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La OTAN y la lucha contra el terrorismo. 1ª Ciclo AEME 2022. Autor: Coronel del ET Ignacio fuente Cobo del IEEE

Cuando se fundó la OTAN en 1949, el terrorismo era considerado un asunto básicamente nacional, por lo que la Alianza Atlántica no le prestó demasiada atención dedicándose exclusivamente a la defensa colectiva contra la amenaza soviética. Habrá que esperar al fin de la Guerra Fría, para que el terrorismo alcance un carácter global y se convierta en una amenaza directa para los países aliados, para la seguridad de sus ciudadanos y para la estabilidad internacional. El Concepto Estratégico aliado de 1999 definía por vez primera el terrorismo como un riesgo que podía afectar a la seguridad de la OTAN y contemplaba la posibilidad de desarrollar operaciones no previstas en el artículo 5 para responder al mismo incluso fuera del territorio aliado.

Pero habrá que esperar a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos para que la OTAN invoque su cláusula de defensa colectiva (artículo 5) y ofrezca su apoyo a los Estados Unidos, comprometiéndose a “realizar todos los esfuerzos para combatir el flagelo del terrorismo”. Consecuentemente, la OTAN lanzó su primera operación contra el terrorismo “Eagle Assist” enviando siete aviones de radar AWACS a patrullar los cielos de los Estados Unidos. Unos meses después, el 26 de octubre de 2001, la OTAN iniciaba su segunda operación antiterrorista “Active Endeavour” desplegando elementos de las Fuerzas Navales Permanentes de la OTAN en el Mediterráneo oriental con la misión de detectar y disuadir la actividad terrorista. Esta operación se ampliará en el 2003 para incluir la escolta de barcos civiles a través del Estrecho de Gibraltar.

Más tarde, Casablanca, Madrid, Londres, Bali, o Mumbai confirmaron la necesidad de cambiar la visión aliada del terrorismo que pasó a considerarse una amenaza real para la seguridad euroatlántica.  A partir de entonces, la lucha contraterrorista formará parte de las tres tareas principales de la OTAN recogidas en el concepto estratégico de 2010; es decir, la defensa colectiva, la gestión de crisis y la seguridad cooperativa. La política antiterrorista dirigirá en los años siguientes los esfuerzos de la alianza en tres direcciones principales. En primer lugar, lo que se denomina en el argot OTAN conciencia compartida (“awareness”), que incluiría las consultas, el intercambio con los aliados y socios de inteligencia y el análisis y evaluación continuada de la amenaza terrorista de carácter estratégico.

En segundo lugar, estaría el desarrollo de nuevas capacidades y tecnologías innovadoras para prevenir, proteger y responder a las amenazas terroristas. La OTAN lleva a cabo este cometido a través del “Programa de Trabajo de Defensa contra el Terrorismo”, cuyo objetivo es proteger a las Fuerzas militares, personal civil e infraestructura crítica contra los ataques terroristas. Los Centros de Excelencia de la OTAN contribuyen al mismo de una manera muy relevante proporcionando experiencia en una amplia variedad de temas, incluida la ingeniería militar para la limpieza de rutas, la lucha contra los artefactos explosivos improvisados, el análisis de redes sociales etc. De esta manera, los socios pueden aprovechar los mecanismos de asociación y la cooperación en la lucha contra el terrorismo, para crear o mejorar sus capacidades de defensa.

Finalmente, estaría la cooperación con los socios y actores internacionales, como es el caso de la Unión Europea o las Naciones Unidas, dado que la OTAN entiende que el esfuerzo contra el terrorismo requiere el compromiso de toda la comunidad internacional. Aquí juega un papel muy importante el “Programa de Ciencia para la Paz y la Seguridad” de la OTAN, cuya finalidad es mejorar la cooperación y el diálogo entre científicos aliados y socios fomentando la creación de una red de expertos que intercambian información. Con ello se logra una mejor comprensión de la amenaza terrorista y un mayor desarrollo de medidas de detección y respuesta.

Pero el compromiso de la OTAN en la lucha contra el terrorismo también se extiende al campo de las operaciones. En la Cumbre de Varsovia de julio de 2016, los líderes aliados decidieron apoyar la lucha contra el Daesh en Irak y los aviones AWACS de la OTAN comenzaron a proporcionar información a la Coalición Global para la lucha contra el terrorismo. Al mismo tiempo, la OTAN lanzó un programa de entrenamiento dirigido a enseñar a las fuerzas de seguridad iraquíes a contrarrestar los artefactos explosivos improvisados (IED). Esto resultaba particularmente relevante para el territorio recién liberado de la ocupación del Daesh.

Actualmente, la OTAN sigue más comprometida que nunca en la lucha contra el terrorismo, al entender que se trata de una amenaza que continuará existiendo en el futuro previsible, dada la capacidad que han demostrado los terroristas para cruzar las fronteras internacionales, ocupar territorios en estados frágiles, y en áreas de importancia estratégica para la Alianza, y ejecutar ataques contra nuestras poblaciones, o contra las fuerzas aliadas desplegadas en los teatros de operaciones.

Al mismo tiempo, la OTAN es consciente de que la tecnología moderna y el fácil acceso que tienen a ella, aumentan el impacto potencial de los ataques terroristas que emplean medios convencionales y no convencionales, y que resultan particularmente peligrosos cuando los terroristas buscan adquirir capacidades químicas, biológicas, radiológicas o nucleares, o cuando emplean sus habilidades cibernéticas para atacar a nuestras sociedades, o a nuestras instituciones.

La OTAN ha aprendido mucho los últimos años. La experiencia en escenarios como Afganistán, Libia o Irak, ha llevado a la OTAN a aceptar que la respuesta contra la amenaza terrorista tiene que ser multidimensional e inclusiva, más allá de la puramente militar, y debe abordar las desigualdades económicas, sociales y de gobernanza que están en la raíz de las insurgencias locales y del yihadismo. Pero también la OTAN ha aprendido que, dicha respuesta, debe mantener una dimensión militar absolutamente imprescindible para garantizar el éxito frente a unos grupos terroristas que operan desde estados que han demostrado ser débiles, incapaces y disfuncionales.

De especial preocupación, en los momentos actuales, es el caso del Sahel, una región que hasta fechas recientes había quedado fuera del foco de atención aliado, y donde las perspectivas de derrotar a los grupos terroristas siguen siendo sombrías en el corto y medio plazo. El Sahel se ha convertido en uno de los escenarios más exigentes y más desestabilizadores del mundo en términos de seguridad. Así lo reconocía el informe de los Ministros de Asuntos Exteriores aliados aprobado a finales de 2020, el cual afirmaba que “el deterioro de la situación de seguridad en el Sahel y las amenazas terroristas que desestabilizan a varias naciones de la región tienen el potencial de afectar la seguridad transatlántica”.

Dentro de unos días, el 29 y 30 de junio, Madrid albergará una importante cumbre en la que los aliados aprobaran su estrategia para los próximos años. La cumbre supondrá un hito en la visión de la OTAN de su papel en el mundo, al contemplar la necesidad de que la Alianza Atlántica desempeñe un papel más relevante como proveedor global de seguridad.

El terrorismo será uno de los cinco desafíos que la OTAN asumirá en el Concepto Estratégico que aprobará en Madrid, junto con el resurgimiento de la rivalidad sistémica entre grandes potencias, el incremento de la guerra por medio de métodos híbridos, el crecimiento de la guerra a través de terceros o intermediarios, y la evolución de las tecnologías disruptivas y emergentes.

Ello quiere decir que, en plena guerra en Ucrania, los asuntos de seguridad en el este de Europa y la adaptación de la OTAN a una era dominada por la rivalidad estratégica entre grandes potencias, centrarán las disquisiciones y los debates; pero también que la OTAN deberá prestar una mayor atención a otras zonas, empezando por el Sahel, donde el terrorismo sigue siendo la principal amenaza. El éxito de la OTAN en los próximos años dependerá de que esta toma de conciencia a los problemas de seguridad en los 360°, se traduzca también en hechos concretos en la lucha contra el terrorismo y, sobre todo, en un mayor compromiso sobre un espacio físico del Sahel que, hoy por hoy, permanece descontrolado.

                                                                                            Coronel del ET Ignacio Fuente Cobo

                                                                                       Instituto Español de Estudios Estratégicos

La vulnerabilidad de Europa frente al avance yihadista en el Mediterráneo, un debate en Deusto Forum

COMO REFORZAR LA DISUASIÓN Y LA DEFENSA EN LA OTAN. 1º CICLO de AEME 2022

Introducción.

En su reunión en Londres en diciembre de 2019 los líderes de la OTAN solicitaron al secretario general Jens Stoltenberg, una reflexión para fortalecer a la OTAN y prepararla para el futuro. Nace así la agenda OTAN 2030 con la intención de garantizar que la alianza permanezca preparada, fuerte y unida para una nueva era de mayor competencia global. La Propuesta 2 de esta agenda: reforzar la disuasión y la defensa, coincide con el fundamento y el título de este artículo.

Con los principios definidos en ella se está preparando el nuevo Concepto Estratégico 2022 que el Consejo Atlántico pretende aprobar en su reunión en Madrid en julio del presenta año, si bien es muy posible que este concepto sufra cambios inevitables ante la agresiva invasión de Ucrania ordenada por el presidente ruso Putin y que aún se está llevando a cabo.

Consideraciones.

Desde la desaparición de la Unión Soviética en el año 1991 la OTAN ha pasado por varias fases que han tenido una indudable influencia en el concepto que la Alianza tiene de sí misma. A saber,

-Desconcierto inicial.

– Búsqueda de misiones que justificaran su existencia.

-Incertidumbre de la política a mantener respecto a Rusia.

– Aparición de China como potencia económica y militar.

– Cambio en la percepción de los EEUU sobre la Unión Europea (UE).

-Salida del Reino Unido (RU) de la UE (Brexit).

– Cambio galopante de la situación internacional.

-Globalización de la inseguridad mundial.

– Aparición de nuevas tecnologías al alcance de cualquier grupo desestabilizador.

– Ineficacia demostrada por las Naciones Unidas (ONU) y su Consejo de Seguridad para hacer frente a graves crisis internacionales.

-Invasión de Ucrania.

Es indudable que bajo el liderazgo de los EEUU la alianza atlántica cumplió perfectamente su función desde el momento de su creación en el año 1949 hasta la caída de la Unión Soviética en el 1991. Bajo la presidencia de Ronald Reagan los EEUU lograron, con la simple decisión de dotarse de un escudo antimisiles, y la inestimable colaboración del presidente ruso Gorbachov, que la URSS se desmoronase para dar lugar al nacimiento de una nueva Rusia y por tanto de una nueva Europa.

Como es bien conocido el actual presidente ruso Putin, antiguo miembro de la KGB, pronto se hizo con el poder y se dedicó a la reconstrucción de su nación, Rusia o Federación de Rusia, hasta convertirla en la potencia mundial, aunque no tanto, que es hoy en día. Una de las características más notables de Putin es saber mantenerse en el poder a toda costa y por todos los procedimientos a su alcance que incluyen la persecución de los disidentes políticos, coartar le libertad de los ciudadanos rusos y apoyarse en mafias que se adueñaron de la economía rusa por procedimientos por lo menos dudosos. Solo este selecto grupo de ciudadanos rusos puede vivir y disfrutar   de las libertades que son habituales en el mundo occidental y que todo el pueblo ruso tendría derecho a disfrutar.

La OTAN, fue siempre una organización muy efectiva, tanto desde el punto de vista militar como político. Aún así, llegó a cometer graves errores siguiendo la estela de unos EEUU que perdieron el control de sí mismos después del que parecía un imposible derribo de las llamadas torres gemelas de Nueva York por la acción de terroristas islámicos. En busca de la justa represalia, los EEUU invadieron Afganistán, hoy ya abandonado a su suerte, desencadenaron sin verdadera justificación la guerra de Irak, y consiguiente derribo de Saddan Hussein, lo que a su vez dio lugar al nacimiento del radicalismo islámico. Otro error de consideración fue derribar al presidente libio Gadafi en un momento poco oportuno siguiendo el falso concepto de promover la “primavera árabe” lo que dio lugar a una Libia absolutamente dividida, inestable y permisiva de una emigración ilegal hacia Europa que aún hoy continua de forma difícil de evitar.

La  efectividad de la OTAN se apoyó siempre en  sus mecanismos internos de consultas y planeamiento, pero, en los últimos años,  una visión individual norteamericana, y también británica, de los problemas internacionales, unido a un pensamiento militar y político, disperso, de muchos países de la UE, son el origen de una falta de cohesión interna imprescindible para el funcionamiento coherente de una alianza que ya tiene 30 miembros muchos de los cuales, solicitaron el ingreso en la Alianza con el oculto deseo de conseguir que fuesen otros los que se responsabilizasen  de su propia defensa, deseo que aún perdura a tenor de los insignificantes presupuestos que a ella dedican sin reconocer que las relaciones con la alianza deben de ser de mutua lealtad.

La aparición de China como un activo competidor internacional fue llevando a los EEUU a tener una visión más indo-asiática que europea. Solo una Rusia extremadamente asertiva desde su anexión de Crimea, y camino de anexionarse Ucrania entera, bajo el gobierno de un  Putin, ambicioso y provocador,  ha sido el detonante para que los EEUU abandonaran temporalmente su visión centrípeta de la política norteamericana inspirada,  en primer lugar, en el  “AMÉRICA FIRST” de Trump y en segundo lugar en el  “américa first” de Biden. Los EEUU  parecen estar integrando sus preocupaciones indo-asiáticas con sus preocupaciones europeas al estimular   una actualización urgente del Concepto Estratégico de la OTAN y llamar a la abierta colaboración de toda la OTAN, pero principalmente de las potencias militares y económicas más importantes dentro de la UE de hoy: Francia y Alemania. Dando por descontado al RU.

 En estos momentos de grave crisis en Europa parece indudable que  tan importante como la redacción de un nuevo Concepto Estratégico de la OTAN es  que su pilar europeo pueda actuar internacionalmente con personalidad propia para intercambiar con los gobernantes rusos ideas sobre pacífica convivencia y colaboración. Rusia es europea porque está en Europa. Y parece absolutamente absurdo que las relaciones entre países europeos se materialicen en pleno siglo XXI en una permanente confrontación propia de una “guerra fría” que ya no puede justificarse. Y porque Putin, además de osado, es un político contingente, como tantos otros.

 Los EEUU desean que toda la UE actúe bajo su completa dirección en todo lo relacionado con la defensa. Pero no siempre es posible esta unidad de acción cuando son los propios EEUU los que parecen actuar por su cuenta cuando les conviene. El caso de la repentina firma del Tratado AUKUS entre los EEUU, RU y Australia en virtud del cual este país canceló la construcción de 12 submarinos previamente contratados con Francia, el único país nuclear dentro de la UE, fue una demostración de que en esta decisión primaron más los intereses de los EEUU y del RU que los intereses del bloque europeo de la alianza representado por Francia.

Pues bien, en línea con la voluntad y el deseo de los redactores de la agenda OTAN  2030 debe de reforzarse la disuasión y la defensa de la alianza para poder hacer frente a los problemas que plantea un mundo progresivamente globalizado y cambiante, pero, al mismo tiempo, parece evidente que deberá propiciarse en primer lugar que la mutua lealtad sea la norma entre todos los miembros de la alianza.

 De acuerdo con las previsiones incluidas en el Punto 2 de la agenda OTAN 2030, para fortalecer la disuasión y la defensa los lideres europeos:

– “Reafirmaron su compromiso de mantener una combinación adecuada de capacidades de defensa nuclear, convencional y antimisiles.

– Reiteraron la importancia del compromiso de inversión en defensa de 2014 y de continuar con el objetivo de cumplir con la directriz acordada por la OTAN de gastar el 2 % del Producto Interno Bruto en defensa y el 20 % del gasto anual de defensa en nuevos equipos importantes para 2024.

– Se comprometieron a la implementación completa y rápida de planes militares para fortalecer la postura de disuasión y defensa de la alianza que debe ser reforzada tanto en el Báltico como en el Mar Negro”.

Conclusión.

Ante cualquier problema estratégico que la OTAN deba resolver en el futuro todo parece indicar que para fortalecer su disuasión y su defensa deberá fortalecerse previamente la mutua lealtad de sus 30 miembros y de un modo especial la unidad política y militar de todos los pertenecientes a su pilar europeo (UE).

                                                                                     CN (R) Aurelio Fernández Diz

                                                    Asociación Española de Escritores Militares (AEME)