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La OTAN y la lucha contra el terrorismo. 1ª Ciclo AEME 2022. Autor: Coronel del ET Ignacio fuente Cobo del IEEE

Cuando se fundó la OTAN en 1949, el terrorismo era considerado un asunto básicamente nacional, por lo que la Alianza Atlántica no le prestó demasiada atención dedicándose exclusivamente a la defensa colectiva contra la amenaza soviética. Habrá que esperar al fin de la Guerra Fría, para que el terrorismo alcance un carácter global y se convierta en una amenaza directa para los países aliados, para la seguridad de sus ciudadanos y para la estabilidad internacional. El Concepto Estratégico aliado de 1999 definía por vez primera el terrorismo como un riesgo que podía afectar a la seguridad de la OTAN y contemplaba la posibilidad de desarrollar operaciones no previstas en el artículo 5 para responder al mismo incluso fuera del territorio aliado.

Pero habrá que esperar a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos para que la OTAN invoque su cláusula de defensa colectiva (artículo 5) y ofrezca su apoyo a los Estados Unidos, comprometiéndose a “realizar todos los esfuerzos para combatir el flagelo del terrorismo”. Consecuentemente, la OTAN lanzó su primera operación contra el terrorismo “Eagle Assist” enviando siete aviones de radar AWACS a patrullar los cielos de los Estados Unidos. Unos meses después, el 26 de octubre de 2001, la OTAN iniciaba su segunda operación antiterrorista “Active Endeavour” desplegando elementos de las Fuerzas Navales Permanentes de la OTAN en el Mediterráneo oriental con la misión de detectar y disuadir la actividad terrorista. Esta operación se ampliará en el 2003 para incluir la escolta de barcos civiles a través del Estrecho de Gibraltar.

Más tarde, Casablanca, Madrid, Londres, Bali, o Mumbai confirmaron la necesidad de cambiar la visión aliada del terrorismo que pasó a considerarse una amenaza real para la seguridad euroatlántica.  A partir de entonces, la lucha contraterrorista formará parte de las tres tareas principales de la OTAN recogidas en el concepto estratégico de 2010; es decir, la defensa colectiva, la gestión de crisis y la seguridad cooperativa. La política antiterrorista dirigirá en los años siguientes los esfuerzos de la alianza en tres direcciones principales. En primer lugar, lo que se denomina en el argot OTAN conciencia compartida (“awareness”), que incluiría las consultas, el intercambio con los aliados y socios de inteligencia y el análisis y evaluación continuada de la amenaza terrorista de carácter estratégico.

En segundo lugar, estaría el desarrollo de nuevas capacidades y tecnologías innovadoras para prevenir, proteger y responder a las amenazas terroristas. La OTAN lleva a cabo este cometido a través del “Programa de Trabajo de Defensa contra el Terrorismo”, cuyo objetivo es proteger a las Fuerzas militares, personal civil e infraestructura crítica contra los ataques terroristas. Los Centros de Excelencia de la OTAN contribuyen al mismo de una manera muy relevante proporcionando experiencia en una amplia variedad de temas, incluida la ingeniería militar para la limpieza de rutas, la lucha contra los artefactos explosivos improvisados, el análisis de redes sociales etc. De esta manera, los socios pueden aprovechar los mecanismos de asociación y la cooperación en la lucha contra el terrorismo, para crear o mejorar sus capacidades de defensa.

Finalmente, estaría la cooperación con los socios y actores internacionales, como es el caso de la Unión Europea o las Naciones Unidas, dado que la OTAN entiende que el esfuerzo contra el terrorismo requiere el compromiso de toda la comunidad internacional. Aquí juega un papel muy importante el “Programa de Ciencia para la Paz y la Seguridad” de la OTAN, cuya finalidad es mejorar la cooperación y el diálogo entre científicos aliados y socios fomentando la creación de una red de expertos que intercambian información. Con ello se logra una mejor comprensión de la amenaza terrorista y un mayor desarrollo de medidas de detección y respuesta.

Pero el compromiso de la OTAN en la lucha contra el terrorismo también se extiende al campo de las operaciones. En la Cumbre de Varsovia de julio de 2016, los líderes aliados decidieron apoyar la lucha contra el Daesh en Irak y los aviones AWACS de la OTAN comenzaron a proporcionar información a la Coalición Global para la lucha contra el terrorismo. Al mismo tiempo, la OTAN lanzó un programa de entrenamiento dirigido a enseñar a las fuerzas de seguridad iraquíes a contrarrestar los artefactos explosivos improvisados (IED). Esto resultaba particularmente relevante para el territorio recién liberado de la ocupación del Daesh.

Actualmente, la OTAN sigue más comprometida que nunca en la lucha contra el terrorismo, al entender que se trata de una amenaza que continuará existiendo en el futuro previsible, dada la capacidad que han demostrado los terroristas para cruzar las fronteras internacionales, ocupar territorios en estados frágiles, y en áreas de importancia estratégica para la Alianza, y ejecutar ataques contra nuestras poblaciones, o contra las fuerzas aliadas desplegadas en los teatros de operaciones.

Al mismo tiempo, la OTAN es consciente de que la tecnología moderna y el fácil acceso que tienen a ella, aumentan el impacto potencial de los ataques terroristas que emplean medios convencionales y no convencionales, y que resultan particularmente peligrosos cuando los terroristas buscan adquirir capacidades químicas, biológicas, radiológicas o nucleares, o cuando emplean sus habilidades cibernéticas para atacar a nuestras sociedades, o a nuestras instituciones.

La OTAN ha aprendido mucho los últimos años. La experiencia en escenarios como Afganistán, Libia o Irak, ha llevado a la OTAN a aceptar que la respuesta contra la amenaza terrorista tiene que ser multidimensional e inclusiva, más allá de la puramente militar, y debe abordar las desigualdades económicas, sociales y de gobernanza que están en la raíz de las insurgencias locales y del yihadismo. Pero también la OTAN ha aprendido que, dicha respuesta, debe mantener una dimensión militar absolutamente imprescindible para garantizar el éxito frente a unos grupos terroristas que operan desde estados que han demostrado ser débiles, incapaces y disfuncionales.

De especial preocupación, en los momentos actuales, es el caso del Sahel, una región que hasta fechas recientes había quedado fuera del foco de atención aliado, y donde las perspectivas de derrotar a los grupos terroristas siguen siendo sombrías en el corto y medio plazo. El Sahel se ha convertido en uno de los escenarios más exigentes y más desestabilizadores del mundo en términos de seguridad. Así lo reconocía el informe de los Ministros de Asuntos Exteriores aliados aprobado a finales de 2020, el cual afirmaba que “el deterioro de la situación de seguridad en el Sahel y las amenazas terroristas que desestabilizan a varias naciones de la región tienen el potencial de afectar la seguridad transatlántica”.

Dentro de unos días, el 29 y 30 de junio, Madrid albergará una importante cumbre en la que los aliados aprobaran su estrategia para los próximos años. La cumbre supondrá un hito en la visión de la OTAN de su papel en el mundo, al contemplar la necesidad de que la Alianza Atlántica desempeñe un papel más relevante como proveedor global de seguridad.

El terrorismo será uno de los cinco desafíos que la OTAN asumirá en el Concepto Estratégico que aprobará en Madrid, junto con el resurgimiento de la rivalidad sistémica entre grandes potencias, el incremento de la guerra por medio de métodos híbridos, el crecimiento de la guerra a través de terceros o intermediarios, y la evolución de las tecnologías disruptivas y emergentes.

Ello quiere decir que, en plena guerra en Ucrania, los asuntos de seguridad en el este de Europa y la adaptación de la OTAN a una era dominada por la rivalidad estratégica entre grandes potencias, centrarán las disquisiciones y los debates; pero también que la OTAN deberá prestar una mayor atención a otras zonas, empezando por el Sahel, donde el terrorismo sigue siendo la principal amenaza. El éxito de la OTAN en los próximos años dependerá de que esta toma de conciencia a los problemas de seguridad en los 360°, se traduzca también en hechos concretos en la lucha contra el terrorismo y, sobre todo, en un mayor compromiso sobre un espacio físico del Sahel que, hoy por hoy, permanece descontrolado.

                                                                                            Coronel del ET Ignacio Fuente Cobo

                                                                                       Instituto Español de Estudios Estratégicos

La vulnerabilidad de Europa frente al avance yihadista en el Mediterráneo, un debate en Deusto Forum

Objetivos de Desarrollo Sostenible (Instituto Español de Estudios Estratégicos)

Introducción

Alba Ambrós

Tengo el placer y también el honor de redactar el capítulo introductorio de este cuaderno sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y su vinculación y repercusión en el género y la seguridad, en el que participan grandes amigos y expertos en la materia y que es publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos, que recientemente ha cumplido medio siglo de existencia.

En un cuaderno que hace un recorrido por los distintos aspectos que conforman la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y en el cual cada uno de los autores explica uno en su capítulo, me gustaría comenzar destacando una palabra, un concepto: alianzas.

Podemos definir y explicar la Agenda 2030 de muchas maneras, pero solo podremos cumplir los ODS y sus metas gracias a las alianzas. Esta agenda global, aprobada por los 193 Estados miembros de Naciones Unidas el 25 de septiembre de 2015 requiere de la implicación del conjunto de la sociedad para su cumplimiento. Tenemos un problema, quedan ya menos de diez años para cumplir las metas a las que nos hemos comprometido. Con el cambio de década, iniciamos también la etapa de la acción y, para lograrlo, necesitamos la implicación y el compromiso de todas y todos.

Cuando a finales de octubre Chile tuvo que renunciar a la organización y celebración de la Conferencia de las Partes —más conocida como COP 25— en su país, debido a las revueltas, y España se ofreció a poner la sede, bajo presidencia chilena, tuvimos muy claro que para lograr organizar y celebrar una cumbre internacional de tamaña dimensión solo cabía hacerlo con la ayuda de todas y todos, aliándonos entre las diferentes Administraciones, sociedad civil y empresas. En exactamente 42 días logramos hacer lo que se suele organizar en un año.

También ha quedado de manifiesto la necesidad del marco que brinda la Agenda 2030 a la hora de hacer frente a una crisis como la COVID-19. Esta pandemia ha demostrado que, efectivamente, vivimos en sociedades interconectadas e interdependientes. Hemos visto que un brote de COVID-19 originado en una punta del planeta tarda pocos días en llegar a países situados en el otro extremo del mismo y en afectar no solo a las personas, sino a la sociedad en su conjunto, a la economía de los países, pero también, por interconexión, a la economía mundial, a los mercados.

Esta pandemia nos ha hecho cuestionar el modelo actual de ciudad, de vivienda, de empleo y de modelo productivo. Pero también nos ha permitido darnos cuenta de la importancia de la sanidad y la investigación.

Por ello, debemos aplicar el ODS 17, no ya a nivel interno de cada país, sino también a nivel global. Sabíamos que una pandemia global era cuestión de tiempo, pero no es una excusa, debemos trabajar unidos para lograr una vacuna universal al alcance de toda la población, evitar el incremento de las desigualdades que ha provocado el coronavirus, pero, sobre todo, aprovechar la oportunidad única que nos brinda para cambiar el modelo de sociedad en el que vivimos. Estos meses de duro confinamiento deben hacernos reaccionar. Debemos aprovechar la oportunidad para replantear los modelos de ciudad, recuperarla para los ciudadanos, hacerlas más accesibles y habitables. También debemos potenciar nuestro sistema sanitario público y dotarlo de los medios necesarios, así como la investigación científica.

El ODS 17, Alianzas para lograr los objetivos, hace énfasis en la necesidad de movilizar todos los medios de implementación necesarios, financieros, públicos y privados, y de otra índole, con el fin de reforzar una alianza mundial para el desarrollo sostenible que ponga en marcha una agenda cuya naturaleza amplia y horizontal, ambiciosa y multidimensional, ha de exigir aglutinar y analizar información de diversos ámbitos de nuestras Administraciones públicas, de la Unión Europea, así como de otros actores nacionales e internacionales.

A lo largo de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible se denota la insistencia en las ventajas y potencialidades de las alianzas, y llama a establecer una alianza mundial para el desarrollo sostenible a través del ODS 17, con un amplio número de actores y socios, la movilización de conocimientos, capacidad técnica, tecnología y recursos. Existe un acuerdo general según el cual dichas alianzas globales pueden y deben convertirse en coaliciones para la acción, orientadas a la reducción de la pobreza y la consecución del desarrollo sostenible. Es responsabilidad de todos.

La Agenda 2030 es una agenda internacional y el ODS 17 está íntegramente dedicado a la promoción de las alianzas necesarias para el desarrollo sostenible.

Como iremos viendo a lo largo de los diferentes capítulos de esta publicación, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es un contrato social global centrado en el llamado eje de las cinco P: personas, planeta, paz, prosperidad y alianzas (partnership en inglés). Su objetivo final es conseguir una sociedad más justa y un desarrollo sostenible inclusivo situando en el centro de toda acción a las personas con la intención de que «nadie se quede atrás».

España, como país firmante, ha adquirido el compromiso de cumplir los 17 ODS. Al tratarse de una agenda global, esto implica a todos los actores sociales, en particular al sector privado y las Administraciones públicas. Pero no solo a estos. Para favorecer la transformación, hay que contar con la experiencia, el conocimiento y la participación de toda la sociedad. A nivel nacional se están alineando las políticas, dando coherencia a las medidas y acciones de Gobierno e impulsando el diálogo con la sociedad mediante el establecimiento de sinergias y alianzas.

La apuesta del Gobierno está generando una movilización de la sociedad española, implicando a los diferentes sectores que conforman la sociedad civil, las Administraciones del Estado y las empresas públicas y privadas. La actividad bajo el prisma de la Agenda 2030 es ya visible en las acciones del Gobierno.

Las políticas adoptadas en los primeros dieciocho meses del Gobierno del presidente Sánchez abordaron más que nunca el progreso social y económico del país y están centradas en el planeta y las personas. Esta forma de actuar de España, basando sus acciones en la Agenda 2030 como marco político general del cambio, ha hecho que el modelo español sea percibido en la Unión Europea como un modelo de liderazgo, seguido de cerca por los países del entorno.

Esta acción necesita promover alianzas, impulsadas desde el liderazgo y participadas por los ciudadanos, dirigidas a concretar un proyecto de país donde el desarrollo sostenible se sitúe como eje vertebrador. En definitiva, avanzar en la construcción de un estado de bienestar socioecológico cada vez más fuerte e inclusivo, comprometiéndose con los ODS y la Agenda 2030.

Susana Malcorra, exministra de Asuntos Exteriores de Argentina, hace un recorrido histórico por los diferentes conceptos y políticas de desarrollo, desde el documento compuesto por la emperatriz Catalina la Grande de Rusia a principios de 1767, llamado Instrucciones, hasta llegar al «monumento más hermoso de la historia», es decir, la Agenda 2030. Para ello, comienza preguntándose acerca del significado del concepto de desarrollo y su sentido en la resolución aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 25 de septiembre de 2015.

Para Malcorra, Instrucciones debía transformar las condiciones de vida de la sociedad rusa, estableciendo un nuevo código legal, y, para lograrlo, se constituyó una comisión de diputados con representantes de todos los sectores. Como vemos, ya en el siglo xviii se quería aplicar el ODS 17 de alianzas para lograr los objetivos. Desafortunadamente, el documento presentado por la emperatriz era demasiado ambicioso para la época y no se llegó a elaborar por parte de la comisión. Sin embargo, tuvo gran influencia en filósofos de la época, sirviendo también de inspiración para constituciones de muchos países.

Desde entonces, han tenido lugar infinidad de conferencias internacionales alrededor del concepto de desarrollo y sostenibilidad, de los cuales, de acuerdo con Malcorra, habría que destacar dos conferencias:

La llamada Cumbre de Río de 1992, durante la cual «se ataca el desarrollo como una situación de disparidad de riqueza entre países, sin considerar los distintos niveles de desarrollo dentro de cada país, y durante la cual se aprobó la Agenda 21, enfocada en medidas para promover el desarrollo sostenible que deberían llevar al mundo a una posición de desarrollo equitativo y sostenible en el siglo xxi».

La segunda cumbre que se destaca es la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, más conocida como Conferencia de Pekín, que este año cumple un cuarto de siglo convirtiéndose en marco de referencia de la agenda mundial de igualdad de género.

Continuando por la senda de la perspectiva de género, otro texto de referencia es el informe realizado por la ONU Mujeres para 2018, Transformar las promesas en acción: la igualdad de género en la Agenda 2030, en el que se basa Blanca Palacián, investigadora del Instituto Español de Estudios Estratégicos para su capítulo.

Tal y como se destaca en el capítulo, el reconocimiento de la igualdad de género como un objetivo importante en sí mismo y también como un catalizador del cambio para todos los demás objetivos. La perspectiva de género ha de considerarse el motor de empuje para los otros 16 ODS: «desde la erradicación de la pobreza y el hambre, el fomento de una prosperidad y un crecimiento inclusivos y la construcción de sociedades pacíficas, justas e inclusivas que garanticen la protección del planeta y de sus recursos naturales». De este modo, si hacemos bien el trabajo al que nos hemos comprometido, no solamente se alcanzará el ODS 5, dedicado a la igualdad de género, sino que este ayudará a la consecución de todos los demás. Todos los análisis muestran que, en todos los países y regiones, las mujeres y las niñas se enfrentan a enormes barreras estructurales que repercuten en todos los aspectos de su vida. Por lo tanto, la eliminación de las restricciones específicas de género, así como otras formas de discriminación con las que estas se cruzan, resulta trascendental.

No podemos ni debemos obviar al 50 % de la población mundial. Desde el Alto Comisionado pusimos en numerosas ocasiones el énfasis en la importancia y transversalidad del ODS 5, sobre igualdad de género, ya que no podremos alcanzar las metas ni los objetivos si no incluimos a toda la población. Mejorando las condiciones de vida de mujeres y niñas los beneficios repercuten en toda la sociedad. Ello implica invertir en educación (ODS 4), trabajo digno (ODS 8), reducción de desigualdades (ODS 10), inversión en saneamiento y agua limpia (ODS 6), innovación (ODS 9) y justicia e instituciones fuertes (ODS 16). En definitiva, implementando un objetivo de desarrollo sostenible, repercutimos en la implementación de todos los demás, mejorando la vida y condiciones de toda la sociedad, pero también ayudamos a transformar las ciudades haciéndolas más sostenibles e igualitarias.

Como bien dice Blanca a lo largo del capítulo, la igualdad de género no solo es un fin en sí mismo, sino un motor para los demás; no hemos de perder la perspectiva de que la Agenda 2030 es uno de los mayores consensos jamás alcanzados y que las sensibilidades de todos los países y mandatarios sobre estas cuestiones y otras muchas no son las mismas.

Pero, como ya hemos comentado al principio, esta agenda va mucho más allá. Se trata de una agenda en la que confluyen otras dos: la medioambiental y la de desarrollo internacional.

Como bien comentan Marta Martínez, Carlos Mataix Aldeanueva y Víctor Viñuales Edo en su capítulo sobre las alianzas multiactor en la Agenda 2030, debido a la creciente presión por avanzar hacia un desarrollo más sostenible, con atención a problemas globales como la pobreza, la desigualdad, el agotamiento de los recursos y el traspaso de los límites ecológicos, junto con la aspiración a una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones, se han ido promoviendo y experimentando mecanismos de colaboración más fluidos entre actores mediante relaciones más horizontales y democráticas.

Dichas alianzas, como bien se indica en el capítulo, ocupan un papel central en la Agenda 2030 y, por tanto, en la consecución de los ODS; condición necesaria para abordar los problemas complejos de sostenibilidad que afrontamos todos a través de esta agenda de desarrollo sostenible. Es por ello que debemos aplicar el ODS 17 involucrando a todos los actores de la sociedad para lograr cumplir con la agenda y sus metas.

Recordemos que estamos entrando en una nueva década, es decir, quedan ya menos de diez años para cumplir con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Tenemos poco tiempo y un solo planeta.

La irrupción de la joven Greta Thunberg y el movimiento juvenil planetario, despertando la conciencia de lucha contra una emergencia climática, refuerza la necesidad de trabajar hacia un desarrollo sostenible que mitigue los efectos nocivos que producimos.

No se puede seguir en la senda de las energías fósiles, ni tampoco asfixiar nuestro planeta, porque no existe un planeta B. Tanto los Gobiernos como el sector privado y la sociedad civil deben ser conscientes de la necesidad de aplicar políticas y medidas que lo protejan.

No nos hemos dado cuenta hasta ahora, o no nos queríamos dar cuenta, de que el tipo de crecimiento que teníamos era devastador para el planeta. España es un país muy vulnerable al cambio climático. Lo vemos constantemente: desastres naturales que tienen origen en el calentamiento del planeta o cambios en nuestra vida cotidiana, como las temperaturas extremas. En este sentido, el mensaje de Thunberg es determinante, y, si alguien no es sensible a él, se equivoca.

La celebración de la Conferencia de las Partes, COP 25, presidida por Chile el pasado mes de diciembre en Madrid, dio buena muestra de la implicación y preocupación de la sociedad española con respecto a las consecuencias del cambio climático. Fue muy emocionante ver cómo colegios enteros, sector público, sector privado, las diferentes administraciones, locales, regionales y estatales, instituciones y altos cargos del Estado, así como representantes de diferentes organismos internacionales participaban en las diferentes actividades, cuyo marco general era la importancia del objetivo de desarrollo sostenible 13, acción por el clima.

Ya sufrimos los efectos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y de vivir en sociedades desiguales. Hoy, más que nunca, debemos decir con firmeza y convencimiento que sí que hay una alternativa. Una respuesta diferente es posible. El modo en que afrontamos los grandes retos debe estar basado en los valores universales de la justicia, la igualdad, la solidaridad y los derechos humanos.

Debemos y queremos dar una respuesta que ponga a las personas primero, cualesquiera que sean su origen y condición; que respete nuestro planeta y los derechos de las generaciones futuras; que genere un progreso compartido, seguro y sostenible; que construya la paz y la justicia; que sea la de todos y todas, en alianza. El ser humano ha sido capaz de hacer grandes esfuerzos por superar etapas y avanzar hacia el progreso. Ahora también es posible. Pero la urgencia y la necesidad de que aceleremos el ritmo de transformación es cada vez más apremiante. El planeta no deja de avisarnos de los riesgos y de las consecuencias a los que podríamos tener que enfrentarnos si no cambiamos de manera urgente nuestra manera de hacer las cosas. Los científicos ya no dudan: no podemos seguir actuando como hasta ahora y no podemos mirar para otro lado. Ha llegado el momento de trabajar juntos para que, entre todos y todas, podamos definir el mundo que queremos.

Imaginemos un mundo en 2030 donde el cambio climático haya dejado de ser una amenaza; donde la inclusión sea la norma y no la excepción; un mundo en el que los derechos humanos sean respetados y la paz sea el entorno natural. En definitiva, sociedades donde las personas estén en el centro de todas las políticas. La Agenda 2030 también se mide porque introduce un aspecto ético muy profundo. La ética de la responsabilidad del planeta que dejaremos a las siguientes generaciones, la herencia que legaremos.

Ante un mundo cada vez más complejo e interrelacionado, las agendas se han tornado globales y el cumplimiento de los objetivos, interdependiente. De hecho, no podemos centrarnos en un solo objetivo sin trabajar directa o indirectamente en los demás. Por ejemplo, avanzar en igualdad de género (ODS 5) requiere trabajar para una educación de calidad (ODS 4) asegurando la eliminación de las disparidades de género en la educación, así como promoviendo el acceso igualitario a todos los niveles de la enseñanza y la formación profesional. Otro ejemplo: trabajar para transformar nuestras ciudades y comunidades haciéndolas más sostenibles (ODS 11) tiene un impacto directo en la acción por el clima (ODS 13) en términos de contaminación y emisiones de CO2, convirtiendo nuestras ciudades en lugares más sostenibles y respetuosos con el aire y las personas.

España, como país firmante, ha adquirido el compromiso de cumplir los 17 ODS. Al tratarse de una agenda global, esto implica a todos los actores sociales, en particular al sector privado y las administraciones públicas. Pero no solo a ellos. Para favorecer la transformación, hay que contar con la experiencia, el conocimiento y la participación de toda la sociedad. A nivel nacional se están alineando las políticas, dando coherencia a las medidas y acciones de Gobierno e impulsando el diálogo con la sociedad mediante el establecimiento de sinergias y alianzas. Lo mismo debe hacerse en la acción exterior. En esta materia, España es hoy referente entre los países de la UE.

Justamente, en este sentido, Félix Fernández-Shaw recoge en su capítulo sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Unión Europea el compromiso de la nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con el cumplimiento de la Agenda 2030, enmarcando en ella la actividad de la Unión Europea.

Las nuevas prioridades marcadas por la nueva presidenta de la Comisión Europea quedan bien resumidas en el capítulo escrito por Félix Fernández-Shaw. Estas son: el Green New Deal europeo, una Europa preparada para la Era digital, una economía que trabaja para la gente, proteger la manera de vida europea, una Europa más fuerte en el mundo y un nuevo impulso para la democracia europea. Conforman un grupo de prioridades dirigidas a transformar la Unión Europea en un continente sostenible económica, social y medioambientalmente, desde un marco político, y con una ambición global. La participación activa de los Estados miembros en un marco conjunto solo puede hacernos más fuertes y más decididos.

La Unión Europea, como actor global, empujó desde el primer momento para combinar en un solo documento lo esencial de los compromisos políticos, económicos, sociales y medioambientales e interrelacionarlos, aceptando el empuje de otros países en desarrollo para incluir también los medios de ejecución.

La UE tuvo claro desde el principio que esta era la única senda posible. La Agenda 2030 es una agenda de transformación radical del modelo de desarrollo clásico a escala planetaria. Para que exista esa transformación es imprescindible que las sociedades y las personas se impliquen, debatan, conozcan los distintos elementos y características que las conforman y entiendan las opciones de transformación hacia un modelo de desarrollo sostenible. Solo así aceptarán y ejecutarán en su vida diaria, en sus modalidades económicas, políticas, sociales y medioambientales, las decisiones y las renuncias que conlleva la transformación.

Recordemos que los principios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible son también los valores que dan sentido a Europa: el respeto al Estado de derecho, el diálogo y la tolerancia, la igualdad de oportunidades, la paz y la convivencia. Una Europa que protege los derechos de los más vulnerables, que se compromete con el Acuerdo de París para frenar el cambio climático, que hace de la igualdad de género una de sus prioridades. Es lógico que la Unión Europea haya adoptado la Agenda 2030 como principal exponente de su acción exterior. Cabe resaltar también el papel protagonista que ha desempeñado España en Europa, liderando la promoción y el impulso de la Agenda 2030, promoviendo junto con Alemania, Francia y Finlandia que los Estados miembros reafirmasen su compromiso con la Agenda 2030 en las conclusiones del Consejo Europeo del 18 de octubre 2018. Nuestro país exigió que la UE continuase avanzando en la implementación de la Agenda. Es importante que las instituciones europeas adopten el marco de la Agenda 2030 a todos los niveles y la sitúen como elemento central de su acción. Buen ejemplo de ello es la Estrategia Global de la UE presentada por la entonces alta representante Federica Mogherini en 2016, el nuevo Consenso Europeo de Desarrollo acordado por la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo en 2017. Junto con el Acuerdo de París y la Agenda de Addis Abeba, la UE ha plantado la Agenda 2030 en el centro de su diálogo con los países socios y está comenzando a desarrollar el formato de los diálogos ODS, donde tanto la UE como el país socio presentan de manera franca y directa sus desafíos en materia de desarrollo sostenible y sus políticas orientadas a alcanzar los ODS.

Fernández-Shaw señala también que la UE y sus Estados miembros están impulsando la programación conjunta de sus fondos de cooperación en los países socios utilizando la Agenda 2030, los ODS, sus metas y sus indicadores como marco común de resultados, no ya europeo sino también con el país socio.

Como podrá observar el lector, no se pueden cumplir los ODS sin alianzas, pero lo cierto es que para lograrlos debemos garantizar la seguridad y el bienestar de la población. Ruth Abril hace, en su capítulo, un interesante recorrido por la vinculación entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la seguridad y los derechos humanos.

Hace aproximadamente dos años la entonces alta comisionada para la Agenda 2030, Cristina Gallach, participó en un acto sobre la figura de Eleanor Roosevelt, figura clave de la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobada hace 71 años por Naciones Unidas, y que sirve como base para la Agenda 2030.

No puede haber desarrollo sin derechos humanos, al igual que no hay derechos humanos sin desarrollo; más aún, la paz y la seguridad son imprescindibles para el desarrollo y el respeto de los derechos humanos. La Agenda 2030 representa, precisamente, la continuación de aquel espíritu onusiano para la paz, la seguridad y el progreso. En definitiva, los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible, con los que el Gobierno de España está plenamente comprometido, constituyen las bases del nuevo contrato social global para hacer realidad los treinta derechos básicos definidos en la declaración universal. Marcan el camino de la acción para la igualdad, paz, desarrollo y prosperidad.

En aras de la coherencia externa e interna de la Agenda 2030, y en una clara apuesta por el multilateralismo, junto al ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, las organizaciones responsables de nuestra política exterior multiplican las prioridades españolas fuera de nuestras fronteras.

 La ambición de esta Agenda, que busca el cambio de paradigma hacia un modelo de desarrollo sostenible social, económico y medioambiental, implica un compromiso universal. Así, la erradicación de la pobreza, la disminución de las desigualdades, la sostenibilidad en todas sus dimensiones, el enfoque basado en los derechos humanos y el enfoque de género son las prioridades de la política exterior española.

La Agenda 2030 es un acuerdo global, asumido por todos los países que forman la ONU, que pretende ser una hoja de ruta para construir un mundo más justo, próspero, sostenible y en paz poniendo a las personas en el centro, con el objetivo de «no dejar a nadie atrás». Todo esto solo se conseguirá con la alianza de todos los actores implicados: Gobiernos, sociedad civil y ciudadanía en general. Es una agenda ambiciosa, pero la vamos a realizar.

La Orientación Estratégica de la defensa de la Unión Europea. Entendimiento común y negociación estratégica

Por Ángel Satué de Córdova Minguet
Abogado del sector público empresarial

Resumen:
El presente documento versa sobre el proceso denominado en inglés Strategic Compass («orientación o brújula estratégica») de la Unión Europea.
Este está concebido para refinar la Estrategia Global de la UE, de junio de 2016, y su Plan de Ejecución, de finales de 2016, así como orientar la Política Común de Seguridad y Defensa y las culturas estratégicas de los 27 Estados miembros. Del proceso nacerá un documento final, que se presentará al Consejo Europeo en 2022 por el alto representante para la Política Exterior y vicepresidente de la Comisión, Josep Borrell.
Merced a este entendimiento estratégico de la UE, separado en dos fases, veremos como ésta, en última instancia, busca dotar de coherencia estratégica al conjunto de iniciativas lanzadas en los últimos años, en materia de defensa.
Para ello, los Estados miembros y la Comisión se adentrarán en un diálogo y negociación internacional, que presenta una serie de características. Esta negociación internacional, además, es estratégica. Veremos los diferentes planteamientos y estrategias de negociación que pueden aplicar los Estados miembros.

http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2021/DIEEEO47_2021_ANGSAT_Orientacion.pdf

Panorama Geopolítico de los conflictos 2020, del Instituto Español de Estudios Estratégicos

Videos de las presentaciones de los capítulos:

Introducción.- Francisco José Dacoba Cerviño

El Ártico como espacio de conflicto geopolítico.- Federico Aznar Fernández-Montesinos

El agua del Tíbet: un recurso vital para China.- María del Mar Hidalgo García

Conflictividad en la frontera sur de Turquía.- Felipe Sánchez Tapia

El golfo Pérsico: una guerra fría en aguas recalentadas.- José Ignacio Castro Torres

Afganistán: un conflicto interminable, una paz…, ¿imposible?.- Juan Alberto Mora Tebas

El conflicto indo-pakistaní: la historia interminable.- José Pardo de Santayana

Libia: ¿una espoleta activa en un Mediterráneo inestable?.- Pedro Sánchez Herráez

Completa exposición en el enlace siguiente:

https://t.co/NOf4S6oysP?ssr=true

Autonomía Estratégica Europea: ni contigo, ni sin ti…

Resumen:
Los enormes cambios geopolíticos que se han vivido en el panorama internacional en las últimas décadas no podían dejar de afectar, radicalmente, a la Unión Europea en el nuevo escenario global. Y no solo en lo que a los aspectos concretos de su Seguridad y Defensa se refiere, sino también a su papel como un actor más en dicho panorama. Pero un actor que quiere ser relevante y que quiere expresarse con una voz propia en defensa de sus intereses.
La Autonomía Estratégica de la Unión ya no ha de ser considerada exclusivamente en términos de capacidades militares. La complejidad de los retos que plantean las nuevas potencias comerciales y tecnológicas, así como sus desafíos geopolíticos, obligan a ampliar el foco. La ambición europea no puede limitarse a un mero acompañamiento al poderoso aliado del otro lado del Atlántico. Pero… ¿quién dijo que esto iba a ser fácil?

Francisco José Dacoba Cerviño*
General de Brigada ET
Director del IEEE
@fran_dacoba

http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2021/DIEEEA13_2021_FRANDAC_Autonomia.pdf