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LOS NICHOS CLAVE Y LA CLAVE DE LOS NICHOS DE LA INDUSTRIA DE DEFENSA. II Ciclo AEME/2022

Manuel Vila Gonzalez
Clúster de la Industria de Defensa

Introducción

Sabido es que todo lo relacionado con la guerra (aunque sea fundamentalmente para evitarla) está inmerso en una niebla que nos impide definir con exactitud aquello de lo que hablamos, por mucho que intuitivamente creamos tenerlo claro, convirtiéndonos en remedos de San Agustín cuando pretendía enfrentarse al concepto del tiempo (1). Descrita directa o indirectamente por Sun Tzu, por Baltasar Gracián o por Clausewitz, la lógica paradójica que envuelve la estrategia se extiende más allá de su propia aplicación al marco que la hace posible.

Lo que la “industria de defensa” es.

En esas circunstancias, la “industria de defensa”, ni es “industria”, ni es de “defensa”.

Por un lado, todos entendemos que el propio concepto de industria excede lo que podría limitarse al sector secundario, ya que estamos hablando de aquella actividad económica que procura los bienes o servicios que necesitan la Armada y los Ejércitos, lo que más allá de manufacturas (vehículos, armas y demás), incluye servicios básicos o avanzados, construcción de infraestructuras o alimentos. Industria es aquí sinónimo de la cadena de suministros necesaria para el buen funcionamiento de las Fuerzas Armadas, y cuyo resultado lo mismo se refiere al motor eléctrico de un submarino, que a un curso de guerra electrónica, una camilla, un algoritmo, crema de protección solar, un acuartelamiento, un informe financiero, cierto transporte o una ración de berberechos.

En cuanto al hecho de que la labor de esa industria se centre en las necesidades de la defensa, caben dos consideraciones.

La primera es que como consecuencia de cierto “buenismo”, fundamentalmente europeo occidental (con alguna excepción, eso sí, entre las que no nos encontramos), la “defensa” ha ido perdiendo color y mezclándose intencionadamente con la “seguridad”, hasta el extremo de que esta última ha llegado a fagocitarla, por mor de una pretendida mejor aceptación de la realidad castrense por parte de la sociedad. Así, ya hablamos sin complejos de la Estrategia de Seguridad Nacional, como si integrándolo todo bajo un paraguas más amplio (sin llegar al extremo de los británicos… aún) hiciese pasar desapercibido el hecho de que la estrategia es lo que es (2), por mucho que se quiera extender ese concepto fascinante a lo que no debería denominarse sino “política”.

La segunda es que una actividad de alta tecnología, como es el caso, tiene la vocación (casi el deber patrio) de ser exportadora. Aunque cumpla obviamente con las restricciones que la ley establezca, lo cierto es que una venta exterior puede acabar siendo el germen o al menos un factor favorecedor (o un mero aditamento) de una agresión exterior, convirtiendo esa “defensa” exactamente en lo contrario.

La clave de los nichos de la industria de defensa

Toda empresa especializada (y las relacionadas con la defensa lo son casi por definición), busca un mercado específico en el que poder destacar en virtud de sus capacidades tecnológicas y productivas: un mercado nicho. En un rango de actuación tan amplio como el descrito, en el que la industria de defensa se encargaría de cubrir todo el espectro de las necesidades de la defensa (nada menos), identificar los sectores clave resultaría, de nuevo, paradójico (cómo no), ya que cualquier delimitación de lo que es más importante excluiría de forma automática otros productos o servicios que son simplemente vitales (¿o es que podemos decir a priori que las balas son más prioritarias que el gasoil, que el agua, que las botas o que las comunicaciones?).

Así pues, habida cuenta de que nuestras empresas ya cubren muchas de las necesidades de nuestras Fuerzas Armadas, parece sensato centrar el tiro en aquello de lo que carecemos, siendo conscientes de que a éstas no las debería faltar de nada, pues acudirán al extranjero a dotarse de los equipos o tecnologías que no puedan encontrar en casa.

Y ahí está la clave: el Gobierno de España fomenta la compra nacional (cuando es posible), como ventaja estratégica. Por lo que, si pensamos en “nuevos” nichos de mercado, debemos tener en cuenta las necesidades operativas, con el fin de satisfacer esa demanda.

Identificación de los nichos clave: el papel de las asociaciones

Ahora bien, dado que el desarrollo de soluciones a esos requerimientos no es inmediato, ¿cómo podrían las empresas acelerar su reacción y adelantarse en lo posible a la consolidación de las tendencias?

La respuesta es sencilla: conociendo lo antes posible y sin intermediarios las necesidades de las Fuerzas Armadas. Ese diálogo directo es frecuente entre el estamento militar y las grandes empresas del sector, aquellas que integran y suministran los grandes sistemas de armas. Pero ese contacto natural siempre ha sido bastante escaso entre las Fuerzas Armadas y la pléyade de PYMES que suministran bienes o servicios menos glamurosos, que son meros subcontratistas de los grandes grupos o que disponen de una tecnología dual que ni siquiera saben que pueda ser de aplicación para la defensa. Todas ellas atesoran un know how sobresaliente que bien podrían afilar si supieran hacia dónde dirigir sus esfuerzos de I+D+i, siempre concebidos a largo plazo.

El pequeño tamaño de muchas empresas impide todo contacto directo entre ellas y el cliente final, como es lógico. Y el gran número de sociedades dificulta el acceso en sentido contrario. Por eso debe existir un vehículo que lo haga posible, haciendo de puente entre esos dos mundos.

Pues bien, me cabe el honor de presidir un clúster que nació hace apenas tres años con la vocación de convertirse en un foro en el que las empresas punteras, independientemente de su tamaño, pudieran escuchar a las Fuerzas Armadas, y en la que éstas pudieran conocer, de primera mano, de qué capacidades dispone nuestra industria. Un foro en el que las empresas de defensa pudiesen interactuar entre sí para buscar sinergias y establecer colaboraciones. Un foro (complementario a las grandes asociaciones), cuya principal pretensión es atraer el talento empresarial e industrial español al mundo de la Defensa, haciéndoles ver que sus habilidades pueden ser de utilidad al servicio de todos nosotros.

Hace unos días el Clúster de la Industria de Defensa (CID) reunió en Santander a su Consejo Asesor y celebró la entrega de sus premios anuales. El Palacio de la Magdalena se convirtió en un hervidero de ideas sobre cómo suplir las carencias más perentorias: municiones merodeadoras e inteligentes, sensorización del campo de batalla, inteligencia artificial, comunicaciones seguras, artillería de largo alcance, telemedicina, materiales más ligeros, textiles autoadaptables, vehículos autónomos de todo tipo, etc. El evento fue un ejemplo de esa imprescindible interlocución entre lo militar y la empresa, donde gracias a la clave para localizar los nichos (el empeño de nuestra sociedad por comprar en España), se perfilaron al final algunos de esos nichos clave…

Conclusiones.

Las necesidades de las Fuerzas Armadas se extienden al sector textil, al agroalimentario, a la construcción, al de la movilidad… o incluso a cría de mulas, llegado el caso. Cualquier cosa es susceptible de ser industria de defensa y no solo los aviones de combate, los submarinos o los vehículos de combate de infantería.

El CID quiere contribuir, modestamente, a que la industria de defensa se suba al carro de las necesidades de nuestras Fuerzas Armadas al amparo del incremento presupuestario que empieza a vislumbrarse.

                                                                                               Manuel Vila González

                                               Presidente del Clúster de Industria de Defensa (CID)

NOTAS:

  • “Si no me lo preguntan, sé lo que es; pero si he describirlo, no sabría cómo hacerlo”
  • Y sobre lo que la estrategia es cabría hablar largo y tendido; baste decir que se trata del proceso de decisión que se establece cuando nos enfrentamos a una voluntad ajena que procura nuestra destrucción, en medio de circunstancias terceras que ninguna de las dos partes puede dominar.

LA AMENAZA NUCLEAR DEL PRESIDENTE PUTIN- 1º Ciclo AEME de 2022

 La disuasión nuclear fue concebida para  evitar una conflagración mundial, pues el Mundo, tal y como lo concebimos, sería sacrificado seguramente. Desde entonces las potencias que poseen armas nucleares, y que las incluyen en sus Estrategias de Seguridad Nacional, han tratado de desarrollar cargas y vectores portantes que de algún modo facilitaran su  inclusión en el seno de un conflicto generalizado, sin renunciar al carácter disuasivo de tales armas, pues tanto un sistema como otro de inclusión podría producir la temible escalada.

   De lo que no debe quedar duda es de que el desencadenamiento del fuego nuclear por una potencia en conflicto generalizado se produciría cuando la existencia de la Nación iniciadora se viera en extremo comprometida por las acciones del adversario, pues cuando se dotó de armamento nuclear lo hizo seguramente por ese motivo, la causa suprema, la existencial; curiosamente esta es una reflexión que ha sido aducida por el propio Presidente Putin en la actual guerra que enfrenta a Rusia y Ucrania, tras la invasión de esta última por la primera.

   Los intereses vitales de una Nación forman parte de sus intereses nacionales, pero aquellos son tan exclusivos que determinan la existencia misma de la colectividad organizada a la que llamamos Estado; sin ellos desaparecería la necesidad de continuar con la vida nacional, al menos esa es la concepción subjetiva del propio Estado, potencialmente agredido, por la  que “su  privación o violación materializa el umbral de franqueamiento crítico más allá del cual el defensor estima que su supervivencia estaría irremisiblemente comprometida”. (Politologie de la Défense Nationale. Henri Pac. Masson. Pag.68).

   En otro orden de cosas, esta concepción nacional referida, este estado subjetivo puede no ser compartido por el otro protagonista de la disuasión, dado que aquella anida en un sentimiento, en una percepción, que nada tiene que ver con aspectos estratégicos, estos últimos muy ligados al propio territorio, a los objetivos fundamentales del país objeto, solo ellos justificarían una reacción nuclear pues su conquista supondría la derrota,  he ahí la clave de la disuasión.

   Por lo tanto podemos admitir, y los pensadores en torno a la disuasión así lo hacen (Politologie de la Défense Nationale), que existen dos concepciones sobre el verdadero sentido de los intereses vitales como límite para desencadenar, en este caso, una respuesta nuclear; el primero es una percepción nacional y el segundo es meramente estratégica, al estilo de Clausewitz.

   Yendo al caso del actual escenario de la guerra entre Rusia y Ucrania, y dentro de las dos hipótesis de la concepción del interés vital, es necesario encajarlas en las sucesivas amenazas nucleares del Presidente Putin, antes y a lo largo de lo que él llama “operación especial” en Ucrania, por otra parte incontestadas por el país agredido que además no posee armas nucleares, y que van dirigidas claramente a la Organización Atlántica, para disuadirla de actuación a favor del país ucraniano, por otra parte inverosímil pues la OTAN es una organización internacional que actúa por consenso, a 30 países, de los que solo 3 poseen armas nucleares con sus propias políticas de empleo. Distinto es que estos países nucleares pongan sus armas de este tipo a disposición de la Alianza, en las condiciones que se determinen en su Comité de Planes de la Defensa, en su planeamiento nuclear, aspectos que se deberán aprobar en sus órganos de gobierno al más alto nivel; en cualquier caso, y según los mismos teóricos, la OTAN estaría ya, con la situación actual, en una guerra disuasiva con la Federación Rusa.

   En el caso de las armas nucleares de Francia, su concepto de empleo no prevé la cesión de la decisión de su desencadenamiento pues su doctrina es muy rigurosa al respecto, fomentando su propia autonomía estratégica; además el país galo renuncia al concepto de escalada, pues el desencadenamiento de su respuesta nuclear se produciría cuando “sus objetivos vitales” estuvieran en grave peligro; por ello las armas nucleares tácticas, los antiguos Regimientos Plutón, fueron suprimidos, los misiles de la Meseta de Albión, en Provenza, igualmente, y sus fuerzas convencionales tendrían también, en ambiente de guerra abierta, la finalidad de determinar, marcando al enemigo, cuando esos intereses vitales estarían en serio peligro. Sin duda que sus armas han estado “apuntadas” a la Federación Rusa, sirviendo de elemento importante de incertidumbre, en relación con la estrategia OTAN, para el cálculo disuasivo de la ex URSS.

   El Presidente Putin esgrime, como umbral de empleo del armamento nuclear, razones existenciales de la Federación Rusa, es decir que se ponga en entredicho o se amenace gravemente la existencia de la Federación, aspecto que sitúa los intereses vitales de Rusia en una mera percepción subjetiva, en un relato que proviene del momento del hundimiento y desarticulación de la antigua Unión Soviética, y que se basa en la no aceptación, de hecho, de los acuerdos de Paris de 1990, implementados, aceptados y rubricados por los representantes oficiales de la entonces Unión Soviética.

   En este sentido, su pretensión es el cambio del orden internacional actual, perjudicial para la Federación Rusa en su opinión, cuando nunca en estos 70 últimos años había sido tan floreciente, incluso podría haber sido hasta democrática, si hubiera respetado los patrones de la misma, la alternancia política, el respeto a la oposición, la separación de poderes y la lucha contra la corrupción.

   Su pretendida amenaza existencial proviene de una reflexión que supone que las Organizaciones Internacionales, la OTAN y la UE, tienen por finalidad la amenaza a la Federación y su fin, simplemente porque las Naciones limítrofes quieren decidir su propio futuro de seguridad, soberanamente; en ningún caso la Organización Atlántica y mucho menos la UE, per se, representan un peligro existencial para los rusos, sino un convencimiento de que no quieren ser regidos por gobiernos autocráticos después de las experiencias recientes y antiguas; las minorías rusófonas en su “extranjero próximo” son frecuentes, con otras etnias, en muchos países del Mundo, merced a delimitaciones administrativas y descolonizadoras, cuando en la antigua URSS, en ocasiones, eran consecuencia de sus “progromos”, como en Ucrania.

   La disuasión que sobre la Alianza Atlántica está ejerciendo el Presidente Putin, con sus advertencias referentes al posible empleo de armamento nuclear, no puede ser concebida por Occidente si este y sus acciones no representan un grave peligro de carácter estratégico, como es la conquista o neutralización de objetivos específicos que supongan un peligro existencial, vital, para la Federación Rusa, y este no es el caso; la ayuda militar y financiera, a un tercer país, invadido, en francas condiciones de inferioridad, flagrantes si se quiere, con amplias repercusiones europeas, la ha venido practicando, secularmente, lo que hoy es la Federación Rusa, en teatros de Oriente Medio y Próximo, y en el Indo-Pacífico para apoyar a regímenes anti occidentales y opuestos.

   Putin está prácticamente solo, con adeptos más que consejeros, con la calle secuestrada y en un gran aislamiento internacional, y económicamente constreñido. Su Doctrina Militar vigente, y en general la consuetudinaria desde que posee el arma nuclear, admite el “primer uso” del arma nuclear, para ello dispone de la Triada en este tipo de armamento, y no es en absoluto extraño que pudiera emplear armamento nuclear táctico, para resolver sus problemas operacionales en Ucrania, por ello tiene su despliegue listo, de Iskander-M, por ejemplo, de hasta 500 kms. de alcance con la doble capacidad, pero su empleo más probable sería en algún objetivo adecuado en Ucrania, o como demostración de su resolución en este conflicto, pero no en el Occidente “otanizado”, pues allí su disuasión no funcionaría, pues no hay ningún interés vital, estratégico, amenazado por la Organización Atlántica.

   Diferente sería predecir la reacción de la OTAN ante ese empleo nuclear en Europa, que abriría una etapa de extraordinaria tensión , y posiblemente una escalada de empleo de este tipo de armas, empezando por un despliegue de nuevos vectores que recordaría” la crisis de los misiles de los años ochenta” y sus repercusiones para la seguridad mundial, en un momento donde la vacuidad reina, por la ausencia de tratados y medidas de confianza, todos ellos en suspenso, y con un START negociado con prisas.

                                                                                GENERAL DE DIVISION (Rdo)

                                                                                RICARDO MARTINEZ ISIDORO

                                                                                Miembro de AEME.      18.04.22 

LA RESILIENCIA DE LA OTAN, por Federico Aznar Fernández-Montesinos

ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE MILITARES ESCRITORES (AEME) 1º CICLO 2022

La OTAN es un pacto multilateral del que deriva una organización política intergubernamental. Su éxito no es sólo haber derrotado a la antigua URSS sin emplear las armas, sino el haber sido capaz de mantener la cohesión de la Alianza, que es realmente lo que lo hizo posible y que aún explica su supervivencia, después de desaparecer las razones de su creación. Así ha sido siempre. Como dijera el General Wesley Clark durante la guerra de Kosovo “ningún objetivo o conjunto de objetivos era más importante que el de mantener cohesionada la OTAN.”[1]

Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación del Foro para la Paz en el Mediterráneo

La resiliencia, que es de lo que se está hablando, encarna un proceso: es el arte de navegar en los torrentes. Esta se mediría por la fortaleza frente a perturbaciones externas, pero también por su capacidad para volver a su funcionamiento tras una perturbación; e incluso por su capacidad de transformarse para afrontar nuevos retos. Es la resiliencia como estabilidad, como capacidad de recuperación o incluso de transformación.[2]

Así, la OTAN acreditando su resiliencia, tras la caída del Muro y siendo una organización político militar, mutó, de modo que el peso del componente militar disminuyó en beneficio del rol político. Su existencia hoy se explica por los beneficios que aún trae para sus miembros. La OTAN ha estructurado un espacio de estabilidad y diálogo constante. Su desaparición hubiera provocado el rearme de sus miembros y desestabilizado Europa.

Enfocarse en la resiliencia supone centrarse en lo que las organizaciones pueden hacer por sí mismas. Los términos «resiliencia» y «vulnerabilidad» son las caras opuestas de la misma moneda, pero ambos son los términos relativos. Como la vulnerabilidad, la resiliencia es compleja y multifacética.

La formulación del concepto, aunque intuida por muchos – Clausewitz entre otros – es relativamente reciente y se debe a Bolwby (1992) que la definió como «resorte moral, cualidad de una persona que no se desanima, que no se deja abatir» e incorpora dos componentes: Es la resistencia frente a la destrucción; y más allá, la capacidad de forjar un comportamiento positivo aun en circunstancias difíciles. El concepto incluye, además, la capacidad de un sistema social de afrontar adecuadamente las dificultades, de una forma socialmente aceptable.[3]

Cohesión y resiliencia: valores e intereses compartidos.          

El espacio de la Seguridad y Defensa agrupa unos intereses vitales que, por serlo, trascienden la coyuntura interna de los países, estos son los más fríos de los intereses fríos, al decir de Bismark. Estos son constantes en el tiempo y cuentan con una vocación de largo plazo; el camino emprendido en común sirve para limar asperezas y poner en valor lo común.

Ello se explica porque los acuerdos militares implican una similar visión del mundo, valores compartidos e intereses comunes, esto es, sin graves incompatibilidades, cuando no de una amenaza o un enemigo que afrontar. A su vez estos acuerdos, por su carácter nuclear, tienden a expandirse a otros ámbitos: comerciales, tecnológicos, industriales…

En los acuerdos bilaterales, su naturaleza depende sustancialmente del potencial de las partes; normalmente proporcionan un mayor respaldo político, pero son más frágiles. Si las partes son manifiestamente heteropotenciales la relación difícilmente puede ser biunívoca pues son difíciles los mecanismos de compensación adecuados.  Como resultado se genera una gran dependencia de la parte más débil al tiempo que la más fuerte puede romperlos con menor costo.

La cooperación multilateral al diluir las diferencias individuales pude servir como medio de contrarrestar los desequilibrios en las relaciones de poder, ya que reduce la pérdida de soberanía implícita a cualquier pacto y la dota de una dimensión más igualitaria y democrática. Los acuerdos multilaterales permiten una mejor articulación de los intereses, amplían el marco para la negociación y el intercambio confiriéndole, además, un carácter estable y duradero.

Es más, el mero fallo de un Estado hace vulnerable al conjunto del sistema. Puede decirse así que la OTAN cuenta con la fortaleza del Estado más débil, lo que obliga a su fortalecimiento por mero interés general, mejorando la igualdad.

Una cuestión derivada de estas relaciones es que limitan el alcance de las controversias entre las partes con intereses enfrentados como consecuencia natural de los límites impuestos por el marco. Aún es más, el hecho de que se amplíe el abanico de opciones de negociación da más cancha al encuentro, lo que a su vez legitima las decisiones no sólo con la aquiescencia de todos sus miembros, sino también con la fuerza del concierto de voluntades de una comunidad de naciones formado a partir de los principios de diálogo y cooperación.

Esto da pie a una notable práctica de intercambios de apoyos para las más diversas instancias internacionales, lo que se conoce como fórum shopping. El apoyo de países como Estados Unidos se torna crítico en este contexto por su representación en todas ellas.

La existencia de un foro permanente e institucionalizado de debate permite modular el conjunto del proceso y facilita la creación de canales informales.

Así los militares cuando retornen a sus países mantendrán el contacto con sus compañeros a los que dispensarán de confianza y atribuirán, pues los conocen, credibilidad. De esta manera personalizarán las relaciones interestados y, con ello, se contribuye al afianzamiento. Además, son mesas permanentes y arbitradas para el encuentro político y la resolución de todo tipo de problemas comunes.

Es más, puede afirmarse que los acuerdos militares no sólo gozan de una gran estabilidad, sino que contribuyen a la pronta recuperación de las relaciones diplomáticas interestados tras cesar su perturbación.

Y es que han demostrado ser capaces de soportar las modificaciones en las coyunturas políticas de las partes y aún del propio escenario internacional, ya que las relaciones entre las Fuerzas Armadas de un mismo entorno estratégico afectan directamente a sus intereses vitales y requieren de una poderosa base cultural común. Otras razones están en la cultura de los Ejércitos como organización, en el prosaísmo de la rutina castrense y en su tendencia natural a perpetuar lo que ya está en marcha.

Así, las organizaciones de Seguridad y Defensa, como es el caso de la OTAN, pueden resultar fruto del momento, de la necesidad de responder frente a un enemigo común lo que obliga a dejar aparcada las diferencias y contradicciones y posibilita una construcción sólida y duradera. Pero una vez creadas trascienden a las causas que sirvieron a ello e incluso a su propio éxito.

Como resultado, la OTAN es la organización que más intereses de europeos y norteamericanos agrupa. De hecho, no hay organizaciones comerciales, ni siquiera acuerdos que la iguale. Recuérdese el fracaso del Tratado de Libre Comercio entre Europa y Estados Unidos que, por el contrario, sí prosperó con Canadá. La OTAN es un puente que une las orillas de ambos continentes. De hecho, puede decirse que es el único puente que de facto los une. Y volar puentes es una actividad infrecuente.

Conclusiones.

El mundo está en permanente transformación. La globalización es un proceso difícil de impedir y aun de condicionar. En este contexto, la OTAN es la única organización intergubernamental que incorpora formal y específicamente a Europa y a América del Norte como únicos actores.

Estados Unidos y Europa representan cada uno menos del 20% del PIB mundial y es de prever el sorpasso de China antes de 20 años, si es que este no se ha producido ya, de modo que el PIB europeo y norteamericano, pese a incrementarse, se reduciría en ambos casos a menos del 15%. Por tanto, si Europa y Estados Unidos quieren operar en el medio internacional deben ir juntos. 

La OTAN puede tener sus problemas y sus debates, pero su disolución no sería una buena noticia para sus miembros. Por el contrario, y como a todo puente, interesa reforzarla, fortalecerla. Y más si se piensa que sin la conformidad de Estados Unidos, y hasta sin su patrocinio, la Unión Europea no hubiera existido.

Estados Unidos dota de la mayor parte de las capacidades a la Alianza no en vano asume en torno al 36% del gasto militar mundial. Pero ese no es fruto de una desinteresada prodigalidad; Estados Unidos es una potencia global, y las Fuerzas Armadas están dimensionadas de modo acorde a los intereses. Tal cosa es muy gravosa tanto en términos económicos como militares y políticos.

La OTAN, a su vez, actúa reforzando a este país políticamente, además de militarmente. El liderazgo de los Estados Unidos requiere, para poder existir, la concurrencia de otros actores. A través suya obtiene legitimidad para las operaciones en las que esta organización se implica, la de nada menos que de 29 democracias – algunas de ellas las más avanzadas del mundo – toda vez que las decisiones en su seno se toman por unanimidad. Y la legitimidad en un conflicto es muy relevante, habida cuenta de su eterna naturaleza política. Por eso Estados Unidos no es Marte ni la UE Venus.

El centro de gravedad de la Alianza Atlántica ha sido siempre su resiliencia, la cohesión del conjunto de aliados. La solidez del vínculo trasatlántico fue lo que hizo posible la derrota de la Unión Soviética. La fuerza de la OTAN se basa en la solidaridad euroatlántica y en la credibilidad de su disuasión, de su herramienta militar. Mejorar la resiliencia de la OTAN es fortalecer su cohesión y tal cosa pasa por mejorar tanto la cohesión de la Unión Europea como la del vínculo transatlántico, pero también fortaleciendo una visión compartida e incrementando los intereses y relaciones que los unen, esto es, propiciando su integración. 


[1] KAGAN, Robert. Poder y debilidad. Editorial Taurus, Madrid 2003, p. 79.

[2] URIARTE ARCINIEGA, Juan de Dios. “La perspectiva comunitaria de la resiliencia.”  Psicología Política, Nº 47, 2013, 7-18

[3] MUÑOZ GARRIDO, Victoria; DE PEDRO SOTELO, Francisco. “Educar para la resiliencia. Un cambio de mirada en la prevención de situaciones de riesgo social.”Revista Complutense de Educación Vol. 16 Núm. 1 2005, pp. 107-124