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El cambio climático y la cuenca del Mediterráneo: un asunto de seguridad humana

Resumen:
El cambio climático es un fenómeno global que afecta a todo el planeta. La cuenca del Mediterráneo presenta una extrema vulnerabilidad ante sus efectos, lo que supondrá una amenaza a la seguridad humana de la región. Los efectos del cambio climático amenazarán la libertad de vivir sin penuria y sin miedo y a la dignidad humana. Por consiguiente, es primordial que se analicen los efectos del cambio climático desde una perspectiva de la seguridad humana emplazando al ser humano al centro de las políticas de adaptación y mitigación. El efecto multiplicador que el cambio climático puede tener en la región del norte de África y Oriente Medio podría representar una amenaza para la estabilidad de la UE. Por esa razón, la UE se presenta como un importante actor que, con unas políticas y una acción bien dirigida, puede contribuir a la cooperación regional potenciando así la disminución del riesgo que comporta la vulnerabilidad climática de la cuenca del Mediterráneo.

Guerau Cabrera Cuadrado*
Institut Barcelona d’Estudis Internacionals (IBEI)
Becario en el Área de Análisis Geopolítico, DICOES / SEGENPOL

http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2021/DIEEEO36_2021_GUECAB_Cambio.pdf

Este tema de la seguridad humana fu tratado en las IX Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación.

Implicaciones para España de la seguridad en el Mediterráneo

AEME comienza este año la serie de Ciclos dedicados a la Seguridad y Defensa con el Ciclo 7/21 dedicado a la Seguridad en el Mediterráneo 
El Mare Nostrum, en  términos de seguridad, se caracteriza por ser una región donde los conflictos presentan una dimensión multidireccional, la línea de fractura más evidente es la norte-sur, en la que coexisten unos países con un notable aislamiento internacional, otros con guerras o conflictos civiles junto a algunos más que se pueden considerar como países “fallidos”.
En la Directiva de Política de Defensa 2020, del pasado mes de agosto se señala al Mediterráneo como una región de especial interés para España, donde la estabilidad continúa amenazada por los desafíos del terrorismo, la criminalidad y la debilidad de algunos estados.
El siguiente es el articulo sexto  del Ciclo 1/21

AUTOR: Dr. Rafael Vidal Delgado, Coronel de Artillería, DEM

Nuestra rica lengua española diferencia dos formas de entender la “implicación”, siendo una de ellas la de implicarse sobre algo y para la presente reflexión, se traduciría como la aportación de España para reforzar la seguridad en el Mediterráneo, siendo la otra la forma, lo que afecta a nuestro país el grado de seguridad existente en el Mediterráneo, es decir, en el primer caso es acción y la segunda repercusión.

Históricamente, España ha tenido una vocación mediterránea, iniciada por la Corona de Aragón entre los siglos XIII y XV y continuada durante y tras el reinado de los Reyes Católicos, llegando a dominarse toda la parte occidental del Mare Nostrum. La dinastía de los Austrias volcó su esfuerzo geopolítico en el centro de Europa, sin llegar a desatender su flanco sur. La decadencia española se manifiesta a finales del siglo XVIII, culminándose con la venta del Oranesado, por Carlos IV al bey de Argel, olvidándose en el tratado la isla de Limacos, por lo cual se encuentra bajo la soberanía de España, con igual repercusión que la isla Perejil.

Vázquez de Mella (1861-1928), clamaba por la necesidad de que nuestro país se implicara más en la seguridad en el Mediterráneo, exponiendo que Dios nos había dado las llaves del mar latino, refiriéndose al estrecho de Gibraltar.

El siglo XX, al menos hasta la entrada de España en la OTAN, su implicación en la seguridad en el Mediterráneo, fue más bien de carácter pasivo, porque durante el período de 1939 a 1975, aparte de intentar “llevarse bien” con los “amigos del sur”, todo se basaba en proporcionar apoyo a los Estados Unidos en su política mediterránea (a partir de 1953).

Tras la entrada de España en la Alianza Atlántica, propiciada por el gobierno de UCD, ante la desconfianza de PSOE, que ganaría las elecciones generales en 1982. Felipe González llevó este tema a referéndum, aprobándose la integración por el 52%, aunque sin pertenecer a la estructura militar. En los primeros años se firmaron seis acuerdos de coordinación, entre ellos el “Charlie”, de control del estrecho de Gibraltar y sus accesos, implicándose en el mismo los tres ejércitos, el de Tierra con una estructura permanente, el Mando de Artillería de Costa del Estrecho, en el que el autor permaneció de capitán, comandante y teniente coronel, en este último empleo, como Jefe de Estado Mayor, dependiente operacionalmente del almirante de la Flota (ALFLOT), organizándose periódicamente ejercicios y maniobras, como “Tapón”, “Cerrojo”, “Activex”, etc. La misión pretendida era el “dominio” del Estrecho y sus accesos, tomando como referencias cabo San Vicente y cabo de Gata, es decir la seguridad abarcaba exclusivamente el Mediterráneo occidental.

La voluntad de esta implicación de España quedó reflejada en las sucesivas directivas de defensa nacional y otros documentos.

Actualmente esa necesidad de colaborar a la seguridad del Mediterráneo, es uno de los pilares, del ministerio de Asuntos Exteriores:

El Mediterráneo sigue siendo una de las prioridades de la política exterior española y las relaciones con los países mediterráneos y con la región en su conjunto un desafío mayor. Su estabilidad y prosperidad inciden en nuestra estabilidad y prosperidad y en la estabilidad y prosperidad de la UE. No tenemos únicamente una relación de vecindad sino más bien una relación de interdependencia que en muchos aspectos es muy evidente.

En el proyecto de Acción Exterior para 2021-2014, al analizar el cuadro regional del Magreb y Oriente Medio, expresa:

La prioridad para la acción exterior española es promover un espacio de estabilidad y prosperidad compartidas. El diálogo político y la cooperación operativa permite hacer frente a amenazas como el terrorismo o el crimen organizado. Mediante el refuerzo de los vínculos económicos y comerciales, y con especial atención a las relaciones energéticas, donde debemos profundizar en el vínculo entre política energética y diplomacia climática, podremos garantizar el desarrollo de toda la región.

Se visibiliza el concepto de “compartidas”, porque en el Mediterráneo, todos los países tienen que buscar ¿cuáles son los retos que comparten con los demás países?, y analizándolos a través de los diferentes instrumentos, como la política de vecindad de la UE, la iniciativa 5+5, la Unión por el Mediterráneo y otros de nivel gubernamental, conjuntamente con órganos que propician el conocimiento de las sociedades civiles del Mediterráneo, con el objetivo de GANAR LA PAZ, como preconiza el Foro para la Paz en el Mediterráneo. Pues bien, tras destacar esos retos compartidos, se debe profundizar, alcanzando entre todos una “Seguridad Compartida”, que consiste que los países de un espacio determinado que comparten unos intereses comunes y que abarcan todos los sectores de convivencia de los habitantes y pueblos de la zona, manteniendo cada uno su propia cultura y civilización. Todos se comprometen a “compartir” también el esfuerzo que supone reducir cualquier amenaza, bien sea al conjunto o a uno de sus miembros[1].

La Directiva de Defensa Nacional 2020, firmada el 11 de junio por el Presidente del Gobierno, fija como espacios de interés, entre otros, el Mediterráneo.

La política exterior española ha sido bastante activa en los últimos cincuenta años, teniendo como éxitos la Conferencia de Barcelona, la Asociación Euromediterránea y la Unión por el Mediterráneo, aunque estas herramientas no se han mostrado lo efectivas que se pretendía, aunque España debe seguir liderando todas estas manifestaciones, englobando no solo a la cuenca mediterránea, sino también a los países del Sahel.

Nuestro país ocupa una posición privilegiada en el Mediterráneo, por lo que su implicación en la seguridad del mismo debe basarse en el diálogo constante con todas las partes, intentando buscar lo que une a los pueblos, porque existe una cultura mediterránea, minimizando lo que nos separa y tras este diálogo un proceso de “cooperación”, en todas las facetas: económica, social, cultural, etc., de tal forma que la Unión Europea debe concienciarse que su principal amenaza no radica en el este, sino en el sur y para erradicarla, debe volcar su esfuerzo en incrementar social y económicamente a la orilla africana, de tal forma que pueda llegar a ser “una fábrica para Europa”. La elevación del nivel de vida minimizará los radicalismos violentos y, si no se consigue que el terrorismo yihadista, la inmigración indeseada y el narcotráfico, las tres lacras que nos azotan, queden erradicadas en gran parte, nos espera para España y la Unión Europea, muchos años de sufrimiento, como decía Alpha Oumar Konaré, presidente de la Unión Africana a principios del siglo XXI, en su visita a España, no habría mar ni muro que pueda impedir que millones de africanos hambrientos caigan sobre Europa. Como segunda acepción de “implicación”, cabe reseñar que una inseguridad en el Mediterráneo, acarrea un coste económico, social, cultural y de convivencia, casi inasumible. La principal industria española es el turismo y no hay nada peor que una amenaza latente contra nuestros intereses, bien por ataques terroristas o por la trata de personas que desembarcan, a través de mafias en nuestras costas, delante precisamente del ocio turístico que queremos vender al mundo.


[1] VIDAL DELGADO, Rafael. España y la seguridad compartida para el Mediterráneo (Análisis jurídico y conceptual”. IX Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación. Málaga, 2015. Pag. 80.

RETOS A LA SEGURIDAD EN EL MEDITERRANEO.

Por Ricardo Martínez Isidoro, General de División (R), de la AEME (Asociación Española de Militares Escritores)

En el Mediterráneo coinciden, desde el fin de la Guerra Fría, múltiples factores que hacen de esta región del Mundo un crisol de retos permanentes a la Seguridad.

Su pertenencia a tres mundos diferentes, en una zona donde se intersectan conflictos regionales seculares, donde se produce la resonancia de los últimos vestigios de la bipolaridad mundial, ahora renovados por el deseo de recuperación de la Gran Rusia, donde se manifiesta la realidad de la diferencia de potencial entre el Norte y el Sur, coinciden también los vestigios del enfrentamiento entre las tres religiones de Abraham, ahora potenciado por el acceso de actividades violentas, ya sean conflictos abiertos o terrorismo transnacional; además los enfrentamientos bilaterales, que debilitan a la OTAN, los retos que suponen la extensión de las aguas territoriales, en búsqueda del ansiado dominio de las materias primas fundamentales ,etc, a los que España no es ajena por su vinculación estratégica a una de las llaves del Mediterráneo, Gibraltar, y por su vocación africana.

En cualquier caso, el escenario mediterráneo no es lineal, no se puede atribuir, y mucho menos exigir, jerarquía alguna a ninguna instancia concreta, así como tampoco los
conflictos quedan atenuados en la inmensidad de otros océanos, como sucede en el Atlántico e Indopacífico; sin embargo los acontecimientos que allí se producen tienen una repercusión mundial, casi instantánea, y no solo por el efecto de la globalización, sino porque son asuntos próximos y vitales para los países ribereños.

Tampoco existe un fin común entre aquellos que pueblan la cuenca, como no sea el deseo de paz y progreso, y en varios casos el de supervivencia de ciertos regímenes, que marcan una cierta autarquía, en general, hacia la ausencia de un principio unificador.

Las corrientes N-S, y viceversa, son prácticamente bilaterales y es precisamente en ese ámbito, y en el S-S, donde se producen la mayoría de las conflictividades. El enfrentamiento político Rusia-OTAN es patente y puede materializarse de forma inopinada, merced a las políticas de vigilancia mutua con medios militares cercanos, aunque ya sea un hecho el conflicto en el ciberespacio, que ha fomentado la organización de estructuras ad hoc de defensa y ataque.

No existen instituciones regionales que representen a todos los países, solo parcialmente, practicamente persisten iniciativas tipo conferencia que a su vez subsisten lánguidamente, con la excepción, limitada quizás, de la OSCE, ya organización, ante un mundo, en el Sur, menos organizado, que en este siglo alcanzará los mil millones de habitantes.

Existen por tanto tres mundos diferentes, con características distintas de geografía, religión y concepciones políticas, que dan lugar a retos a la seguridad de carácter demográfico, político, estratégico, militar y cultural, y que hacen de esta cuenca un cruce de caminos de conflictividad latente.

El reto demográfico, tan analizado y poco solucionado en los últimos 40 años, ha explosionado a las puertas de la ribera norte, sin que se atisbe una solución futura admisible; el envejecimiento de Europa y el diferencial económico, y juventud, del Sur, deberían complementarse, pero se asiste a una ausencia de soluciones comunes, siendo esto un fracaso en la evolución del espíritu europeo.

Un reto económico, magnificado por las implicaciones de la actual pandemia, y sus secuelas, por el subdesarrollo y la mala repartición de las riquezas del Sur, en donde no terminan de ser suficientes los mercados inter árabes para la absorción de su impulso vital; la inestabilidad de ciertos regímenes, incluso después de las “primaveras árabes”, de graves implicaciones para Libia y Siria, es también patente, impidiendo que la política deje paso a la economía.

La “nueva hostilidad OTAN RUSIA”, con la pérdida del poder catalizador de la propia UE al respecto, es un desafío permanente a iniciativas más pacificadoras que debían haber ganado terreno en dirección a la democracia plena de la Federación Rusa, sin los temores del Este a lo que esto pueda significar.

La irrupción del poder militar, y diplomático, de Rusia en el conflicto ancestral entre Irán y Arabia Saudita, eminentemente religioso, ha sin duda tenido algún éxito en términos concretos, pero ha supuesto la polarización de Oriente Medio en términos prácticamente de Guerra Fría, con las implicaciones que supone para el Mediterráneo, cuyo acceso desde el Mar Negro se ha convertido, de nuevo, en una zona de litigio, ya de por sí complicada por la anexión unilateral de Crimea y los acontecimientos de Donbass. Se puede admitir que Rusia se ha instalado cómodamente en Siria, si no lo estaba ya, demostrando una eficacia militar desconocida, fruto de las reformas castrenses de Putin.

La aproximación de Irán a la Media Luna Fértil, a las puertas de Israel, por Líbano y Siria, y los apoyos tradicionales a Hesbollah, Gaza y Cisjordania, junto con su potencialidad nuclear, no pueden más que terminar de perfilar un reto de tipo militar más que evidente; es positivo, y significativo, que el alivio que se produce con el reconocimiento de algún país del Golfo Pérsico al Estado de Israel precisará de nuevos esfuerzos en países más reticentes.

Los “chispazos” habituales entre Grecia y Turquía, por cuestiones territoriales relacionadas con materias primas, esta vez, no por ser un fijo producen menos desasosiego a los ribereños, y al Secretario General de la OTAN, que tendrá que utilizar sus buenos oficios; la deriva islámica de Turquía y sus operaciones en Libia y norte de Siria preocuparán probablemente más.

El terrorismo cuyo origen está en el yihadismo radical ha venido a reemplazar a los terrorismos de origen ideológico y étnico en el Mediterráneo, provocando conflictividad extrema en las aglomeraciones de población de la ribera norte de la cuenca, una vez liberadas las zonas territoriales del Estado Islámico en Irak y Siria.

El reto que significa un frente común contra este tipo de terrorismo, precursor en los años ochenta, supone una imbricación extrema entre las dos riberas mediterráneas, para combatirlo, pero también para acordar medidas de todo tipo al respecto, en una Unión Europea cada vez más disimétrica en lo político y en lo judicial.

Un reto estratégico sin duda, pues sus tres puntos de entrada y salida, Gibraltar, los Dardanelos y Suez, siempre han sido objeto de litigio y controversia, cuando no de alguna guerra; en el caso de Gibraltar, siempre reivindicado por España, para que entre otras cuestiones se cumpla la resolución de la ONU sobre descolonización de la Roca, y considerando el entorno, es perceptible que se están dando pasos, desde el Sur, para un aumento de la tensión, S-N y S-S, modificando condiciones previas de disuasión, pretendiendo extender las aguas marroquíes hacia las Islas Canarias, y las argelinas hacia la Baleares, a parte de una presión de la migración en condiciones inaceptables. Como acompañamiento, se produce una política exterior de hechos consumados, por parte de EEUU y Gran Bretaña, en dirección al reconocimiento de la soberanía del antiguo Sahara Español por parte de Marruecos, aspecto que no solamente puede ser ilegal, en el ámbito del derecho internacional, sino que creará tensiones con Argelia, aliado comercial de España de primer orden.

Finalmente, un reto cultural, de concepción de vida, del Sur, donde avanza el integrismo, frente al modernismo de la ribera norte, que no ha conseguido, a pesar del “big data, los ordenadores cuánticos, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, etc, resolver el problema humano del Sur, que se expresa con toda su intensidad.

El papel de la Unión Europea AEME/21 LA SEGURIDAD EN EL MEDITERRÁNEO (2)

El mar Mediterráneo es considerado el vínculo que une los países cuyas costas se bañan en sus templadas aguas. Sin embargo, esa realidad se ve confrontada por la diversidad cultural, religiosa, económica y social entre las naciones situadas en las orillas del Mediterráneo. Esa diversidad es especialmente notable entre los países al norte del Mare Nostrum y los que están al sur y este de dicho mar, (…)

A modo de presentación

… rodeado por tres continentes: África, Asia y Europa. De los 20 estados soberanos ribereños, ocho pertenecen a la Unión Europea. Además, las aguas del Mediterráneo rodean varias islas que pertenecen a esos países. Además, muchos expertos consideran dentro del marco estratégico mediterráneo la región del Sahel en el sur y la vecina al Golfo Pérsico en el este. También es importante resaltar que al noreste del Mediterráneo hay estados que no son miembros de la Unión Europea. La mayoría de ellos se vieron muy afectados por los conflictos que se tuvieron lugar entre 1991 y 2001 en el territorio de la antigua Yugoslavia. Sucesivamente se desarrollaron dos guerras fratricidas que afectaron a las seis repúblicas que conformaban la República Federativa Socialista de Yugoslavia. Conocidas como guerras de la antigua Yugoslavia o guerra de los Balcanes no pueden olvidarse sus graves consecuencias y la inestabilidad remanente que afecta a la zona.

Sin incluir el mar Negro, el Mediterráneo abarca un área, de aproximadamente2,5 millones de km2 y tiene una longitud máxima de unos 3.860-3.900 kilómetros. Su anchura máxima es de 1.600 kilómetros y la distancia más corta entre Europa y África es de sólo 14 kilómetros en el estrecho de Gibraltar. La extensión del área mediterránea, incluso si se incluyen territorios adyacentes, es relativamente pequeña comparada con otras áreas estratégicas. Sin embargo, la diversidad humana, política, social y económica hacen que la zona se enfrente a múltiples y variadas amenazas.

Reconociendo la complejidad del proceso que originó el estallido de la “primavera árabe” a partir de finales del año 2010, sus inicios fueron profundamente alentadores y democráticos. Las revueltas tuvieron su origen en la frustración de la población ante la actuación de los regímenes autoritarios, de diverso signo, que han gobernado los países árabes desde su independencia. Cuando han pasado más de diez años de aquellos acontecimientos, existe la percepción de que en los países árabes sigue existiendo una frustración profunda causada por la corrupción, la presión demográfica, la ausencia de reformas y el deterioro del modelo económico y social. Por todo ello, es generalmente admitido que las movilizaciones volverán cuando se levanten las restricciones sanitarias existentes.

Desequilibrios y operaciones en el Mediterráneo

Como se ha mencionado, existen numerosos factores que afectan a la seguridad en el área mediterránea. Sin embargo, los expertos destacan como fuente de inestabilidad las notables diferencias existentes en el desarrollo económico de los países mediterráneos pertenecientes a la UE y aquellos que no lo son. El desequilibrio se puede apreciar fácilmente comparando el PIB (Producto Interior Bruto) per cápita[1]de Italia y Marruecos. Según datos macro de Expansión, el PIB per cápita de Italia el año 2019 fue de 29.660 Euros y el de Marruecos de 2.932 Euros. Estas cifras ayudan a entender en parte el flujo migratorio desde los países del Magreb y otros de la zona hacia la UE. Esa corriente migratoria en la mayoría de los casos es ilegal y está manejada por mafias que se aprovechan de la demanda existente para trasladarse a la UE. Ese tráfico ilegal ha sido y es la causa de graves tensiones en la zona. Como consecuencia de los naufragios de migrantes libios hace 6 años, se lanzó la Fuerza Naval de la UE en el Mediterráneo, (EUNAVFORMED) por decisión 2015/1778 del Consejo de la UE de 18 de mayo. Conocida como operación Sofia se puso en marcha el 22 de junio del mismo año y su cuartel general estuvo situado en Roma. El mandato para la operación finalizó el 31 de marzo de 2020. Su sucesora es la operación IRINI cuyo objetivo principal es aplicar el embargo de armas frente a la costa de Libia de conformidad con la Resolución 2292 (2016) del Consejo de Seguridad (CSNU). Además, IRINI contribuye a la desarticulación del modelo de negocio de las redes de tráfico ilícito y trata de personas mediante la recopilación de información y patrullas aéreas.

La Unión Europea como factor de estabilidad

La UE ha sido y es un factor esencial para la estabilidad y seguridad en el Mediterráneo, siendo su aportación principal diversos acuerdos y sus políticas específicas de colaboración. La Estrategia Global de la UE busca convertir la visión hacia esa y otras áreas en una acción común. El 17 de octubre de 2016, los ministros de Exteriores de la UE decidieron las prioridades estratégicas más importantes para la aplicación de la Estrategia Global de la UE[2]. Estas prioridades son la seguridad y la defensa, la creación de resiliencia estatal y social, el enfoque integrado de los conflictos y las crisis, el fortalecimiento de los órganos regionales cooperativos y una gobernanza mundial basada en normas. Para alcanzar esas prioridades, la Unión dispone de varios instrumentos entre los que se encuentran los Acuerdos de Asociación (AA) que son tratados entre la UE, sus Estados miembros y un país no miembro de la Unión. Su base legal está en el artículo 217 del Tratado de Funcionamiento de la Unión (TFUE). La UE tiene AA con: Albania (2009), Argelia (2005), Bosnia-Herzegovina (2015), Egipto (2004), Israel (2000), Jordania (2002), Líbano (2006), Montenegro (2010), Marruecos (2000), Macedonia del Norte (2004), Siria (1978 aunque los programas de cooperación fueron suspendidos en el año 2011), Túnez (1998), Turquía (1964 y en el marco para una Unión Aduanera en1995).

Por su parte, la Política Europea de Vecindad (PEV) pretende vincular los países de la Unión con Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Libia, Marruecos, Palestina, Siria Túnez. También existe una PEV con algunos países del este de Europa. La UE ofrece asistencia financiera a los países PEV siempre que cumplan con las condiciones de reforma gubernamental y económica, así como de transformación positiva. El proceso se basa en un Plan de Acción acordado tanto por Bruselas como por el país de destino.

Para finalizar, es preciso mencionar el Proceso de Barcelona o asociación euro- mediterránea que fue un proyecto de cooperación regional propuesto por el gobierno de España en la cumbre euro-mediterránea celebrada en Barcelona los días 27/28 noviembre de 1995. En ese marco se presentaron diversas posibles políticas relacionadas con el desarrollo económico, la lucha antiterrorista, así como la promoción de la democracia y los derechos humanos. Para reforzar y dar un nuevo empuje al Proceso de Barcelona, se propuso crear la Unión por el Mediterráneo (UpM) basada en la construcción de una asociación entre Europa y los países del contorno mediterráneo. El Consejo Europeo de los días 13/14 de marzo de 2008 retomó dicha iniciativa y la rebautizó Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo. La iniciativa recibió su espaldarazo durante la Cumbre de París para el Mediterráneo celebrada el 13 de julio de 2008. La Declaración tras la Cumbre fue suscrita por los jefes de Estado y de Gobierno de 43 países que representaban a más de 756 millones de ciudadanos.

La UE tiene el desafío de desarrollar y aplicar una política eficaz que, pese a las limitaciones existentes, logre asegurar o al menos mejorar la seguridad y la estabilidad en el Mediterráneo.

Madrid, 10 de febrero de 2021

Federico Yaniz Velasco

General del EA (R).

Exdirector adjunto del EMI

[1] Indicador económico que mide la relación existente entre el nivel de renta de un país y su población. Se usa habitualmente para medir la riqueza de un país,

[2] Ver Conclusiones https://data.consilium.europa.eu/doc/document/ST-13202-2016-INIT/es/pdf

Fuentes:

https://lacritica.eu/noticia/2288/aeme/21-la-seguridad-en-el-mediterraneo/el-papel-de-la-union-europea.html