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Guerra compleja, armamento inteligente, superioridad en el combate y capacidades tecnológicas. AEME II/ciclo 2022

Profesor D. Antonio Martínez González

CURRICULUM:

Especialista en economía y tecnología de la defensa, ha participado y dirigido diferentes proyectos de investigación relacionados con la materia, entre los que cabe destacar “La Defensa y la Seguridad Nacional como factor de desarrollo económico-tecnológico: el caso español y la PESD” concedido por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado.

Es profesor de asignaturas específicas en Másteres Universitarios (“El sector empresarial de defensa y seguridad como alternativa eficiente al Sector Público”; “Innovación y tecnología en los procesos de mercado”; “Presupuestos y gastos públicos”).

En su campo de especialización, ha dirigido varias tesis doctorales dedicadas a las relaciones existentes entre economía, tecnología y defensa: “Administración pública de los recursos humanos de defensa en Uruguay”, con mención de doctorado europeo; “Análisis de la eficiencia del gasto en Defensa: el presupuesto de Defensa en España 1946-2008”; “La sostenibilidad de la industria aeroespacial en Europa: Aplicación específica a los casos francés y español”; “La eficiencia dinámica de las agencias privadas de suministros de servicios en los mercados de defensa y seguridad desde la perspectiva de la escuela austriaca”.

Sus estudios han dado lugar a la realización de publicaciones nacionales e internacionales, la organización de cursos y seminarios, y la participación en congresos, ciclos de conferencias, debates y jornadas

PONENCIA:

La guerra de Ucrania está sirviendo como escaparate para mostrar un conjunto de realidades contrastables en cuanto a cómo y de qué manera se gestan y evolucionan las circunstancias y condicionantes que coadyuvan a los grandes conflictos geopolíticos y militares. Por primera vez, tras el final de la Guerra Fría, los principales bloques geopolíticos y geoeconómicos en competencia por la hegemonía de la gobernanza mundial se han visto arrastrados a un escenario diplomático y militar que presenta, por un lado, la posibilidad concreta de llegar a generar escenarios de destrucción mutua y, por el otro, un complejo contexto de necesidades sociales y económicas que atender tras los terribles efectos de la pandemia del COVID‑19.

El conflicto ucraniano ha dejado en evidencia la existencia de un problemático conjunto de escenarios y dinámicas que afectan a diferentes fenómenos y procesos geopolíticos, sociales, económicos, tecnológicos, militares, energéticos y logísticos. Este complejo ecosistema interdependiente, estratégicamente catalizado por la guerra, ha obligado más que nunca desde la caída del muro de Berlín a los gobiernos occidentales y a sus estructuras militares, a tener que alinear sus capacidades geoestratégicas y de defensa a corto plazo junto al resto de necesidades económicas y productivas. En particular, a las derivadas de la garantía del suministro de otros bienes y servicios públicos, percibidos como absolutamente necesarios en nuestras sociedades desarrollas modernas y, todo ello, con unos niveles de exigencia en las actuaciones de gobernanza como no se había experimentado a nivel mundial desde hacía décadas.   

En tales circunstancias, tanto en España como en el resto de los países que conforman la Unión Europea, junto a los miembros la Alianza Atlántica, se han tomado una serie de decisiones estratégicas, en particular en la última cumbre de la OTAN celebrada en Madrid, acompañadas de un conjunto de medidas que implicaban asignar unos niveles de recursos presupuestarios en materia de Defensa Nacional por encima de los habitualmente destinados al sector. Así pues, en el caso de las inversiones dedicadas a innovación y tecnología de la defensa, hay dos partidas presupuestarias de aplicación que se han visto particularmente beneficiadas. Nos referimos al Programa 122.B Programas especiales de modernización, incluido en Área de Gasto 1 de Servicios Públicos Básicos; y al programa 464.A. de Investigación y estudio de las fuerzas armadas, encuadrado en el grupo de programas 4.6 INVESTIGACIÓN, DESARROLLO, INNOVACIÓN Y DIGITALIZACIÓN del Área de gasto 4 – Actuaciones de carácter económico.

Por lo que se refiere a los Programas Especiales de Modernización, éstos son el resultado de la cooperación entre los Ministerios de Defensa y de Industria, Comercio y Turismo. Tienen como objetivos el dotar de los mejores sistemas de armamento y tecnologías para el combate a nuestras Fuerzas Armadas en el campo de batalla, así como explotar las sinergias derivadas de sus desarrollos tecnológicos para la potenciación e impulso al crecimiento del tejido económico y productivo nacional en su conjunto. A tal fin, la partida presupuestaria asignada este año en los Presupuestos Generales del Estado alcanza la cifra de 4.901,71 millones de euros frente a la prevista el año anterior, que fue de 2.848 millones de euros, lo que ha supuesto un incremento del 72,11 %. Es innegable que este aumento representa una subida sustancial con relación a las asignaciones de ciclos presupuestarios anteriores.

En cuanto al programa 464.A. de Investigación y estudio de las fuerzas armadas, y en particular la partida de inversiones correspondiente a su Objetivo 2: Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial “Esteban Terradas” (INTA), asciende este año a la cifra de 196,02 millones de euros. Esta partida incluye todas aquellas acciones e inversiones dirigidas a la investigación para su aplicación en el diseño y desarrollo de nuevos prototipos de sistemas de armamento. En su confección se presta una especial atención a aquellos proyectos e iniciativas que, por su carácter dual, favorecen las sinergias y externalidades positivas en los sectores civiles de alta y media tecnología de nuestra industria nacional. Además, el conjunto de actuaciones que abarcan sus proyectos está enmarcado en la Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa 2020 (ETID). Para entender la importancia y el verdadero alcance de invertir en este programa, también hay que indicar que la actividad del INTA abarca más de 350 proyectos relacionados con la I+D, que están a su vez asociados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y a las políticas de la Unión Europea destinadas a la reducción de la contaminación del medioambiente, así como a impulsar la cooperación y coordinación con universidades y empresas.

 Ahora bien, la pregunta que deberíamos plantearnos es, si un aumento tan significativo de las inversiones en estos programas, algunos de cuyos objetivos son los de aumentar la capacidad operativa, la resiliencia y la efectividad de nuestra Defensa Nacional, recordemos que estamos hablando de una cifra que supera los 5.000 millones de euros, está realmente o no justificada.  La respuesta es sin duda alguna que sí. La realidad de los hechos lo avala, tanto por lo que se refiere a las necesidades reales de seguridad, el escaparate de la guerra de Ucrania es su mejor demostración práctica, junto a la necesidad de potenciar nuestro tejido tecnológico e innovador en cuanto principal fuente de impulso a la productividad, lo que representa uno de los factores determinantes del crecimiento económico, condición sine qua non para sostener y mejorar el estado del bienestar de nuestras sociedades.

Sin embargo, no debemos olvidar que uno de los principales argumentos de controversia en lo referente a invertir en políticas de Defensa y Seguridad Nacional frente a otras políticas sociales, ha sido históricamente el derivado de la componente ideológica que determina el proceso de la toma de decisiones en materia de gasto público. El principal problema reside en ofrecer respuestas por parte de los gobiernos lo más satisfactorias posibles a las demandas del conjunto de la sociedad, sobre si es mejor gastar en cañones o en mantequilla y en qué proporción hacerlo. Para ello debemos tener en cuenta lo que la ciudadanía entiende y percibe como necesidades más o menos inmediatas y apremiantes.

Este nivel de percepción y su intensidad van de la mano de otro importante concepto económico, el de coste de oportunidad. Este representa el verdadero coste de nuestras decisiones en cada proceso de elección al que nos vemos continuamente sometidos, ya sea a nivel individual o colectivo. Representa ni más ni menos que la idea, de a qué estamos dispuestos a renunciar en términos de otras posibles elecciones, para conseguir satisfacer nuestros deseos y necesidades en un momento determinado. Resulta evidente que el sentido de inmediatez que rige el deseo y la necesidad de cubrir las carencias percibidas por los ciudadanos juega un papel instrumental fundamental a la hora de preferir gastar en servicios públicos básicos como la Defensa o la Política Exterior, frente a otras políticas como puedan ser los servicios y la promoción social, las ayudas al desempleo, el acceso a la vivienda o la producción de bienes públicos de carácter preferente como sanidad, educación y cultura.

Sin embargo, la disyuntiva de tener que elegir entre posibles alternativas de gasto e inversión, no es tan sencilla a la hora de tomar decisiones como podría parecer. Independientemente del condicionante ideológico y del contexto político que pueda enmascarar la verdadera importancia y necesidad de gastar en un tipo de políticas frente a otras, existe una realidad que exige distinguir claramente lo que son necesidades estructurales, para mantener y defender nuestro modelo democrático de convivencia en forma pacífica, de otras que, por tener un carácter más coyuntural, no dejan también de ser importantes a los ojos de los ciudadanos. En este sentido la Defensa representa un factor sistémico sobre el que se sustenta nuestro modelo constitucional y de libertades.

Por lo tanto, se puede asegurar que el gasto en Defensa y Seguridad Nacional es importante por su propia naturaleza sistémica y dentro del mismo, las inversiones en tecnologías de defensa también lo son y por partida doble ya que revisten un interés particular al aportar una doble componente positiva con relación a otros tipos de gasto de inversión. En primer lugar, la ventaja tecnológica que es uno de los factores determinantes para conseguir la superioridad en el combate. Esta es una realidad históricamente contrastada y que, por si cabía alguna duda, se ha vuelto a confirmar en la guerra de Ucrania. En segundo lugar, el gasto en inversión en defensa contribuye al impulso de un tejido productivo y empresarial cada vez más potente y avanzado. La dualidad que presentan la mayor parte de las tecnologías de carácter militar las convierte, desde el punto de vista de la mejora de la productividad y del crecimiento económico, en una parte estructural sobre la que se sustenta el modelo productivo capaz de garantizar la resiliencia y el bienestar social y económico.

Es por todo ello, que finalmente podemos concluir que la Defensa Nacional vale porque sirve y la tecnología de defensa sirve porque vale. Demos, por lo tanto, la bienvenida al aumento del gasto real en inversión en unos programas tecnológicos e innovadores tan necesarios e indispensables para mejorar nuestras capacidades militares, y a la vez coadyuvantes del desarrollo y potenciación de nuestro tejido económico, productivo y empresarial nacional.  

                                                                                                       

OTAN: DISTENSIÓN O GUERRA FRÍA. 1º Ciclo AEME 2022, por el Alm.(R). D. José Mª Treviño Ruiz

ANTECEDENTES

José María Treviño Ruiz. Fuente: www.realliganaval.com

El término Guerra Fría fue acuñado al acabar la SGM en 1945, tras crearse dos bloques, el Occidental-capitalista liderado por los EEUU, que culminó con la creación del Tratado del Atlántico Norte el 4 de abril de 1949 y el Oriental-comunista dirigido por la URSS, que dio lugar al Pacto de Varsovia firmado el 14 de mayo de 1955. La posesión del arma nuclear por ambos Tratados, supuso una carrera de armamentos que alcanzó su cúspide a mediados de los 80 con la estrategia de la Destrucción Mutua Asegurada o MAD, con más de 60.000 cabezas nucleares entre los dos bloques. Felizmente la elección de Mijail Gorbachov, Secretario General del Partido Comunista de la URSS y Ronald Reagan, a la sazón Presidente de los EEUU, supuso crear una relación de confianza e incluso de amistad entre ambos dirigentes, que comprendieron que una guerra nuclear con tamaño arsenal, eliminaría cualquier rastro de vida sobre la superficie terrestre. Cuando ambos acabaron sus respectivos mandatos, el número de ojivas nucleares se había reducido a la 6ª parte, 10.000, cifra que aún perdura entre los EEUU y Rusia.    

LA SITUACIÓN ACTUAL

En la cumbre de la OTAN en Riga, en noviembre de 2006, a la que no asistió el Presidente ruso Putin, pese a estar invitado, el problema entonces latente era la guerra de Afganistán, que llegó a requerir 160.000 efectivos de las Naciones Aliadas Miembro. Hay que destacar que esta fue la primera cumbre a celebrar en un estado báltico con frontera física con Rusia, y cuya seguridad  estaba a cargo de la Alianza, como bien hizo notar la entonces Presidenta de Letonia, Vaira Vike Freiberga, cuya permanencia en la cima del gobierno durante ocho años, supuso conseguir dos importantes objetivos políticos para su país, cuyo  ejemplo seguirían sus vecinos bálticos y más tarde las antiguas naciones del Pacto de Varsovia sin excepción: el ingreso en la Unión Europea, para conseguir la estabilidad y bienestar económico y la entrada en la OTAN, para obtener dentro  de la Alianza una seguridad garantizada por el artículo 5 del Tratado de Washington de 1949.. Desgraciadamente la visión política de esta gran señora, que tras la ocupación soviética de Riga, tuvo que huir a Alemania, y posteriormente a Canadá, pudiendo regresar a su país en 1991, no la tuvieron lo dirigentes de Ucrania, ya que según el punto de vista de cada presidente, se solicitaba el ingreso o no en la OTAN, así el Presidente Kravchuk, firmó la participación de su país como miembro del Partenariado para la Paz o PfP en1994, su sucesor Kuchma, estableció en 1997 una Comisión NATO-Ucrania, y posteriormente en 2002, esa Comisión inició un Plan de Acción, para entrar en la Alianza, enviando incluso tropas ucranianas a Irak en 2003 con los efectivos de la OTAN hasta 2006. Inexplicablemente en julio de 2004, Kuchma comunicó a la comisión NATO-Ucrania, que el ingreso en la Alianza no era un objetivo prioritario. En 2005 tras la Revolución Naranja, se hizo cargo de la Presidencia Yushchenko, firme partidario del ingreso en la OTAN, iniciando el programa MAP (Membership Action Plan) o Plan de Acción para ser Miembro, pero en 2006 el Parlamento eligió a Yanukovich como nuevo Presidente de Ucrania, eligiendo éste una línea contraria a la de su predecesor con el apoyo del Presidente Putin. Tras las revueltas de la Plaza de Euromaidán en 2013, Yanukovich huyó a Moscú, sucediéndole Poroshenko en 2014, que inmediatamente hizo prioritario el ingreso en la OTAN al mismo tiempo que también solicitaba la entrada en la Unión Europea, si bien esta última Organización, en boca del Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, contemplaba un plazo de 20 a 25 años para entrar en ambas Organizaciones, pese a que el Parlamento ucraniano había votado con una amplia mayoría de 334 votos sobre 385 a favor de entrar en las dos organizaciones. En mayo de 2019 ganó las elecciones el actual Presidente, Zelensky, solicitando un nuevo MAP, para entrar en la Alianza, pero con el conflicto encubierto con Rusia en la región del Donbas, ese ingreso en la OTAN no era viable, pues a la ocupación de la Península de Crimea en 2014, o su recuperación según el punto de vista ruso, siguieron  la independencia unilateral de las provincias ucranianas de Donetsk y Luhansk iniciándose el consiguiente conflicto armado en el Donbas por el incumplimiento de los acuerdos de Minsk I y II de septiembre de 2014 y febrero de 2015 respectivamente. A raíz de ese incumplimiento, el peligro de una invasión rusa de Ucrania empezó a cernirse en el horizonte, por lo que la OTAN inició prudentemente un despliegue de tropas de refuerzo en los tres estados bálticos, así como en Polonia y Rumanía, por su proximidad y frontera física de alguno de ellos, con la Federación Rusa.

Los recientes y graves acontecimientos producidos por la Operación Especial ordenada por el Presidente ruso Putin, que enmascaraba una invasión por vía terrestre de Ucrania, ha encendido todas las luces de alarma de la Alianza, que ha comprobado que tanto sus directrices políticas como militares, se han mostrado insuficientes a la hora de impedir la invasión militar por parte de una potencia nuclear a un país libre que no pertenezca a la OTAN, contrariamente a la posibilidad por parte de la Alianza, de llevar a cabo operaciones militares en terceros países con efectivos de las Naciones Miembro bajo Mando Aliado, como las realizadas en Yugoslavia, Irak, Afganistán y Libia. Paradójicamente, esta supuesta imposibilidad ha servido para aumentar el peso y valor especifico de la Alianza, al mostrar a las naciones europeas el grave riesgo que supone estar fuera del paraguas protector de la mayor Alianza Militar de la Historia, venciendo las reticencias de naciones tradicionalmente neutrales, como Finlandia y Suecia, moviéndolas  a abandonar su política de observadores internacionales imparciales a los que en teoría nada les puede afectar en el ámbito de los conflictos y guerras de terceros países.

CONCLUSIONES

La situación actual entre la OTAN y Rusia, dista mucho de la distensión creada en 1985 entre Ronald Regan y Mijail Gorbachov, que consiguieron crear una atmósfera de confianza en plena Guerra Fría que culminaría con la caída del Muro de Berlín, permitida por Gorbachov y cuyas consecuencias fueron la desaparición de la URSS y del Pacto de Varsovia en 1991, quedando la OTAN como única alianza supranacional político-militar a la que algunas naciones le atribuyeron el papel de gendarme mundial. El anterior Presidente de EEUU, Donald Trump, del partido republicano al igual que Reagan, intentó establecer una relación de confianza con su homólogo Putin, que posiblemente, de haber conseguido un segundo mandato habría llegado a buen término. La llegada del demócrata  Biden interrumpió esa política de entendimiento rompiéndose los puentes de entendimiento entre la Casa Blanca y el Kremlin, antes de la invasión de Ucrania, provocando esta invasión la rotura de cualquier diálogo entre Biden y Putin para parar esa guerra injusta y demencial. Con un fin sine die, qué duda cabe que si alguna vez se logra el alto el fuego y un tratado de paz entre Rusia y Ucrania, las relaciones con la OTAN ya no serán las mismas de antes del 24 de febrero de 2022, habiéndose dado el pistoletazo de salida a una costosísima carrera de armamentos entre las naciones europeas y Rusia, que en el caso de la Unión Europea no garantiza la seguridad física de sus 27 miembros, excepto de aquellos que pertenezcan a la OTAN, hecho que ha provocado que tanto Finlandia, con 1.300 km de frontera con Rusia, como Suecia, país ribereño del Báltico, hayan solicitado su ingreso urgente en la Alianza, como un seguro de vida para su integridad física. La pregunta pertinente que nos queda en el aire es la siguiente: si el Gobierno y Parlamento ucraniano hubiesen solicitado por el mismo procedimiento de Finlandia y Suecia, un MAP corto y en 2014, Ucrania ya hubiese sido un miembro efectivo de la OTAN, ¿se habría Putin atrevido a invadir a su vecino occidental? La respuesta se la dejo al avezado lector.

José Mª Treviño Ruiz, Almirante         

                                                                Asociación Española de Militares Escritores

Retos a la seguridad en el Mediterráneo

General de División (R) Ricardo Martínez Isidoro de la Asociación Española de Militares Escritores.

En el Mediterráneo coinciden, desde el fin de la Guerra Fría, múltiples factores que hacen de esta región del Mundo un crisol de retos permanentes a la Seguridad.

Su pertenencia a tres mundos diferentes, en una zona donde se intersectan conflictos regionales seculares, donde se produce la resonancia de los últimos vestigios de la bipolaridad mundial, ahora renovados por el deseo de recuperación de la Gran Rusia, donde se manifiesta la realidad de la diferencia de potencial entre el Norte y el Sur, coinciden también los vestigios del enfrentamiento entre las tres religiones de Abraham, ahora potenciado por el acceso de actividades violentas, ya sean conflictos abiertos o terrorismo transnacional; además los enfrentamientos bilaterales, que debilitan a la OTAN, los retos que suponen la extensión de las aguas territoriales, en búsqueda del ansiado dominio de las materias primas fundamentales ,etc, a los que España no es ajena por su vinculación estratégica a una de las llaves del Mediterráneo, Gibraltar, y por su vocación africana.

En cualquier caso, el escenario mediterráneo no es lineal, no se puede atribuir, y mucho menos exigir, jerarquía alguna a ninguna instancia concreta, así como tampoco los conflictos quedan atenuados en la inmensidad de otros océanos, como sucede en el Atlántico e Indopacífico; sin embargo los acontecimientos que allí se producen tienen una repercusión mundial, casi instantánea, y no solo por el efecto de la globalización, sino porque son asuntos próximos y vitales para los países ribereños.

Tampoco existe un fin común entre aquellos que pueblan la cuenca, como no sea el deseo de paz y progreso, y en varios casos el de supervivencia de ciertos regímenes, que marcan una cierta autarquía, en general, hacia la ausencia de un principio unificador.

Las corrientes N-S, y viceversa, son prácticamente bilaterales y es precisamente en ese ámbito, y en el S-S, donde se producen la mayoría de las conflictividades. El enfrentamiento político Rusia-OTAN es patente y puede materializarse de forma inopinada, merced a las políticas de vigilancia mutua con medios militares cercanos, aunque ya sea un hecho el conflicto en el ciberespacio, que ha fomentado la organización de estructuras ad hoc de defensa y ataque.

No existen instituciones regionales que representen a todos los países, solo parcialmente, prácticamente persisten iniciativas tipo conferencia que a su vez subsisten lánguidamente, con la excepción, limitada quizás, de la OSCE, ya organización, ante un mundo, en el Sur, menos organizado, que en este siglo alcanzará los mil millones de habitantes.

Existen por tanto tres mundos diferentes, con características distintas de geografía, religión y concepciones políticas, que dan lugar a retos a la seguridad de carácter demográfico, político, estratégico, militar y cultural, y que hacen de esta cuenca un cruce de caminos de conflictividad latente.

El reto demográfico, tan analizado y poco solucionado en los últimos 40 años, ha explosionado a las puertas de la ribera norte, sin que se atisbe una solución futura admisible; el envejecimiento de Europa y el diferencial económico, y juventud, del Sur, deberían complementarse, pero se asiste a una ausencia de soluciones comunes, siendo esto un fracaso en la evolución del espíritu europeo.

Un reto económico, magnificado por las implicaciones de la actual pandemia, y sus secuelas, por el subdesarrollo y la mala repartición de las riquezas del Sur, en donde no terminan de ser suficientes los mercados inter árabes para la absorción de su impulso vital; la inestabilidad de ciertos regímenes, incluso después de las “primaveras árabes”, de graves implicaciones para Libia y Siria, es también patente, impidiendo que la política deje paso a la economía.

La “nueva hostilidad OTAN RUSIA”, con la pérdida del poder catalizador de la propia UE al respecto, es un desafío permanente a iniciativas más pacificadoras que debían haber ganado terreno en dirección a la democracia plena de la Federación Rusa, sin los temores del Este a lo que esto pueda significar.

La irrupción del poder militar, y diplomático, de Rusia en el conflicto ancestral entre Irán y Arabia Saudita, eminentemente religioso, ha sin duda tenido algún éxito en términos concretos, pero ha supuesto la polarización de Oriente Medio en términos prácticamente de Guerra Fría, con las implicaciones que supone para el Mediterráneo, cuyo acceso desde el Mar Negro se ha convertido, de nuevo, en una zona de litigio, ya de por sí complicada por la anexión unilateral de Crimea y los acontecimientos de Donbass. Se puede admitir que Rusia se ha instalado cómodamente en Siria, si no lo estaba ya, demostrando una eficacia militar desconocida, fruto de las reformas castrenses de Putin.

La aproximación de Irán a la Media Luna Fértil, a las puertas de Israel, por Líbano y Siria, y los apoyos tradicionales a Hesbollah, Gaza y Cisjordania, junto con su potencialidad nuclear, no pueden más que terminar de perfilar un reto de tipo militar más que evidente; es positivo, y significativo, que el alivio que se produce con el reconocimiento de algún país del Golfo Pérsico al Estado de Israel precisará de nuevos esfuerzos en países más reticentes.

Los “chispazos” habituales entre Grecia y Turquía, por cuestiones territoriales relacionadas con materias primas, esta vez, no por ser un fijo producen menos desasosiego a los ribereños, y al Secretario General de la OTAN, que tendrá que utilizar sus buenos oficios; la deriva islámica de Turquía y sus operaciones en Libia y norte de Siria preocuparán probablemente más.

El terrorismo cuyo origen está en el yihadismo radical ha venido a reemplazar a los terrorismos de origen ideológico y étnico en el Mediterráneo, provocando conflictividad extrema en las aglomeraciones de población de la ribera norte de la cuenca, una vez liberadas las zonas territoriales del Estado Islámico en Irak y Siria.

El reto que significa un frente común contra este tipo de terrorismo, precursor en los años ochenta, supone una imbricación extrema entre las dos riberas mediterráneas, para combatirlo, pero también para acordar medidas de todo tipo al respecto, en una Unión Europea cada vez más disimétrica en lo político y en lo judicial.

Un reto estratégico sin duda, pues sus tres puntos de entrada y salida, Gibraltar, los Dardanelos y Suez, siempre han sido objeto de litigio y controversia, cuando no de alguna guerra; en el caso de Gibraltar, siempre reivindicado por España, para que entre otras cuestiones se cumpla la resolución de la ONU sobre descolonización de la Roca, y considerando el entorno, es perceptible que se están dando pasos, desde el Sur, para un aumento de la tensión, S-N y S-S, modificando condiciones previas de disuasión, pretendiendo extender las aguas marroquíes hacia las Islas Canarias, y las argelinas hacia la Baleares, a parte de una presión de la migración en condiciones inaceptables. Como acompañamiento, se produce una política exterior de hechos consumados, por parte de EEUU y Gran Bretaña, en dirección al reconocimiento de la soberanía del antiguo Sahara Español por parte de Marruecos, aspecto que no solamente puede ser ilegal, en el ámbito del derecho internacional, sino que creará tensiones con Argelia, aliado comercial de España de primer orden. Finalmente, un reto cultural, de concepción de vida, del Sur, donde avanza el integrismo, frente al modernismo de la ribera norte, que no ha conseguido, a pesar del “big data, los ordenadores cuánticos, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, etc, resolver el problema humano del Sur, que se expresa con toda su intensidad.

Similitudes entre dos épocas históricas: El Mediterráneo de Cervantes y el actual. Incidencia del fenómeno terrorista en el Mediterráneo, por Rafael Vidal Delgado

Libro editado con motivo del IV Centenario de la muerte de Cervantes

Como consecuencia del nuevo Concepto Estratégico de
2010, la estructura militar de la OTAN se ha modificado
drásticamente, vistos los nuevos riesgos, incertidumbres y
amenazas y las relaciones de buena vecindad con las
grandes potencias, bien que la invasión de Ucrania y las
desavenencias en la crisis Siria entre Rusia y
OTAN/EE.UU. ha obligado a una reflexión, la cual se hará
patente en un retoque estructural, que seguramente se
plasmará en un nuevo concepto estratégico para 2020.
“Hemos acordado un marco para una nueva estructura
de mando en la OTAN, que será más efectiva, reducida
y económica. Será también más ágil, flexible y estará
mejor preparada para desplegar en operaciones,
incluyendo contingencias previstas en el artículo 5 y
proveerá una garantía visible. La nueva estructura
representa una significativa reducción en el número
de cuarteles generales y una reducción de personal
cercana al 35%, lo que implica cerca de 5.000 puestos,
o más, si se puede y donde se pueda. Tendrá una
nueva relación con nuestros cuarteles generales
nacionales, y también garantizará el enfoque regional. La
decisión final con la nueva estructura de mando de la
OTAN, que incluya su huella geográfica, se tomará no
más tarde de junio de 2011, habiendo encargado al
Secretario General que prepare propuestas con este
fin” (1).

Resultados de la Cumbre OTAN de Varsovia en la lucha
contra el terrorismo
En esta cumbre de julio de 2016, se alcanzaron algunos
acuerdos, aunque no concretos, entre ellos se encontraban:

  1. La lucha contra las amenazas híbridas 53,
    principalmente mejorando los procedimientos de
    coordinación.
  2. Cooperación en la lucha contra la migración,
    fundamentalmente en el mar. La prensa del
    28.10.2016, presenta el apoyo de la OTAN a la
    operación “Guardián del Mar” en el Mediterráneo.
  3. Coordinación en ciberdefensa y ciberseguridad.
  4. Desarrollo de capacidades complementarias e
    interoperables.
  5. Apoyo a la industria de defensa y a la investigación.
  6. Incrementar los ejercicios combinados e
    interoperables.

7. Desarrollo de las capacidades de defensa y seguridad
con los socios del Este y del Sur.
(1) BELLUGA CAPILLA, José María. “Reforma de la OTAN y sus Agencias”. Revista Ejército, núm. 872, diciembre de 2013. Páginas 92-99. (2) Sin que exista unanimidad se puede considerar amenaza híbrida la
llevada a cabo con medios convencionales, con métodos de guerrilla
¿terrorismo?, y en espacios virtuales en donde se exige ciberdefensa y
ciberataques. Expertos de la UE consideran que la captación de adeptos en
Europa por parte de DAESH y la constitución de una “quintacolumna”,
también forma parte de esta amenaza.


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