Michael S. Neiberg[1]

Es una sensación surrealista y desconcertante ser un historiador de los conflictos europeos y ver cómo se desarrolla una guerra en Europa ante tus propios ojos. Como profesión, los historiadores tienden a compartir dos características en momentos como estos. Primero, nos frustramos con las analogías históricas superficiales o simplemente inexactas que usan los expertos para hacer de ello un asunto político en lugar de ilustrar el problema actual. En segundo lugar, tratamos -sobre todo- de no hacer predicciones. Como escribió el gran historiador británico, Sir Michael Howard: “Los historiadores han visto a demasiadas personas confiadas caer de bruces como para exponerse a más humillaciones de las que pueden evitar.”[2]

Las últimas semanas me han recordado lo que el historiador R.G. Collingwood señaló particularmente en el año 1939,[3] sobre el papel de los historiadores en tiempos de crisis, al comparar a los historiadores con expertos leñadores que caminan por un bosque junto a excursionistas novatos. El historiador, escribió, no puede ver perfectamente a través del bosque pero, al igual que el leñador, puede detectar áreas de peligro o amenazas acechantes allí donde el excursionista tan solo ve árboles.

Los historiadores intentan mirar hacia atrás en busca de un poco de conocimiento y, tal vez, de algunos ecos del pasado que puedan sugerir hacia dónde nos dirigimos. Durante años, les he dicho a los estudiantes que no debemos confinar a la gente de 1914 a lo que a veces llamo “La Caja Idiota.” Nuestra respuesta instintiva de ver a las personas de ese fatídico año como inusualmente estúpidas o sanguinarias nos brinda el consuelo de que somos demasiado inteligentes, o demasiado sofisticados, para cometer los errores en los que ellos incurrieron. Pero, por supuesto, no lo somos.

De manera similar, durante los últimos 20 años más o menos he tratado de convencer a cientos de profesores de secundaria para que abandonen el método MAIN (Militarismo, Alianzas, Imperialismo y Nacionalismo) para enseñar las causas de la Primera Guerra Mundial porque también proporciona un falso consuelo.[4] Si podemos convencernos de que esos cuatro factores MAIN ya no existen o ya no son un peligro existencial para la paz, entonces podemos irnos a dormir por la noche con la creencia de que los horrores desatados en el año 1914 realmente no tienen nada que enseñarnos.

Sin embargo, mientras estoy sentado aquí, viendo la guerra rusa contra Ucrania, estoy más convencido que nunca de que 1914 tiene mucho que enseñarnos. De hecho, podría proporcionar la mejor guía que tenemos sobre dónde estamos ahora y hacia dónde podríamos ir en el futuro.

Primero, esta guerra, como la que comenzó en el año 1914, parecía surgir de la nada y sobre causas difíciles de identificar, incluso para los expertos. Hubo poca tensión internacional en las semanas comprendidas entre el tiroteo del archiduque Franz Ferdinand del 28 de junio y el ultimátum austrohúngaro del 23 de julio. Luego, los acontecimientos comenzaron a salirse de control muy rápidamente, dejando a la gente atónita y desconcertada. En una semana, para asombro de casi todos, había comenzado una guerra continental e imperial. De manera similar, la invasión rusa de Ucrania pareció surgir de la nada, recordando las observaciones de personas en 1914 que describieron la guerra como un relámpago en un cielo despejado. Al igual que en 1914, los occidentales de hoy han llegado a la conclusión de que la única explicación posible para una ruptura de la paz tan insondable debe ser que un líder trastornado estaba conduciendo a un pueblo que no estaba dispuesto a la guerra basado en mentiras, engaños y un control casi total del poder dentro de su Estado. Por otro lado, el presidente Zelensky está desempeñando el papel del rey belga Alberto I,[5] liderando valientemente a su pueblo contra viento y marea y poniendo un rostro humano a un movimiento nacional de resistencia.

En segundo lugar, la simpatía inmediata y sincera en Occidente por los valientes ucranianos se asemeja a la intensa efusión de simpatía en el Reino Unido y los Estados Unidos por Bélgica en 1914.[6] La preocupación por la difícil situación de los belgas no explica por qué los británicos entraron en la guerra, pero la profunda sensación de apoyo a Bélgica ayudó a cristalizar tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos la sensación de que un lado tenía razón y el otro estaba equivocado. El bombardeo ruso de hospitales y centros comerciales y la destrucción de Mariupol han producido este año esa misma sensación.[7] Como en 1914, este sentimiento de apoyo traerá consigo (de hecho, ya trajo consigo)[8] un deseo de justicia para las víctimas de la agresión, que puede complicar la consecución de un acuerdo de paz.

En tercer lugar, ya podemos ver el problema relacionado de los costos irrecuperables. Los hombres y mujeres asombrosamente valientes que han muerto para defender Ucrania, las familias que han huido de sus hogares y el sentimiento de unidad y patriotismo que ha engendrado la guerra no pueden haber sido en vano. Ucrania y sus partidarios querrán asegurarse de que el país salga de esta guerra en un lugar mejor y más seguro que cuando Rusia les invadió. Ese deseo ya ha dado lugar a pedidos de una garantía de seguridad de los Estados Occidentales,[9] membresía en la Unión Europea y una demanda de reparaciones o juicios por crímenes de guerra. Todos estos factores también complicaron el proceso de pacificación en 1918-1919.

En cuarto lugar, es posible que ya hayamos llegado al punto en que simplemente no hay nada que debatir en esta guerra. Al igual que en 1914, la retórica se ha convertido rápidamente en un maniqueo “Correcto contra Incorrecto”, “Bueno contra Malo.” Las guerras pueden convertirse rápidamente en algo muy diferente a sus causas originales. Esta guerra ya no se trata realmente del futuro del Donbas o de si Ucrania puede unirse a la Unión Europea o la OTAN, como tampoco a fines de 1914, la Primera Guerra Mundial se trató de la agitación serbia dentro del Imperio austrohúngaro o quién fue el responsable del asesinato de un archiduque. Las banderas ucranianas que uno ve por todas partes, la efusión de emociones en las redes sociales y los extraordinarios eventos en Europa en las últimas semanas sugieren que la guerra de Ucrania ya se ha convertido, como escribió Sir Hew Strachan sobre 1914,[10] en una guerra de grandes ideas. Se trata de una especie de prisma, que refleja y refracta los colores que uno quiera ver en él.

Juntos, me parece que estos cuatro factores hacen que sea mucho más difícil para nosotros negociar una paz de lo que podría haber sido unas pocas semanas antes. Como en el año 1914, no se vislumbra un final claro. Hablar de «rampas de salida» y «juegos finales» parece tan ingenuo ahora como lo era entonces. Incluso si Mariupol se desvanece de la memoria, como lo hizo parte de la simpatía por Bélgica, el problema central permanecerá. ¿Cómo pueden las dos partes encontrar la paz si el conflicto adquiere significados cada vez más profundos y simbólicos, no solo para Rusia y Ucrania, sino para el mundo entero?

A finales de septiembre de 1914, la artista alemana Käthe Kollwitz[11] escribió una carta en la que captaba el enigma clave de la guerra: “Uno ya no puede aferrarse a ninguna ilusión. Nada es real excepto lo espantoso de este estado, al que casi nos acostumbramos. En esos tiempos parece tan estúpido que los jóvenes deban ir a la guerra. Todo es tan espantoso y demente. De vez en cuando viene el pensamiento tonto: ¿Cómo es posible que participen en tal locura? ¡Pero deben hacerlo! ¡Ellos deben!» Aunque odiaba la guerra y pronto perdería a un hijo,[12] se había dado cuenta, incluso en las primeras semanas de la guerra, de que Alemania había ido demasiado lejos como para dar marcha atrás. Ese mismo enigma permanece con nosotros hoy, lo que dificulta ver cómo las negociaciones de paz pueden producir algo parecido a la estabilidad del período anterior a la invasión rusa.

Hay algunos ecos más aterradores de 1914 que debemos escuchar, aunque esperamos que nunca sucedan. Las guerras tienen un “efecto de contagio”, atrayendo a otros Estados porque esperan ganar algo o porque ya no ven la neutralidad como una opción viable. ¿Cuánto tiempo más pueden permanecer no beligerantes los Estados al oeste y al norte de Ucrania mientras continúan abasteciendo y apoyando a Ucrania? Si los rusos hunden un barco que transporta municiones estadounidenses, ¿Llegaremos a un momento Lusitania?[13] Si cometen un acto de sabotaje o de ciberguerra en nuestro suelo, ¿Estamos en un momento Black Tom?[14] ¿Es indignante pensar que podrían intentar trabajar con Cuba o Venezuela para presionar a la propia patria estadounidense, tal y como intentaron hacer los alemanes con el Telegrama de Zimmermann?[15]

Por supuesto, no estoy prediciendo que alguno de estos escenarios aterradores sucederá. Los historiadores fallan tan a menudo como cualquier otro cuando intentan predecir, pero -como dijo Collingwood- los historiadores hacen su mejor servicio cuando recuerdan a los viajeros inexpertos que los bosques contienen muchos más peligros de los que uno puede ver a simple vista.

Este artículo -en su versión en inglés- ha sido publicado inicialmente por the National WWI Museum and Memorial:

https://www.theworldwar.org/learn/about-wwi/ukraine-and-wwi

Notas Finales:

  1. Michael S. Neiberg es profesor de historia y catedrático de estudios de la guerra en el U.S. Army War College en Carlisle, Pensilvania. Los puntos de vista expresados en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista del Army War College, el Departamento de Defensa o cualquier agencia del gobierno de los Estados Unidos. 
  2. Michael Howard, “Interview Transcript, This interview took place in the Institute of Historical Research”, University of London School of Advanced Study The Institute of Historical Research (Londres: 5 de junio de 2008), https://archives.history.ac.uk/makinghistory/resources/interviews/Howard_Michael.html 
  3. Giuseppina D’Oro y James Connelly, “Discussion of Collingwood’s aesthetics”, Stanford Encyclopedia of Philosophy (2020), https://plato.stanford.edu/entries/collingwood/ 
  4. National WWI Museum and Memorial, “The Outbreak of War in 1914: New Ways to Think About the ‘Road to War’ – Michael Neiberg” Youtube 39m 23s (13 de julio de 2015), https://www.youtube.com/watch?v=0WecvcEFjGk 
  5. “King Albert I”, The Royal Family The Belgian Monarchhttps://www.monarchie.be/en/royal-family/history/king-albert-i