Categoría: Unión Europea

Geopolítica en el Mediterráneo: pasado, presente y futuro, por Rafael Vidal Delgado

Cubierta del libro

INTRODUCCIÓN
Este pequeño repaso a la geopolítica en el Mediterráneo, no pretende extraer conclusiones, sino simplemente relacionar históricamente el hecho geopolítico; hacer mención a los actores que intervienen, de los que se ha hecho una breve relación existiendo muchos más, de carácter internacional y privado; enumerar las tensiones o conflictos existentes sobre la base de zonas concretas del ámbito objeto de este estudio y por último recoger de una forma sucinta lo que el Concepto Estratégico de la OTAN 2022, aprobado en la Cumbre de Madrid de 30 de junio, lo que señala para el Mediterráneo.
Al final, como anexo, se dispone del texto completo del Concepto Estratégico.

EL VINCULO TRANSATLANTICO DE LA OTAN. EVOLUCION Y PERSPECTIVAS DE FUTURO (1º Ciclo AEME de 2022)

Una relación ligada a valores compartidos

En la actual situación que vive Europa, se antoja imposible encontrar a alguien a quien no lleguen, al menos una vez al día, noticias sobre la OTAN. Pero más allá de su carácter de alianza defensiva militar del mundo occidental, ni los medios de comunicación ni los ciudadanos tienen una idea clara de  la organización, estructura y misiones de la misma. Como otras muchas instituciones supranacionales, la Alianza se identifica con su logo, consistente en una estrella de cuatro puntas blanca, azul y verde; sus siglas, NATO u OTAN, y una expresión que se encuentra en muchos de sus documentos y que define el carácter de la relación entre sus miembros. Se trata del «transatlantic link», o vínculo transatlántico.

El vínculo transatlántico es el lazo espiritual que une las orillas occidental y oriental del océano que baña a muchos de sus países miembros, aunque no a todos, y mucho menos desde hace unos pocos años. Este vínculo se estableció antes de1949, fecha de la creación de la Alianza Atlántica,  en el momento en que los norteamericanos se unieron, como antes sus vecinos canadienses, al esfuerzo aliado contra la Alemania nazi. Tras el triunfo, el temor a la amenazante Unión Soviética de Stalin hizo posible el Tratado de Washington, firmado por doce países en su inicio y que cuenta con treinta signatarios en la actualidad.

Su significado se entiende como la expresión de un compromiso entre países que comparten los mismos valores y los mismos principios ligados a la democracia y a la libertad de sus ciudadanos, y también como la asunción de una responsabilidad compartida en la defensa de esos valores. Este compromiso formalizado en Washington, la asunción por todos del mecanismo de toma de decisiones por consenso, que las convierte en unánimes tras el consiguiente proceso de acercamiento de posturas , y la contundencia de la respuesta de la Alianza ante un ataque armado a cualquiera de sus miembros expresado en su emblemático Artículo V y apoyado por la capacidad nuclear de los Estados Unidos, mantuvo una «paz helada» a ambos lados del llamado » telón de acero», frontera entre los países signatarios y los comunistas, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1989, fecha de la caída de la Unión Soviética. En definitiva, el triunfo de una Alianza militar vencedora sin tener que superar un conflicto previo.

¿Ejército de la UE o pilar europeo de la Alianza?  El condicionamiento de las tres D.

Entonces, paradójicamente, empezaron a replantearse algunos la propia existencia del hasta entonces exitoso «transatlantic link». Desaparecida la URSS, mantener la OTAN carecía de sentido, se decía en algunos foros. En Europa, se experimentaba con embriones de organizaciones  de defensa europeas como la UEO, y Grandes Unidades como la Brigada Franco-Alemana y el Cuerpo de Ejército Europeo. Se hablaba de conceptos como «separables pero no separadas» al tratar de fuerzas militares que atendieran a necesidades de defensa específicas de USA o de Europa, todo ello mientras el peso mayoritario del fardo de los gastos y el elemento principal de la disuasión, el poder nuclear, corrían abrumadoramente del lado estadounidense.

Tras la declaración de Saint-Malo, emitida por los gobiernos de UK y Francia en su cumbre bilateral de 1998: «la Unión Europea debe disponer de una capacidad autónoma de acción, apoyada por fuerzas militares creíbles», la Secretaria de Estado Madeleine Albright, en la reunión de Ministros de Exteriores de la OTAN en Diciembre de ese año , expreso la respuesta norteamericana a la misma, recalcando el  entusiasta apoyo USA hacia medidas que incrementaran  las capacidades (militares) europeas, pero planteando al mismo tiempo tres elementos  de juicio a considerar: no desligar la Iniciativa Europea de Seguridad y Defensa de la OTAN( de-linking): evitar duplicaciones (de- duplication ) y evitar cualquier tipo de discriminacion ( discrimination)  con los miembros europeos de la OTAN no miembros de la UE, caso de Turquia. Estos elementos fueron denominados desde entonces» las tres D», condiciones que debían mantenerse, en cualquier caso.

Lo sucedido entre las postrimerías del siglo XX y la actualidad ha brindado a todos la posibilidad de extraer lecciones valiosas: los Estados Unidos solos frente al mundo, con el paraguas de la OTAN cerrado, sienten frío (segunda guerra de Irak), y los resultados han sido, en muchos aspectos, catastróficos. Europa no contempla ni siquiera la posibilidad de quedarse sola frente al mundo: los piratas somalíes son una amenaza diferente al terrorismo islámico global o a las intenciones de aspirantes a la hegemonía mundial. Incluso en las operaciones en que la OTAN ha prevalecido, como en el caso de Kosovo, la solución política final de la independencia de la provincia fue considerada como una voladura del Acta Final de Helsinki por Rusia, con dolorosas consecuencias. Mientras tanto, la comunidad internacional, o al menos la parte que no pertenece a ese concepto a veces tan ambiguo de » Occidente», donde felizmente se van cobijando naciones que han vuelto a ser ellas mismas tras 1991, observa en un silencio a veces significativo las actividades de la OTAN.

La determinación de los países aliados frente a la agresión rusa a Ucrania es una excelente oportunidad para mostrar a los europeos un camino: la defensa compartida empieza por la defensa propia, la seguridad de todos se inicia con la firme convicción de cada uno de defender lo que es suyo. Europa es una gran potencia demográfica, económica y comercial. Prácticamente todos sus países se han conformado y cohesionado en la lucha con sus vecinos o con poderes exteriores. Todos ellos, hermanados felizmente hoy, han dado muestras continúas en la Historia de sus virtudes militares. Solo falta un liderazgo auténtico y profundo, basado escrupulosamente en los valores de nuestra civilización para asumir la inmensa tarea de equilibrar el hasta ahora desequilibrado vínculo, cuyo valor sea quizás ahora más importante que nunca.

La búsqueda del equilibrio entre las dos orillas atlánticas

Porque, y eso es una realidad palpable, el lazo transatlántico es un compromiso entre dos partes muy desequilibradas en el argumento más importante de una alianza defensiva: la fuerza militar. Mientras la supremacía convencional y nuclear de la OTAN se encuentra en Norteamérica, las sucesivas ampliaciones de la organización se han producido en Europa, en la vecindad próxima del antiguo enemigo «convencional», extendiendo considerablemente el territorio a defender sin un incremento proporcionado de la capacidad para defenderlo, debido a las características demográficas y económicas de los nuevos miembros.

El futuro del vínculo, en mi opinión, puede resumirse en una frase: búsqueda del equilibrio. Una búsqueda ligada a la asunción por Europa de que, fundamentalmente, la amenaza pende sobre ella, y en consecuencia debe asumir de una vez por todas que sus Fuerzas Armadas deben estar al nivel de su potencial tecnológico, industrial, demográfico y social. Y ello incluye una capacidad nuclear digna de ese nombre, y no desligada de la Alianza, sino parte de la concepción estratégica de la misma. Del mismo modo, en un vínculo transatlántico reequilibrado, el incremento de esa capacidad militar europea debe hacerse sentir en las estructuras de mando, en las capacidades de despliegue y, sobre todo, en la firme determinación de todos sus miembros, cualesquiera que sean su tamaño e importancia, de imponerse al adversario en cualquier circunstancia. En definitiva, considerar la pertenencia a la OTAN como la inserción de un elemento importante en su coraza y no como el tranquilizador ingreso en un corral seguro protegido por torres más firmes que las propias.

                                                                                                               Marín Bello Crespo

                                                                                      General de Brigada de Infantería (R)

                                                                              Asociación Española de Militares Escritores

Guerra contra Ucrania. Por el General Vicente Díaz de Villegas

Llegó el día 9 con la expectativa de la declaración de Putin sobre el curso de la guerra en Ucrania. Ningún trofeo puede presentar, ni siquiera Azovstal, sólo limitadas victórias pírricas en el Este y SE y mucha destrucción. 

Se esperaban dos grandes decisiones, la posible declaración de Guerra, que supera la de “Operación Especial”, y la impopular orden de Movilización, que ya ha hecho salir de Rusia a muchos posibles afectados. Ambas servirían para reforzar sus capacidades en Ucrania. Ninguna de ellas se ha producido, aunque si ha hablado de Guerra y de que fué una decisión forzada, apropiada y correcta.

Putin ha basado su discurso en otra mentira victimista sobre una supuesta preparación OTAN para invadir la Crimea que el mismo ocupó en 2014, traicionando los acuerdos de 1991, 1994 y 1997 entre Rusia y Ucrania, sobre desnuclearización de Ucrania, reconocimiento de fronteras, reparto de armas y bases y compromiso de no agresión. Putin no ha mencionado en su discurso a Ucrania borrando su existencia.

Añadía Putin que también se preparaba desde OTAN una operación de castigo a las provincias secesionistas del Donbass, que el apoya, y que defender el país es algo sagrado. Dirigiéndose a los soldados dijo: «Estáis luchando por nuestra gente en Donbas y por la seguridad de Rusia”.

La única decisión que anunció Putin fue que: «La muerte de cada soldado y oficial es dolorosa para nosotros”. «el Estado hará todo lo posible para cuidar de estas familias, el decreto está firmado”.Y efectivamente miles de soldados han muerto, entre ellos 12 generales y 39 coroneles o tenientes coroneles, y muchos más han resultado heridos (más de 23.000 bajas).

Sin embargo lo que ha quedado a la vista es que, a la invasión ilegal y no provocada, a una gratuita acción destructora y a los asesinatos de civiles, se ha sumado la incapacidad profesional militar traducida en derrotas en el N y tablas en el E y SE con grandes perdidas humanas rusas.

Zelensky por su parte no renuncia para nada a recuperar todos los territorios ocupados por Putin desde 2014, incluido Crimea. Estas posturas diferentes significan alargamiento de las operaciones y una carrera contra el tiempo entre los refuerzos rusos y los apoyos de material de países OTAN y occidentales.

En estos días Ucrania puede presentar como épica, la defensa del complejo de Azovstal en Mariupol, que recuerda gestas españolas como las de Sagunto ante los cartagineses, Numancia ante las legiones romanas, los Últimos de Filipinas en su independencia y guerra contra EEUU 1898, el Alcazar de Toledo ante al Frente popular en 1936.

Es difícil que se llegue a un acuerdo cuando Putin incrementa su apuesta, imponiendo ya su moneda, el Rublo, en los territorios ocupados, al tiempo que va haciendo desaparecer los líderes ucranianos. El Oblast de Kherson pretende convertirlo en otra República afin a sus intereses, como las de Donetsz y Lugansk, para después anexionarlas a Rusia.

Putin busca distraer y expandir el conflicto a otros escenarios fuera de Ucrania como Transnitria o Kaliningrado, quizás el N de Africa pero también a él se le abren otros escenarios fuera de Ucrania: se suceden los incendios y explosiones en el interior de Rusia, Azerbayan reanuda su ofensiva en Nagorno Karabaj, Georgia está alerta para tratar de recuperar Osetia y Abjasia, Moldavia también se prepara para rechazar la agresión desde Transnitria y contraatacar para recuperar ese enclave arrebatado por los rusos, también debería atender a una posible reanudación de las operaciones en Chechenia y finalmente a unos rumores de Golpe de Estado.

Sobre el terreno Ucrania se ha lanzado a una contraofensiva sobre las fuerzas rusas en Karkov y los rusos se han retirado volando puentes lo que da a entender que no van a volver por ahi.

Los Apoyos occidentales ya están sumando su efecto, en particular la artillería de 155 con mayor alcance y precisión que la de 152. Un ejemplo de materiales y alcances son: del lado ruso TOS 1A cohetes de 6 Km; el D-30 de 22Km, el 2S 19 de 29Km o el 2S7 203 de 37,5 Km; del lado occidental de apoyo a ucrania el US M777 de 41Km, el Cesar francés de 42Km, el PzH 2000 155mm ATP alemán de 41 Km, ademas de munición guiada Excalibur M829 GPS -a cualquier blanco localizado de 2×2 metros- y munición de alcances aumentados.

Los mayores alcance y precisión alejan a la artillería enemiga de las posiciones y poblaciones como Kharkov.

Mientras, se espera la llegada de Carros de Combate al frente Este; carros que contrariamente a lo que creen continuan siendo un elemento fundamental en la batalla terrestre adecuadamente empleados y protegidos.

Rusia incrementa los ataques aéreos de de misiles sobre líneas de comunicación tratando de frenar los refuerzos ucranianos.

Rusia aprieta a las defensas ucranianas de Izyum atacando, pero sigue manteniendo frentes abiertos como Odessa que cerraría la salida al mar Negro de Ucrania, después de haberle cerrado el mar de Azov y destruido Mariupol, pero Rusia ha sido incapaz de sobrepasar los dos puentes que cruzan el río por  Mykolaiv y ha perdido ademas del insignia , Moscú, una fragata, 2 patrulleras,… y 3 cazas Sukoi 30 Flanker en 48 horas. 

Odessa tiene connotaciones con la historia de España. En septiembre de 1789 el asentamiento fue conquistado por cosacos y tropas del imperio ruso  al mando del español Jose de Ribas tras de lo cual, el asentamiento se renombró pasando de ser Kotsubiyiva a Odesa. En 1936, llegaban a Odessa cuatro buques soviéticos con los casi 600.000 kilos de oro puro saqueado del Banco de España por “La banda de los Cuatro”. Otra fué la llegada a Barcelona en abril de 1954 de los 229 supervivientes prisioneros de la fuerza expedicionaria de voluntarios, la “División Azul”, procedentes del puerto ucraniano de Odessa.

Se aleja la amenaza nuclear pero el odio entre pueblos, tras la invasion y los crímenes rusos tardarán en desaparecer. Rusia o refuerza o pide alto el fuego, pero, si se le permite mantener su ocupación del Donbass, Kherson y otros puntos del territorio, estos le servirían de base de partida para continuar lo que inició ocupando Crimea en 2014.

La negociación, de no salir todas las fuerzas rusas de Ucrania, quedaría a plazos para no convertirse en una nueva Corea. Sin duda las sanciones jugaran durante un tiempo, pero tampoco demasiado para que no se busquen caminos para burlarlas.

La guerra debía haberse evitado y Francia, Alemania, Reino Unido y EEUU cada uno con su influencia y relación debían haber cortado la trayectoria de Putin sin cometer el mismo error que cometieron Daladier y Chamberlain con Hitler antes de la 2ª Guerra Mundial con sus sucesivas invasiones. Ahora se avecina una nueva Europa con Polonia y Ucrania

De la Guerra en Ucrania cabe sacar las siguientes conclusiones: Solo una Nación soberana puede proporcionar seguridad a sus ciudadanos sin esperar a los organismos internacionales y para ello se necesita un instrumento militar nacional fuerte y una implicación de la población integrada o no en unidades de Defensa Operativa del Territorio. La Paz no es lo primero, ni tampoco las prisas, el propósito ha de ser vencer al agresor para recuperar la libertad y todo lo perdido. Hace falta un liderazgo politico enamorado de su patria.

UCRANIA, PRIMERAS CONCLUSIONES TRAS DOS MESES DE GUERRA

F.  Javier Blasco, coronel (r). 24 de abril de 2022

Cuando un conflicto bélico, creado y manipulado por Putin en este caso y que no le está dando los resultados esperados ni deseados, lleva ya dos meses en activo e in crescendo y en él se han empleado muchos medios y todo tipo de unidades, se puede decir que, tanto por cuestión del tiempo como por la forma, deben sobresalir un buen número de conclusiones que pongan de manifiesto gran parte de los aciertos y de los errores que se han cometido en el mismo.

En primer lugar, cabe destacar que por la parte rusa no se han tenido en consideración ninguno de los siguientes tres ‘principios fundamentales’ que nosotros consideramos fundamentales para lograr el éxito en las operaciones.

No existía una determinada ‘voluntad de vencer’ en un ejército cuyos dos tercios, cómo mínimo, son de tropa de recluta, mal preparada y dotada de un material de dudosa capacidad y modernidad a la que se le sometió a más de un mes de constantes trasiegos y movimientos de distracción alrededor de las fronteras ucranias, aparentando estar de maniobras. Principio que, por el contrario, ha sido vital en las filas ucranias.

La más que necesaria ‘acción de conjunto’ de todos los medios terrestres, navales y aéreos implicados en la operación, debido a diversas circunstancias, errores y falta de previsión, munición o de entrenamiento, fundamentalmente del sector aéreo, tampoco se llevó a efecto cómo debía.

Por último, el principio de la ‘sorpresa’ nunca fue tenido en consideración, dieron tiempo a los ucranios a recibir todo tipo de información sobre el despliegue enemigo y los tres esfuerzos por donde iban a romper el frente. En definitiva, los ucranios, gracias a la inteligencia norteamericana conocían su orden de batalla y, debido a los dilatados amagos les dio tiempo a recibir apoyos, instrucción o refuerzos, principalmente por parte de EEUU.  

El ‘punto decisivo’ (aquel que se marca y define en toda operación y cuya toma, caída, mantenimiento o posesión determina el éxito o el fracaso de cualquier operación de envergadura), Kiev fue bien definido, pero no se emplearon los medios necesarios para su toma rápida, efectiva o total, tal y como estaba prevista en la maniobra inicial.

La ‘Doctrina’ rusa (documento base que marca la correcta manera de conducir el combate) es una mera evolución de la soviética de los años 30 del siglo XX. Doctrina, que se basaba en el empleo en profundidad de unidades completas en masa que eran sobrepasadas cuando las de primera línea quedaban anuladas o muy desgastadas, no se puede aplicar en estos momentos, porque la entidad del ejercito ruso es muy inferior a la del de la URSS. 

Otro tanto sucede con la forma de ejecutar el ‘planeamiento y la conducción de la maniobra’ que, en este caso, ha sido totalmente ‘centralizada’ a pesar de haber requerido una descentralización en la ejecución, ya que esta era llevaba a cabo por tres frentes y ejes diferentes.    

La pobreza de la capacidad logística del ejército ruso para alimentar la batalla en profundidad y por varios ejes diferentes, pone de manifiesto que esta lacra, arrastrada tradicionalmente por los rusos en otros enfrentamientos, no ha sido corregida ni mejorada a pesar de los fracasos pretéritos en el mismo tema, así como no ha mejorado mucho el empleo, recuperación y mantenimiento de los materiales en un terreno hostil en condiciones adversas.

Es de resaltar, que este conflicto ha puesto de manifiesto grandes cambios en los conceptos sobre el ‘valor táctico y en las formas de empleo de los carros de combate y de los buques armados’. Ambos elementos, considerados durante muchos años como auténticas y eficaces máquinas de guerra, cuasi inexpugnables, que proporcionaban un gran valor especifico a la capacidad de combate de las naciones y sus ejércitos, han demostrado una gran vulnerabilidad ante los medios modernos a base de misiles de largo alcance y elevada precisión o a los mortíferos efectos de simples drones, incluso de fabricación casera, guiados en proximidad, capaces de descargar sobre ellos bombas o artefactos explosivos de gran efectividad.  

Dichas “nuevas vulnerabilidades” exigirán cambios en la forma de empleo de los mismos, en su cobertura o protección y en las mínimas distancias del enemigo a las que deben o pueden ser empleados. De lo contrario, tales costosas maquinas dotadas con todo tipo de capacidad de destrucción, quedaran al albur y a la constante amenaza y alcance de unas armas sencillas, baratas y de gran efectividad.

El empleo de unidades de mercenarios y francotiradores a sueldo o por simpatía con la causa en ambos bandos, no es una buena solución, porque si bien puede proporcionar éxitos iniciales y selectivos en algunos momentos, suelen ser soldados de circunstancias que operan por una elevada soldada, que son más bien asesinos a sueldo o depravados saqueadores y violadores a los que no les importa expandir el odio y el terror entre la población civil y los mismos combatientes tradicionales y además, a la larga, su erradicación o extermino, supondrá un grave problema para los que finalmente gobiernen los territorios en liza.

En este conflicto, convertido en una ‘guerra total’, el liderazgo y la exaltación el sentimiento patriótico vienen jugando un papel muy importante en uno y otro sentido. Sin menospreciar en nada el rol desempeñado por la ‘propaganda y la desinformación’. Uno y otro bando, han conseguido que sus públicos objetivo, hayan recibido clara y nítidamente los mensajes que se les ha querido transmitir.

La guerra cibernética y también la electrónica (que parece haber recuperado gran parte de su protagonismo en el campo de batalla), unido a la poca calidad y eficacia de los medios de comunicación propios, principalmente los rusos, no solo han logrado atacar redes de mando y control esenciales de comunicación, también, han obligado al uso de medios comerciales propios en altos mandos, lo que ha facilitado su localización y aniquilamiento por francotiradores cercanos.

El empeño y obcecación de Putin en destruir y allanar los núcleos urbanos que se le resisten, incluso en las zonas prorrusas del Donbass, ha logrado un triple efecto negativo; aumentar el odio hacia él y los rusos por parte de los que han perdido sus hogares y ciudades; facilitar su defensa favoreciendo los efectos de las líneas y puestos de defensa, la colocación de minas y trampas y que el precio de la factura para la reconstrucción de los mismos se eleve a cifras insospechadas; elementos que le llegarán a perjudicarle de forma directa o indirecta.  

Zelenski ha sabido mantener hábilmente la presión sobre los principales parlamentos en occidente mediante programadas y bastante arriesgadas videoconferencias para que, al menos, no decayese el ánimo o la intención en su apoyo en material de guerra. Apoyo, que realmente, se inició de forma timorata y casi testimonial, para ir subiendo y completándose con materiales que realmente le interesan; aunque no cabe la menor duda, que muchos de dichos apoyos han sido a base de material de surplus o no en muy buenas condiciones.

La enorme cantidad de bajas civiles y militares ponen de manifiesto que esta guerra no ha sido ninguna broma; que los excesos, abusos y crímenes de guerra han existido -y no en pocos casos- en ambos bandos y que la Comunidad Internacional (CI) deberá tomar cartas en el asunto de forma clara, patente y seria a pesar del peso que tiene Rusia y su apoyo incondicional chino en el mundo de las finanzas internacionales y en el CSNU.

Los refugiados y desplazados internos ucranios, mayoritariamente al menos de forma inicial, muestran su deseo de volver a sus hogares de procedencia; ello será más efectivo y real cuanto mayor, mejor y más rápida sea la reconstrucción del país desolado por una guerra injusta, que para el resto del mundo, solo sirve para mantenerlo entretenido tras los televisores, viendo y viviendo en directo una cruenta guerra con cientos y miles de cadáveres, destrucción y desolación, cuando hace muy pocos meses, escondíamos nuestros propios miles de fallecidos debido a una pandemia, que en general no se supo gestionar bien a nivel global ni particular.  

Putin tenía varios ‘objetivos marcados en los niveles geoestratégicos, geopolíticos y geográficos’. Contrariamente a lo que se piensa, porque así le interesa lanzarlo a la CI, ya ha logrado algunos de ellos.

Está a punto de ocupar todo el Donbass y unir la península de Crimea con Rusia a través de aquellos y otros puntos neurálgicos. Le falta poco para denegar el acceso a Ucrania al mar con lo que le corta un gran lazo de unión con el exterior para exportar sus productos.

Machaconamente, se nos viene repitiendo el mantra de que se ha logrado un gran efecto positivo en los organismos de la CI como la OTAN, la UE y la ONU; cosa que no es así del todo o más bien lo contrario.

Podríamos afirmar que la OTAN se ha fortalecido, aunque parcialmente al aumentar su “intención” de gastar más en defensa y en despertar ante la comprobación de que el enemigo, que la originó, sigue vivo y con deseos de expansión.

Pero, por otro lado, esa manifiesta piña, proclamada a todos los vientos, ha sido fruto y entorno a una falacia que denota una gran debilidad individual y colectiva y una alarmante falta de compromiso ante los excesos de los sátrapas contra las personas, la cultura y la democracia en territorios vecinos a su área de interés y responsabilidad. Falacia, que realmente consiste en hacer creer al mundo que la Alianza no entra ni entrará en el conflicto para evitar que se desencadene una tercera guerra mundial; guerra que con mucha probabilidad podría degenerar en un conflicto de índole nuclear.

La ONU y la UE han demostrado su ineficacia e inutilidad para afrontar e influir en este tipo de conflictos y a día de hoy, se puede asegurar que varios miembros de la propia Unión son los que le están subvencionando la guerra a Putin al seguir comprándole gas y petróleo para mantener su esfera de confort; lo que está provocando no pocos conflictos y diferencias en la misma UE a la hora de decidir cómo y cuándo se deben o no, cortar dichos suministros.  

La capacidad de ‘disuasión del empleo o amenaza del arma nuclear’ por parte de Putin ha logrado el efecto deseado; la CI debido al miedo creado con ello, ha decidido sin pestañear ni dudarlo por un instante, dejar solos a los ucranianos frente al invasor y calmar sus conciencias a base de prestarles información y algo de adiestramiento y que sean ellos los que desgasten o incluso, de ser posible derroten -al falazmente proclamado por todos los occidentales como super poderoso ejército ruso- con un importante derramamiento de su sangre, en sus propias tierras y ciudades a cambio de unas palmaditas en la espalda, el envío de pequeñas cantidades de armas y con visitas guiadas del tipo de campaña electoral o de propaganda política indigna de quienes presumen de lo que no saben, ni son.                            

La responsabilidad franco-alemana

Con Macron y Scholz al frente, Francia y Alemania deben enfrentarse a una reformulación profunda de su eje tradicional. Europa no avanza si ambos países no acompasan sus ritmos.

JOSEP PIQUÉ |  25 de abril de 2022

Francia y Alemania se han enfrentado en el campo de batalla en muchas ocasiones, desde que la unificación bismarckiana y la frivolidad de Napoleón III llevaran a la guerra franco-prusiana en 1870. Mientras Bismarck iba culminando su proyecto de una Alemania unida bajo la hegemonía de Prusia, la Francia derrotada dio lugar al fin del Imperio (la farsa después de la tragedia, según Marx), la Comuna de París y a la III República.

La responsabilidad franco-alemana | Política Exterior (politicaexterior.com)

Desde entonces, la pugna franco-alemana por la hegemonía continental (con el tradicional apoyo británico al más débil, en este caso, Francia) fue una constante hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Las dos Guerras (1914 y 1939) fueron un continuum de esa pugna, de las que ambas salieron (igual que Reino Unido) profundamente debilitadas, en beneficio de un nuevo orden mundial bipolar encabezado por Estados Unidos y Rusia (a partir de 1917, la Unión Soviética).

Fue la culminación del suicidio de Europa en dos fases y el desplazamiento del centro de gravedad del planeta hacia el Atlántico, primero, y ahora, hacia el Indo-Pacífico.

Después de la devastación y gracias, entre otras causas, al Plan Marshall, Europa Occidental fue saliendo del marasmo y recuperó su vitalidad económica, aunque no política ni militar. La prioridad política se centró en la reconciliación definitiva entre Francia y Alemania y la creación de condiciones para evitar un nuevo enfrentamiento. El primer paso relevante y concreto fue el Tratado de París que creó la CECA, que ponía en común dos antiguos instrumentos de guerra: el carbón y el acero. El siguiente fue aún más profundo: el Tratado de Roma en 1957 que creó la Comunidad Económica Europea e inició la construcción de Europa como un nuevo proyecto político, aunque, pragmáticamente, centrado en lo económico.

Esa reconciliación franco-alemana tuvo dos momentos simbólicos extraordinarios: el Tratado de El Elíseo, firmado en 1953 entre Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, y la impactante foto de François Mitterrand y Helmut Köhl cogidos de la mano, en 1984, frente al monumento conmemorativo de la batalla de Verdún, en homenaje a todas las víctimas.

Desde el inicio de la construcción europea, el eje franco-alemán ha sido el motor que ha marcado el ritmo de la misma. En algunos casos, con la crítica de otros Estados miembros (hablando del “directorio” o de “sociedad de socorros mutuos”). Pero una conclusión es clara: Europa, como concepto político, solo es posible si incluye a Francia y Alemania. Puede hacerse, como vemos, sin Reino Unido. O incluso sin Italia o España. Pero el cuerpo europeo solo se sostiene con las dos patas, francesa y alemana. Por ello, los europeístas debemos seguir siempre con mucha atención el devenir político de ambos países.

«Desde el inicio de la construcción europea, el eje franco-alemán ha sido el motor que ha marcado el ritmo de la misma»

Hay que tener en cuenta que la visión de ambos no es compartida –en algunos casos es incluso opuesta– pero ha permitido ir articulando, pragmáticamente y paso a paso, avances reales en el proceso de integración.

La visión de Francia, desde De Gaulle (y que ahora llega al paroxismo con los planteamientos de Marine Le Pen) ha sido una Europa de “las patrias”, sin auténtica voluntad “federal”, aunque camuflada a menudo por sus aspiraciones hegemónicas derivadas de la grandeur (y de la posesión del arma nuclear). Francia no quiere asumir la realidad de que ya no es una gran potencia y, con más o menos fluctuaciones, ha buscado una autonomía europea contrapuesta al liderazgo de EEUU (que se concreta de manera apabullante en la OTAN), siempre que, evidentemente, estuviera liderada por Francia, desde una perspectiva global. Querer ser lo que no se puede ser, suele no acabar bien y genera frustración. Siempre se dijo que Francia quería liderar Europa, pero no podía y que Alemania sí podía, pero no quería…

Sin embargo, esa pretensión ha descansado en la posición pasiva de Alemania. Como decía Willy Brandt, “Alemania es un gigante económico (ya menos, en términos relativos, en el mundo de hoy) y un enano político”. Y, abrumada por su responsabilidad en las dos guerras mundiales y, fundamentalmente, por el horror del nazismo, no se ha sentido incómoda en ese papel secundario. Por ello, su visión de Europa es completamente distinta: trata de avanzar en la “vía federal”, paso a paso, y sin olvidar el objetivo de no reproducir las condiciones que posibilitaron el ascenso al poder de Hitler. Es decir, sin permitir aspiraciones hegemónicas que fueran más allá del peso relativo de cada uno de los Estados miembros de la UE, primando los avances conjuntos, desde una visión más eurocéntrica que global, en la que prima más la pertenencia a la Alianza que la autonomía estratégica. Por ello, la afirmación de Emmanuel Macron en The Economist, de que la OTAN estaba en “muerte cerebral” fue especialmente mal recibida en Berlín.

Afortunadamente, visiones tan distintas han podido canalizarse con cierta eficacia, gracias muchas veces a acontecimientos que nos ponen ante el espejo de la realidad. Los episodios recientes (la crisis financiera del 2008, la del euro de 2011, la pandemia o, ahora, la guerra en Ucrania) nos han obligado a todos a un ejercicio de responsabilidad y solidaridad impensable con anterioridad.

La Unión Europea empieza a pensarse a sí misma como un actor geopolítico y eso plantea debates muy de fondo en ambos países. Primero, porque su peso en el conjunto no es el del inicio, con solo seis miembros. Ahora somos veintisiete (y algunos en la lista de espera) y el eje de gravedad que, al principio, estaba en torno a Aquisgrán, se desplazó hacia el Atlántico, luego bajó hacia el Sur, subió de nuevo hacia el Norte y, finalmente, se ha situado hacia el centro del continente. Sin embargo, tales desplazamientos no han modificado sustancialmente la responsabilidad de fondo franco-alemana. Sin ellos, ningún avance es posible.

«La UE empieza a pensarse a sí misma como un actor geopolítico y eso plantea debates muy de fondo en París y Berlín»

Segundo, porque la realidad obliga a ambos a readaptarse y modificar su visión. En el caso de Francia, la constatación de que la defensa y la seguridad europeas pueden y deben avanzar en una mayor corresponsabilidad y autonomía, pero que no es posible garantizarlas sin la OTAN y, por consiguiente, sin EEUU.

Incluso la propia Le Pen ha ido suavizando sus posiciones, a pesar de la animadversión que trasluce hacia Alemania, incluyendo la ruptura del “eje”: desde la salida de Francia de la UE y del euro, ahora ha planteado una reformulación profunda de la Unión, reconvirtiéndola en un revival confuso de la “Europa de las Patrias”. Tampoco plantea ya la salida de la OTAN. Rememorando a De Gaulle, Le Pen plantea hoy “solo” la salida de su estructura militar.

En cualquier caso, una victoria de Le Pen habría sido demoledora para el futuro de Europa, incluyendo una actitud prorrusa inadmisible en los momentos actuales, cuando vemos las atrocidades y los crímenes de guerra cometidos por la Rusia de Vladímir Putin. Afortunadamente, la victoria de Macron –a reserva de los resultados de las legislativas de junio– deja las cosas como estaban y obliga a replantearse una nueva relación con una Alemania “distinta” a la que hemos conocido en las últimas décadas.

El trascendental discurso de Olaf Scholz en el Bundestag el 27 de febrero de este año así lo ilustra. El canciller habla de “un momento decisivo”, un Zeitenwende o cambio de era y un punto de inflexión histórico. Scholz habla en nombre de un gobierno de coalición complejo, pero que puede recibir el apoyo –aunque sea pasivo– de la CDU/CSU. Es decir, de una mayoría apabullante del Bundestag.

«Alemania asume que no puede seguir asistiendo como espectador pasivo y que se va acomodando más o menos confortablemente a la evolución de las cosas»

Hablamos de la ruptura del principio de no suministrar armas a países en conflicto, dotar a partir de un fondo extraordinario, 100.000 millones de euros este año a gastos en defensa y comprometerse a dedicar el equivalente al 2% del PIB en los años sucesivos, incluyendo una reforma constitucional. Además, Scholz expresó un claro compromiso con los aliados en la implementación unitaria de sanciones significativas a Rusia, aunque ello pueda suponer sacrificios importantes para la población, incluyendo cambios profundos en la política energética y su coordinación con una deseable política energética europea.

Se trata de una ruptura en toda regla con el pasado. Y, lo que es más relevante: la asunción de que Alemania no puede seguir asistiendo como espectador pasivo y que se va acomodando más o menos confortablemente a la evolución de las cosas. Es una revolución, ya que Alemania implícitamente asume que Europa y Occidente necesitan de su mayor liderazgo y compromiso.

Es cierto que cabe cierto escepticismo respecto a la distancia que puede haber entre las palabras y los hechos. El renqueante tránsito hacia una reducción drástica de la dependencia energética de Rusia así lo muestra. El debate político, pero sobre todo moral, que se deriva de pasar de “¿cómo nos afecta económicamente?” a “¿cómo paramos de verdad a Putin?”, sigue estando ahí. Pero hay que darle cierto tiempo al tiempo. Y animar y ayudar a Alemania para que vaya rápido, acompasando la impaciencia francesa con la tradicional inercia alemana.

Así pues, Francia y Alemania deben enfrentarse a una reformulación profunda de su eje tradicional. Esperemos que acierten, porque el conjunto de los europeos lo necesitamos. Europa no avanza si ambos países no acompasan sus ritmos.

ALGUNAS COSAS QUE HE LEÍDO

Francia-Alemania: un eje crucial pero sin ritmo, Claudia Major y Sven Arnold, Política Exterior

Macron, Le Pen and France’s long battle between order and dissent, Sudhir Hazareesingh, Financial Times

Explainer: The proposed hike in German military spending, Alexandra Marksteiner, SIPRI

Un ‘changement d’époque’? Vers une réorientation de la politique étrangère allemande après l’invasion russe en Ukraine, Paul Maurice, Briefings de l’Ifri

‘Zeitenwende’ a cámara lenta, Henning Hoff, Política Exterior

Ucrania y la Primera Guerra Mundial

Michael S. Neiberg[1]

Es una sensación surrealista y desconcertante ser un historiador de los conflictos europeos y ver cómo se desarrolla una guerra en Europa ante tus propios ojos. Como profesión, los historiadores tienden a compartir dos características en momentos como estos. Primero, nos frustramos con las analogías históricas superficiales o simplemente inexactas que usan los expertos para hacer de ello un asunto político en lugar de ilustrar el problema actual. En segundo lugar, tratamos -sobre todo- de no hacer predicciones. Como escribió el gran historiador británico, Sir Michael Howard: “Los historiadores han visto a demasiadas personas confiadas caer de bruces como para exponerse a más humillaciones de las que pueden evitar.”[2]

Las últimas semanas me han recordado lo que el historiador R.G. Collingwood señaló particularmente en el año 1939,[3] sobre el papel de los historiadores en tiempos de crisis, al comparar a los historiadores con expertos leñadores que caminan por un bosque junto a excursionistas novatos. El historiador, escribió, no puede ver perfectamente a través del bosque pero, al igual que el leñador, puede detectar áreas de peligro o amenazas acechantes allí donde el excursionista tan solo ve árboles.

Los historiadores intentan mirar hacia atrás en busca de un poco de conocimiento y, tal vez, de algunos ecos del pasado que puedan sugerir hacia dónde nos dirigimos. Durante años, les he dicho a los estudiantes que no debemos confinar a la gente de 1914 a lo que a veces llamo “La Caja Idiota.” Nuestra respuesta instintiva de ver a las personas de ese fatídico año como inusualmente estúpidas o sanguinarias nos brinda el consuelo de que somos demasiado inteligentes, o demasiado sofisticados, para cometer los errores en los que ellos incurrieron. Pero, por supuesto, no lo somos.

De manera similar, durante los últimos 20 años más o menos he tratado de convencer a cientos de profesores de secundaria para que abandonen el método MAIN (Militarismo, Alianzas, Imperialismo y Nacionalismo) para enseñar las causas de la Primera Guerra Mundial porque también proporciona un falso consuelo.[4] Si podemos convencernos de que esos cuatro factores MAIN ya no existen o ya no son un peligro existencial para la paz, entonces podemos irnos a dormir por la noche con la creencia de que los horrores desatados en el año 1914 realmente no tienen nada que enseñarnos.

Sin embargo, mientras estoy sentado aquí, viendo la guerra rusa contra Ucrania, estoy más convencido que nunca de que 1914 tiene mucho que enseñarnos. De hecho, podría proporcionar la mejor guía que tenemos sobre dónde estamos ahora y hacia dónde podríamos ir en el futuro.

Primero, esta guerra, como la que comenzó en el año 1914, parecía surgir de la nada y sobre causas difíciles de identificar, incluso para los expertos. Hubo poca tensión internacional en las semanas comprendidas entre el tiroteo del archiduque Franz Ferdinand del 28 de junio y el ultimátum austrohúngaro del 23 de julio. Luego, los acontecimientos comenzaron a salirse de control muy rápidamente, dejando a la gente atónita y desconcertada. En una semana, para asombro de casi todos, había comenzado una guerra continental e imperial. De manera similar, la invasión rusa de Ucrania pareció surgir de la nada, recordando las observaciones de personas en 1914 que describieron la guerra como un relámpago en un cielo despejado. Al igual que en 1914, los occidentales de hoy han llegado a la conclusión de que la única explicación posible para una ruptura de la paz tan insondable debe ser que un líder trastornado estaba conduciendo a un pueblo que no estaba dispuesto a la guerra basado en mentiras, engaños y un control casi total del poder dentro de su Estado. Por otro lado, el presidente Zelensky está desempeñando el papel del rey belga Alberto I,[5] liderando valientemente a su pueblo contra viento y marea y poniendo un rostro humano a un movimiento nacional de resistencia.

En segundo lugar, la simpatía inmediata y sincera en Occidente por los valientes ucranianos se asemeja a la intensa efusión de simpatía en el Reino Unido y los Estados Unidos por Bélgica en 1914.[6] La preocupación por la difícil situación de los belgas no explica por qué los británicos entraron en la guerra, pero la profunda sensación de apoyo a Bélgica ayudó a cristalizar tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos la sensación de que un lado tenía razón y el otro estaba equivocado. El bombardeo ruso de hospitales y centros comerciales y la destrucción de Mariupol han producido este año esa misma sensación.[7] Como en 1914, este sentimiento de apoyo traerá consigo (de hecho, ya trajo consigo)[8] un deseo de justicia para las víctimas de la agresión, que puede complicar la consecución de un acuerdo de paz.

En tercer lugar, ya podemos ver el problema relacionado de los costos irrecuperables. Los hombres y mujeres asombrosamente valientes que han muerto para defender Ucrania, las familias que han huido de sus hogares y el sentimiento de unidad y patriotismo que ha engendrado la guerra no pueden haber sido en vano. Ucrania y sus partidarios querrán asegurarse de que el país salga de esta guerra en un lugar mejor y más seguro que cuando Rusia les invadió. Ese deseo ya ha dado lugar a pedidos de una garantía de seguridad de los Estados Occidentales,[9] membresía en la Unión Europea y una demanda de reparaciones o juicios por crímenes de guerra. Todos estos factores también complicaron el proceso de pacificación en 1918-1919.

En cuarto lugar, es posible que ya hayamos llegado al punto en que simplemente no hay nada que debatir en esta guerra. Al igual que en 1914, la retórica se ha convertido rápidamente en un maniqueo “Correcto contra Incorrecto”, “Bueno contra Malo.” Las guerras pueden convertirse rápidamente en algo muy diferente a sus causas originales. Esta guerra ya no se trata realmente del futuro del Donbas o de si Ucrania puede unirse a la Unión Europea o la OTAN, como tampoco a fines de 1914, la Primera Guerra Mundial se trató de la agitación serbia dentro del Imperio austrohúngaro o quién fue el responsable del asesinato de un archiduque. Las banderas ucranianas que uno ve por todas partes, la efusión de emociones en las redes sociales y los extraordinarios eventos en Europa en las últimas semanas sugieren que la guerra de Ucrania ya se ha convertido, como escribió Sir Hew Strachan sobre 1914,[10] en una guerra de grandes ideas. Se trata de una especie de prisma, que refleja y refracta los colores que uno quiera ver en él.

Juntos, me parece que estos cuatro factores hacen que sea mucho más difícil para nosotros negociar una paz de lo que podría haber sido unas pocas semanas antes. Como en el año 1914, no se vislumbra un final claro. Hablar de «rampas de salida» y «juegos finales» parece tan ingenuo ahora como lo era entonces. Incluso si Mariupol se desvanece de la memoria, como lo hizo parte de la simpatía por Bélgica, el problema central permanecerá. ¿Cómo pueden las dos partes encontrar la paz si el conflicto adquiere significados cada vez más profundos y simbólicos, no solo para Rusia y Ucrania, sino para el mundo entero?

A finales de septiembre de 1914, la artista alemana Käthe Kollwitz[11] escribió una carta en la que captaba el enigma clave de la guerra: “Uno ya no puede aferrarse a ninguna ilusión. Nada es real excepto lo espantoso de este estado, al que casi nos acostumbramos. En esos tiempos parece tan estúpido que los jóvenes deban ir a la guerra. Todo es tan espantoso y demente. De vez en cuando viene el pensamiento tonto: ¿Cómo es posible que participen en tal locura? ¡Pero deben hacerlo! ¡Ellos deben!» Aunque odiaba la guerra y pronto perdería a un hijo,[12] se había dado cuenta, incluso en las primeras semanas de la guerra, de que Alemania había ido demasiado lejos como para dar marcha atrás. Ese mismo enigma permanece con nosotros hoy, lo que dificulta ver cómo las negociaciones de paz pueden producir algo parecido a la estabilidad del período anterior a la invasión rusa.

Hay algunos ecos más aterradores de 1914 que debemos escuchar, aunque esperamos que nunca sucedan. Las guerras tienen un “efecto de contagio”, atrayendo a otros Estados porque esperan ganar algo o porque ya no ven la neutralidad como una opción viable. ¿Cuánto tiempo más pueden permanecer no beligerantes los Estados al oeste y al norte de Ucrania mientras continúan abasteciendo y apoyando a Ucrania? Si los rusos hunden un barco que transporta municiones estadounidenses, ¿Llegaremos a un momento Lusitania?[13] Si cometen un acto de sabotaje o de ciberguerra en nuestro suelo, ¿Estamos en un momento Black Tom?[14] ¿Es indignante pensar que podrían intentar trabajar con Cuba o Venezuela para presionar a la propia patria estadounidense, tal y como intentaron hacer los alemanes con el Telegrama de Zimmermann?[15]

Por supuesto, no estoy prediciendo que alguno de estos escenarios aterradores sucederá. Los historiadores fallan tan a menudo como cualquier otro cuando intentan predecir, pero -como dijo Collingwood- los historiadores hacen su mejor servicio cuando recuerdan a los viajeros inexpertos que los bosques contienen muchos más peligros de los que uno puede ver a simple vista.

Este artículo -en su versión en inglés- ha sido publicado inicialmente por the National WWI Museum and Memorial:

https://www.theworldwar.org/learn/about-wwi/ukraine-and-wwi

Notas Finales:

  1. Michael S. Neiberg es profesor de historia y catedrático de estudios de la guerra en el U.S. Army War College en Carlisle, Pensilvania. Los puntos de vista expresados en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista del Army War College, el Departamento de Defensa o cualquier agencia del gobierno de los Estados Unidos. 
  2. Michael Howard, “Interview Transcript, This interview took place in the Institute of Historical Research”, University of London School of Advanced Study The Institute of Historical Research (Londres: 5 de junio de 2008), https://archives.history.ac.uk/makinghistory/resources/interviews/Howard_Michael.html 
  3. Giuseppina D’Oro y James Connelly, “Discussion of Collingwood’s aesthetics”, Stanford Encyclopedia of Philosophy (2020), https://plato.stanford.edu/entries/collingwood/ 
  4. National WWI Museum and Memorial, “The Outbreak of War in 1914: New Ways to Think About the ‘Road to War’ – Michael Neiberg” Youtube 39m 23s (13 de julio de 2015), https://www.youtube.com/watch?v=0WecvcEFjGk 
  5. “King Albert I”, The Royal Family The Belgian Monarchhttps://www.monarchie.be/en/royal-family/history/king-albert-i