Autor: Rafael Vidal Delgado, Coronel de Artª, DEM y Doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Granada.

NOTA DEL AUTOR: Este trabajo está elaborado en 2016, siendo uno de los capítulos del libro «La OTAN ante el terrorismo», editado por el Foro para la Paz en el Mediterráneo.

Ivan III es titulado por la Historia como el “unificador de todas las rusias”, en definitiva el creador del poder de Rusia. Casó en segundas nupcias con María Paleóloga, princesa bizantina, pocos años después de que los turcos conquistaran Constantinopla. Este casamiento y el engrandecimiento rápido de Rusia, animado además por el Papa de Roma Pablo II, le hizo considerarse como descendiente del imperio Bizantino, siendo denominada Moscú como la “tercera Roma”.

Su nieto, Iván IV el Terrible, tomó el título de César (Zar), aseverando con este significativo gesto la permanencia del imperio romano de Oriente, aunque con nueva capital.

Siglos más tarde, en 1721, Pedro I, se tituló emperador, tal vez pensando que en la famosa tetrarquía del imperio romano, con Dioclesiano, se división el imperio en dos “augustos” (emperadores) y dos “césares” (sucesores), manteniéndose como heredero de la grandeza del imperio romano de Oriente.

De hecho, a lo largo de los siglos, existieron estados, gobernados por “zares”, que siendo independientes, mantenían unos determinados lazos de vasallaje con el emperador de Rusia, nos referimos a los zares de Georgia, Serbia o Bulgaria, existiendo en épocas puntuales otros zares como el de Siberia.

Puede parecer una disquisición histórica estos hechos, pero la realidad es que Rusia, desde su fundación, ha querido, como descendiente de ese gran imperio, imponer su autoridad en el área mediterránea oriental.

Esa obsesión de su política exterior de disponer acceso seguro al Mediterráneo, se acrecentó al impulsarse la idea de “imperio universal” por parte de los autócratas rusos, de tal manera que querían disponer de salidas hacia los tres océanos: Atlántico a través del Báltico; Pacífico en su expansión hacia el este y la base naval de Port Artur; y por último el Índico, en donde mantuvo una confrontación, llamada “Gran Juego”, con el Reino Unido por el control de Afganistán y al actual Pakistán, antaño parte del imperio angloindio.

Lo que puede decirse es que el imperio zarista, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y en la actual la República Federativa Rusa, mantienen los mismos ejes políticos estratégicos.

A finales de 2015 se aprobó la nueva estrategia de seguridad nacional rusa, analizada, como no podía ser menos por el Instituto Español de Estudios Estratégicos [1], entresacando del trabajo algunos párrafos que nos pueden dar luz sobre el comportamiento actual de la política exterior rusa, aparentemente ofensiva, por parte de cualquier occidental:

Idea imperial de gran potencia:

La cultura estratégica de Rusia se caracterizaría, por un lado, por una percepción de amenaza hacia su soberanía e integridad territorial, y por otra, y como respuesta a la anterior, por sus aspiraciones de gran potencia, por lo que la voluntad de usar la fuerza militar en caso necesario se antoja inevitable.

Globalización del imperio ruso:

Para el gobierno de Moscú, los principios de la seguridad “igual e indivisible”, no se observan en las regiones de Asia-Pacífico, Euroatlántica y Eurasia; al mismo tiempo que se advierten procesos de militarización y de carrera de armamentos que se desarrollan en el vecindario de Rusia.

Sentimiento de que se le intenta cercar:

A principios del pasado mes de diciembre, la OTAN ofreció a Montenegro que se uniera a la Alianza Atlántica como nuevo país miembro. Esta oferta fue calificada por los medios de comunicación rusos como una «amenaza» para Rusia. Por ello, no es de extrañar que la ESNR afirme que la expansión de la OTAN y su aproximación a las fronteras de Rusia suponen precisamente una amenaza a la seguridad nacional de la Federación Rusa. Así, «la ejecución de una política exterior e interior independiente […] está dando lugar a la oposición de Estados Unidos y sus aliados, que están tratando de conservar su posición dominante en los asuntos mundiales. La contención que están aplicando sobre Rusia prevé el ejercicio de presión política, económica, militar e informativa”.

Acepta la existencia de otros imperios, pero la relación debe ser de igualdad:

«la Federación Rusa está dispuesta a desarrollar su relación con la OTAN sobre la base de la igualdad con el fin de reforzar la seguridad general de la región Euroatlántica”.

El Mediterráneo juega un papel claro en la geopolítica rusa:

Un interés geopolítico clave de Rusia en el Mediterráneo es conservar el acceso por mar, a través de los estrechos turcos, para que sus buques militares y comerciales puedan transitar con facilidad entre el mar Muerto (que baña las costas rusas), por un lado, y el Mediterráneo y otras regiones por otro. La consecución de este propósito requiere una Turquía estable, que pueda garantizar un paso ordenado por esos estrechos, así como un gobierno turco no hostil (y, preferentemente, amistoso) con el Kremlin. [2]

A finales de octubre de 2016, la flota rusa con su buque insignia el portaaviones “Kuznetsov”, junto con un crucero de batalla de propulsión nuclear, una fragata antisubmarina y cinco unidades más de la flota del Norte, atravesaron el estrecho de Gibraltar, rumbo a Oriente Medio. En 2014 se produjo una situación similar, aunque no llegó a hacerlo el portaaviones.

Esta situación ha creado un estado de intranquilidad y más desde el momento que las autoridades rusas solicitaron el suministro de combustible en la ciudad autónoma de Ceuta, denegado posteriormente por la Alianza Atlántica.

Rusia dispone en la actualidad de la base naval de Tartus en la costa Siria, montada en principio como base de apoyo logístico y que parece que se transformará en base aeronaval para hacer sentir la influencia rusa en el zona.

Rusia se siente amenazada

Para un occidental el hecho que la propaganda rusa, exprese a su población que se siente amenaza, nos parece casi una obviedad. Además las sucesivas cumbres y reuniones de la OTAN aseveran que desean lazos de buena vecindad, amistad e incluso alianza con la Federación Rusa, pero las situaciones en países limítrofes hacen parecer otra cosa.

Ucrania

En la actualidad Ucrania vive en plena guerra civil. En el mapa puede observarse la parte este que quiere unirse a Rusia, junto con la franja de Trasnitria en Moldavia. A esa zona la denominan “Nueva Rusia”, disponiendo de dos amplios territorios, siendo uno de ellos la península de Crimea, que se han declarado repúblicas federadas a la Federación Rusa

Los acuerdos de Helsinki de 1975 declaraban la inviolabilidad de las fronteras, pero este hecho ha sido vulnerado a lo largo de los años, con los nuevos países de Chequia, Eslovenia, Eslovaquia, Georgia, etc.

La historia de Ucrania, desde 1917 hasta nuestros días, es preciso recordarla para darnos cuenta del porqué se ha llegado a la situación actual.

Tras la revolución de 1917, Ucrania se declaró independiente y solicitó el apoyo a las potencias centrales, encontrándose al mismo tiempo en guerra civil, de la cual salieron vencedores los bolcheviques, siendo uno de los países fundadores de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, junto con Bielorrusia y la propia Rusia.

La fidelidad de Ucrania a la URSS fue recompensada con ampliaciones territoriales, especialmente tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, incluso para preservar el equilibrio entre los estados fundadores de las Naciones Unidas, Ucrania fue considerada como independiente de la URSS y por tanto con representante en la Asamblea General y en el Consejo de Seguridad, siendo miembro electo del mismo en las décadas de los cuarenta y ochenta del siglo pasado.

En 1954, para conmemorar el 300 aniversario del tratado que reunificó a los eslavos orientales, Rusia, en aquel momento siendo jefe del gobierno Nikita Serguéievich Jruschov, ucraniano étnico, le cedió la península de Crimea y la ciudad cerrada de Sebastopol. En la década de los sesenta, se incrementó el poder ucraniano en la URSS, con la llegada al poder de Leonid Brézhnev.

Ucrania fue una de las repúblicas soviéticas “más rusificadas”, por lo que el referéndum de 1991 sobre la independencia resultó una sorpresa para numerosos analistas internacionales, 9 de cada 10 ciudadanos votaron independencia, incluso en Crimea el 52% votó por la independencia.

La realidad era que la Rusia de la década de los noventa parecía un hervidero de descomposiciones, considerándose que en pocos años, las distintas etnias y pueblos de la Rusia Federativa se declararían independientes. Pero no fue así, en gran parte gracias a las fuerzas armadas que se sentían verdaderamente patrióticas de las grandezas de antaño y de hecho la mayoría de los oficiales de los distintos ejércitos de los países que se habían independizados, se consideraban rusos de alma y de espíritu.

Han transcurridos los años y las aguas han vuelto a su cauce y los ciudadanos han modificado su intención de “voto”, deseando una buena parte de ellos querer seguir perteneciendo a una de las mayores potencias del mundo y no a un estado sin presencia en el contexto internacional.

Ucrania ha sufrido este efecto y su gobierno se ha echado en manos de occidente para protegerlo de la voracidad rusa, pero en realidad para hacerlo de una buena parte de sus ciudadanos, que desean volver a la madre Rusia.

La OTAN ha establecido lazos de amistad con los antiguos países de la URSS, incluso algunos de ellos, como Lituania, Estonia y Letonia han entrado en la OTAN. También ha solicitado la adhesión Ucrania y determinados estados de la Alianza, entre ellos Estados Unidos, desean que esta entrada se haga efectiva, pero nos encontramos con un problema de imposible solución. Por citar Crimea, ocupada por el ejército ruso, en caso de adhesión de Ucrania a la OTAN, podría ejercer su derecho al artículo 5º, alegando que ha sufrido una agresión y obligando a todos los miembros de la Alianza a apoyar su derecho con los medios que estimen oportunos.

¿Es difícil que suceda esto?, probablemente, pero en este mundo actual lo que no puede suceder sucede y ya existen demasiadas amenazas latentes y patentes para crearnos otras nuevas.

Crimea es de gran importancia estratégica para Rusia, siendo su salida natural al mar Negro y sede de su mayor base naval: son dos bazas a tener muy en cuenta, aparte de considerarse rusos más del 80% de la población.

En la figura pueden observarse los distritos militares rusos, teniéndose noticias en los últimos meses de 2016 de encontrarse en estado de alerta el “Meridional”, el que tiene que atender a la crisis ucraniana.

El Cáucaso

El Cáucaso es otra de las zonas conflictivas de las relaciones OTAN-Rusia. Si Ucrania dispone de frontera terrestre con la OTAN Europea, el Cáucaso solamente lo es con Turquía, país aceptado como miembro de la Alianza sin cumplir los requisitos mínimos para acceder a ella, sino simplemente por oponerse a la URSS, lo que acarreó una vulnerabilidad en el flanco sur, al ser enemigos irreconciliables Turquía y Grecia.

El Cáucaso es un avispero de difícil solución. Es una “falla” geopolítica de carácter religioso-étnico, en donde conviven y se han enfrentado durante centurias musulmanes y cristianos, no solamente entre ellos, sino en sus diferentes creencias.

Georgia y Armenia son predominantes cristianos, pero de Iglesias llamadas “apostólicas”, siendo las primeras naciones en adoptar el cristianismo como religión oficial. El hecho de que sean naciones cristianas no quiere indicar que sean afines, sino que han tenido múltiples confrontaciones. Por otra parte tienen minorías importantes de ortodoxos (Iglesias griega y rusa), católicos y protestantes. Son en definitiva dos países cristianos rodeados por el “magma islámico”.

En el mapa, se ven claramente las zonas de conflictos. En Georgia, tal como se ha indicado con anterioridad se encuentran las regiones Abjasia y Osetia del Sur, independientes de facto y consideradas como integrantes de Rusia. En la zona sur se encuentra la región/república autónoma de Adjaria. Es decir que Georgia tiene cuatro frentes abiertos, a los que se une su interés por adherirse a la OTAN, abriendo una herida importante con el “oso ruso” al efectuar maniobras con el ejército norteamericano:

“Para nosotros, la constante exploración del territorio georgiano por los militares de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) supone una medida provocativa que busca desestabilizar deliberadamente la situación político-militar en el sur del Cáucaso” [3]

Por su parte Armenia ha tenido varias confrontaciones bélicas con Azerbaiyán, la última de hace escasos años, aunque los medios occidentales, absorbidos por otras noticias, no se hayan hecho eco de ellos.

Los dos países tienen como zona de litigio la región Nagorno Karabaj, de mayoría azerí [4], pero perteneciente a Armenia. Por su parte Azerbaiyán tiene enclavada en el sur de Armenia una república autónoma, la de Najichevan.

Azerbaiyán es una república musulmana, pero predominantemente chiíes, siendo junto con Irán, los dos países que profesan mayoritariamente esta creencia.

Turquía, uno de los actores importantes de la zona, es de religión sunní, al igual que Kazajistán, aunque ésta última tiene una importante minoría cristiano de alrededor del 20% de la población.

La situación en el Cáucaso es muy similar a la de la antigua Yugoslavia, en donde la religión es la “causante” de los enfrentamientos: católicos croatas y eslovenos, ortodoxos serbios, montenegrinos y macedonios y los musulmanes albaneses y kosovares. En Bosnia-Herzegovina hay un 50% de cristianos y otro 50% de musulmanes [5].

Como en el caso de Ucrania, Rusia no puede permitir la adhesión de Georgia, el único país como posibilidades de hacerlo, a la OTAN, y desde luego sería una locura que fuera aceptada su integración en la Alianza, dado que de forma inmediata reclamaría la activación del artículo 5º, al sentirse amenazada por Rusia en sus territorios de Abjasia y Osetia del Sur.

El flanco Este de la OTAN y Oeste de Rusia

Con anterioridad a la Cumbre de Varsovia, la OTAN había decidido el despliegue de cuatro batallones reforzados, de intervención inmediata, en los países bálticos, declarando el Secretario General de la Alianza, Stoltenberg “que la Alianza Atlántica no busca la confrontación con Moscú”, lo cual no deja de sorprender, porque la decisión se toma para calmar las inquietudes de los países del Este ante la invasión de Crimea y del este de Ucrania por Rusia.

Aparentemente no son nada unos batallones reforzados, aunque su “letalidad” podría ser bastante grande, pero son una advertencia al amigo/enemigo ruso de que la OTAN mantiene su primigenia finalidad de “defensa colectiva”, pudiendo estos batallones, dar tiempo a la entrada en el terreno, en pocas horas, a la Fuerza de Alta Disponibilidad, cuyo cuartel general se encuentra actualmente en Bétera (Valencia), con mando español.

El Acta Fundacional OTAN-Rusia de 1997, recogía que de ninguna manera se desplegarían, de forma permanente, unidades militares en ambas fronteras, sorteado en este caso por la primera alegando que no son batallones permanentes, sino “rotatorios”. El Cuartel General de Alta Disponibilidad, iba a ser en principio rotatorio, pero parece que se quedará durante años en Bétera, igual puede ocurrir con estos batallones.

No solamente se han desplegado estas unidades sino que en distintos países de la Alianza, con fronteras con Rusia, se han instalado baterías antimisiles. España tiene desplegada una batería “Patriot” en Turquía desde hace más de un año, habiéndose prorrogado en julio de 2016, hasta finales de año, pero con toda certeza se mantendrá en dicho lugar. Su misión es defender a Turquía de un ataque sirio, de las fuerzas de Bashar el Asad, pero si tenemos en cuenta la alianza de éste con Putin, en realidad se está amenazando a Rusia.

En Rumania, con participación de Bulgaria, se ha desplegado un cuartel general multinacional tipo brigada (5.000 hombres con todo su material). En principio se empleará para tareas de adiestramiento de unidades y maniobras militares de unidades de los países de la Alianza que se desplazan a la zona para realizar los ejercicios.

En el último año se han desplegado y realizado maniobras militares en Polonia y Bulgaria, proyectándose en el primer caso un número muy importante de unidades, entre ellas varias de la Brigada Aerotransportable Española (BRILAT), con más de 1.300 efectivos [6]. En Bulgaria, el 11 de julio de 2016, es decir casi de forma simultánea a la Cumbre de Varsovia, se inició el ejercicio conjunto «Thracian Star 2016» de la fuerza aérea que involucró a unidades de Bulgaria, Estados Unidos, Grecia y Rumania [7].

También casi en las mismas fechas, en junio de 2016: “La (Organización del Tratado del Atlántico Norte) OTAN inicia los entrenamientos conjuntos de cinco países de Europa y EE.UU. en el polígono Gaiziunai, situado en Lituania, a medio camino entre la frontera con Bielorrusia y la provincia rusa de Kaliningrado” [8].

Rusia está contestando a este cúmulo de maniobras con otras, aunque de menor extensión e intensidad. En noviembre de 2016 comenzarán los ejercicios combinado «Hermandad Eslava 2016», con participación de Serbia, Rusia y Bielorrusia [9].

Rusia ostenta su poder de disuasión, no con maniobras sino con la realidad, con la ocupación de Crimea y con el apoyo a los separatistas ucranianos y moldavos.

Desde el acuerdo OTAN-Rusia de 1997, la primera consideró a la segunda como gran potencia, cuando todavía no lo era, debido a su debilidad tras la descomposición de la URSS. Veinte años más tarde, la Rusia de Putin tiene una enorme vulnerabilidad económica, pero el presidente ruso ha sabido atraerse a su pueblo, exaltando su patriotismo y sus glorias de antaño.

Conclusiones a las relaciones OTAN-Rusia

El Acta Fundacional OTAN-Rusia de 1997 fue un hito importante en crear expectativas de paz. Las declaraciones de Javier Solana, entonces Secretario General y las de Boris Yeltsin y Bill Clinton, así, por ejemplo, decía el primero:

La tarea que tenemos por delante está clara: dar vida a este documento aprovechando al máximo las oportunidades recién creadas. Por su parte, la Alianza está decidida a embarcarse en una ambiciosa asociación que nos ayudará a dejar atrás de una vez por todas las divisiones de Europa. No se trata de un sueño; este documento constituirá una guía práctica que nos permitirá cruzar el umbral del siglo XXI.

El profesor Pavón Pérez [10] analiza de forma pormenorizada el Acta, encontrando una serie de consideraciones, aparentemente lingüísticas pero que en realidad fueron insertadas conscientemente en el texto, dándole una cierta ambigüedad en su planteamiento global, como por ejemplo que no restringen la capacidad de acción y de decisión de cada una de las partes. Como expresa Javier Solana es una “guía” y como tal, no es un documento que pueda esgrimirse ante el derecho. El profesor Pavón indica que no está destinada de antemano a producir efectos de derecho, incluso el empleo de los verbos no es el de un tratado, sino de las intenciones para un tratado futuro.

Tras la firma, la permanencia del Acta, quedó en entredicho por la intervención de la OTAN en Kosovo, en 1999, sin una resolución de las Naciones Unidas.

El bombardeo de Kosovo, ordenado directamente por el Secretario General de la OTAN, con más de mil aeronaves, atacando a las fuerzas serbias, fue condenado por Rusia, de tal manera que supuso la suspensión de la reuniones del Consejo Conjunto Permanente (CCP) -organismos creado en el Acta, para aumentar la confianza entre las partes-, durante unos meses.

El Acta Fundacional debe actualizarse, no en su contenido, sino en los contactos y en las reuniones permanentes del Consejo Conjunto. Rusia, nos guste o no, es una gran potencia. Negociar con ellas no es un síntoma de debilidad, sino de “igualdad política”, única forma de alejar una confrontación, en donde además llevarían las de perder los países europeos, alejados desde hace muchos de lo que es la amenaza militar procedente del Este y con sus gastos de defensa por debajo del mínimo.

Rusia aceptó el hecho consumado de Kosovo, ¿deberá aceptar la OTAN los hechos consumados de Ucrania, incluida Crimea y las mutilaciones territoriales en el Cáucaso?

No es válida la situación actual, en donde un movimiento de una de las partes, la otra responde con otra acción de fuerza. Nos acercamos a otra “Paz Armada”, pero en un momento muy débil para Occidente, vista la generación de dudas que se plantean con la nueva Administración republicana de Estados Unidos a partir de enero de 2017.

La OTAN Europea tiene que asumir un papel más activo en sus relaciones con Rusia, estableciendo, por ejemplo, áreas de influencia, de forma similar a como se efectuó tras la Segunda Guerra Mundial.


[1] LABORIE IGLESIAS, Mario. Documento de Opinión 25/2016. La estrategia de seguridad nacional de la Federación Rusa (diciembre 2015). IEEE, 11.03.2016

[2] KATZ, Mark N. Estrategia geopolítica rusa en el Mediterráneo. Afkar/Ideas nº 48, invierno 2015-2016.

[3] HispanTV de 7 de mayo de 2016.

[4] Oriundo de Azerbaiyán.

[5] En todos estos países hay importantes minorías religiosas que son las que han propiciado las distintas guerras civiles.

[6] http://www.infodefensa.com/es/2016/06/02/noticia-militares-espanoles-participan-nuevas-maniobras-polonia.html

[7] http://spanish.xinhuanet.com/2016-07/11/c_135505407.htm

[8] HispanTV de 12 de junio de 2016

[9] https://mundo.sputniknews.com/defensa/201611011064531286-serbia-rusia-bielorrusia-ejercicios/

[10] PAVÓN PÉREZ, Juan Antonio. Profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Extremadura. El Acta fundacional OTAN-Rusia ¿Un nuevo desafío para la seguridad europea en el siglo XXI? https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/119401.pdf