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LA AMENAZA NUCLEAR DEL PRESIDENTE PUTIN- 1º Ciclo AEME de 2022

 La disuasión nuclear fue concebida para  evitar una conflagración mundial, pues el Mundo, tal y como lo concebimos, sería sacrificado seguramente. Desde entonces las potencias que poseen armas nucleares, y que las incluyen en sus Estrategias de Seguridad Nacional, han tratado de desarrollar cargas y vectores portantes que de algún modo facilitaran su  inclusión en el seno de un conflicto generalizado, sin renunciar al carácter disuasivo de tales armas, pues tanto un sistema como otro de inclusión podría producir la temible escalada.

   De lo que no debe quedar duda es de que el desencadenamiento del fuego nuclear por una potencia en conflicto generalizado se produciría cuando la existencia de la Nación iniciadora se viera en extremo comprometida por las acciones del adversario, pues cuando se dotó de armamento nuclear lo hizo seguramente por ese motivo, la causa suprema, la existencial; curiosamente esta es una reflexión que ha sido aducida por el propio Presidente Putin en la actual guerra que enfrenta a Rusia y Ucrania, tras la invasión de esta última por la primera.

   Los intereses vitales de una Nación forman parte de sus intereses nacionales, pero aquellos son tan exclusivos que determinan la existencia misma de la colectividad organizada a la que llamamos Estado; sin ellos desaparecería la necesidad de continuar con la vida nacional, al menos esa es la concepción subjetiva del propio Estado, potencialmente agredido, por la  que “su  privación o violación materializa el umbral de franqueamiento crítico más allá del cual el defensor estima que su supervivencia estaría irremisiblemente comprometida”. (Politologie de la Défense Nationale. Henri Pac. Masson. Pag.68).

   En otro orden de cosas, esta concepción nacional referida, este estado subjetivo puede no ser compartido por el otro protagonista de la disuasión, dado que aquella anida en un sentimiento, en una percepción, que nada tiene que ver con aspectos estratégicos, estos últimos muy ligados al propio territorio, a los objetivos fundamentales del país objeto, solo ellos justificarían una reacción nuclear pues su conquista supondría la derrota,  he ahí la clave de la disuasión.

   Por lo tanto podemos admitir, y los pensadores en torno a la disuasión así lo hacen (Politologie de la Défense Nationale), que existen dos concepciones sobre el verdadero sentido de los intereses vitales como límite para desencadenar, en este caso, una respuesta nuclear; el primero es una percepción nacional y el segundo es meramente estratégica, al estilo de Clausewitz.

   Yendo al caso del actual escenario de la guerra entre Rusia y Ucrania, y dentro de las dos hipótesis de la concepción del interés vital, es necesario encajarlas en las sucesivas amenazas nucleares del Presidente Putin, antes y a lo largo de lo que él llama “operación especial” en Ucrania, por otra parte incontestadas por el país agredido que además no posee armas nucleares, y que van dirigidas claramente a la Organización Atlántica, para disuadirla de actuación a favor del país ucraniano, por otra parte inverosímil pues la OTAN es una organización internacional que actúa por consenso, a 30 países, de los que solo 3 poseen armas nucleares con sus propias políticas de empleo. Distinto es que estos países nucleares pongan sus armas de este tipo a disposición de la Alianza, en las condiciones que se determinen en su Comité de Planes de la Defensa, en su planeamiento nuclear, aspectos que se deberán aprobar en sus órganos de gobierno al más alto nivel; en cualquier caso, y según los mismos teóricos, la OTAN estaría ya, con la situación actual, en una guerra disuasiva con la Federación Rusa.

   En el caso de las armas nucleares de Francia, su concepto de empleo no prevé la cesión de la decisión de su desencadenamiento pues su doctrina es muy rigurosa al respecto, fomentando su propia autonomía estratégica; además el país galo renuncia al concepto de escalada, pues el desencadenamiento de su respuesta nuclear se produciría cuando “sus objetivos vitales” estuvieran en grave peligro; por ello las armas nucleares tácticas, los antiguos Regimientos Plutón, fueron suprimidos, los misiles de la Meseta de Albión, en Provenza, igualmente, y sus fuerzas convencionales tendrían también, en ambiente de guerra abierta, la finalidad de determinar, marcando al enemigo, cuando esos intereses vitales estarían en serio peligro. Sin duda que sus armas han estado “apuntadas” a la Federación Rusa, sirviendo de elemento importante de incertidumbre, en relación con la estrategia OTAN, para el cálculo disuasivo de la ex URSS.

   El Presidente Putin esgrime, como umbral de empleo del armamento nuclear, razones existenciales de la Federación Rusa, es decir que se ponga en entredicho o se amenace gravemente la existencia de la Federación, aspecto que sitúa los intereses vitales de Rusia en una mera percepción subjetiva, en un relato que proviene del momento del hundimiento y desarticulación de la antigua Unión Soviética, y que se basa en la no aceptación, de hecho, de los acuerdos de Paris de 1990, implementados, aceptados y rubricados por los representantes oficiales de la entonces Unión Soviética.

   En este sentido, su pretensión es el cambio del orden internacional actual, perjudicial para la Federación Rusa en su opinión, cuando nunca en estos 70 últimos años había sido tan floreciente, incluso podría haber sido hasta democrática, si hubiera respetado los patrones de la misma, la alternancia política, el respeto a la oposición, la separación de poderes y la lucha contra la corrupción.

   Su pretendida amenaza existencial proviene de una reflexión que supone que las Organizaciones Internacionales, la OTAN y la UE, tienen por finalidad la amenaza a la Federación y su fin, simplemente porque las Naciones limítrofes quieren decidir su propio futuro de seguridad, soberanamente; en ningún caso la Organización Atlántica y mucho menos la UE, per se, representan un peligro existencial para los rusos, sino un convencimiento de que no quieren ser regidos por gobiernos autocráticos después de las experiencias recientes y antiguas; las minorías rusófonas en su “extranjero próximo” son frecuentes, con otras etnias, en muchos países del Mundo, merced a delimitaciones administrativas y descolonizadoras, cuando en la antigua URSS, en ocasiones, eran consecuencia de sus “progromos”, como en Ucrania.

   La disuasión que sobre la Alianza Atlántica está ejerciendo el Presidente Putin, con sus advertencias referentes al posible empleo de armamento nuclear, no puede ser concebida por Occidente si este y sus acciones no representan un grave peligro de carácter estratégico, como es la conquista o neutralización de objetivos específicos que supongan un peligro existencial, vital, para la Federación Rusa, y este no es el caso; la ayuda militar y financiera, a un tercer país, invadido, en francas condiciones de inferioridad, flagrantes si se quiere, con amplias repercusiones europeas, la ha venido practicando, secularmente, lo que hoy es la Federación Rusa, en teatros de Oriente Medio y Próximo, y en el Indo-Pacífico para apoyar a regímenes anti occidentales y opuestos.

   Putin está prácticamente solo, con adeptos más que consejeros, con la calle secuestrada y en un gran aislamiento internacional, y económicamente constreñido. Su Doctrina Militar vigente, y en general la consuetudinaria desde que posee el arma nuclear, admite el “primer uso” del arma nuclear, para ello dispone de la Triada en este tipo de armamento, y no es en absoluto extraño que pudiera emplear armamento nuclear táctico, para resolver sus problemas operacionales en Ucrania, por ello tiene su despliegue listo, de Iskander-M, por ejemplo, de hasta 500 kms. de alcance con la doble capacidad, pero su empleo más probable sería en algún objetivo adecuado en Ucrania, o como demostración de su resolución en este conflicto, pero no en el Occidente “otanizado”, pues allí su disuasión no funcionaría, pues no hay ningún interés vital, estratégico, amenazado por la Organización Atlántica.

   Diferente sería predecir la reacción de la OTAN ante ese empleo nuclear en Europa, que abriría una etapa de extraordinaria tensión , y posiblemente una escalada de empleo de este tipo de armas, empezando por un despliegue de nuevos vectores que recordaría” la crisis de los misiles de los años ochenta” y sus repercusiones para la seguridad mundial, en un momento donde la vacuidad reina, por la ausencia de tratados y medidas de confianza, todos ellos en suspenso, y con un START negociado con prisas.

                                                                                GENERAL DE DIVISION (Rdo)

                                                                                RICARDO MARTINEZ ISIDORO

                                                                                Miembro de AEME.      18.04.22 

LA RESILIENCIA DE LA OTAN, por Federico Aznar Fernández-Montesinos

ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE MILITARES ESCRITORES (AEME) 1º CICLO 2022

La OTAN es un pacto multilateral del que deriva una organización política intergubernamental. Su éxito no es sólo haber derrotado a la antigua URSS sin emplear las armas, sino el haber sido capaz de mantener la cohesión de la Alianza, que es realmente lo que lo hizo posible y que aún explica su supervivencia, después de desaparecer las razones de su creación. Así ha sido siempre. Como dijera el General Wesley Clark durante la guerra de Kosovo “ningún objetivo o conjunto de objetivos era más importante que el de mantener cohesionada la OTAN.”[1]

Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación del Foro para la Paz en el Mediterráneo

La resiliencia, que es de lo que se está hablando, encarna un proceso: es el arte de navegar en los torrentes. Esta se mediría por la fortaleza frente a perturbaciones externas, pero también por su capacidad para volver a su funcionamiento tras una perturbación; e incluso por su capacidad de transformarse para afrontar nuevos retos. Es la resiliencia como estabilidad, como capacidad de recuperación o incluso de transformación.[2]

Así, la OTAN acreditando su resiliencia, tras la caída del Muro y siendo una organización político militar, mutó, de modo que el peso del componente militar disminuyó en beneficio del rol político. Su existencia hoy se explica por los beneficios que aún trae para sus miembros. La OTAN ha estructurado un espacio de estabilidad y diálogo constante. Su desaparición hubiera provocado el rearme de sus miembros y desestabilizado Europa.

Enfocarse en la resiliencia supone centrarse en lo que las organizaciones pueden hacer por sí mismas. Los términos «resiliencia» y «vulnerabilidad» son las caras opuestas de la misma moneda, pero ambos son los términos relativos. Como la vulnerabilidad, la resiliencia es compleja y multifacética.

La formulación del concepto, aunque intuida por muchos – Clausewitz entre otros – es relativamente reciente y se debe a Bolwby (1992) que la definió como «resorte moral, cualidad de una persona que no se desanima, que no se deja abatir» e incorpora dos componentes: Es la resistencia frente a la destrucción; y más allá, la capacidad de forjar un comportamiento positivo aun en circunstancias difíciles. El concepto incluye, además, la capacidad de un sistema social de afrontar adecuadamente las dificultades, de una forma socialmente aceptable.[3]

Cohesión y resiliencia: valores e intereses compartidos.          

El espacio de la Seguridad y Defensa agrupa unos intereses vitales que, por serlo, trascienden la coyuntura interna de los países, estos son los más fríos de los intereses fríos, al decir de Bismark. Estos son constantes en el tiempo y cuentan con una vocación de largo plazo; el camino emprendido en común sirve para limar asperezas y poner en valor lo común.

Ello se explica porque los acuerdos militares implican una similar visión del mundo, valores compartidos e intereses comunes, esto es, sin graves incompatibilidades, cuando no de una amenaza o un enemigo que afrontar. A su vez estos acuerdos, por su carácter nuclear, tienden a expandirse a otros ámbitos: comerciales, tecnológicos, industriales…

En los acuerdos bilaterales, su naturaleza depende sustancialmente del potencial de las partes; normalmente proporcionan un mayor respaldo político, pero son más frágiles. Si las partes son manifiestamente heteropotenciales la relación difícilmente puede ser biunívoca pues son difíciles los mecanismos de compensación adecuados.  Como resultado se genera una gran dependencia de la parte más débil al tiempo que la más fuerte puede romperlos con menor costo.

La cooperación multilateral al diluir las diferencias individuales pude servir como medio de contrarrestar los desequilibrios en las relaciones de poder, ya que reduce la pérdida de soberanía implícita a cualquier pacto y la dota de una dimensión más igualitaria y democrática. Los acuerdos multilaterales permiten una mejor articulación de los intereses, amplían el marco para la negociación y el intercambio confiriéndole, además, un carácter estable y duradero.

Es más, el mero fallo de un Estado hace vulnerable al conjunto del sistema. Puede decirse así que la OTAN cuenta con la fortaleza del Estado más débil, lo que obliga a su fortalecimiento por mero interés general, mejorando la igualdad.

Una cuestión derivada de estas relaciones es que limitan el alcance de las controversias entre las partes con intereses enfrentados como consecuencia natural de los límites impuestos por el marco. Aún es más, el hecho de que se amplíe el abanico de opciones de negociación da más cancha al encuentro, lo que a su vez legitima las decisiones no sólo con la aquiescencia de todos sus miembros, sino también con la fuerza del concierto de voluntades de una comunidad de naciones formado a partir de los principios de diálogo y cooperación.

Esto da pie a una notable práctica de intercambios de apoyos para las más diversas instancias internacionales, lo que se conoce como fórum shopping. El apoyo de países como Estados Unidos se torna crítico en este contexto por su representación en todas ellas.

La existencia de un foro permanente e institucionalizado de debate permite modular el conjunto del proceso y facilita la creación de canales informales.

Así los militares cuando retornen a sus países mantendrán el contacto con sus compañeros a los que dispensarán de confianza y atribuirán, pues los conocen, credibilidad. De esta manera personalizarán las relaciones interestados y, con ello, se contribuye al afianzamiento. Además, son mesas permanentes y arbitradas para el encuentro político y la resolución de todo tipo de problemas comunes.

Es más, puede afirmarse que los acuerdos militares no sólo gozan de una gran estabilidad, sino que contribuyen a la pronta recuperación de las relaciones diplomáticas interestados tras cesar su perturbación.

Y es que han demostrado ser capaces de soportar las modificaciones en las coyunturas políticas de las partes y aún del propio escenario internacional, ya que las relaciones entre las Fuerzas Armadas de un mismo entorno estratégico afectan directamente a sus intereses vitales y requieren de una poderosa base cultural común. Otras razones están en la cultura de los Ejércitos como organización, en el prosaísmo de la rutina castrense y en su tendencia natural a perpetuar lo que ya está en marcha.

Así, las organizaciones de Seguridad y Defensa, como es el caso de la OTAN, pueden resultar fruto del momento, de la necesidad de responder frente a un enemigo común lo que obliga a dejar aparcada las diferencias y contradicciones y posibilita una construcción sólida y duradera. Pero una vez creadas trascienden a las causas que sirvieron a ello e incluso a su propio éxito.

Como resultado, la OTAN es la organización que más intereses de europeos y norteamericanos agrupa. De hecho, no hay organizaciones comerciales, ni siquiera acuerdos que la iguale. Recuérdese el fracaso del Tratado de Libre Comercio entre Europa y Estados Unidos que, por el contrario, sí prosperó con Canadá. La OTAN es un puente que une las orillas de ambos continentes. De hecho, puede decirse que es el único puente que de facto los une. Y volar puentes es una actividad infrecuente.

Conclusiones.

El mundo está en permanente transformación. La globalización es un proceso difícil de impedir y aun de condicionar. En este contexto, la OTAN es la única organización intergubernamental que incorpora formal y específicamente a Europa y a América del Norte como únicos actores.

Estados Unidos y Europa representan cada uno menos del 20% del PIB mundial y es de prever el sorpasso de China antes de 20 años, si es que este no se ha producido ya, de modo que el PIB europeo y norteamericano, pese a incrementarse, se reduciría en ambos casos a menos del 15%. Por tanto, si Europa y Estados Unidos quieren operar en el medio internacional deben ir juntos. 

La OTAN puede tener sus problemas y sus debates, pero su disolución no sería una buena noticia para sus miembros. Por el contrario, y como a todo puente, interesa reforzarla, fortalecerla. Y más si se piensa que sin la conformidad de Estados Unidos, y hasta sin su patrocinio, la Unión Europea no hubiera existido.

Estados Unidos dota de la mayor parte de las capacidades a la Alianza no en vano asume en torno al 36% del gasto militar mundial. Pero ese no es fruto de una desinteresada prodigalidad; Estados Unidos es una potencia global, y las Fuerzas Armadas están dimensionadas de modo acorde a los intereses. Tal cosa es muy gravosa tanto en términos económicos como militares y políticos.

La OTAN, a su vez, actúa reforzando a este país políticamente, además de militarmente. El liderazgo de los Estados Unidos requiere, para poder existir, la concurrencia de otros actores. A través suya obtiene legitimidad para las operaciones en las que esta organización se implica, la de nada menos que de 29 democracias – algunas de ellas las más avanzadas del mundo – toda vez que las decisiones en su seno se toman por unanimidad. Y la legitimidad en un conflicto es muy relevante, habida cuenta de su eterna naturaleza política. Por eso Estados Unidos no es Marte ni la UE Venus.

El centro de gravedad de la Alianza Atlántica ha sido siempre su resiliencia, la cohesión del conjunto de aliados. La solidez del vínculo trasatlántico fue lo que hizo posible la derrota de la Unión Soviética. La fuerza de la OTAN se basa en la solidaridad euroatlántica y en la credibilidad de su disuasión, de su herramienta militar. Mejorar la resiliencia de la OTAN es fortalecer su cohesión y tal cosa pasa por mejorar tanto la cohesión de la Unión Europea como la del vínculo transatlántico, pero también fortaleciendo una visión compartida e incrementando los intereses y relaciones que los unen, esto es, propiciando su integración. 


[1] KAGAN, Robert. Poder y debilidad. Editorial Taurus, Madrid 2003, p. 79.

[2] URIARTE ARCINIEGA, Juan de Dios. “La perspectiva comunitaria de la resiliencia.”  Psicología Política, Nº 47, 2013, 7-18

[3] MUÑOZ GARRIDO, Victoria; DE PEDRO SOTELO, Francisco. “Educar para la resiliencia. Un cambio de mirada en la prevención de situaciones de riesgo social.”Revista Complutense de Educación Vol. 16 Núm. 1 2005, pp. 107-124