Las numerosas minorías religiosas que pueblan Oriente Próximo viven amenazadas por el sectarismo de grupos extremistas y gobiernos autoritarios.

LUIS ESTEBAN G. MANRIQUE |  31 de marzo de 2021

Tras el golpe de Estado de 2013 en Egipto, turbas de islamistas prendieron fuego a 46 iglesias y monasterios y decenas de librerías, comercios, colegios y centros sociales coptos, en el mayor pogromo sufrido por la Iglesia copta desde el siglo XIV. En 1927, el 8,3% de la población egipcia era copta, cifra que había bajado al 5,9% en 1986 y al 5,5% en 2000.

Entre 2014 y 2017, en la provincia iraquí de Nínive, las milicias de Dáesh destruyeron 363 iglesias. Entre 2004 y 2013 fueron incendiadas 44 en Bagdad, 19 en Mosul, ocho en Kirkuk y una en Ramadi. En las casas de cristianos, los insurgentes iraquíes pintaban la letra árabe N –nun, por nazareno– para conminarlos a convertirse al islam, pagar un diezmo –jizya– o abandonarlas. La mayoría lo hizo. Hasta los años noventa, Bartela, una aldea de las planicies de Nínive, era mayoritariamente cristiana. Hoy menos de 3.000 de sus 30.000 habitantes son cristianos

Diálogo ecuménico

En noviembre de 2002, el papa Juan Pablo II envió emisarios a Washington para advertir a George W. Bush de que la invasión de Irak desataría el extremismo y la violencia y la persecución de los cristianos. No sirvió de nada. El papa Francisco ha querido ayudar a cicatrizar esas heridas. En 2019, en Abu Dabi, en la primera visita de un pontífice romano a la península Arábiga, firmó con Ahmad al Tayeb, gran imán de la mezquita cairota de Al Azhar, un documento sobre la “fraternidad humana”.

En Irak, Francisco ha encontrado en el ayatolá Alí al Sistani, la figura más prestigiosa del islam chií, el mejor interlocutor posible. La escuela chií de Nayaf se opone al poder político de los clérigos. En 2005, Sistani, que defiende que los cristianos son ciudadanos con plenos derechos constitucionales, recordó a sus fieles que votar era un deber religioso. Su fetua de 2014 contra Dáesh fue imprescindible para su derrota. El año pasado, el gobierno de Bagdad declaró la Navidad día de fiesta nacional.

Va a ser difícil, sin embargo, evitar que la vida de esas comunidades no vaya a girar en torno a sus diásporas. Hoy hay más cristianos siriacos viviendo fuera de su país de origen que en él. Según Acnur, solo en Suecia viven 50.000. El patriarca de la Iglesia caldeo-asiria, Mar Dinkha IV, terminó sus días en Minnesota. Hay más personas que hablan arameo en Detroit que en Bagdad.

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