pensamiento.

Situación vergonzosa, que, de paso, mantiene de forma semi oculta la esperanza que, con unos cuantos apoyos por su parte, sean aquellos pobres infelices, los que contengan, masacren y finalmente derroten a un “potente” ejército, el ruso, que nos amenaza constantemente a todos, sin que este acto bélico final nos cueste una sola baja personal, ni que un solo proyectil de su artillería caiga en nuestro territorio.           

Aquellos que dedicamos algo más de un rato a observar la evolución de los acontecimientos, a la intensidad y variaciones en los enfrentamientos de diversa índole a lo largo y ancho del mundo, al desarrollo de las capacidades, precisión y alcance de los nuevos armamentos y a la aplicación y desarrollo de las nuevas tácticas, técnicas y procedimientos en los conflictos interpretados por viejos y nuevos actores en las guerras, hace tiempo que hemos llegado a diversas conclusiones -que se pueden encontrar en lo mucho escrito y publicado- sobre la guerra y los enfrentamientos globales en el futuro, a corto y medio plazo.

Existe una casi total unanimidad en la mayor parte de los autores y variopintos expertos o entendidos, por la que la guerra del futuro cambiará y mucho los grandes conceptos de la estrategia bélica, los cuales, durante varios lustros, han sido considerados como inamovibles.   

Con carácter general, y a modo de resumen, se puede afirmar que la guerra total, las nuevas armas tecnológicas, de bajo coste y de mucha rentabilidad dados los efectos que proporcionan, la economía, así como un amplio uso del espectro electrónico y la información, adecuadamente manoseada, y dirigida tendrán mucho que decir en tales enfrentamientos.

Debido a la globalización y a la enmarañada interconexión entre los estados, la economía, las sanciones y restricciones económico-comerciales directas, los vetos o dificultades a los intercambios comerciales y las relaciones políticas entre los grupos resultantes de países o bloques enfrentados en la arena de los conflictos, no solo jugarán un papel importante, dado que se verán limitadas en sus capacidades reales para iniciar y en alimentar el conflicto a medio y largo plazo; sino porque, además, y en función de las medidas adoptadas por la Comunidad Internacional (CI), sufrirán grandes cambios, graves presiones y hasta una posible quiebra o una gran merma económica en alguno o varios de los países implicados.

No obstante, o como consecuencia de la libertad de mercado entre los diversos estados así como por las mutuas dependencias energéticas y económicas, incluso con o entre países situados en las antípodas político sociales, dichos lazos supondrán un gran hándicap a la hora de tratar de imponer vetos o sanciones económicas a los países implicados en agresiones o conflictos por dicho u otros motivos.  

La existente interconexión o gran dependencia en el mundo para todo tipo de actividad económica o social, para las relaciones o intercambios comerciales, los descubrimientos de la ciencia, el manejo o expansión de las pandemias o cualquier otro fenómeno que podamos imaginar, también aparecerán de inmediato y jugarán un gran papel en la posible extensión y consecuencias de los conflictos. Todo el mundo se verá afectado de una forma u otra, y nadie puede mirar para otro lado mientras un conflicto importante suceda en cualquier rincón del mundo.  

Las poblaciones civiles se verán afectadas, e inmediatamente, millones de refugiados y desplazados internos, antes incluso de iniciarse el conflicto, se pondrán en marcha y abandonarán sus hogares en busca del cobijo que su propio país no sea capaz de garantizar; lo que, sin duda, contribuirá a desestabilizar las relaciones internas y externas del propio país y en los de su entorno.

Los grandes enfrentamientos en masa de ejércitos, unos contra los otros a campo abierto con amplitud de preparaciones artilleras y unidades mecanizadas o acorazadas implicadas durante largas jornadas de lucha, raramente se darán y se verán limitadas a momentos o situaciones puntuales, como preludio o complemento de una acción vital.   

La propaganda, las medidas de decepción, el engaño y el abuso en el empleo de las redes muy infectadas de falsa información y tomando parte en uno u otro sentido a modo de marketing o justificación, son herramientas que se usarán profusamente en los nuevos conflictos, incluso desde antes que estos se lancen o alcancen fases importantes; ya desde su preparación y durante toda la ejecución.

La observación electrónica, por satélite o por las trazas dejadas en los medios de comunicación, sistemas de orientación, navegación y localización particulares, serán elementos a tener muy en cuenta por los grandes rendimientos que se pueden obtener de una explotación adecuada de forma sigilosa y sin dejar traza de que se está observando y monitorizando directamente la pieza a caza.

El efecto CNN, por el que los conflictos de relevancia, se retransmiten en directo de forma pública y sin control alguno, es un medio de inteligencia basado en fuentes abiertas (OSINT) de gran rendimiento a efectos de localización de fuerzas y en la determinación de los principales esfuerzos y escenarios. Cosa similar, ocurre con el seguimiento de las comunicaciones privadas (incluyendo videos, chats y fotografías) entre los propios combatientes con sus superiores, familiares y amigos.

Las armas de alta precisión serán una pieza fundamental para el derribo de aeronaves poco protegidas, ataques selectivos o a buques rodeados de deficientes o ningún medio de protección; e inclusive, para crear el caos al atacar masas de carros de combate, expuestos al fuego por todos los flancos, incluso por debajo o sobre ellos.

Las unidades especiales de los tres ejércitos, fáciles y rápidas de mover de un escenario a otro, suplirán a los grandes movimientos en masa y tendrán un papel muy importante en la conquista de objetivos a distancia, siempre que sean rápida y debidamente relevadas por unidades más protegidas y con mayor capacidad de resistencia a las reacciones del enemigo,

Los cambios en las exigencias, necesidades y en la forma de vivir, de descanso, en la alimentación de las personas y en la aplicación directa de la asistencia sanitaria al combatiente, requieren unas cadenas logísticas demasiado pesadas, largas, continuas y eficientes. Si estas fallan, la guerra se para, tal y como se demostró en las dos guerras del golfo, posteriormente en la larga campaña en Afganistán y más recientemente, en la guerra en Ucrania.

La guerra centralizada tanto en el planteamiento como en la ejecución tiene sus días contados. La descentralización en la segunda fase es casi una exigencia irrenunciable siempre que se pretenden unos resultados más que aceptables.

La inteligencia y el espionaje en todas sus modalidades, si bien siempre han sido un arma fundamental en la identificación de los posibles conflictos y en descubrir los potenciales o probables movimientos del enemigo, tomará un papel mucho más importante en la prevención y conducción de los futuros conflictos a gran escala para descubrir o desbaratar las verdaderas y cambiantes intenciones ocultas.

El empleo o amenaza de las armas de destrucción masiva, en especial las nucleares, jugará un papel importante en la disuasión para intervenir o no de forma directa en los conflictos, a pesar de que haya un sentimiento generalizado de que nadie, con dos dedos de frente, salvo un loco de remate, las llegue a emplear. Su uso, supondría un enfrentamiento de fatales consecuencias para todos los contendientes, incluso peor para aquel que las llegase a usar en primer lugar por la descontrolada respuesta que puede originar. No se descarta el uso de armas biológicas o químicas por el gran poder de penetración que causan de forma más o menos rápida y silenciosa, sin apenas peligro para el que las inocula y porque pueden llegar a poner a países o continentes enteros en cuarentena u ocasionar centenas de miles de muertos.

La capacidad de intervenir en los conflictos por parte de los organismos internacionales es y será cada vez menor. Su papel, organización, composición y misiones, ideadas para mediados del siglo pasado, han demostrado su obsolescencia e irrelevancia casi un siglo después. Sus sistemas de toma de decisiones se han mostrado totalmente ineficaces, incluso para montar misiones humanitarias de emergencia.

Si, más o menos, estas han sido las conclusiones o predicciones a las que últimamente se ha llegado sobre los parámetros en los que se moverán los grandes conflictos del futuro y, si, además, son aceptadas por muchos o la mayoría de los que hacen análisis y deducciones, fácilmente podríamos conformar el escenario en el que se moverá, con algunas ligeras excepciones, la III Guerra mundial. Pero, si nos detenemos un instante y se comparan con lo que actualmente está sucediendo en la guerra de Ucrania, mucho me temo, que no tenemos más remedio que aceptar, que la CI, por mucho que haya vacilado y maniobrado, no ha podido evitar que la temida y tan cacareada III Guerra Mundial ya haya comenzado y se está batiendo en Ucrania como escenario principal.

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