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La estrategia y la táctica de Putin, por Josep Piqué en Política Exterior

Con su decisión de invadir Ucrania, Putin ha echado por tierra una estrategia de décadas, cometiendo además errores tácticos de primera magnitud. Al final, está mostrando ser un mal estratega y un peor táctico.JOSEP PIQUÉ |  10 de marzo de 2022

Hace pocos días, mi admirada colega Ana Palacio decía en una entrevista que Vladímir Putin era un buen estratega y un mejor táctico. Probablemente, eso es lo que pensábamos muchos hasta hace poco.

Desde un punto de vista estratégico, Putin explicó con claridad su planteamiento en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007, hace casi 15 años. Quien suscribe tuvo ocasión de escuchárselo personalmente en el lejano 2002. Su objetivo era la recuperación de la autoestima del pueblo ruso después de la derrota en la guerra fría y el colapso por implosión de la Unión Soviética, expresión del secular sueño imperial que la emperatriz Catalina resumió en su famosa frase, según la cual la mejor manera de defender las fronteras de Rusia era expandiéndolas.

Para ello, resultaba fundamental recuperar su área de influencia para garantizar un perímetro de seguridad que alejara cualquier riesgo para Moscú o San Petersburgo. Los instrumentos a utilizar serían la energía y, si fuera necesario, la fuerza militar.

Obviamente, ello presuponía la no aceptación del orden mundial implantado por Occidente después de la caída del muro de Berlín. Rusia no lo asumía como propio porque consideraba que le perjudicaba y, en consecuencia, a partir de entonces solo seguiría los requerimientos derivados del interés nacional de Rusia, interpretado desde una perspectiva historicista y nacionalista.

Churchill ya advirtió de que, si Rusia era un acertijo rodeado de un enigma y envuelto en un misterio, la clave para interpretarla era exclusivamente su interés nacional. Y la estrategia seguida por Putin ha sido enormemente coherente en ese sentido.

Primero, se centró en aplastar movimientos secesionistas internos después del fiasco en la primera guerra de Chechenia. En la segunda, Putin utilizó masiva y cruelmente la fuerza militar, arrasando Grozni y aplastando toda resistencia. Luego, en paralelo al afianzamiento de su poder cada vez más absoluto y autocrático, ha impedido el acercamiento de antiguas repúblicas soviéticas a Occidente con la fuerza de las armas. El apoyo a los secesionistas de Transnistria en Moldavia fue un precoz y primer ejemplo. Lo hizo también en Georgia en 2008, ocupando Osetia del Sur y Abjasia, y apoyando a Armenia en su conflicto con Azerbaiyán por el Nagorko Karabaj, ampliando su influencia sobre el Cáucaso exsoviético. Le siguió Ucrania en 2014 con la anexión ilegal de Crimea y la integración de facto de las zonas secesionistas de Donetsk y Lugansk, en el Donbás. En 2020, apoyó a Aleksandr Lukashenko en Bielorrusia a cambio de su supeditación a los intereses rusos. Moscú ha intervenido también en Asia central; el episodio más reciente, a principios de este año, ha sido la intervención militar para sostener al régimen kazajo. Finalmente, ha llegado la invasión criminal de Ucrania.

Si consiguiera el objetivo de someter Ucrania, Putin habría recuperado el espacio europeo soviético, con la única excepción de las repúblicas bálticas.

«Churchill ya advirtió de que, si Rusia era un acertijo rodeado de un enigma y envuelto en un misterio, la clave para interpretarla era exclusivamente su interés nacional»

La táctica ha sido doble: el uso desacomplejado de la fuerza militar –también en otros ámbitos como Siria o Libia y ahora el Sahel, directamente o a través de los “mercenarios” de Wagner– y la búsqueda de la vulnerabilidad de Europa y de la Alianza Atlántica, agudizando sus diferentes intereses –en particular en el campo energético– y debilitando internamente a sus Estados miembros, mediante actuaciones desestabilizadoras y el uso creciente de la desinformación.

Hasta ahora, le ha salido relativamente bien. La respuesta occidental a sus acciones ha sido escasa, timorata y no siempre resultado del consenso entre aliados. Y eso le ha animado a dar pasos adicionales, a medida que comprobaba que no se trazaban nítidamente y de forma convincente “líneas rojas”.

Pero todos los grandes estrategas, sobre todo si no están sometidos al control democrático, acaban sobrevalorando su capacidad de acierto y son víctimas de su propia ambición. Como Napoleón cuando decidió invadir Rusia y cavó su propia tumba. Los que se creen infalibles es porque pierden el sentido de la realidad y caen en el primer pecado capital: la soberbia.

Con la agresión a Ucrania, Putin ha echado a perder sus objetivos estratégicos y le ha llevado a cometer errores tácticos clamorosos.

En lo estratégico, veamos los resultados. Su voluntad de construir la “gran Rusia eslava” ha devenido en la consolidación de la identidad nacional ucraniana y, al margen del resultado de la confrontación estrictamente militar, ha enajenado a los ucranianos para siempre. A la menor oportunidad, renovarán su clara apuesta europea y occidental.

En cuanto al objetivo de debilitar a la OTAN y el vínculo atlántico, el efecto ha sido justo el contrario. La Alianza Atlántica ha “recuperado su objeto social”, diluido y cuestionado después del fin de la guerra fría y el colapso de la URSS. En apenas unos días, hemos pasado de su “muerte cerebral” a una vitalidad y una vigencia extraordinarias y que veremos confirmada en la Cumbre de Madrid del próximo junio. Y Estados Unidos, que iba concentrando su atención al Indo-Pacífico, alejándose de su compromiso atlántico, ha reaccionado con contundencia –entre otros motivos, por su temor al expansionismo chino, cuyo primer paso para expulsarles del continente asiático sería Taiwán si ahora Washington mandara señales equívocas–.

«Al margen del resultado militar, Putin se ha enajenado a los ucranianos para siempre. A la menor oportunidad, renovarán su clara apuesta europea y occidental»

Si hablamos de la Unión Europea, claramente “ninguneada” por Putin durante la crisis, la consecuencia es también la opuesta a lo deseado: en lugar de agudizar sus divisiones internas, ha conseguido que Europa entienda que, para subsistir como proyecto político, debe profundizar en una política común exterior, de seguridad y de defensa y, no menos importante, en una política energética común que reduzca sustancialmente la dependencia de Moscú –lo que deja a Rusia en situación de máxima debilidad económica–.

Putin ha conseguido, además, cosas impensables hasta hace muy poco. El cambio histórico de Alemania no es el menor, aceptando el suministro de armas ofensivas a Ucrania, el incremento sustancial del presupuesto de defensa en este año, el compromiso de dedicar el 2% del PIB a dichos presupuestos de cara al futuro, así como un cambio drástico de su política energética para dejar de depender del gas ruso. Pero también ha abierto la posibilidad real de una integración en la Alianza de Suecia y Finlandia. Al mismo tiempo, el sustancial fortalecimiento del despliegue de la OTAN en sus fronteras –con especial atención a Polonia, las repúblicas bálticas y, por ende, el corredor de Suwalki– es justo lo contrario que Putin venía reclamando; es decir, la retirada de facto de la Alianza a sus fronteras previas a la primera ampliación al Este en la década de los noventa. Por si ello fuera poco, Turquía ha abandonado sus “veleidades” –con la adquisición del sistema antiaéreo ruso S-400– y se ha alineado claramente con la OTAN, incluyendo la posibilidad de bloquear el Bósforo, impidiendo la salida al Mediterráneo de la flota rusa del mar Negro.

Finalmente, además de incrementar la dependencia de China, Putin ha perdido totalmente la batalla de la propaganda –el relato– y ha conseguido ser, en palabras del presidente de EEUU, Joe Biden, un auténtico “paria internacional”, concitando un amplísimo rechazo de prácticamente toda la comunidad internacional y tan solo un tímido apoyo sin compromiso de los países que consideraba bajo su influencia. Ni tan siquiera China ha endosado la invasión, mostrando su incomodidad y ambigüedad y ofreciéndose incluso como mediador entre las partes. Es tal el rechazo que, cuando sea posible, el destino de Putin y su entorno inmediato es enfrentarse –si siguen vivos– a la justicia internacional para responder por crímenes de guerra.

Pero más allá del desmoronamiento de su estrategia, los errores tácticos han sido también clamorosos. Baste como ejemplo la infravaloración de la capacidad de resistencia de Ucrania, liderada por el presidente, Volodomir Zelenski, quien ha sabido interpretar a su pueblo incluso a riesgo de su propia vida. El ejército ucraniano está respondiendo de una manera mucho más eficaz que la prevista, tanto por la preparación llevaba a cabo desde 2014 como por el aprovisionamiento de armamento ofensivo que se está produciendo, incluidos aviones de combate, misiles tierra-aire o sistemas anti-tanque. Y con la moral propia de quien sabe que está combatiendo por su país, por su libertad y por su vida. La preparación de Ucrania ha incluido una minuciosa estrategia contra los ciberataques y una capacidad de recepción de información sustancial para conocer de forma anticipada los movimientos del invasor.

«Los ciudadanos rusos van a pasarlo muy mal, y en algún momento reaccionarán contra el responsable de la catástrofe»

Esa subestimación por parte de Putin de la capacidad de resistencia ucraniana ha venido acompañada de una sobrevaloración de sus propias fuerzas armadas. El mediocre balance de la superioridad aérea rusa, los errores logísticos y los déficit de intendencia, así como la deficiente preparación de los planes de invasión, el uso de armamento obsoleto, la intercepción de sus comunicaciones y una moral baja de unas tropas que son de leva y que no saben por qué están luchando son algunas muestras evidentes.

last but not least, Putin ha despreciado la efectividad real de las sanciones, perfectamente coordinadas hasta ahora, aplicadas por Occidente –incluyendo a Suiza, cuya neutralidad se había mantenido incluso con Hitler– para castigar la capacidad de la débil y atrasada economía rusa y su financiación a corto y medio plazo, incluyendo el coste de la guerra y de una eventual ocupación que puede derivar en una auténtica pesadilla. Los ciudadanos rusos van a pasarlo muy mal, y en algún momento reaccionarán contra el responsable de la catástrofe.

Putín está en un auténtico callejón sin salida del que muy difícilmente podrá escapar. Por ello, utiliza la amenaza nuclear. Esperemos que su entorno y los militares se lo impidan y que se suicide solo. Pero eso debe ser objeto de otro análisis y de otros Apuntes.

En definitiva, con su decisión de invadir criminal e ilegalmente Ucrania, Putin ha echado a perder completamente su estrategia desarrollada en dos décadas, cometiendo errores tácticos de primera magnitud.

Al final, ha mostrado ser un mal estratega y un peor táctico.

La estrategia y la táctica de Putin | Política Exterior (politicaexterior.com)

EEUU mueve ficha: despliega misiles en Polonia

Parafraseando a Dori Toribio, corresponsal en Washington: «El objetivo de la desinformación no es que la gente se crea una cosa. Es que la gente no se crea nada«. EEUU teme que las acusaciones del Kremlin sobre presuntos laboratorios estadounidenses en Ucrania que crearían toda clase de horrores, de armas biológicas a, por qué no, el mismo coronavirus, asienten el relato para un ataque químico como los efectuados por Rusia en Siria.

Nadie quiere creer que Vladimir Putin podría ordenar tal atrocidad contra un «pueblo hermano», pero escuchar al ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, mentir sin rubor sobre el bombardeo a la maternidad de Mariúpol sienta un inquietante precedente. El despliegue de misiles Patriot en Polonia es la jugada prudente de Joe Biden: la protección de las fronteras de la OTAN está justificada cuando Moldavia está ahora en el punto de mira.

Putin solo tiene dos opciones. Las dos implican perder

The NY Times

Si esperabas que la inestabilidad que la guerra de Vladimir Putin contra Ucrania ha provocado en los mercados globales y en la geopolítica haya llegado a su punto culminante, esperas en vano. Todavía no hemos visto nada. Espera a que Putin comprenda bien que las únicas opciones que le quedan en Ucrania son cómo perder: rápido y poco y apenas humillado o tarde y mucho y bastante humillado. El Times  Una selección semanal de historias en español que no encontrarás en ningún otro sitio, con eñes y acentos. Get it sent to your inbox.

Ni siquiera puedo imaginarme qué tipo de consecuencias financieras y políticas irradiará Rusia —un país que es el tercer mayor productor de petróleo del mundo y tiene unas 6000 cabezas nucleares— cuando pierda una guerra de elección que fue encabezada por un hombre que no puede permitirse admitir la derrota.

¿Por qué no? Porque seguramente Putin sabe que “la tradición nacional rusa no perdona los reveses militares”, como señaló Leon Aron, experto en Rusia del American Enterprise Institute, quien está escribiendo un libro sobre el camino de Putin hacia Ucrania.

“Prácticamente todas las derrotas importantes han dado lugar a un cambio radical”, añadió Aron, quien escribe en The Washington Post. “La guerra de Crimea (1853-1856) precipitó desde arriba la revolución liberal del zar Alejandro II. La guerra ruso-japonesa (1904-1905) provocó la primera Revolución rusa. La catástrofe de la Primera Guerra Mundial provocó la abdicación del zar Nicolás II y la Revolución bolchevique. Y la guerra de Afganistán se convirtió en un factor decisivo para las reformas del líder soviético Mijaíl Gorbachov”. Asimismo, la retirada de Cuba contribuyó de manera significativa a la destitución de Nikita Jrushchov dos años después.

En las próximas semanas será cada vez más evidente que nuestro mayor problema con Putin en Ucrania es que se negará a perder pronto y poco, y el único otro resultado es que perderá a lo grande y tarde. Pero como esta es su guerra únicamente y no puede admitir la derrota, podría seguir redoblando la apuesta en Ucrania hasta… hasta que contemple el uso de un arma nuclear.

¿Por qué digo que la derrota en Ucrania es la única opción de Putin y que solo nos falta ver el momento y el tamaño? Porque la invasión fácil y de bajo costo que imaginó y la fiesta de bienvenida de los ucranianos que imaginó eran fantasías totales, y todo se deriva de ello.

Putin subestimó por completo la voluntad de Ucrania de ser independiente y formar parte de Occidente. Subestimó por completo la voluntad de muchos ucranianos de luchar, aunque significara morir, por esos dos objetivos. Sobrestimó por completo sus propias fuerzas armadas. Subestimó por completo la capacidad del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, para motivar la creación de una coalición económica y militar mundial que permitiera a los ucranianos ponerse en pie de guerra y devastar a Rusia en su propio país: el esfuerzo más eficaz de Estados Unidos para crear una coalición desde que George H. W. Bush hizo pagar a Sadam Husein por su locura de tomar Kuwait. Y subestimó por completo la capacidad de las empresas y los particulares de todo el mundo para participar en las sanciones económicas contra Rusia y ampliarlas, mucho más allá de lo que los gobiernos sugirieron o autorizaron.

Cuando un líder se equivoca en tantas cosas, su mejor opción es perder pronto y poco. En el caso de Putin, eso significaría retirar inmediatamente sus fuerzas de Ucrania; decir una mentira para disimular su “operación militar especial”, como afirmar que protegió con éxito a los rusos que viven en Ucrania y prometer que ayudará a los hermanos rusos a reconstruirse. Pero no hay duda de que la ineludible humillación sería intolerable para este hombre obsesionado con restaurar la dignidad y la unidad de lo que considera la patria rusa.

Por cierto, tal y como se están desarrollando las cosas en Ucrania en este momento, no se puede descartar la posibilidad de que Putin pierda pronto y en grande. Yo no apostaría a ello, pero cada día que pasa mueren más y más soldados rusos en Ucrania, quién sabe qué pasa con el espíritu de lucha de los reclutas del ejército ruso a los que se les pide que luchen en una guerra urbana mortal contra compañeros eslavos por una causa que de hecho nunca se les explicó.

Dada la resistencia de los ucranianos en todas partes a la ocupación rusa, para que Putin tenga una “victoria” militar sobre el terreno su ejército tendrá que someter a todas las ciudades importantes de Ucrania. Eso incluye la capital, Kiev, después de semanas de guerra urbana y de enormes bajas civiles. En resumen, solo podrá hacerlo si Putin y sus generales perpetran crímenes de guerra no vistos en Europa desde Hitler. Esto convertirá a la Rusia de Putin en un paria internacional permanente.

Además, ¿cómo podría mantener Putin el control de otro país —Ucrania— que tiene más o menos un tercio de la población de Rusia y con muchos residentes hostiles a Moscú? Tal vez necesitaría mantener cada uno de los más de 150.000 soldados que tiene desplegados allí, si no es que más, para siempre.

Sencillamente no veo ningún camino para que Putin gane en Ucrania de manera sostenible porque sencillamente no es el país que él pensaba que era, un país que solo espera una rápida decapitación de sus dirigentes “nazis” para poder regresar con suavidad al seno de la Madre Rusia.

Así que, o bien se da por vencido ahora y muerde el polvo —y, con suerte, se libra de las sanciones suficientes para reactivar la economía rusa y mantenerse en el poder— o se enfrenta a una guerra eterna contra Ucrania y gran parte del mundo, que minará poco a poco la fuerza de Rusia y colapsará su infraestructura.

Como parece empeñado en esto último, estoy aterrado. Porque solo hay una cosa peor que una Rusia fuerte bajo el mando de Putin, y es una Rusia débil, humillada y desordenada que podría fracturarse o estar en una prolongada convulsión de liderazgo interno, con diferentes facciones luchando por el poder y con todas esas cabezas nucleares, ciberdelincuentes y pozos de petróleo y gas por ahí.

La Rusia de Putin no es demasiado grande para fracasar. Sin embargo, sí es demasiado grande para fracasar de una manera que no sacuda a todo el resto del mundo.

Putin solo tiene dos opciones. Las dos implican perder – The New York Times (nytimes.com)

Discurso del presidente de Ucrania a su pueblo y al mundo

Hoy las fuerzas rusas atacaron despiadadamente Kharkiv con artillería autopropulsada. Eso es, sin duda alguna, un crimen de guerra. ¡Una ciudad pacífica!, ¡las zonas residenciales!, ¡ninguna infraestructura militar! Decenas de grabaciones de los testigos confirman que no es un caso aislado de disparos erróneos, sino una destrucción consciente de la población. Los rusos sabían adonde apuntaban. Este crimen debe ser llevado al tribunal internacional. Es una violación de todos los convenios. Nadie en el mundo no perdonará tal asesinato de personas pacíficas. Aquí Ucrania, aquí Europa, aquí el año 2022. Hay que parar de inmediato al monstruo armado con misiles, bombas y artillería, destruir económicamente, enseñar que la humanidad sabe protegerse. Considero que es necesario encarar el cierre definitivo del cielo para los misiles, aviones y helicópteros rusos. Durante los cinco días de la invasión han efectuado ya 56 ataques aéreos, fueron lanzados 113 misiles. Así es su amistad de hermanos. El mundo sabe qué hay que hacer, hoy hablé sobre eso con nuestros socios. El país que comete crímenes contra la población civil no puede ser miembro del Consejo de Seguridad de ONU. Para un país como ese tienen que ser inaccesibles todos los puertos, canales y aeropuertos del mundo. Un país como ese no puede recibir cientos de millardos por exportación energética: comprar productos rusos es financiar muertes humanas. Pacífico, orgulloso, fuerte Kharkiv, siempre fuiste así y así serás. ¡Hemos aguantado ya tanto, aguantaremos y esto! Defenderemos a Ucrania, ayudaremos a cada uno que haya sufrido de esta invasión inhumana. Cherniguiv, Ojtyrka, Sumy, Gostomyl, Vasylkiv, Khersón, Mariupol, Donetsk y todas las ciudades y pueblos de nuestro amado país tendrán una vida segura y pacífica. Mi más sentido pésame a todos aquellos que han perdido a familiares y cercanos en esta guerra. Memoria eterna a los fallecidos, gloría a todos y cada uno que defiende nuestra libertad.

Antes de dirigirme a ustedes he firmado el decreto sobre la otorgación del título de Héroe de Ucrania a 12 nuestros defensores:

Vicealmirante E. Vagorovsky, post mortem. Falleció, salvando a nuestra aviación de un ataque aéreo y permitiendo a los demás despegar.

Capitán D. Colomiets, post mortem. Salvó a sus camaradas convirtiéndose en diana para el fuego de la aviación enemiga que causó su destrucción.

Vicealmirante G. Makulak, post mortem. Gostomyl. Destruyó la concentración de técnica del enemigo.

Teniente V. Movchán, post mortem. En una lucha aérea aniquiló dos aviones del enemigo.

Vicealmirante, O. Oksanchenko, post mortem. Sucumbió en un combate aéreo, desviando la aviación del adversario.

Teniente V. Radionov, post mortem. Gracias a sus heróicas acciones, la integridad de su brigada pudo despegar lo que salvó a los militares de un ataque aéreo.

Teniente A. Gerus. Ciudad de Kropyvnytsky. Abatió el avión enemigo Il-76, lo que impidió el aterrizaje de paracaidistas rusos con armamento.

Contralmirante, D. Krasylnikov, el comandante de la agrupación táctica Norte. Dos días repelía el constante asalto. Socorrió a las personas y maquinaria y retuvo al enemigo que venía desde Lugansk.

Vicealmirante, A. Kruglov. Apartó la subdivisión ZRK Buk del fuego enemigo y personalmente destruyó dos helicópteros rusos y un avión.

Almirante, O. Mosovyi, Vasylkiv, abatió un Il-76 ruso e igualmente dos helicópteros Mi-24 cuya consecuencia ha sido la interrupción de la salida de los paracaidistas rusos con armas.

Capitán Y. Sodol. Combate por Volnovaja. Socorrió a nuestros soldados de un posible rodeo. Organizó un contra avance exitoso, apartó a los combatientes del ataque del enemigo, excepcionalmente eficaz defiende Mariupol.

Almirante del servicio médico E. Khoroshon. Personalmente estableció un centro médico en el asedio y efectuaba evacuación de los heridos.

Ahora sobre Kyiv, nuestra maravillosa capital en la que se sostiene nuestro extraordinario país y nuestra seguridad. Para el enemigo Kyiv es el primer objetivo. Ellos quieren romper nuestro estado. Es por ello que la capital se encuentra en constante peligro. Solamente hoy han sido efectuados ya tres ataques aéreos. Bajo el objetivo, la Planta de cogeneración-6, ellos quieren dañar a la central para dejar a nuestra ciudad sin luz. No les permitimos romper la defensa de la capital y ellos nos mandan a sus intrusos, constantemente, a centenas. A todos ellos los neutralizamos.

A parte de la frente pensamos también sobre el interior. Hemos creado la base de coordinación permanente que reúne todas las demandas de las administraciones regionales acerca de carencias de lo esencial: productos, medicamentos, combustible y equipamiento. La base contacta directamente con los proveedores que tienen capacidad de satisfacer rápida y eficazmente tales necesidades. Es una especie de restauración de la cadena de abastecimiento perjudicada por la guerra.

Hoy, tuvo lugar la primera serie de negociaciones iniciada por parte de Rusia. Esa negociación acontecía mientras caían bombas y explotaban misiles sobre nuestro territorio. Se manifestaba la sincronización de los ataques con el proceso de negociación. Sostengo que esa es la torpe manera de Rusia de presionar a Ucrania. ¡No pierdan tiempo! Tal táctica no nos impresiona. Una negociación justa puede ser solamente cuando una parte deja de atacar a la otra con artillería precisamente en el momento de negociar. Mientras no tengamos tales condiciones nos contentamos con las declaraciones de las posiciones de ambas partes donde la nuestra es el explícito deseo de terminar la guerra. Algunas señales hemos recibido. Cuando nuestra delegación vuelva a Kyiv, estudiaremos lo escuchado y determinaremos el paso a la segunda fase de la negociación.

Y una cosa más que es importante escuchar. Lo hemos esperado 30 años. Hoy he firmado la solicitud para la membresía de Ucrania en la UE. Hemos ganado nuestro derecho a estar juntos en Europa, de igual a igual. La solicitud ya está en Bruselas, registrada oficialmente, ha llegado el momento.

¡Slava Ukrayni!/¡Salve Ucrania!

Biden en Europa ¿Ningunea a España?

La «credibilidad» es la virtud más preciada de un político. Cuando tiene la responsabilidad del gobierno, es credibilidad se traslada al ejecutivo y por ende a la nación. Alguien comentó en voz alta que la «misión del político es mentir». Tal vez sea una exageración, pero desde luego, nuestro Presidente del Gobierno, D. Pedro Sánchez es la persona que más «mentiras» ha pronunciado a lo largo de los años. No hay más que ver las hemerotecas y videotecas para comprobar la negación de los pactos y las líneas rojas marcadas antes de las elecciones, para posteriormente traspasarlas impunemente, de tal forma que puede decirse que este singular personaje tiene «legitimidad popular», porque ha sido elegido por los votantes, pero carece de «legitimidad de ejercicio», dado que el programa político que le dio la victoria electoral, lo ha tirado a la basura y ha seguido otra senda, es decir ha traicionado a sus votantes.

Por ello no podemos extrañarnos que ningún presidente extranjero, aparte por supuesto de los de la Unión Europea, quiere reunirse con él y además que repercuta en los medios, porque eso sería perder la «credibilidad» que ellos tienen.

Biden no se verá a solas con Sánchez. No lo ha llamado en los meses que lleva de presidente ¿Cómo lo va a hacer, si se ha aliado con sus enemigos como la Venezuela de Maduro y otros de calaña similar?

Biden ignora a Sánchez en su primera gira europea

El presidente español no es una prioridad para el de Estados Unidos, que verá a los mandatarios del G-7, a Erdogan, a Putin, a Von der Leyen y hasta al primer ministro belga.

REPUBLICA | 04/06/2021

El presidente estadounidense, Joe Biden, se reunirá con su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, y con el primer ministro británico, Boris Johnson, entre otros mandatarios del G-7, durante su gira europea la próxima semana, según informó este jueves la Casa Blanca. En un comunicado, la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, dio más detalles sobre el primer viaje al extranjero de Biden como presidente, que le llevará a Cornualles (Reino Unido), Bruselas y Ginebra del 9 al 17 de junio. Y, de momento, y nada parece indicar lo contrario, el presidente Pedro Sánchez no aparece en su agenda. De hecho, Biden ni siquiera ha tenido una simple conversación con el jefe del Ejecutivo español, lo que deja claro el papel secundario que tiene el país para Estados Unidos, tal y como le ha recordado durante las últimas semanas el líder del PP, Pablo Casado. Y todo ello con la crisis con Marruecos, socio estratégico de Washington, al fondo.

Al parecer, este pasotismo de Biden tiene su origen en la época de José Luís Rodríguez Zapatero como presidente, al que Washington considera muy cercano a Sánchez. Allá por 2010, y según informa ‘ABC’, Zapatero hizo un desplante a Biden, al que dejó solo durante una visita en España a las tropas que iban a ir a Afganistán. Y el presidente estadounidense tomó nota. 

Hace aproximadamente un mes, la subsecretaria de Estado adjunta para Europa y Eurasia de Estados Unidos, Molly Montgomery, trasladó que Biden hablará con Sánchez cuando «las circunstancias lo permitan».

El caso es que el mandatario norteamericano va a ver a diferentes líderes europeos e incluso al el rey de los belgas Felipe y el primer ministro belga, Alexander de Croo, aprovechando su participación en una cumbre EEUU-UE con el que aspira a enfatizar los «intereses y valores compartidos» entre las dos partes. Dentro de esta «agenda común» figuran la seguridad sanitaria global, el cambio climático, la cooperación comercial, el refuerzo de la democracia y «preocupaciones» en materia de política exterior, según la oficina de Biden.

Será un encuentro a tres bandas al que, además de Biden, acudirán los responsables del Consejo Europeo y de la Comisión, Charles Michel y Ursula Von der Leyen, respectivamente. En principio no hay prevista a corto plazo ningún encuentro de Biden con los líderes de los Veintisiete, como llegó a especularse estos meses.

Psaki precisó que el 10 de junio, nada más llegar al Reino Unido, Biden se reunirá con el primer ministro británico, Boris Johnson, y del 11 al 13 del mismo mes participará en la cumbre del G-7 en Cornualles (Inglaterra), donde también mantendrá encuentros bilaterales con otros líderes de ese grupo.

El día 13, Biden visitará a la reina Isabel II de Inglaterra en el Castillo de Windsor, en las afueras de Londres, acompañado de la primera dama estadounidense, Jill Biden, quien regresará a Estados Unidos al terminar esa reunión.

Desde allí, Biden viajará a Bruselas, donde el 14 de junio participará en la cumbre de la OTAN para «reafirmar el compromiso de Estados Unidos» con la Alianza Atlántica, «la seguridad transatlántica y la defensa colectiva», indicó Psaki.

Ese día, Biden también se reunirá en Bruselas con Erdogan, en la que será el primer encuentro entre ambos desde la llegada al poder del primero en enero.

Biden mantuvo una relación fría con Erdogan cuando era vicepresidente estadounidense (2009-2017) y desde que ocupa el Despacho Oval ha protagonizado varias tensiones con el presidente turco, las más recientes relacionadas con la ofensiva israelí de mayo en Gaza.

El 15 de junio, Biden participará en la citada cumbre entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Por último, Biden viajará a Ginebra, donde el día 16 mantendrá una cumbre bilateral con su homólogo ruso, Vladímir Putin, además de reunirse con el presidente suizo, Guy Parmelin, y con el ministro de Exteriores del país, Ignazio Cassis.

El encuentro entre Biden y Putin también será el primero entre ambos desde la llegada del primero al poder y tiene como objetivo rebajar la tensión en una relación marcada por desacuerdos sobre la soberanía de Ucrania, el régimen de Bielorrusia y los supuestos ciberataques de Moscú.

El presidente estadounidense se reunirá con los líderes europeos del G-7; Ursula Von der Leyen; Charles Michel; Putin y Erdogan, pero no con Pedro Sánchez

Por Jesús Ortega Echevarría 4 junio 2021

https://www.economiadigital.es/politica/biden-excluye-a-sanchez-de-su-gira-europea.html

¿Un Biden europeo? Mejor una Europa americanizada

Aunque Estados Unidos no se está europeizando, a la Unión Europea le conviene prestar atención. No para emular todo lo que hace Washington, pero sí su capacidad de reacción ante las crisis.

JORGE TAMAMES |  6 de mayo de 2021

Biden excluye a Sánchez de su gira europea

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