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La industria de defensa en el ET. II Ciclo AEME de 2022

Manfredo Monforte Moreno. General de División (Ret.). Dr. Ingeniero de Armamento. Artillero. Academia de Artes y Ciencias Militares

General Monforte Moreno

“Robles (ministra de Defensa) alerta de que la industria militar europea está ganando la batalla a la española”, a lo que añade: “tenemos mucha capacidad, iniciativa de hacer cosas, pero mucha competencia internacional… la industria española es muy pequeña y eso hace que en ocasiones sea menos competitiva” (Europapress, 21 de octubre de 2022). Un diagnóstico válido para los últimos cinco siglos de la pendular historia industrial militar nacional.

La industria militar española equipa a los ejércitos desde que Alonso de Quintanilla gestionase el reclutamiento y aprovisionamiento de las Hermandades de Castilla para la conquista de Granada. A partir de ese momento (1492), los Reyes Católicos mantienen un ejército permanente, razón última por la que aparece una industria artesanal, privada y gremial que le proporciona armas y equipos.

Dos siglos antes, la pólvora negra había llegado a Europa para revolucionar el arte de la guerra. Único propulsor y explosivo durante casi seis siglos, alrededor de ella, y sin abandonar la fabricación de armas blancas y otros ingenios, aparece la necesidad de fabricar ingenios capaces de lanzar proyectiles a partir de la energía química de la pólvora, lo que da lugar a la aparición de numerosas instalaciones privadas de armamento ligero y pesado, sus municiones y su pólvora.  

Durante el Siglo XVI y a medida que se estanca el combate terrestre, el esfuerzo bélico se orienta a incrementar la fuerza naval. Con la llegada de los Borbones a España a principios del Siglo XVIII, se regula la actividad industrial militar y la Corona asume su explotación para lo cual confía la tarea al Cuerpo de Artillería. Con el fin de satisfacer las necesidades del Ejército y mantener la Carrera de Indias se crean las Reales Fábricas, que a finales del XVIII se reordenan y alejan de la frontera francesa tras la revolución de 1789. Los problemas económicos y otras circunstancias obligan a importar armamento para abastecer a las unidades durante las Guerras Carlistas del XIX, mostrando claramente las carencias de una industria en continua decadencia y sin pulso. Este hecho, conocido por militares y gobernantes, ha tratado de corregirse en repetidas ocasiones con resultados muy dispares.  

La industria militar trató de reorganizarse por enésima vez durante la dictadura de Primo de Rivera y posteriormente durante la II República, pero los continuos cambios de gobierno y la Guerra Civil truncaron cualquier iniciativa. Tras la contienda, la fabricación quedó en manos del Estado o con una fuerte intervención de éste. Así, la creación del Instituto Nacional de Industria y de la Empresa Nacional Santa Bárbara protagonizan décadas de centralización y control de unas capacidades poco competitivas y, en algunos casos, ruinosas. En paralelo, comenzaron a nacer algunas industrias de capital privado (Barreiros, Manufacturas Metálicas Madrileñas, Instalaza, Ceselsa, Fecsa, Iturri…) que poco a poco fueron equipando al Ejército de materiales muy dispares, desde lanzagranadas a uniformes, material de campaña y otros aperos.

Con la llegada de la democracia se inicia una reconversión industrial inevitable; en el sector de defensa se comienza a considerar la cuenta de resultados de las empresas públicas, reconociendo que sanearlas precisaba de nuevos productos –innovación– y el acceso al mercado exterior.  El déficit del sector público es el detonante de la privatización de la Empresa Nacional Santa Bárbara a favor de la multinacional americana General Dynamics. A dicha privatización siguieron los intentos de reconversión de algunas factorías para terminar cerrando unas y vendiendo otras.

Al igual que la Armada cuenta con un proveedor principal, Navantia, de capital público, y el Ejército del Aire dispone de Airbus como suministrador de referencia, el Ejército de Tierra no cuenta con un “campeón nacional” capaz de satisfacer el grueso de sus necesidades. De hecho, las compras del Ejército están atomizadas y se reparten entre la industria nacional y el mercado internacional, donde se trata de adquirir materiales que se han dejado de producir en España, como es el caso de fusiles, pistolas, cohetes, misiles, etc.

Aunque en conjunto la industria militar española es netamente exportadora, no ocurre lo mismo con el material terrestre, pues para resultar competitivo en el mercado exterior hay que mantener un cierto volumen de producción que, en los países de nuestro entorno, se apoya en la demanda interna. Una industria que cuenta con una baja demanda basada en un presupuesto anoréxico, que recibe pedidos de forma discontinua –por programas– y carece de una planificación estratégica por parte de su cliente interno, es incapaz de mantener un cierto ritmo de producción y justificar nuevas inversiones en inmovilizado –un ejemplo es el taller de cañones de Trubia, que no recibe pedidos desde hace más de una década– y está condenada a sobrevivir en la incertidumbre. A esto hay que sumar la cesión de ciertas capacidades a multinacionales cuyos objetivos no tienen necesariamente que coincidir con las necesidades estratégicas del Ejército Español.

El bajo presupuesto dedicado a la defensa, mantenido alrededor del 1 % del Producto Interior Bruto nacional durante décadas, junto con la profesionalización de las Fuerzas Armadas y la carga salarial que ello implica, ha ido poniendo de manifiesto las carencias del equipamiento militar por mera obsolescencia y la imposibilidad física de atender al mantenimiento de los materiales. El propio JEMAD ha manifestado que se dispone de unidades que no se pueden desplegar por obsolescencia (Comparecencia del jefe de Estado Mayor de la Defensa en la Comisión de Defensa para informar sobre el Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para el año 2022. Madrid, 28 de octubre de 2021).

Afortunadamente, los empresarios del sector han entendido que el mercado nacional es demasiado pequeño para sostener las grandes capacidades que un sector tan especializado como el militar precisa, y se han visto empujados al mercado exterior. De hecho, algunas fábricas dedican hasta el 95 % de su producción a la exportación.

Para entender la situación actual del sector, son de suma importancia otros dos factores: por una parte, la inversión estatal en I+D+i, que es netamente inferior a la que dedican los países de nuestro entorno. De hecho, España dedica a esta partida en torno al 1,15% de su PIB, mientras nuestros competidores invierten entre un 2,5 y un 4 % de su riqueza anual, lo que lastra nuestra capacidad innovadora relativa; basta echar un vistazo al número de patentes españolas frente a las de otros países, con un saldo desfavorable de 1 a 100 o más si nos comparamos con Suecia, Israel o Corea del Sur.

Por otra parte, nos encontramos con una Ley de Contratos del Sector Público que muestra serias carencias para su aplicación en el sector de la Defensa al no contemplar que la mayor parte de los suministros requieren experiencia, solvencia técnica y capacidades singulares que poco tienen que ver con el precio de los servicios o productos contratados. Así, con la aplicación rigurosa de la Ley, se adquieren materiales en el extranjero por presentar un precio ligeramente inferior, sin tener en cuenta el daño que se produce a la industria nacional (a igualdad de calidad y producto) y las condiciones del suministro. No se considera, por ejemplo, el volumen de impuestos que pagan las empresas nacionales frente a las extranjeras, y que, globalmente, resultarían más beneficiosas para el Estado.

Y aún podemos considerar una tercera circunstancia: la reglamentación en materia de armamento y explosivos supone una barrera de entrada a nuevas empresas e impone condiciones mucho más restrictivas que las de nuestros competidores extranjeros, repercutiendo en una falta de competitividad comparada.

Por otra parte, la concentración de las grandes adquisiciones en un solo órgano de la Administración que no cuenta con suficiente personal cualificado dificulta en gran medida la gestión de las adquisiciones y posterga la planificación y aplicación de una política industrial avanzada y valiente que no contemplar el ciclo de vida de los sistemas como un todo. A pesar de ello, la iniciativa privada y la consultoría pública (Isdefe) va subsanando las carencias del sistema.

La industria española del sector se apoya en dos asociaciones empresariales muy activas y valoradas, AESMIDE y TEDAE. Además, existen algunos esfuerzos puntuales mediante la creación de clústers orientados al desarrollo de algunos programas: tal es el caso de Tess Defense, nacida para la gestión del 8×8 Dragón o de SMS para el desarrollo de misiles.

Dos oportunidades se asoman al horizonte de 2023: el incremento del presupuesto dedicado a Defensa anunciado por el Gobierno tras la cumbre de la OTAN en Madrid y la participación en los grandes proyectos europeos. Lo primero puede empezar a subsanar las insuficiencias manifestadas por los mandos de las Fuerzas Armadas, aunque se tardarán años en ponernos al día en cuanto a materiales modernos; la segunda puede incrementar la competitividad de nuestra industria y la apertura de nuevos y atractivos mercados plurinacionales.

En definitiva, la industria militar española constituye un ecosistema caracterizado por una gran estabilidad laboral, buenas condiciones retributivas y una alta cualificación de su masa laboral. Sin duda, un activo que España debe potenciar y aprovechar. Ojalá que, en un futuro próximo, el Ejército de Tierra pueda contar con los proveedores de referencia que necesita. Tal vez, el modelo industrial israelí puede ser un buen ejemplo.

¿Qué fue del panarabismo?

El llamado ‘mundo árabe’ solo subsiste en las calles y en algunas élites intelectuales. En la política, prima la pugna geopolítica sobre un sentimiento panarabista o panislámico.JOSEP PIQUÉ |  23 de julio de 2021

Oriente Próximo (Oriente Medio es un anglicismo) ha sido, durante siglos, espacio de conquista y de conflicto. A partir de Mahoma y el Corán en el siglo VII, desde la actual Arabia Saudí, el mundo árabe y el Islam se expandieron por toda la región y también por el norte de África y la península Ibérica (único lugar en el que el Islam retrocedió por la Reconquista).

Esta expansión continuó por pueblos no árabes, en buena parte de África, la actual Turquía, el sureste europeo y, hacia el este, por Asia Central, Irán, Pakistán, India y buena parte del Sureste Asiático. El momento de máximo esplendor histórico para los árabes llegó con el Califato de Bagdad, que acabó en el siglo XIII con las conquistas mongolas y, ya a principios del siglo XVI, con la incorporación de la región al Imperio Otomano, después de la derrota bizantina y la caída de Constantinopla.

Desde entonces, lo que hoy llamamos el mundo árabe ha estado sometido a una potencia no árabe (los mongoles y luego los otomanos), con presencia creciente de las potencias europeas (especialmente, Francia y Reino Unido). Con la desaparición del Imperio Otomano, después de la Primera Guerra Mundial y el establecimiento de la República Turca en 1923, la región pasó a depender fundamentalmente del colonialismo francés y británico (los acuerdos Sykes-Picot son su paradigma) y, en mucha menor medida, de Italia o España. Además de su interés geopolítico, como escenario de disputa entre las potencias europeas, se suma la importancia vital desde el punto de vista geoeconómico, al disponer de enormes reservas de hidrocarburos fósiles, fundamentales para el crecimiento de los países occidentales.

Los procesos de descolonización posteriores a la Segunda Guerra Mundial dan lugar al establecimiento de diferentes Estados independientes que son los que hoy conocemos. Sin embargo, Occidente (incluido en el pasado más reciente, Estados Unidos) ha mantenido su influencia en la región, propiciando regímenes aliados (incluidos Irán y Turquía) y apoyando sistemas políticos autoritarios (y corruptos) pero que garantizaban la estabilidad de los suministros energéticos necesarios para sus economías. Fueron unas independencias “tuteladas”, aunque cada vez más mediatizadas en el contexto de la guerra fría, que abrió pronto dinámicas diferentes que, en buena medida, subsisten hoy.

«Tras las independencias, Occidente mantuvo su influencia en la región, propiciando regímenes aliados y apoyando sistemas políticos autoritarios (y corruptos) pero que garantizaban la estabilidad de los suministros energéticos»

La más importante tiene su punto de ignición en Egipto, después del derrocamiento del rey Faruk por los “oficiales libres”, liderados por el nacionalista panárabe Gamal Abdel Nasser, quien proclamó la república, en 1953. En 1956, Nasser decreta la nacionalización del Canal de Suez, bajo control de Francia y Reino Unido hasta entonces. La respuesta fue la intervención militar franco-británica (con la ayuda de Israel), hasta que son obligados a retirarse por el presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, quien no quería enajenarse una región que podía caer rápidamente bajo la órbita soviética.

Tal desenlace, percibido como un gran triunfo, enardece el nacionalismo panárabe, de naturaleza laica y prosocialista, y que tiene a Nasser como su gran héroe y adalid. No en vano, Egipto es el país árabe más populoso y con gran capacidad de influencia sobre el conjunto. Tal efecto difusor se concreta en la aparición de regímenes de naturaleza inicial similar (a través del partido Baaz) en Siria, Irak, Libia o Sudán, además de los surgidos de la descolonización francesa, como Argelia y Túnez, y de inspirar el movimiento palestino, a través de Al Fatah.

Todos ellos, de forma más o menos expresa, se encuadran en el llamado Movimiento de Países No Alineados (próximos en diferente grado a la Unión Soviética) frente a EEUU, gran valedor y protector de Israel. Algunos de estos países propician movimientos de unidad árabe entre diferentes Estados, aunque ninguno de ellos cuaja ante los nacionalismos locales. En cualquier caso, es el auge del panarabismo, en el que el componente religioso es importante pero lo es más el nacionalismo y la recuperación de la autoestima después de siglos de sometimiento a potencias foráneas.

El canto de cisne de este movimiento se produjo en 1967, durante la guerra de los Seis Días, en la que Israel obtiene una gran victoria sobre Egipto, Jordania y Siria, provocando el fin de la estrella de Nasser, quien dimite aunque la presión militar y popular le lleva a dar marcha atrás a esa dimisión. Nasser fallece poco después, en 1970, y es sustituido por su mano derecha, Anwar el Sadat. A partir de entonces, se inicia el declive imparable del panarabismo y el ascenso del panislamismo como elemento aglutinador de la región (y más allá, especialmente después de la proclamación de la República Islámica de Irán, en 1979, derrocando al Sha Reza Pahlevi, gran aliado de EEUU).

La ruptura definitiva del sueño panárabe viene de la mano de Sadat, después de la guerra del Yom Kippur, en 1973, que termina prácticamente en tablas y que lleva a Sadat a alejarse de la Unión Soviética y acercarse a EEUU. La conclusión fue la Paz de Camp David entre Israel y Egipto, la ruptura del bloque árabe y el abandono del liderazgo mantenido hasta entonces por Egipto. A ese nuevo alineamiento se sumaría Jordania en 1994. Por cierto, a Sadat tal audaz movimiento le costó que la Liga Árabe expulsara a Egipto y se desplazara de El Cairo a Túnez; y también su propia vida en manos de un militante islamista en 1981.

«La ruptura definitiva del sueño panárabe viene de la mano de Sadat, después de la guerra del Yom Kippur, que termina prácticamente en tablas y que lleva a Sadat a alejarse de la Unión Soviética y acercarse a EEUU»

Desde entonces, el panarabismo no ha levantado cabeza, a pesar de que el resto del mundo árabe no haya reconocido a Israel mientras no se solucionara el problema palestino sobre la base de los dos Estados.

La región ha vivido en las últimas tres décadas varios acontecimientos dramáticos y disruptivos, desde la primera guerra del Golfo (1991), para retrotraer la invasión de Kuwait por el Irak de Sadam Hussein, a las llamadas Primaveras Árabes de 2010-11, que afectaron fundamentalmente a los regímenes republicanos, autoritarios y corruptos y que, tras diversas vicisitudes, con la frágil excepción de Túnez, han devenido en golpes militares (como en Egipto) o en trágicas guerras civiles, como en Libia o Siria. Sin olvidar el tremendo trauma que ha supuesto la intervención militar britano-estadounidense en Irak y Afganistán.

Todo ello ha desembocado en un nuevo escenario que se caracteriza por el repliegue de EEUU de la zona, el papel irrelevante de la Unión Europea y la entrada en liza –de nuevo– de potencias no árabes, con pretensiones de influencia cuando no hegemónicas, como Rusia, Turquía o Irán.

El marco es la pugna geopolítica entre Irán, Turquía y Arabia Saudí, para ejercer su supremacía sobre el mundo musulmán. Desde una potencia chií, una potencia suní no árabe y un régimen árabe suní (Guardián de los Santos Lugares), cada uno de ellos con su juego de alianzas, muchas veces de geometría variable y no siempre homogéneas. En eso estamos ahora, ya sea en Yemen, en Siria o en Libia.

A este escenario se han sumado los Acuerdos de Abraham, que han permitido a buena parte del mundo árabe desvincularse del conflicto palestino para normalizar su relación con Israel. Un nuevo paradigma que hay que analizar a fondo, aunque las motivaciones hayan sido muy distintas según los casos.

El llamado “mundo árabe” solo subsiste en las calles y en algunas élites intelectuales. En la política, prima la pugna geopolítica sobre un sentimiento panarabista o panislámico. Este segundo sentimiento corre el evidente riesgo de derivar hacia el panislamismo radical y convertirse en el campo de batalla entre las diferentes potencias en presencia. El primero fue pero ya no es. La alianza subordinada entre Egipto y Arabia Saudí (regímenes muy distintos que comparten enemigo común) es buena muestra de ello. En el futuro, es probable que el panarabismo pueda resucitar desde Egipto. Hoy por hoy, sin embargo, no podemos vislumbrarlo más que en un horizonte incierto y lejano.

El trilema de Israel y la causa palestina

09.07.2021 Josep Piqué

Oriente Próximo sigue siendo uno de los focos de atención geopolítica, a pesar de (y a causa de) la progresiva retirada de Estados Unidos de la región y el muy escaso papel de la Unión Europea en sus conflictos.JOSEP PIQUÉ |  9 de julio de 2021

Estados Unidos está consumando su retirada de Afganistán (como ya ha hecho en Irak o en el conflicto sirio, mediante el cese del apoyo a las milicias kurdas). Una retirada muy controvertida porque todo apunta a que el retorno del régimen talibán es inevitable en un plazo relativamente corto de tiempo. Veinte años después del inicio de la guerra, volvemos al punto de partida y la incógnita es si eso va a propiciar también un refuerzo del yihadismo, que fue el origen y la justificación de la intervención militar, al tener Al Qaeda sus principales bases y dirigentes en el país. Parece más bien una asunción realista de la derrota y los paralelismos con la retirada de Vietnam son cada vez más evidentes.

Ese repliegue incluye la aceptación de un papel relevante a otras potencias no occidentales, como RusiaTurquíaIrán o las monarquías del golfo Pérsico que, en un nuevo “Great Game”, están pugnando por la influencia en una vasta región, incluyendo la parte oriental del norte de África que fue en su día parte sustancial del Imperio Otomano.

El interés geoestratégico de EEUU se ha basado en el control y en la estabilidad de los suministros energéticos, hoy menos relevantes dada la creciente autosuficiencia energética del país y la progresiva disminución del peso de las energías fósiles en el mix de generación. Pero ha habido otro “anclaje” esencial, derivado del apoyo a Israel (un asunto de política interna en EEUU) y la búsqueda de una eventual solución a la cuestión palestina. En cualquier caso, el paradigma ha cambiado, más allá de la reorientación de Washington hacia el Indo-Pacífico y su confrontación sistémica con China.

El apoyo norteamericano a las llamadas “primaveras árabes” de hace una década ha derivado, en general, hacia una mayor inestabilidad en Oriente Próximo (incluidas sangrientas guerras civiles e injerencias de otras potencias, antes impensables) o un retorno al autoritarismo represivo en el marco de la competencia por la influencia y la hegemonía en el mundo árabe, que disputan potencias árabes, pero también potencias musulmanas no árabes, particularmente Turquía e Irán.

Acuerdos del Siglo

Por otra parte, el apoyo árabe a la causa palestina –condicionando la relación con Israel a la solución del conflicto– que ya se resquebrajó con la paz entre Israel y Egipto, en 1979, o entre Israel y Jordania, en 1997, ahora se ha visto golpeado por los llamados Acuerdos de Abraham (auténticos Acuerdos del Siglo y no el inefable planteamiento realizado por Donald Trump y su yerno, Jared Kushner), que suponen la normalización de las relaciones con Israel de países árabes importantes, sin condicionarla en la práctica a la resolución del conflicto palestino-israelí. Este auténtico cambio cualitativo ha sido rubricado por Emiratos Árabes UnidosBahrein (impensable sin el visto bueno implícito de Arabia Saudí), Sudán y Marruecos.

Ciertamente, tales movimientos telúricos están propiciando una ofensiva de Irán y Turquía (con el apoyo catarí) para convertirse en los adalides de la causa palestina, ante la “traición” del mundo árabe, y aprovecharlo para reforzar su influencia frente a Arabia Saudí y su ahora incondicional aliado, Egipto.

Se ha visto con meridiana claridad en la llamada “nueva intifada” (nada que ver con las anteriores) que se inicia a mediados de mayo pasado con las protestas por las resoluciones judiciales sobre propiedades en un barrio mayoritariamente palestino en Jerusalén Este, desata enfrentamientos entre jóvenes arabo-israelíes, ultraortodoxos judíos y las fuerzas del orden de Israel –rompiendo una conllevancia más o menos habitual– y, muy especialmente, se materializa en la confrontación bélica entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza. Durante este último enfrentamiento ha habido lanzamientos masivos de misiles hacia territorio israelí, interceptados en su mayoría por el sistema antimisiles Cúpula de Hierro, la destrucción de importantes edificios en Gaza y la amenaza de una intervención terrestre.

Finalmente, se ha impuesto un frágil alto el fuego, con la mediación de Egipto, pero ha quedado de nuevo de manifiesto un conflicto profundo y no superado que, pese a los éxitos diplomáticos de Israel y su política de hechos consumados en la Cisjordania ocupada, está muy lejos de resolverse. La seguridad y la estabilidad sostenibles de Israel siguen dependiendo de ello, máxime con la involucración de otras potencias que siguen pretendiendo la destrucción de Israel.

«Se ha impuesto un frágil alto el fuego, pero ha quedado de nuevo de manifiesto un conflicto profundo y no superado que está muy lejos de resolverse»

En primer lugar, es cierto que hay un problema de interlocución. Pero también un problema conceptual.

La interlocución por parte palestina está afectada por la división entre Hamás, que controla la Franja de Gaza, y Al Fatah, partido que controla la Autoridad Nacional Palestina. Por un lado, una fuerza que utiliza métodos terroristas y que está muy ligada a Irán. Por otro, una institución desprestigiada por la corrupción, la gerontocracia y su incapacidad congénita para ofrecer soluciones reales a las necesidades de unos ciudadanos palestinos sin horizonte, que ven aplazadas las elecciones por enésima vez en los últimos 15 años.

Por parte israelí, hay un gobierno muy inestable, de composición contradictoria (desde ultraortodoxos a partidos árabes) y cuya única cohesión deriva de su voluntad de retirar a Benjamin Netanyahu del poder después de 12 años ininterrumpidos como primer ministro, a pesar de las acusaciones de corrupción que pesan sobre él.

Difícil, pues, esperar gran cosa.

El ‘trilema de Israel’

Pero quizá lo más relevante sea el problema conceptual, que podemos resumir en el llamado “trilema de Israel”. Se trata de decidir si Israel quiere ser un Estado democrático, judío y controlar de facto los territorios ocupados. Si quiere ser judío y controlar el territorio, no puede ser democrático, al condenar a los palestinos a ser ciudadanos “de segunda” en su propia tierra. Si quiere ser judío y democrático, no cabe seguir con la ocupación. Y si quiere ser democrático y controlar los territorios, no puede ser judío y debe abrirse a un Estado plurinacional en el que todos sus ciudadanos tengan los mismos derechos.

Esto nos lleva al debate sobre la solución de los dos Estados, defendida por la comunidad internacional, y si hoy puede ser viable. No lo parece. Hablaríamos de un Estado palestino, fragmentado entre una “isla” (Gaza) y un “archipiélago” (Cisjordania), sin capacidad de autonomía real ni en lo económico, ni en su seguridad y defensa, muy vulnerable además a la subordinación de facto a potencias exteriores como Irán. Algo inadmisible para Israel pero también para el mundo árabe.

Por ello, avanzan cada vez más las posiciones que defienden la posibilidad de un solo Estado binacional y democrático, que garantice los derechos y las oportunidades para todos los ciudadanos, sean judíos, árabes o palestinos, con el apoyo explícito de la comunidad internacional y, en particular, de Naciones Unidas. Se trata de poner el énfasis en los intereses reales de la gente y no en unas aspiraciones históricas incompatibles entre sí.

En este punto vuelve la responsabilidad de EEUU. Este país ya no tiene, ni quiere tener, la capacidad para imponer acuerdos de paz, como en los tiempos de Bill Clinton, pero sí puede influir para que las posiciones se vayan decantando en el tiempo. Puede parecer un objetivo utópico y naif, especialmente hoy. Y, desde luego, nada fácil. Pero hay que explorar alternativas a una solución que ya se ha mostrado inviable. Y Europa debe acompañar en ese empeño.

Enemigos irreconciliables: palestinos e israelíes. Vuelve la violencia y los enfrentamientos en 2021.

Qué hace diferente la nueva escalada de violencia entre israelíes y palestinos

La magnitud y rapidez de los bombardeos, la lluvia de cohetes, el choque en ciudades mixtas y hasta las redes sociales son algunas de las claves.

Por Carmen Rengel

https://www.huffingtonpost.es/entry/claves-conflicto-palestina-israel-gaza_es_609e2cc7e4b090924801e06c

Netanyahu califica de «morales y justos» los bombardeos de Israel que han causado al menos 175 muertos en Gaza

El primer ministro israelí anuncia que todavía quedan «unos días de lucha».

Redacción El HuffPost Europa Press

https://www.huffingtonpost.es/entry/netanyahu-gaza-morales-justos_es_60a0e225e4b099ba7537da39

Israel en el caos: 10 unidades de la Policía Fronteriza convocadas para sofocar la violencia árabe-judía

Los disturbios se han extendido por varias ciudades de Israel con poblaciones mixtas árabes y judías.

Por IDAN ZONSHINE   13 DE MAYO DE 2021 17:11

https://www.jpost.com/israel-news/right-wing-rioters-smash-windows-of-arab-owned-businesses-in-bat-yam-667993

Oriente Próximo

El enfrentamiento entre Israel y Hamás se intensifica y deja ya más de 60 muertos (RTVE)

La escalada de violencia entre Israel y los grupos armados de Gaza que se inició el lunes se intensifica y se ha cobrado ya la vida de más de 60 personas. La violencia se está extendiendo a la Cisjordania ocupada y a poblaciones del interior de Israel con importante población árabe, donde se han producido disturbios. 

Hasta el momento han muerto en Gaza 65 palestinos, entre ellos 14 niños, mientras que en Israel han perdido la vida 7 personas, incluyendo dos menores.

Las milicias de Hamás y Yihad Islámica han lanzado desde el lunes más de 1.500 proyectiles, de los cuales 850 han impactado en territorio israelí. Por su parte, Israel ha llevado a cabo alrededor de 500 bombardeos, según el Ejército.

Los enfrentamientos son ya los peores desde 2014 en un conflicto asimétrico en el que la potencia de fuego del Ejército israelí es infinitamente superior a la de las milicias palestinas.

Egipto y Catar intentan mediar entre las partes mientras la UE, Rusia y la ONU han pedido calma y contención a las partes. Desde Estados Unidos se enviará al subsecretario adjunto para Asuntos Palestinos e Israelíes del Departamento de Estado, Hady Amr.

LA ESCALADA BÉLICA ENTRE ISRAEL Y HAMÁS

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  • Los soldados israelíes disparan un obús autopropulsado de 155 mm hacia la Franja de Gaza desde su posición cerca de la ciudad de Sderot, en el sur de Israel.
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      Soldados israelíes disparan un obús 13.05.2021 Los soldados israelíes disparan un obús autopropulsado de 155 mm hacia la Franja de Gaza desde su posición cerca de la ciudad de Sderot, en el sur de Israel.  MENAHEM KAHANA / AFP
    • Un joven palestino toma fotografías con su smarthone de un enorme cráter en una carretera principal en la ciudad de Gaza.
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        Ataques aéreos israelíes en Gaza 13.05.2021 Un joven palestino toma fotografías con su smarthone de un enorme cráter en una carretera principal en la ciudad de Gaza.  MAHMUD HAMS / AFP

      Israel bombardea Gaza y concentra tropas en la frontera

      Los bombardeos en Gaza son tan destructivos que han pulverizado ya tres grandes edificios. El último, la Torre Al Shuruk, con 10 pisos, que albergaba entre otras las oficinas de la cadena de televisión Al Aqsa. 

      Además de los 56 fallecidos hay más de 300 heridos, según el Ministerio de Sanidad Palestino. Entre las víctimas se encuentra Bassem Issa, jefe de operaciones de las brigadas Al Qassam, el brazo armado de Hamás, en la ciudad de Gaza. 

      «Israel se ha vuelto loco», decía un hombre en una calle de Gaza, mientras la gente corría buscando refugio.

      Por su parte, las milicias palestinas han lanzado centenares de cohetes hacia el área metropolitana de Tel Aviv, el centro y el sur de Israel, aunque la mayoría han sido interceptados por el sistema antimisiles «Cúpula de Hierro».La violencia en Lod, una ciudad en el centro de Israel, alcanza niveles de "guerra civil" según su alcalde01.14 minVideo | La violencia en Lod, una ciudad en el centro de Israel, alcanza niveles de «guerra civil» según su alcalde

      Una granada anticarro ha alcanzado un jeep militar y ha matado a un sargento cerca de la frontera con la franja, mientras un padre y su hija adolescente ha muerto cuando su vehículo ha sido alcanzado por cohetes en Lod, cerca de Tel Aviv. 

      Muchos israelíes han pasado la noche en los refugios. «Los niños se han salvado del coronavirus, y ahora un nuevo trauma», se lamentaba una mujer en Ashkelón, al sur del país. 

      El primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha asegurado que Israel responderá «con una fuerza cada vez mayor» para «dar golpes» a las milicias «con los que ni siquiera podrían soñar». 

      La concentración de tropas de infantería y blindados en la frontera con la franja hace temer que pueda producirse una incursión terrestre, como en 2014, cuando la llamada «Operación Margen Protector» causó más de 2.100 muertos en Gaza y una enorme destrucción de infraestructuras y viviendas.  

      Dos muertos en Cisjordania y disturbios de los árabes-israelíes

      La escalada bélica tiene su origen en las protestas palestinas de la semana pasada en Jerusalén, que tuvieron su punto álgido el lunes en la explanada de la mezquita de Al Aqsa. Las protestas se están extendiendo por la Cisjordania ocupada y también, algo poco habitual, por localidades israelíes con importante población árabe.Escalada de violencia en Jerusalén: ¿puede haber una nueva intifada?

      El Ejército israelí ha matado a dos palestinos, uno de ellos menor de edad, en la madrugada del miércoles en Cisjordania. Se trata de un joven de veintiséis años tiroteado en el campo de refugiados de Al Fawar, al sur de Hebrón, y de un adolescente de 16 años muerto por disparos en el cuello durante enfrentamientos en la ciudad de Tubas, informa Efe.

      Los ciudadanos árabe-israelíes también han salido a la calle en varias localidades. Así ha ocurrido, por ejemplo, en Acre o Ramla. Los incidentes más graves han tenido lugar en Lod, con un 20% de población árabe, donde se han producido quema de coches y agresiones. El gobierno ha declarado el estado de emergencia en esta ciudad. 

      Vehículos quemados en los disturbios en una calle en Lod, localidad israelí cercana a Tel Aviv. REUTERS/Ronen Zvulun
      Vehículos quemados en los disturbios en una calle en Lod, localidad israelí cercana a Tel Aviv REUTERS/RONEN ZVULUN

      Estados Unidos bloquea una declaración del Consejo de Seguridad de la ONU

      El Secretario de Estado de EE.UU. Antony Blinken ha mantenido una conversación telefónica con el primer ministro israelí este miércoles.  En la llamada telefónica, Blinken ha expresado sus preocupaciones con respecto a el «aluvión de ataques con cohetes» contra Israel, al tiempo que ha reiterado a todas las partes que reduzcan las tensiones. 

      Sin embargo, el país estadounidense ha frenado este miércoles una posible declaración del Consejo de Seguridad de la ONU en respuesta a los choques entre israelíes y palestinos, que han sido discutidos de urgencia y a puerta cerrada por los 15 miembros de este órgano.

      Según fuentes diplomáticas, Washington se ha opuesto a una propuesta presentada por otros países al considerar que no sería útil para rebajar la tensión, por lo que hasta el momento el Consejo de Seguridad oficialmente sigue guardando silencio sobre la última crisis en Oriente Medio.Miedo, falta de refugios y estrés postraumático: el infierno de los bombardeos para palestinos e israelíes

      Ello a pesar de que algunos Estados miembros han urgido públicamente a una respuesta consensuada, como ha hecho Irlanda, que ha defendido que el máximo órgano de decisión de la ONU debe condenar la violencia contra civiles cometida por todas las partes y exigir un alto el fuego inmediato, o China, que ha defendido la importancia de que el Consejo hable «con una sola voz».

      Ante la falta de acuerdo, los países de la Unión Europea que se sientan actualmente en el Consejo (Francia, Estonia e Irlanda), junto a Noruega, han emitido una declaración por su cuenta en la que han condenado los ataques.

      La Corte Penal Internacional advierte de posibles crímenes de guerra

      La fiscal jefa de la Corte Penal Internacional (CPI), Fatou Bensouda, ha advertido este miércoles de la posible comisión de crímenes de guerra y de lesa humanidad en la reciente escalada de violencia en Jerusalén Oriental y Gaza.

      «Mi oficina continuará observando los desarrollos sobre el terreno y tomará en cuenta cualquier asunto que esté dentro de su jurisdicción», ha explicado Bensouda en un comunicado. «Me hago eco de la llamada de la comunidad internacional a la calma, la moderación y el fin de la violencia», ha añadido.

      La fiscal de la CPI abrió el pasado marzo una investigación por supuestos crímenes de guerra cometidos tanto por el Ejército de Israel como por grupos armados palestinos.

      La investigación cuenta con el apoyo de la Autoridad Nacional Palestina y el rechazo de Israel, que rechaza la intervención de la CPI.

      https://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/israel-gaza-intercambio-misiles-palestina/5901763/

      Cinco claves para entender los enfrentamientos en Jerusalén

      Manifestantes palestinos y la policía israelí se enfrentan a diario desde hace semanas en la Ciudad Vieja de Jerusalén (La Razón, edición de 10.05.2021)

      https://www.larazon.es/internacional/20210510/oa64q7s3zzfv5evseuyumwlyna.html

      El País 13.05.2021
      El País 13.05.2021
      ABC, Edición de 13.05.2021
      ABC, edición de 13.05.2021

      ¿Distensión en Oriente Próximo?

      Para el autor de esta página, existe un matiz importante entre las áreas de «Oriente Medio», que abarca Arabia Saudí, Irán y como nuevo protagonista en emergencia Turquía; de la «Oriente Próximo» que es más referida a los países ribereños o en la zona de interés Mediterránea.

      https://www.politicaexterior.com/revista/afkar-ideas-62/

      afkar/ideas 62, primavera 2021    
      Tras un año de pausa, vuelve afkar/ideas, revista que coeditamos con el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed) de Barcelona. Y lo hace con la misma vocación de servir de puente cultural entre las dos orillas del Mediterráneo, dando la palabra a voces normalmente ausentes del debate nacional. A partir de ahora, los lectores podrán disfrutar gratis, en abierto y sin límite de artículos, de todo el contenido digital de afkar/ideas. Damos así un paso más en nuestro objetivo de difundir el conocimiento y fomentar las relaciones con el mundo árabe. Empezamos esta nueva etapa abordando una de las cuestiones que probablemente marcarán el futuro del Norte de África y Oriente Medio: los Acuerdos de Abraham, por los que Baréin, Emiratos Árabes Unidos e Israel, con la mediación de Estados Unidos, normalizaron sus relaciones. Estos pactos, así como los firmados más tarde por Marruecos y Sudán, reflejan un cambio de paradigma en el mundo árabe. El pragmatismo parece haberse impuesto, Israel ha dejado de ser el enemigo principal, mientras el conflicto israelí-palestino y el Sáhara Occidental se presentan como los grandes perdedores. Habrá que estar atento a si otros países árabes siguen el mismo camino y también a la estrategia de Joe Biden, más centrado por ahora en reactivar el pacto nuclear con Irán. afkar/ideas no podía ser ajena a la Covid-19 y sus consecuencias políticas, sociales, económicas y culturales. Amparados por la pandemia, los gobiernos han impuesto duras restricciones que, en muchos casos, han supuesto un retroceso en las libertades de una población asfixiada por la falta de recursos. Varios países han vivido un rebrote de las protestas, como Argelia, donde el movimiento prodemocrático Hirak, nacido hace ya dos años, ha vuelto a tomar las calles, con las mismas consignas y la misma fuerza. La crisis social y económica, sin embargo, no puede achacarse únicamente a la pandemia. La región se enfrenta desde hace una década a unos retos estructurales –mercado laboral, economía informal, falta de financiación de las pymes o déficit del modelo de gobernanza– que limitan su progreso. Esta crisis puede ser una oportunidad para solucionar dichos problemas y lograr una mayor sostenibilidad de las finanzas públicas. Mientras tanto, el sector cultural intenta sobrevivir, reinventándose y adaptándose a las nuevas circunstancias. La situación actual no ha hecho más que poner de relieve los grandes déficit de la cultura, pero como señala Neila Tazi Abdi, productora del Festival Gnaua y Músicas del Mundo de Esauira, “a largo plazo podría tener un impacto positivo en el sector, pues hemos cobrado conciencia de su fragilidad y de la necesidad de darle solidez”.
      Les esperamos en esta nueva etapa. Gabriela González de Castejón, redactora jefe de afkar/ideas  
        EN ESTE NÚMERO: Editorial: ‘Grandeur’ y sombras en Egipto Más allá del proceso de pazGiuseppe Dentice Acuerdos de Abraham: perspectivas regionalesElisabeth Marteu Palestina y los acuerdos arabo-israelíesItxaso Domínguez de Olazábal Israel-MarruecosMarina Ottaway Biden y los acuerdos de AbrahamEllen Laipson Diez años de guerra en Siriaentrevista con Zaina Erhaim Pandemia y autoritarismo: tormenta perfecta, Ignacio Álvarez-Ossorio Marruecos y Túnez ante el reto político del Covid-19Pierre Vermeren El ‘Hirak’ argelino ante la pandemiaLouisa Dris-Aït Hamadouche

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