Parafraseando a Dori Toribio, corresponsal en Washington: «El objetivo de la desinformación no es que la gente se crea una cosa. Es que la gente no se crea nada«. EEUU teme que las acusaciones del Kremlin sobre presuntos laboratorios estadounidenses en Ucrania que crearían toda clase de horrores, de armas biológicas a, por qué no, el mismo coronavirus, asienten el relato para un ataque químico como los efectuados por Rusia en Siria.

Nadie quiere creer que Vladimir Putin podría ordenar tal atrocidad contra un «pueblo hermano», pero escuchar al ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, mentir sin rubor sobre el bombardeo a la maternidad de Mariúpol sienta un inquietante precedente. El despliegue de misiles Patriot en Polonia es la jugada prudente de Joe Biden: la protección de las fronteras de la OTAN está justificada cuando Moldavia está ahora en el punto de mira.