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Tribunal Constitucional. Medidas cautelares inaudita parte

Por José Soldado, Abogado y Presidente de DEMOS78

El TC decidirá hoy si adopta la medida cautelar de suspensión que le pide el PP en su recurso. Su regulación* es básicamente la misma que en la LEC. Lo más frecuente es que se adopten oyendo a la otra parte pero en casos de urgencia y acreditando ésta (eso es lo que dice la LEC) puede otorgarse sin oír a la parte afectada por por la medida.  En tal caso la LEC permite la oposición posterior a la medida (con citación a una vista a las partes para sustanciar la oposición) y en el caso del TC permite la impugnación en plazo más breve de 5 días (en la LEC son 20) para oír al MF y demás partes personadas. En el caso del TC el auto que se dicte tras la impugnación es definitivo y firme (no cabe recurso contra él).

Personalmente creo que en este caso aunque la votación de hoy no determina la aprobación (tiene que pasar luego por el Senado) sí debería adoptarse la medida inaudita parte pues hay fumus boni iuris ya que está claro que la reforma por su forma y por su contenido es muy cuestionable  y periculum in mora pues si se aprueba la ley la medida llegaría tarde lo que es contrario a su naturaleza. Además si se autoriza una primera votación tal suceso tendrá consecuencias en la credibilidad de las instituciones como ocurrió con el estatuo refrendado y luego declarado inconstitucional en parte. 
Se ha dicho en algún medio (veo, por ejemplo Diario 16) que eso crearía un conflicto constitucional sin precedentes. Cierto que no hay precedentes (salvo uno en Cataluña) pero la democracia liberal no sobrevive sin el Estado de Derecho. Las cortes tienen unas limitaciones que están marcadas en la Constitución y los procedimientos legislativos. Los procedimientos son esenciales (por ejemplo en el normal o ajustado a la norma son precisos informes previos que ahora se eluden, no puede modificarse la LOTC mediante una enmienda introducida en otra ley que no tiene nada que ver, etc.). 
La cuestión es ¿puede el legislador incurrir en arbitrariedad (proscrita en el 9.3 CE)? 
No por muy legislador que sea. Al igual que los demás poderes está sometido al imperio de la ley y existe una jerarquía normativa y unos procedimientos, siendo la norma suprema (Kelsen) la Constitución. A partir de ese vértice se dibuja hacia abajo la famosa pirámide de Kelsen. 

Pirámide de Kelsen.png

Por decirlo así las Cortes han de aprobar leyes que estén dentro de esa pirámide y por los procedimientos fijados en las que se encuentran dentro de esa pirámide. 
Ahora bien, en materia de Estado y sus poderes la legalidad presume que lo que hace es legal y, además, todo lo que hace es directamente ejecutivo.  Entonces el Estado de Derecho (que puede ser perfectamente vulnerado por cualquier poder del Estado o cualquier organismo o cualquier órgano) sólo encuentra protección en la jurisdicción (según lo que se vulnere habiendo una complejidad de procedimientos y habiendo limitaciones: un particular puede atacar directamente un decreto, pero no una ley, por ejemplo) o en el Tribunal Constitucional. 
En definitiva, si es abiertamente arbitraria la conducta del legislador (por muy legislador que sea, dada la ley electoral el legislador son 6 o 7 que son los que mandan con lo que la probabilidad de autocracia es mucho mayor) y cualquier actuación de los mecanismos protectores del Estado de Derecho (que no es sólo el legislador como parecen creer algunos políticos) al modo aburridamente habitual llegará tarde, muy tarde, es evidente que sólo cabe actuar de forma inmediata porque es patente que las reformas que se proponen exigen otros procedimientos legislativos y que  se van a producir alteraciones de las mayorías exigibles para configurar ciertos organismos lo que tendrá una incidencia en los contrapesos. 
Por tanto, yo estoy con la suspensión inaudita parte y eso no supone ningún  conflicto del T.C. con las Cortes. El TC no tiene conflictos, los resuelve (los previstos en la LOTC). En general los tribunales no confrontan, los tribunales dicen el Derecho en el caso concreto (ius dícere), ese es su papel, no están (por definición) en la refriega política, ni en el litigio, sino que lo componen (dan una solución), cosa que los parlamentos sí  están como, de otro lado,  debe ser, porque ese es su papel, es la casa de la política, pero esa refriega no puede socavar el Estado de Derecho, porque para eso no se les ha dado la potestad legislativa. Tienen que legislar, dicho de otro modo, dentro del orden establecido por la Constitución. Como esa cuestión es importantísima (decidir si tales cambios sustanciales están dentro de su potestad o no lo están) es urgente la medida y si no le gusta al afectado que la impugne. 

¿Utopía o estrategia de fondo? A propósito del PSOE. Es el momento de la acción.

Por José Soldado, abogado y presidente de DEMOS78

Si el PSOE quiere sobrevivir tiene que acabar con la etapa Sánchez. La modificación de la sedición y de la malversación es muy grave. Sin embargo, más grave si cabe es el espectáculo de realizar afirmaciones contundentes sobre que no harán y hacerlo con igual contundencia la semana siguiente. Lo niegan con argumentos «razonables» y lo afirman con argumentos «razonables». Cuando eso ocurre sabemos que la persona que lo hace no es de fiar. A los que no son de fiar sólo los votan aquéllos que a su vez no son de fiar o aquéllos que no se enteran de lo que está pasando. ¿Juega con esas dos palancas el gobierno actual? Personalmente creo que si es así se equivoca. Cada vez hay más personas informadas y el número de personas que no son de fiar y esperan algo (tienen que confluir ambos elementos para conseguir su voto) se viene reduciendo drásticamente. Es más, en el difícil equilibrio  de la conjunción este es de los míos, este me dará algo el sujeto de sufragio pasivo en cuestión (el de no fiar que concurre a elecciones) tiene que mantener la apariencia doble. A su vez el elemento «me dará algo» tiene que ver con querer hacerlo (no siendo de fiar el dador, hay que fiarse de que lo hará por razones puramente egoístas pues en otro caso no lo hará) pero también tiene que ver con poder hacerlo. 
Sabemos que Sánchez no es de fiar (las pruebas son abrumadoras y todos sus socios lo saben y, además, lo dicen), sabemos que, como le interesa sobre todas las cosas mantenerse en el poder, «querrá» hacerlo (por ejemplo convocar un referéndum, aunque ahora diga que no, cfr. la declaración de Alfonso Guerra en la entrevista de ayer con Alsina).  Lo único que el electorado de ese tipo de personajes ha de tener claro es que     podrá hacerlo, es decir que (a estas alturas es claro)Frankenstein (la metáfora es de Rubalcaba) sacará  mayoría absoluta. Para eso es imprescindible que el PSOE no caiga por fuga de votos al PP y los demás no bajen (Podemos) o, al menos, se mantengan.
Ha habido manifestaciones de tres presidentes (los tres que tienen el PSOE) de CCAA que vienen manifestando su incomodidad con las políticas de Sánchez que suponen contradecir al Sánchez de las promesas electorales y, ultima mente, al Sánchez de antes de ayer. 
Yo les voy a ofrecer, desde la distancia de la sociedad civil, una estrategia para reponer la cosas a su estado democrático y reubicar la política en el marco constitucional. 
Sres. Emiliano García-Page, Guillermo Fernández Vara y Javier Lamban, háganse fuertes (aunque parecen no creerlo lo son), convoquen una rueda de prensa conjunta y pidan expresamente, por sus nombres uno a uno, a los diputados de los distritos de su territorio autonómico que voten en contra de las reformas de la sedición y la malversación.  Si es posible acompáñense de cuantos alcaldes del PSOE quieran unirse. 
Sánchez se apoya en algunos partidos antisistema (aunque estén en el sistema para demolerlo desde dentro) y partidos anti unidad territorial, que consideran España algo ajeno, partidos que le niegan la soberanía al pueblo español sobre la indemnidad de su territorio, arrogándose una soberanía propia (inexistente) y  supuestamente aplastada por la fuerza.  Pero Sánchez sólo con esos apoyos no es nada. Además, no suma, sino que resta. Sin el apoyo,  no ya mayoritario, sino total de su partido (basta que una decena de diputados vote en contra) Sánchez cae. Si no cae y se presenta una moción de censura, máxime con persona independiente propuesta, pídanles a esos mismos diputados que la apoyen o se abstengan y caerá.  Y con él caerá toda esperanza de esa minoría totalitaria que es el independentismo.
La operación democracia les saldrá bien, señores, tomarán el control del partido, restablecerán su democracia interna, evitarán la fuga de votos a otras formaciones políticas (como ocurrió en Andalucía) y restablecerán la cordura. No les hablo ya de la ética de la convicción (que es la que exhiben verbalmente), sino de la responsabilidad, que exige actuar para producir, desde dentro, una inflexión para  librar al PSOE de parásitos externos.
Si no hay acción habrá omisión connivente y el pueblo sabrá detectarlo. Perderán ustedes sus presidencias, lo mejor para ustedes será que caigan en el olvido, porque no hicieron en su momento lo que tenían que hacer.  Por último,  no se confíen en las redes clientelares, como suelo, si éstas sospechan su más que posible pérdida de poder, si notan debilidad (como la acreditan al haber con la boca pequeña y no actuar)  acudirán a otros para proteger sus intereses.

Los peligros del desacople

Occidente no debe dejarse arrastrar por China a una nueva guerra fría, donde dos grandes mundos separados competían ferozmente entre sí. Hoy el desafío es llegar a un modelo de coexistencia pacífica donde visiones del mundo incompatibles no impidan la cooperación en cuestiones geopolíticas y climáticas.

DARON ACEMOGLU |  28 de julio de 2021

Una buena reflexión de «7 días de Política Exterior» en lo que respecta al «desacople con China».

Históricamente siempre ha habido confrontaciones entre potencias, unas han generado guerras y otras coexistencia, aceptándose por ambas partes sus esferas de influencia.

Pero eran unos tiempos distintos, primero de dos dimensiones: tierra y mar. Tras la conquista del espacio exterior, pasamos a tres dimensiones, pero ahora surge una nueva dimensión: el «espacio virtual», que es precisamente donde se produce la verdadera confrontación o desacople.

Todos vivimos gracias a ese espacio y por mucho que queramos no podemos ya, deshacernos de él.

Es preciso llegar a acuerdos permanentes sobre este cuarto espacio, porque incide en la mente de las personas que, a la postre, seremos esclavizadas o no por el que lo domine.

China es un país autócrata, allí manda el partido comunista chino, permitiendo dentro de sus fronteras lo que hay que hacer o no. Ahí radica su debilidad. Las diferencias regionales que hay en España, Francia, Italia, Alemania, etc., que nos parecen importantes, en China están acalladas por el poder omnímodo del autócrata Xi Jinping. Debemos fomentar por todos los medios posibles que estos pueblos sometidos y que quieren tener su propia identidad, como los uigures, musulmanes https://www.bbc.com/mundo/noticias-51531714, pero hay 55 etnias más que no están de acuerdo con el orden establecido. Leer «China, sus minorías étnicas y las resistencias uigur y tibetana» de Eugenio Anguiano http://www.istor.cide.edu/archivos/num_40/ventana1.pdf

En definitiva la mejor forma de tener un mundo más seguro es que China se convierta en una democracia y desaparezcan las autocracias.

Conferencia sobre el futuro de Europa

Ha sido el realismo histórico el que me ha enseñado a ver que la unidad de Europa como sociedad no es un «ideal», sino un hecho y de muy vieja cotidianidad. Ahora bien: una vez que se ha visto esto, la probabilidad de un Estado general europeo se impone necesariamente. La ocasión que lleve súbitamente a término el proceso puede ser cualquiera: por ejemplo, la coleta de un chino que asome por los Urales o bien una sacudida del gran magma islámico.

Esto escribía nuestro pensador universal, José Ortega Gasset, en 1930, en su «Prólogo para francesa» de su gran obra «La rebelión de las masas»:

https://drive.google.com/file/d/0Bz2QGV3wJPT2OTgxZjAzMTUtYjUxZi00MzU3LWI1YjUtNmY1Mjk2MjU1MDFl/view?hl=es

La Unión Europea no es una democracia, son democráticos los estados que la forman, porque falla en la elección en la propia representación de los individuos que viven en esta confederación de naciones. El poder lo tienen los propios Estados y sus poderes ejecutivos. Para que fuera una democracia, los votantes a través de las elecciones y de los correspondientes partidos políticos «europeos», pueden elegir al presidente de la Comisión Europea, con poder suficiente para hablar en nombre de la Unión Europea, al menos en tres o cuatro sectores de la actividad internacional: política exterior, seguridad y defensa y economía.

La creación de unas fuerzas armadas europeas se impone, no como cesión de unidades por parte de los estados miembros, sino con su propio reclutamiento, sus propios centros de enseñanza castrense y sus propias armas, sin que ello quiera expresar la desaparición de los ejércitos de cada país. El Ejército Europeo, no tiene que ser de gran magnitud, pero desde luego dotado de inmensas capacidades, para ser proyectado en breves horas al lugar del planeta donde los intereses útiles de la UE se encuentren amenazados.

Hay un proceso sobre el futuro de Europa, una reflexión colectiva, desde esta página pretendemos impulsar y hacer visible todo él.

La Unión Europea quiere reforzar su pilar defensivo

MAYO 11, 2021 / ADMIN / SIN COMENTARIOS / EDITAR

La UE reactiva el plan para tener un papel más autónomo y relevante en Defensa

Incide en la estrecha colaboración con la OTAN y EE UU, que saldrán beneficiados al contar «con una Europa más fuerte»

Por Salvador Arroyo. Diario Sur de 11.05.2021.

https://www.diariosur.es/internacional/reactiva-plan-tener-20210511000322-ntvo.html

Hacia una Europa más fuerte y democrática
MANFRED WEBER / DOLORS MONTSERRAT

El Mundo, edición de 5 de mayo de 2021

EUROPA está atravesando una vez más una crisis, la tercera en poco más de una década.

Ante esto, la tarea que venían realizando las instituciones comunitarias de resolver los problemas internos y garantizar la paz ha cambiado.

Hoy en día su tarea principal es garantizar una Europa segura y resistente en un mundo convulso.

Por ello, tenemos que reforzar el papel de la Unión y su capacidad para ser una excelente gestora de crisis. La pandemia del Covid-19 nos ha mostrado dónde tenemos que actuar: los europeos se sintieron decepcionados, comprensiblemente, por la gestión inicial. Cada Estado miembro cerró sus fronteras unilateralmente, los requisitos de viaje y los periodos fijados de cuarentena fueron diferentes y, lo que es más importante, el despliegue de la vacuna está más lento que el de nuestros socios occidentales más cercanos. Durante demasiado tiempo, la UE se ha visto atascada en largos procesos que han llevado a decisiones tardías.

La Conferencia sobre el futuro de Europa que comienza el 9 de mayo debe tener una prioridad absoluta: la UE debe estar en condiciones de actuar con rapidez y de garantizar resultados.

En algunos ámbitos, debería devolver algunas competencias a los Estados miembros. Sin embargo, la acción común es crucial y la Unión necesita mayores poderes ejecutivos para una ejecución y una acción más rápidas.

Fijémonos en Rusia, Turquía y China. Un solo país no puede impedir que Europa actúe en la escena mundial, y eso es lo que ocurre con demasiada frecuencia: debemos ser más eficaces en política exterior, renunciando a la unanimidad y tomando las decisiones por mayoría. También se debería nombrar un ministro de Asuntos Exteriores europeo de pleno derecho, que hable por Europa y que responda ante el Parlamento Europeo.

En la misma línea, Europa debe reforzar sus capacidades de seguridad y defensa y permanecer unida. Necesitamos una ruta clara hacia una Unión Europea de defensa dentro de la OTAN, unas verdaderas fuerzas armadas europeas

con un cuartel general conjunto. No para sustituir a las fuerzas armadas nacionales, sino para combinar nuestras fuerzas y hacer que nos respeten en todo el mundo. En cualquier caso, nuestra capacidad de defensa debe utilizarse siempre para fomentar la paz.

Garantizar la seguridad de los ciudadanos significa también que Europa debe estar preparada para hacer frente a la próxima pandemia y a otras enfermedades graves. Aunque los estados miembros de la UE son los principales responsables de la salud y la atención médica, las pandemias no se detienen en las fronteras.

Deberíamos crear el Instituto Europeo Marie Sklodowska Curie de Investigación de Alto Nivel para reunir a nuestras mejores mentes y atraer a los mejores talentos, de modo que podamos intensificar la lucha contra el cáncer, pero también contra el Alzheimer y contra enfermedades infecciosas como el Covid-19. Europa puede convertirse en el nuevo laboratorio de innovación sanitaria.

La tecnología está impulsando el cambio y remodelando nuestro mundo. Por ello, Europa debe desempeñar un papel destacado en la revolución digital; para lograrlo, la UE necesita las competencias adecuadas para desarrollar un verdadero mercado único digital. Necesitamos una Ley Digital europea con objetivos de inversión vinculantes y normas de infraestructura con proyectos emblemáticos claros, como la red 5G de alta seguridad y la ampliación de la red de fibra. También la inversión en Inteligencia Artificial y en el aprendizaje automático para avanzar en la medicina de precisión y el fomento de la innovación limpia para el futuro de la movilidad, con una nueva tecnología de baterías.

Somos pioneros en la protección del medio ambiente, ya que nos hemos fijado el ambicioso objetivo de reducir las emisiones en un 55% de aquí a 2030. Pero, si realmente queremos dar un paso más, la Unión Europea debe ser responsable de la política climática, especialmente para negociar y llegar a acuerdos climáticos internacionales con terceros países, de acuerdo con las normas medioambientales europeas.

No obstante, si queremos mantener todas nuestras ambiciones, es fundamental que Europa esté preparada para soportar financieramente la próxima crisis. Para ello, hay que completar la Unión Económica y Monetaria: la UE necesita un ministro de Economía propio que se centre en la estabilidad y en los resultados macroeconómicos. La próxima crisis económica no debe conducir a un mayor endeudamiento sobre los hombros de las generaciones futuras. No podemos permitirnos el lujo de perder el entusiasmo de nuestros jóvenes, debemos asegurar un futuro próspero que ellos contribuyan a forjar.

En los últimos años, los europeos han tenido la creciente impresión de que lo que ocurre en Bruselas no tiene en cuenta sus vidas. No saben a quién culpar o premiar por los fracasos y los éxitos. Esto es lo que ocurre cuando hay demasiados responsables al mismo tiempo: las decisiones importantes se retrasan y la responsabilidad se pierde a los ojos de los ciudadanos. Los europeos necesitan un liderazgo democrático más fuerte.

En definitiva, Europa sólo será una gestora de crisis eficaz si está legitimada por los ciudadanos: hay que reforzar el mandato democrático de Europa. Antes de las próximas elecciones europeas, debemos tener claro quién es responsable en Europa. En todas las elecciones nacionales, los ciudadanos pueden elegir entre candidatos en base a sus programas: por esto, debemos reforzar el proceso de candidatos europeos, pues los votantes han de tener la palabra decisiva sobre quién dirigirá la Comisión Europea. El partido que forme la mayoría de gobierno ha de tener derecho a nombrar al presidente de la Comisión Europea, siempre que cuente con el apoyo de la mayoría del Parlamento Europeo; o podemos ir aún más lejos y establecer la elección directa del presidente. Además, la UE necesita un rostro, una voz que sea reconocida como la voz de la UE por parte de los ciudadanos. Desaires como el Sofagate de Turquía no se producirían si Europa contase finalmente con un único presidente del Ejecutivo.

Si Europa quiere sobrevivir a la próxima crisis necesita desesperadamente un cambio: una Europa más democrática y con los poderes necesarios para defender los intereses comunes de los europeos. Por ello, la Conferencia sobre el Futuro de Europa no debe iniciar el debate con tabúes o limitaciones, sino con una mentalidad abierta y ambiciosa. Al igual que nuestros padres fundadores antes que nosotros, el Grupo del Partido Popular Europeo seguirá siendo la fuerza motriz para una mayor integración europea que ofrezca resultados a los ciudadanos.

Necesitamos superar esta crisis y empezar a soñar con nuestro futuro.

Manfred Weber es presidente del Grupo del Partido Popular Europeo en el Parlamento Europeo y Dolors Montserrat es portavoz del PP en el Parlamento Europeo.

https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/ip_21_1065

https://blogs.elconfidencial.com/mundo/wiertz-60/2021-05-04/que-es-conferencia-futuro-europa_3061367/

https://www.euskadi.eus/gobierno-vasco/-/nota_prensa/2021/rleg-solicita-a-la-conferencia-sobre-el-futuro-de-europa-cofe-una-mayor-participacion-de-las-regiones-con-poderes-legislativos-en-la-ue/

La EUIPO conmemora el Día de Europa con una conferencia sobre el futuro de Europa e iluminando de azul lugares singulares de Alicante.

https://www.ondacero.es/emisoras/comunidad-valenciana/alicante/audios-podcast/mas-de-uno/euipo-conmemora-dia-europa-conferencia-futuro-europa-iluminando-azul-lugares-singulares-alicante_202105066093c12e0dc31d00013e96e7.html

https://eventos.ucm.es/62354/detail/la-conferencia-sobre-el-futuro-de-europa_-una-oportunidad-para-europa-y-su-sociedad-civil.html

UE: urge visión geoestratégica compartida

Por Ana Palacio. Publicado en el diario El Mundo el 08.05.2021.

En torno al 9 de mayo, fiesta grande de la Construcción Europea (así, con mayúsculas), el estreno de mes viene prolijo en hitos relacionados. De pasado, de presente y… de futuro. Empezando por la controvertida conmemoración de los 200 años de la muerte (un 5 de mayo) de Napoleón: muchas sombras, sin duda; muchas luces también. Y lecciones a no desperdiciar.

De presente no falta dónde elegir: el miércoles, la Comisión Europea sacó una bien trabajada actualización post Covid de la imprescindible política industrial de la UE. El documento base modificado es «reciente» pues fechado a 10 de marzo de 2020; apenas un año, sin duda otra era. De particular interés y aprecio resulta la reflexión estratégica que subraya con acierto, sin ir más lejos, nuestra dependencia china respecto de la mitad de los 137 componentes identificados como llave en «ecosistemas críticos». Estamos en el núcleo duro del mercado interior. Y se nota.

Contrasta con la decisión anunciada el jueves por el Alto Representante, Josep Borrell, tras la reunión de los ministros de Defensa del bloque, respaldada por 14 Estados miembro, de constituir una «fuerza de posiblemente 5.000 militares de entrada» (¡ejem!: «de entrada», «posiblemente»), en torno a los Grupos de Combate de la UE existentes… sobre el papel, pues a día de hoy no se han estrenado. Se nos dice forma parte de la discusión sobre «la futura hoja de ruta (‘hoja de ruta’: lagarto, lagarto) sobre seguridad y defensa, también conocida como Brújula Estratégica». Es el polo opuesto de la referida comunicación mercantil en cuanto a enjundia, determinación y concreción; también en cuanto a atribución de competencias: porque, en estos ámbitos internacionales la UE «coordina». Acordar, acuerdan –o no– las capitales.

En cuestión de porvenir, destaca en estos días el pistoletazo de salida oficial de la Conferencia sobre el Futuro de Europa; necesaria reflexión sobre diseño, fortalezas y carencias de nuestra andadura. Será mañana, en una ceremonia bizantina –bizantina por

 lo elaborada, también por las tensiones interinstitucionales que refleja– en la sede estrasburguesa del Parlamento Europeo.

Planteados los tres planos, cumple detenerse siquiera un párrafo en Napoleón. De mi experiencia en la UE tengo que el haz de su ciclópea huella –esto es, el Código Civil, el Droit Administratif y la estructura funcionarial aparejada (en España, reforma de Javier de Burgos)– cimentan el diseño actual. El deletéreo envés de su corta vida (51 años) quedó inmortalizado por Goya en el «Tres de Mayo». Y esa camisa blanca que pronto se cubrirá de sangre, junto a ese horror en la mirada, reverberan en las confrontaciones continentales del siglo XIX y en las dos grandes guerras del XX –mundiales sí, pero prendidas por nosotros europeos; por una parte de nosotros, contra nosotros mismos–.

Esta síntesis napoleónica alumbra no poco la contradicción que hoy vive la UE. El armazón jurídico institucional es fundamental… al servicio de unos intereses definidos. Es precisa visión y ambición. Una conciencia política en su sentido real, no la versión happy flower de autosuficiencia de los elementos que componen la proyección «blanda» del poder, que aflige nuestra cacareada «Brújula Estratégica» en desarrollo (¿?).

Hasta hace poco el sueño se aguantaba por EEUU: por la seguridad del enorme y acogedor paraguas de potestad «dura» desplegado. La incontestada hegemonía americana propició la singladura exitosa del Mercado Interior y áreas conexas de crecimiento orgánico, como –recientemente– la Agenda Digital o la Transición Energética. Pero eso era en el mundo de ayer.

En nuestro mundo mutante y efervescencia de competencia entre grandes poderes, no cabe asepsia política así se traspasa la frontera exterior. Y las escaramuzas en territorios de conquista del Tratado dan fe. En particular, el área de migraciones algo nos debería haber enseñado en los años 2015/2016: la negociación con Erdogan fue un darse de bruces con la realidad y asumir como bloque que la política existe, que la defensa del Rule of Law (el Imperio de la Ley) es nuestra bandera, pero manteniendo los pies en el suelo; y el realismo está reñido con los absolutos (en este caso las «fronteras abiertas»). Así, capitaneados –arrastrados más bien– por Angela Merkel, a regañadientes en muchos casos, ahí estuvieron todos los que son y los miles de millones que cuentan.

Tampoco hay magia ni excepción para el comercio internacional, como ha venido a demostrar la tortuosa evolución del acuerdo de inversión apalabrado en diciembre pasado con China (CAI por sus siglas en inglés). Salvados por la campana, también en materia económica abrimos los ojos a la imposibilidad de compartimentar de forma estanca en economía, y la financiación del Fondo de Recuperación se concertó desde Bruselas, bajo la batuta de la canciller saliente.

No podemos pretender seguir habitando un mundo normativo puro. Ni mantener el modo reactivo, actuando únicamente cuando una crisis enorme amenaza con llevarnos por delante. Desde un pasado sangriento intentamos un proyecto volcado al futuro, basado en una amnesia de prosperidad, derecho y multilateralismo. Ya no es posible: la historia ha vuelto en tromba. Ante una Europa amputada huimos de establecer límites; la fundamental cuestión –quién es europeo– quedó flotando en el líquido amniótico de la alambicada tecnicidad de los Tratados. Pero la geografía está aquí hoy. Rusia nos lo recordó en Ucrania en 2014, con la anexión de Crimea; y los Acuerdos de Minsk (negociados por Alemania, junto con Francia), son un buen recopilatorio de este doloroso despertar.

Ursula von der Leyen ambicionó en su toma de posesión como Presidenta, una «Comisión Geoestratégica»; por su parte, el Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad ha acuñado el lema: «La Unión tiene que aprender a hablar el lenguaje del poder». Ahora solo falta que las capitales entiendan que ese aprendizaje no se producirá –no se puede producir– de forma espontánea, ni en circuito cerrado. Empezando por Berlín, siguiendo por París y las demás –Madrid también– han de hacer suya la empresa: delinear una visión estratégica compartida. Lo que tarden será un seguir contemplando con melancolía cómo nuestras instituciones son ninguneadas, cuando no vejadas, por quienes han concluido que la humillación de la UE tiene altos beneficios y repercusión de opinión… a muy bajo coste político. Todo lo cual dibuja un objetivo insoslayable para la Conferencia ciudadana que mañana presenta credenciales.