Categoría: Ensayos nucleares

ESTRATEGIAS NUCLEARES EN LA OTAN, por el general Martínez Isidoro (1º Ciclo AEME 2022)

El General de división (Ret.) D. Ricardo Martínez Isidoro en una entrevista en televisión

La Disuasión Nuclear está concebida, no tanto por acuerdo sino por reflexión mutua, para que no se produzca un conflicto de este tipo que aniquilaría a los contendientes e incluso la vida misma en el Planeta.

   A partir de este axioma básico las potencias con capacidad nuclear se han centrado en esbozar e implementar teorías de empleo para desbordar este supuesto, con la finalidad de concebir estrategias que disuadan espacios geopolíticos concretos, como por ejemplo Europa, o limiten alguno de los efectos devastadores de la fisión no controlada del átomo, este sería el caso de la bomba de neutrones, célebre en los ochenta y noventa del siglo pasado.

   También se han superpuesto, sin combinarse en el origen de la decisión, diversas estrategias de empleo de las armas nucleares que “aliadas” suponen al candidato agresor la realización de una reflexión más complicada; este sería el caso de las estrategias nucleares de la OTAN que se “combinan”, en Europa, con la francesa, británica, y naturalmente con la de la Federación Rusa, aunque esta es del candidato opuesto.

   Desde el principio de su existencia, la OTAN ha desarrollado sucesivas estrategias nucleares reactivas que han tenido como referencia su enemigo tradicional, antes la URSS y ahora la Federación Rusa, siendo el escenario fundamental Europa.

   En la Guerra Fría, o la Guerra de Europa, como la llaman analistas de prestigio (Robert Kaplan, Universidad de Harvard), la tutela nuclear la ha llevado a cabo Estados Unidos y la ha ejercido de una manera firme, muy rígida, sobre Gran Bretaña, y prácticamente inexistente sobre Francia, potencias ambas nucleares con posibilidades de influir en el razonamiento disuasivo en Europa.

La primera estrategia común a los Dos Bloques,” la Destrucción Mutua Asegurada” siguió a una superioridad nuclear americana, consecuencia de la detención única del arma nuclear por EEUU, que duró relativamente poco. La posibilidad de aniquilación mutua paró los impulsos del Este, pero su superioridad convencional, bacteriológica y química, demostrada con grandes alardes de fuerza, en la Guerra Fría, puso de manifiesto la posibilidad de desbordar la disuasión mutua, mediante acciones clásicas de gran envergadura.

La Alianza Atlántica tuvo que reaccionar, en esa fase, a la renovación de los riesgos y amenazas que le planteaba el Este adecuando su estrategia, ahora de la Respuesta Flexible, mediante la cual se disuadía a la Unión Soviética por una gradual posibilidad de empleo de la Triada, es decir, las armas convencionales, las nucleares tácticas y las nucleares estratégicas; en esta estrategia occidental no estaba prevista la utilización inicial del armamento nuclear (No First Use), aspecto que sucedía al contrario en el bando oriental, que esgrimía su teoría nuclear militar indicando “que se reservaba el primer uso de aquellas”, aspecto que continua en la actualidad.

   Dada la escasa profundidad del Teatro Europeo, por la ocupación del Pacto de Varsovia de los países satélites, la OTAN disponía de un reducido espacio para detener un posible ataque del Este, y por tanto muy poco tiempo para la reflexión nuclear de empleo dentro de la Respuesta Graduada.

   Por ello, la OTAN dio un paso más, creando una estrategia complementaria, convencional y anti fuerzas, basada en la localización y la consiguiente destrucción, empleando unos medios y un armamento muy modernos, de gran precisión y efectividad, que se implicarían contra los segundos escalones de las fuerzas del Pacto de Varsovia, esta opción se llamó FOFA (FOLLOW-ON FORCES ATTACK).

    Es necesario apuntar que las nuevas tecnologías, que han facilitado el aumento de la velocidad de los vectores portantes de las armas nucleares, al parecer disponibles por la Federación Rusa (Misiles hipersónicos), harían también disminuir considerablemente los tiempos de recorrido de los mismos, y con ello la posibilidad de detección, e incluso de reflexión del agredido sobre las dimensiones del ataque del agresor, su identificación y la reacción alternativa. Lo que en tiempo de la Guerra Fría era escasez de espacio en la actualidad se tornaría en escasez de tiempo.

    El enfrentamiento disuasivo OTAN-PACTO DE VARSOVIA (PAV), en la Guerra Fría, produjo la escalada de este tipo de armas con la Ex Unión Soviética, y con ella la acumulación de cabezas nucleares y vectores, incluyendo los bombarderos estratégicos, objeto de los sucesivos tratados ABM, SALT I y II, START y NEW START, que culminando su validez al borde de la Epidemia del COVID 19, fue prorrogado con cierta rapidez sin que se produjeran efectos de reducción, objeto fundamental de estos tratados.

   La estrategia de la Respuesta Flexible, descontada la componente nuclear estratégica que aseguraba fundamentalmente el aliado norteamericano desde su territorio, se desarrollaba  sobre el teatro europeo, donde la superioridad convencional del PAV era notoria; la aparición de los misiles nucleares soviéticos SS-20, sobre todo, móviles, muy precisos y capaces de batir todos los objetivos de los países europeos de la OTAN y los norteamericanos estacionados en el Continente, desequilibraron la relación de fuerzas, dando lugar a la posibilidad desestabilizar el vínculo transatlántico, promoviendo que Estados Unidos pudiera “desentenderse” de Europa. Estas acciones produjeron la Crisis de los Euromisiles en los años ochenta y la necesidad de desplegar los de alcance intermedio por Estados Unidos, en especial los Pershing II y los Misiles Crucero.

   En el teatro europeo propiamente dicho, siempre objetivo de la estrategia militar soviética en su día, existían, y existen, dos aliados con capacidad nuclear, Gran Bretaña y Francia. Los británicos, con una componente estratégica submarina (SLBM), basada en los famosos Polaris, que fueron reemplazados por los Trident, siempre estuvieron” bajo doble llave”, precisando para su disparo un ulterior “permiso” del aliado norteamericano.

   Sin embargo los franceses, en su día con tres componentes, hoy solo permanecen, la aérea y la submarina (los S-3 de la Meseta de Albión, en la Provenza fueron suprimidos), mantuvieron y mantienen la autonomía de su empleo, de carácter estratégico, pues el alcance de sus SLBM y componente aérea sobre aviones Rafale así se lo permiten.

   Cabe decir que tanto la capacidad nuclear británica como la gala son consideradas, y así lo manifestaron los soviéticos en su día, como armas nucleares con acción sobre su territorio y por lo tanto, bajo el principio de “seguridad igual”, deberían ser contabilizadas en cualquier proceso de desarme; el caso del despliegue de los SS-20 constituyó, para los rusos, una de las razones que lo justificaban.

   Ni que decir tiene que este principio, dado el número exagerado de cabezas y vectores de los “Dos Grandes”, incluyendo bombarderos estratégicos, no fue aceptado por Francia que siempre fue intransigente en el concepto de la autonomía de su” Force de Frappe”; incluso existió un profundo debate en torno a la necesidad de que las armas nucleares de la OTAN que operaran en Europa se pusieran a disposición de los países europeos en los que se desplegaran, en lo que respecta a la decisión de su empleo, convergiendo los deseos de una Defensa Europea con la gravedad del momento de la crisis de los Euromisiles.(Michel Manel, L’Europe Face aux SS-20.Stratégies. 1982).

   Es necesario reconocer que a Estados Unidos le interesaba la ambigüedad de las opciones de respuesta citadas, pues ello perturbaba el cálculo soviético; hasta tal punto que existen teorías de un posible “impulso norteamericano” al desarrollo nuclear francés.

   Pasados los años, y más desarrollada la opción de “una Defensa Europea”, se ha visto como Francia podría ofrecer sus dispositivos nucleares (aviones y submarinos) para que fuera la columna central de una disuasión autóctona puramente europea, aunque es necesario admitir que ese “préstamo” no lo sería en términos de decisión ya que la doctrina gala es muy estricta al respecto; “una sola mano para el botón nuclear”.

   En cualquier caso, todas estas cuestiones sirvieron a la Federación Rusa para, en su momento, enrarecer las negociaciones START y las de un hipotético nuevo tratado INF, ahora en suspenso, dado que lo que es evidente es que los dispositivos europeos son estratégicos, por los orígenes de los posibles lanzamientos, y que los destinos son evidentemente objetivos situados en la “Gran Rusia”.

   El tercer elemento de la Triada nuclear, las armas nucleares tácticas, no se puede desvincular de lo analizado hasta ahora, pues forma parte de la estrategia de respuesta flexible; están desplegadas, y de algún modo vinculan a los países que las detentan, y lo hacen por su situación con respecto a la Federación Rusa y por la voluntad de recibirlas en su suelo, aspectos que la política, y el fomento del pacifismo y la presión, podrían hacer variar las decisiones iniciales tomadas (Nuclear Sharing) por los europeos.

   Recientemente se ha cuestionado en Alemania su actitud en torno a abandonar la decisión de que su territorio albergue armas nucleares tácticas de la OTAN, esencialmente la posibilidad de que aviones germanos asignados a la Organización Atlántica, los denominados DCA (Dual Capable Aircraft), puedan ser suprimidos; la reciente decisión del Gobierno alemán de renovar sus aviones de combate con la disponibilidad de dicha doble capacidad, en el marco de la Guerra Ruso-Ucraniana, aleja por el momento esas sensaciones.  

   Los analistas de los países afectados, principalmente, Francia, Holanda, Italia, Bélgica, Polonia y los Bálticos, no tardaron en reaccionar, emitiendo juicios claros sobre el significado de dicha posible renuncia:

   Se debilitaría el flanco norte de la Alianza; se renunciaría a una opción importante sin contrapartidas de la Federación Rusa; se fomentaría que Polonia pudiera relevar a Alemania en ese cometido, aspecto que provocaría a los rusos (Tratado NATO-Rusia de 1997); se favorecerían los movimientos antinucleares; se perjudicaría la posición de Francia en el Grupo de Planeamiento Nuclear de la OTAN; no se sería coherente con la doctrina militar rusa, que propugna un ataque nuclear, incluso ante una agresión convencional; se produciría un fomento de la proliferación, al buscar cada Estado su solución nuclear; se podría fomentar la defección de otros Aliados, como Italia;  etc.

   La Federación Rusa ha modernizado su arsenal nuclear, en todos los órdenes (ICBM RS-28, Misil Hipersónico Avanguard), y ha desplegado misiles nucleares con capacidad de alcanzar territorio europeo (Iskander, en Kaliningrado y, al parecer, en Crimea y San Petersburgo, además del Pacífico), también lo ha hecho con misiles crucero de alcance próximo a los contemplados en el tratado INF, aspecto considerado por la OTAN como la clave de la renuncia de EEUU a la continuidad del Tratado.

   La irrupción de China en el “gran juego nuclear”, con capacidades intercontinentales que pueden afectar a la OTAN en términos de disuasión, y la posesión por este país de dispositivos incluibles en un futuro e hipotético tratado INF, complican no solo el futuro del NEW START, sino cualquier solución global de desarme, al estar este pujante país en pleno desarrollo de sus posibilidades armamentísticas, en apoyo de sus pretensiones económicas y sociales.

   Es evidente que el objetivo, y el escenario de la Federación Rusa, es Europa, y que las estrategias de respuesta se juegan sobre nuestro Continente, muy afectado por la reciente renuncia a continuar con el Tratado INF; la reciente prolongación de la vigencia del Tratado START, sin apenas discusiones, la renuncia rusa al de Cielos Abiertos, y de Estados Unidos al ABM, junto con la banalización del FACE, completan un escenario de ausencia de medidas de confianza y de inseguridad en Europa.

    La invasión rusa de Ucrania, y en general, la presión sobre la libertad de pertenecer a la OTAN de los países de su “extranjero próximo”, completan este panorama con la amenaza, de la Federación Rusa, de una hipotética reacción nuclear ante una posible intervención occidental directa en el conflicto; se puede admitir que la OTAN y la Federación Rusa están ya en una guerra disuasiva.

                                                       General de División (R) Ricardo Martínez Isidoro

                                                                                       Miembro de AEME

LA AMENAZA NUCLEAR DEL PRESIDENTE PUTIN- 1º Ciclo AEME de 2022

 La disuasión nuclear fue concebida para  evitar una conflagración mundial, pues el Mundo, tal y como lo concebimos, sería sacrificado seguramente. Desde entonces las potencias que poseen armas nucleares, y que las incluyen en sus Estrategias de Seguridad Nacional, han tratado de desarrollar cargas y vectores portantes que de algún modo facilitaran su  inclusión en el seno de un conflicto generalizado, sin renunciar al carácter disuasivo de tales armas, pues tanto un sistema como otro de inclusión podría producir la temible escalada.

   De lo que no debe quedar duda es de que el desencadenamiento del fuego nuclear por una potencia en conflicto generalizado se produciría cuando la existencia de la Nación iniciadora se viera en extremo comprometida por las acciones del adversario, pues cuando se dotó de armamento nuclear lo hizo seguramente por ese motivo, la causa suprema, la existencial; curiosamente esta es una reflexión que ha sido aducida por el propio Presidente Putin en la actual guerra que enfrenta a Rusia y Ucrania, tras la invasión de esta última por la primera.

   Los intereses vitales de una Nación forman parte de sus intereses nacionales, pero aquellos son tan exclusivos que determinan la existencia misma de la colectividad organizada a la que llamamos Estado; sin ellos desaparecería la necesidad de continuar con la vida nacional, al menos esa es la concepción subjetiva del propio Estado, potencialmente agredido, por la  que “su  privación o violación materializa el umbral de franqueamiento crítico más allá del cual el defensor estima que su supervivencia estaría irremisiblemente comprometida”. (Politologie de la Défense Nationale. Henri Pac. Masson. Pag.68).

   En otro orden de cosas, esta concepción nacional referida, este estado subjetivo puede no ser compartido por el otro protagonista de la disuasión, dado que aquella anida en un sentimiento, en una percepción, que nada tiene que ver con aspectos estratégicos, estos últimos muy ligados al propio territorio, a los objetivos fundamentales del país objeto, solo ellos justificarían una reacción nuclear pues su conquista supondría la derrota,  he ahí la clave de la disuasión.

   Por lo tanto podemos admitir, y los pensadores en torno a la disuasión así lo hacen (Politologie de la Défense Nationale), que existen dos concepciones sobre el verdadero sentido de los intereses vitales como límite para desencadenar, en este caso, una respuesta nuclear; el primero es una percepción nacional y el segundo es meramente estratégica, al estilo de Clausewitz.

   Yendo al caso del actual escenario de la guerra entre Rusia y Ucrania, y dentro de las dos hipótesis de la concepción del interés vital, es necesario encajarlas en las sucesivas amenazas nucleares del Presidente Putin, antes y a lo largo de lo que él llama “operación especial” en Ucrania, por otra parte incontestadas por el país agredido que además no posee armas nucleares, y que van dirigidas claramente a la Organización Atlántica, para disuadirla de actuación a favor del país ucraniano, por otra parte inverosímil pues la OTAN es una organización internacional que actúa por consenso, a 30 países, de los que solo 3 poseen armas nucleares con sus propias políticas de empleo. Distinto es que estos países nucleares pongan sus armas de este tipo a disposición de la Alianza, en las condiciones que se determinen en su Comité de Planes de la Defensa, en su planeamiento nuclear, aspectos que se deberán aprobar en sus órganos de gobierno al más alto nivel; en cualquier caso, y según los mismos teóricos, la OTAN estaría ya, con la situación actual, en una guerra disuasiva con la Federación Rusa.

   En el caso de las armas nucleares de Francia, su concepto de empleo no prevé la cesión de la decisión de su desencadenamiento pues su doctrina es muy rigurosa al respecto, fomentando su propia autonomía estratégica; además el país galo renuncia al concepto de escalada, pues el desencadenamiento de su respuesta nuclear se produciría cuando “sus objetivos vitales” estuvieran en grave peligro; por ello las armas nucleares tácticas, los antiguos Regimientos Plutón, fueron suprimidos, los misiles de la Meseta de Albión, en Provenza, igualmente, y sus fuerzas convencionales tendrían también, en ambiente de guerra abierta, la finalidad de determinar, marcando al enemigo, cuando esos intereses vitales estarían en serio peligro. Sin duda que sus armas han estado “apuntadas” a la Federación Rusa, sirviendo de elemento importante de incertidumbre, en relación con la estrategia OTAN, para el cálculo disuasivo de la ex URSS.

   El Presidente Putin esgrime, como umbral de empleo del armamento nuclear, razones existenciales de la Federación Rusa, es decir que se ponga en entredicho o se amenace gravemente la existencia de la Federación, aspecto que sitúa los intereses vitales de Rusia en una mera percepción subjetiva, en un relato que proviene del momento del hundimiento y desarticulación de la antigua Unión Soviética, y que se basa en la no aceptación, de hecho, de los acuerdos de Paris de 1990, implementados, aceptados y rubricados por los representantes oficiales de la entonces Unión Soviética.

   En este sentido, su pretensión es el cambio del orden internacional actual, perjudicial para la Federación Rusa en su opinión, cuando nunca en estos 70 últimos años había sido tan floreciente, incluso podría haber sido hasta democrática, si hubiera respetado los patrones de la misma, la alternancia política, el respeto a la oposición, la separación de poderes y la lucha contra la corrupción.

   Su pretendida amenaza existencial proviene de una reflexión que supone que las Organizaciones Internacionales, la OTAN y la UE, tienen por finalidad la amenaza a la Federación y su fin, simplemente porque las Naciones limítrofes quieren decidir su propio futuro de seguridad, soberanamente; en ningún caso la Organización Atlántica y mucho menos la UE, per se, representan un peligro existencial para los rusos, sino un convencimiento de que no quieren ser regidos por gobiernos autocráticos después de las experiencias recientes y antiguas; las minorías rusófonas en su “extranjero próximo” son frecuentes, con otras etnias, en muchos países del Mundo, merced a delimitaciones administrativas y descolonizadoras, cuando en la antigua URSS, en ocasiones, eran consecuencia de sus “progromos”, como en Ucrania.

   La disuasión que sobre la Alianza Atlántica está ejerciendo el Presidente Putin, con sus advertencias referentes al posible empleo de armamento nuclear, no puede ser concebida por Occidente si este y sus acciones no representan un grave peligro de carácter estratégico, como es la conquista o neutralización de objetivos específicos que supongan un peligro existencial, vital, para la Federación Rusa, y este no es el caso; la ayuda militar y financiera, a un tercer país, invadido, en francas condiciones de inferioridad, flagrantes si se quiere, con amplias repercusiones europeas, la ha venido practicando, secularmente, lo que hoy es la Federación Rusa, en teatros de Oriente Medio y Próximo, y en el Indo-Pacífico para apoyar a regímenes anti occidentales y opuestos.

   Putin está prácticamente solo, con adeptos más que consejeros, con la calle secuestrada y en un gran aislamiento internacional, y económicamente constreñido. Su Doctrina Militar vigente, y en general la consuetudinaria desde que posee el arma nuclear, admite el “primer uso” del arma nuclear, para ello dispone de la Triada en este tipo de armamento, y no es en absoluto extraño que pudiera emplear armamento nuclear táctico, para resolver sus problemas operacionales en Ucrania, por ello tiene su despliegue listo, de Iskander-M, por ejemplo, de hasta 500 kms. de alcance con la doble capacidad, pero su empleo más probable sería en algún objetivo adecuado en Ucrania, o como demostración de su resolución en este conflicto, pero no en el Occidente “otanizado”, pues allí su disuasión no funcionaría, pues no hay ningún interés vital, estratégico, amenazado por la Organización Atlántica.

   Diferente sería predecir la reacción de la OTAN ante ese empleo nuclear en Europa, que abriría una etapa de extraordinaria tensión , y posiblemente una escalada de empleo de este tipo de armas, empezando por un despliegue de nuevos vectores que recordaría” la crisis de los misiles de los años ochenta” y sus repercusiones para la seguridad mundial, en un momento donde la vacuidad reina, por la ausencia de tratados y medidas de confianza, todos ellos en suspenso, y con un START negociado con prisas.

                                                                                GENERAL DE DIVISION (Rdo)

                                                                                RICARDO MARTINEZ ISIDORO

                                                                                Miembro de AEME.      18.04.22 

Misiles, submarinos y equilibrio estratégico, por Josep Piqué

El desarrollo de tecnologías que hagan obsoletos los escudos antimisiles puede alterar de manera profunda el actual equilibrio estratégico entre las tres grandes potencias: EEUU, Rusia y China.JOSEP PIQUÉ |  28 de octubre de 2021

En las últimas semanas estamos asistiendo a una sucesión de noticias relativas a pruebas de misiles hipersónicos por parte de las tres grandes potencias (Estados UnidosRusia y China), así como al debate suscitado a raíz del AUKUS sobre el papel estratégico de los submarinos en el equilibrio estratégico global. Con independencia del ingente esfuerzo tecnológico (y económico) que hay detrás de estos desarrollos, los objetivos que se persiguen no son nuevos en la historia. Desde el “Vis pace, para bellum” de los romanos a las modernas teorías de la disuasión, las pugnas entre los grandes poderes se han caracterizado por alterar a su favor la correlación de fuerzas ofensivas y defensivas, para disuadir al adversario para atacar o para defenderse en caso de agresión, buscando su rendición sin necesidad de luchar.

Tales objetivos, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la guerra fría, han venido marcados por la búsqueda de la superioridad nuclear, pero sobre todo por la capacidad de neutralizar las defensas enemigas y conseguir su inferioridad de partida ante un eventual conflicto atómico a gran escala. En este contexto cabe enmarcar el desarrollo de nuevos misiles, así como el despliegue de capacidad submarina que estamos observando en estos momentos. Su alcance es enorme, ya que pueden claramente alterar el actual panorama estratégico, hoy todavía decantado de manera indudable a favor de EEUU.

Tal superioridad viene de los años ochenta y es una de las causas fundamentales de la victoria occidental en la guerra fría. Pero no siempre fue así. Ni mucho menos fue un camino fácil.

Una vez iniciada la carrera nuclear con el acceso de la Unión Soviética a la bomba en 1949, la preponderancia de EEUU y la URRS (sucedida por Rusia) en este ámbito sigue hoy intacta, siempre que nos atengamos al número de armas nucleares totales –entre ambos disponen de un 90% del total–, sentando las bases de la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada y del llamado Equilibrio del Terror, algo que no impedía la posibilidad de una guerra limitada en Europa.

Sin embargo, no basta con ese criterio numérico. Hay que atender a las armas realmente desplegadas y a su distribución entre misiles intercontinentales y tácticos –de corto y medio alcance–, sus plataformas de lanzamiento –desde bases operativas, desde operativos móviles, submarinos, bombarderos, etcétera– y cada vez más, su capacidad para sortear los sistemas defensivos del adversario. Desde este punto de vista, EEUU y Rusia disponen de un despliegue similar, aunque sus plataformas de lanzamiento difieren y subsiste una clara asimetría en lo que se refiere tanto a los submarinos como a los llamados escudos antimisiles.

Ambos, después de los diferentes tratados de limitación, han prescindido de los misiles tácticos desde bases terrestres, tienen una importante flota de submarinos –aunque EEUU mantiene una gran superioridad numérica y tecnológica– y de bombarderos, algunos de ellos, por parte estadounidense, “invisibles”. Pero desde los ochenta, el elemento diferencial entre ambos –más allá del ámbito convencional, en donde EEUU tiene una superioridad abrumadora, después del colapso de la URSS y los enormes problemas de Rusia a la hora de renovarse y modernizarse en ese terreno– es, sin duda, la enorme ventaja estadounidense en sistemas de intercepción de mísiles balísticos y, por tanto, su capacidad para neutralizar de manera significativa cualquier ataque y mantener casi intacta su capacidad de respuesta. Son los llamados escudos antimisiles, que en su día, cuando se implementan en la época del presidente Ronald Reagan, la imaginación popular convino en denominar “la Guerra de las Galaxias”.

«Desde los ochenta, el elemento diferencial es la enorme ventaja de EEUU en sistemas de intercepción de mísiles balísticos y, por tanto, su capacidad para neutralizar de manera significativa cualquier ataque y mantener casi intacta su capacidad de respuesta»

Pero antes pasaron muchas cosas. La más llamativa fue la llamada crisis de los misiles en Cuba en 1962. Hasta entonces, EEUU no sentía la amenaza de una instalación de misiles tácticos que pudieran amenazar su territorio continental. De ahí que el presidente John F. Kennedy lo interpretara como un desafío inaceptable. Al final, como es bien sabido, después de unas semanas de enorme tensión, la URSS convino en su retirada. Lo que es menos conocido es que también hubo un compromiso por parte estadounidense de retirar los instalados en Turquía por la OTAN. De nuevo, el resultado buscaba mantener un equilibrio de amenazas entre los dos bloques.

La otra gran crisis es la conocida como la de los euromisiles, cuando la URSS decide, en 1977, instalar misiles tácticos en Europa central y oriental –sobre todo en la República Democrática Alemana y en Checoslovaquia–, conocidos como SS-20. Eran de alcance corto medio (hasta 5.500 kilómetros) y equipados con varias cabezas nucleares, lo que suponía introducir un claro desequilibrio ofensivo frente a la Alianza Atlántica, además de la posibilidad de una guerra nuclear limitada al territorio europeo, partiendo de que EEUU no se arriesgaría a una guerra total por mantener su compromiso con la defensa de Europa Occidental.

La reacción de extrema alarma vino del canciller de la República Federal Alemana, Helmut Schmidt, haciendo un llamamiento desesperado a la OTAN para que contrarrestara tal amenaza. La respuesta llegó a finales de 1979 con la llamada Doble Decisión, por la que se abría un plazo de cuatro años para negociar con los soviéticos una solución o, en caso contrario, instalar una amplia red de misiles de corto y medio alcance –los Pershing 2 y de Crucero–, que supondrían tener a Moscú bajo su alcance. Tal enfoque fue rechazado por la URSS, pero también topó con enormes resistencias dentro de Europa Occidental, con una clara división en el Bundestag –que acabaría con la coalición entre el SPD y los liberales, la caída de Schmidt y la llegada al poder de Helmut Khöl– y una clara oposición en las calles, muchas veces orquestadas por los propios partidos comunistas occidentales, aprovechando los sentimientos pacifistas de la sociedad alemana y de otros países europeos. En paralelo, Reagan propuso la “Opción Cero”, por la que la OTAN se comprometía a no instalar los nuevos misiles a cambio de que la URSS retirara los suyos. El Kremlin se negó, arguyendo que eso dejaba al margen a los misiles nucleares franceses y británicos, independientes de la propia OTAN.

«La crisis de los euromisiles supuso la posibilidad de una guerra nuclear limitada al territorio europeo, partiendo de que EEUU no se arriesgaría a una guerra total por mantener su compromiso con la defensa de Europa Occidental»

En cualquier caso, después de cuatro años tensos, la OTAN, a petición del Bundestag, decide proceder a la instalación planteada, ya con Khöl al frente del gobierno de Bonn. Se equilibraba de nuevo así la amenaza estratégica, pero sobre la base de la nuclearización masiva del territorio europeo. Se trataba, sin embargo, de un equilibrio asimétrico, ya que la URSS tenía la doble amenaza, desde territorio europeo y desde los misiles intercontinentales estadounidenses, mientras que EEUU solo tenía la de los misiles intercontinentales soviéticos.

El paso siguiente fue el desarrollo del escudo antimisiles por parte de EEUU, que neutralizaba en gran medida esta última amenaza. Y la URSS se mostró incapaz de seguir por ese camino, por sus limitaciones económicas y tecnológicas. El escenario estratégico global se decantaba claramente en favor de Occidente, aunque en 1987, ya con Mijaíl Gorbachov, se firmase el Tratado de Washington para desmantelar todos los misiles balísticos o de crucero de alcance inferior a los 5.500 kilómetros. Se restablecía así el equilibrio en territorio europeo, pero no en el ámbito de los misiles intercontinentales, a pesar de los diferentes acuerdos de limitación de los mismos.

La gran asimetría se producía por el despliegue del escudo antimisiles y la superioridad ofensiva a través de submarinos y grandes bombarderos. La pugna se decantaba de manera irremisible, gracias a la tecnología y a la determinación política, en favor de Occidente.

Hasta hoy. Porque además del recuperado esfuerzo ruso en el ámbito militar –tanto convencional, a través de estrategias de A2/AD, utilizadas también por China en el Mar del Sur, como nuclear, con la instalación de misiles móviles rusos en el enclave de Kaliningrado–, el cambio cualitativo viene de dos vectores. Por un lado, la apuesta de EEUU por mantener su superioridad en submarinos de propulsión nuclear y armados con armas nucleares tácticas y estratégicas –de ahí la relevancia estratégica del AUKUS–, con las ventajas que ello supone, ya que son enormemente difíciles de detectar, muy rápidos y movibles sin salir a superficie, no necesitan abastecerse de combustible y tecnológicamente son muy avanzados. Y aunque tanto Rusia como China han incrementado su arsenal, la superioridad estadounidense sigue siendo clara.

«Aunque se siga invirtiendo en nuevas generaciones de defensa antimisiles balísticos, el esfuerzo puede resultar baldío si se tiene la capacidad de sortear el escudo»

Pero por otro lado esa superioridad, afianzada desde los años ochenta y basada en los escudos antimisiles balísticos de crucero intercontinentales, de trayectoria elíptica y suficientemente lentos como para ser interceptados en vuelo se pone en peligro con el desarrollo de los nuevos misiles hipersónicos, ensayados ya por Rusia (los Zirkon) y recientemente por China. Estos son mucho más rápidos –en seis o siete minutos pueden dar la vuelta a la tierra–, se mueven en cotas mucho más bajas –entre 20 y 100 kilómetros de altura– y pueden modificar su trayectoria incluso bruscamente para evitar su detección y así evitar su destrucción, antes de llegar a sus objetivos. De manera que, aunque EEUU esté también desarrollándolos, el mensaje es claro: aunque se siga invirtiendo en nuevas generaciones de defensa antimisiles balísticos, el esfuerzo puede resultar baldío si se tiene la capacidad de sortear el escudo.

Este es el gran cambio que puede alterar de manera profunda el actual equilibrio estratégico global. Y si bien EEUU y Rusia, con altibajos y provocaciones mutuas, tienen marcos definidos por los acuerdos de limitación, China no está en ellos. Un motivo más para alimentar el temor estadounidense de ver amenazada realmente su hegemonía global a mediados del presente siglo. China no oculta su ambición y EEUU tiene la obligación de mostrar, con hechos, que tiene la determinación de impedirla.

Estamos ante mundo tan peligroso como el de la guerra fría y con una aceleración de acontecimientos gracias a las nuevas tecnologías que lo hacen, además, mucho más impredecible. Es, pues, más urgente que nunca establecer un diálogo entre las superpotencias que evite al planeta el riesgo real de la destrucción de la humanidad.

Lamentablemente, lo que vemos es una creciente escalada de rearme. Están comenzando a sonar todas las alarmas. Porque sigue vigente el aforismo romano: si vis pace, para bellum.

Enlace original:

Misiles, submarinos y equilibrio estratégico | Política Exterior (politicaexterior.com)