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Rusia, entre la mantequilla y las armas

JOSEP BORRELL / ALTO REPRESENTANTE DE LA UE PARA ASUNTOS EXTERIORES Y POLÍTICA DE SEGURIDAD

https://www.diariosur.es/opinion/rusia-mantequilla-armas-20220712000126-ntvo.html

Desde que Rusia violó deliberadamente el derecho internacional al invadir Ucrania, la UE ha adoptado seis paquetes de sanciones contra Moscú. Nuestras medidas se dirigen ahora a casi 1.200 personas y 98 entidades en Rusia, así como a un número importante de sectores de la economía del país. Estas sanciones se adoptaron en coordinación con los miembros del G7. Su eficacia se ve reforzada por el hecho de que más de 40 países (incluidos algunos tradicionalmente neutrales) han optado por ellas o han tomado medidas similares. A finales de 2022, habremos reducido nuestras importaciones de petróleo ruso en un 90% y estamos reduciendo rápidamente nuestras importaciones de gas.

Estas decisiones nos están liberando gradualmente de una dependencia que durante mucho tiempo ha inhibido nuestras opciones políticas frente a la agresividad de Vladímir Putin. Probablemente creía que Europa no se atrevería a aplicar sanciones debido a su dependencia energética. Este no es el menor de los muchos errores de apreciación del régimen ruso en este conflicto. Por supuesto, esta rápida desintoxicación de la energía rusa también crea serias dificultades para muchos países de la UE y para varios sectores de actividad. Pero este es el precio que tenemos que pagar por defender nuestras democracias y el derecho internacional, y estamos tomando las medidas necesarias para hacer frente a estos problemas de forma solidaria.

Algunos dirán, ¿pero estas sanciones afectan realmente a la economía rusa? La respuesta es sí. Porque si bien Rusia exporta muchas materias primas, también se ve obligada a importar muchos productos de alto valor añadido que no produce. En materia de tecnologías avanzadas, depende en un 45% de Europa y en un 21% de Estados Unidos, frente a solo un 11% de China. En el ámbito militar, crucial en el contexto de la guerra en Ucrania, las sanciones limitan la capacidad de Rusia para producir misiles de precisión como el Iskander o el KH 101. Casi todos los fabricantes de automóviles extranjeros también han decidido retirarse de Rusia y los pocos coches producidos por los fabricantes rusos se venderán sin airbags ni transmisiones automáticas.

La industria petrolera no solo sufre por la marcha de los operadores extranjeros, sino también por la dificultad de acceder a tecnologías avanzadas como la perforación horizontal. Es probable que la capacidad de la industria rusa para poner en marcha nuevos pozos sea limitada. Por último, para mantener el tráfico aéreo, Rusia tendrá que retirar de la circulación la mayoría de sus aviones para recuperar las piezas de recambio necesarias para que los demás puedan volar. A esto hay que añadir la pérdida de acceso a los mercados financieros, la desconexión de las grandes redes de investigación mundiales y la fuga masiva de cerebros.

En cuanto a la alternativa que China ofrecería a la economía rusa, sigue siendo limitada en la realidad, especialmente para los productos de alta tecnología. Hasta ahora, el Gobierno de Pekín, muy dependiente de sus exportaciones a los países desarrollados, no ha permitido a Rusia eludir las sanciones occidentales. Las exportaciones chinas a Rusia han disminuido en proporciones comparables a las de los países occidentales.

¿Estos impactos significativos y crecientes llevarán a Vladímir Putin a modificar sus cálculos estratégicos? Probablemente no en el futuro inmediato: sus acciones no se guían principalmente por la lógica económica. Sin embargo, al obligarle a elegir entre la mantequilla y los cañones, las sanciones le encierran en un círculo que se va estrechando poco a poco.

Queda el impacto de estas sanciones en terceros países, especialmente africanos, que dependen del trigo y los fertilizantes rusos y ucranianos. Las responsabilidades en la crisis alimentaria son claras: nuestras sanciones no se dirigen a las exportaciones rusas de trigo o fertilizantes, mientras que a Ucrania se le impide exportar su trigo por el bloqueo del Mar Negro y la destrucción causada por la agresión rusa. Si se materializan algunas dificultades potenciales relacionadas con nuestras sanciones, estamos preparados para poner en marcha los mecanismos adecuados para responder. He informado de ello a mis homólogos africanos y les he pedido que no se dejen engañar por las falsedades de las autoridades rusas sobre nuestras sanciones.

La verdadera respuesta a las dificultades de los mercados mundiales de energía y alimentos es el fin de la guerra. Esto no puede lograrse aceptando el ‘diktat’ ruso, sino con la retirada del ejército ruso de Ucrania. El respeto a la integridad territorial de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza no son principios occidentales ni europeos. Son el fundamento de todo el Derecho Internacional. Rusia los pisotea alegremente. Aceptar tal violación abriría la puerta a la ley de la selva a escala mundial.

En contra de lo que pensábamos con cierta ingenuidad hace unos años, la interdependencia económica no implica automáticamente una pacificación de las relaciones internacionales. Por eso es imperativo la transición hacia una Europa como potencia, que vengo reclamando desde el inicio de mi mandato. Ante la invasión de Ucrania, hemos empezado a pasar de la intención a la acción demostrando que, cuando se le provoca, Europa puede responder. Como no queremos entrar en guerra con Rusia, las sanciones económicas son ahora el núcleo de esta respuesta. Ya están empezando a surtir efecto y lo harán aún más en los próximos meses.

La relación bilateral con Estados Unidos y la Cumbre de la OTAN, por Josep Piqué

La buena sintonía con EEUU es indispensable para España, pues refuerza su posición en ámbitos clave de su política exterior: la Unión Europea, América Latina y el Mediterráneo occidental.

JOSEP PIQUÉ |  1 de julio de 2022

La Cumbre de la OTAN en Madrid ha sido extremadamente importante, por el contenido y por el contexto geopolítico en el que se ha producido. La criminal agresión de Rusia a Ucrania ha propiciado lo que el presidente Joe Biden ha denominado la “otanización” de Europa y ha puesto de manifiesto que China no ha sido coherente con los principios básicos del Derecho Internacional, al no condenar y “comprender” la flagrante violación de la integridad territorial de un Estado independiente y soberano, mediante el uso injustificado de la fuerza.

Por ello, más allá de calificar a Rusia como la amenaza más significativa y directa a la seguridad de los aliados, y para la paz y la estabilidad del área euro-atlántica, el nuevo Concepto Estratégico de la OTAN considera a China un desafío a nuestros valores e intereses y a nuestra seguridad. Son cambios sustanciales en relación al Concepto Estratégico anterior, cuando se consideraba a Rusia como un socio para la paz y la seguridad y no había ninguna mención a China.

En esa “otanización” de Europa cabe destacar la incorporación de dos países neutrales (por diferentes motivos y circunstancias) como Suecia y Finlandia, una vez levantado el veto de Turquía. Pero también el fortalecimiento de las capacidades militares de la Alianza y de la presencia estadounidense en Europa.

Otro asunto muy relevante abordado en Madrid es el relativo a la seguridad de 360º, tanto en lo que se refiere a los ámbitos (incluidos los relacionados con la “guerra híbrida” y las “zonas grises”, y el uso del espacio y el ciberespacio) como a la visión geográfica, incluyendo las amenazas crecientes que vienen no solo del Este, sino del llamado Flanco Sur. Dos de estos aspectos –el aumento de la presencia militar estadounidense en el continente europeo y las amenazas desde el Flanco Sur– enmarcan una nueva etapa en la relación bilateral entre España y Estados Unidos, una relación que ha pasado por diferentes intensidades y que es crucial para nuestro país. No solo se trata de la primera potencia del mundo, sino que EEUU es el principal inversor en España y principal destino en inversión directa de nuestras empresas. Los intercambios comerciales son muy importantes (unos 44.000 millones de euros anuales) y los flujos turísticos –más allá del impacto de la pandemia– son cada vez mayores, así como nuestros intercambios culturales o las relaciones científicas y tecnológicas.

«No solo se trata de la primera potencia del mundo, sino que EEUU es el principal inversor en España y principal destino en inversión directa de nuestras empresas»

Obviamente somos, como ha dicho el presidente Biden, un “socio indispensable” para la seguridad y la defensa, dada la estratégica importancia de las bases de Rota y Morón. Por todo ello, una estrecha relación bilateral en el ámbito político es muy deseable. Y, además, debemos ser conscientes que fortalece nuestro peso específico en la Unión Europea, desde una vocación atlántica reforzada con la salida de Reino Unido. También en América Latina, con una creciente influencia china que tanto España como EEUU tienen que tomarse muy en serio en una región tan vinculada a su vecino del Norte como a través de la Comunidad Iberoamericana, especialmente en el momento convulso que viven todos los países de la región. Y, desde luego, la relación bilateral es esencial para hacer valer nuestra posición en el Mediterráneo occidental. Basta mencionar nuestra relación con Marruecos o Argelia para ver la relevancia de una buena sintonía con EEUU.

En este sentido, el momento más alto de la relación bilateral fue a partir de 2001, cuando se firmó en Madrid por quien suscribe –entonces ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de José María Aznar– y la secretaria de Estado, Madeleine Albright, con la administración de Bill Clinton, la primera Declaración Conjunta entre ambos países. Nótese que se negoció con esa administración, pero fue asumida plenamente y profundizada por la administración de George W. Bush.

Tenía pues una profunda visión “bipartisana” por ambas partes, ya que el gobierno español compartió con el Partido Socialista, entonces en la oposición, toda la información y obtuvo su conformidad. La relación entre dos Estados soberanos e independientes no puede basarse en la coyuntura política ni en los vaivenes de la lógica y legítima alternancia de gobierno, sino que debe plantearse como una “política de Estado”, como lo es la política exterior. Sin consensos básicos en este terreno, la política exterior adolece de falta de credibilidad y deja de inspirar la confianza necesaria con los interlocutores.

Lamentablemente, ese consenso interno se perdió en 2004, cuando el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero retiró apresurada y unilateralmente las tropas españolas en Irak, a pesar de que no habían intervenido en la guerra y estaban bajo el paraguas de Naciones Unidas y, además, se permitió aconsejar al resto de aliados que hicieran lo mismo. Previamente, se produjo el famoso episodio cuando el entonces jefe de la oposición no se levantó en señal de respeto a la bandera estadounidense en el desfile militar del 12 de octubre en Madrid.

«La relación entre dos Estados soberanos e independientes no puede basarse en la coyuntura política ni en los vaivenes de la lógica y legítima alternancia de gobierno, sino que debe plantearse como una ‘política de Estado’»

Cabe decir que Rodríguez Zapatero, ya en calidad de expresidente del gobierno, ha seguido manifestando su animadversión hacia EEUU, apoyando a regímenes tan antinorteamericanos como Cuba o Venezuela o recomendando la necesidad de que Europa se uniera a China para hacer frente común a la hegemonía de nuestro principal aliado. Actitudes que no ayudan a generar de nuevo un clima de confianza mutua. Como tampoco ayuda el hecho de que miembros del actual gobierno de coalición sean claramente contrarios a la Alianza Atlántica y al propio EEUU. Todo esto se ha visto con meridiana claridad a raíz de la agresión rusa a Ucrania, culpabilizando a la OTAN y pidiendo una “paz” que no es otra cosa que una rendición de Ucrania y la cristalización de una situación de facto que premia la violación del Derecho Internacional y el uso injustificado de la fuerza militar para conseguir objetivos geopolíticos, posibilitando futuras agresiones.

Por ello, es remarcable que, en los márgenes de la Cumbre de Madrid, se haya firmado otra Declaración Conjunta que, recogiendo el espíritu y los objetivos de la de 2001, se haya adaptado a las nuevas circunstancias, aunque sin más concreciones que las relativas a la defensa. Es un mérito, sin duda, del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Se trata de una declaración que refuerza la respuesta multilateral ante el desafío de Rusia y muestra un firme apoyo a Ucrania, defiende un orden internacional basado en normas, comparte los objetivos de la Agenda 2030, y “anima” a China a cumplir sus compromisos en los organismos multilaterales, contribuir a la seguridad internacional y cooperar en la provisión de bienes públicos globales como el cambio climático, la biodiversidad y la igualdad de género.

La nueva declaración se propone intensificar la cooperación en seguridad, incluyendo la lucha antiterrorista, el narcotráfico y la trata de personas, así como la ciberseguridad y el ciberespacio. También promover una migración segura, ordenada y regular, tanto en América Latina como en el Norte de África, la lucha contra el cambio climático en el marco del Acuerdo de París, así como la mejora de la seguridad energética y del suministro de minerales críticos, promoviendo cadenas de suministro resilientes.

Asimismo, se pretende una mayor cooperación en el ámbito comercial (donde mantenemos aún algunas diferencias por los aranceles establecidos por la anterior administración estadounidense), fiscalidad empresarial (en el marco de la OCDE) y en el terreno digital, científico y tecnológico.

Finalmente, se promueve una mayor cooperación política, con consultas regulares entre el ministerio de Asuntos Exteriores y el Departamento de Estado, así como entre los dos gobiernos, en la perspectiva, además, de la próxima presidencia española del Consejo de la UE del segundo semestre de 2023. Objetivos muy generales todos ellos, pero que enmarcan una voluntad clara de colaboración y de mejora de la relación bilateral.

«La fiabilidad y la confianza cuestan mucho construirlas, pero perderlas puede ser muy rápido»

La declaración del 2001 era más concreta en algunos puntos (como los contactos entre presidentes, el intercambio de información, la actualización del Acuerdo de Extradición o la promoción de la enseñanza del inglés en España y del español en EEUU).Y dio lugar a la mejor relación bilateral que hayamos mantenido nunca. Hay que esperar que se recupere aquel nivel, aunque sea parcialmente.

En ambas declaraciones, los temas de defensa fueron cruciales, estableciéndose incluso en 2001 un Comité Bilateral de Defensa de Alto Nivel, en el marco de la revisión del Convenio de Cooperación de Defensa. Ahora se acuerda, de nuevo en ese marco, el establecimiento permanente de dos destructores estadounidenses adicionales (a los cuatro existentes) en la base de Rota, para el fortalecimiento del escudo antimisiles. Queda pendiente la aprobación parlamentaria. Los socios de gobierno y parlamentarios del Partido Socialista ya han anticipado su voto negativo. Afortunadamente, la oposición encabezada por el Partido Popular ya ha confirmado su voto favorable, en un claro ejercicio de responsabilidad y sentido de Estado.

Es cierto que en la fase final del gobierno de Rodríguez Zapatero se ofreció a EEUU aumentar la presencia militar en la base de Rota, y que hubo una cierta mejora durante el gobierno de Mariano Rajoy. Pero, el hecho de que llegara Donald Trump a la Casa Blanca no solo no ayudó sino que empeoró las cosas (con España y, en general, con los aliados occidentales).

La declaración bilateral de 2001 posibilitó que el primer viaje a Europa del nuevo presidente Bush empezara por España, en una visita bilateral de gran profundidad, algo que no había sucedido antes. Ahora se ha producido, por primera vez en las dos últimas décadas, en el marco multilateral de la Cumbre de la OTAN.

Vamos en la buena dirección. Ojalá se pueda ir más allá y el claro compromiso de España con la OTAN o el cambio repentino –poco explicado y pésimo en las formas– de la posición española sobre el Sáhara han podido contribuir a restablecer una mínima confianza. Pero la política exterior, la credibilidad y la confianza se construyen paso a paso, con perseverancia y coherencia. Para ello, debe consensuarse con el principal partido de la oposición y alternativa de gobierno, y en el marco del Parlamento.

Si no se hace así, todo podría resultar, de nuevo, un intento fallido. Y no nos lo podemos permitir. La fiabilidad y la confianza cuestan mucho construirlas, pero perderlas puede ser muy rápido. Que la Cumbre de la OTAN, organizativamente muy exitosa para España, no sea flor de un día. Deben mantenerse los compromisos asumidos de forma leal y firme, así debe exigírsele también a la alternativa de Gobierno. Sobre su posición, afortunadamente, no tengo la menor duda.

Jactancia armada y falacias

EDITORIAL (10.05.2022)

Las falsas excusas de Putin para la guerra confirman que un autócrata no necesita pruebas para presentar sus actos como inevitables

La conmemoración del Día de la Victoria de la URSS frente a la Alemania nazi se anunciaba inquietante como el momento elegido por Vladímir Putin para celebrar un triunfo definitivo en Ucrania, declarar la guerra con la movilización de reservistas o dar paso al empleo de armas nucleares tácticas. Nada de eso ocurrió ayer. El autócrata del Kremlin volvió a apropiarse de tan señalada fecha haciendo de su régimen la síntesis entre el pasado soviético y el poder acumulado tras su caída, y reduciendo el sacrificio que entre otros realizaron millones de ucranianos al blandir la bandera rusa. Aunque esta vez renunció a justificar la pretendida invasión de Ucrania por el nazismo y el genocidio que encarnaría el Gobierno de Kiev para ofrecer la enésima versión de su sinrazón: que Occidente atacaba a Rusia en el territorio que considera propio del Donbás y Crimea.

Las dictaduras no necesitan argumentos probatorios para explicar la inevitabilidad de sus actos, por crueles que sean estos. Los portavoces del Kremlin van desgranando sus supuestos motivos en la seguridad de que la mayoría de sus súbditos no osarán mostrar públicamente su escepticismo y mucho menos su oposición a una «operación militar especial» de la que Putin insistió ayer en que proseguía sobre los planes previstos. El mensaje no resultó precisamente victorioso. Pero vino a dar por sentado que el Donbás forma parte de la «tierra rusa». Como si, ante las dificultades por hacer efectiva su ocupación por la fuerza, Putin volviese a dibujar una patria expansiva por naturaleza, de manera que toda resistencia a sus pretensiones se convierte en agresión.

El régimen de Moscú es un sistema sin contrapesos, capaz de hacer un uso ilimitado de la anulación de derechos básicos y de la falacia. Ayer hizo desfilar por la Plaza Roja ingenios a los que se les supone una capacidad destructiva atroz, pero que parecían inermes. Ucrania, los aliados de la OTAN y de la UE están poniendo en evidencia el poder militar ruso. Será muy difícil que el Kremlin pueda alcanzar una victoria significativa e irreversible sobre Ucrania, a la que Putin ni siquiera nombró, aunque, en contraste con la endeblez de su jactancia armada, Rusia se está mostrando más correosa ante las sanciones económicas porque los países democráticos siguen siendo en mayor o menor medida dependientes de sus fuentes de energía. Pero la ventaja rusa irá desvaneciéndose a pesar del oportunismo doméstico al que se aferra su líder.

LA AMENAZA NUCLEAR DEL PRESIDENTE PUTIN- 1º Ciclo AEME de 2022

 La disuasión nuclear fue concebida para  evitar una conflagración mundial, pues el Mundo, tal y como lo concebimos, sería sacrificado seguramente. Desde entonces las potencias que poseen armas nucleares, y que las incluyen en sus Estrategias de Seguridad Nacional, han tratado de desarrollar cargas y vectores portantes que de algún modo facilitaran su  inclusión en el seno de un conflicto generalizado, sin renunciar al carácter disuasivo de tales armas, pues tanto un sistema como otro de inclusión podría producir la temible escalada.

   De lo que no debe quedar duda es de que el desencadenamiento del fuego nuclear por una potencia en conflicto generalizado se produciría cuando la existencia de la Nación iniciadora se viera en extremo comprometida por las acciones del adversario, pues cuando se dotó de armamento nuclear lo hizo seguramente por ese motivo, la causa suprema, la existencial; curiosamente esta es una reflexión que ha sido aducida por el propio Presidente Putin en la actual guerra que enfrenta a Rusia y Ucrania, tras la invasión de esta última por la primera.

   Los intereses vitales de una Nación forman parte de sus intereses nacionales, pero aquellos son tan exclusivos que determinan la existencia misma de la colectividad organizada a la que llamamos Estado; sin ellos desaparecería la necesidad de continuar con la vida nacional, al menos esa es la concepción subjetiva del propio Estado, potencialmente agredido, por la  que “su  privación o violación materializa el umbral de franqueamiento crítico más allá del cual el defensor estima que su supervivencia estaría irremisiblemente comprometida”. (Politologie de la Défense Nationale. Henri Pac. Masson. Pag.68).

   En otro orden de cosas, esta concepción nacional referida, este estado subjetivo puede no ser compartido por el otro protagonista de la disuasión, dado que aquella anida en un sentimiento, en una percepción, que nada tiene que ver con aspectos estratégicos, estos últimos muy ligados al propio territorio, a los objetivos fundamentales del país objeto, solo ellos justificarían una reacción nuclear pues su conquista supondría la derrota,  he ahí la clave de la disuasión.

   Por lo tanto podemos admitir, y los pensadores en torno a la disuasión así lo hacen (Politologie de la Défense Nationale), que existen dos concepciones sobre el verdadero sentido de los intereses vitales como límite para desencadenar, en este caso, una respuesta nuclear; el primero es una percepción nacional y el segundo es meramente estratégica, al estilo de Clausewitz.

   Yendo al caso del actual escenario de la guerra entre Rusia y Ucrania, y dentro de las dos hipótesis de la concepción del interés vital, es necesario encajarlas en las sucesivas amenazas nucleares del Presidente Putin, antes y a lo largo de lo que él llama “operación especial” en Ucrania, por otra parte incontestadas por el país agredido que además no posee armas nucleares, y que van dirigidas claramente a la Organización Atlántica, para disuadirla de actuación a favor del país ucraniano, por otra parte inverosímil pues la OTAN es una organización internacional que actúa por consenso, a 30 países, de los que solo 3 poseen armas nucleares con sus propias políticas de empleo. Distinto es que estos países nucleares pongan sus armas de este tipo a disposición de la Alianza, en las condiciones que se determinen en su Comité de Planes de la Defensa, en su planeamiento nuclear, aspectos que se deberán aprobar en sus órganos de gobierno al más alto nivel; en cualquier caso, y según los mismos teóricos, la OTAN estaría ya, con la situación actual, en una guerra disuasiva con la Federación Rusa.

   En el caso de las armas nucleares de Francia, su concepto de empleo no prevé la cesión de la decisión de su desencadenamiento pues su doctrina es muy rigurosa al respecto, fomentando su propia autonomía estratégica; además el país galo renuncia al concepto de escalada, pues el desencadenamiento de su respuesta nuclear se produciría cuando “sus objetivos vitales” estuvieran en grave peligro; por ello las armas nucleares tácticas, los antiguos Regimientos Plutón, fueron suprimidos, los misiles de la Meseta de Albión, en Provenza, igualmente, y sus fuerzas convencionales tendrían también, en ambiente de guerra abierta, la finalidad de determinar, marcando al enemigo, cuando esos intereses vitales estarían en serio peligro. Sin duda que sus armas han estado “apuntadas” a la Federación Rusa, sirviendo de elemento importante de incertidumbre, en relación con la estrategia OTAN, para el cálculo disuasivo de la ex URSS.

   El Presidente Putin esgrime, como umbral de empleo del armamento nuclear, razones existenciales de la Federación Rusa, es decir que se ponga en entredicho o se amenace gravemente la existencia de la Federación, aspecto que sitúa los intereses vitales de Rusia en una mera percepción subjetiva, en un relato que proviene del momento del hundimiento y desarticulación de la antigua Unión Soviética, y que se basa en la no aceptación, de hecho, de los acuerdos de Paris de 1990, implementados, aceptados y rubricados por los representantes oficiales de la entonces Unión Soviética.

   En este sentido, su pretensión es el cambio del orden internacional actual, perjudicial para la Federación Rusa en su opinión, cuando nunca en estos 70 últimos años había sido tan floreciente, incluso podría haber sido hasta democrática, si hubiera respetado los patrones de la misma, la alternancia política, el respeto a la oposición, la separación de poderes y la lucha contra la corrupción.

   Su pretendida amenaza existencial proviene de una reflexión que supone que las Organizaciones Internacionales, la OTAN y la UE, tienen por finalidad la amenaza a la Federación y su fin, simplemente porque las Naciones limítrofes quieren decidir su propio futuro de seguridad, soberanamente; en ningún caso la Organización Atlántica y mucho menos la UE, per se, representan un peligro existencial para los rusos, sino un convencimiento de que no quieren ser regidos por gobiernos autocráticos después de las experiencias recientes y antiguas; las minorías rusófonas en su “extranjero próximo” son frecuentes, con otras etnias, en muchos países del Mundo, merced a delimitaciones administrativas y descolonizadoras, cuando en la antigua URSS, en ocasiones, eran consecuencia de sus “progromos”, como en Ucrania.

   La disuasión que sobre la Alianza Atlántica está ejerciendo el Presidente Putin, con sus advertencias referentes al posible empleo de armamento nuclear, no puede ser concebida por Occidente si este y sus acciones no representan un grave peligro de carácter estratégico, como es la conquista o neutralización de objetivos específicos que supongan un peligro existencial, vital, para la Federación Rusa, y este no es el caso; la ayuda militar y financiera, a un tercer país, invadido, en francas condiciones de inferioridad, flagrantes si se quiere, con amplias repercusiones europeas, la ha venido practicando, secularmente, lo que hoy es la Federación Rusa, en teatros de Oriente Medio y Próximo, y en el Indo-Pacífico para apoyar a regímenes anti occidentales y opuestos.

   Putin está prácticamente solo, con adeptos más que consejeros, con la calle secuestrada y en un gran aislamiento internacional, y económicamente constreñido. Su Doctrina Militar vigente, y en general la consuetudinaria desde que posee el arma nuclear, admite el “primer uso” del arma nuclear, para ello dispone de la Triada en este tipo de armamento, y no es en absoluto extraño que pudiera emplear armamento nuclear táctico, para resolver sus problemas operacionales en Ucrania, por ello tiene su despliegue listo, de Iskander-M, por ejemplo, de hasta 500 kms. de alcance con la doble capacidad, pero su empleo más probable sería en algún objetivo adecuado en Ucrania, o como demostración de su resolución en este conflicto, pero no en el Occidente “otanizado”, pues allí su disuasión no funcionaría, pues no hay ningún interés vital, estratégico, amenazado por la Organización Atlántica.

   Diferente sería predecir la reacción de la OTAN ante ese empleo nuclear en Europa, que abriría una etapa de extraordinaria tensión , y posiblemente una escalada de empleo de este tipo de armas, empezando por un despliegue de nuevos vectores que recordaría” la crisis de los misiles de los años ochenta” y sus repercusiones para la seguridad mundial, en un momento donde la vacuidad reina, por la ausencia de tratados y medidas de confianza, todos ellos en suspenso, y con un START negociado con prisas.

                                                                                GENERAL DE DIVISION (Rdo)

                                                                                RICARDO MARTINEZ ISIDORO

                                                                                Miembro de AEME.      18.04.22 

LA GUERRA EN UCRANIA, LECCIONES APRENDIDAS

F. Javier Blasco, coronel (r) 4 de abril de 2022

Transcurridos cuarenta días desde el inicio de la invasión, tiempo en el que han ocurrido muchas cosas y casi ninguna tal y como era de esperar, parece que nos enfrentamos a una posición en la que, tras desastres, desolación y muerte, una vez puestas las cartas sobre la mesa y agotados ambos bandos por los intensos combates y los problemas para alimentar la batalla, ya no queda más remedio que avocarse a una dura y puede que peligrosa negociación.

Desde luego Putin no ha ganado esta guerra, ni tampoco Zelenski; ha sido una guerra de desgaste; de momento corta en el tiempo, pero demasiado cruda, fratricida y bastante inhumana sobre el terreno y en la realidad humana.

Guerra en la que las poco instruidas, no muy bien armadas y bastante mal dirigidas, aplastantes y mayoritarias fuerzas rusas se han enfrentado, de nuevo, a la cruda realidad de lo que supone la alta moral de combate del adversario, que entorno a un inusitado líder, defiende su territorio con todo, si fuera preciso.

Ucrania, sola y más o menos abandonada por la cínica, acomodaticia y cuasi silente Comunidad Internacional (CI) y con unos pocos recursos que les han ido llegando a sus manos, ha sabido aprovechar otras formas y métodos de combate que le han ofrecido su voluntad de vencer a toda costa y las nuevas tecnologías; aspectos, que se han mostrado tanto o más eficaces que la honda de David, para derribar a Goliat.

Drones simples, de bajo coste, fabricación casera o comprados a Turquía y operados a corta distancia, han sido capaces de destruir carros de combate de alta tecnología y buen grado de auto protección. La invasión de las redes por auténticos y aficionados hackers, no sólo han valido como herramientas de inteligencia, sino que han puesto en jaque las redes de mando y control rusas y los sistemas de detección, control de movimientos y de aprovisionamiento en las grandes empresas estatales o particulares, relacionadas con su logística militar.

Rusia sigue sin aprender a analizar bien los factores de la decisión, ni antes de iniciar el conflicto, en los primeros momentos de la invasión ni ahora para propiciar los grandes cambios en su estrategia a tan solo pocas fechas de entablar los duros combates.

La logística rusa sigue siendo un gran hándicap; no han aprendido nada tras sus dolorosas y nefastas intervenciones en diferentes y complicados conflictos. Fue su tumba y lo será en gran parte de este conflicto, si es que acaba con la balanza en su contra. Ello ha paralizado la alimentación de la maquinaria de guerra y ha dejado vacíos los estómagos de sus tropas que, obligados a comer raciones caducadas de fecha, han tenido que recurrir a la explotación local, con los riesgos de sabotajes y envenenamiento que ello supone.

Las fuerzas expedicionarias extranjeras desplegadas para el combate a modo de mercenarios, han servido para el establecimiento de una política de revancha, brutalidad y de difícil limpieza o expulsión del país el día de mañana.

La política de tierra quemada, tiene muy grandes y graves consecuencias inmediatas y también a medio y largo plazo, dado que muchas de las ciudades han quedado arrasadas, llenas de minas, trampas, y cadáveres en fosas individuales y comunes por todas partes, lo que, por un lado, pondrá en grave peligro la movilidad en la zona y por otro, la salubridad a nada que el tiempo cambie a temperaturas más altas.

Las masacres de civiles apreciadas ayer en ciudades abandonados por los rusos son fruto de su mala formación militar, el desprecio a la legislación humanitaria y la desesperación o rabia individual y colectiva, al verse obligados a retirarse, sin presión militar que les obligue a ello, cuando tantas bajas les costó conquistarlos.

Masacres y crímenes de guerra, que en el argot militar ruso se conoce ‘zachistka’ desde que se empleó masivamente en Chechenia; que forzosamente, no se pueden ocultar y que deberían ser juzgados por tribunales internacionales, aunque dudo mucho, que algún día, el máximo responsable, Putin se siente en un banquillo para responder por dichos cargos.

Guerra de Ucrania

La destrucción casi total de varias ciudades enteras ha provocado la emigración masiva de sus ciudadanos, quienes pueden cambiar de pensamiento, con respecto a su deseo inicial de regresar cuanto antes, lo que producirá una gran pérdida de la mejor y más preparada sociedad ucrania.

Reconstruir el país no será tarea fácil; al contrario, será muy costosa y Ucrania no podrá afrontar los costes que ello supone. Pensar que será Rusia la obligada por la CI, es de momento, algo falaz o utópico. Sin duda, tanto EEUU como la UE deberán sufragar diversos planes de recuperación y reconstrucción casi total del país, porque su industria y comunicaciones también han resultado extremadamente afectadas.

Los reiterados y elocuentes discursos -apoyados en masivas videoconferencias- de Zelenski a los parlamentarios de los países más importantes de occidente no han servido para mover ninguna conciencia individual o colectiva; a lo sumo, para propiciar más, cautelosos y mejores apoyos de material de combate; pero en nada para avanzar en las pretensiones políticas y de alianzas de Ucrania.

El efecto CNN a modo de un seguimiento en directo de los combates, actuaciones y decisiones adoptadas durante esta guerra, ha sido aprovechado por ambos bandos para realizar una buena inteligencia sobre las redes abiertas (OSINT); tanto que, en algunos momentos, ha habido que parar los pies a la mucha información, veraz o no, lanzada por todos los medios, noticiarios y redes del mundo.

La CI sigue adoleciendo de una gran falta de planificación previa, sincronización, despliegue de medios rápidos, capaces y efectivos, así como de normas y procedimientos adecuados para la extracción, el acompañamiento, el trato, manejo, la transferencia de responsabilidades y la acomodación final de los refugiados que este tipo de conflictos bélicos producen de forma masiva y sin solución de continuidad.

Una vez más el tema de los refugiados ha recaído en la decisión política, en los propios medios y las pocas o muchas capacidades de apoyo de los países fronterizos para llevar a cabo la aceptación de incontroladas avalanchas de personas, muy jóvenes y mayores. Agravado en este caso, por llegar masivamente sin apenas acompañamiento masculino realmente servible, por la movilización general de los varones ucranios. Situaciones desbordadas desde el principio, que han propiciado, a pesar de las advertencias, la trata de blancas y el fomento de la prostitución hasta en países muy lejanos al conflicto.

La primaria y natural tendencia a recoger y enviar por cualquier medio, sin orden ni concierto, ropa usada y todo tipo de enseres, víveres, y productos útiles para los refugiados; una vez más, ha inundado, los campos o centros de acogida; ha llegado mínimamente a quien la pueda utilizar y, finalmente supone un engorro o, lo que es peor un negocio futuro para la segunda mano de quienes no han sufrido las consecuencias de la guerra.  

El resultado final del conflicto dependerá de la capacidad, voluntad de presión y de sincronización de las grandes potencias que apoyan a uno u otro bando con especial atención a China y la India, así como del porcentaje y el valor de los objetivos alcanzados cuando se sienten realmente a negociar.

Es de destacar, de nuevo, el papel intermediario de Turquía en este conflicto; papel, que ya arrancó hace años de la mano rusa en el conflicto sirio. Con ello, parece pretenderse, aumentar la consideración internacional de Erdogan y, en parte, desplazar a EEUU, tradicionalmente hegemónico en estas lides. Sorprenden bastante la ambigüedad de Israel desde el comienzo del conflicto y la negativa de los ‘amigos árabes’ a secundar los intentos de Biden para paliar los efectos de la carestía de los carburantes.  

Increíblemente, las tropas rusas, sin ser forzados a ello, han caído en el grave riesgo sanitario que producen las zonas contaminadas con alta radiación nuclear, cuando se entra y permanece en ellas durante largos periodos de tiempo y sin los apropiados equipos de protección individual y colectiva.

Es muy vergonzoso que, mientras todo esto ocurre, y particularmente por parte de la UE, salvo honrosas y anecdóticas excepciones, se sigan comprando a Rusia materias primas como crudo, gas e incluso minerales como el aluminio, propiciado fundamentalmente por la codicia y necesidad de Alemania para no parar sus producciones.    

Con independencia del grado de participación e intervención militar de la OTAN y la UE, esta guerra ha valido para volver a levantar las orejas y elevar el grado de atención porque el lobo, sigue ahí fuera, llamando a nuestras puertas ansiando comerse débiles e indefensas presas.

Por ello, una Alianza, que estaba a punto de ser casi desmantelada o quedar en algo residual, vuelve a coger brío tal y como se verá en la próxima Cumbre de Madrid, donde se reflejará que obligatoriamente deberá cambiar de tono, intensidad y timbre su discurso y recuperar su radicalidad. Son ya muchos los países que han declarado su firme propósito de aumentar, en mucho, sus gastos en defensa.

Igualmente, sucede en el seno de la UE; una vez más, ha vuelto a ponerse de manifiesto, que la capacidad de influencia e intervención militar de la Unión fuera de sus fronteras y en defensa de sus miembros es casi nula y, que los esfuerzos e iniciativas hasta el momento en dicho aspecto, han sido tan solo unos parches para tenernos entretenidos e incluso engañados con algo, que nunca ha servido para nada.  

Quede como quede o finalice esta guerra, Rusia saldrá muy mermada en su capacidad de relación, intercambio y reconocimiento internacional en todas las esferas imaginables: políticas, económicas, industriales y de tipo social. Internamente, las protestas, inicialmente minoritarias, por mucho que las pretendan ocultar y acallar, pueden llevar a provocar un cambio importante en la sociedad rusa y por consiguiente, en su liderazgo político.

Svetlana Tijanóvskaya, líder de la oposición «Bielorrusia es un ‘coagresor’»

La premio Sajárov cree que su país no se ha sumado a la invasión de Ucrania porque los militares no aprueban la operación militar.

El destino de Bielorrusia está muy ligado al de Ucrania». Svetlana Tijanóvskaya, líder de la oposición democrática bielorrusa exiliada en Lituania tras las fraudulentas elecciones de agosto de 2020, vencidas por el dictador Alexander Lukashenko con el 80% de los votos, considera que la invasión rusa de Ucrania puede abrir «una oportunidad para liberarnos del régimen». En una entrevista por videoconferencia con este diario, Tijanóvskaya, galardonada en 2020 con el premio Sajárov del Parlamento europeo junto al resto de la oposición bielorrusa, considera que su país no se ha sumado a la invasión de Ucrania porque los militares no aprueban la operación militar. Incluso no descarta que haya un golpe de Estado del propio Ejército contra Lukashenko.

–¿Por qué Bielorrusia no se ha sumado a la invasión? ¿Cree que Vladímir Putin no se lo ha pedido a Lukashenko o éste se negó?

–Bielorrusia está desde el primer día implicada en la guerra al haber permitido que tropas rusas entraran en nuestro territorio. Bielorrusia es un ‘coagresor’. Hace dos semanas se pensaba que Lukashenko iba a ordenar que sus soldados se unieran, pero algo cambió. Sabemos que hay una amplia oposición entre los militares. No entienden por qué se lucha contra nuestros hermanos ucranianos, de los que hemos sido siempre compañeros, amigos y hermanos. Lukashenko puede haber querido que los soldados bielorrusos participen para pagar la deuda que tiene con Putin tras el apoyo recibido en las fraudulentas elecciones de 2020.

–¿No tiene entonces tanto poder como puede pensarse?

–Lukashenko es un presidente ilegítimo. No ha sido elegido por la gente, aunque por medio de presiones y amenazas se mantiene. Pero el Ejército es un gran poder en sí mismo y no estaba seguro de que fuera a seguirle si se embarcaba en la invasión de Ucrania, lo que podría haberle puesto en una posición difícil.

–¿Qué impacto tiene la guerra en la población de Bielorrusia?

–La mayoría de la gente está en contra. Somos hermanos de los ucranianos y no la entendemos. Un reciente informe del Chatham House dice que solo el 3% apoya a Rusia en este conflicto. Inclusos los simpatizantes de Luka¬shenko rechazan la invasión. Muchos bielorrusos han cruzado a Ucrania para luchar contra los invasiones. Incluso se ha creado un batallón en el Ejército ucraniano. Los demócratas estamos trabajando como partisanos. Además de quienes combaten sobre el terreno, se han lanzado ciberataques para dificultar el movimiento de las tropas rusas. También se han saboteado las conexiones ferroviarias con Ucrania para ralentizar la invasión.

«Posición muy débil»

–¿Cómo afectará la guerra a la posición de Lukashenko?

–Es evidente que su posición es muy débil. Ha perdido incluso el control del territorio, que está lleno de militares rusos y dudo que sepa cómo mandarlos de vuelta si no lo quiere el Kremlin. Luka¬shenko no tiene el apoyo de la población ni del Ejército, ni tampoco comunicación con los países occidentales. Su única oportunidad es ver cómo va la guerra y en qué parte le conviene estar al final. Cuando empezó la invasión estaba con Putin, pero conforme resultó evidente que los ucranianos luchaban, comenzó a decir que estaba a favor de la paz. Pero no dijo nada de que desde nuestro territorio los rusos están bombardeando hospitales.

–¿Cómo puede desarrollarse la relación entre Putin y Lukashenko?

–Ha ido variando según las necesidades de cada uno. Habrá que ver cómo se resuelve la situación en Ucrania y si Putin entiende que necesita cambiar a Lukashenko. Es algo posible, pues las tropas rusas ya están en Bielorrusia.

–¿Se abren nuevos escenarios para su país con la guerra?

–Los bielorrusos que luchan al lado de los ucranianos cuando vuelvan pueden liberarnos del régimen. Pueden dar un impulso a nuestra revolución, que hasta ahora se había desarrollado de manera pacífica y democrática. Quién sabe si el Ejército escuchará a esos voluntarios y se sumará a una lucha para tener elecciones libres.Postura occidental

La UE no debe pensar en un nuevo ‘telón de acero’, sino mostrar que la democracia se puede defender»

–¿Cree posible un golpe de Estado de los militares?

–Puede ser uno de los escenarios, quién sabe. Nuestra tarea es crear múltiples puntos de presión al régimen para que entienda que la gente no cede y está preparada para luchar por unas elecciones libres y por la liberación de todos los prisioneros políticos. Estoy convencida de que Ucrania va a salir victoriosa de esta guerra, lo que ayudará a mostrar la ilegitimidad de Lukashenko. El destino de Bielorrusia está ligado al de Ucrania.

–¿Tiene la maleta preparada para volver a Bielorrusia?

–Siempre estoy preparada para volver a Bielorrusia, incluso sin maleta.

–¿Qué le pide a los países occidentales?

–Que en medio de esta horrible guerra no se olviden de Bielorrusia. Es importante apoyar a la sociedad civil de mi país en su lucha contra la dictadura, y mantener y hacer que se cumplan las sanciones a Lukashenko. La UE no puede ser amable con los dictadores ni tampoco pensar en un nuevo ‘telón de acero’, sino mostrar que la democracia se puede defender por ella misma en países que quieren ser democráticos, como Ucrania y Bielorrusia.

https://www.diariosur.es/internacional/bielorrusia-coagresor-20220331192953-ntrc.html

La respuesta de África a la invasión de Ucrania

24 marzo 2022Alba Vega Tapia,  Anastasia Herranz Lespagnol Categoría: África Artículos Economía Geopolítica guerra UcraniaRusia Ucraniarusiaafrica

El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, recibe a la ministra de Asuntos Exteriores de Sudán, Mariam Al-Mahdi, antes de su reunión en Moscú, Rusia, el 12 de julio de 2021. (Ministerio de Asuntos Exteriores ruso / Handout/Anadolu Agency vía Getty Images)

¿Pudo influir la creciente presencia de Rusia en algunos países africanos en la reacción y posicionamiento de estos ante la invasión de Ucrania?

Entonces Putin ordenó la invasión de Ucrania. El 24 de febrero, se cumplieron los peores —e inesperados, para muchos— augurios: la fuerza militar rusa, por mar y tierra, inició su gran ofensiva sobre territorio de soberanía ucraniano, dejando a su paso muerte y destrucción. La reacción de condena de la comunidad internacional fue inmediata y pronto la cuestión llegó a las Naciones Unidas. Sin embargo, el derecho de veto de Rusia impidió que el Consejo de Seguridad aprobase una resolución de condena, pero no pudo evitar que esta propuesta —presentada por Francia y Albania— llegase a la Asamblea General de la ONU —convocada en una sesión de emergencia— para someterlo a la consideración de todos los Estados miembros.

Allí, el pasado 2 de marzo y en una votación histórica, los 193 miembros de las Naciones Unidas votaron la resolución de condena: 141 a favor, 5 en contra —Bielorrusia, República Popular Democrática de Corea, Eritrea, Federación Rusa y Siria—, 35 se abstuvieron (entre ellos, China) y, por último, 12 se ausentaron del plenario para no ejercer su voto. Por tanto, una mayoría abrumadora de Estados soberanos acordaron exigir que Rusia ponga fin al uso ilegal de la fuerza en Ucrania y retire incondicionalmente todas sus tropas de suelo ucraniano.

África y la invasión de Ucrania

Sin embargo, si miramos con detalle a la votación de los países africanos, llama la atención el resultado, que refleja la disparidad y la diferencia de intereses en el continente: 28 votaciones a favor y una en contra; 17 abstenciones, algo más de la mitad del resultado global (35); 8 ausencias, la amplia mayoría del resultado global (12).

¿Qué subyace bajo este posicionamiento de África ante la invasión rusa?

Varios argumentos pueden responder a esta pregunta. Cada Estado africano es soberano para tomar sus decisiones; y detrás de ellas subyacen distintas razones de índole interno y también internacional. La presencia de EE UU, Francia o Reino Unido en el continente es muy significativa, pero también —desde hace décadas— la de China y Rusia. A tenor de los resultados de la votación en Naciones Unidas, todo indica que el bloque no occidental ha influido en gran medida en las decisiones de África. Por otro lado, sus vínculos con la Unión Europea tampoco han logrado un impacto representativo en los votos africanos contra la invasión de Ucrania. Con todo, y como factor de futuro, sería conveniente repensar la fortaleza de las relaciones de Occidente con la región.

Sin duda, el interés y la presencia de Rusia en África parece haber revivido en los últimos años. Aunque desde la descolonización, la URSS comenzó a estrechar lazos con varios países a través del apoyo a movimientos de liberalización colonial. El colapso soviético limitó su influencia internacional. El interés ruso por el continente africano se ha tornado más evidente desde el comienzo de este siglo.

Así, en los últimos años, Rusia ha acrecentado su presencia en África en el ámbito económico, comercial, diplomático y, fundamentalmente, militar; hasta convertirse en un socio clave para muchos países del continente. En la actualidad, es una potencia emergente en la región, aunque su influencia está muy alejada de otros países tradicionalmente presentes en la zona, como Francia, EE UU o China.

No obstante, esta creciente influencia parece coincidir en un momento en el que la relación de muchos países africanos y sus socios occidentales tradicionales no pasa por su mejor momento. Así muestran las numerosas narrativas y manifestaciones antioccidentales —principalmente antifrancesas— en diversos países. A esto se le añade el deslucido papel que ha jugado África Subsahariana en la política exterior estadounidense durante el mandato del presidente Donald Trump, y el atractivo que países como Rusia y China —principalmente por la falta de condicionalidad de sus acuerdos con principios como la transparencia, el respeto de los Derechos Humanos o la lucha contra la corrupción— suponen para gobiernos africanos aislados o sancionados por la comunidad internacional.

En su expansión africana, Rusia ha aumentado sus flujos comerciales de manera progresiva, como muestran los datos del Fondo Monetario Internacional, y la presencia de sus empresas cada vez más notoria, principalmente en actividades extractivas de minerales y piedras preciosas, así como de recursos energéticos y proyectos en el sector de la energía nuclear, en el que Rusia es dominante a nivel mundial. En materia militar, la relación con África data, en muchas ocasiones, de la época de la extinta URSS. Hoy, Rusia es el principal proveedor de armas al continente, por delante de China, Francia o EE UU: un negocio que representa el 44% de las importaciones totales de armas del continente. Mención aparte merecen las diferentes operaciones y campañas de desinformación rusas o de entidades asociadas en diferentes países de la región, ligadas fundamentalmente con redes de cuentas falsas y medios estatales.

Abstención de los países africanos y su relación con Rusia

Como se ha referido, tan solo un país africano votó en contra de la resolución de condena: Eritrea, la dictadura más férrea y longeva de África. La alianza de este país del Cuerno de África con Rusia es larga y sólida y se basa —en primer lugar— en que ambos tienen a Estados Unidos como su principal enemigo. Sin embargo, también resulta oportuno repasar, aún de forma somera, las relaciones bilaterales de Rusia con los países que se abstuvieron.

Angola. El ámbito militar ha sido el área tradicional de cooperación, que se ha diversificado especialmente hacia la industria extractiva de piedras preciosas y el sector energético. En 2019, firmaron acuerdos en materia de minería de piedras preciosas, defensa, producción de gas y petróleo o agricultura. Alrosa —gigante minero ruso— controla casi el 33% de las acciones de las minas de diamantes de Catoca, la 4ª más grande del mundo.

Argelia. Rusia es el principal proveedor de armas de Argelia y este, a su vez, es el primer país africano comprador de bienes rusos. En el ámbito energético, la empresa gasística rusa Gazprom está implantada en Argelia desde 2006. Asimismo, ambos han firmado acuerdos en materia nuclear para, entre otros objetivos, construir una central en suelo argelino.

Burundi ha sellado con Rusia acuerdos de cooperación en temas económicos, comerciales, humanitarios y políticos. Rusia, al igual que China, se ha presentado como una alternativa a los países occidentales mientras las sanciones de la UE y EE UU contra el gobierno burundés estuvieron vigentes. Entonces se forjaron varias alianzas, principalmente militares, pero también bancarias y de inversión. Hace menos de un año, Burundi firmó un acuerdo en materia nuclear con la empresa rusa Rosatom.

República Democrática del Congo. Desde hace décadas, Rusia es socio principal en materia económica y militar. Hace menos de un año entró en vigor su último acuerdo de cooperación militar que, entre otros asuntos, permite a Moscú enviar especialistas para formar a militares y que sus aviones y buques de guerra hagan escala en el Congo.

El logotipo de Rosneft mostrado en la pantalla de un teléfono. (Ilustración fotográfica de Jakub Porzycki/NurPhoto vía Getty Images)

Guinea Ecuatorial. Ambos tienen acuerdos de cooperación económica y la compañía geológica líder de Rusia, Rosgeo, ha firmado contratos para la exploración de recursos minerales e hidrocarburos. En el ámbito militar,  además de adquirir armamento ruso, permite a la Armada rusa disponer de las instalaciones de dos de sus puertos.

Madagascar. Gracias a su sólida relación, cooperan en el campo militar y económico, donde empresas rusas explotan minas nacionales. Durante las elecciones presidenciales de 2019, Rusia desplegó una intensa campaña de desinformación en apoyo al actual presidente del país, que negó cualquier vínculo con Moscú. Según la UE, existen evidencias sobre la presencia de Wagner en el país.

Malí. En 2021, según denunciaba Francia, los mercenarios de Wagner llegaron a Malí. Tras dos golpes de Estado, la junta militar parece preferir el apoyo ruso en la lucha contra el terrorismo antes que mantener su vinculación con Francia. Según el gobierno maliense, se trata únicamente de acuerdos de cooperación militar con Moscú para adquirir equipamiento y formación, aunque parece probable el acceso de Rusia a varias minas malienses.

Mozambique. Su cooperación militar y energética con Rusia se ha reforzado tras el hallazgo de ingentes reservas de gas natural en las costas septentrionales. En la actualidad, la empresa rusa Rosneft explota estas reservas, mientras se multiplican los inversores y empresas rusas interesadas en el campo energético y geológico del país. Por otro lado, la UE y organizaciones humanitarias sostienen que mercenarios de Wagner se están desplegando en Mozambique.

Namibia es uno de los principales países productores mundiales de uranio y mantiene acuerdos con Rusia, además de una potente cooperación económica. La empresa rusa Uranium One, propiedad de Rosatom, está en proceso de prospección de metales raros en Namibia.

República Centroafricana. Desde hace años, mercenarios rusos están presentes en este país africano, como denuncian Naciones Unidas y la UE. De hecho, muchos informes recogen violaciones sistemáticas de los derechos humanos de la población por parte de los milicianos de Wagner.

Senegal, que actualmente preside la Unión Africana, mantiene relaciones económicas y comerciales con Rusia. En los últimos años, el volumen de sus intercambios comerciales ha crecido exponencialmente, en concreto en el sector petrolero.

Sudáfrica. Destacan especialmente los acuerdos en el ámbito de la energía nuclear: la capital, Johannesburgo, acoge la sede regional de la empresa estatal rusa Rosatom, donde también está la sucursal africana de Gazprombank —tercera institución financiera más importante de Rusia—. Involucrada, además, en proyectos energéticos (petróleo y gas) y mineros en África.

Sudán. El dictador Omar Al Bashir, ahora encarcelado, forjó una estrecha alianza militar, comercial y energética con Moscú, que le brindó una alternativa frente a las sanciones occidentales. Asimismo, firmaron un acuerdo para la instalación de una base naval rusa en el país. Tanto la UE como Naciones Unidas han denunciado la presencia de Wagner. Tras el derrocamiento del dictador en 2019 la influencia rusa fue disminuyendo, pero se ha rehabilitado tras el golpe de Estado de 2021.

Sudán del Sur se ha convertido en un polo de inversión para países como India, China o Rusia, debido esencialmente a sus reservas de petróleo, su posición geoestratégica y las posibilidades de desarrollo económico. Así, en los últimos años Moscú ha incrementado su cooperación con el país. En 2016, firmaron un acuerdo de cooperación técnico-militar. También se ha incrementado su relación bilateral en materia energética, económica y comercial.

Tanzania. En la actualidad, los principales vectores de cooperación son el sector militar, la energía nuclear y el ámbito educativo-cultural, con profundas raíces en la sociedad y la élite tanzana. El cono sur de África se ha convertido en objeto estratégico primordial de Moscú para la exportación de su industria nuclear, que se ha materializado en diferentes acuerdos de cooperación, así como de extracción y exportación de las reservas tanzanas de uranio. Asimismo, y según diferentes medios e investigadores sudafricanos, la presencia de mercenarios de Wagner en el país es una realidad.

Uganda mantiene acuerdos militares y nucleares con Rusia. Hace menos de un año, ambos países firmaron uno para reforzar su cooperación económica.

Zimbabue, sobre el que recaen sanciones de la UE, ha desarrollado una extensa relación con la industria rusa de defensa, así como en el ámbito de la energía nuclear y minería (diamantes y platino).

La fuerte presencia de Rusia en los Estados africanos incluidos en esta lista está constatada, así como su relación bilateral con aquellos que se abstuvieron de condenar la invasión de Ucrania. Como en otros muchos ámbitos, está por determinar la evolución y la influencia de este escenario en el nuevo, pero aún incierto, orden mundial.

https://www.esglobal.org/la-respuesta-de-africa-a-la-invasion-de-ucrania/

Proyección geopolítica de Rusia en el hemisferio americano

INFORMES DE SITUACIÓN – 16 de marzo de 2022

Por Jose Miguel Alonso-Trabanco

Como una gran potencia que ha resurgido de las cenizas de la antigua Unión Soviética, Rusia ha hecho todo lo posible para restaurar su hegemonía geopolítica en el espacio postsoviético con el fin de hacer retroceder la influencia occidental, mejorar su seguridad nacional, anular una correlación de fuerzas considerada perjudicial y reescribir la arquitectura de seguridad europea para cumplir con sus imperativos estratégicos. La invasión total de Ucrania es simplemente la última \u2012 y ciertamente la evidencia más despiadada \u2012 de tal búsqueda decidida. Sin embargo, en un intento por reafirmar su estatus como una fuerza a tener en cuenta a escala global, Moscú también ha fortalecido su posición más allá de su periferia inmediata. De hecho, los vectores de influencia rusos se pueden ver incluso en el hemisferio americano, lejos de su Lebensraum natural. Este desarrollo desafía la idea central de la Doctrina Monroe: la concepción del hemisferio americano como la esfera de influencia exclusiva de Washington. Hay que tener en cuenta que, según las opiniones teóricas de Nicholas Spykman, el perímetro geopolítico de la seguridad nacional estadounidense va desde Alaska y Groenlandia hasta Colombia, un área que abarca Canadá, México, el istmo centroamericano y la cuenca del Caribe.

Sin embargo, la presencia rusa en el hemisferio americano no es nueva. Los rusos conquistaron Alaska a través de asentamientos, puestos de avanzada mercantiles, proselitismo religioso e incluso la fuerza. Tal interés fue motivado por las ganancias ofrecidas por el próspero comercio de pieles. Además, en el contexto de la Guerra Civil Americana, el Imperio ruso respaldó diplomáticamente a la Unión e incluso envió buques de guerra a puertos estratégicos estadounidenses para disuadir una intervención militar directa de los rivales de Gran Bretaña o Francia, con los que Rusia tenía cuentas que saldar después de la Guerra de Crimea a favor de la Confederación, el lado que Londres y París estaban inclinados a apoyar. Poco después de la fatídica victoria del Norte, Alaska fue vendida a los Estados Unidos porque los costos de mantenerla se habían vuelto más altos para los beneficios. Los rusos esperaban que la absorción de Alaska por los estadounidenses debilitara la posición de los británicos en la costa este de Canadá. A su vez, Washington quería a Alaska como puerta de entrada a Asia y como punta de lanza del poder marítimo estadounidense en el Pacífico.

Durante la Guerra Fría, el intento soviético de colocar misiles balísticos en Cuba, que se había unido al bloque socialista bajo el régimen revolucionario de Fidel Castro, desencadenó una gran crisis que casi encendió una confrontación nuclear entre las principales superpotencias del mundo. La presencia operativa de armas nucleares soviéticas en la nación caribeña habría sido profundamente problemática para Washington porque habría amenazado la desembocadura del río Mississippi, el corazón de la industria petrolera estadounidense y una parte sustancial de la costa este. En la década de 1980, el Kremlin apoyó a las fuerzas de izquierda en las guerras civiles que estallaron en América Central. En respuesta, la CIA y el Pentágono patrocinaron escuadrones paramilitares de derecha. Además, a través de su constelación de ‘rezidenturas’, la KGB estaba activa en la región en los campos del espionaje, las intrigas políticas, el reclutamiento de activos, la agitación ideológica, las operaciones encubiertas, el fomento de la subversión y todo tipo de esquemas de capa y daga.

Después del colapso de la URSS, la influencia rusa desapareció en gran medida del hemisferio estadounidense. Sin embargo, hubo cuatro puntos de inflexión que crearon una ventana de oportunidad para que los rusos regresaran. Primero, la concentración excesiva de la agenda de política exterior de los Estados Unidos en las primeras dos décadas del siglo 21 en el Medio Oriente, Asia Central y el Indo-Pacífico dejó un vacío de poder que podría ser aprovechado por actores locales y externos. Después de todo, la ley de capilaridad dicta que la naturaleza aborrece los vacíos. Para el Kremlin, habría sido imprudente no aprovecharse de esta negligencia. En segundo lugar, el surgimiento de gobiernos autoritarios de izquierda , empoderados por la acumulación de descontento popular, resentimiento y privación de derechos , cuyas políticas nacionalistas dirigidas a los intereses de los Estados Unidos generaron una atmósfera política favorable. La adopción de la «lucha antiimperialista» militante por parte de los miembros de línea más dura de este emergente «eje bolivariano» provocó la necesidad de buscar el apoyo de un patrocinador extranjero cuya asistencia podría ayudar a mitigar algunos de los impactos más directos de las represalias predecibles de Washington.

Además, la participación de Estados Unidos en las llamadas «revoluciones de color» en la antigua Unión Soviética y la expansión hacia el este de la OTAN provocaron una reacción violenta de Moscú, tal como los pensadores realistas (por ejemplo, George Kennan, Henry Kissinger, Kenneth Waltz y John Mearsheimer) habían advertido. Como contramedida, el Kremlin decidió aumentar su presencia geopolítica en el hemisferio americano. Después de todo, para los estados bolivarianos, Rusia era un candidato adecuado que tenía los medios y los motivos para ofrecer el tipo de patrocinio que necesitaban, así como una fuente de beneficios económicos que podrían compensar su acceso restringido al comercio y la financiación. Además, el Kremlin no les daría lecciones sobre la democracia liberal, los mercados libres o la transparencia. Sin embargo, este movimiento en lugar de ser impulsado por fundamentos ideológicos, responde a cálculos de arte de gobernar inspirados en la realpolitik.

El cuarto factor importante ha sido la creciente presencia geoeconómica china en la región a través de inversiones en sectores estratégicos, operaciones comerciales, asociaciones comerciales, empresas conjuntas, líneas de crédito, asistencia tecnológica y proyectos de infraestructura. Desde el punto de vista ruso, este esfuerzo ilustró que la posición de Washington en su propio patio trasero no era tan fuerte como parecía. En consecuencia, América Latina tal vez también podría traer oportunidades para el Kremlin. En este sentido, las siguientes secciones examinan el compromiso de Rusia con los principales estados latinoamericanos.

Cuba

Cuba, que una vez fue un satélite soviético, de repente se vio privada de generosos subsidios soviéticos y patrocinio geopolítico después del colapso de la Unión Soviética. La Habana no tuvo más remedio que implementar reformas económicas suaves, cortejar a aliados latinoamericanos de ideas afines y tratar de normalizar las relaciones diplomáticas bilaterales con Washington. Sin embargo, con el fin de diversificar sus asociaciones, Cuba ha acogido con beneplácito los intereses chinos y rusos. Desde la perspectiva de La Habana, asegurar el apoyo de ambos es crucial para hacer frente a fenómenos externos e internos que podrían alcanzar proporciones peligrosas o desencadenar trastornos. Aunque Pekín es más rico que Moscú, este último está mucho más familiarizado con Cuba gracias a la cercanía que se fomentó durante décadas durante la Guerra Fría. En aquel entonces, los estudiantes cubanos eran educados en universidades soviéticas, el idioma ruso se enseñaba ampliamente en Cuba, la élite gobernante del Partido Comunista de Cuba estaba en contacto permanente con sus homólogos soviéticos, y había una colaboración activa en inteligencia, asuntos militares, diplomacia e incluso operaciones de combate emprendidas en guerras de poder extrarregionales. Por lo tanto, hay un fuerte trasfondo que facilita el esfuerzo de reavivar esta conexión en el siglo 21.

Ha habido señales y gestos simbólicos que apuntan hacia una reactivación de la colaboración militar. Además, el ejército cubano se ha vuelto muy obsoleto después de la caída de la URSS, por lo que el acceso al armamento ruso moderno sería útil, especialmente si se otorgan condiciones financieras beneficiosas para su compra. Asimismo, también se ha discutido la posibilidad de reabrir la estación Lourdes SIGINT, un puesto de escucha que se utilizó para espiar a los estadounidenses durante la Guerra Fría. Recientemente, la posibilidad de una presencia militar rusa directa en Cuba ha sido mencionada por funcionarios rusos, pero no está claro si realmente hay un plan para hacerlo realidad en un futuro cercano.

Además, la renovación de los lazos ruso-cubanos también tiene una dimensión geoeconómica significativa. Por ejemplo, en 2013, Moscú decidió cancelar casi el 90% de la deuda de Cuba. Teniendo en cuenta el débil perfil estructural de la economía cubana, el monto total era probablemente impagable de todos modos, pero esta concesión debe haber sido intercambiada por favores de La Habana. Los detalles exactos no han sido revelados, pero Cuba es notablemente uno de los partidarios más fuertes de las posiciones diplomáticas rusas. En otras palabras, el reembolso de los favores económicos no necesariamente se está liquidando con dinero. Además, las empresas rusas están involucradas en empresas conjuntas cuyos proyectos a gran escala tienen la intención de aprovechar los recursos naturales cubanos, incluidos los depósitos de petróleo en alta mar y el níquel. Además, Moscú ha ofrecido asistencia para la mejora de las capacidades económicas e industriales cubanas, especialmente en sectores como la energía nuclear, la infraestructura, las telecomunicaciones y la biotecnología.

Venezuela

Después de que Hugo Chávez se convirtiera en presidente, Venezuela forjó estrechos lazos con países latinoamericanos que comparten un sentimiento antiestadounidense, y con potencias euroasiáticas que albergan agendas revisionistas. Así, Rusia se ha convertido en un aliado estratégico clave para Caracas. Hay una gran cantidad de apoyo diplomático mutuo y Moscú ha hecho todo lo que está a su alcance para evitar el colapso del gobierno venezolano encabezado por el hombre fuerte Nicolás Maduro, el sucesor elegido a dedo por Chávez. Este respaldo ha sido visible cada vez que el régimen de Venezuela ha estado bajo presión. Por ejemplo, hace unos años, los bombarderos estratégicos rusos fueron alojados en Venezuela como una muestra abierta del apoyo inquebrantable del Kremlin mientras el país se veía sacudido por la agitación política. Podría decirse que el régimen venezolano es lo suficientemente fuerte y resistente como para manejar a sus rivales nacionales por su cuenta, pero confiar en un poderoso aliado extrarregional proporciona protección adicional. Más importante aún, Venezuela es un comprador de armamento ruso, incluidos rifles de asalto, tanques, aviones de combate, helicópteros y misiles. La entrega de material militar ha aumentado el poder duro de Caracas, desalentó un levantamiento disidente, disuadió una intervención militar extranjera y, en cierta medida, equilibró la presencia de las fuerzas estadounidenses en la vecina Colombia. Además, según ciertos medios periodísticos, mercenarios del Grupo Wagner, una empresa militar privada rusa, operan en Venezuela como guardianes de activos rusos y también como guardaespaldas de cuadros de alto nivel del régimen.

Aunque Venezuela no es precisamente un mercado de consumo próspero o una potencia industrial, contiene vastos depósitos de recursos naturales estratégicos. Por lo tanto, Moscú es un proveedor de crédito y las inversiones rusas están presentes en sectores clave de la economía venezolana, como la producción de petróleo y la minería de oro. Teniendo en cuenta las asimetrías existentes, Rusia tiene la ventaja, por lo que Caracas tiene un incentivo para complacer a sus socios rusos, incluidas las empresas estatales, las empresas privadas y, lo que es más importante, los beneficios económicos, comerciales y financieros otorgados por el Kremlin se pueden reembolsar con concesiones políticas, militares, diplomáticas y estratégicas. Por lo tanto, la entrada de dinero ruso a Venezuela está siendo recompensada con ganancias que son más valiosas que las meras ganancias. Para Caracas, este arreglo garantiza que Moscú favorezca la supervivencia del régimen encabezado por Maduro. Además, según fuentes abiertas, la asistencia rusa ha permitido a Venezuela recurrir al reino de las criptomonedas apátridas como un canal adecuado para desviar las sanciones impuestas por Washington. Debe tenerse en cuenta que Rusia es uno de los principales instigadores de una campaña mundial para socavar la hegemonía monetaria del dólar estadounidense y el control estadounidense sin precedentes de las arterias financieras internacionales.

En resumen, Venezuela se ha convertido en un punto de apoyo estratégico cada vez más importante para la proyección de la influencia rusa en las Américas. Aunque el régimen venezolano está lejos de ser un socio ideal o estable, Moscú está dispuesto a hacer la vista gorda ante su naturaleza desagradable siempre y cuando exista una oportunidad transaccional pragmática para posicionarse en una cabeza de playa tan crucial. En consecuencia, teniendo en cuenta la profundidad de su participación en Venezuela, un cambio de régimen en Caracas, ya sea a través de un golpe de Estado, una guerra civil o una «revolución de color», sería perjudicial para la agenda geopolítica regional de Moscú y un revés para su reputación como un protector efectivo de sus aliados asediados.

Nicaragua

La participación rusa en América Central comenzó cuando la URSS apoyó el régimen de izquierda establecido por los militantes sandinistas en la guerra de poder que estalló en los años 80. El otro lado en este campo de batalla , los escuadrones paramilitares de derecha conocidos como ‘Contras’ fueron apoyados clandestinamente por Washington bajo la administración Reagan como parte de su cruzada global para hacer retroceder la influencia soviética derrocando a los gobiernos del tercer mundo alineados con Moscú. El respaldo soviético incluyó asistencia militar, diplomática, política y económica. Dado que las ondas de choque resultantes podrían haber envuelto potencialmente a otros países también, este choque no fue menor.

El fin de la Guerra Fría y el derrocamiento electoral de los sandinistas cerraron este capítulo. Sin embargo, su regreso al poder una vez más bajo el liderazgo de Daniel Ortega en 2007 marcó un punto de inflexión en la orientación estratégica del país. La fortuna estaba proporcionando una oportunidad que valía la pena aprovechar y el Kremlin no podía permitirse desperdiciarla. En aquel entonces, los rusos se habían recuperado del caos que atravesaron durante los años 90 y estaban listos para enfrentarse a Washington como respuesta al creciente cerco de Rusia. Teniendo en cuenta los precedentes existentes y la necesidad apremiante de buscar poderosos patrocinadores cuya ayuda podría ser útil para manejar las tensiones con los Estados Unidos por desacuerdos irreconciliables, el presidente Ortega abrazó con entusiasmo el patrocinio ruso.

Desde entonces, la cooperación bilateral ha prosperado a una escala sin precedentes. Managua ha favorecido diplomáticamente los intereses de Moscú incluso en algunos de los puntos álgidos más polémicos del espacio postsoviético (como la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, la anexión de Crimea y la invasión de Ucrania). A su vez, los rusos han apoyado al régimen de Ortega a través de la entrega de asistencia, efectivo y equipo militar. En estas circunstancias, la presencia rusa en esta nación se ha fortalecido a medida que el desafiante gobierno nicaragüense se ha enfrentado a la creciente desaprobación de Washington. Además, la capacitación rusa ha mejorado las capacidades institucionales de las fuerzas de seguridad nicaragüenses, un activo del poder duro que proporciona estabilidad política en tiempos de problemas, así como una ventaja significativa en caso de disturbios civiles.

Nicaragua no representa un premio económico formidable para Moscú. Sin embargo, su ubicación lo convierte en una plataforma adecuada para realizar actos militares y navales simbólicos de ruido de sables. Además, Nicaragua alberga una estación terrestre del Sistema Global de Navegación por Satélite de Rusia (GLONASS), operado por la agencia espacial rusa Roskosmos. Aunque el propósito de dicha instalación podría ser puramente civil, también podría emplearse para la recolección de SIGINT, una sospecha razonable que se ha nutrido del secreto que rodea el proyecto.

Compromisos adicionales

A través de Venezuela, Cuba y Nicaragua, Rusia ha hecho incursiones en América del Sur, el Caribe y América Central, respectivamente. Sin embargo, la estabilidad de estos puentes a largo plazo es volátil, por decir lo menos. Por lo tanto, llegar a pesos pesados regionales mucho más estables para explorar oportunidades para cubrir sus apuestas tiene sentido para Moscú. Por lo tanto, los rusos han invertido en el desarrollo de lazos con Brasil, México y Argentina. Al igual que puede encantar a los «estados deshonestos», el Kremlin también puede acercarse a países cuyos gobiernos tienen un mayor grado de legitimidad.

Brasil y Rusia son miembros del bloque BRICS, un grupo informal de países que se clasifican como economías emergentes y potencias en ascenso. Curiosamente, un denominador común compartido por Moscú y Brasilia es que ambos están interesados en un equilibrio de poder multipolar, una configuración que les permitiría alcanzar la hegemonía regional en sus propios barrios. Dado que sus posibles esferas de influencia no se superponen, existe un potencial de colaboración en otros lugares. En realidad, aunque justificado con matices ideológicos contrastantes, tanto los gobiernos brasileños de izquierda como los de derecha han alimentado los vínculos con Rusia, lo que no es sorprendente teniendo en cuenta que la geopolítica está formada por fuerzas impersonales en lugar de la agencia humana. Por ejemplo, Moscú ha respaldado consistentemente la candidatura de Brasil para convertirse en miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Además, la Federación de Rusia representa un mercado de consumo rentable de las exportaciones brasileñas de materias primas y alimentos y también un proveedor de fertilizantes para la agricultura brasileña. Reveladoramente, el último ejemplo de las relaciones ruso-brasileñas fue la visita oficial del presidente Jair Bolsonaro a Moscú, que provocó indignación en Washington porque fue visto como un acto de desafío ya que tuvo lugar en un momento de mayores tensiones sobre Ucrania. Hasta ahora, el gobierno brasileño se ha mantenido neutral con respecto a la actual crisis de Ucrania. Sin embargo, hay límites. Por ejemplo, el flujo de armas rusas a Caracas es problemático para Brasilia porque considera a Venezuela como un alborotador o un potencial estado fallido.

En otros lugares, Rusia y México han fomentado una modesta mejora de las relaciones bilaterales. Después de todo, México está en una posición compleja. Profundamente anclado a la órbita geopolítica y geoeconómica de Washington, el país tiene que compensar las asimetrías bilaterales existentes frente a los Estados Unidos, pero, al mismo tiempo, no puede permitirse el lujo de alienar a los Estados Unidos o replicar las rivalidades de Washington. Por lo tanto, necesita desarrollar una conexión independiente, cautelosa y pragmática con las potencias extrarregionales como una póliza de seguro que proporcione un escudo contra las tensiones geopolíticas. El desempeño de este acto de equilibrio es una cuestión de arte de gobernar, especialmente si México quiere posicionarse como un estado asertivo a largo plazo. De lo contrario, podría quedar atrapado en un lugar desventajoso en medio de una creciente confrontación de grandes potencias. Por lo tanto, aunque las relaciones bilaterales carecen de profundidad estratégica, existe una colaboración limitada. México recibió 20 millones de vacunas Sputnik-V en 2021. Asimismo, a través de una alianza con la firma italiana Eni, la empresa rusa Lukoil descubrió un yacimiento petrolífero en el Golfo de México en una zona en la que se le otorgó legalmente el derecho a dedicarse a la exploración y producción de hidrocarburos en 2017 que se estima en 250 millones de barriles. El intento del Estado mexicano de cubrir cuidadosamente sus apuestas estratégicas se refleja en la condena diplomática de la invasión ilegal de Ucrania, su insistencia en la resolución pacífica de las hostilidades y una renuencia paralela a unirse a las sanciones occidentales contra Rusia.

En el caso de Argentina, dicho país también recibió vacunas rusas y hay planes para colaborar en el ámbito de la energía nuclear. En una reciente visita al Kremlin, el presidente argentino Alberto Fernández expresó un gran interés en profundizar la complementariedad bilateral y el ofrecimiento de proporcionar un conducto para el desarrollo de una presencia rusa más fuerte en América Latina. Esta audaz apertura hacia Moscú como un potencial socio estratégico se justificó explícitamente como un curso de acción que ayudaría a Buenos Aires a trascender su posición anterior de alineación abrumadora con los intereses estadounidenses (una orientación que ya no se ve como beneficiosa) y superar la carga derivada de cuestiones como la deuda con el FMI, los Estados Unidos, y entidades financieras privadas estadounidenses. Con respecto a la guerra de Ucrania en curso, la posición de Argentina es bastante similar a la de México.

Observaciones finales

Como jugador revisionista en el tablero de ajedrez geopolítico global, Rusia ha ganado varios puntos de apoyo en las Américas. Por lo tanto, Rusia ha cortejado a regímenes que necesitan poderosos patrocinadores externos para administrar sus incómodas relaciones con los Estados Unidos. Para Moscú, estas cabezas de playa sirven como irritantes, distracciones estratégicas, palanca y fichas de negociación que podrían ser útiles para lograr la consolidación de su hegemonía regional en el espacio postsoviético. Por lo tanto, el Kremlin difícilmente estaría dispuesto a ir a la guerra para proteger La Habana, Caracas o Managua, e incluso si quisiera, carece de las capacidades logísticas para llevar a cabo la movilización militar que se requeriría. Sin embargo, al menos por el momento, estas asociaciones son fundamentales para que Moscú fortalezca su posición y se enfrente a Washington en su propio patio trasero. En otras palabras, esta conexión simbiótica no ha sido fomentada por factores ideológicos. En cambio, dado que ha surgido como resultado de necesidades complementarias, se trata de una razón de ser. Incluso el colapso de los gobiernos cubano, venezolano o nicaragüense, aunque representaría un revés público, no sería inoportuno a puerta cerrada en Moscú, especialmente teniendo en cuenta que cualquier cosa que cree problemas para los estadounidenses (y los estados fallidos en el hemisferio americano ciertamente alimentaría la disrupción regional) se considera conveniente para los intereses nacionales rusos.

Además, los esfuerzos rusos para buscar lazos más estrechos con Brasil, México y Argentina han sido más cautelosos. A diferencia de Venezuela, Nicaragua o Cuba, estos países no pueden ser tratados como vasallos, satélites o estados clientes, pero el desarrollo de relaciones mutuamente beneficiosas ofrece plataformas estables para formar asociaciones duraderas cuyo potencial merece ser explorado, y también demuestra sutilmente que la permanencia de la Doctrina Monroe no debe darse por sentada. Este compromiso con los pesos pesados regionales sobre una base de ganar-ganar indica que Rusia promueve el surgimiento de un equilibrio de poder multipolar en el hemisferio estadounidense. Huelga decir que tal pluralidad debilitaría la primacía tradicionalmente sostenida por Washington como el único epicentro regional de la gravedad geopolítica.

En general, la proyección de la influencia rusa en América Latina se ha adelantado o facilitado a través de canales diplomáticos. Sin embargo, hay formas más sutiles de intervenir allí, particularmente teniendo en cuenta la legendaria experiencia de Moscú en el campo de la inteligencia extranjera. Por ejemplo, en caso de que las tensiones entre Estados Unidos y Rusia aumenten aún más, Rusia podría recurrir a «medidas activas» (es decir, acciones encubiertas). Esta estrategia no convencional podría implicar la instigación de la inestabilidad a través del fomento clandestino de la agitación militante, la guerra psicológica, los ciberataques, la violencia sociopolítica o incluso la manipulación de las redes del crimen organizado en los países latinoamericanos, especialmente aquellos que están alineados con los Estados Unidos o en los estados en los que hay una presencia sustancial de intereses estadounidenses. Tales métodos de guerra híbrida conllevan tanto bajos riesgos como altos impactos. Después de todo, sembrar el caos es relativamente barato, fácil y rápido, pero tratar de restaurar el orden es costoso, difícil y largo. Además, queda por ver si el Kremlin intentará eludir las sanciones occidentales a través de circuitos económicos, comerciales, financieros y monetarios clandestinos latinoamericanos.

Mientras tanto, todavía se desconoce cómo Estados Unidos enfrentará este creciente desafío en su propia periferia. Hay señales que indican que los estadounidenses se están preparando para hacer algo al respecto. De hecho, poco después de la intervención militar rusa en Ucrania, el Departamento de Estado involucró a funcionarios del gobierno venezolano en conversaciones bilaterales para buscar suministros alternativos de petróleo y mitigar las consecuencias globales del aumento de los precios de la energía. A cambio, Washington ha estado considerando la posibilidad de levantar las sanciones. En estas posibles negociaciones, Caracas también podría exigir la devolución completa de sus tenencias de oro que fueron congeladas por el Reino Unido y / o la retirada del apoyo estadounidense para el cambio de régimen en Venezuela. No es probable que esta obertura navegue sin problemas debido a la obstinada negativa del establishment de la política exterior estadounidense a abrazar abiertamente la realpolitik y la oposición de ciertos grupos de presión políticos internos, pero, si se logra un resultado exitoso, podría representar un precedente para los esfuerzos posteriores de los Estados Unidos para contrarrestar la influencia rusa en las Américas.

En resumen, hay mucha evidencia que muestra que el hemisferio estadounidense, una vez bajo la tutela exclusiva de Washington, se ha convertido en un frente clave de la nueva Guerra Fría. En este teatro de competencia estratégica, el gigante ruso puede jugar con varias cartas y tiene un incentivo para duplicar a raíz de la crisis de Ucrania. Mientras tanto, es probable que el leviatán estadounidense esté formulando una respuesta. No está claro cómo se desarrollará finalmente esta rivalidad en la región, pero esta realidad ya se hace eco de la observación hecha por Lord Curzon en el sentido de que los países representan «piezas en un tablero de ajedrez sobre el cual se está jugando un gran juego para la dominación del mundo».

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