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La OTAN y China. 1º CICLO de AEME 2022. Autor: Profesor Calduch

La agresión rusa a Ucrania ha revalorizado, de forma abrupta y dramática, la importancia de la alianza estratégica transatlántica. Hasta hace poco, la OTAN era considerada una organización en declive, una vez que Washington había transferido su prioridad política y estratégica al área Indo-Pacífica, llegando incluso a establecer una nueva alianza con Australia y el Reino Unido (Aukus). Ahora, en cambio, se está reconsiderando seriamente el contenido que debe recoger el nuevo concepto estratégico, pendiente de aprobarse en el Consejo Atlántico del próximo Junio.

Sin duda, la creación de la OTAN respondió a la necesidad de enfrentar la amenaza del comunismo soviético, de acuerdo con la doctrina norteamericana de contención. No obstante, Estados Unidos quiso expresamente evitar un compromiso estratégico mundial, restringiendo su aplicación al área euro-atlántica.

Durante medio siglo, la OTAN desempeñó eficazmente su función de garante de la seguridad transatlántica mediante la disuasión, tanto nuclear como convencional, y llegado el caso mediante la intervención militar, como en Kosovo (1999). Sin embargo, en el concepto estratégico aprobado ese mismo año se introdujo la modificación de autorizar las operaciones de gestión de crisis, no amparadas por el art. 5, y realizadas fuera del área euro-atlántica tal y como se define en el art. 6 del Tratado. Entre ellas destacan las operaciones de ISAF y Resolute Support MIssion, ambas en Afganistán (2001-2021), la NATO Training Mission in Iraq (2004-2011), la Operation Unified Protection en Libia (2011) y la Ocean Shield contra la piratería en el Índico (2009-2016).

A la vista de estos hechos, resulta evidente que por la vía consuetudinaria la OTAN ha modificado dos de los artículos fundamentales del Tratado de Washington. Ello obliga a considerar nuevos escenarios de posibles intervenciones aliancistas en la región Indo-Pacífica, dada la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China pero también debido a que en dicha región Estados Unidos y Francia poseen parte de sus territorios y población que pueden verse directamente amenazados en circunstancias extremas de tensión.

En efecto, superada la etapa de las históricas rivalidades fronterizas entre la URSS y China por los acuerdos de Shanghai (1996) y Moscú (1997), las relaciones entre ambas potencias se han ido fortaleciendo a través de los flujos comerciales, la cooperación energética y las medidas de confianza gracias a la participación en la Organización de Cooperación de Shanghai, como el principal instrumento de seguridad regional asiática al margen de Estados Unidos y sus países aliados en la zona.

Esta aproximación entre Beijing y Moscú, unido al espectacular aumento del poder económico mundial de China, su incremento del gasto en defensa, con el corolario de la modernización y ampliación de las capacidades militares convencionales y nucleares, así como una política cada vez más agresiva en el mar meridional de China y respecto de Taiwán, han alertado a las autoridades norteamericanas. El Consejo Atlántico ha aprobado un posicionamiento explícito sobre las amenazas que para la seguridad de los países miembros de la OTAN puede suponer la evolución del poder chino.

En la Declaración del 14 de Junio de 2021 se afirmaba literalmente: “La creciente influencia y las políticas internacionales de China pueden presentar desafíos a los que debemos responder conjuntamente como Alianza. (…) Las ambiciones declaradas de China y su asertividad presentan desafíos sistémicos para el orden internacional fundado sobre reglas y en ámbitos que resultan importantes para la seguridad de la Alianza.

La reciente Declaración conjunta de Putin y Xi Jinping del 4 de Febrero de 2022, veinte días antes de la invasión rusa de Ucrania, incluye un párrafo específico de oposición a la ampliación de la OTAN que, a la vista de los acontecimientos posteriores, ha resultado revelador del compromiso estratégico alcanzado por ambos dirigentes sobre el futuro de la Alianza.

En efecto, no cabe duda de que China y Rusia comparten una concepción revisionista del orden internacional, acorde con sus particulares concepciones estatales, que cuestiona, cuando no socava abiertamente, los fundamentos de cooperación multilateral y seguridad colectiva que lo sustentaban desde el fin de la bipolaridad. En ambos casos, sus planteamientos revisionistas tienen mucho que ver con la oposición al poder hegemónico ejercido por Estados Unidos y sus aliados occidentales desde la Segunda Guerra Mundial.

En semejantes circunstancias y a la vista de las peligrosas consecuencias que tales concepciones revisionistas están ya acarreando para la seguridad mundial, resulta imprescindible que la OTAN fije su posición estratégica ante “el desafío sistémico” que representa China.

Esta posición estratégica atlantista debería tomar en consideración las vulnerabilidades estructurales del régimen comunista chino. La primera de ellas es la gestión de una población diez veces la de Rusia con un territorio ligeramente superior a la mitad del ruso. Esta realidad geopolítica, que le ha permitido convertirse en la segunda potencia económica mundial aprovechando su mercado interior, también le obliga a mantener un constante y elevado crecimiento del PIB para ir mejorando el reducido nivel de vida de su población con una renta per cápita anual de 9.122 € en 2020.

La segunda debilidad estructural deriva de la alta dependencia de las importaciones de materias primas y energía que posee la economía china para garantizar su crecimiento productivo y, al mismo tiempo, su inevitable necesidad de expansión comercial y financiera a escala mundial. Ello exige unas condiciones internacionales de estabilidad estratégica, gestión pacífica de los conflictos de intereses y previsibilidad funcional de los flujos transnacionales, que casan mal con las reivindicaciones revisionistas impuestas por la fuerza, como acaba de hacer Rusia en Ucrania.

El escenario de un estancamiento de la economía real china, provocaría en poco tiempo una creciente inestabilidad social interior del régimen comunista y con ello un escenario de crisis política estatal a medio plazo, como ya ocurrió en el caso soviético, que los dirigentes chinos consideran un riesgo que debe conjurarse a toda costa.

Ello nos remite a la tercera vulnerabilidad estructural, la de un régimen político dominado por un partido comunista cuya gestión autocrática de las instituciones y de la población, dificulta la eficacia y eficiencia requeridas por el capitalismo estatal y su creciente internacionalización. Ya no se trata sólo de la violación o de las restricciones de los derechos humanos y las libertades civiles, es ya una cuestión de incompatibilidad entre una mejora de las condiciones sociales y económicas de vida de una creciente clase media urbana y la perpetuación de unas restricciones políticas impuestas por un régimen cada vez más cerrado y rígidamente elitista.

Esta contradicción del régimen político chino es la que sustenta su cuarta y última vulnerabilidad, la que atañe a la ansiada reunificación con Taiwán. La experiencia represiva de Hong Kong, constituye un recordatorio para la población taiwanesa del futuro que pueden esperar como consecuencia de su integración con la República Popular China. Un conflicto de intereses políticos que es susceptible de escalar militarmente y para el que la OTAN debería prepararse.

Sería razonable que el nuevo concepto estratégico de la OTAN tomase en consideración las posibles amenazas estratégicas y riesgos económicos asociados a la actual política del gobierno chino, incluida su alianza con Rusia. También debería especificar las respuesta adecuadas a la necesaria disuasión y, llegado el caso, la correspondiente represalia defensiva, pero teniendo siempre presente que la primera línea de defensa es siempre una diplomacia eficaz.

Rafael Calduch Cervera

Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales

Universidad Complutense de Madrid

¿Estaba China apostando por la derrota rusa todo el tiempo?

INFORMES DE SITUACIÓN – 13 de marzo de 2022Por Csaba Barnabas Horvath

Las opiniones expresadas en este artículo son las de los autores por sí solas y no reflejan necesariamente las de Geopoliticalmonitor.com

China ha sido vista por muchos como el aliado más importante de Rusia en la invasión de Ucrania. Sin embargo, después de casi dos semanas de combates, han estado culminando episodios confusos en torno a la actitud de China hacia la guerra. Con respecto a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Asamblea General, China se ha abstenido en lugar de votar del lado de Rusia. Con respecto a las sanciones a Rusia, China no ha mostrado mucha voluntad de ayudar hasta ahora, y dos importantes bancos chinos, el Banco de China y el Banco Industrial y Comercial de China, incluso se han negado a ayudar a Rusia a procesar las transacciones de exportación. En lugar de apoyar a Rusia, el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, ha pedido una desescalada del conflicto. China parece estar retirando su apoyo de Rusia, en todas partes, desde la diplomacia hasta la economía.

Por otro lado, sin embargo, las declaraciones chinas justo antes de la guerra parecían haber indicado el pleno apoyo de Beijing a Moscú, y el hecho de que Rusia esperara el final de los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing parece confirmar los rumores de que Xi le pidió a Putin que lo hiciera, indicando a su vez que China era plenamente consciente de lo que se avecinaba. y decidió apoyarlo con pleno conocimiento de causa. Por lo tanto: Apoyo total para la invasión antes de que comenzara, pero luego un retroceso gradual una vez que la invasión estaba en marcha – ¿Qué está pasando aquí? ¿Cambió China de opinión debido a algún suceso inesperado?

¿Qué pasaría si no sucediera nada así, pero fue una estrategia consistente para alentar a Rusia a atacar al principio, pero revertir su apoyo después de que la guerra haya comenzado? Conociendo la historia de las relaciones chino-rusas, una victoria rusa no parece ser de interés para China. Lo que interesa a China es una guerra prolongada de desgaste, drenando los recursos de Rusia tanto como sea posible, debilitándola tanto como sea posible, mientras tanto aislándola de Occidente tanto como sea posible, y con una derrota rusa al final.

Una breve historia de las relaciones chino-rusas

A lo largo de la mayor parte de la historia de las relaciones chino-rusas, Rusia fue un adversario, en lugar de un aliado de China. El objetivo de Rusia no es convertirse en el socio menor de una alianza chino-rusa, sino ser una gran potencia por derecho propio. Rusia tiene una identidad de gran potencia propia, lo que significa que persigue su «agenda de gran potencia por su cuenta», y como la historia nos ha demostrado, cada vez que esa agenda cruzaba los intereses de China, Moscú rara vez dudaba en confrontar a Beijing y, cuanto más fuerte era, más estaba dispuesto a confrontar directamente. Rusia se ha apoderado de aproximadamente un millón de millas cuadradas de China en los tratados de Aigun y Beijing en 1858-1860, un área llamada «Manchuria Exterior», la periferia norte de Manchuria hasta ese momento, y el territorio hasta ahora se conocía como el Lejano Oriente ruso, con Vladivostok y Khabarovsk establecidos allí por colonos rusos. La historiografía china todavía considera estos tratados como «tratados desiguales», la humillación occidental de China y, por lo tanto, incluso si son legalmente legítimos, son al menos moralmente ilegítimos. Mongolia, así como la república autónoma de Tuvan de Rusia fueron partes de China hasta la caída del Imperio Qing en 1911. Rusia los apoyó por primera vez para obtener la independencia de facto en la década de 1910 con Mongolia sirviendo como un estado amortiguador estratégico contra China. Luego, los bolcheviques expandieron el gobierno comunista a Mongolia y Tuva también. Después de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética logró el reconocimiento formal de la independencia de Mongolia por parte de la República Popular China, y anexó Tuva directamente. La cooperación chino-soviética después de la victoria comunista en China en 1949 duró apenas una década, y después de que se produjo la división sino-soviética a fines de la década de 1950, las dos grandes potencias incluso lucharon una breve guerra fronteriza en 1969 junto con las mismas secciones de la frontera que Rusia adquirió en los tratados desiguales de 1858-1860. Las relaciones entre los dos países solo se calentaron después del colapso de la Unión Soviética, con Rusia volviéndose lo suficientemente débil como para buscar la amistad de China y ser vista como inofensiva por China. La formación de la Organización de Cooperación de Shanghai parecía mostrar el comienzo de una alianza chino-rusa, sin embargo, una propuesta china para un área de libre comercio de la OCS fue rechazada por Rusia, mostrando los temores de Moscú en el Este: con su población como apenas una décima parte de China, y su economía una mera fracción de la de esta última, el único factor restante para que Rusia aparezca en el poder junto con China, de la misma manera que Canadá aparece junto a los Estados Unidos, es su ejército. Más tarde, agregar a India y Pakistán con su antagonismo mutuo a la OCS diluyó la organización hasta el punto de carecer de sentido estratégico y la convirtió en algo así como una versión asiática de la OSCE en el mejor de los casos. Rusia ve a Kazajstán como su propia esfera de influencia, mientras que China, al conectar el país consigo mismo con oleoductos e invertir en la industria energética kazaja, está interesada en mejorar la Vladivostok y Khabarovsk. Para abreviar, la cooperación chino-rusa en los últimos años se trataba simplemente de haber encontrado un terreno común contra los Estados Unidos, en lugar de que los dos se vieran mutuamente como aliados verdaderamente confiables.

¿Cómo entraría en escena una victoria rusa o una derrota rusa? Una victoria rusa definitivamente no sería de interés para China. Al aumentar la población de la Unión Euroasiática, la esfera de influencia más amplia de Rusia, de 185 millones a 226 millones a través de la incorporación de Ucrania, y mejorar las posiciones estratégicas de Rusia contra la OTAN y la UE mediante la eliminación de un país amortiguador de 41 millones de habitantes, Rusia se volvería significativamente más fuerte de lo que era antes de la guerra, y tal cambio estaría cerca en términos geopolíticos de una especie de restablecimiento de la Unión Soviética. Significativamente más fuerte, lo que significa menos dispuesto a cooperar con China, más dispuesto a perseguir su propia agenda de grandes potencias, a perseguirla hasta un punto en el que incluso pueda dañar los intereses chinos, con el objetivo de posicionarse como un tercer jugador entre Los Estados Unidos y China igual a ambos, en lugar del aliado de China.

Cómo es una derrota rusa

Sin embargo, una derrota rusa, que todavía parece ser posible, especialmente si se produce al final de una prolongada guerra de desgaste, debilitando significativamente a Rusia y aislándola de Occidente al mismo tiempo, la pondría en una posición en la que difícilmente tendría otra opción que convertirse en un socio menor en una alianza chino-rusa. si no un mero satélite de China. El poderío militar de Rusia, el que lo hizo aparecer hasta ahora como igual de China, no solo ha demostrado a través de esta guerra ser mucho menos formidable de lo que el mundo pensaba, sino que también ha sufrido grandes pérdidas y continuará sufriendo grandes pérdidas mientras la guerra continúe. Según una filtración de 2020 del sitio web ruso Lenta, por ejemplo, Rusia tiene menos de 3.000 tanques operativos; Según fuentes ucranianas, más de 300 de ellos ya han sido destruidos, lo que significa más del 10% de todos los tanques que Rusia tiene, en solo dos semanas. Oryx, un blog militar independiente por otro lado, estima que las pérdidas de Rusia son de 181 tanques a partir de la mañana de las 10.ésimo de marzo de 2022. Este número, aunque más bajo, todavía muestra una tasa alarmante de 12 tanques perdidos en promedio cada día, e incluso en esta tasa, Rusia perderá el 10% de sus tanques para el 20 de marzo.

Se dice que Rusia ha acumulado el 60% de su arsenal terrestre convencional en la frontera de Ucrania, y esta tasa solo ha aumentado desde entonces. Si un esfuerzo tan trascendental por parte de Rusia continúa con pérdidas tan altas, el ejército ruso será una mera cáscara de su antiguo yo al final, sin mencionar el daño causado a la economía de Rusia por las sanciones. Una Rusia tan debilitada, aislada de Occidente, no tendría más remedio que aliarse con China en los términos que esta última exija. Esto proporcionaría a China un aliado estratégico comprometido y dócil, y acceso a los recursos naturales de Siberia.

El único peligro importante para China en caso de una derrota rusa es la posibilidad de un cambio de régimen pro-occidental. A medida que pasa más tiempo sin un avance particular del esfuerzo de guerra ruso en Ucrania, cada vez más se plantea una discusión sobre la posibilidad de un posible golpe contra Vladimir Putin en caso de que la guerra termine en un fiasco obvio e innegable para Rusia, ya que en este caso, se demostraría que todo el sacrificio que Rusia tuvo que sufrir por la guerra fue en vano. Sin embargo, hay varios factores a tener en cuenta aquí: Primero, en caso de un fiasco ruso, un cambio de régimen es una mera posibilidad que puede o no suceder, mientras que en caso de una victoria rusa, el restablecimiento virtual del Imperio Soviético sería una certeza, por lo tanto, este último es un cierto mal para China, mientras que en el caso de uno anterior, el mal resultado es solo una mera posibilidad para China. Vladimir Putin podría muy bien permanecer en el poder, y en ese caso, una Rusia debilitada sería la más aislada de Occidente, por lo tanto, la más dependiente de una alianza con China. En segundo lugar, incluso si se produce un cambio de régimen, no es del todo seguro si también será un cambio de élite. Podría suceder fácilmente de una manera en la que la segunda línea del liderazgo de Putin simplemente elimine al propio Putin, culpando a él también de su propia responsabilidad en la guerra; sin embargo, ellos y el partido Rusia Unida continúan gobernando el país. En tercer lugar, si el cambio de régimen no es un mero trabajo interno, sino que derriba al partido Rusia Unida y a su propia élite, incluso entonces, a lo largo de las elecciones durante la última década, los dos partidos de oposición rusos más fuertes no eran partidos pro-occidentales, sino el partido de extrema derecha de Vladimir Zhirinovsky y los comunistas. Por lo tanto, incluso si el partido Rusia Unida cae del poder, lo más probable es que sea Zhirinovsky, o los comunistas, o una alianza de ambos que se haría cargo del país, y no algún gobierno pro-occidental. Cuarto, incluso si de alguna manera algún grupo pro-occidental intenta tomar el control, dado el inmenso apoyo no solo del partido Rusia Unida sino también del Partido de Zhirinovsky y los comunistas, el apoyo público al nacionalismo ruso antioccidental parece ser tan fuerte, que cualquier intento de toma de control pro-occidental probablemente terminaría en una agitación prolongada o incluso en una guerra civil. Esto, sin embargo, como veremos, sería algo que China podría aprovechar.

Con respecto a la probabilidad de que Rusia se debilite como resultado de la guerra, tal cambio ciertamente ocurrirá si termina con algo así como una victoria rusa absoluta. Además, es probable que Rusia termine no solo debilitada sino debilitada de una manera que lo más probable es que nunca vuelva a alcanzar la posición que tenía entre las grandes potencias del mundo antes de la guerra. Los recursos demográficos y económicos de Rusia son, de hecho, tan débiles, que lo que es sorprendente no es la debilidad que muestra su ejército en Ucrania, sino más bien cómo logró mantenerse tan fuerte tanto tiempo después de la caída de la Unión Soviética. En cuanto al tamaño de su población, Rusia es de solo 9ésimo en el ranking mundial, detrás de países como Bangladesh, Nigeria y Pakistán. En cuanto a su economía, medida por su PIB sobre una tasa nominal, es simplemente el 11ésimo, detrás de países como Canadá, Italia y Corea del Sur. Además, como su economía está dominada por las exportaciones de petróleo crudo, gas natural, materias primas y trigo, es significativamente menos sofisticada que estas economías. Dadas las posiciones tan débiles en la demografía y la economía, el estatus de gran potencia de Rusia simplemente se mantuvo debido a las capacidades militares que heredó de la época soviética, y un estatus internacional debilitado después de la guerra simplemente significaría que tomaría el rango para el que su peso económico y demográfico ya lo ha predestinado de todos modos. Además, la mera exposición de la relativa debilidad de su ejército que el mundo está presenciando ahora ya es un debilitamiento de la posición internacional de Rusia, como antes, el mero hecho de que el mundo percibiera a su ejército como mucho más poderoso de lo que realmente se transmitió una posición internacional más fuerte. Por lo tanto, además de las capacidades militares reales que Rusia heredó de la Unión Soviética, la mera creencia general de que ha sido más fuerte de lo que realmente era, esta es una fuerza que nunca recuperará. Por lo tanto, en caso de derrota, una Rusia debilitada y aislada de Occidente se encuentra en una posición sin más remedio que alinearse con China, situando al país como socio menor en una alianza no solo por un breve período hasta que se recupere de la guerra, sino a largo plazo, durante las próximas décadas.

The Siberia Factor

The key geopolitical factor in Sino-Russian relations above all is Siberia. The attitudes of China towards Siberia have long been the subject of discussion. Siberia, a vast, sparsely populated region rich in natural resources right next to China, and its’ gargantuan, resource-hungry economy obviously demands attention. Safe access to its’ natural resources would mean a most favorable guarantee for the security of China’s economy, while Siberia under hostile rule would be strangling for it. Thus declared or not, achieving safe access to Siberia’s natural resources is a de facto core geopolitical interest for China. Theoretically speaking, China can achieve this in two ways. One way, the nice and clean one, is via some kind of alliance with Russia. The other one, the ugly way, is to grab Siberia or parts of it by force. In the case of an alliance with Russia, the weaker Russia is the better for China, as a strong, independent-minded Russia may use China’s reliance on Siberian resources against it, while a weak Russia is less likely to dare to do so. Regarding the ugly option, Siberia is strategically vulnerable to China to a great degree in many ways. East Siberia, east of the river Yenisei with its’s enormous area of more than 10 million square kilometers, covers about 60% of Russia’s territory, but at the same time, only about 10% of Russia’s population, 14 million people actually live there, while Manchuria and Inner-Mongolia, China’s neighboring northern regions have a combined population of no less than 123 million people. In fact, East Siberia’s population of 14 million people is less than the urban area of each of the top three cities of China – Beijing, Shanghai, or Chongqing – and roughly equal to the population of Guangzhou or Tianjin, and it is also less than the population of Taiwan. Moreover, vast regions of East Siberia are autonomous federal subjects of indigenous Asian ethnic groups of Russia, where Russian rule has met some resistance every once in a while over the past centuries. On the other hand, however, as Russia is a nuclear power, such an attempt could likely mean nuclear war, which China would surely not dare to risk.

However, in the unlikely but not outright impossible case discussed above, if an obvious and undeniable fiasco in Ukraine triggers a coup or some other form of regime change in Russia that fails to take place quickly and smoothly and ends up in prolonged internal turmoil or even civil war, such a situation could be the “now or never” moment for China to march into Siberia, probably under the pretext of peacekeeping or something similar. This is however still a scenario of a very low likelihood, as a peculiar combination of events, factors and intents should take place for it to occur, so the more realistic scenario that China could, and possibly already is aspiring for is simply the one where the war weakens, and simultaneously isolates Russia from the West to such a degree where it has no other choice but to align itself with China and accept a junior role in the alliance. Although even in this case, given the strategic vulnerability of East Siberia, the mere undeclared possibility of the ugly option could easily be used by China to put Russia under psychological pressure any time the latter considers leaving the alliance.

No sabemos si China ha revertido su apoyo a Rusia por las razones mencionadas anteriormente o no. Sabemos, sin embargo, que si China quisiera que Rusia ganara, tendría que adoptar un enfoque diferente al que está siguiendo en este momento, y la élite de Beijing es sin duda consciente de esto. China puede tener preocupaciones sobre las sanciones occidentales en caso de que proporcione asistencia adicional, sin embargo, como Beijing no parecía temeroso de embarcarse en una guerra comercial con Estados Unidos y Australia antes, es poco probable que estas preocupaciones le impidan ayudar a Rusia si ve una victoria rusa como algo vital para sus aspiraciones globales. Por lo tanto, la explicación más simple es que China no quiere que Rusia gane porque una Rusia victoriosa probablemente se volvería demasiado asertiva para manejarla, mientras que una Rusia derrotada, debilitada y aislada no tendría más remedio que convertirse en un dócil aliado estratégico de China, otorgando acceso a los recursos naturales de Siberia en el proceso. Dado el hecho de que China parece haber sido consciente de los planes rusos para invadir Ucrania desde el principio, y alentó a Rusia a hacerlo, solo para revertir su apoyo una vez que comenzó la guerra, todo esto sugiere que China puede haber estado apostando a una derrota rusa todo el tiempo.