La tormenta económica perfecta. Por Juan Iranzo – Rebelión en la granja (rebelionenlagranja.com)

La crisis económica provocada por las medidas aplicadas para paliar los efectos del COVID 19, es inédita y además de una enorme gravedad. En efecto las restricciones a la movilidad de las personas y las limitaciones a la actividad productiva generaron un shock de demanda negativo y otro también negativo de oferta. Las economías de la mayoría de los países sufrieron una profunda recesión en el año 2020; un -3,4% en el conjunto mundial, un -6,8% en la UEM; siendo especialmente intenso el hundimiento del PIB en España, un -10,8%, el mayor de la OCDE. Tan solo China registro un crecimiento positivo del 2,3 %, aunque muy moderado respecto a los años anteriores

España es el país desarrollado, que más está sufriendo la situación. La contracción del sector del automóvil, y del turístico, explican solo una parte del problema. Nuestra realidad se vio agravada, desde el primer momento, por las políticas económicas inadecuadas de nuestro Gobierno. Fue un gran error subir los impuestos, elevar el Salario Mínimo Interprofesional, introducir rigideces y limitaciones en el mercado laboral, lastrar con más costes medioambientales la producción y desbocar el gasto público.

En lugar de mejorar la competitividad de nuestro tejido empresarial, se ha reducido nuestro potencial de crecimiento. Además, ha disminuido significativamente la seguridad, lo que provoca efectos muy negativos sobre el consumo privado y la inversión. Asimismo, se han encarecido las importaciones de materias primas, sobre todo energéticas, se han elevado las compras al exterior, que coincide con una pérdida de competitividad, que impide, que las exportaciones, sean, como lo fueron tradicionalmente; el motor de la recuperación.

A pesar de la mayor caída del PIB en 2020, estas limitaciones al crecimiento; provocaron que nuestra economía tan solo creciese un 5% en 2021, frente a una media de la UEM del 5,4%. Antes del comienzo de la guerra de Ucrania no se preveía un incremento de nuestro PIB superior al 5% en 2022; con lo que nos convertiríamos en el último país de la OCDE, en recuperar el PIB precovid de 2019, que posiblemente no lo alcancemos antes del año 2023, si bien la Guerra de Ucrania lo puede retrasar aún más. España era uno de los países más débiles y desequilibrados de la Unión Europea, ya antes del comienzo de la guerra. Teníamos la mayor tasa de paro del Continente, un 13,3%, frente al 7% de media de La UEM; un déficit público, dos puntos superior a la media y una deuda pública, que, a finales de 2021, se situó en el 121,5% del PIB, frente al 97,7% del PIB de media de la Zona Euro.

Pero sin lugar a duda en la actualidad nuestro principal problema es la inflación que se situó en febrero en el 7,6%, medida en IPC interanual. La falta de suministros para las cadenas productivas y el aumento de los costes medioambientales, son las causas fundamentales de esta situación; que además tendía ya a aumentar; puesto que el Índice de Precios Industriales en enero, se situó en el histórico récord del 35,7%; lo que anticipaba un mayor aumento del IPC y una pérdida de competitividad frente a la UEM, nuestra principal zona de comercio, que padece una inflación elevada del 5,8%, pero inferior a la española.

La guerra de Ucrania y las sanciones a Rusia agravaran aún más nuestra situación económica. España es el segundo país productor de automóviles de Europa, que se vio perjudicado por la falta de Chips para nuestras cadenas de fabricación. El conflicto con Rusia puede limitar también la producción de catalizadores, que necesitan como inputs al paladio y al platino; minerales que se producen sobre todo Rusia. Además, la incertidumbre creada penalizará el turismo, la inversión, y el consumo privado.

Asimismo, las fuertes subidas del coste de la energía, incrementaran las importaciones de bienes, lastraran el crecimiento e impulsaran al alza a la inflación; por cada 10$ que sube el precio del barril de petróleo el impacto negativo sobre nuestro crecimiento es de – 0,25 décimas y el efecto sobre el IPC es de 0,3 décimas Por ello no es previsible que nuestra economía crezca más de un 3% este año 2022; es decir la guerra puede restar como mínimo 2 puntos al crecimiento del PIB.

Sin duda, a corto plazo, la principal víctima económica de la guerra de Ucrania será la inflación, puesto que el precio de los alimentos, y sobre todo de la energía se han elevado más de un 40% desde el comienzo de la contienda; por lo que el IPC en España se podría situar en los dos dígitos, en los próximos meses; lo que puede acelerar una espiral inflacionista, precios salarios. Pon todo ello, la economía española, se acerca peligrosamente al precipicio de la Estanflación, lo que implicaría un fuerte aumento del paro, del déficit público, de la deuda y una gran pérdida de poder adquisitivo y de bienestar de la mayoría de los ciudadanos.

Para luchar contra la elevadísima inflación, los Bancos Centrales, están modificando la dirección de sus políticas monetarias, lo que ya está provocando una subida de los tipos de interés en los mercados de deuda pública, lo que penaliza a los países mas endeudados como España. Además, el Banco Central Europeo reducirá la compra de activos, por lo que nuestro Tesoro tendrá grandes problemas para financiarse.

Para amortiguar los efectos de la grave situación, es necesario un cambio radical de la Política Económica del Gobierno. Inmediatamente tiene que reducir la fiscalidad del gas natural, de los hidrocarburos y de la energía eléctrica. Es necesario impulsar un auténtico pacto de rentas que evite fuertes subidas de salarios, tal y como se consiguió en los Pactos de la Moncloa. Resulta imprescindible la reducción del gasto público, el IEE estima que se pueden ahorrar 60.000millones de euros con una buena gestión. Hay que aplicar una bajada, también de los tipos del IRPF y de Sociedades y derogar los de Patrimonio y el de Donaciones y Sucesiones.

También es fundamental una reforma profunda del sector energético, que pase por el alargamiento de su vida útil de nuestras centrales nucleares, modifique la metodología de calculo de la tarifa eléctrica regulada, que favorezca el desarrollo del Hidrogeno y que considere verde a la energía nuclear. Para optimizar todos los recursos disponibles, hay que impulsar la colaboración público-privada, sobre todo en educación y sanidad; y frenar el incremento de la presencia del sector público en las empresas. España cuenta con la gran ayuda de los fondos europeos, que deben destinarse a la mejora de la productividad de nuestras empresas, principalmente pymes y no despilfarrarlos inadecuadamente en políticas populistas.

En definitiva, la economía española se encontraba muy desequilibrada y con un bajo potencial de crecimiento antes de la Guerra de Ucrania. Esta ha provocado la tormenta económica perfecta, que nos puede llevar a la Estanflación. El gran perdedor como  será el ciudadano que tendrá menor poder adquisitivo, peor calidad de vida y más inseguridad en su empleo.