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La estrategia y la táctica de Putin, por Josep Piqué en Política Exterior

Con su decisión de invadir Ucrania, Putin ha echado por tierra una estrategia de décadas, cometiendo además errores tácticos de primera magnitud. Al final, está mostrando ser un mal estratega y un peor táctico.JOSEP PIQUÉ |  10 de marzo de 2022

Hace pocos días, mi admirada colega Ana Palacio decía en una entrevista que Vladímir Putin era un buen estratega y un mejor táctico. Probablemente, eso es lo que pensábamos muchos hasta hace poco.

Desde un punto de vista estratégico, Putin explicó con claridad su planteamiento en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007, hace casi 15 años. Quien suscribe tuvo ocasión de escuchárselo personalmente en el lejano 2002. Su objetivo era la recuperación de la autoestima del pueblo ruso después de la derrota en la guerra fría y el colapso por implosión de la Unión Soviética, expresión del secular sueño imperial que la emperatriz Catalina resumió en su famosa frase, según la cual la mejor manera de defender las fronteras de Rusia era expandiéndolas.

Para ello, resultaba fundamental recuperar su área de influencia para garantizar un perímetro de seguridad que alejara cualquier riesgo para Moscú o San Petersburgo. Los instrumentos a utilizar serían la energía y, si fuera necesario, la fuerza militar.

Obviamente, ello presuponía la no aceptación del orden mundial implantado por Occidente después de la caída del muro de Berlín. Rusia no lo asumía como propio porque consideraba que le perjudicaba y, en consecuencia, a partir de entonces solo seguiría los requerimientos derivados del interés nacional de Rusia, interpretado desde una perspectiva historicista y nacionalista.

Churchill ya advirtió de que, si Rusia era un acertijo rodeado de un enigma y envuelto en un misterio, la clave para interpretarla era exclusivamente su interés nacional. Y la estrategia seguida por Putin ha sido enormemente coherente en ese sentido.

Primero, se centró en aplastar movimientos secesionistas internos después del fiasco en la primera guerra de Chechenia. En la segunda, Putin utilizó masiva y cruelmente la fuerza militar, arrasando Grozni y aplastando toda resistencia. Luego, en paralelo al afianzamiento de su poder cada vez más absoluto y autocrático, ha impedido el acercamiento de antiguas repúblicas soviéticas a Occidente con la fuerza de las armas. El apoyo a los secesionistas de Transnistria en Moldavia fue un precoz y primer ejemplo. Lo hizo también en Georgia en 2008, ocupando Osetia del Sur y Abjasia, y apoyando a Armenia en su conflicto con Azerbaiyán por el Nagorko Karabaj, ampliando su influencia sobre el Cáucaso exsoviético. Le siguió Ucrania en 2014 con la anexión ilegal de Crimea y la integración de facto de las zonas secesionistas de Donetsk y Lugansk, en el Donbás. En 2020, apoyó a Aleksandr Lukashenko en Bielorrusia a cambio de su supeditación a los intereses rusos. Moscú ha intervenido también en Asia central; el episodio más reciente, a principios de este año, ha sido la intervención militar para sostener al régimen kazajo. Finalmente, ha llegado la invasión criminal de Ucrania.

Si consiguiera el objetivo de someter Ucrania, Putin habría recuperado el espacio europeo soviético, con la única excepción de las repúblicas bálticas.

«Churchill ya advirtió de que, si Rusia era un acertijo rodeado de un enigma y envuelto en un misterio, la clave para interpretarla era exclusivamente su interés nacional»

La táctica ha sido doble: el uso desacomplejado de la fuerza militar –también en otros ámbitos como Siria o Libia y ahora el Sahel, directamente o a través de los “mercenarios” de Wagner– y la búsqueda de la vulnerabilidad de Europa y de la Alianza Atlántica, agudizando sus diferentes intereses –en particular en el campo energético– y debilitando internamente a sus Estados miembros, mediante actuaciones desestabilizadoras y el uso creciente de la desinformación.

Hasta ahora, le ha salido relativamente bien. La respuesta occidental a sus acciones ha sido escasa, timorata y no siempre resultado del consenso entre aliados. Y eso le ha animado a dar pasos adicionales, a medida que comprobaba que no se trazaban nítidamente y de forma convincente “líneas rojas”.

Pero todos los grandes estrategas, sobre todo si no están sometidos al control democrático, acaban sobrevalorando su capacidad de acierto y son víctimas de su propia ambición. Como Napoleón cuando decidió invadir Rusia y cavó su propia tumba. Los que se creen infalibles es porque pierden el sentido de la realidad y caen en el primer pecado capital: la soberbia.

Con la agresión a Ucrania, Putin ha echado a perder sus objetivos estratégicos y le ha llevado a cometer errores tácticos clamorosos.

En lo estratégico, veamos los resultados. Su voluntad de construir la “gran Rusia eslava” ha devenido en la consolidación de la identidad nacional ucraniana y, al margen del resultado de la confrontación estrictamente militar, ha enajenado a los ucranianos para siempre. A la menor oportunidad, renovarán su clara apuesta europea y occidental.

En cuanto al objetivo de debilitar a la OTAN y el vínculo atlántico, el efecto ha sido justo el contrario. La Alianza Atlántica ha “recuperado su objeto social”, diluido y cuestionado después del fin de la guerra fría y el colapso de la URSS. En apenas unos días, hemos pasado de su “muerte cerebral” a una vitalidad y una vigencia extraordinarias y que veremos confirmada en la Cumbre de Madrid del próximo junio. Y Estados Unidos, que iba concentrando su atención al Indo-Pacífico, alejándose de su compromiso atlántico, ha reaccionado con contundencia –entre otros motivos, por su temor al expansionismo chino, cuyo primer paso para expulsarles del continente asiático sería Taiwán si ahora Washington mandara señales equívocas–.

«Al margen del resultado militar, Putin se ha enajenado a los ucranianos para siempre. A la menor oportunidad, renovarán su clara apuesta europea y occidental»

Si hablamos de la Unión Europea, claramente “ninguneada” por Putin durante la crisis, la consecuencia es también la opuesta a lo deseado: en lugar de agudizar sus divisiones internas, ha conseguido que Europa entienda que, para subsistir como proyecto político, debe profundizar en una política común exterior, de seguridad y de defensa y, no menos importante, en una política energética común que reduzca sustancialmente la dependencia de Moscú –lo que deja a Rusia en situación de máxima debilidad económica–.

Putin ha conseguido, además, cosas impensables hasta hace muy poco. El cambio histórico de Alemania no es el menor, aceptando el suministro de armas ofensivas a Ucrania, el incremento sustancial del presupuesto de defensa en este año, el compromiso de dedicar el 2% del PIB a dichos presupuestos de cara al futuro, así como un cambio drástico de su política energética para dejar de depender del gas ruso. Pero también ha abierto la posibilidad real de una integración en la Alianza de Suecia y Finlandia. Al mismo tiempo, el sustancial fortalecimiento del despliegue de la OTAN en sus fronteras –con especial atención a Polonia, las repúblicas bálticas y, por ende, el corredor de Suwalki– es justo lo contrario que Putin venía reclamando; es decir, la retirada de facto de la Alianza a sus fronteras previas a la primera ampliación al Este en la década de los noventa. Por si ello fuera poco, Turquía ha abandonado sus “veleidades” –con la adquisición del sistema antiaéreo ruso S-400– y se ha alineado claramente con la OTAN, incluyendo la posibilidad de bloquear el Bósforo, impidiendo la salida al Mediterráneo de la flota rusa del mar Negro.

Finalmente, además de incrementar la dependencia de China, Putin ha perdido totalmente la batalla de la propaganda –el relato– y ha conseguido ser, en palabras del presidente de EEUU, Joe Biden, un auténtico “paria internacional”, concitando un amplísimo rechazo de prácticamente toda la comunidad internacional y tan solo un tímido apoyo sin compromiso de los países que consideraba bajo su influencia. Ni tan siquiera China ha endosado la invasión, mostrando su incomodidad y ambigüedad y ofreciéndose incluso como mediador entre las partes. Es tal el rechazo que, cuando sea posible, el destino de Putin y su entorno inmediato es enfrentarse –si siguen vivos– a la justicia internacional para responder por crímenes de guerra.

Pero más allá del desmoronamiento de su estrategia, los errores tácticos han sido también clamorosos. Baste como ejemplo la infravaloración de la capacidad de resistencia de Ucrania, liderada por el presidente, Volodomir Zelenski, quien ha sabido interpretar a su pueblo incluso a riesgo de su propia vida. El ejército ucraniano está respondiendo de una manera mucho más eficaz que la prevista, tanto por la preparación llevaba a cabo desde 2014 como por el aprovisionamiento de armamento ofensivo que se está produciendo, incluidos aviones de combate, misiles tierra-aire o sistemas anti-tanque. Y con la moral propia de quien sabe que está combatiendo por su país, por su libertad y por su vida. La preparación de Ucrania ha incluido una minuciosa estrategia contra los ciberataques y una capacidad de recepción de información sustancial para conocer de forma anticipada los movimientos del invasor.

«Los ciudadanos rusos van a pasarlo muy mal, y en algún momento reaccionarán contra el responsable de la catástrofe»

Esa subestimación por parte de Putin de la capacidad de resistencia ucraniana ha venido acompañada de una sobrevaloración de sus propias fuerzas armadas. El mediocre balance de la superioridad aérea rusa, los errores logísticos y los déficit de intendencia, así como la deficiente preparación de los planes de invasión, el uso de armamento obsoleto, la intercepción de sus comunicaciones y una moral baja de unas tropas que son de leva y que no saben por qué están luchando son algunas muestras evidentes.

last but not least, Putin ha despreciado la efectividad real de las sanciones, perfectamente coordinadas hasta ahora, aplicadas por Occidente –incluyendo a Suiza, cuya neutralidad se había mantenido incluso con Hitler– para castigar la capacidad de la débil y atrasada economía rusa y su financiación a corto y medio plazo, incluyendo el coste de la guerra y de una eventual ocupación que puede derivar en una auténtica pesadilla. Los ciudadanos rusos van a pasarlo muy mal, y en algún momento reaccionarán contra el responsable de la catástrofe.

Putín está en un auténtico callejón sin salida del que muy difícilmente podrá escapar. Por ello, utiliza la amenaza nuclear. Esperemos que su entorno y los militares se lo impidan y que se suicide solo. Pero eso debe ser objeto de otro análisis y de otros Apuntes.

En definitiva, con su decisión de invadir criminal e ilegalmente Ucrania, Putin ha echado a perder completamente su estrategia desarrollada en dos décadas, cometiendo errores tácticos de primera magnitud.

Al final, ha mostrado ser un mal estratega y un peor táctico.

La estrategia y la táctica de Putin | Política Exterior (politicaexterior.com)

Conferencia sobre el futuro de Europa

Ha sido el realismo histórico el que me ha enseñado a ver que la unidad de Europa como sociedad no es un «ideal», sino un hecho y de muy vieja cotidianidad. Ahora bien: una vez que se ha visto esto, la probabilidad de un Estado general europeo se impone necesariamente. La ocasión que lleve súbitamente a término el proceso puede ser cualquiera: por ejemplo, la coleta de un chino que asome por los Urales o bien una sacudida del gran magma islámico.

Esto escribía nuestro pensador universal, José Ortega Gasset, en 1930, en su «Prólogo para francesa» de su gran obra «La rebelión de las masas»:

https://drive.google.com/file/d/0Bz2QGV3wJPT2OTgxZjAzMTUtYjUxZi00MzU3LWI1YjUtNmY1Mjk2MjU1MDFl/view?hl=es

La Unión Europea no es una democracia, son democráticos los estados que la forman, porque falla en la elección en la propia representación de los individuos que viven en esta confederación de naciones. El poder lo tienen los propios Estados y sus poderes ejecutivos. Para que fuera una democracia, los votantes a través de las elecciones y de los correspondientes partidos políticos «europeos», pueden elegir al presidente de la Comisión Europea, con poder suficiente para hablar en nombre de la Unión Europea, al menos en tres o cuatro sectores de la actividad internacional: política exterior, seguridad y defensa y economía.

La creación de unas fuerzas armadas europeas se impone, no como cesión de unidades por parte de los estados miembros, sino con su propio reclutamiento, sus propios centros de enseñanza castrense y sus propias armas, sin que ello quiera expresar la desaparición de los ejércitos de cada país. El Ejército Europeo, no tiene que ser de gran magnitud, pero desde luego dotado de inmensas capacidades, para ser proyectado en breves horas al lugar del planeta donde los intereses útiles de la UE se encuentren amenazados.

Hay un proceso sobre el futuro de Europa, una reflexión colectiva, desde esta página pretendemos impulsar y hacer visible todo él.

La Unión Europea quiere reforzar su pilar defensivo

MAYO 11, 2021 / ADMIN / SIN COMENTARIOS / EDITAR

La UE reactiva el plan para tener un papel más autónomo y relevante en Defensa

Incide en la estrecha colaboración con la OTAN y EE UU, que saldrán beneficiados al contar «con una Europa más fuerte»

Por Salvador Arroyo. Diario Sur de 11.05.2021.

https://www.diariosur.es/internacional/reactiva-plan-tener-20210511000322-ntvo.html

Hacia una Europa más fuerte y democrática
MANFRED WEBER / DOLORS MONTSERRAT

El Mundo, edición de 5 de mayo de 2021

EUROPA está atravesando una vez más una crisis, la tercera en poco más de una década.

Ante esto, la tarea que venían realizando las instituciones comunitarias de resolver los problemas internos y garantizar la paz ha cambiado.

Hoy en día su tarea principal es garantizar una Europa segura y resistente en un mundo convulso.

Por ello, tenemos que reforzar el papel de la Unión y su capacidad para ser una excelente gestora de crisis. La pandemia del Covid-19 nos ha mostrado dónde tenemos que actuar: los europeos se sintieron decepcionados, comprensiblemente, por la gestión inicial. Cada Estado miembro cerró sus fronteras unilateralmente, los requisitos de viaje y los periodos fijados de cuarentena fueron diferentes y, lo que es más importante, el despliegue de la vacuna está más lento que el de nuestros socios occidentales más cercanos. Durante demasiado tiempo, la UE se ha visto atascada en largos procesos que han llevado a decisiones tardías.

La Conferencia sobre el futuro de Europa que comienza el 9 de mayo debe tener una prioridad absoluta: la UE debe estar en condiciones de actuar con rapidez y de garantizar resultados.

En algunos ámbitos, debería devolver algunas competencias a los Estados miembros. Sin embargo, la acción común es crucial y la Unión necesita mayores poderes ejecutivos para una ejecución y una acción más rápidas.

Fijémonos en Rusia, Turquía y China. Un solo país no puede impedir que Europa actúe en la escena mundial, y eso es lo que ocurre con demasiada frecuencia: debemos ser más eficaces en política exterior, renunciando a la unanimidad y tomando las decisiones por mayoría. También se debería nombrar un ministro de Asuntos Exteriores europeo de pleno derecho, que hable por Europa y que responda ante el Parlamento Europeo.

En la misma línea, Europa debe reforzar sus capacidades de seguridad y defensa y permanecer unida. Necesitamos una ruta clara hacia una Unión Europea de defensa dentro de la OTAN, unas verdaderas fuerzas armadas europeas

con un cuartel general conjunto. No para sustituir a las fuerzas armadas nacionales, sino para combinar nuestras fuerzas y hacer que nos respeten en todo el mundo. En cualquier caso, nuestra capacidad de defensa debe utilizarse siempre para fomentar la paz.

Garantizar la seguridad de los ciudadanos significa también que Europa debe estar preparada para hacer frente a la próxima pandemia y a otras enfermedades graves. Aunque los estados miembros de la UE son los principales responsables de la salud y la atención médica, las pandemias no se detienen en las fronteras.

Deberíamos crear el Instituto Europeo Marie Sklodowska Curie de Investigación de Alto Nivel para reunir a nuestras mejores mentes y atraer a los mejores talentos, de modo que podamos intensificar la lucha contra el cáncer, pero también contra el Alzheimer y contra enfermedades infecciosas como el Covid-19. Europa puede convertirse en el nuevo laboratorio de innovación sanitaria.

La tecnología está impulsando el cambio y remodelando nuestro mundo. Por ello, Europa debe desempeñar un papel destacado en la revolución digital; para lograrlo, la UE necesita las competencias adecuadas para desarrollar un verdadero mercado único digital. Necesitamos una Ley Digital europea con objetivos de inversión vinculantes y normas de infraestructura con proyectos emblemáticos claros, como la red 5G de alta seguridad y la ampliación de la red de fibra. También la inversión en Inteligencia Artificial y en el aprendizaje automático para avanzar en la medicina de precisión y el fomento de la innovación limpia para el futuro de la movilidad, con una nueva tecnología de baterías.

Somos pioneros en la protección del medio ambiente, ya que nos hemos fijado el ambicioso objetivo de reducir las emisiones en un 55% de aquí a 2030. Pero, si realmente queremos dar un paso más, la Unión Europea debe ser responsable de la política climática, especialmente para negociar y llegar a acuerdos climáticos internacionales con terceros países, de acuerdo con las normas medioambientales europeas.

No obstante, si queremos mantener todas nuestras ambiciones, es fundamental que Europa esté preparada para soportar financieramente la próxima crisis. Para ello, hay que completar la Unión Económica y Monetaria: la UE necesita un ministro de Economía propio que se centre en la estabilidad y en los resultados macroeconómicos. La próxima crisis económica no debe conducir a un mayor endeudamiento sobre los hombros de las generaciones futuras. No podemos permitirnos el lujo de perder el entusiasmo de nuestros jóvenes, debemos asegurar un futuro próspero que ellos contribuyan a forjar.

En los últimos años, los europeos han tenido la creciente impresión de que lo que ocurre en Bruselas no tiene en cuenta sus vidas. No saben a quién culpar o premiar por los fracasos y los éxitos. Esto es lo que ocurre cuando hay demasiados responsables al mismo tiempo: las decisiones importantes se retrasan y la responsabilidad se pierde a los ojos de los ciudadanos. Los europeos necesitan un liderazgo democrático más fuerte.

En definitiva, Europa sólo será una gestora de crisis eficaz si está legitimada por los ciudadanos: hay que reforzar el mandato democrático de Europa. Antes de las próximas elecciones europeas, debemos tener claro quién es responsable en Europa. En todas las elecciones nacionales, los ciudadanos pueden elegir entre candidatos en base a sus programas: por esto, debemos reforzar el proceso de candidatos europeos, pues los votantes han de tener la palabra decisiva sobre quién dirigirá la Comisión Europea. El partido que forme la mayoría de gobierno ha de tener derecho a nombrar al presidente de la Comisión Europea, siempre que cuente con el apoyo de la mayoría del Parlamento Europeo; o podemos ir aún más lejos y establecer la elección directa del presidente. Además, la UE necesita un rostro, una voz que sea reconocida como la voz de la UE por parte de los ciudadanos. Desaires como el Sofagate de Turquía no se producirían si Europa contase finalmente con un único presidente del Ejecutivo.

Si Europa quiere sobrevivir a la próxima crisis necesita desesperadamente un cambio: una Europa más democrática y con los poderes necesarios para defender los intereses comunes de los europeos. Por ello, la Conferencia sobre el Futuro de Europa no debe iniciar el debate con tabúes o limitaciones, sino con una mentalidad abierta y ambiciosa. Al igual que nuestros padres fundadores antes que nosotros, el Grupo del Partido Popular Europeo seguirá siendo la fuerza motriz para una mayor integración europea que ofrezca resultados a los ciudadanos.

Necesitamos superar esta crisis y empezar a soñar con nuestro futuro.

Manfred Weber es presidente del Grupo del Partido Popular Europeo en el Parlamento Europeo y Dolors Montserrat es portavoz del PP en el Parlamento Europeo.

https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/ip_21_1065

https://blogs.elconfidencial.com/mundo/wiertz-60/2021-05-04/que-es-conferencia-futuro-europa_3061367/

https://www.euskadi.eus/gobierno-vasco/-/nota_prensa/2021/rleg-solicita-a-la-conferencia-sobre-el-futuro-de-europa-cofe-una-mayor-participacion-de-las-regiones-con-poderes-legislativos-en-la-ue/

La EUIPO conmemora el Día de Europa con una conferencia sobre el futuro de Europa e iluminando de azul lugares singulares de Alicante.

https://www.ondacero.es/emisoras/comunidad-valenciana/alicante/audios-podcast/mas-de-uno/euipo-conmemora-dia-europa-conferencia-futuro-europa-iluminando-azul-lugares-singulares-alicante_202105066093c12e0dc31d00013e96e7.html

https://eventos.ucm.es/62354/detail/la-conferencia-sobre-el-futuro-de-europa_-una-oportunidad-para-europa-y-su-sociedad-civil.html

UE: urge visión geoestratégica compartida

Por Ana Palacio. Publicado en el diario El Mundo el 08.05.2021.

En torno al 9 de mayo, fiesta grande de la Construcción Europea (así, con mayúsculas), el estreno de mes viene prolijo en hitos relacionados. De pasado, de presente y… de futuro. Empezando por la controvertida conmemoración de los 200 años de la muerte (un 5 de mayo) de Napoleón: muchas sombras, sin duda; muchas luces también. Y lecciones a no desperdiciar.

De presente no falta dónde elegir: el miércoles, la Comisión Europea sacó una bien trabajada actualización post Covid de la imprescindible política industrial de la UE. El documento base modificado es «reciente» pues fechado a 10 de marzo de 2020; apenas un año, sin duda otra era. De particular interés y aprecio resulta la reflexión estratégica que subraya con acierto, sin ir más lejos, nuestra dependencia china respecto de la mitad de los 137 componentes identificados como llave en «ecosistemas críticos». Estamos en el núcleo duro del mercado interior. Y se nota.

Contrasta con la decisión anunciada el jueves por el Alto Representante, Josep Borrell, tras la reunión de los ministros de Defensa del bloque, respaldada por 14 Estados miembro, de constituir una «fuerza de posiblemente 5.000 militares de entrada» (¡ejem!: «de entrada», «posiblemente»), en torno a los Grupos de Combate de la UE existentes… sobre el papel, pues a día de hoy no se han estrenado. Se nos dice forma parte de la discusión sobre «la futura hoja de ruta (‘hoja de ruta’: lagarto, lagarto) sobre seguridad y defensa, también conocida como Brújula Estratégica». Es el polo opuesto de la referida comunicación mercantil en cuanto a enjundia, determinación y concreción; también en cuanto a atribución de competencias: porque, en estos ámbitos internacionales la UE «coordina». Acordar, acuerdan –o no– las capitales.

En cuestión de porvenir, destaca en estos días el pistoletazo de salida oficial de la Conferencia sobre el Futuro de Europa; necesaria reflexión sobre diseño, fortalezas y carencias de nuestra andadura. Será mañana, en una ceremonia bizantina –bizantina por

 lo elaborada, también por las tensiones interinstitucionales que refleja– en la sede estrasburguesa del Parlamento Europeo.

Planteados los tres planos, cumple detenerse siquiera un párrafo en Napoleón. De mi experiencia en la UE tengo que el haz de su ciclópea huella –esto es, el Código Civil, el Droit Administratif y la estructura funcionarial aparejada (en España, reforma de Javier de Burgos)– cimentan el diseño actual. El deletéreo envés de su corta vida (51 años) quedó inmortalizado por Goya en el «Tres de Mayo». Y esa camisa blanca que pronto se cubrirá de sangre, junto a ese horror en la mirada, reverberan en las confrontaciones continentales del siglo XIX y en las dos grandes guerras del XX –mundiales sí, pero prendidas por nosotros europeos; por una parte de nosotros, contra nosotros mismos–.

Esta síntesis napoleónica alumbra no poco la contradicción que hoy vive la UE. El armazón jurídico institucional es fundamental… al servicio de unos intereses definidos. Es precisa visión y ambición. Una conciencia política en su sentido real, no la versión happy flower de autosuficiencia de los elementos que componen la proyección «blanda» del poder, que aflige nuestra cacareada «Brújula Estratégica» en desarrollo (¿?).

Hasta hace poco el sueño se aguantaba por EEUU: por la seguridad del enorme y acogedor paraguas de potestad «dura» desplegado. La incontestada hegemonía americana propició la singladura exitosa del Mercado Interior y áreas conexas de crecimiento orgánico, como –recientemente– la Agenda Digital o la Transición Energética. Pero eso era en el mundo de ayer.

En nuestro mundo mutante y efervescencia de competencia entre grandes poderes, no cabe asepsia política así se traspasa la frontera exterior. Y las escaramuzas en territorios de conquista del Tratado dan fe. En particular, el área de migraciones algo nos debería haber enseñado en los años 2015/2016: la negociación con Erdogan fue un darse de bruces con la realidad y asumir como bloque que la política existe, que la defensa del Rule of Law (el Imperio de la Ley) es nuestra bandera, pero manteniendo los pies en el suelo; y el realismo está reñido con los absolutos (en este caso las «fronteras abiertas»). Así, capitaneados –arrastrados más bien– por Angela Merkel, a regañadientes en muchos casos, ahí estuvieron todos los que son y los miles de millones que cuentan.

Tampoco hay magia ni excepción para el comercio internacional, como ha venido a demostrar la tortuosa evolución del acuerdo de inversión apalabrado en diciembre pasado con China (CAI por sus siglas en inglés). Salvados por la campana, también en materia económica abrimos los ojos a la imposibilidad de compartimentar de forma estanca en economía, y la financiación del Fondo de Recuperación se concertó desde Bruselas, bajo la batuta de la canciller saliente.

No podemos pretender seguir habitando un mundo normativo puro. Ni mantener el modo reactivo, actuando únicamente cuando una crisis enorme amenaza con llevarnos por delante. Desde un pasado sangriento intentamos un proyecto volcado al futuro, basado en una amnesia de prosperidad, derecho y multilateralismo. Ya no es posible: la historia ha vuelto en tromba. Ante una Europa amputada huimos de establecer límites; la fundamental cuestión –quién es europeo– quedó flotando en el líquido amniótico de la alambicada tecnicidad de los Tratados. Pero la geografía está aquí hoy. Rusia nos lo recordó en Ucrania en 2014, con la anexión de Crimea; y los Acuerdos de Minsk (negociados por Alemania, junto con Francia), son un buen recopilatorio de este doloroso despertar.

Ursula von der Leyen ambicionó en su toma de posesión como Presidenta, una «Comisión Geoestratégica»; por su parte, el Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad ha acuñado el lema: «La Unión tiene que aprender a hablar el lenguaje del poder». Ahora solo falta que las capitales entiendan que ese aprendizaje no se producirá –no se puede producir– de forma espontánea, ni en circuito cerrado. Empezando por Berlín, siguiendo por París y las demás –Madrid también– han de hacer suya la empresa: delinear una visión estratégica compartida. Lo que tarden será un seguir contemplando con melancolía cómo nuestras instituciones son ninguneadas, cuando no vejadas, por quienes han concluido que la humillación de la UE tiene altos beneficios y repercusión de opinión… a muy bajo coste político. Todo lo cual dibuja un objetivo insoslayable para la Conferencia ciudadana que mañana presenta credenciales.