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El Indo-Pacífico sigue en el centro, por José Piqué

El debilitamiento de Rusia viene a confirmar aún más que el juego se desarrolla en el Indo-Pacífico. Más centro de gravedad que nunca, a pesar de las apariencias.

JOSEP PIQUÉ |  2 de junio de 2022

Aunque la invasión de Ucrania por Rusia pueda hacer pensar lo contrario, no hay un regreso del centro de gravedad geopolítico al Atlántico. Sigue en el Indo-Pacífico. Incluso más que antes. Las razones para esta afirmación contra-intuitiva son diversas, pero contundentes.

Para Estados Unidos, el principal adversario geopolítico para su hegemonía global sigue siendo, sin ninguna duda, China. Mientras, China sigue empeñada en avanzar y crear las condiciones objetivas para sustituir a EEUU como gran superpotencia global a mediados del presente siglo. La guerra ucraniana no ha cambiado en absoluto esa realidad. Y ambas partes van moviendo sus piezas en esta gran partida y se observan mutuamente cada vez con más agresividad. El riesgo de caer en la “trampa de Tucídides” sigue intacto.

Veamos algunos acontecimientos recientes. La visita de Joe Biden a Japón y Corea del Sur ha supuesto la reafirmación de la voluntad de EEUU de mantener sus compromisos de seguridad con ambos países y de propiciar su acercamiento, algo que, más tarde o más temprano, tendrá que producirse. Por otra parte, ha tenido lugar en Tokio otra reunión al máximo nivel del QUAD –que agrupa a Japón, Australia, EEUU e India–, en un claro intento de desmentir de nuevo la predicción del ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, de que este se “desharía como la espuma en el mar”. La cooperación es creciente en asuntos de seguridad, incluidas maniobras aeronavales conjuntas. Nótese el esfuerzo por incorporar a India en una creciente alianza cuyo principal objetivo implícito es la contención del expansionismo cada vez más agresivo de China.

No es circunstancial que China, aprovechando la equidistante actitud india en la guerra de Ucrania, esté intentando acercarse a su tradicional enemigo histórico, incluyendo posibles soluciones al secular enfrentamiento en unas fronteras inmensas y no claramente delimitadas. Parafraseando a Buñuel, India se ha convertido en “ese oscuro objeto del deseo”, ya que, por su dimensión y su potencial, se constituye, por razones objetivas, en una gran potencia celosa de su autonomía estratégica y con un proyecto nacional –basado en el hinduismo– independiente de la pugna entre las dos superpotencias.

«Nótese el esfuerzo por incorporar a India en una creciente alianza cuyo principal objetivo implícito es la contención del expansionismo cada vez más agresivo de China»

Asimismo, y no menos importante, Biden ha declarado –aunque luego sus palabras han sido “matizadas” por el departamento de Estado– su firme determinación de defender militarmente a Taiwán ante cualquier agresión china. Poco a poco, EEUU modula su tradicional doctrina de “ambigüedad estratégica”, establecida después de la histórica visita de Nixon a Pekín y sus acuerdos con Mao, hace cincuenta años.

Una doctrina que apoya la tesis de “una sola China”, reconociendo solo estatus internacional pleno a la República Popular, pero que se compromete a apoyar a Taiwán ante cualquier intento de integración que no sea pacífico y de común acuerdo. El debate en EEUU está abierto y los partidarios de abandonar esa ambigüedad son cada vez más mayoritarios en ambos partidos. La razón es obvia: las circunstancias han cambiado y China parece cada más dispuesta a reintegrar Taiwán, aunque sea utilizando la fuerza militar.

De hecho, las intrusiones de cazas chinos en el espacio aéreo de Taiwán son más recurrentes, así como de barcos “pesqueros” chinos –en realidad, patrullas militares–, por cientos, en aguas territoriales disputadas en el mar del Sur de China, como las que rodean el archipiélago de las Spartly o las Paracel. Es uno de los objetivos personales de Xi Jinping, después de, previsiblemente, prolongar su mandato indefinidamente en el próximo Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) en otoño de este año.

«China parece cada más dispuesta a reintegrar Taiwán, aunque sea utilizando la fuerza militar»

De hecho, la respuesta estadounidense a la agresión rusa debe leerse en este contexto. EEUU no va a permitir que Rusia consiga sus objetivos y en ello ha comprometido a la Alianza Atlántica y, a pesar de las dificultades internas, a la Unión Europea y al conjunto de Occidente. El mensaje es claro: el coste para Rusia va a ser inasumible –lo está siendo ya–, y lo sería también para China si optara por una invasión de Taiwán. Las declaraciones de Biden van incluso más allá. En Ucrania, el apoyo a ese país y a su gobierno legítimo es indiscutible, pero no incluye implicación militar sobre el terreno ni participar en operaciones aéreas de exclusión, para evitar una confrontación directa de la OTAN con Rusia. En el caso de Taiwán, el compromiso incluye esa vertiente de implicación militar, además de la involucración directa de otros aliados en la zona, como Australia, y el apoyo explícito de Japón y Corea del Sur, entre otros.

Asimismo, Biden está intentando revertir el descomunal error estratégico de Donald Trump al no ratificar el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) y empujar a su principal impulsor, Japón, a mantenerlo sin EEUU, presumiblemente a la espera de un cambio de posición. Acto seguido, la decisión de Trump propició la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), que incluye a la propia China –India se descolgó en el último momento–, dejando las manos libres a Pekín y debilitando la credibilidad norteamericana frente a sus aliados asiáticos.

Biden ha puesto en marcha el Indo-Pacific Economic Framework (IPEF), “sucedáneo” del TPP, más flexible y maleable, para poder sortear las previsibles dificultades que encontraría un tratado en toda regla para ser aprobado en el Capitolio. No es, pues, un acuerdo comercial en el sentido convencional, sino que descansa en cuatro pilares: promover el comercio –en particular, el digital–, potenciar cadenas de valor resilientes –sin contar con China–, promover inversiones en infraestructuras y en energías renovables, y luchar contra la corrupción, promoviendo normas fiscales adecuadas. Muchos países reclaman, para incorporarse, ir más allá y abrir el mercado estadounidense a sus productos. Pero eso hoy no es posible. Se trata de abrir un camino que pretende incorporar a dicho esquema, además de a Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, a siete países de la ASEAN –todos menos Myanmar, Camboya y Laos– y, significativamente, a India. Ello supondría en torno al 40% del PIB global y, aunque adolece de la ausencia de otros países del continente americano, se compensa con el peso de India, no solo demográfico y económico, sino por su significación política. Cabe destacar también su carácter abierto a otros Estados-isla del Pacífico. Fiji ya ha mostrado su interés.

Esta iniciativa se suma a la puesta en marcha, impulsada por el QUAD, de la Alianza para el conocimiento del Dominio Marítimo en Indo-Pacífico, que incluiría a las islas del océano. No hay que olvidar el papel desempeñado por las islas durante la Segunda Guerra Mundial y la pugna entre EEUU y Japón por el dominio oceánico.

Conviene destacar que todas esas iniciativas vienen a contrarrestar la clara voluntad china de expandir su influencia en dicho teatro, en detrimento no solo de EEUU, sino de Australia, tradicional garante de su seguridad. Máxime después del AUKUS, el acuerdo entre EEUU, Reino Unido y Australia –en detrimento de Francia, a su vez históricamente presente en la región, con posesiones en la Polinesia– para el suministro a Camberra de submarinos de propulsión nuclear y de altísima y sofisticada tecnología militar –hasta ahora no compartida con nadie– por parte de Washington.

«No hay que olvidar el papel desempeñado por las islas del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial y la pugna entre EEUU y Japón por el dominio oceánico»

La respuesta de China está siendo clara: un empeoramiento de las relaciones con Australia, a pesar de ser su principal socio comercial, y, sobre todo, la puesta en marcha de su propia iniciativa. La “Visión de Desarrollo Conjunto entre China y las Islas Naciones del Pacífico” ha tenido su primera plasmación en acuerdos de cooperación –incluyendo la seguridad, además de aduanas o pesca– entre China y las Islas Salomón, que previsiblemente incluyen la posibilidad de establecer una base militar en las mismas, algo que hasta ahora China solo ha materializado en Yibuti, en la entrada del mar Rojo por el estrecho de Bab-el Mandeb.

China pretende ampliar ese acuerdo con una negociación ya avanzada con Kiribati y con conversaciones con Samoa, Tonga, Fiji, Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y Timor Leste. Wang inició la semana pasada una gira de diez días por la zona.

Finalmente, China está impulsando con otras autocracias y democracias imperfectas o iliberales una incipiente Iniciativa de Seguridad Global, sobre la doble base de la no injerencia y el rechazo a la hegemonía estadounidense.

En definitiva, ambas partes están moviendo con rapidez sus fichas, incluyendo acuerdos económicos y comerciales, estratégicos, de financiación de infraestructuras o de lucha contra los efectos del cambio climático (enormemente sensible en la región), que no ocultan la pugna estratégico-militar y por las esferas de influencia. Lo que está en juego es que la presencia estadounidense (y australiana) en la región desaparezca, nada menos, y, por tanto, que EEUU deje de ser una superpotencia global en detrimento de una China cuyo principal objetivo es, precisamente, sustituirle en ese papel.

Palabras mayores. El debilitamiento de Rusia viene a confirmar aún más que el juego se desarrolla en el Indo-Pacífico. Más centro de gravedad que nunca. A pesar de las apariencias.

ALGUNAS COSAS QUE HE LEÍDO

Biden’s China strategy cannot work with weapons alone, Edward Luce, Financial Times

The BRI and the war in Ukraine, Francesca Ghiretti and Jacob Mardell, MERICS China podcast

China’s own hotheadedness reinforces Quad’s strategic importance, Richard McGregor, Lowy Institute

La UE y España también miran al Indo-Pacífico, Emilio de Miguel, Política Exterior

The Administration’s Approach to the People’s Republic of China, Antony Blinken, US Department of State

LA ESCALA DE LOS MAPAS

Este mapa interactivo de Carnegie, titulado “The Strategic Importance of the Indian Ocean”, permite estudiar con detenimiento el laberinto geoestratégico en el que se ha convertido el Indo-Pacífico: cuellos de botella, fronteras marítimas, rutas comerciales, disputas territoriales…, añadiendo capas de complejidad a gusto del consumidor.

PLAYLIST

En su siempre interesante Sinica Podcast, Kaiser Kuo conversa cada semana con sinólogos clave. En el último episodio, Kuo entrevista a Demetri Sevastopulo, corresponsal de Financial Times y autor de algunas sonadas exclusivas, como la revelación de la prueba del misil hipersónico chino o la petición rusa de ayuda militar al poco de comenzar la invasión de Ucrania. Sevastopulo cree que en estos momentos es muy difícil mantener en Washington un debate abierto sobre China, debido a las posiciones cada vez más agresivas entre demócratas y republicanos. “Hay una gran cantidad de autocensura, que no creo que sea saludable para la democracia estadounidense ni para una administración que necesita elaborar políticas inteligentes para tratar con China”, afirma.

Este sábado 4 de junio, como cada año, los hongkoneses conmemoran Tiananmen. Por primera vez en 30 años –salvo el parón por el Covid–, la diócesis de Hong Kong no celebrará una misa conmemorativa. La represión de las autoridades chinas va de “mal en peor”, como advierte Chris Patten.

Nos volvemos a ver en dos semanas,Josep 

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¿Con quién está India?

Si Modi aspira a convertir a India en una superpotencia como EEUU o China, deberá hacerlo sobre la base de una inteligente geometría variable de alianzas, sin prescindir ni subordinarse a nadie. No es el caso, por ahora. El supremacismo ultranacionalista suele ofuscar las mentes.

JOSEP PIQUÉ |  7 de abril de 2022 en ¿Con quién está India en el conflicto con Rusia? | Política Exterior (politicaexterior.com)

La invasión rusa de Ucrania ha puesto de relieve muchas derivadas en el orden geopolítico global y en la posición ambigua de determinados países, como China o Turquía. Lo hemos ido siguiendo en estos Apuntes. En esta ocasión, vamos a tratar de interpretar la especificidad desconcertante de la política exterior de India.

Churchill atribuía la clave para entender a Rusia a su secular manera de interpretar su interés nacional. Probablemente, esta sea la vía también para entender a India.

Por una parte, después de la caída de la Unión Soviética, India se ha ido aproximando a Occidente y, en particular, a Estados Unidos. El fortalecimiento del QUAD (diálogo cuatripartito entre ambos países, Australia y Japón), con el objetivo de garantizar la libre circulación marítima en un Indo-Pacífico libre y abierto –incluyendo maniobras navales conjuntas en el golfo de Bengala–, es el ejemplo más claro. Esta alianza cada vez más robusta ha sido correctamente interpretada por China como un mensaje contundente frente al expansionismo agresivo chino en toda la región y, particularmente, en el estrecho de Taiwán, el mar de China Meridional y el acceso al estrecho de Malaca.

Sin embargo, India y China, enemigos históricos y con recurrentes disputas fronterizas, algunas muy recientes, coinciden en su posición frente al conflicto en Ucrania, negándose a condenar la invasión rusa, aunque tampoco la avalen. Y ello, a pesar de las presiones estadounidenses para que India se sitúe en el bando de las democracias y sus valores y se sume a las sanciones impuestas por Occidente, en las que participan Australia, Japón y otros países de la región.

Es cierto que la ambigüedad india y la negativa a las sanciones es compartida por otros países como Indonesia, Pakistán o Brasil, por distintas razones. Ello está permitiendo a la propaganda rusa difundir la idea de que los países más poblados del mundo no comparten la actitud de Occidente y que su pugna es solo con la OTAN, en una narrativa que, compartida por China, viene a explicar la intervención militar por la amenaza que la Alianza puede suponer para la seguridad de Rusia.

Tal narrativa simplifica enormemente la complejidad de las distintas reacciones. En el caso de India, las cosas son mucho más matizables, como igualmente lo es con China. Están en juego sus intereses nacionales estratégicos a largo plazo. Por ello, coincidir con China o con Pakistán ahora no implica un cambio en la tradicional hostilidad de sus relaciones y, mucho menos, en su política de alianzas.

«Para India, coincidir con China o con Pakistán en Ucrania no implica un cambio en la tradicional hostilidad de sus relaciones y, mucho menos, en su política de alianzas»

Es cierto que India tiene intereses económicos evidentes en este conflicto. La relación histórica con la URSS, primero, y con Rusia después, explica fuertes los vínculos comerciales actuales, que incluyen el suministro de sistemas sofisticados de armas para sus submarinos de propulsión nuclear, misiles hipersónicos y otros equipos militares –el 60% de las importaciones indias de armas provienen de Rusia–. Sucede lo mismo con el suministro de petróleo a bajo coste. La relación bilateral viene de la independencia del Imperio británico y la voluntad de India de encabezar el vasto proceso de descolonización después de la Segunda Guerra Mundial, tanto en Asia como en África, impulsado, entre otros, por Nehru, padre de la patria, después del asesinato de Gandhi.

El protagonismo indio en el Movimiento de Países No Alineados –objetivamente sesgado en favor del bloque soviético– forma parte de esa relación con Moscú, que se retroalimenta por la alianza entre Pakistán y China, enemigos ancestrales de India, y que busca compensar con un vínculo estrecho primero con la URSS y luego con Rusia. No en vano, un 40% de indios apoya la invasión de Ucrania y más de la mitad tiene buena opinión de Vladímir Putin, que se sitúa solo un poco por debajo de la percepción que tienen de Volodómir Zelenski. Cabe pensar que el primer ministro indio, Narendra Modi, se siente más próximo a Putin, dada su concepción ultranacionalista.

De hecho, India no quiere contribuir, mediante el aislamiento y el empobrecimiento de Rusia, a que Moscú acabe definitiva e irreversiblemente bajo la influencia de Pekín. Así se entiende que quiera facilitarle a Rusia incluso medios de pago alternativos bilaterales en sus propias divisas que disminuyan esa dependencia. Al mismo tiempo, India quiere mostrar su autonomía estratégica y que solo responde a sus intereses, aunque eso lleve a posiciones aparentemente contradictorias y poco coherentes entre el corto y el largo plazo.

India argumenta que, con la retirada abrupta y unilateral de Afganistán, con el retorno de los talibán y reforzando el papel de China y Pakistán en Asia Central, EEUU y la OTAN no tuvieron en absoluto en cuenta las preocupaciones de seguridad indias, incluido el terrorismo islamista. No le falta buena parte de razón.

«India no quiere contribuir, mediante el aislamiento y el empobrecimiento de Rusia, a que Moscú acabe definitiva e irreversiblemente bajo la influencia de Pekín»

Sin embargo, no debemos quedarnos en los argumentos más o menos coyunturales. La razón más importante está en la naturaleza del proyecto político del BJP (Partido Popular de India) encabezado por Modi. Hablamos de un proyecto nacional basado en el predominio de la “indutva” o “hinduidad”, como elemento constitutivo sustancial de la nación india, extremadamente compleja con una enorme diversidad étnica, cultural, religiosa y lingüística, pero que debe subordinarse a la identidad entre la nación y su componente hindú.

Los hindúes representan el 80% de la población de India, aunque a pesar de la división de las Indias británicas entre India y Pakistán (y Bangladesh), por motivos básicamente religiosos, la población musulmana en India sigue siendo enorme –unos 200 millones–, además de sijs, cristianos, budistas y otras minorías.

El proyecto nacional de Modi es muy distinto al que representaron Gandhi y Nehru y el Partido del Congreso Nacional. Aunque ideológicamente distintos, ambos líderes creían en un Estado indio multirracial, multirreligioso y laico que, mediante el progreso, iba a ir diluyendo las diferencias ancestrales del país, incluyendo el milenario sistema de castas que sigue persistiendo y que hace que su democracia se exprese formalmente en lo político, pero no en sus relaciones sociales, caracterizadas por el hiperclasismo, la represión de los derechos de las mujeres y la persecución religiosa. De hecho, solo un 6% de indios se casan con miembros de otra casta. Y los dalit (intocables) siguen siendo duramente reprimidos y perseguidos. Poco que ver, pues, con una democracia homologable y respetuosa con la Constitución.

Esto explica por qué Modi habla de la necesidad de recuperar el pasado glorioso de India, después de “mil años de esclavitud” por el dominio musulmán primero (incluyendo el imperio mogol, uno de los más importantes, duraderos y extensos del mundo, descendientes del gran Tamerlán) y, desde el siglo XVIII, por la progresiva irrupción de la Real Compañía de las Indias Orientales y, ya en el XIX, por la dependencia directa del Imperio británico.

Este proceso de recuperación nacional de Modi está basado en la historia y, conceptualmente, no es muy diferente al de China, después del “siglo de la humillación”. Sin embargo, implica una apuesta por el supremacismo hindú y la represión brutal de los musulmanes y del resto de minorías. Se trata de darle un “sentido nacional”, homogéneo y con proyección hacia el exterior cada vez mayor, en un ejercicio de “áreas de influencia”, que reconozca su carácter de gran potencia en el subcontinente asiático, pero también en América Latina o, en menor medida, en África. El proyecto es compatible con un feroz proteccionismo en lo económico, como se ha visto recientemente con su abrupta retirada del RCEP (Asociación Económica Integral Regional), impulsado por Japón y China.

«Los resultados electorales avalan la fortaleza del proyecto de Modi que, de forma cada vez más explícita, afirma la unidad de la nación sobre la base de la exclusión de una quinta parte de sus ciudadanos»

Por el momento, los resultados electorales avalan la fortaleza y consistencia del proyecto de Modi que, de forma cada vez más explícita, afirma la unidad de la nación sobre la base de la exclusión de una quinta parte de sus ciudadanos. Un ejemplo de ello ha sido la supresión de la autonomía de Jammu y Cachemira, con población mayoritariamente musulmana.

En cualquier caso, hablamos de una potencia regional, ya que no puede aspirar aún a ser una superpotencia global como EEUU o China. Para ese propósito, debe proseguir su crecimiento económico y de renta per cápita, en un país que muy pronto será el más poblado del mundo y que sigue manteniendo unos niveles inasumibles de miseria y pobreza. Ciertamente, India se está convirtiendo en una de las principales “fábricas del mundo”, y dispone de sectores tecnológicamente muy sofisticados y un creciente soft power, además de ser una potencia militar con armamento nuclear. Pero le queda un larguísimo camino por recorrer y, para ello, no quiere prescindir de nadie, pero tampoco subordinarse a nadie.

Para ello, no obstante, India necesita a Occidente más que nunca. Por consiguiente, tiene que acompasar su autonomía estratégica con sus intereses económicos y de seguridad a largo plazo, un juego a varias bandas que tiene sus límites y sus riesgos.

Rusia puede dejar de ser para India un socio estratégico relevante, máxime si cae bajo la dependencia china. Pekín, con su política de la Franja y la Ruta –que claramente obvia a India, tanto por tierra como por mar, cercándola con su presencia en Myanmar y Bangladesh en el golfo de Bengala, Sri Lanka y Pakistán–, seguirá siendo su principal adversario y competidor en su entorno y en el Sureste Asiático. De ahí que sea esencial fortalecer su relación con los países del golfo de Bengala y, en general, con ASEAN (Asociación de Naciones del Sureste Asiático) y Australia. Y, desde luego, con EEUU y la Unión Europea.

Por todo ello, y para evitar errores, es muy importante que Occidente interprete correctamente la naturaleza del proyecto político indio. India no es como Occidente desearía. Tampoco piensa como pensamos los occidentales. Es otra cosa muy distinta. Dicho de otro modo, siguiendo su tradición, India no quiere alinearse explícita y definitivamente con ningún bando. Tampoco con unas democracias cuya naturaleza liberal no comparte.

Muchas piezas, pues, en el tablero. Es verdad que todos los imperios se han construido sobre la geometría variable. Los más duraderos son los que la han ejercido, más allá de la fuerza militar, con destreza y visión estratégica e integradora. Como hicieron los romanos, la monarquía hispánica o los mogoles durante siglos. No parece el caso. El supremacismo ultranacionalista ofusca las mentes.

LA GUERRA EN UCRANIA, LECCIONES APRENDIDAS

F. Javier Blasco, coronel (r) 4 de abril de 2022

Transcurridos cuarenta días desde el inicio de la invasión, tiempo en el que han ocurrido muchas cosas y casi ninguna tal y como era de esperar, parece que nos enfrentamos a una posición en la que, tras desastres, desolación y muerte, una vez puestas las cartas sobre la mesa y agotados ambos bandos por los intensos combates y los problemas para alimentar la batalla, ya no queda más remedio que avocarse a una dura y puede que peligrosa negociación.

Desde luego Putin no ha ganado esta guerra, ni tampoco Zelenski; ha sido una guerra de desgaste; de momento corta en el tiempo, pero demasiado cruda, fratricida y bastante inhumana sobre el terreno y en la realidad humana.

Guerra en la que las poco instruidas, no muy bien armadas y bastante mal dirigidas, aplastantes y mayoritarias fuerzas rusas se han enfrentado, de nuevo, a la cruda realidad de lo que supone la alta moral de combate del adversario, que entorno a un inusitado líder, defiende su territorio con todo, si fuera preciso.

Ucrania, sola y más o menos abandonada por la cínica, acomodaticia y cuasi silente Comunidad Internacional (CI) y con unos pocos recursos que les han ido llegando a sus manos, ha sabido aprovechar otras formas y métodos de combate que le han ofrecido su voluntad de vencer a toda costa y las nuevas tecnologías; aspectos, que se han mostrado tanto o más eficaces que la honda de David, para derribar a Goliat.

Drones simples, de bajo coste, fabricación casera o comprados a Turquía y operados a corta distancia, han sido capaces de destruir carros de combate de alta tecnología y buen grado de auto protección. La invasión de las redes por auténticos y aficionados hackers, no sólo han valido como herramientas de inteligencia, sino que han puesto en jaque las redes de mando y control rusas y los sistemas de detección, control de movimientos y de aprovisionamiento en las grandes empresas estatales o particulares, relacionadas con su logística militar.

Rusia sigue sin aprender a analizar bien los factores de la decisión, ni antes de iniciar el conflicto, en los primeros momentos de la invasión ni ahora para propiciar los grandes cambios en su estrategia a tan solo pocas fechas de entablar los duros combates.

La logística rusa sigue siendo un gran hándicap; no han aprendido nada tras sus dolorosas y nefastas intervenciones en diferentes y complicados conflictos. Fue su tumba y lo será en gran parte de este conflicto, si es que acaba con la balanza en su contra. Ello ha paralizado la alimentación de la maquinaria de guerra y ha dejado vacíos los estómagos de sus tropas que, obligados a comer raciones caducadas de fecha, han tenido que recurrir a la explotación local, con los riesgos de sabotajes y envenenamiento que ello supone.

Las fuerzas expedicionarias extranjeras desplegadas para el combate a modo de mercenarios, han servido para el establecimiento de una política de revancha, brutalidad y de difícil limpieza o expulsión del país el día de mañana.

La política de tierra quemada, tiene muy grandes y graves consecuencias inmediatas y también a medio y largo plazo, dado que muchas de las ciudades han quedado arrasadas, llenas de minas, trampas, y cadáveres en fosas individuales y comunes por todas partes, lo que, por un lado, pondrá en grave peligro la movilidad en la zona y por otro, la salubridad a nada que el tiempo cambie a temperaturas más altas.

Las masacres de civiles apreciadas ayer en ciudades abandonados por los rusos son fruto de su mala formación militar, el desprecio a la legislación humanitaria y la desesperación o rabia individual y colectiva, al verse obligados a retirarse, sin presión militar que les obligue a ello, cuando tantas bajas les costó conquistarlos.

Masacres y crímenes de guerra, que en el argot militar ruso se conoce ‘zachistka’ desde que se empleó masivamente en Chechenia; que forzosamente, no se pueden ocultar y que deberían ser juzgados por tribunales internacionales, aunque dudo mucho, que algún día, el máximo responsable, Putin se siente en un banquillo para responder por dichos cargos.

Guerra de Ucrania

La destrucción casi total de varias ciudades enteras ha provocado la emigración masiva de sus ciudadanos, quienes pueden cambiar de pensamiento, con respecto a su deseo inicial de regresar cuanto antes, lo que producirá una gran pérdida de la mejor y más preparada sociedad ucrania.

Reconstruir el país no será tarea fácil; al contrario, será muy costosa y Ucrania no podrá afrontar los costes que ello supone. Pensar que será Rusia la obligada por la CI, es de momento, algo falaz o utópico. Sin duda, tanto EEUU como la UE deberán sufragar diversos planes de recuperación y reconstrucción casi total del país, porque su industria y comunicaciones también han resultado extremadamente afectadas.

Los reiterados y elocuentes discursos -apoyados en masivas videoconferencias- de Zelenski a los parlamentarios de los países más importantes de occidente no han servido para mover ninguna conciencia individual o colectiva; a lo sumo, para propiciar más, cautelosos y mejores apoyos de material de combate; pero en nada para avanzar en las pretensiones políticas y de alianzas de Ucrania.

El efecto CNN a modo de un seguimiento en directo de los combates, actuaciones y decisiones adoptadas durante esta guerra, ha sido aprovechado por ambos bandos para realizar una buena inteligencia sobre las redes abiertas (OSINT); tanto que, en algunos momentos, ha habido que parar los pies a la mucha información, veraz o no, lanzada por todos los medios, noticiarios y redes del mundo.

La CI sigue adoleciendo de una gran falta de planificación previa, sincronización, despliegue de medios rápidos, capaces y efectivos, así como de normas y procedimientos adecuados para la extracción, el acompañamiento, el trato, manejo, la transferencia de responsabilidades y la acomodación final de los refugiados que este tipo de conflictos bélicos producen de forma masiva y sin solución de continuidad.

Una vez más el tema de los refugiados ha recaído en la decisión política, en los propios medios y las pocas o muchas capacidades de apoyo de los países fronterizos para llevar a cabo la aceptación de incontroladas avalanchas de personas, muy jóvenes y mayores. Agravado en este caso, por llegar masivamente sin apenas acompañamiento masculino realmente servible, por la movilización general de los varones ucranios. Situaciones desbordadas desde el principio, que han propiciado, a pesar de las advertencias, la trata de blancas y el fomento de la prostitución hasta en países muy lejanos al conflicto.

La primaria y natural tendencia a recoger y enviar por cualquier medio, sin orden ni concierto, ropa usada y todo tipo de enseres, víveres, y productos útiles para los refugiados; una vez más, ha inundado, los campos o centros de acogida; ha llegado mínimamente a quien la pueda utilizar y, finalmente supone un engorro o, lo que es peor un negocio futuro para la segunda mano de quienes no han sufrido las consecuencias de la guerra.  

El resultado final del conflicto dependerá de la capacidad, voluntad de presión y de sincronización de las grandes potencias que apoyan a uno u otro bando con especial atención a China y la India, así como del porcentaje y el valor de los objetivos alcanzados cuando se sienten realmente a negociar.

Es de destacar, de nuevo, el papel intermediario de Turquía en este conflicto; papel, que ya arrancó hace años de la mano rusa en el conflicto sirio. Con ello, parece pretenderse, aumentar la consideración internacional de Erdogan y, en parte, desplazar a EEUU, tradicionalmente hegemónico en estas lides. Sorprenden bastante la ambigüedad de Israel desde el comienzo del conflicto y la negativa de los ‘amigos árabes’ a secundar los intentos de Biden para paliar los efectos de la carestía de los carburantes.  

Increíblemente, las tropas rusas, sin ser forzados a ello, han caído en el grave riesgo sanitario que producen las zonas contaminadas con alta radiación nuclear, cuando se entra y permanece en ellas durante largos periodos de tiempo y sin los apropiados equipos de protección individual y colectiva.

Es muy vergonzoso que, mientras todo esto ocurre, y particularmente por parte de la UE, salvo honrosas y anecdóticas excepciones, se sigan comprando a Rusia materias primas como crudo, gas e incluso minerales como el aluminio, propiciado fundamentalmente por la codicia y necesidad de Alemania para no parar sus producciones.    

Con independencia del grado de participación e intervención militar de la OTAN y la UE, esta guerra ha valido para volver a levantar las orejas y elevar el grado de atención porque el lobo, sigue ahí fuera, llamando a nuestras puertas ansiando comerse débiles e indefensas presas.

Por ello, una Alianza, que estaba a punto de ser casi desmantelada o quedar en algo residual, vuelve a coger brío tal y como se verá en la próxima Cumbre de Madrid, donde se reflejará que obligatoriamente deberá cambiar de tono, intensidad y timbre su discurso y recuperar su radicalidad. Son ya muchos los países que han declarado su firme propósito de aumentar, en mucho, sus gastos en defensa.

Igualmente, sucede en el seno de la UE; una vez más, ha vuelto a ponerse de manifiesto, que la capacidad de influencia e intervención militar de la Unión fuera de sus fronteras y en defensa de sus miembros es casi nula y, que los esfuerzos e iniciativas hasta el momento en dicho aspecto, han sido tan solo unos parches para tenernos entretenidos e incluso engañados con algo, que nunca ha servido para nada.  

Quede como quede o finalice esta guerra, Rusia saldrá muy mermada en su capacidad de relación, intercambio y reconocimiento internacional en todas las esferas imaginables: políticas, económicas, industriales y de tipo social. Internamente, las protestas, inicialmente minoritarias, por mucho que las pretendan ocultar y acallar, pueden llevar a provocar un cambio importante en la sociedad rusa y por consiguiente, en su liderazgo político.

Cumbre Social Europea de Oporto

Puntos destacados del orden del día

La Cumbre Social de Oporto es un acto organizado por la Presidencia portuguesa del Consejo de la Unión Europea. Consiste en:

  • una conferencia de alto nivel con los interlocutores sociales,
  • una reunión informal de los jefes de Estado o de Gobierno de la UE.

El objetivo general es establecer el programa europeo de política social para la próxima década y garantizar que nos enfrentemos a los retos presentes y futuros sin dejar a nadie atrás. En la conferencia de alto nivel, los Estados miembros, las instituciones europeas, los interlocutores sociales y la sociedad civil se reúnen para reforzar su compromiso con la aplicación del pilar europeo de derechos sociales.

Se espera que los resultados de la conferencia de alto nivel sirvan de base a los trabajos de la reunión informal de jefes de Estado o de Gobierno del 8 de mayo.

Contexto

La UE proclamó el pilar europeo de derechos sociales en 2017. El pilar establece veinte principios clave para guiarnos hacia una Europa social fuerte que sea justa, integradora y plena de oportunidades en el siglo XXI.

En marzo de 2021, la Comisión Europea presentó un plan de acción para la aplicación del pilar europeo de derechos sociales. El plan de acción propone una serie de iniciativas y fija tres objetivos principales que deben alcanzarse en toda Europa de aquí a 2030:

  • una tasa de empleo de al menos el 78 % en la Unión Europea;
  • que cada año al menos el 60 % de los adultos asistan a cursos de formación;
  • reducir el número de personas en riesgo de exclusión social o de pobreza en al menos quince millones de personas, entre ellas cinco millones de niños.
  • Pilar europeo de derechos sociales (Comisión Europea)

Información de la reunión

  • Porto
  • 7 de mayo de 2021
  • 14:00

Comunicados de prensa

Cumbre europea en Oporto | Vacunas, pasaporte COVID y acuerdo con la India

https://es.euronews.com/2021/05/08/cumbre-europea-en-oporto-vacunas-pasaporte-covid-y-acuerdo-con-la-india