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CONCEPTO ESTRATEGICO 2022, por AEME

Aunque el  Ejecutivo celebra que el Concepto Estratégico de Madrid incluya la enmienda que presentó para «precisar» que la organización defenderá la “integridad territorial de los aliados”, tal cual ellos lo definan en su ordenamiento jurídico    (Nueva España dixit: Cumbre de la OTAN | La Alianza protegerá la «integridad territorial” de Ceuta y Melilla como quería el Gobierno (lne.es)  ),
El documento no contempla nada nuevo en relación con Ceuta y Melilla, pese a la propaganda oficial; seria necesario incluir una enmienda en el Tratado de Washington, ya que la situación de Ceuta y Melilla están  fuera de los limites que contempla el Tratado. Las provincias francesas de Argelia, precisaron de la inclusión explicita de ellas en el Tratado, en el que fueron excluidas al independizarse el territorio. 
Los comentarios generalizados de que nunca se abandonaran a las naciones , aunque un centímetro cuadrado sean atacadas, necesita una matización practica. ¿Apoyó la OTAN a España cuando fue invadido el territorio español de Perejil?, respuesta NO. Ayudó  EE.UU en base al tratado bilateral de amistad y especialmente por las buenas relaciones existentes entre las cabezas rectoras de ambos países.  

Los puntos clave del nuevo Concepto Estratégico de la OTAN

El nuevo Concepto Estratégico de la OTAN se aleja de la «cooperación» impulsada en años anteriores y fija a Rusia como la amenaza «más directa y significativa para la seguridad, la paz y la estabilidad euroatlántica». Esta filosofía contrasta con la adoptada en 2010 en la Cumbre de Lisboa, que resaltaba la importancia de la cooperación con Rusia, una cuestión que contribuía a «crear un espacio común de paz, estabilidad y seguridad». Entonces la Alianza reafirmaba no ser una amenaza para Moscú y hacía hincapié en la importancia de construir una «alianza estratégica de reciprocidad». La invasión a Ucrania lo ha cambiado todo.

Estos son, en resumen, los puntos esenciales del documento:

Propósito de la OTAN

La OTAN está decidida a salvaguardar la libertad y la seguridad de los aliados. Su propósito clave y mayor responsabilidad es asegurar nuestra defensa colectiva contra todas las amenazas, de todas las direcciones.Somos una Alianza defensiva. El vínculo transatlántico entre nuestras naciones es indispensable para nuestra seguridad. Estamos unidos por valores comunes: libertad individual, derechos humanos, democracia y defensa de la ley. Seguimos firmemente comprometidos con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y el Tratado del Atlántico Norte.

Entorno estratégico

La zona euroatlántica no está en paz. La Federación Rusa ha violado las normas y principios que contribuyeron a un orden de seguridad europeo estable y predecible. No podemos descartar la posibilidad de un ataque contra la soberanía y y la integridad territorial de los aliados. Las amenazas a las que nos enfrentamos son globales y están interconectadas. Los actores autoritarios desafían nuestros intereses, valores y forma de vida democrática. Están invirtiendo en sofisticadas capacidades convencionales, nucleares y de misiles, con poca transparencia o respeto por las normas y compromisos internacionales. Interfieren en nuestros procesos democráticos e instituciones y apuntan a la seguridad de nuestros ciudadanos a través de tácticas híbridas. Realizan actividades maliciosas en el ciberespacio y el espacio, promoviendo campañas de desinformación, instrumentalizando la migración, manipulando la energía y los suministros y utilizando la coerción económica.

Rusia, la gran amenaza

La Federación Rusa es la amenaza más significativa y directa para la seguridad de los aliados. Pretende establecer esferas de influencia y control directo a través de la coerción, la subversión, la agresión y la anexión. Utiliza medios convencionales, cibernéticos e híbridos contra nosotros y nuestros socios. Emplea la amenaza nuclear. Tiene como objetivo desestabilizar países de nuestro Este, Norte y Sur. La OTAN no busca la confrontación y no representa una amenaza para la Federación Rusa. Continuaremos respondiendo a las amenazas rusas y las acciones hostiles de manera unida y responsable. Reforzaremos significativamente la disuasión y la defensa para todos los aliados. No podemos considerar a la Federación Rusa como nuestro socio. Sin embargo, seguimos dispuestos a mantener abiertos los canales de comunicación con Moscú para gestionar y mitigar los riesgos, prevenir la escalada y aumentar la transparencia.

Terrorismo

El terrorismo, en todas sus formas y manifestaciones, es la amenaza asimétrica más directa a la seguridad de nuestros ciudadanos y a la paz y la prosperidad internacionales. Las organizaciones buscan atacar o inspirar ataques contra los aliados. Se han expandido sus redes y mejorado sus capacidades con nuevas tecnologías que les proporcionan más alcance y letalidad.

El vecindario sur

Los conflictos, la fragilidad y la inestabilidad en África y Oriente Medio afectan directamente a nuestra seguridad y la de nuestros socios en el vecindario sur de la OTAN. Particularmente las regiones de Medio Oriente, África del Norte y el Sahel enfrentan desafíos de seguridad, demográficos, económicos y políticos. Estos se agravan por el impacto del cambio climático, instituciones frágiles, emergencias sanitarias e inseguridad. Esta situación proporciona un terreno fértil para la proliferación de organizaciones no estatales y grupos armados, incluidas las organizaciones terroristas, y contribuye al desplazamiento forzado, alimentando la trata de personas y el tráfico irregular. Estas tendencias plantean serios desafíos transnacionales y humanitarios y socavan la seguridad humana y estatal y tienen un impacto desproporcionado en mujeres, niños y grupos minoritarios.

China

Las ambiciones declaradas y las políticas coercitivas de la República Popular China desafían nuestros intereses, seguridad y valores. Emplea una amplia gama de herramientas políticas, económicas y militares para aumentar su huella global y proyectar poder, mientras permanece opaco sobre su estrategia, intenciones y desarrollo militar. Las operaciones híbridas y cibernéticas maliciosas de China y su retórica de confrontación y desinformación apunta a los aliados y daña la seguridad de la Alianza. Busca controlar sectores tecnológicos e industriales, infraestructura crítica y materiales estratégicos y cadenas de suministro. Utiliza su influencia económica para crear dependencias y potenciar su influencia. Seguimos abiertos a un compromiso constructivo con China, incluso para construir transparencia recíproca, con miras a salvaguardar los intereses de seguridad de la Alianza. Mejoraremos nuestra resiliencia y preparación para protegernos contra las tácticas coercitivas e intentos de dividir la Alianza. Defenderemos nuestros valores compartidos y las reglas del orden internacional, incluida la libertad de navegación.

Ciberespacio

El ciberespacio está en disputa en todo momento. Actores malignos buscan degradar nuestra infraestructura, interferir nuestros servicios gubernamentales, extraer inteligencia, robar propiedad intelectual e impedir nuestras actividades militares. Las tecnologías emergentes y disruptivas traen tanto oportunidades como riesgos. Están alterando el carácter del conflicto, adquiriendo mayor importancia estratégica. La primacía tecnológica influye cada vez más al éxito en el campo de batalla.

Cambio climático

El cambio climático es un desafío definitorio de nuestro tiempo, con un profundo impacto en los aliados. Es un multiplicador de crisis y amenazas. Puede exacerbar el conflicto, la fragilidad y la competencia geopolítica. El aumento de las temperaturas provoca el aumento del nivel del mar, los incendios forestales y fenómenos meteorológicos más frecuentes y extremos perturban nuestras sociedades, socavando nuestra seguridad y amenazando la vida y el sustento de nuestros ciudadanos. El cambio climático también afecta la forma en que operan nuestras fuerzas armadas. Nuestra infraestructura, activos y bases son vulnerables a sus efectos, pues necesitan operar en un clima más extremo.

Tareas principales

Si bien la OTAN es una Alianza defensiva, nadie debe dudar de nuestra fuerza y determinación. Defenderemos cada centímetro del territorio aliado en todos los dominios y direcciones, en 360 grados. La postura de disuasión y defensa de la OTAN se basa en una combinación adecuada de capacidades de defensa nuclear, convencional y antimisiles, complementadas con capacidades espaciales y cibernéticas. Emplearemos herramientas militares y no militares de manera proporcionada, coherente e integrada. Nos aseguraremos de que nuestra postura de disuasión y defensa siga siendo creíble, flexible, medida y sostenible. Continuaremos mejorando la preparación colectiva, la capacidad de respuesta y de despliegue. La seguridad marítima es clave para nuestra paz y prosperidad. Aceleraremos nuestra transformación digital, adaptaremos la Estructura de Mando de la OTAN para la era de la información y mejorar nuestras ciberdefensas, redes e infraestructura. Mejoraremos nuestra seguridad energética invirtiendo en suministro, proveedores y fuentes de energía estables y confiables.

Las fuerzas nucleares estratégicas, en particular las de los Estados Unidos, son la garantía suprema de la seguridad de la Alianza. Las fuerzas nucleares del Reino Unido y Francia tienen un papel disuasorio propio y contribuyen significativamente a la seguridad general de la OTAN. El Tratado de No Proliferación Nuclear es el baluarte esencial contra la propagación de las armas nucleares y seguimos firmemente comprometidos con su plena aplicación.

Fuente:

https://www.abc.es/internacional/abci-estos-puntos-clave-nuevo-concepto-estrategico-otan-202206291706_noticia.html

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220629 NATO strategic-concept

La OTAN y China. 1º CICLO de AEME 2022. Autor: Profesor Calduch

La agresión rusa a Ucrania ha revalorizado, de forma abrupta y dramática, la importancia de la alianza estratégica transatlántica. Hasta hace poco, la OTAN era considerada una organización en declive, una vez que Washington había transferido su prioridad política y estratégica al área Indo-Pacífica, llegando incluso a establecer una nueva alianza con Australia y el Reino Unido (Aukus). Ahora, en cambio, se está reconsiderando seriamente el contenido que debe recoger el nuevo concepto estratégico, pendiente de aprobarse en el Consejo Atlántico del próximo Junio.

Sin duda, la creación de la OTAN respondió a la necesidad de enfrentar la amenaza del comunismo soviético, de acuerdo con la doctrina norteamericana de contención. No obstante, Estados Unidos quiso expresamente evitar un compromiso estratégico mundial, restringiendo su aplicación al área euro-atlántica.

Durante medio siglo, la OTAN desempeñó eficazmente su función de garante de la seguridad transatlántica mediante la disuasión, tanto nuclear como convencional, y llegado el caso mediante la intervención militar, como en Kosovo (1999). Sin embargo, en el concepto estratégico aprobado ese mismo año se introdujo la modificación de autorizar las operaciones de gestión de crisis, no amparadas por el art. 5, y realizadas fuera del área euro-atlántica tal y como se define en el art. 6 del Tratado. Entre ellas destacan las operaciones de ISAF y Resolute Support MIssion, ambas en Afganistán (2001-2021), la NATO Training Mission in Iraq (2004-2011), la Operation Unified Protection en Libia (2011) y la Ocean Shield contra la piratería en el Índico (2009-2016).

A la vista de estos hechos, resulta evidente que por la vía consuetudinaria la OTAN ha modificado dos de los artículos fundamentales del Tratado de Washington. Ello obliga a considerar nuevos escenarios de posibles intervenciones aliancistas en la región Indo-Pacífica, dada la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China pero también debido a que en dicha región Estados Unidos y Francia poseen parte de sus territorios y población que pueden verse directamente amenazados en circunstancias extremas de tensión.

En efecto, superada la etapa de las históricas rivalidades fronterizas entre la URSS y China por los acuerdos de Shanghai (1996) y Moscú (1997), las relaciones entre ambas potencias se han ido fortaleciendo a través de los flujos comerciales, la cooperación energética y las medidas de confianza gracias a la participación en la Organización de Cooperación de Shanghai, como el principal instrumento de seguridad regional asiática al margen de Estados Unidos y sus países aliados en la zona.

Esta aproximación entre Beijing y Moscú, unido al espectacular aumento del poder económico mundial de China, su incremento del gasto en defensa, con el corolario de la modernización y ampliación de las capacidades militares convencionales y nucleares, así como una política cada vez más agresiva en el mar meridional de China y respecto de Taiwán, han alertado a las autoridades norteamericanas. El Consejo Atlántico ha aprobado un posicionamiento explícito sobre las amenazas que para la seguridad de los países miembros de la OTAN puede suponer la evolución del poder chino.

En la Declaración del 14 de Junio de 2021 se afirmaba literalmente: “La creciente influencia y las políticas internacionales de China pueden presentar desafíos a los que debemos responder conjuntamente como Alianza. (…) Las ambiciones declaradas de China y su asertividad presentan desafíos sistémicos para el orden internacional fundado sobre reglas y en ámbitos que resultan importantes para la seguridad de la Alianza.

La reciente Declaración conjunta de Putin y Xi Jinping del 4 de Febrero de 2022, veinte días antes de la invasión rusa de Ucrania, incluye un párrafo específico de oposición a la ampliación de la OTAN que, a la vista de los acontecimientos posteriores, ha resultado revelador del compromiso estratégico alcanzado por ambos dirigentes sobre el futuro de la Alianza.

En efecto, no cabe duda de que China y Rusia comparten una concepción revisionista del orden internacional, acorde con sus particulares concepciones estatales, que cuestiona, cuando no socava abiertamente, los fundamentos de cooperación multilateral y seguridad colectiva que lo sustentaban desde el fin de la bipolaridad. En ambos casos, sus planteamientos revisionistas tienen mucho que ver con la oposición al poder hegemónico ejercido por Estados Unidos y sus aliados occidentales desde la Segunda Guerra Mundial.

En semejantes circunstancias y a la vista de las peligrosas consecuencias que tales concepciones revisionistas están ya acarreando para la seguridad mundial, resulta imprescindible que la OTAN fije su posición estratégica ante “el desafío sistémico” que representa China.

Esta posición estratégica atlantista debería tomar en consideración las vulnerabilidades estructurales del régimen comunista chino. La primera de ellas es la gestión de una población diez veces la de Rusia con un territorio ligeramente superior a la mitad del ruso. Esta realidad geopolítica, que le ha permitido convertirse en la segunda potencia económica mundial aprovechando su mercado interior, también le obliga a mantener un constante y elevado crecimiento del PIB para ir mejorando el reducido nivel de vida de su población con una renta per cápita anual de 9.122 € en 2020.

La segunda debilidad estructural deriva de la alta dependencia de las importaciones de materias primas y energía que posee la economía china para garantizar su crecimiento productivo y, al mismo tiempo, su inevitable necesidad de expansión comercial y financiera a escala mundial. Ello exige unas condiciones internacionales de estabilidad estratégica, gestión pacífica de los conflictos de intereses y previsibilidad funcional de los flujos transnacionales, que casan mal con las reivindicaciones revisionistas impuestas por la fuerza, como acaba de hacer Rusia en Ucrania.

El escenario de un estancamiento de la economía real china, provocaría en poco tiempo una creciente inestabilidad social interior del régimen comunista y con ello un escenario de crisis política estatal a medio plazo, como ya ocurrió en el caso soviético, que los dirigentes chinos consideran un riesgo que debe conjurarse a toda costa.

Ello nos remite a la tercera vulnerabilidad estructural, la de un régimen político dominado por un partido comunista cuya gestión autocrática de las instituciones y de la población, dificulta la eficacia y eficiencia requeridas por el capitalismo estatal y su creciente internacionalización. Ya no se trata sólo de la violación o de las restricciones de los derechos humanos y las libertades civiles, es ya una cuestión de incompatibilidad entre una mejora de las condiciones sociales y económicas de vida de una creciente clase media urbana y la perpetuación de unas restricciones políticas impuestas por un régimen cada vez más cerrado y rígidamente elitista.

Esta contradicción del régimen político chino es la que sustenta su cuarta y última vulnerabilidad, la que atañe a la ansiada reunificación con Taiwán. La experiencia represiva de Hong Kong, constituye un recordatorio para la población taiwanesa del futuro que pueden esperar como consecuencia de su integración con la República Popular China. Un conflicto de intereses políticos que es susceptible de escalar militarmente y para el que la OTAN debería prepararse.

Sería razonable que el nuevo concepto estratégico de la OTAN tomase en consideración las posibles amenazas estratégicas y riesgos económicos asociados a la actual política del gobierno chino, incluida su alianza con Rusia. También debería especificar las respuesta adecuadas a la necesaria disuasión y, llegado el caso, la correspondiente represalia defensiva, pero teniendo siempre presente que la primera línea de defensa es siempre una diplomacia eficaz.

Rafael Calduch Cervera

Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales

Universidad Complutense de Madrid

LA RESILIENCIA DE LA OTAN. 1º CICLO de AEME 2022, por el CF. Federico Aznar Fernández Montesinos

La OTAN es un pacto multilateral del que deriva una organización política intergubernamental. Su éxito no es sólo haber derrotado a la antigua URSS sin emplear las armas, sino el haber sido capaz de mantener la cohesión de la Alianza, que es realmente lo que lo hizo posible y que aún explica su supervivencia, después de desaparecer las razones de su creación. Así ha sido siempre. Como dijera el General Wesley Clark durante la guerra de Kosovo “ningún objetivo o conjunto de objetivos era más importante que el de mantener cohesionada la OTAN.”[1]

La resiliencia, que es de lo que se está hablando, encarna un proceso: es el arte de navegar en los torrentes. Esta se mediría por la fortaleza frente a perturbaciones externas, pero también por su capacidad para volver a su funcionamiento tras una perturbación; e incluso por su capacidad de transformarse para afrontar nuevos retos. Es la resiliencia como estabilidad, como capacidad de recuperación o incluso de transformación.[2]

Así, la OTAN acreditando su resiliencia, tras la caída del Muro y siendo una organización político militar, mutó, de modo que el peso del componente militar disminuyó en beneficio del rol político. Su existencia hoy se explica por los beneficios que aún trae para sus miembros. La OTAN ha estructurado un espacio de estabilidad y diálogo constante. Su desaparición hubiera provocado el rearme de sus miembros y desestabilizado Europa.

Enfocarse en la resiliencia supone centrarse en lo que las organizaciones pueden hacer por sí mismas. Los términos «resiliencia» y «vulnerabilidad» son las caras opuestas de la misma moneda, pero ambos son los términos relativos. Como la vulnerabilidad, la resiliencia es compleja y multifacética.

La formulación del concepto, aunque intuida por muchos – Clausewitz entre otros – es relativamente reciente y se debe a Bolwby (1992) que la definió como «resorte moral, cualidad de una persona que no se desanima, que no se deja abatir» e incorpora dos componentes: Es la resistencia frente a la destrucción; y más allá, la capacidad de forjar un comportamiento positivo aun en circunstancias difíciles. El concepto incluye, además, la capacidad de un sistema social de afrontar adecuadamente las dificultades, de una forma socialmente aceptable.[3]

Cohesión y resiliencia: valores e intereses compartidos.          

El espacio de la Seguridad y Defensa agrupa unos intereses vitales que, por serlo, trascienden la coyuntura interna de los países, estos son los más fríos de los intereses fríos, al decir de Bismark. Estos son constantes en el tiempo y cuentan con una vocación de largo plazo; el camino emprendido en común sirve para limar asperezas y poner en valor lo común.

Ello se explica porque los acuerdos militares implican una similar visión del mundo, valores compartidos e intereses comunes, esto es, sin graves incompatibilidades, cuando no de una amenaza o un enemigo que afrontar. A su vez estos acuerdos, por su carácter nuclear, tienden a expandirse a otros ámbitos: comerciales, tecnológicos, industriales…

En los acuerdos bilaterales, su naturaleza depende sustancialmente del potencial de las partes; normalmente proporcionan un mayor respaldo político, pero son más frágiles. Si las partes son manifiestamente heteropotenciales la relación difícilmente puede ser biunívoca pues son difíciles los mecanismos de compensación adecuados.  Como resultado se genera una gran dependencia de la parte más débil al tiempo que la más fuerte puede romperlos con menor costo.

La cooperación multilateral al diluir las diferencias individuales pude servir como medio de contrarrestar los desequilibrios en las relaciones de poder, ya que reduce la pérdida de soberanía implícita a cualquier pacto y la dota de una dimensión más igualitaria y democrática. Los acuerdos multilaterales permiten una mejor articulación de los intereses, amplían el marco para la negociación y el intercambio confiriéndole, además, un carácter estable y duradero.

Es más, el mero fallo de un Estado hace vulnerable al conjunto del sistema. Puede decirse así que la OTAN cuenta con la fortaleza del Estado más débil, lo que obliga a su fortalecimiento por mero interés general, mejorando la igualdad.

Una cuestión derivada de estas relaciones es que limitan el alcance de las controversias entre las partes con intereses enfrentados como consecuencia natural de los límites impuestos por el marco. Aún es más, el hecho de que se amplíe el abanico de opciones de negociación da más cancha al encuentro, lo que a su vez legitima las decisiones no sólo con la aquiescencia de todos sus miembros, sino también con la fuerza del concierto de voluntades de una comunidad de naciones formado a partir de los principios de diálogo y cooperación.

Esto da pie a una notable práctica de intercambios de apoyos para las más diversas instancias internacionales, lo que se conoce como fórum shopping. El apoyo de países como Estados Unidos se torna crítico en este contexto por su representación en todas ellas.

La existencia de un foro permanente e institucionalizado de debate permite modular el conjunto del proceso y facilita la creación de canales informales.

Así los militares cuando retornen a sus países mantendrán el contacto con sus compañeros a los que dispensarán de confianza y atribuirán, pues los conocen, credibilidad. De esta manera personalizarán las relaciones interestados y, con ello, se contribuye al afianzamiento. Además, son mesas permanentes y arbitradas para el encuentro político y la resolución de todo tipo de problemas comunes.

Es más, puede afirmarse que los acuerdos militares no sólo gozan de una gran estabilidad, sino que contribuyen a la pronta recuperación de las relaciones diplomáticas interestados tras cesar su perturbación.

Y es que han demostrado ser capaces de soportar las modificaciones en las coyunturas políticas de las partes y aún del propio escenario internacional, ya que las relaciones entre las Fuerzas Armadas de un mismo entorno estratégico afectan directamente a sus intereses vitales y requieren de una poderosa base cultural común. Otras razones están en la cultura de los Ejércitos como organización, en el prosaísmo de la rutina castrense y en su tendencia natural a perpetuar lo que ya está en marcha.

Así, las organizaciones de Seguridad y Defensa, como es el caso de la OTAN, pueden resultar fruto del momento, de la necesidad de responder frente a un enemigo común lo que obliga a dejar aparcada las diferencias y contradicciones y posibilita una construcción sólida y duradera. Pero una vez creadas trascienden a las causas que sirvieron a ello e incluso a su propio éxito.

Como resultado, la OTAN es la organización que más intereses de europeos y norteamericanos agrupa. De hecho, no hay organizaciones comerciales, ni siquiera acuerdos que la iguale. Recuérdese el fracaso del Tratado de Libre Comercio entre Europa y Estados Unidos que, por el contrario, sí prosperó con Canadá. La OTAN es un puente que une las orillas de ambos continentes. De hecho, puede decirse que es el único puente que de facto los une. Y volar puentes es una actividad infrecuente.

Conclusiones.

El mundo está en permanente transformación. La globalización es un proceso difícil de impedir y aun de condicionar. En este contexto, la OTAN es la única organización intergubernamental que incorpora formal y específicamente a Europa y a América del Norte como únicos actores.

Estados Unidos y Europa representan cada uno menos del 20% del PIB mundial y es de prever el sorpasso de China antes de 20 años, si es que este no se ha producido ya, de modo que el PIB europeo y norteamericano, pese a incrementarse, se reduciría en ambos casos a menos del 15%. Por tanto, si Europa y Estados Unidos quieren operar en el medio internacional deben ir juntos. 

La OTAN puede tener sus problemas y sus debates, pero su disolución no sería una buena noticia para sus miembros. Por el contrario, y como a todo puente, interesa reforzarla, fortalecerla. Y más si se piensa que sin la conformidad de Estados Unidos, y hasta sin su patrocinio, la Unión Europea no hubiera existido.

Estados Unidos dota de la mayor parte de las capacidades a la Alianza no en vano asume en torno al 36% del gasto militar mundial. Pero ese no es fruto de una desinteresada prodigalidad; Estados Unidos es una potencia global, y las Fuerzas Armadas están dimensionadas de modo acorde a los intereses. Tal cosa es muy gravosa tanto en términos económicos como militares y políticos.

La OTAN, a su vez, actúa reforzando a este país políticamente, además de militarmente. El liderazgo de los Estados Unidos requiere, para poder existir, la concurrencia de otros actores. A través suya obtiene legitimidad para las operaciones en las que esta organización se implica, la de nada menos que de 29 democracias – algunas de ellas las más avanzadas del mundo – toda vez que las decisiones en su seno se toman por unanimidad. Y la legitimidad en un conflicto es muy relevante, habida cuenta de su eterna naturaleza política. Por eso Estados Unidos no es Marte ni la UE Venus.

El centro de gravedad de la Alianza Atlántica ha sido siempre su resiliencia, la cohesión del conjunto de aliados. La solidez del vínculo trasatlántico fue lo que hizo posible la derrota de la Unión Soviética. La fuerza de la OTAN se basa en la solidaridad euroatlántica y en la credibilidad de su disuasión, de su herramienta militar. Mejorar la resiliencia de la OTAN es fortalecer su cohesión y tal cosa pasa por mejorar tanto la cohesión de la Unión Europea como la del vínculo transatlántico, pero también fortaleciendo una visión compartida e incrementando los intereses y relaciones que los unen, esto es, propiciando su integración. 


[1] KAGAN, Robert. Poder y debilidad. Editorial Taurus, Madrid 2003, p. 79.

[2] URIARTE ARCINIEGA, Juan de Dios. “La perspectiva comunitaria de la resiliencia.”  Psicología Política, Nº 47, 2013, 7-18

[3] MUÑOZ GARRIDO, Victoria; DE PEDRO SOTELO, Francisco. “Educar para la resiliencia. Un cambio de mirada en la prevención de situaciones de riesgo social.”Revista Complutense de Educación Vol. 16 Núm. 1 2005, pp. 107-124