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Interior detecta avisos a yihadistas para combatir en Ucrania y «sembrar el caos» en la UE a su regreso

«¿Qué hacen un galo, un inglés, un estadounidense y un español bebiendo ron y vodka estonio en la cocina de un nacionalista ucraniano? Podría parecer el inicio de un mal chiste». Así comienza la crónica de Fermín Torrano desde Kiev que ilustra el día a día de los más de 20.000 voluntarios que han acudido a la llamada a las armas de Volódimir Zelenski, caen en un limbo administrativo y acaban engrosando las filas de milicias ultranacionalistas. Es un problema enquistado: cuando termine la guerra y la UE se abra a Ucrania, muchos de sus héroes, como los defensores del Batallón Azov de Mariúpol, están abiertamente infiltrados por ideología de extrema derecha. Y no es el único riesgo. Interior ha detectado mensajes en los círculos yihadistas que animan a sus seguidores a alistarse en Ucrania, recibir formación militar y arraigar en Europa antes de cometer atentados.

https://www.elespanol.com/espana/20220413/interior-detecta-yihadistas-combatir-ucrania-sembrar-ue/663434143_0.html

¿Cómo se podría haber evitado la conquista talibana de Afganistán?

En el EEUU de hoy, hay voces que dicen que fue un error involucrarse en lo que ellos llaman “construcción de nación” inmediatamente después del acuerdo de Bonn.

Por Carl Bildt*

30/08/2021 – 05:00

El 20 aniversario del atentado terrorista del 11-S coincidirá ahora con la consolidación del segundo Emirato talibán en Afganistán, bienvenido por mensajes jaculatorios de Al Qaeda. ¿Se podría haber evitado? ¿U Occidente y la comunidad internacional estuvieron siempre encaminados a la derrota desde el momento en que Estados Unidos derrocó el régimen talibán en un ataque relámpago a finales de 2001? ¿Se perdieron las oportunidades para un arreglo político estable, ya sea por defecto o por diseño?

Hay obviamente lecciones que debemos aprender, aunque auguro una feroz controversia sobre cuáles son exactamente esas lecciones en los próximos años.

Bienvenido Mr. Talibán: la geopolítica pospandémica pasa por el tablero afganoE. Andrés Pretel A. Alamillos

Quizá la oportunidad más importante que se dejó pasar fue justo después de la partida de las últimas fuerzas soviéticas en febrero de 1989. Hubo propuestas entonces para un acuerdo patrocinado por la ONU entre lo que quedaba del régimen de Najibulá y los diferentes grupos antisoviéticos muyahidines. Pero quedaron en nada, rechazado principalmente por Estados Unidos y Pakistán.https://d-31693348683385083089.ampproject.net/2108132216000/frame.html

Por supuesto, nunca se sabrá si hubo otra oportunidad para un arreglo más estable justo después del derrocamiento del régimen talibán 12 años después. En teoría, habría tenido sentido intentar incluir también a los talibanes en un acuerdo político inclusivo. Pero Estados Unidos difícilmente habría aceptado esto, y los grupos de la Alianza del Norte estaban ansiosos por hacerse con todo el poder que pudieran.

El acuerdo salido de la conferencia de Bonn marcó el rumbo de los años venideros. Su esencia era un sistema presidencial altamente centralizado, estructuras dominadas por la antigua Alianza del Norte y una continua dependencia de los viejos señores de la guerra regionales que habían sido impulsados y financiados por las sacas de dólares de la CIA.

Putin teme la desestabilización talibana de Asia CentralJavier Espadas. Moscú

En el EEUU de hoy, hay voces que dicen que fue un error involucrarse en lo que ellos llaman “construcción de nación” inmediatamente después del acuerdo de Bonn. Pero lo que sucedió fue más bien al revés. Estados Unidos se resistió activamente a un enfoque más ambicioso para ayudar al país, centrándose en cambio en su propia operación antiterrorista y, a lo sumo, aceptando alguna ‘reconstrucción’. Esto llevó, en contra del consejo de muchos, a una presencia internacional muy escasa con fuerzas de asistencia de seguridad limitadas solo a Kabul. Estos fueron los años de Donald Rumsfeld y, en la medida en que hubo una atención sostenida de Estados Unidos en Afganistán (antes de que la guerra en Irak se la robara toda), se centró en la operación antiterrorista Libertad Duradera.

Pero estos años iniciales fueron el periodo en el que quizás hubiera sido posible un acuerdo político más amplio y duradero. En su ausencia, y como reacción a los otros fracasos de este periodo, entre ellos la dependencia de los viejos señores de la guerra, los talibanes comenzaron su regreso en 2005 y empezó la nueva guerra en Afganistán.

Los años siguientes fueron de altibajos, con los esfuerzos internacionales dependientes en gran medida de los cambios en las políticas de Washington. Los países europeos desempeñaron un papel clave en los esfuerzos de seguridad de la OTAN y gradualmente se convirtieron en dominantes en la financiación de los diferentes esfuerzos civiles. Las decisiones políticas para Afganistán se establecían casi exclusivamente en Washington, impulsadas por una mentalidad militar​ estadounidense no siempre en sintonía con enfoques más europeos.

Las decisiones políticas para Afganistán se establecían casi exclusivamente en Washington, impulsadas por una mentalidad militar

Con la excepción parcial de Londres, ninguna capital europea hizo ningún esfuerzo serio para influir en la política estadounidense sobre Afganistán durante estos años. Afganistán nunca ocupó un lugar destacado en la agenda de la UE, ya que se suponía implícitamente que todo era responsabilidad de la OTAN. Las visitas del alto representante de la UE a Kabul fueron extremadamente raras.

La política estadounidense no fue de ninguna manera coherente. Varias doctrinas iban y venían. Durante su periodo como comandante de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, David Petraeus creía que la victoria vendría a través de una política de asesinatos selectivos de comandantes talibanes a través de controvertidas «redadas nocturnas». Richard Holbrooke, como representante especial de Estados Unidos, abogó por un proceso político con los talibanes, incluido el acercamiento a Irán.

Al final, ninguno de los dos enfoques dio resultados. Las redadas nocturnas probablemente fueron contraproducentes, ya que alienaron a muchos afganos, y ciertamente no faltaron nuevos reclutas para llenar los vacíos en las filas talibanas que dejaron los muertos. Y los esfuerzos para establecer un proceso político fueron derribados en Washington, donde existía la creencia de que los talibanes primero debían ser derrotados, o al menos reducidos en tamaño.

Las últimas horas de Kabul, en primera persona desde el Palacio PresidencialAlicia Alamillos

A menudo, era una guerra de alta tecnología contra una insurgencia de baja tecnología. Los ataques aéreos de cazas desde el Golfo o desde portaaviones ciertamente podrían ser tácticamente efectivos. Pero los llamados ‘daños colaterales’ aumentaron el resentimiento entre la población. Y fue muy caro; evidentemente, toda esta alta tecnología no venía gratis.

Y luego estaba la naturaleza de la política del propio Afganistán. Las elecciones presidenciales se convirtieron en graves crisis que trastocaron y deslegitimaron el propio sistema político. Y las vastas entradas de dinero en un país que carece de la experiencia o de las estructuras para lidiar con él estaban destinadas a fomentar, y lo hicieron, un clima de corrupción.

La abrumadora presencia militar internacional durante el llamado ‘incremento’ (‘surge’) de Obama en 2009 y 2010 fue claramente insostenible y probablemente contraproducente. Se inició un proceso de reducción gradual de la presencia internacional y entrega de responsabilidades a las autoridades afganas. Solo entonces se dio peso a los esfuerzos por buscar un arreglo político. Si se hubiera hecho antes de que se señalara la retirada, la posibilidad de progreso podría haber sido mayor.

La OTAN terminó su misión de combate en 2015, aunque continuó el entrenamiento y el apoyo, y las fuerzas afganas se volvieron aún más dependientes del poder aéreo estadounidense y de contratistas estadounidenses de diferentes tipos.

¿Cómo 75.000 talibanes han recuperado en seis semanas lo que perdieron en 20 años?Alicia Alamillos

Se puede argumentar que todo estaba, paso a paso, en camino hacia algo que podría haber sido sostenible hasta que fuera posible un arreglo político más amplio e inclusivo. Cuando los soviéticos se marcharon en 1989, el régimen permaneció en su lugar, cambió sus colores de comunista a nacionalista y se mantuvo durante algunos años. Cayó cuando desaparecieron la Unión Soviética y su apoyo financiero, y cuando no hubo un acuerdo político más amplio.

Pero, en última instancia, fue la política divisoria de Washington, no la política corrupta de Kabul, la que allanó el camino hacia el desastre que estamos presenciando.

Fue la política divisoria de Washington, no la política corrupta de Kabul, la que allanó el camino hacia el desastre

Donald Trump quería salir de Afganistán, así como de casi todos los demás lugares donde Estados Unidos tenía presencia militar. Fue debido al temor a que se despertara una mañana y ordenara una retirada inmediata que se firmó el infame acuerdo de Doha de febrero de 2020. No fue un acuerdo de paz, sino un acuerdo de retirada, y, además de eso, abandonó ‘de facto’ al Gobierno afgano y cualquier intento serio de proceso político.

Lo que comenzó Trump, lo concluyó Joe Biden. El 14 de abril, anunció que todas las fuerzas estadounidenses restantes deberían estar fuera para el 11 de septiembre. Pero las consultas con los aliados fueron incluso más inexistentes que cuando Trump selló el acuerdo de Doha. Tuvieron que leerlo en la prensa.

Pero Afganistán no era solo un problema de Estados Unidos. En ese momento, las fuerzas estadounidenses en la misión de la OTAN constituían un poco más de una cuarta parte del total. Las contribuciones de la Unión Europea y sus Estados miembros a los esfuerzos económicos y civiles fueron más del doble que las de Estados Unidos.

¿Qué es el ISIS-K? La filial afgana del Daesh que ve a los talibanes como traidores al islamAlejandro Requeijo Alicia Alamillos

En aquel momento, todavía existía la posibilidad de que la salida de Estados Unidos fuera algo mejor que la salida de la Unión Soviética. Pero esto habría requerido una estrategia política concertada para manejar la política de la retirada y, más aún, la política de la pos-retirada. Podría haber funcionado. Las evaluaciones de inteligencia filtradas de que el régimen podría sobrevivir algún periodo no eran necesariamente erróneas. Pero evidentemente carecían de una evaluación de la política del propio Estados Unidos y su efecto sobre la moral y la confianza en Afganistán.

Después del colapso, tanto Biden como el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, han culpado de todo a Afganistán y al Ejército afgano.

La salida de Estados Unidos de Afganistán resultó ser mucho peor manejada que la salida soviética

Pero la fuerza de un Ejército no es principalmente la fuerza de sus armas, sino la fuerza de su moral y su confianza en una eventual victoria. El Ejército afgano claramente tenía lo primero, pero perdió casi todo lo segundo cuando comenzaron a fluir mensajes estadounidenses instando a los estadounidenses a salir del país lo antes posible.

Los dignatarios extranjeros se apresuraron a ir a Doha para reunirse con los talibanes mientras nadie se presentaba en Kabul, donde, como era de esperar, la sensación de traición se estaba haciendo más fuerte. Evidentemente, ese mensaje se leyó alto y claro en las filas de las fuerzas de seguridad afganas.

Entonces todo fue mucho más lejos de lo que incluso los talibanes habían previsto. En cierto modo, fue una reversión de lo que experimentaron con el rápido colapso de su régimen hace dos décadas.

Un final ignominioso

El régimen afgano colapsó cuando Estados Unidos envió la señal de que se lavaba las manos, y finalmente se evaporó el 15 de agosto. Al no haberse preparado para este escenario, EEUU acabó con la humillación de tener que pedir permiso a los talibanes para quedarse unos días para sacar al menos a algunas personas.

Fue un final tan ignominioso como se puede imaginar. La salida de Estados Unidos de Afganistán resultó ser mucho peor manejada que la salida soviética.

¿Había alguna alternativa?https://14cc325d014b74041bbffa13caf110ea.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html?n=0

Claramente, Biden quería salir de Afganistán y no le importaban demasiado los métodos ni las consecuencias. Esta era una ‘guerra eterna’, y no quería nada de eso.

Veinte años es mucho tiempo en la impaciente esfera política de Estados Unidos, pero no cuando se trata de ayudar a construir un Estado funcional, un Ejército razonable y una nación más estable. El éxito estratégico en situaciones como estas solo se logra con paciencia estratégica, y eso es lo que Estados Unidos perdió.

El reto de la paciencia estratégica: tres lecciones de la caída de AfganistánJean-Marie Guéhenno*

Pero no debería haber sido imposible mantener una presencia de seguridad reducida centrada en Kabul y mantener un mensaje firme a los talibanes de que se mantendría hasta que hubiera un arreglo político creíble e inclusivo. Pero, que yo sepa, ningún Gobierno puso tal opción sobre la mesa para su discusión. Parece que Afganistán ni siquiera estaba en la agenda de ninguna de las reuniones de la UE después del dramático anuncio estadounidense de abril.

Ahora estamos donde estamos.

Para el 11 de septiembre, quizá sepamos si existe algún tipo de régimen semi-inclusivo en Afganistán, aunque en esencia dominado por los victoriosos talibanes, o si el país habrá entrado en una nueva fase larga de conflicto renovado y desesperación cada vez más profunda. No debemos olvidar que el país también se enfrenta a una sequía horrible, una pandemia devastadora, un desastre humanitario y un sistema financiero que colapsa.

En cuanto a las consecuencias más amplias para el desorden global y para Europa, es un tema para hablar, mucho más ampliamente, en otra ocasión.

* Carl Bildt es ex primer ministro y exministro de Exteriores de Suecia. Artículo publicado originalmente en el European Council for Foreign Relations, con el título «Afghanistan: How it could have been different».

https://www.elconfidencial.com/amp/mundo/europa/2021-08-30/evitar-conquista-taliban-afganistan_3256214/?__twitter_impression=true&s=03

El yihadismo se adueña de las zonas rurales del Sahel

Células terroristas y grupos armados campan en territorios cada vez más extensos de Burkina Faso, Malí y Níger mientras las fuerzas de seguridad de los Estados se repliegan a los centros urbanos.

El pasado 26 de abril, el mismo día en el que eran asesinados en Burkina Faso los periodistas españoles David Beriain y Roberto Fraile, y el conservacionista irlandés Rory Young, unos 30 civiles morían también a manos de grupos armados en este país del Sahel. La violencia yihadista se ha extendido de tal manera en el norte y este del país que las fuerzas de seguridad del Estado, incapaz de hacerle frente, se han replegado sobre las grandes ciudades, dejando vastas extensiones de terreno desprotegidas, al albur de grupos de radicales, bandidos y traficantes que imponen su ley, asaltan, extorsionan y secuestran con escasa oposición. No es solo Burkina Faso, ocurre en todo el Sahel. Unos 5,4 millones de personas huidas de sus hogares, según datos de Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), así lo atestiguan.

SAHEL, 19/06/2020.- El coordinador para la región de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), Xavier Creach, asegura en una entrevista con Efe que el Sahel, una de las zonas más empobrecidas y olvidadas del mundo, sufre una falta de visibilidad porque esta crisis no afecta a "centros económicos y de producción que tienen un impacto global". EFE/ Sylvain Cherkaoui/UNHCR **SOLO USO EDITORIAL / NO VENTAS / NO ARCHIVO**

“La población del Sahel ahora huye tanto de los grupos armados como de los ejércitos”

“La población civil está en fuga. Solo en Burkina Faso hay 1,1 millones de desplazados internos. Antes se iban al pueblo de al lado, a 10 o 20 kilómetros, y desde allí regresaban para controlar sus tierras o sus animales. Pero en 2020 empezamos a ver un cambio de tendencia. A medida que el Gobierno abandonaba sus puestos militares y se limitaba a hacer patrullas móviles, los civiles amenazados por la violencia empezaron a huir a las ciudades, el único lugar donde se sienten seguros”, explica Xavier Creach, responsable de ACNUR en África occidental. Razones tienen. Desde 2015, unas 5.000 personas han muerto en Burkina Faso víctimas de la violencia, según la ONG Acled.

Parques nacionales

ARGELIA

LIBIA

EGIPTO

El Sahel

MALÍ

MAURITANIA

Gao

Tombuctú

NÍGER

CHAD

SUDÁN

SENEGAL

W

Arly

Pendjari

ETIOPÍA

Comoé

NIGERIA

SUDÁN

DEL S

BENÍN

COSTA

DE MARFIL

BURKINA

FASO

1.000 km

EL PAÍS

“En Malí, Níger o Burkina, el Estado no estuvo nunca realmente muy presente en todo su territorio y ese es el centro del problema”, opina por su parte Gilles Yabi, coordinador del think tank africano Wathi. Y añade: “Las infraestructuras no se desarrollaron más allá de las capitales y algunas ciudades secundarias. No se puede entender la situación en materia de seguridad del Sahel sin comprender la evolución económica, política y social de estos países”. Los tres se encuentran entre los 10 más pobres del mundo, según su Índice de Desarrollo Humano, pese a contar con grandes reservas de recursos naturales como oro y uranio que son explotados por empresas extranjeras.

Pero no es solo el Ejército quien se repliega. Maestros, personal sanitario, funcionarios, agencias humanitarias y ONG han sido víctimas de amenazas y ataques. Estas solo operan en lo que llaman “burbujas de seguridad”, que normalmente están en los centros urbanos. Un dato preocupante que muestra la amplitud del problema es que la violencia ha obligado al cierre de unos 10.000 colegios en África occidental y central, según Save the Children. Todos en zonas rurales.

Además, los yihadistas utilizan las reservas naturales y parques nacionales como zonas de refugio transfronterizas y embrión de su expansión hacia el golfo de Guinea. Los parques de Comoé, en Costa de Marfil, y Pendjari, en Benín, ya han sido escenario de ataques terroristas, mientras que los de W, en Níger, y Arly, en Burkina Faso, cerca de donde se produjo el asesinato de los dos periodistas españoles que hacían un reportaje sobre la caza furtiva, están infestados de grupos armados. De hecho, el Centro Nacional de Inteligencia ha confirmado que los autores del ataque pertenecían a un grupo yihadista. De estos espacios naturales también obtienen recursos adicionales gracias al tráfico ilegal de animales, marfil o madera.

El proceso ha sido rápido, menos de una década desde que en enero de 2012 tres grupos radicales se aliaran con los independentistas tuaregs y lanzaran una ofensiva con la que lograron hacerse con el control de todo el norte de Malí. La Operación Serval francesa retomó las ciudades de Gao y Tombuctú un año más tarde y comenzó a hostigar a los yihadistas en fuga, como sigue haciendo hoy con la Operación Barkhane, pero estos se refugiaron en pueblos y zonas alejadas de los grandes centros urbanos y prepararon la contraofensiva. Se reorganizaron, mutaron, consolidaron alianzas con una parte de la población rural, sobre todo las comunidades de pastoreo que se sienten discriminadas frente a los agricultores sedentarios. La seguridad del Estado ya empezaba a desvanecerse y surgían grupos de autodefensa.

Insurgencia

Es en este contexto que el terrorismo yihadista, ya vestido con los ropajes de una insurgencia más comunitaria y política que religiosa, llegó a Burkina Faso desde la vecina Malí. Los primeros ataques ocurrieron en el norte del país en 2015, pero pronto surgió un grupo local, Ansarul Islam, encabezado por el hábil predicador radiofónico Ibrahim Malam Dicko. Su bautismo de fuego tuvo lugar en diciembre de 2016 con el asesinato de 12 soldados burkineses en un puesto militar cercano a la frontera. Desde entonces hasta hoy, el conflicto se ha extendido desde el norte hasta las regiones de centro-norte y este de Burkina Faso de la mano de otros grupos que han tomado el testigo, sobre todo el Estado Islámico del Gran Sáhara (EIGS) que lidera Abu Walid Al Saharaui.

Este grupo afiliado al Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) tiene su centro de operaciones entre las comunidades asentadas en el oeste de Níger, en la región de Tillabéri, pero su capacidad de golpear alcanza a los tres países. Tienen fama de implacables. Fuentes de seguridad burkinesas aseguran que, además de atacar a las Fuerzas Armadas, a sus miembros les está permitido el pillaje y la violación y obligan a la población civil a tomar partido: o colaboran con ellos o sufrirán las represalias.

Mientras tanto, la sensación de desprotección se extiende entre los civiles. “Esto plantea un serio problema de legitimidad de los gobiernos, que no procede de las elecciones, sino de la capacidad de un Estado de estar presente para garantizar la seguridad”, añade Yabi. En el centro de Malí, las comunidades aseguran estar cansadas del conflicto y han iniciado un proceso de negociación entre ellas y el grupo yihadista Frente de Liberación de Macina, del predicador Amadou Kouffa, a quien permiten la aplicación de la sharía en zonas bajo su control. El Estado quedó al margen de dichos acuerdos, lo que plantea también una cuestión de soberanía.

“El 65% de la población de Burkina Faso tiene menos de 25 años”, comenta Creach, “es una proporción enorme. Tienen pocas oportunidades en su educación, medios de vida, supervivencia. En las zonas rurales muchos de ellos se enfrentan a una difícil decisión: integrarse en estos grupos armados, sufrir la violencia o emigrar”. En ocasiones, las amenazas y los asesinatos proceden de las propias fuerzas de seguridad o de paramilitares. Entre febrero y abril de 2020, soldados en Malí, Níger y Burkina Faso arrasaron pueblos y mataron a unos 200 civiles, según denunció Amnistía Internacional en un informe de junio pasado. Soldados chadianos del G5 del Sahel desplazados en Níger violaron al menos a tres mujeres, entre ellas a una niña de 11 años, el pasado marzo.

El noroeste de Nigeria, fronterizo con Níger, también sufre desde hace años una forma creciente de violencia, protagonizada en este caso por grupos de delincuentes armados que roban y secuestran y que ha provocado el desplazamiento forzoso de sus hogares de unas 600.000 personas, según Acnur. El temor de las autoridades es que estas bandas puedan caer bajo la influencia de los yihadistas y se cree un corredor que conecte a Boko Haram y el Estado Islámico de África Occidental (ISWAP, por sus siglas en inglés), presentes en el noreste de Nigeria y el Lago Chad, con los radicales del Sahel central a través de Níger. “Ya existe una clara amenaza a la estabilidad regional”, concluye Yabi, “la expansión ha sido muy rápida y está llegando a zonas densamente pobladas. Es un verdadero motivo de inquietud”.

https://elpais.com/internacional/2021-05-02/el-yihadismo-se-aduena-de-las-zonas-rurales-del-sahel.html

Terrorismo en el Sahel. Dos periodistas españoles asesinados en Burkina Faso

Vivimos en un mundo que es una «aldea global». Todos queremos estar enterados de lo que ocurre en el otro confín de la tierra. Si nos lo cuentan los medios de dicho lugar, donde han acaecido los hechos, dudamos, no tanto de su realidad, pero sí de su veracidad total y de su alcance. Estos se manifiesta especialmente en áreas donde la libertad se encuentra cercenada, bien por los propios poderes públicos o por la imposibilidad de los mismos de mantener el control en su territorio.

No existen una estadísticas bien definidas, pero podría decirse que en más de la mitad de los estados de la tierra, sus gobiernos no controlan la totalidad de su territorio, campeando a sus anchas otros poderes superpuestos a los estatales: terroristas, narcotráfico, crimen organizado, oponentes políticos, guerras civiles, etc.

Para el conocimiento de la realidad hay que basarse en los «notarios de la verdad»: los periodistas, los cuales se juegan la vida para contarla. En ocasiones caen heridos o muertos, por fuego amigo o en el fragor de la contienda o del desastre natural o antrópico, y el hecho, triste por supuesto, se produce de la misma forma que lo hace un sanitario, un bombero, un policía o un militar en ayuda humanitaria o en mantenimiento de la paz. Pero en otras los periodistas caen, no en combate, sino asesinados por uno de los contendientes o ante una catástrofe, por no haber tenido la protección de las autoridades gubernamentales ante la tragedia.

Dos periodistas españoles y un conservacionista irlandés han muerto abatidos por una de las filiales del terrorismos yihadista internacional que se asienta sobre los millones de kilómetros cuadrados del Sahel, en este caso en Burkina Faso, antiguo Alto Volta.

https://elpais.com/espana/2021-04-30/recibidos-en-torrejon-los-cuerpos-de-los-dos-periodistas-asesinados-en-burkina-faso.html

https://www.lavanguardia.com/internacional/20210430/7418549/llegan-espana-feretros-periodistas-asesinados-burkina-faso-roberto-fraile-david-beriain-directo-video-seo-lv.html

https://www.publico.es/internacional/periodistas-asesinados-fiscalia-abren-diligencias-asesinato-periodistas-espanoles-burkina-faso.html

https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-04-27/dos-espanoles-desaparecidos-ataque-sureste-burkina-faso_3051919/

https://www.rtve.es/noticias/20210428/desaparecen-dos-espanoles-burkina-faso/2087771.shtml

https://es.wikipedia.org/wiki/Burkina_Faso

Similitudes entre dos épocas históricas: El Mediterráneo de Cervantes y el actual. Incidencia del fenómeno terrorista en el Mediterráneo, por Rafael Vidal Delgado

Libro editado con motivo del IV Centenario de la muerte de Cervantes

Como consecuencia del nuevo Concepto Estratégico de
2010, la estructura militar de la OTAN se ha modificado
drásticamente, vistos los nuevos riesgos, incertidumbres y
amenazas y las relaciones de buena vecindad con las
grandes potencias, bien que la invasión de Ucrania y las
desavenencias en la crisis Siria entre Rusia y
OTAN/EE.UU. ha obligado a una reflexión, la cual se hará
patente en un retoque estructural, que seguramente se
plasmará en un nuevo concepto estratégico para 2020.
“Hemos acordado un marco para una nueva estructura
de mando en la OTAN, que será más efectiva, reducida
y económica. Será también más ágil, flexible y estará
mejor preparada para desplegar en operaciones,
incluyendo contingencias previstas en el artículo 5 y
proveerá una garantía visible. La nueva estructura
representa una significativa reducción en el número
de cuarteles generales y una reducción de personal
cercana al 35%, lo que implica cerca de 5.000 puestos,
o más, si se puede y donde se pueda. Tendrá una
nueva relación con nuestros cuarteles generales
nacionales, y también garantizará el enfoque regional. La
decisión final con la nueva estructura de mando de la
OTAN, que incluya su huella geográfica, se tomará no
más tarde de junio de 2011, habiendo encargado al
Secretario General que prepare propuestas con este
fin” (1).

Resultados de la Cumbre OTAN de Varsovia en la lucha
contra el terrorismo
En esta cumbre de julio de 2016, se alcanzaron algunos
acuerdos, aunque no concretos, entre ellos se encontraban:

  1. La lucha contra las amenazas híbridas 53,
    principalmente mejorando los procedimientos de
    coordinación.
  2. Cooperación en la lucha contra la migración,
    fundamentalmente en el mar. La prensa del
    28.10.2016, presenta el apoyo de la OTAN a la
    operación “Guardián del Mar” en el Mediterráneo.
  3. Coordinación en ciberdefensa y ciberseguridad.
  4. Desarrollo de capacidades complementarias e
    interoperables.
  5. Apoyo a la industria de defensa y a la investigación.
  6. Incrementar los ejercicios combinados e
    interoperables.

7. Desarrollo de las capacidades de defensa y seguridad
con los socios del Este y del Sur.
(1) BELLUGA CAPILLA, José María. “Reforma de la OTAN y sus Agencias”. Revista Ejército, núm. 872, diciembre de 2013. Páginas 92-99. (2) Sin que exista unanimidad se puede considerar amenaza híbrida la
llevada a cabo con medios convencionales, con métodos de guerrilla
¿terrorismo?, y en espacios virtuales en donde se exige ciberdefensa y
ciberataques. Expertos de la UE consideran que la captación de adeptos en
Europa por parte de DAESH y la constitución de una “quintacolumna”,
también forma parte de esta amenaza.


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