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La OTAN y la lucha contra el terrorismo. 1ª Ciclo AEME 2022. Autor: Coronel del ET Ignacio fuente Cobo del IEEE

Cuando se fundó la OTAN en 1949, el terrorismo era considerado un asunto básicamente nacional, por lo que la Alianza Atlántica no le prestó demasiada atención dedicándose exclusivamente a la defensa colectiva contra la amenaza soviética. Habrá que esperar al fin de la Guerra Fría, para que el terrorismo alcance un carácter global y se convierta en una amenaza directa para los países aliados, para la seguridad de sus ciudadanos y para la estabilidad internacional. El Concepto Estratégico aliado de 1999 definía por vez primera el terrorismo como un riesgo que podía afectar a la seguridad de la OTAN y contemplaba la posibilidad de desarrollar operaciones no previstas en el artículo 5 para responder al mismo incluso fuera del territorio aliado.

Pero habrá que esperar a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos para que la OTAN invoque su cláusula de defensa colectiva (artículo 5) y ofrezca su apoyo a los Estados Unidos, comprometiéndose a “realizar todos los esfuerzos para combatir el flagelo del terrorismo”. Consecuentemente, la OTAN lanzó su primera operación contra el terrorismo “Eagle Assist” enviando siete aviones de radar AWACS a patrullar los cielos de los Estados Unidos. Unos meses después, el 26 de octubre de 2001, la OTAN iniciaba su segunda operación antiterrorista “Active Endeavour” desplegando elementos de las Fuerzas Navales Permanentes de la OTAN en el Mediterráneo oriental con la misión de detectar y disuadir la actividad terrorista. Esta operación se ampliará en el 2003 para incluir la escolta de barcos civiles a través del Estrecho de Gibraltar.

Más tarde, Casablanca, Madrid, Londres, Bali, o Mumbai confirmaron la necesidad de cambiar la visión aliada del terrorismo que pasó a considerarse una amenaza real para la seguridad euroatlántica.  A partir de entonces, la lucha contraterrorista formará parte de las tres tareas principales de la OTAN recogidas en el concepto estratégico de 2010; es decir, la defensa colectiva, la gestión de crisis y la seguridad cooperativa. La política antiterrorista dirigirá en los años siguientes los esfuerzos de la alianza en tres direcciones principales. En primer lugar, lo que se denomina en el argot OTAN conciencia compartida (“awareness”), que incluiría las consultas, el intercambio con los aliados y socios de inteligencia y el análisis y evaluación continuada de la amenaza terrorista de carácter estratégico.

En segundo lugar, estaría el desarrollo de nuevas capacidades y tecnologías innovadoras para prevenir, proteger y responder a las amenazas terroristas. La OTAN lleva a cabo este cometido a través del “Programa de Trabajo de Defensa contra el Terrorismo”, cuyo objetivo es proteger a las Fuerzas militares, personal civil e infraestructura crítica contra los ataques terroristas. Los Centros de Excelencia de la OTAN contribuyen al mismo de una manera muy relevante proporcionando experiencia en una amplia variedad de temas, incluida la ingeniería militar para la limpieza de rutas, la lucha contra los artefactos explosivos improvisados, el análisis de redes sociales etc. De esta manera, los socios pueden aprovechar los mecanismos de asociación y la cooperación en la lucha contra el terrorismo, para crear o mejorar sus capacidades de defensa.

Finalmente, estaría la cooperación con los socios y actores internacionales, como es el caso de la Unión Europea o las Naciones Unidas, dado que la OTAN entiende que el esfuerzo contra el terrorismo requiere el compromiso de toda la comunidad internacional. Aquí juega un papel muy importante el “Programa de Ciencia para la Paz y la Seguridad” de la OTAN, cuya finalidad es mejorar la cooperación y el diálogo entre científicos aliados y socios fomentando la creación de una red de expertos que intercambian información. Con ello se logra una mejor comprensión de la amenaza terrorista y un mayor desarrollo de medidas de detección y respuesta.

Pero el compromiso de la OTAN en la lucha contra el terrorismo también se extiende al campo de las operaciones. En la Cumbre de Varsovia de julio de 2016, los líderes aliados decidieron apoyar la lucha contra el Daesh en Irak y los aviones AWACS de la OTAN comenzaron a proporcionar información a la Coalición Global para la lucha contra el terrorismo. Al mismo tiempo, la OTAN lanzó un programa de entrenamiento dirigido a enseñar a las fuerzas de seguridad iraquíes a contrarrestar los artefactos explosivos improvisados (IED). Esto resultaba particularmente relevante para el territorio recién liberado de la ocupación del Daesh.

Actualmente, la OTAN sigue más comprometida que nunca en la lucha contra el terrorismo, al entender que se trata de una amenaza que continuará existiendo en el futuro previsible, dada la capacidad que han demostrado los terroristas para cruzar las fronteras internacionales, ocupar territorios en estados frágiles, y en áreas de importancia estratégica para la Alianza, y ejecutar ataques contra nuestras poblaciones, o contra las fuerzas aliadas desplegadas en los teatros de operaciones.

Al mismo tiempo, la OTAN es consciente de que la tecnología moderna y el fácil acceso que tienen a ella, aumentan el impacto potencial de los ataques terroristas que emplean medios convencionales y no convencionales, y que resultan particularmente peligrosos cuando los terroristas buscan adquirir capacidades químicas, biológicas, radiológicas o nucleares, o cuando emplean sus habilidades cibernéticas para atacar a nuestras sociedades, o a nuestras instituciones.

La OTAN ha aprendido mucho los últimos años. La experiencia en escenarios como Afganistán, Libia o Irak, ha llevado a la OTAN a aceptar que la respuesta contra la amenaza terrorista tiene que ser multidimensional e inclusiva, más allá de la puramente militar, y debe abordar las desigualdades económicas, sociales y de gobernanza que están en la raíz de las insurgencias locales y del yihadismo. Pero también la OTAN ha aprendido que, dicha respuesta, debe mantener una dimensión militar absolutamente imprescindible para garantizar el éxito frente a unos grupos terroristas que operan desde estados que han demostrado ser débiles, incapaces y disfuncionales.

De especial preocupación, en los momentos actuales, es el caso del Sahel, una región que hasta fechas recientes había quedado fuera del foco de atención aliado, y donde las perspectivas de derrotar a los grupos terroristas siguen siendo sombrías en el corto y medio plazo. El Sahel se ha convertido en uno de los escenarios más exigentes y más desestabilizadores del mundo en términos de seguridad. Así lo reconocía el informe de los Ministros de Asuntos Exteriores aliados aprobado a finales de 2020, el cual afirmaba que “el deterioro de la situación de seguridad en el Sahel y las amenazas terroristas que desestabilizan a varias naciones de la región tienen el potencial de afectar la seguridad transatlántica”.

Dentro de unos días, el 29 y 30 de junio, Madrid albergará una importante cumbre en la que los aliados aprobaran su estrategia para los próximos años. La cumbre supondrá un hito en la visión de la OTAN de su papel en el mundo, al contemplar la necesidad de que la Alianza Atlántica desempeñe un papel más relevante como proveedor global de seguridad.

El terrorismo será uno de los cinco desafíos que la OTAN asumirá en el Concepto Estratégico que aprobará en Madrid, junto con el resurgimiento de la rivalidad sistémica entre grandes potencias, el incremento de la guerra por medio de métodos híbridos, el crecimiento de la guerra a través de terceros o intermediarios, y la evolución de las tecnologías disruptivas y emergentes.

Ello quiere decir que, en plena guerra en Ucrania, los asuntos de seguridad en el este de Europa y la adaptación de la OTAN a una era dominada por la rivalidad estratégica entre grandes potencias, centrarán las disquisiciones y los debates; pero también que la OTAN deberá prestar una mayor atención a otras zonas, empezando por el Sahel, donde el terrorismo sigue siendo la principal amenaza. El éxito de la OTAN en los próximos años dependerá de que esta toma de conciencia a los problemas de seguridad en los 360°, se traduzca también en hechos concretos en la lucha contra el terrorismo y, sobre todo, en un mayor compromiso sobre un espacio físico del Sahel que, hoy por hoy, permanece descontrolado.

                                                                                            Coronel del ET Ignacio Fuente Cobo

                                                                                       Instituto Español de Estudios Estratégicos

La vulnerabilidad de Europa frente al avance yihadista en el Mediterráneo, un debate en Deusto Forum

OTAN: DISTENSIÓN O GUERRA FRÍA. 1º Ciclo AEME 2022, por el Alm.(R). D. José Mª Treviño Ruiz

ANTECEDENTES

José María Treviño Ruiz. Fuente: www.realliganaval.com

El término Guerra Fría fue acuñado al acabar la SGM en 1945, tras crearse dos bloques, el Occidental-capitalista liderado por los EEUU, que culminó con la creación del Tratado del Atlántico Norte el 4 de abril de 1949 y el Oriental-comunista dirigido por la URSS, que dio lugar al Pacto de Varsovia firmado el 14 de mayo de 1955. La posesión del arma nuclear por ambos Tratados, supuso una carrera de armamentos que alcanzó su cúspide a mediados de los 80 con la estrategia de la Destrucción Mutua Asegurada o MAD, con más de 60.000 cabezas nucleares entre los dos bloques. Felizmente la elección de Mijail Gorbachov, Secretario General del Partido Comunista de la URSS y Ronald Reagan, a la sazón Presidente de los EEUU, supuso crear una relación de confianza e incluso de amistad entre ambos dirigentes, que comprendieron que una guerra nuclear con tamaño arsenal, eliminaría cualquier rastro de vida sobre la superficie terrestre. Cuando ambos acabaron sus respectivos mandatos, el número de ojivas nucleares se había reducido a la 6ª parte, 10.000, cifra que aún perdura entre los EEUU y Rusia.    

LA SITUACIÓN ACTUAL

En la cumbre de la OTAN en Riga, en noviembre de 2006, a la que no asistió el Presidente ruso Putin, pese a estar invitado, el problema entonces latente era la guerra de Afganistán, que llegó a requerir 160.000 efectivos de las Naciones Aliadas Miembro. Hay que destacar que esta fue la primera cumbre a celebrar en un estado báltico con frontera física con Rusia, y cuya seguridad  estaba a cargo de la Alianza, como bien hizo notar la entonces Presidenta de Letonia, Vaira Vike Freiberga, cuya permanencia en la cima del gobierno durante ocho años, supuso conseguir dos importantes objetivos políticos para su país, cuyo  ejemplo seguirían sus vecinos bálticos y más tarde las antiguas naciones del Pacto de Varsovia sin excepción: el ingreso en la Unión Europea, para conseguir la estabilidad y bienestar económico y la entrada en la OTAN, para obtener dentro  de la Alianza una seguridad garantizada por el artículo 5 del Tratado de Washington de 1949.. Desgraciadamente la visión política de esta gran señora, que tras la ocupación soviética de Riga, tuvo que huir a Alemania, y posteriormente a Canadá, pudiendo regresar a su país en 1991, no la tuvieron lo dirigentes de Ucrania, ya que según el punto de vista de cada presidente, se solicitaba el ingreso o no en la OTAN, así el Presidente Kravchuk, firmó la participación de su país como miembro del Partenariado para la Paz o PfP en1994, su sucesor Kuchma, estableció en 1997 una Comisión NATO-Ucrania, y posteriormente en 2002, esa Comisión inició un Plan de Acción, para entrar en la Alianza, enviando incluso tropas ucranianas a Irak en 2003 con los efectivos de la OTAN hasta 2006. Inexplicablemente en julio de 2004, Kuchma comunicó a la comisión NATO-Ucrania, que el ingreso en la Alianza no era un objetivo prioritario. En 2005 tras la Revolución Naranja, se hizo cargo de la Presidencia Yushchenko, firme partidario del ingreso en la OTAN, iniciando el programa MAP (Membership Action Plan) o Plan de Acción para ser Miembro, pero en 2006 el Parlamento eligió a Yanukovich como nuevo Presidente de Ucrania, eligiendo éste una línea contraria a la de su predecesor con el apoyo del Presidente Putin. Tras las revueltas de la Plaza de Euromaidán en 2013, Yanukovich huyó a Moscú, sucediéndole Poroshenko en 2014, que inmediatamente hizo prioritario el ingreso en la OTAN al mismo tiempo que también solicitaba la entrada en la Unión Europea, si bien esta última Organización, en boca del Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, contemplaba un plazo de 20 a 25 años para entrar en ambas Organizaciones, pese a que el Parlamento ucraniano había votado con una amplia mayoría de 334 votos sobre 385 a favor de entrar en las dos organizaciones. En mayo de 2019 ganó las elecciones el actual Presidente, Zelensky, solicitando un nuevo MAP, para entrar en la Alianza, pero con el conflicto encubierto con Rusia en la región del Donbas, ese ingreso en la OTAN no era viable, pues a la ocupación de la Península de Crimea en 2014, o su recuperación según el punto de vista ruso, siguieron  la independencia unilateral de las provincias ucranianas de Donetsk y Luhansk iniciándose el consiguiente conflicto armado en el Donbas por el incumplimiento de los acuerdos de Minsk I y II de septiembre de 2014 y febrero de 2015 respectivamente. A raíz de ese incumplimiento, el peligro de una invasión rusa de Ucrania empezó a cernirse en el horizonte, por lo que la OTAN inició prudentemente un despliegue de tropas de refuerzo en los tres estados bálticos, así como en Polonia y Rumanía, por su proximidad y frontera física de alguno de ellos, con la Federación Rusa.

Los recientes y graves acontecimientos producidos por la Operación Especial ordenada por el Presidente ruso Putin, que enmascaraba una invasión por vía terrestre de Ucrania, ha encendido todas las luces de alarma de la Alianza, que ha comprobado que tanto sus directrices políticas como militares, se han mostrado insuficientes a la hora de impedir la invasión militar por parte de una potencia nuclear a un país libre que no pertenezca a la OTAN, contrariamente a la posibilidad por parte de la Alianza, de llevar a cabo operaciones militares en terceros países con efectivos de las Naciones Miembro bajo Mando Aliado, como las realizadas en Yugoslavia, Irak, Afganistán y Libia. Paradójicamente, esta supuesta imposibilidad ha servido para aumentar el peso y valor especifico de la Alianza, al mostrar a las naciones europeas el grave riesgo que supone estar fuera del paraguas protector de la mayor Alianza Militar de la Historia, venciendo las reticencias de naciones tradicionalmente neutrales, como Finlandia y Suecia, moviéndolas  a abandonar su política de observadores internacionales imparciales a los que en teoría nada les puede afectar en el ámbito de los conflictos y guerras de terceros países.

CONCLUSIONES

La situación actual entre la OTAN y Rusia, dista mucho de la distensión creada en 1985 entre Ronald Regan y Mijail Gorbachov, que consiguieron crear una atmósfera de confianza en plena Guerra Fría que culminaría con la caída del Muro de Berlín, permitida por Gorbachov y cuyas consecuencias fueron la desaparición de la URSS y del Pacto de Varsovia en 1991, quedando la OTAN como única alianza supranacional político-militar a la que algunas naciones le atribuyeron el papel de gendarme mundial. El anterior Presidente de EEUU, Donald Trump, del partido republicano al igual que Reagan, intentó establecer una relación de confianza con su homólogo Putin, que posiblemente, de haber conseguido un segundo mandato habría llegado a buen término. La llegada del demócrata  Biden interrumpió esa política de entendimiento rompiéndose los puentes de entendimiento entre la Casa Blanca y el Kremlin, antes de la invasión de Ucrania, provocando esta invasión la rotura de cualquier diálogo entre Biden y Putin para parar esa guerra injusta y demencial. Con un fin sine die, qué duda cabe que si alguna vez se logra el alto el fuego y un tratado de paz entre Rusia y Ucrania, las relaciones con la OTAN ya no serán las mismas de antes del 24 de febrero de 2022, habiéndose dado el pistoletazo de salida a una costosísima carrera de armamentos entre las naciones europeas y Rusia, que en el caso de la Unión Europea no garantiza la seguridad física de sus 27 miembros, excepto de aquellos que pertenezcan a la OTAN, hecho que ha provocado que tanto Finlandia, con 1.300 km de frontera con Rusia, como Suecia, país ribereño del Báltico, hayan solicitado su ingreso urgente en la Alianza, como un seguro de vida para su integridad física. La pregunta pertinente que nos queda en el aire es la siguiente: si el Gobierno y Parlamento ucraniano hubiesen solicitado por el mismo procedimiento de Finlandia y Suecia, un MAP corto y en 2014, Ucrania ya hubiese sido un miembro efectivo de la OTAN, ¿se habría Putin atrevido a invadir a su vecino occidental? La respuesta se la dejo al avezado lector.

José Mª Treviño Ruiz, Almirante         

                                                                Asociación Española de Militares Escritores

LA RESILIENCIA DE LA OTAN, por Federico Aznar Fernández-Montesinos

ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE MILITARES ESCRITORES (AEME) 1º CICLO 2022

La OTAN es un pacto multilateral del que deriva una organización política intergubernamental. Su éxito no es sólo haber derrotado a la antigua URSS sin emplear las armas, sino el haber sido capaz de mantener la cohesión de la Alianza, que es realmente lo que lo hizo posible y que aún explica su supervivencia, después de desaparecer las razones de su creación. Así ha sido siempre. Como dijera el General Wesley Clark durante la guerra de Kosovo “ningún objetivo o conjunto de objetivos era más importante que el de mantener cohesionada la OTAN.”[1]

Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación del Foro para la Paz en el Mediterráneo

La resiliencia, que es de lo que se está hablando, encarna un proceso: es el arte de navegar en los torrentes. Esta se mediría por la fortaleza frente a perturbaciones externas, pero también por su capacidad para volver a su funcionamiento tras una perturbación; e incluso por su capacidad de transformarse para afrontar nuevos retos. Es la resiliencia como estabilidad, como capacidad de recuperación o incluso de transformación.[2]

Así, la OTAN acreditando su resiliencia, tras la caída del Muro y siendo una organización político militar, mutó, de modo que el peso del componente militar disminuyó en beneficio del rol político. Su existencia hoy se explica por los beneficios que aún trae para sus miembros. La OTAN ha estructurado un espacio de estabilidad y diálogo constante. Su desaparición hubiera provocado el rearme de sus miembros y desestabilizado Europa.

Enfocarse en la resiliencia supone centrarse en lo que las organizaciones pueden hacer por sí mismas. Los términos «resiliencia» y «vulnerabilidad» son las caras opuestas de la misma moneda, pero ambos son los términos relativos. Como la vulnerabilidad, la resiliencia es compleja y multifacética.

La formulación del concepto, aunque intuida por muchos – Clausewitz entre otros – es relativamente reciente y se debe a Bolwby (1992) que la definió como «resorte moral, cualidad de una persona que no se desanima, que no se deja abatir» e incorpora dos componentes: Es la resistencia frente a la destrucción; y más allá, la capacidad de forjar un comportamiento positivo aun en circunstancias difíciles. El concepto incluye, además, la capacidad de un sistema social de afrontar adecuadamente las dificultades, de una forma socialmente aceptable.[3]

Cohesión y resiliencia: valores e intereses compartidos.          

El espacio de la Seguridad y Defensa agrupa unos intereses vitales que, por serlo, trascienden la coyuntura interna de los países, estos son los más fríos de los intereses fríos, al decir de Bismark. Estos son constantes en el tiempo y cuentan con una vocación de largo plazo; el camino emprendido en común sirve para limar asperezas y poner en valor lo común.

Ello se explica porque los acuerdos militares implican una similar visión del mundo, valores compartidos e intereses comunes, esto es, sin graves incompatibilidades, cuando no de una amenaza o un enemigo que afrontar. A su vez estos acuerdos, por su carácter nuclear, tienden a expandirse a otros ámbitos: comerciales, tecnológicos, industriales…

En los acuerdos bilaterales, su naturaleza depende sustancialmente del potencial de las partes; normalmente proporcionan un mayor respaldo político, pero son más frágiles. Si las partes son manifiestamente heteropotenciales la relación difícilmente puede ser biunívoca pues son difíciles los mecanismos de compensación adecuados.  Como resultado se genera una gran dependencia de la parte más débil al tiempo que la más fuerte puede romperlos con menor costo.

La cooperación multilateral al diluir las diferencias individuales pude servir como medio de contrarrestar los desequilibrios en las relaciones de poder, ya que reduce la pérdida de soberanía implícita a cualquier pacto y la dota de una dimensión más igualitaria y democrática. Los acuerdos multilaterales permiten una mejor articulación de los intereses, amplían el marco para la negociación y el intercambio confiriéndole, además, un carácter estable y duradero.

Es más, el mero fallo de un Estado hace vulnerable al conjunto del sistema. Puede decirse así que la OTAN cuenta con la fortaleza del Estado más débil, lo que obliga a su fortalecimiento por mero interés general, mejorando la igualdad.

Una cuestión derivada de estas relaciones es que limitan el alcance de las controversias entre las partes con intereses enfrentados como consecuencia natural de los límites impuestos por el marco. Aún es más, el hecho de que se amplíe el abanico de opciones de negociación da más cancha al encuentro, lo que a su vez legitima las decisiones no sólo con la aquiescencia de todos sus miembros, sino también con la fuerza del concierto de voluntades de una comunidad de naciones formado a partir de los principios de diálogo y cooperación.

Esto da pie a una notable práctica de intercambios de apoyos para las más diversas instancias internacionales, lo que se conoce como fórum shopping. El apoyo de países como Estados Unidos se torna crítico en este contexto por su representación en todas ellas.

La existencia de un foro permanente e institucionalizado de debate permite modular el conjunto del proceso y facilita la creación de canales informales.

Así los militares cuando retornen a sus países mantendrán el contacto con sus compañeros a los que dispensarán de confianza y atribuirán, pues los conocen, credibilidad. De esta manera personalizarán las relaciones interestados y, con ello, se contribuye al afianzamiento. Además, son mesas permanentes y arbitradas para el encuentro político y la resolución de todo tipo de problemas comunes.

Es más, puede afirmarse que los acuerdos militares no sólo gozan de una gran estabilidad, sino que contribuyen a la pronta recuperación de las relaciones diplomáticas interestados tras cesar su perturbación.

Y es que han demostrado ser capaces de soportar las modificaciones en las coyunturas políticas de las partes y aún del propio escenario internacional, ya que las relaciones entre las Fuerzas Armadas de un mismo entorno estratégico afectan directamente a sus intereses vitales y requieren de una poderosa base cultural común. Otras razones están en la cultura de los Ejércitos como organización, en el prosaísmo de la rutina castrense y en su tendencia natural a perpetuar lo que ya está en marcha.

Así, las organizaciones de Seguridad y Defensa, como es el caso de la OTAN, pueden resultar fruto del momento, de la necesidad de responder frente a un enemigo común lo que obliga a dejar aparcada las diferencias y contradicciones y posibilita una construcción sólida y duradera. Pero una vez creadas trascienden a las causas que sirvieron a ello e incluso a su propio éxito.

Como resultado, la OTAN es la organización que más intereses de europeos y norteamericanos agrupa. De hecho, no hay organizaciones comerciales, ni siquiera acuerdos que la iguale. Recuérdese el fracaso del Tratado de Libre Comercio entre Europa y Estados Unidos que, por el contrario, sí prosperó con Canadá. La OTAN es un puente que une las orillas de ambos continentes. De hecho, puede decirse que es el único puente que de facto los une. Y volar puentes es una actividad infrecuente.

Conclusiones.

El mundo está en permanente transformación. La globalización es un proceso difícil de impedir y aun de condicionar. En este contexto, la OTAN es la única organización intergubernamental que incorpora formal y específicamente a Europa y a América del Norte como únicos actores.

Estados Unidos y Europa representan cada uno menos del 20% del PIB mundial y es de prever el sorpasso de China antes de 20 años, si es que este no se ha producido ya, de modo que el PIB europeo y norteamericano, pese a incrementarse, se reduciría en ambos casos a menos del 15%. Por tanto, si Europa y Estados Unidos quieren operar en el medio internacional deben ir juntos. 

La OTAN puede tener sus problemas y sus debates, pero su disolución no sería una buena noticia para sus miembros. Por el contrario, y como a todo puente, interesa reforzarla, fortalecerla. Y más si se piensa que sin la conformidad de Estados Unidos, y hasta sin su patrocinio, la Unión Europea no hubiera existido.

Estados Unidos dota de la mayor parte de las capacidades a la Alianza no en vano asume en torno al 36% del gasto militar mundial. Pero ese no es fruto de una desinteresada prodigalidad; Estados Unidos es una potencia global, y las Fuerzas Armadas están dimensionadas de modo acorde a los intereses. Tal cosa es muy gravosa tanto en términos económicos como militares y políticos.

La OTAN, a su vez, actúa reforzando a este país políticamente, además de militarmente. El liderazgo de los Estados Unidos requiere, para poder existir, la concurrencia de otros actores. A través suya obtiene legitimidad para las operaciones en las que esta organización se implica, la de nada menos que de 29 democracias – algunas de ellas las más avanzadas del mundo – toda vez que las decisiones en su seno se toman por unanimidad. Y la legitimidad en un conflicto es muy relevante, habida cuenta de su eterna naturaleza política. Por eso Estados Unidos no es Marte ni la UE Venus.

El centro de gravedad de la Alianza Atlántica ha sido siempre su resiliencia, la cohesión del conjunto de aliados. La solidez del vínculo trasatlántico fue lo que hizo posible la derrota de la Unión Soviética. La fuerza de la OTAN se basa en la solidaridad euroatlántica y en la credibilidad de su disuasión, de su herramienta militar. Mejorar la resiliencia de la OTAN es fortalecer su cohesión y tal cosa pasa por mejorar tanto la cohesión de la Unión Europea como la del vínculo transatlántico, pero también fortaleciendo una visión compartida e incrementando los intereses y relaciones que los unen, esto es, propiciando su integración. 


[1] KAGAN, Robert. Poder y debilidad. Editorial Taurus, Madrid 2003, p. 79.

[2] URIARTE ARCINIEGA, Juan de Dios. “La perspectiva comunitaria de la resiliencia.”  Psicología Política, Nº 47, 2013, 7-18

[3] MUÑOZ GARRIDO, Victoria; DE PEDRO SOTELO, Francisco. “Educar para la resiliencia. Un cambio de mirada en la prevención de situaciones de riesgo social.”Revista Complutense de Educación Vol. 16 Núm. 1 2005, pp. 107-124

COMO REFORZAR LA DISUASIÓN Y LA DEFENSA EN LA OTAN. 1º CICLO de AEME 2022

Introducción.

En su reunión en Londres en diciembre de 2019 los líderes de la OTAN solicitaron al secretario general Jens Stoltenberg, una reflexión para fortalecer a la OTAN y prepararla para el futuro. Nace así la agenda OTAN 2030 con la intención de garantizar que la alianza permanezca preparada, fuerte y unida para una nueva era de mayor competencia global. La Propuesta 2 de esta agenda: reforzar la disuasión y la defensa, coincide con el fundamento y el título de este artículo.

Con los principios definidos en ella se está preparando el nuevo Concepto Estratégico 2022 que el Consejo Atlántico pretende aprobar en su reunión en Madrid en julio del presenta año, si bien es muy posible que este concepto sufra cambios inevitables ante la agresiva invasión de Ucrania ordenada por el presidente ruso Putin y que aún se está llevando a cabo.

Consideraciones.

Desde la desaparición de la Unión Soviética en el año 1991 la OTAN ha pasado por varias fases que han tenido una indudable influencia en el concepto que la Alianza tiene de sí misma. A saber,

-Desconcierto inicial.

– Búsqueda de misiones que justificaran su existencia.

-Incertidumbre de la política a mantener respecto a Rusia.

– Aparición de China como potencia económica y militar.

– Cambio en la percepción de los EEUU sobre la Unión Europea (UE).

-Salida del Reino Unido (RU) de la UE (Brexit).

– Cambio galopante de la situación internacional.

-Globalización de la inseguridad mundial.

– Aparición de nuevas tecnologías al alcance de cualquier grupo desestabilizador.

– Ineficacia demostrada por las Naciones Unidas (ONU) y su Consejo de Seguridad para hacer frente a graves crisis internacionales.

-Invasión de Ucrania.

Es indudable que bajo el liderazgo de los EEUU la alianza atlántica cumplió perfectamente su función desde el momento de su creación en el año 1949 hasta la caída de la Unión Soviética en el 1991. Bajo la presidencia de Ronald Reagan los EEUU lograron, con la simple decisión de dotarse de un escudo antimisiles, y la inestimable colaboración del presidente ruso Gorbachov, que la URSS se desmoronase para dar lugar al nacimiento de una nueva Rusia y por tanto de una nueva Europa.

Como es bien conocido el actual presidente ruso Putin, antiguo miembro de la KGB, pronto se hizo con el poder y se dedicó a la reconstrucción de su nación, Rusia o Federación de Rusia, hasta convertirla en la potencia mundial, aunque no tanto, que es hoy en día. Una de las características más notables de Putin es saber mantenerse en el poder a toda costa y por todos los procedimientos a su alcance que incluyen la persecución de los disidentes políticos, coartar le libertad de los ciudadanos rusos y apoyarse en mafias que se adueñaron de la economía rusa por procedimientos por lo menos dudosos. Solo este selecto grupo de ciudadanos rusos puede vivir y disfrutar   de las libertades que son habituales en el mundo occidental y que todo el pueblo ruso tendría derecho a disfrutar.

La OTAN, fue siempre una organización muy efectiva, tanto desde el punto de vista militar como político. Aún así, llegó a cometer graves errores siguiendo la estela de unos EEUU que perdieron el control de sí mismos después del que parecía un imposible derribo de las llamadas torres gemelas de Nueva York por la acción de terroristas islámicos. En busca de la justa represalia, los EEUU invadieron Afganistán, hoy ya abandonado a su suerte, desencadenaron sin verdadera justificación la guerra de Irak, y consiguiente derribo de Saddan Hussein, lo que a su vez dio lugar al nacimiento del radicalismo islámico. Otro error de consideración fue derribar al presidente libio Gadafi en un momento poco oportuno siguiendo el falso concepto de promover la “primavera árabe” lo que dio lugar a una Libia absolutamente dividida, inestable y permisiva de una emigración ilegal hacia Europa que aún hoy continua de forma difícil de evitar.

La  efectividad de la OTAN se apoyó siempre en  sus mecanismos internos de consultas y planeamiento, pero, en los últimos años,  una visión individual norteamericana, y también británica, de los problemas internacionales, unido a un pensamiento militar y político, disperso, de muchos países de la UE, son el origen de una falta de cohesión interna imprescindible para el funcionamiento coherente de una alianza que ya tiene 30 miembros muchos de los cuales, solicitaron el ingreso en la Alianza con el oculto deseo de conseguir que fuesen otros los que se responsabilizasen  de su propia defensa, deseo que aún perdura a tenor de los insignificantes presupuestos que a ella dedican sin reconocer que las relaciones con la alianza deben de ser de mutua lealtad.

La aparición de China como un activo competidor internacional fue llevando a los EEUU a tener una visión más indo-asiática que europea. Solo una Rusia extremadamente asertiva desde su anexión de Crimea, y camino de anexionarse Ucrania entera, bajo el gobierno de un  Putin, ambicioso y provocador,  ha sido el detonante para que los EEUU abandonaran temporalmente su visión centrípeta de la política norteamericana inspirada,  en primer lugar, en el  “AMÉRICA FIRST” de Trump y en segundo lugar en el  “américa first” de Biden. Los EEUU  parecen estar integrando sus preocupaciones indo-asiáticas con sus preocupaciones europeas al estimular   una actualización urgente del Concepto Estratégico de la OTAN y llamar a la abierta colaboración de toda la OTAN, pero principalmente de las potencias militares y económicas más importantes dentro de la UE de hoy: Francia y Alemania. Dando por descontado al RU.

 En estos momentos de grave crisis en Europa parece indudable que  tan importante como la redacción de un nuevo Concepto Estratégico de la OTAN es  que su pilar europeo pueda actuar internacionalmente con personalidad propia para intercambiar con los gobernantes rusos ideas sobre pacífica convivencia y colaboración. Rusia es europea porque está en Europa. Y parece absolutamente absurdo que las relaciones entre países europeos se materialicen en pleno siglo XXI en una permanente confrontación propia de una “guerra fría” que ya no puede justificarse. Y porque Putin, además de osado, es un político contingente, como tantos otros.

 Los EEUU desean que toda la UE actúe bajo su completa dirección en todo lo relacionado con la defensa. Pero no siempre es posible esta unidad de acción cuando son los propios EEUU los que parecen actuar por su cuenta cuando les conviene. El caso de la repentina firma del Tratado AUKUS entre los EEUU, RU y Australia en virtud del cual este país canceló la construcción de 12 submarinos previamente contratados con Francia, el único país nuclear dentro de la UE, fue una demostración de que en esta decisión primaron más los intereses de los EEUU y del RU que los intereses del bloque europeo de la alianza representado por Francia.

Pues bien, en línea con la voluntad y el deseo de los redactores de la agenda OTAN  2030 debe de reforzarse la disuasión y la defensa de la alianza para poder hacer frente a los problemas que plantea un mundo progresivamente globalizado y cambiante, pero, al mismo tiempo, parece evidente que deberá propiciarse en primer lugar que la mutua lealtad sea la norma entre todos los miembros de la alianza.

 De acuerdo con las previsiones incluidas en el Punto 2 de la agenda OTAN 2030, para fortalecer la disuasión y la defensa los lideres europeos:

– “Reafirmaron su compromiso de mantener una combinación adecuada de capacidades de defensa nuclear, convencional y antimisiles.

– Reiteraron la importancia del compromiso de inversión en defensa de 2014 y de continuar con el objetivo de cumplir con la directriz acordada por la OTAN de gastar el 2 % del Producto Interno Bruto en defensa y el 20 % del gasto anual de defensa en nuevos equipos importantes para 2024.

– Se comprometieron a la implementación completa y rápida de planes militares para fortalecer la postura de disuasión y defensa de la alianza que debe ser reforzada tanto en el Báltico como en el Mar Negro”.

Conclusión.

Ante cualquier problema estratégico que la OTAN deba resolver en el futuro todo parece indicar que para fortalecer su disuasión y su defensa deberá fortalecerse previamente la mutua lealtad de sus 30 miembros y de un modo especial la unidad política y militar de todos los pertenecientes a su pilar europeo (UE).

                                                                                     CN (R) Aurelio Fernández Diz

                                                    Asociación Española de Escritores Militares (AEME)

EL MILITAR ESPAÑOL DEL SIGLO XXI.

II Ciclo AEME/21

Todos estamos de acuerdo en que la Defensa es un bien y un servicio público, asumido como intangible – e imperceptible – y nunca bien explicado su contenido. Partimos de la premisa de que en estos primeros años del siglo XXI la mayoría de los ciudadanos no sienten ni conciben a la Defensa como asunto de Estado y de la sociedad, que está a su disposición para garantizar su libertad, su bienestar y su prosperidad.

Y como protagonistas principales de esa defensa, el Estado dispone de unos militares profesionales que, en general, no son bien conocidos por nuestra sociedad.

Los militares españoles del siglo XXI, como no podía ser de otra manera, son herederos y depositarios de una gloriosa tradición militar. Por otra parte, la razón de ser de los Ejércitos es la defensa militar de España y su misión garantizar la soberanía e independencia de la Patria, defender la integridad territorial y el ordenamiento institucional.

Una de las principales virtudes del modelo de Fuerzas Armadas del siglo XXI consiste en tener como apoyatura la plena voluntad y capacidad de los militares españoles para sintetizar lo consuetudinario y tradicional con el espíritu innovador que debe impregnar el cambio de mentalidad de todos los integrantes de los Ejércitos. Su bondad debiera descansar tanto en su vocación de permanencia como en su continua adaptación a los requerimientos y necesidades de los nuevos tiempos.

Con este marco de referencia, en este nuevo ciclo titulado El militar español del siglo XXI se quiere recoger el estado actual y su evolución, en estos primeros años del siglo actual, de una serie de fundamentos básicos que son consustanciales con el oficio militar como pueden ser las Ordenanzas, la vocación militar, la ética militar, la moral militar, el espíritu militar, los valores y virtudes militares, la enseñanza militar, el liderazgo militar, el militar institucional o el militar ocupacional, la profesión militar y el militar retirado.

Esta docena de artículos se publicará semanalmente hasta el mes de julio

GD (R) Jesús Argumosa 

Presidente AEME

LAS REALES ORDENANZAS, por el General de Brigada de Infantería, DEM, Ret. D. Francisco Laguna Sanquirico.

España es la nación, quizás la única, que mantiene un documento con el nombre de Reales Ordenanzas para fijar los criterios éticos que deben regir la actuación de sus ejércitos. Aunque en todas las naciones desarrolladas el empleo de la fuerza, y en especial la militar, se busca que se desarrolle en el marco de unos criterios éticos y que  los miembros de sus Fuerzas Armadas actúen respetando los Derechos Humanos y en definitiva, que se rijan por lo que se denomina una “moral militar”, los documentos que fijan estos criterios se desarrollan según diferentes formatos, aunque curiosamente en muchos casos, son coincidentes en cuanto a las normas y los conceptos que desarrollan.

Un valor importante de estas Ordenanzas se encuentra en su historia. Aunque hay autores que remontan sus orígenes a los Reyes Católicos, e incluso a Las Partidas de Alfonso X, José Almirante en su Diccionario Militar, en el que detalla su evolución, considera que el primer documento legal que debe considerarse como el primer paso es el que redactó Sancho de Londoño en 1568, con el título de “Discurso sobre la forma de reducir la disciplina militar a mejor y antiguo estado”. Desde esa fecha han sido varias las Reales Ordenanzas que se dictaron bien con carácter general o para una parte o para determinadas operaciones militares. Es interesante conocer esta historia para valorar el sentido que tiene la necesaria actualización de los textos, a fin de que los valores éticos que recogen respondan a los problemas reales del momento. La importancia del hilo histórico que enlaza estos textos es que reflejan que esta adaptación se realiza en base a valores que siguen siendo transcendentales.

Es interesante señalar que aquellas Ordenanzas no se circunscribían a criterios éticos, sino que abarcaban distintos temas. Así las de Carlos III, en 1768, contenía, en 8 Tratados, temas de Moral militar, Régimen interior, Táctica, Justicia, Honores, Reclutamiento, etc.  De los 2.328 artículos solamente 123 se referían a criterios de ética militar, y estos fueron, en realidad, los que durante 200 años de consideraron como Ordenanzas, en la medida que los restantes se modificaron en diferentes documentos. Y lo mismo sucedió con las de Fernando VI, de 1748, para “El gobierno militar, político y económico de la Armada”.

Tras estos dos documentos se inició en España un largo periodo en el que los conflictos políticos dificultaron, y llegaron a impedir, la actualización de las Ordenanzas, llegando a crear la idea equivocada de que actualización era sinónimo de rectificación de los valores que recogían las antiguas, cuando en realidad se trataba de una forma de mantener vivos los criterios éticos en los que se debe fundamentar la profesión militar. Precisamente este fue el objetivo de la Comisión que en 1977 se creó para actualizar aquellos textos.

Los profundos cambios que en aquellos dos siglos habían sufrido tanto la sociedad como las Fuerzas Armadas, obligó a plantear el tema de que no se trataba solo de una adaptación a los nuevos tiempos, sino que era necesaria que el nuevo texto afrontara problemas inéditos a la par que mantuvieran los valores tradicionales. Este problema no era nuevo como quedó patente en el texto del Preámbulo redactado en 1842 para. justificar el Proyecto de renovación de las Reales Ordenanzas:

La revisión de las Ordenanzas Militares es una necesidad hace mucho tiempo reconocida, no porque convenga ni sea lícito alterar los eternos principios de orden y disciplina, que constituyen en la parte esencial ese respetable monumento de saber y experiencia, sino porque muchas de sus disposiciones secundarias han caducado enteramente, o exigen al menos grandes modificaciones, como no podía menos de suceder después de un trascurso de 74 años…

En este marco los temas más importantes a los que en 1977 se tuvo que dar respuesta fueron:

  1. La conveniencia de que hubiera unas mismas Ordenanzas para el total de las Fuerzas Armadas.
  2. Respetar al máximo la calidad literaria de las antiguas; Incorporar las nuevas misiones que podían ser necesario cubrir.
  3. Abrir la posibilidad de que en un futuro próximo la mujer se incorporara.
  4. Cubrir las posibles interferencias que en el orden de la disciplina y el espíritu de compañerismo pudieran plantearse por actividades políticas o sindicales.
  5. Adecuarse y evitar contradicciones con el texto de la Constitución que se estaba redactando en las Cortes. Por último, finalizada la redacción del texto, se planteó la cuestión del rango legal que debían tener, puesto que las antiguas Ordenanzas, aunque tuvieran valor de ley, no encajaban en el vigente esquema de niveles de legalidad. Sobre este último punto es interesante valorar que se decidió el de “Ley” por considerar que era lo que más de ajustaba a la idea de que recogían lo que el conjunto de la sociedad deseaba para sus Fuerzas Armadas.

Posteriormente, en el 2007 se recuperó la costumbre de actualizar las Ordenanzas como lo exigían los cambios políticos, sociales o técnicos, redactándose unas nuevas que fueron promulgadas por el Real Decreto 96/2009. Los principales factores que se tuvieron en cuenta fueron:

  1. La necesidad de derogar todo el Tratado III de las anteriores que trataba de los derechos y deberes de los miembros de las FAS, que habían sido regulados en diferentes Leyes y Reglamentos.
  2. El cambio de la estructura de los Ejércitos por la adopción del modelo de tropa profesional.
  3. La incorporación de la mujer en todos los niveles del personal militar.
  4. La variación de las misiones que se encomendaban, así como el nuevo panorama estratégico y la orientación de la Defensa en base a la intervención de Fuerzas multinacionales.

El nuevo texto respeta bastantes artículos de las anteriores y amplía, y detalla, los retos que se presentan hoy. En este sentido puede decirse que no solo mantiene el enlace con la historia militar, sino que también aborda temas nuevos apoyándose en los valores tradicionales. Sin embargo, plantea interrogantes y diferencias sobre los que cabe reflexionar e introduce cuestiones, como la del cuidado del medio ambiente o el problema de la violencia de género, que corresponden más a la responsabilidad común de todo ciudadano que a la estrictamente militar.

La eliminación del Tratado III de las Ordenanzas de 1978, que como queda dicho regulaba temas que hoy están tratados en otras disposiciones legales, responde al problema que planteaba el que no lo fueran por una Ley Orgánica, como determina la Constitución. Este tema que dio lugar a un amplio debate en el que cabe destacar los trabajos de Sanchez Agesta del CESEDEN y el de Fernando J. Muniesa, publicado en la revista “Militares”, no afecta a la importancia y al peso que deben tener las Reales Ordenanzas como código de conducta de los militares. Otra cosa es que la introducción de criterios éticos en las distintas Leyes y Reglamentos haya planteado una mayor dificultad en la formación ética de los profesionales de las Fuerzas Armadas.

Esta mayor dificultad se deriva del hecho de que la enseñanza de este código ético no se puede estudiar en un solo texto, lo que se traduce en que la formación de base necesariamente se dispersa. No hay que olvidar que la “ética” es un tema que se debe asumir para que oriente la aplicación de su contenido en cada situación concreta. No se trata de un reglamento que pueda consultarse para solucionar temas o problemas concretos, sino de un conjunto de ideas que orientan el comportamiento de cada persona en cada situación y por ello cuanto más sencillo y breve sea su expresión, más fácil resulta su aplicación. Por este mismo motivo es discutible lo que señala el Art. 2 como ámbito de aplicación, puesto que la persona que asume un comportamiento ético, no lo puede limitar a una fase de su vida. Otra cosa es que varios, o muchos, de los artículos no tengan aplicación en la vida del que ha cesado en su actividad profesional, por edad o por otras circunstancias.

Y esto enlaza con el hecho de que los valores éticos son importantes en todo momento, aunque su aplicación difiera según sea la situación. Y este criterio es necesario mantenerlo y extenderlo a todos los ámbitos de la sociedad sobre todo en un periodo en el que parece que la crisis de los valores se ha generalizado y se considera por la mayor parte de los pensadores y sociólogos, como el reto más importante que tiene hoy la sociedad.

Economía y desigualdades sociales en el Mediterráneo

AEME comienza este año la serie de Ciclos dedicados a la Seguridad y Defensa con el Ciclo 7/21 dedicado a la Seguridad en el Mediterráneo 

El Mare Nostrum, en  términos de seguridad, se caracteriza por ser una región donde los conflictos presentan una dimensión multidireccional, la línea de fractura más evidente es la norte-sur, en la que coexisten unos países con un notable aislamiento internacional, otros con guerras o conflictos civiles junto a algunos más que se pueden considerar como países “fallidos”.
En la Directiva de Política de Defensa 2020, del pasado mes de agosto se señala al Mediterráneo como una región de especial interés para España, donde la estabilidad continúa amenazada por los desafíos del terrorismo, la criminalidad y la debilidad de algunos estados

El siguiente es el articulo noveno  del Ciclo 1/21

El título de este trabajo tan solo pretende ser una llamada de atención al lector interesado, en la medida que el alcance de su título, obviamente, sobrepasa con mucho los mejores intentos de estas escuetas líneas. No obstante, dado el contexto del nuevo ciclo de trabajos sobre Seguridad en el Mediterráneo en el que se enmarca, tan bien traído a colación en los momentos actuales, trata de ser una reflexión en la que se consideran aspectos poliédricos, pero importantes que deben tenerse en mente como referencia. Al menos, los referidos a la problemática entre el norte y el sur del mediterráneo, ya que, por razones de espacio, se dejan para otra ocasión los aspectos económicos y de seguridad asociados a su parte este, donde el canal de Suez, Turquía/Chipre, Siria, Líbano e Israel/Palestina y Oriente medio en general, son elementos también decisivos a tener muy en cuenta, dentro de la actual problemática existente.

Así, se pretende acotar algunos aspectos de la cuestión de la seguridad en el Mediterráneo, relacionada con la economía y con la desigualdades de renta existentes, especialmente tras los efectos generados por la pandemia de la Covid 19, echando una ojeada a los desequilibrios económicos, migraciones y desigualdades sociales, que subyacen entre dos importantes continentes separados por un mar, cuyos entornos geográficos, referidos a las costas norte y sur, bañan sus aguas, y sobre todo, teniendo muy presente que por tamaño, “África, no cabe en Europa”.

El Mediterráneo es un mar cruce de culturas milenarias, que hoy, separa una Europa desarrollada, con un fuerte dinamismo económico y con unos valores fundamentales consolidados, y un gran continente africano, donde su parte Norte, está acotada por Marruecos, y Egipto en sus extremos, países en rápida y dinámica consolidación económica, con Libia y Argelia, como sus principales países productores de petróleo, donde la primera, hoy por desgracias, tiene casi todos los perfiles de un estadio fallido, y con una Túnez, foco impulsor en su día de una efímera “primavera árabe”, pero que sigue aun buscando una nueva identidad con perfiles más democráticos. En cualquier caso, toda esa cuenca de países ribereños está actuando de forma decisiva como un freno muy a tener presente, frente a la presión migratoria de todo tipo hacia Europa del resto del continente africano (1).

Toda África suma más de 1.100 millones de habitantes, dispone de una clase media en creciente evolución, con un PIB del orden del 2,5 billónes de dólares y con un crecimiento demográfico que, según las estimaciones actuales, llevará a que en 2050 una de cada cuatro personas en el mundo será africana. Aun así, hoy África, pese a lo anterior, se puede decir que es un continente en conflicto, desestructurado, con enormes desigualdades y dificultades para salir adelante, con incipientes democracias, en general, débiles, donde los abusos de poder son constantes. Al mismo tiempo, dispone de una enorme cantidad de recursos y reservas naturales, muestra signos de una clara expansión económica, que es compatible hoy con un espacio político, donde la corrupción se da en múltiples formas, destacándose muy en particular, en el África subsahariana, según el Informe de Transparency International, de 2014 (2). Además, y junto a estos rasgos particulares, aparece otro muy relevante para la seguridad en el mediterráneo, según el índice de poder militar, y es la clara evidencia estadística de que sus gastos en defensa empiezan a superar en valor relativo a los países occidentales (3).

Respecto a la otra orilla mediterránea, la europea, se puede resaltar que es un espacio que dispone de principios basados en la dignidad de las personas, las libertades, la igualdad, la solidaridad, la ciudadanía, y, sobre todo, dispone de una justicia que posibilita una convivencia basada en el imperio de la ley. Ejercita un desarrollo económico y social equilibrado y sostenible, con capacidad de hacer frente a los retos de la globalización, particularmente los relacionados con la actual pandemia de la Covid 19. Un ejemplo concreto a este respecto, son las de medidas económicas con el denominado “Plan de Recuperación Europeo”, y su Mecanismo de Recuperación”. Aun así, el informe “The Global Economy in 2030: Trends and Strategies for Europe” identifica un conjunto de carencias para Europa y plantea diversos escenarios de futuro, pero la realidad apunta a que su capacidad de resiliencia es muy elevada, y las actuales fisuras en su cohesión, serán un revulsivo, para la superación. (4)

Las desigualdades de renta, en general, y las sociales en particular, suelen analizarse con una doble perspectiva. Por un lado, se toman como referencias comparativas el PIB o renta per cápita entre países, tanto los desarrollados, como aquellos considerados en vías de desarrollo. Así, se presta atención a las diferencias que mantienen en sus niveles de producción o renta per cápita, y la evolución de ésta, poniéndose especial atención en su mayor o menor grado de convergencia o distanciamiento. Por otro lado, el estudio de las desigualdades se suele orientar hacia el análisis de las particularidades de un país en concreto, y se focaliza en el análisis de los grados de distribución de los ingresos entre los miembros, al de nivel de acceso a la educación, en la capacidad y disponibilidad de sus servicios asistenciales y sanitarios, etc.

En los últimos años la pobreza extrema (persona que viven con menos de 1,25 dólares diarios de acuerdo con el Banco Mundial) se ha reducido de manera generalizada, según muestran los datos ofrecidos por las publicaciones basadas en el índice de Gini (5). No obstante, “A lo largo de la historia, las pandemias han sido uno de los fenómenos que más han repercutido en la distribución de los ingresos y la riqueza de las sociedades. Tanto es así, que la mayoría han conllevado un aumento pronunciado de las desigualdades”. Sin embargo, “los sistemas de protección sociales del pasado nada tienen que ver con los mecanismos que provee el estado de bienestar moderno, en el contexto de las políticas públicas que se están llevando a cabo” (6).

Entre los analistas y académicos hay coincidencia en considerar que la Covid 19, ha sido y sigue siendo, un elemento acelerador de tensiones, con múltiples efectos asociados a los desequilibrios y amenazas que estaban latentes en un mundo cada vez más globalizado. Informes relativamente recientes, parecen apuntar a que en la actualidad, se está produciendo una mejora en los índices de desigualdad entre los países del mundo en cuanto a su niveles de renta, sin embargo se detecta también, que a nivel país, se observa un incremento en las desigualdades entre los estratos de mayor nivel de renta y los más bajos, y consecuentemente, en las diferentes oportunidades para tener un acceso equitativo a la educación, la sanidad y la mayoría de los servicios básicos (The World Inequality Report 2018).

A modo de epilogo, y como afirma Thomas Piketty, “la historia de la distribución de la riqueza es siempre profundamente política y no podría resumirse en mecanismos puramente económicos”, al tiempo que señala que” la historia de las desigualdades depende de las representaciones que se hacen los actores económicos, políticos y sociales, de lo que es justo y no lo es, de las relaciones de fuerza entre esos actores y de las elecciones colectivas que resultan de ello” (7). Concluimos, en cualquier caso, resaltando que tenemos el convencimiento de que a pesar de los desequilibrios y amenazas que se perciben en torno a la seguridad en el Mediterráneo y los riesgos que subyacen, Europa desempeñará un papel de liderazgo en su gestión, y estará sustentado en sus valores occidentales, que serán una referencia solida en el mundo actual, a pesar de sus elevadas cotas de volatilidad e impredecibilidad.

Referencias

(1) Olier, Eduardo (2016), “Los Ejes del Poder Económico” Edit. Pearson

(2) www.transparency.org/cpi2014.

(3) www.Globalfirepower.com/countries-listing.asp.

(4) Olier, Eduardo (2018) “Guerra Económica Global” Edit. Tirant lo blanch

(5) Olier, Eduardo (2016), “Los Ejes del Poder Económico” Edit. Pearson

(6)  Dosier “El impacto de la Covid 19 en la desigualdad en España” (2021). www.inequality-tracker.caixabankresearch.com

(7) Piketty, Thomas (2014), “El capital en el Siglo XXI”, Fondo de Cultura Económica.

José Lorenzo Jiménez Bastida. General de División del Cuerpo de Intendencia EA, r

 Doctor en Ciencias Económicas (Análisis Económico Internacional)

   Asociación Española de Militares Escritores

https://www.diariocritico.com/opinion/aeme/economia-y-desigualdades-sociales-en-el-mediterraneo

https://lacritica.eu/noticia/2357/aeme/21-la-seguridad-en-el-mediterraneo/economia-y-desigualdades-sociales-en-el-mediterraneo.html

Retos a la seguridad en el Mediterráneo

General de División (R) Ricardo Martínez Isidoro de la Asociación Española de Militares Escritores.

En el Mediterráneo coinciden, desde el fin de la Guerra Fría, múltiples factores que hacen de esta región del Mundo un crisol de retos permanentes a la Seguridad.

Su pertenencia a tres mundos diferentes, en una zona donde se intersectan conflictos regionales seculares, donde se produce la resonancia de los últimos vestigios de la bipolaridad mundial, ahora renovados por el deseo de recuperación de la Gran Rusia, donde se manifiesta la realidad de la diferencia de potencial entre el Norte y el Sur, coinciden también los vestigios del enfrentamiento entre las tres religiones de Abraham, ahora potenciado por el acceso de actividades violentas, ya sean conflictos abiertos o terrorismo transnacional; además los enfrentamientos bilaterales, que debilitan a la OTAN, los retos que suponen la extensión de las aguas territoriales, en búsqueda del ansiado dominio de las materias primas fundamentales ,etc, a los que España no es ajena por su vinculación estratégica a una de las llaves del Mediterráneo, Gibraltar, y por su vocación africana.

En cualquier caso, el escenario mediterráneo no es lineal, no se puede atribuir, y mucho menos exigir, jerarquía alguna a ninguna instancia concreta, así como tampoco los conflictos quedan atenuados en la inmensidad de otros océanos, como sucede en el Atlántico e Indopacífico; sin embargo los acontecimientos que allí se producen tienen una repercusión mundial, casi instantánea, y no solo por el efecto de la globalización, sino porque son asuntos próximos y vitales para los países ribereños.

Tampoco existe un fin común entre aquellos que pueblan la cuenca, como no sea el deseo de paz y progreso, y en varios casos el de supervivencia de ciertos regímenes, que marcan una cierta autarquía, en general, hacia la ausencia de un principio unificador.

Las corrientes N-S, y viceversa, son prácticamente bilaterales y es precisamente en ese ámbito, y en el S-S, donde se producen la mayoría de las conflictividades. El enfrentamiento político Rusia-OTAN es patente y puede materializarse de forma inopinada, merced a las políticas de vigilancia mutua con medios militares cercanos, aunque ya sea un hecho el conflicto en el ciberespacio, que ha fomentado la organización de estructuras ad hoc de defensa y ataque.

No existen instituciones regionales que representen a todos los países, solo parcialmente, prácticamente persisten iniciativas tipo conferencia que a su vez subsisten lánguidamente, con la excepción, limitada quizás, de la OSCE, ya organización, ante un mundo, en el Sur, menos organizado, que en este siglo alcanzará los mil millones de habitantes.

Existen por tanto tres mundos diferentes, con características distintas de geografía, religión y concepciones políticas, que dan lugar a retos a la seguridad de carácter demográfico, político, estratégico, militar y cultural, y que hacen de esta cuenca un cruce de caminos de conflictividad latente.

El reto demográfico, tan analizado y poco solucionado en los últimos 40 años, ha explosionado a las puertas de la ribera norte, sin que se atisbe una solución futura admisible; el envejecimiento de Europa y el diferencial económico, y juventud, del Sur, deberían complementarse, pero se asiste a una ausencia de soluciones comunes, siendo esto un fracaso en la evolución del espíritu europeo.

Un reto económico, magnificado por las implicaciones de la actual pandemia, y sus secuelas, por el subdesarrollo y la mala repartición de las riquezas del Sur, en donde no terminan de ser suficientes los mercados inter árabes para la absorción de su impulso vital; la inestabilidad de ciertos regímenes, incluso después de las “primaveras árabes”, de graves implicaciones para Libia y Siria, es también patente, impidiendo que la política deje paso a la economía.

La “nueva hostilidad OTAN RUSIA”, con la pérdida del poder catalizador de la propia UE al respecto, es un desafío permanente a iniciativas más pacificadoras que debían haber ganado terreno en dirección a la democracia plena de la Federación Rusa, sin los temores del Este a lo que esto pueda significar.

La irrupción del poder militar, y diplomático, de Rusia en el conflicto ancestral entre Irán y Arabia Saudita, eminentemente religioso, ha sin duda tenido algún éxito en términos concretos, pero ha supuesto la polarización de Oriente Medio en términos prácticamente de Guerra Fría, con las implicaciones que supone para el Mediterráneo, cuyo acceso desde el Mar Negro se ha convertido, de nuevo, en una zona de litigio, ya de por sí complicada por la anexión unilateral de Crimea y los acontecimientos de Donbass. Se puede admitir que Rusia se ha instalado cómodamente en Siria, si no lo estaba ya, demostrando una eficacia militar desconocida, fruto de las reformas castrenses de Putin.

La aproximación de Irán a la Media Luna Fértil, a las puertas de Israel, por Líbano y Siria, y los apoyos tradicionales a Hesbollah, Gaza y Cisjordania, junto con su potencialidad nuclear, no pueden más que terminar de perfilar un reto de tipo militar más que evidente; es positivo, y significativo, que el alivio que se produce con el reconocimiento de algún país del Golfo Pérsico al Estado de Israel precisará de nuevos esfuerzos en países más reticentes.

Los “chispazos” habituales entre Grecia y Turquía, por cuestiones territoriales relacionadas con materias primas, esta vez, no por ser un fijo producen menos desasosiego a los ribereños, y al Secretario General de la OTAN, que tendrá que utilizar sus buenos oficios; la deriva islámica de Turquía y sus operaciones en Libia y norte de Siria preocuparán probablemente más.

El terrorismo cuyo origen está en el yihadismo radical ha venido a reemplazar a los terrorismos de origen ideológico y étnico en el Mediterráneo, provocando conflictividad extrema en las aglomeraciones de población de la ribera norte de la cuenca, una vez liberadas las zonas territoriales del Estado Islámico en Irak y Siria.

El reto que significa un frente común contra este tipo de terrorismo, precursor en los años ochenta, supone una imbricación extrema entre las dos riberas mediterráneas, para combatirlo, pero también para acordar medidas de todo tipo al respecto, en una Unión Europea cada vez más disimétrica en lo político y en lo judicial.

Un reto estratégico sin duda, pues sus tres puntos de entrada y salida, Gibraltar, los Dardanelos y Suez, siempre han sido objeto de litigio y controversia, cuando no de alguna guerra; en el caso de Gibraltar, siempre reivindicado por España, para que entre otras cuestiones se cumpla la resolución de la ONU sobre descolonización de la Roca, y considerando el entorno, es perceptible que se están dando pasos, desde el Sur, para un aumento de la tensión, S-N y S-S, modificando condiciones previas de disuasión, pretendiendo extender las aguas marroquíes hacia las Islas Canarias, y las argelinas hacia la Baleares, a parte de una presión de la migración en condiciones inaceptables. Como acompañamiento, se produce una política exterior de hechos consumados, por parte de EEUU y Gran Bretaña, en dirección al reconocimiento de la soberanía del antiguo Sahara Español por parte de Marruecos, aspecto que no solamente puede ser ilegal, en el ámbito del derecho internacional, sino que creará tensiones con Argelia, aliado comercial de España de primer orden. Finalmente, un reto cultural, de concepción de vida, del Sur, donde avanza el integrismo, frente al modernismo de la ribera norte, que no ha conseguido, a pesar del “big data, los ordenadores cuánticos, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, etc, resolver el problema humano del Sur, que se expresa con toda su intensidad.

Implicaciones para España de la seguridad en el Mediterráneo

AEME comienza este año la serie de Ciclos dedicados a la Seguridad y Defensa con el Ciclo 7/21 dedicado a la Seguridad en el Mediterráneo 
El Mare Nostrum, en  términos de seguridad, se caracteriza por ser una región donde los conflictos presentan una dimensión multidireccional, la línea de fractura más evidente es la norte-sur, en la que coexisten unos países con un notable aislamiento internacional, otros con guerras o conflictos civiles junto a algunos más que se pueden considerar como países “fallidos”.
En la Directiva de Política de Defensa 2020, del pasado mes de agosto se señala al Mediterráneo como una región de especial interés para España, donde la estabilidad continúa amenazada por los desafíos del terrorismo, la criminalidad y la debilidad de algunos estados.
El siguiente es el articulo sexto  del Ciclo 1/21

AUTOR: Dr. Rafael Vidal Delgado, Coronel de Artillería, DEM

Nuestra rica lengua española diferencia dos formas de entender la “implicación”, siendo una de ellas la de implicarse sobre algo y para la presente reflexión, se traduciría como la aportación de España para reforzar la seguridad en el Mediterráneo, siendo la otra la forma, lo que afecta a nuestro país el grado de seguridad existente en el Mediterráneo, es decir, en el primer caso es acción y la segunda repercusión.

Históricamente, España ha tenido una vocación mediterránea, iniciada por la Corona de Aragón entre los siglos XIII y XV y continuada durante y tras el reinado de los Reyes Católicos, llegando a dominarse toda la parte occidental del Mare Nostrum. La dinastía de los Austrias volcó su esfuerzo geopolítico en el centro de Europa, sin llegar a desatender su flanco sur. La decadencia española se manifiesta a finales del siglo XVIII, culminándose con la venta del Oranesado, por Carlos IV al bey de Argel, olvidándose en el tratado la isla de Limacos, por lo cual se encuentra bajo la soberanía de España, con igual repercusión que la isla Perejil.

Vázquez de Mella (1861-1928), clamaba por la necesidad de que nuestro país se implicara más en la seguridad en el Mediterráneo, exponiendo que Dios nos había dado las llaves del mar latino, refiriéndose al estrecho de Gibraltar.

El siglo XX, al menos hasta la entrada de España en la OTAN, su implicación en la seguridad en el Mediterráneo, fue más bien de carácter pasivo, porque durante el período de 1939 a 1975, aparte de intentar “llevarse bien” con los “amigos del sur”, todo se basaba en proporcionar apoyo a los Estados Unidos en su política mediterránea (a partir de 1953).

Tras la entrada de España en la Alianza Atlántica, propiciada por el gobierno de UCD, ante la desconfianza de PSOE, que ganaría las elecciones generales en 1982. Felipe González llevó este tema a referéndum, aprobándose la integración por el 52%, aunque sin pertenecer a la estructura militar. En los primeros años se firmaron seis acuerdos de coordinación, entre ellos el “Charlie”, de control del estrecho de Gibraltar y sus accesos, implicándose en el mismo los tres ejércitos, el de Tierra con una estructura permanente, el Mando de Artillería de Costa del Estrecho, en el que el autor permaneció de capitán, comandante y teniente coronel, en este último empleo, como Jefe de Estado Mayor, dependiente operacionalmente del almirante de la Flota (ALFLOT), organizándose periódicamente ejercicios y maniobras, como “Tapón”, “Cerrojo”, “Activex”, etc. La misión pretendida era el “dominio” del Estrecho y sus accesos, tomando como referencias cabo San Vicente y cabo de Gata, es decir la seguridad abarcaba exclusivamente el Mediterráneo occidental.

La voluntad de esta implicación de España quedó reflejada en las sucesivas directivas de defensa nacional y otros documentos.

Actualmente esa necesidad de colaborar a la seguridad del Mediterráneo, es uno de los pilares, del ministerio de Asuntos Exteriores:

El Mediterráneo sigue siendo una de las prioridades de la política exterior española y las relaciones con los países mediterráneos y con la región en su conjunto un desafío mayor. Su estabilidad y prosperidad inciden en nuestra estabilidad y prosperidad y en la estabilidad y prosperidad de la UE. No tenemos únicamente una relación de vecindad sino más bien una relación de interdependencia que en muchos aspectos es muy evidente.

En el proyecto de Acción Exterior para 2021-2014, al analizar el cuadro regional del Magreb y Oriente Medio, expresa:

La prioridad para la acción exterior española es promover un espacio de estabilidad y prosperidad compartidas. El diálogo político y la cooperación operativa permite hacer frente a amenazas como el terrorismo o el crimen organizado. Mediante el refuerzo de los vínculos económicos y comerciales, y con especial atención a las relaciones energéticas, donde debemos profundizar en el vínculo entre política energética y diplomacia climática, podremos garantizar el desarrollo de toda la región.

Se visibiliza el concepto de “compartidas”, porque en el Mediterráneo, todos los países tienen que buscar ¿cuáles son los retos que comparten con los demás países?, y analizándolos a través de los diferentes instrumentos, como la política de vecindad de la UE, la iniciativa 5+5, la Unión por el Mediterráneo y otros de nivel gubernamental, conjuntamente con órganos que propician el conocimiento de las sociedades civiles del Mediterráneo, con el objetivo de GANAR LA PAZ, como preconiza el Foro para la Paz en el Mediterráneo. Pues bien, tras destacar esos retos compartidos, se debe profundizar, alcanzando entre todos una “Seguridad Compartida”, que consiste que los países de un espacio determinado que comparten unos intereses comunes y que abarcan todos los sectores de convivencia de los habitantes y pueblos de la zona, manteniendo cada uno su propia cultura y civilización. Todos se comprometen a “compartir” también el esfuerzo que supone reducir cualquier amenaza, bien sea al conjunto o a uno de sus miembros[1].

La Directiva de Defensa Nacional 2020, firmada el 11 de junio por el Presidente del Gobierno, fija como espacios de interés, entre otros, el Mediterráneo.

La política exterior española ha sido bastante activa en los últimos cincuenta años, teniendo como éxitos la Conferencia de Barcelona, la Asociación Euromediterránea y la Unión por el Mediterráneo, aunque estas herramientas no se han mostrado lo efectivas que se pretendía, aunque España debe seguir liderando todas estas manifestaciones, englobando no solo a la cuenca mediterránea, sino también a los países del Sahel.

Nuestro país ocupa una posición privilegiada en el Mediterráneo, por lo que su implicación en la seguridad del mismo debe basarse en el diálogo constante con todas las partes, intentando buscar lo que une a los pueblos, porque existe una cultura mediterránea, minimizando lo que nos separa y tras este diálogo un proceso de “cooperación”, en todas las facetas: económica, social, cultural, etc., de tal forma que la Unión Europea debe concienciarse que su principal amenaza no radica en el este, sino en el sur y para erradicarla, debe volcar su esfuerzo en incrementar social y económicamente a la orilla africana, de tal forma que pueda llegar a ser “una fábrica para Europa”. La elevación del nivel de vida minimizará los radicalismos violentos y, si no se consigue que el terrorismo yihadista, la inmigración indeseada y el narcotráfico, las tres lacras que nos azotan, queden erradicadas en gran parte, nos espera para España y la Unión Europea, muchos años de sufrimiento, como decía Alpha Oumar Konaré, presidente de la Unión Africana a principios del siglo XXI, en su visita a España, no habría mar ni muro que pueda impedir que millones de africanos hambrientos caigan sobre Europa. Como segunda acepción de “implicación”, cabe reseñar que una inseguridad en el Mediterráneo, acarrea un coste económico, social, cultural y de convivencia, casi inasumible. La principal industria española es el turismo y no hay nada peor que una amenaza latente contra nuestros intereses, bien por ataques terroristas o por la trata de personas que desembarcan, a través de mafias en nuestras costas, delante precisamente del ocio turístico que queremos vender al mundo.


[1] VIDAL DELGADO, Rafael. España y la seguridad compartida para el Mediterráneo (Análisis jurídico y conceptual”. IX Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación. Málaga, 2015. Pag. 80.

RETOS A LA SEGURIDAD EN EL MEDITERRANEO.

Por Ricardo Martínez Isidoro, General de División (R), de la AEME (Asociación Española de Militares Escritores)

En el Mediterráneo coinciden, desde el fin de la Guerra Fría, múltiples factores que hacen de esta región del Mundo un crisol de retos permanentes a la Seguridad.

Su pertenencia a tres mundos diferentes, en una zona donde se intersectan conflictos regionales seculares, donde se produce la resonancia de los últimos vestigios de la bipolaridad mundial, ahora renovados por el deseo de recuperación de la Gran Rusia, donde se manifiesta la realidad de la diferencia de potencial entre el Norte y el Sur, coinciden también los vestigios del enfrentamiento entre las tres religiones de Abraham, ahora potenciado por el acceso de actividades violentas, ya sean conflictos abiertos o terrorismo transnacional; además los enfrentamientos bilaterales, que debilitan a la OTAN, los retos que suponen la extensión de las aguas territoriales, en búsqueda del ansiado dominio de las materias primas fundamentales ,etc, a los que España no es ajena por su vinculación estratégica a una de las llaves del Mediterráneo, Gibraltar, y por su vocación africana.

En cualquier caso, el escenario mediterráneo no es lineal, no se puede atribuir, y mucho menos exigir, jerarquía alguna a ninguna instancia concreta, así como tampoco los
conflictos quedan atenuados en la inmensidad de otros océanos, como sucede en el Atlántico e Indopacífico; sin embargo los acontecimientos que allí se producen tienen una repercusión mundial, casi instantánea, y no solo por el efecto de la globalización, sino porque son asuntos próximos y vitales para los países ribereños.

Tampoco existe un fin común entre aquellos que pueblan la cuenca, como no sea el deseo de paz y progreso, y en varios casos el de supervivencia de ciertos regímenes, que marcan una cierta autarquía, en general, hacia la ausencia de un principio unificador.

Las corrientes N-S, y viceversa, son prácticamente bilaterales y es precisamente en ese ámbito, y en el S-S, donde se producen la mayoría de las conflictividades. El enfrentamiento político Rusia-OTAN es patente y puede materializarse de forma inopinada, merced a las políticas de vigilancia mutua con medios militares cercanos, aunque ya sea un hecho el conflicto en el ciberespacio, que ha fomentado la organización de estructuras ad hoc de defensa y ataque.

No existen instituciones regionales que representen a todos los países, solo parcialmente, practicamente persisten iniciativas tipo conferencia que a su vez subsisten lánguidamente, con la excepción, limitada quizás, de la OSCE, ya organización, ante un mundo, en el Sur, menos organizado, que en este siglo alcanzará los mil millones de habitantes.

Existen por tanto tres mundos diferentes, con características distintas de geografía, religión y concepciones políticas, que dan lugar a retos a la seguridad de carácter demográfico, político, estratégico, militar y cultural, y que hacen de esta cuenca un cruce de caminos de conflictividad latente.

El reto demográfico, tan analizado y poco solucionado en los últimos 40 años, ha explosionado a las puertas de la ribera norte, sin que se atisbe una solución futura admisible; el envejecimiento de Europa y el diferencial económico, y juventud, del Sur, deberían complementarse, pero se asiste a una ausencia de soluciones comunes, siendo esto un fracaso en la evolución del espíritu europeo.

Un reto económico, magnificado por las implicaciones de la actual pandemia, y sus secuelas, por el subdesarrollo y la mala repartición de las riquezas del Sur, en donde no terminan de ser suficientes los mercados inter árabes para la absorción de su impulso vital; la inestabilidad de ciertos regímenes, incluso después de las “primaveras árabes”, de graves implicaciones para Libia y Siria, es también patente, impidiendo que la política deje paso a la economía.

La “nueva hostilidad OTAN RUSIA”, con la pérdida del poder catalizador de la propia UE al respecto, es un desafío permanente a iniciativas más pacificadoras que debían haber ganado terreno en dirección a la democracia plena de la Federación Rusa, sin los temores del Este a lo que esto pueda significar.

La irrupción del poder militar, y diplomático, de Rusia en el conflicto ancestral entre Irán y Arabia Saudita, eminentemente religioso, ha sin duda tenido algún éxito en términos concretos, pero ha supuesto la polarización de Oriente Medio en términos prácticamente de Guerra Fría, con las implicaciones que supone para el Mediterráneo, cuyo acceso desde el Mar Negro se ha convertido, de nuevo, en una zona de litigio, ya de por sí complicada por la anexión unilateral de Crimea y los acontecimientos de Donbass. Se puede admitir que Rusia se ha instalado cómodamente en Siria, si no lo estaba ya, demostrando una eficacia militar desconocida, fruto de las reformas castrenses de Putin.

La aproximación de Irán a la Media Luna Fértil, a las puertas de Israel, por Líbano y Siria, y los apoyos tradicionales a Hesbollah, Gaza y Cisjordania, junto con su potencialidad nuclear, no pueden más que terminar de perfilar un reto de tipo militar más que evidente; es positivo, y significativo, que el alivio que se produce con el reconocimiento de algún país del Golfo Pérsico al Estado de Israel precisará de nuevos esfuerzos en países más reticentes.

Los “chispazos” habituales entre Grecia y Turquía, por cuestiones territoriales relacionadas con materias primas, esta vez, no por ser un fijo producen menos desasosiego a los ribereños, y al Secretario General de la OTAN, que tendrá que utilizar sus buenos oficios; la deriva islámica de Turquía y sus operaciones en Libia y norte de Siria preocuparán probablemente más.

El terrorismo cuyo origen está en el yihadismo radical ha venido a reemplazar a los terrorismos de origen ideológico y étnico en el Mediterráneo, provocando conflictividad extrema en las aglomeraciones de población de la ribera norte de la cuenca, una vez liberadas las zonas territoriales del Estado Islámico en Irak y Siria.

El reto que significa un frente común contra este tipo de terrorismo, precursor en los años ochenta, supone una imbricación extrema entre las dos riberas mediterráneas, para combatirlo, pero también para acordar medidas de todo tipo al respecto, en una Unión Europea cada vez más disimétrica en lo político y en lo judicial.

Un reto estratégico sin duda, pues sus tres puntos de entrada y salida, Gibraltar, los Dardanelos y Suez, siempre han sido objeto de litigio y controversia, cuando no de alguna guerra; en el caso de Gibraltar, siempre reivindicado por España, para que entre otras cuestiones se cumpla la resolución de la ONU sobre descolonización de la Roca, y considerando el entorno, es perceptible que se están dando pasos, desde el Sur, para un aumento de la tensión, S-N y S-S, modificando condiciones previas de disuasión, pretendiendo extender las aguas marroquíes hacia las Islas Canarias, y las argelinas hacia la Baleares, a parte de una presión de la migración en condiciones inaceptables. Como acompañamiento, se produce una política exterior de hechos consumados, por parte de EEUU y Gran Bretaña, en dirección al reconocimiento de la soberanía del antiguo Sahara Español por parte de Marruecos, aspecto que no solamente puede ser ilegal, en el ámbito del derecho internacional, sino que creará tensiones con Argelia, aliado comercial de España de primer orden.

Finalmente, un reto cultural, de concepción de vida, del Sur, donde avanza el integrismo, frente al modernismo de la ribera norte, que no ha conseguido, a pesar del “big data, los ordenadores cuánticos, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, etc, resolver el problema humano del Sur, que se expresa con toda su intensidad.

El papel de la Unión Europea AEME/21 LA SEGURIDAD EN EL MEDITERRÁNEO (2)

El mar Mediterráneo es considerado el vínculo que une los países cuyas costas se bañan en sus templadas aguas. Sin embargo, esa realidad se ve confrontada por la diversidad cultural, religiosa, económica y social entre las naciones situadas en las orillas del Mediterráneo. Esa diversidad es especialmente notable entre los países al norte del Mare Nostrum y los que están al sur y este de dicho mar, (…)

A modo de presentación

… rodeado por tres continentes: África, Asia y Europa. De los 20 estados soberanos ribereños, ocho pertenecen a la Unión Europea. Además, las aguas del Mediterráneo rodean varias islas que pertenecen a esos países. Además, muchos expertos consideran dentro del marco estratégico mediterráneo la región del Sahel en el sur y la vecina al Golfo Pérsico en el este. También es importante resaltar que al noreste del Mediterráneo hay estados que no son miembros de la Unión Europea. La mayoría de ellos se vieron muy afectados por los conflictos que se tuvieron lugar entre 1991 y 2001 en el territorio de la antigua Yugoslavia. Sucesivamente se desarrollaron dos guerras fratricidas que afectaron a las seis repúblicas que conformaban la República Federativa Socialista de Yugoslavia. Conocidas como guerras de la antigua Yugoslavia o guerra de los Balcanes no pueden olvidarse sus graves consecuencias y la inestabilidad remanente que afecta a la zona.

Sin incluir el mar Negro, el Mediterráneo abarca un área, de aproximadamente2,5 millones de km2 y tiene una longitud máxima de unos 3.860-3.900 kilómetros. Su anchura máxima es de 1.600 kilómetros y la distancia más corta entre Europa y África es de sólo 14 kilómetros en el estrecho de Gibraltar. La extensión del área mediterránea, incluso si se incluyen territorios adyacentes, es relativamente pequeña comparada con otras áreas estratégicas. Sin embargo, la diversidad humana, política, social y económica hacen que la zona se enfrente a múltiples y variadas amenazas.

Reconociendo la complejidad del proceso que originó el estallido de la “primavera árabe” a partir de finales del año 2010, sus inicios fueron profundamente alentadores y democráticos. Las revueltas tuvieron su origen en la frustración de la población ante la actuación de los regímenes autoritarios, de diverso signo, que han gobernado los países árabes desde su independencia. Cuando han pasado más de diez años de aquellos acontecimientos, existe la percepción de que en los países árabes sigue existiendo una frustración profunda causada por la corrupción, la presión demográfica, la ausencia de reformas y el deterioro del modelo económico y social. Por todo ello, es generalmente admitido que las movilizaciones volverán cuando se levanten las restricciones sanitarias existentes.

Desequilibrios y operaciones en el Mediterráneo

Como se ha mencionado, existen numerosos factores que afectan a la seguridad en el área mediterránea. Sin embargo, los expertos destacan como fuente de inestabilidad las notables diferencias existentes en el desarrollo económico de los países mediterráneos pertenecientes a la UE y aquellos que no lo son. El desequilibrio se puede apreciar fácilmente comparando el PIB (Producto Interior Bruto) per cápita[1]de Italia y Marruecos. Según datos macro de Expansión, el PIB per cápita de Italia el año 2019 fue de 29.660 Euros y el de Marruecos de 2.932 Euros. Estas cifras ayudan a entender en parte el flujo migratorio desde los países del Magreb y otros de la zona hacia la UE. Esa corriente migratoria en la mayoría de los casos es ilegal y está manejada por mafias que se aprovechan de la demanda existente para trasladarse a la UE. Ese tráfico ilegal ha sido y es la causa de graves tensiones en la zona. Como consecuencia de los naufragios de migrantes libios hace 6 años, se lanzó la Fuerza Naval de la UE en el Mediterráneo, (EUNAVFORMED) por decisión 2015/1778 del Consejo de la UE de 18 de mayo. Conocida como operación Sofia se puso en marcha el 22 de junio del mismo año y su cuartel general estuvo situado en Roma. El mandato para la operación finalizó el 31 de marzo de 2020. Su sucesora es la operación IRINI cuyo objetivo principal es aplicar el embargo de armas frente a la costa de Libia de conformidad con la Resolución 2292 (2016) del Consejo de Seguridad (CSNU). Además, IRINI contribuye a la desarticulación del modelo de negocio de las redes de tráfico ilícito y trata de personas mediante la recopilación de información y patrullas aéreas.

La Unión Europea como factor de estabilidad

La UE ha sido y es un factor esencial para la estabilidad y seguridad en el Mediterráneo, siendo su aportación principal diversos acuerdos y sus políticas específicas de colaboración. La Estrategia Global de la UE busca convertir la visión hacia esa y otras áreas en una acción común. El 17 de octubre de 2016, los ministros de Exteriores de la UE decidieron las prioridades estratégicas más importantes para la aplicación de la Estrategia Global de la UE[2]. Estas prioridades son la seguridad y la defensa, la creación de resiliencia estatal y social, el enfoque integrado de los conflictos y las crisis, el fortalecimiento de los órganos regionales cooperativos y una gobernanza mundial basada en normas. Para alcanzar esas prioridades, la Unión dispone de varios instrumentos entre los que se encuentran los Acuerdos de Asociación (AA) que son tratados entre la UE, sus Estados miembros y un país no miembro de la Unión. Su base legal está en el artículo 217 del Tratado de Funcionamiento de la Unión (TFUE). La UE tiene AA con: Albania (2009), Argelia (2005), Bosnia-Herzegovina (2015), Egipto (2004), Israel (2000), Jordania (2002), Líbano (2006), Montenegro (2010), Marruecos (2000), Macedonia del Norte (2004), Siria (1978 aunque los programas de cooperación fueron suspendidos en el año 2011), Túnez (1998), Turquía (1964 y en el marco para una Unión Aduanera en1995).

Por su parte, la Política Europea de Vecindad (PEV) pretende vincular los países de la Unión con Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Libia, Marruecos, Palestina, Siria Túnez. También existe una PEV con algunos países del este de Europa. La UE ofrece asistencia financiera a los países PEV siempre que cumplan con las condiciones de reforma gubernamental y económica, así como de transformación positiva. El proceso se basa en un Plan de Acción acordado tanto por Bruselas como por el país de destino.

Para finalizar, es preciso mencionar el Proceso de Barcelona o asociación euro- mediterránea que fue un proyecto de cooperación regional propuesto por el gobierno de España en la cumbre euro-mediterránea celebrada en Barcelona los días 27/28 noviembre de 1995. En ese marco se presentaron diversas posibles políticas relacionadas con el desarrollo económico, la lucha antiterrorista, así como la promoción de la democracia y los derechos humanos. Para reforzar y dar un nuevo empuje al Proceso de Barcelona, se propuso crear la Unión por el Mediterráneo (UpM) basada en la construcción de una asociación entre Europa y los países del contorno mediterráneo. El Consejo Europeo de los días 13/14 de marzo de 2008 retomó dicha iniciativa y la rebautizó Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo. La iniciativa recibió su espaldarazo durante la Cumbre de París para el Mediterráneo celebrada el 13 de julio de 2008. La Declaración tras la Cumbre fue suscrita por los jefes de Estado y de Gobierno de 43 países que representaban a más de 756 millones de ciudadanos.

La UE tiene el desafío de desarrollar y aplicar una política eficaz que, pese a las limitaciones existentes, logre asegurar o al menos mejorar la seguridad y la estabilidad en el Mediterráneo.

Madrid, 10 de febrero de 2021

Federico Yaniz Velasco

General del EA (R).

Exdirector adjunto del EMI

[1] Indicador económico que mide la relación existente entre el nivel de renta de un país y su población. Se usa habitualmente para medir la riqueza de un país,

[2] Ver Conclusiones https://data.consilium.europa.eu/doc/document/ST-13202-2016-INIT/es/pdf

Fuentes:

https://lacritica.eu/noticia/2288/aeme/21-la-seguridad-en-el-mediterraneo/el-papel-de-la-union-europea.html