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El trilema de Israel y la causa palestina

09.07.2021 Josep Piqué

Oriente Próximo sigue siendo uno de los focos de atención geopolítica, a pesar de (y a causa de) la progresiva retirada de Estados Unidos de la región y el muy escaso papel de la Unión Europea en sus conflictos.JOSEP PIQUÉ |  9 de julio de 2021

Estados Unidos está consumando su retirada de Afganistán (como ya ha hecho en Irak o en el conflicto sirio, mediante el cese del apoyo a las milicias kurdas). Una retirada muy controvertida porque todo apunta a que el retorno del régimen talibán es inevitable en un plazo relativamente corto de tiempo. Veinte años después del inicio de la guerra, volvemos al punto de partida y la incógnita es si eso va a propiciar también un refuerzo del yihadismo, que fue el origen y la justificación de la intervención militar, al tener Al Qaeda sus principales bases y dirigentes en el país. Parece más bien una asunción realista de la derrota y los paralelismos con la retirada de Vietnam son cada vez más evidentes.

Ese repliegue incluye la aceptación de un papel relevante a otras potencias no occidentales, como RusiaTurquíaIrán o las monarquías del golfo Pérsico que, en un nuevo “Great Game”, están pugnando por la influencia en una vasta región, incluyendo la parte oriental del norte de África que fue en su día parte sustancial del Imperio Otomano.

El interés geoestratégico de EEUU se ha basado en el control y en la estabilidad de los suministros energéticos, hoy menos relevantes dada la creciente autosuficiencia energética del país y la progresiva disminución del peso de las energías fósiles en el mix de generación. Pero ha habido otro “anclaje” esencial, derivado del apoyo a Israel (un asunto de política interna en EEUU) y la búsqueda de una eventual solución a la cuestión palestina. En cualquier caso, el paradigma ha cambiado, más allá de la reorientación de Washington hacia el Indo-Pacífico y su confrontación sistémica con China.

El apoyo norteamericano a las llamadas “primaveras árabes” de hace una década ha derivado, en general, hacia una mayor inestabilidad en Oriente Próximo (incluidas sangrientas guerras civiles e injerencias de otras potencias, antes impensables) o un retorno al autoritarismo represivo en el marco de la competencia por la influencia y la hegemonía en el mundo árabe, que disputan potencias árabes, pero también potencias musulmanas no árabes, particularmente Turquía e Irán.

Acuerdos del Siglo

Por otra parte, el apoyo árabe a la causa palestina –condicionando la relación con Israel a la solución del conflicto– que ya se resquebrajó con la paz entre Israel y Egipto, en 1979, o entre Israel y Jordania, en 1997, ahora se ha visto golpeado por los llamados Acuerdos de Abraham (auténticos Acuerdos del Siglo y no el inefable planteamiento realizado por Donald Trump y su yerno, Jared Kushner), que suponen la normalización de las relaciones con Israel de países árabes importantes, sin condicionarla en la práctica a la resolución del conflicto palestino-israelí. Este auténtico cambio cualitativo ha sido rubricado por Emiratos Árabes UnidosBahrein (impensable sin el visto bueno implícito de Arabia Saudí), Sudán y Marruecos.

Ciertamente, tales movimientos telúricos están propiciando una ofensiva de Irán y Turquía (con el apoyo catarí) para convertirse en los adalides de la causa palestina, ante la “traición” del mundo árabe, y aprovecharlo para reforzar su influencia frente a Arabia Saudí y su ahora incondicional aliado, Egipto.

Se ha visto con meridiana claridad en la llamada “nueva intifada” (nada que ver con las anteriores) que se inicia a mediados de mayo pasado con las protestas por las resoluciones judiciales sobre propiedades en un barrio mayoritariamente palestino en Jerusalén Este, desata enfrentamientos entre jóvenes arabo-israelíes, ultraortodoxos judíos y las fuerzas del orden de Israel –rompiendo una conllevancia más o menos habitual– y, muy especialmente, se materializa en la confrontación bélica entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza. Durante este último enfrentamiento ha habido lanzamientos masivos de misiles hacia territorio israelí, interceptados en su mayoría por el sistema antimisiles Cúpula de Hierro, la destrucción de importantes edificios en Gaza y la amenaza de una intervención terrestre.

Finalmente, se ha impuesto un frágil alto el fuego, con la mediación de Egipto, pero ha quedado de nuevo de manifiesto un conflicto profundo y no superado que, pese a los éxitos diplomáticos de Israel y su política de hechos consumados en la Cisjordania ocupada, está muy lejos de resolverse. La seguridad y la estabilidad sostenibles de Israel siguen dependiendo de ello, máxime con la involucración de otras potencias que siguen pretendiendo la destrucción de Israel.

«Se ha impuesto un frágil alto el fuego, pero ha quedado de nuevo de manifiesto un conflicto profundo y no superado que está muy lejos de resolverse»

En primer lugar, es cierto que hay un problema de interlocución. Pero también un problema conceptual.

La interlocución por parte palestina está afectada por la división entre Hamás, que controla la Franja de Gaza, y Al Fatah, partido que controla la Autoridad Nacional Palestina. Por un lado, una fuerza que utiliza métodos terroristas y que está muy ligada a Irán. Por otro, una institución desprestigiada por la corrupción, la gerontocracia y su incapacidad congénita para ofrecer soluciones reales a las necesidades de unos ciudadanos palestinos sin horizonte, que ven aplazadas las elecciones por enésima vez en los últimos 15 años.

Por parte israelí, hay un gobierno muy inestable, de composición contradictoria (desde ultraortodoxos a partidos árabes) y cuya única cohesión deriva de su voluntad de retirar a Benjamin Netanyahu del poder después de 12 años ininterrumpidos como primer ministro, a pesar de las acusaciones de corrupción que pesan sobre él.

Difícil, pues, esperar gran cosa.

El ‘trilema de Israel’

Pero quizá lo más relevante sea el problema conceptual, que podemos resumir en el llamado “trilema de Israel”. Se trata de decidir si Israel quiere ser un Estado democrático, judío y controlar de facto los territorios ocupados. Si quiere ser judío y controlar el territorio, no puede ser democrático, al condenar a los palestinos a ser ciudadanos “de segunda” en su propia tierra. Si quiere ser judío y democrático, no cabe seguir con la ocupación. Y si quiere ser democrático y controlar los territorios, no puede ser judío y debe abrirse a un Estado plurinacional en el que todos sus ciudadanos tengan los mismos derechos.

Esto nos lleva al debate sobre la solución de los dos Estados, defendida por la comunidad internacional, y si hoy puede ser viable. No lo parece. Hablaríamos de un Estado palestino, fragmentado entre una “isla” (Gaza) y un “archipiélago” (Cisjordania), sin capacidad de autonomía real ni en lo económico, ni en su seguridad y defensa, muy vulnerable además a la subordinación de facto a potencias exteriores como Irán. Algo inadmisible para Israel pero también para el mundo árabe.

Por ello, avanzan cada vez más las posiciones que defienden la posibilidad de un solo Estado binacional y democrático, que garantice los derechos y las oportunidades para todos los ciudadanos, sean judíos, árabes o palestinos, con el apoyo explícito de la comunidad internacional y, en particular, de Naciones Unidas. Se trata de poner el énfasis en los intereses reales de la gente y no en unas aspiraciones históricas incompatibles entre sí.

En este punto vuelve la responsabilidad de EEUU. Este país ya no tiene, ni quiere tener, la capacidad para imponer acuerdos de paz, como en los tiempos de Bill Clinton, pero sí puede influir para que las posiciones se vayan decantando en el tiempo. Puede parecer un objetivo utópico y naif, especialmente hoy. Y, desde luego, nada fácil. Pero hay que explorar alternativas a una solución que ya se ha mostrado inviable. Y Europa debe acompañar en ese empeño.

Ceuta, Melilla y Gibraltar. España está sola

Debate de la Sociedad Civil Malagueña

https://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2021-05-22/segundo-cafe-espana-esta-sola-6758607.ht

Foto de Diario Sur. Autor Carlos Moret. Cuando Rafael VIdal fue elegido Presidente del Real Club Mediterráneo

La verdad es que la pregunta que me hace es inesperada, aunque espero dar una respuesta personal a la misma. Tratar los temas de Ceuta, Melilla, Gibraltar y nuestras relaciones con los vecinos del sur, es un problema de geopolítica y de geoestrategia. Con el primero analizamos la política exterior de España en un espacio determinado, como es el estrecho de Gibraltar y sus accesos y con el segundo, establecemos una estrategia a muy largo plazo, para hacer sentir la voluntad de los españoles en dicha zona. Esta geoestrategia es una razón de Estado y que tendría que haber permanecido uniforme desde al menos 1714, pero conocemos que no ha sido así.

Tanto el Reino Unido como el reino de Marruecos han sabido aprovecharse de los momentos de debilidad de la política española, como fue todo el siglo XIX y una buena parte del XX y por supuesto el XXI.

Los avances territoriales en Gibraltar y la pretensión de espacios marítimos y aéreos propios, es una buena muestra de todo ello. No ha habido una política única con la colonia inglesa y además cuando ha gobernado la izquierda, las cesiones han sido más evidentes, creyéndose de buena o mala fe, que los oponentes iban a cumplir lo negociado. Por lo tanto, con Gibraltar, firmeza y como único interlocutor el Gobierno Británico. Así fue entendido en las décadas de los ochenta y noventa, pero el nefasto Gobierno de Zapatero, entregó al gobierno de la colonia, cientos de miles de accesos telefónico y de datos y propició en el espacio ridículo de la Roca, el mayor centro de juego online del mundo. Le dio estabilidad económica a cambio de nada.

Ceuta fue portuguesa y a partir de la unión de los reinos de Portugal y Castilla en 1580, fue plenamente española, sin que existiera ningún reino alauita, sino el Meriníe. El reino de Marruecos aparece a mediados del siglo XVIII, con duros enfrentamientos con la monarquía hispánica. La reivindicación de este territorio, junto con el de Melilla, es por lo tanto históricamente inviables. Las dos ciudades, tras la guerra de África de 1860, aumentaron sus territorios, reconociéndose mediante tratado, que los mismos eran posesiones españolas.

Es decir, la reivindicación de Marruecos, con respecto a Ceuta y Melilla, es como si Alemania, reivindicara la Prusia Oriental. Un absurdo.

El Gobierno Sánchez, que es el peor de la Historia desde el del rey absoluto Fernando VII, es un gobierno débil, manipulado por un vulgar personaje como Pablo Iglesias y como cabeza pensante, por un mercenario político, que se considera “estratega”, pero es un simple táctico, que con España 2050, lo que quiere es que los españoles no vean el presente.

Mohamed VI, sigue la senda de su padre Hassan II, cuando organizó la marcha Verde y se apoderó del Sahara Español. Sánchez se ha enemistado con Estado Unidos, por el caso Venezuela, con la Unión Europea, por su falta de compromiso y por el caso de Delcy Rodríguez y además con Marruecos, por ningunearlo. Creo que el único remedio es que pase pronto esta etapa del Gobierno Frankenstein, tal como lo denominó Alfredo Pérez Rubalcaba.

Geopolítica, Geoestrategia y Relaciones Internacionales

XXV Foro de expertos de CIFAL Málaga sobre el coronavirus

Intervinientes en la mesa redonda:

El embajador Hansi Escobar.

José Carlos Galocha, Representante de la ONU en Kosovo.

Beatriz Becerra, ex-eurodiputada.

Mariano Gerván, protonotario de la Cámara Argentina.

Rafael Vidal, Coronel Artª, DEM (Ret), Vicepresidente ejecutivo del Foro para la Paz en el Mediterráneo

https://www.youtube.com/watch?v=vENGciAG_KY