Remitido por Carlos Guerrero Carranza, coronel de infantería y geopolítico

 Cada vez parece más claro que una de las causas por la que Gran Bretaña se salió de Europa y se alió con EEUU (AUKUS entre otras cosas) fue para ayudarle, con el apoyo de toda la Commonwealth, en la lucha del siglo XXI entre las tres grandes potencias: China, Rusia y EEUU.

Ucrania va ganando varias guerras a la vez. La primera, la militar, con resultados tangibles en torno a Kiev. La segunda, la del relato, con un apoyo global mayoritario y con las mentiras y excusas de Rusia puestas en evidencia. La tercera, la económica, con un aislamiento cada vez más severo de Moscú. Quizá la última sea la menos conocida, pero sin ésta, quizá no existirían las tres primeras: va ganando en la guerra de los espías.

Sergey Markov, ex asesor de Vladimir Putin, reveló esta semana que el fracaso de la toma de Kiev no se debe tanto a la ignorancia por parte del Kremlin sobre cuál era la resistencia real que iban a encontrarse las tropas rusas. Se debió más bien a una operación ucraniana de Inteligencia en la que los agentes rusos del FSB (el equivalente a la antigua KGB en la era soviética), identificados desde hace meses por el Gobierno de Kiev, no fueron puestos al descubierto, detenidos y juzgados por espionaje, sino que los servicios secretos de Ucrania decidieron dejarles seguir espiando sin llamar su atención. Lo que sí hicieron es envenenar sus fuentes con mercancía podrida, es decir, información falsa, mezclada con datos verídicos, pero de escaso valor estratégico.

Gracias a esta información falsa, en la que se explicitaba, según Markov, que «Ucrania no se defendería en caso de invasión rusa o lo haría de forma muy minoritaria», el Kremlin ideó su estrategia de toma de Kiev en tres días con un 40% de las tropas que tenía acantonadas en la frontera. Días después, tuvo que enviar al resto ante la evidencia de que no eran suficientes, pero ya era tarde. La idea central de esa información enviada al Kremlin, era que las tropas ucranianas se comportarían igual que hicieron en Crimea en 2014, es decir, permaneciendo pasivas ante la invasión rusa.

La realidad es que Zelenski no creyó que los rusos fueran a invadir Ucrania, hasta que Joe Biden le envió los planes de la operación al detalle, filtrados por una de sus mejores fuentes en Moscú. Biden le pidió que lo estudiara con su ejército y prepararan las defensas lo mejor posible.

En esa filtración estaba explicada, por ejemplo, la misión aerotransportada para tomar el aeropuerto de Hostomel, donde Rusia pretendía hacer un puente aéreo con aviones de transporte para transferir soldados directamente a pocos kilómetros de Kiev. 

Con Zelenski avisado y su ejército en guardia, varios de los helicópteros empleados en el asalto fueron derribados y los que sí consiguieron llegar, fueron masacrados en la pista junto con los paracaidistas.

Esta guerra ha demostrado que las comunicaciones rusas están siendo captadas y desencriptadas por la Inteligencia Occidental sin ningún tipo de problemas. Además, según el medio especializado en conflictos «Bellingcat», el FSB ruso pagó millones de dólares a un grupo de militares y políticos supuestamente prorrusos para que, comenzada la invasión, montaran un golpe de Estado contra el presidente Zelenski. No sólo no hubo tal golpe, sino que además se quedaron el dinero y denunciaron la operación a los servicios secretos ucranianos.

Mientras, sigue el desescombro y desminado de Borodianka, la ciudad justo anterior a Bucha desde Bielorrusia, destruida por la artillería rusa, casi hasta los cimientos.

El frente está mucho más parado que en los días anteriores, ya que los movimientos se producen en la retaguardia para rearmarse y redefinir las ofensivas. 

Las logistas ucranianas viajan a Polonia en busca de cascos, chalecos, medicinas y todo lo necesario para reabastecer a sus tropas. 

Rusia hace lo propio con su ejército, que ya ha llegado a la localidad clave de Izyum. Entre los batallones parcheados de la derrota de Kiev han llegado el 106, el 59 y el 26, casi todos ellos con muchas bajas.

En breve se verá su verdadera capacidad bélica. Los dos bandos se preparan para la batalla decisiva del Donbás: uno intentando reforzar sus flancos para no caer embolsado en el área de Slaviansk. El otro, tratando de hacer justo lo contrario.

Mientras, los militares ucranianos miraban al sol de ayer con esperanza. Llega la primavera con su barro atasca-tanques o «rasputitsa» y su hierba alta ideal para emboscadas. Es exactamente lo que van a seguir haciendo en esta fase de la guerra en el Donbás, donde no importa tanto el territorio que ocupen, sino el desgaste que le provoquen al enemigo.