Por Rafael Vidal Delgado, Coronel de Artª, DEM (Ret.), doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Granada y Presidente del Consejo Asesor del Foro para la Paz en el Mediterráneo.

Vidal Delgado, impartiendo una conferencia

Se define Servicio Esencial como el servicio necesario para el mantenimiento de las funciones sociales básicas, la salud, la seguridad, el bienestar social y económico de los ciudadanos, o el eficaz funcionamiento de las Instituciones del Estado y las Administraciones Públicas. Definición recogida en la Ley de Infraestructuras Críticas.

Se subraya el bienestar social y económico de los ciudadanos porque tras la declaración del estado de alarma, se han considerado una serie de servicios esenciales, fundamentalmente los recogidos explícitamente en la Ley anteriormente citado y en la de Seguridad Nacional.

Determinadas comunidades autónomas, han querido solicitar que la cultura sea declarada como servicio esencial, aunque con escaso éxito, dada la declaración del Estado de Alarma por el Gobierno de la Nación y que se prolonga, desde hace más de un año, caso único en la historia política de España.

Desde las esferas de los poderes nacionales y autonómicos se restringen todas las manifestaciones que congreguen a un número importante de personas, casi todas ellas desarrollados por empresas privadas y que han hecho de ella, su propia economía y la de sus empleados. Es triste ver por las ciudades españolas tantos establecimientos culturales o no cerrados a causa de las restricciones impuestas. No es válido indicar que se está apoyando con ayudas económicas a estas empresas/autónomos, porque inevitablemente les lleva a ruina.

Además, en ningún momento se ha contrastado con certeza que la causa de los contagios por coronavirus se deba a la reunión legal de un número de personas, dado que el titular de la actividad, ya prevé las medidas higiénicas necesarias para que ello no ocurra. Los contagios provienen de las aglomeraciones no controladas, imposible que la policía pueda localizar a todas y desarticularlas, aunque cuando lo hacen el mal está hecho y el coronavirus ha traspasado de una persona a otra. Luego llegan a casa y contagian a los familiares, principalmente a los más vulnerables.

Gran parte del mundo ha superado el nivel de economía de subsistencia y ha pasado al de las relaciones sociales, de tal forma que si en el primer caso, ante la falta de ella, la persona enferma y muere, también al faltar la segunda la persona enferma, en este caso psíquicamente y podría producirle daños irreversibles de por vida.

Por ello es imprescindible que los poderes públicos, consideren a la “Cultura”, en su más amplia expresión, como servicio esencial.

Málaga esté camino de convertirse en la capital del Mediterráneo Occidental en los sectores tecnológico, turístico y cultural, pues bien, los dos primeros no podrían consolidarse sin el tercer pilar, porque la cultura templa el alma y el espíritu y hace descansar el pensamiento.

La música: ligera y clásica; la danza; los teatros; los museos; los cines, junto con lo que conlleva de actores, músicos, tramoyistas, acomodadores, vigilantes, servicios de limpieza, y un largo etcétera que vive de la cultura y que hoy, en el mejor de los casos están en ERTE o se han dedicado a otras actividades, como una extraordinaria cantante, que conocí casualmente y que ha tenido que dedicarse a cuidar personas mayores, hasta que llegue su oportunidad.

No solo estamos hipotecando la economía con una deuda pública que durará generaciones, sino que también estamos hipotecando la cultura y también para bastantes años.

El poder público debe de primar la obtención de vacunas y la vacunación del mayor porcentaje de población, pero dejemos a la CULTURA que, con las normas de seguridad sanitaria necesaria, pueda seguir desarrollando su misión. España y los españoles lo necesitamos.