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¿Va Turquía en serio?, por Josep Piqué

Cartas oficiales con la solicitud de adhesión a la Alianza Atlántica de Finlandia y Suecia, 18 de mayo de 2022. OTAN

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Una de las consecuencias –muy contraproducente para Rusia– de la invasión de Ucrania ordenada por Vladímir Putin ha sido la decisión política de Finlandia y Suecia de plantear su integración en la Alianza Atlántica. Estos dos países nórdicos han roto su tradicional neutralidad, forzada en el caso de Finlandia, después de las dos guerras con la Unión Soviética, durante la Segunda Guerra Mundial, y libremente adoptada por Suecia hace dos siglos, en el Tratado de Viena.

La respuesta aliada ha sido claramente positiva, por varios motivos. Uno, porque se trata de dos países inequívocamente democráticos y con los mismos valores en los que se basa nuestra convivencia, con una cultura de defensa y seguridad que, a pesar de su neutralidad, o precisamente por ello, los ha llevado a disponer de unas fuerzas armadas sólidas y bien pertrechadas humana y materialmente. Dos, porque ya llevan tiempo cooperando y coordinando sus políticas con la OTAN, forman parte de organismos comunes como la Asociación para la Paz e, incluso, realizan maniobras militares conjuntas.

La integración es, pues, factible a muy corto plazo. Si la respuesta de la Alianza en la Cumbre de Madrid de finales de junio es positiva (superando las reservas que ha manifestado Turquía), tal incorporación será una realidad a finales de este año o inicios de 2023.

En cualquier caso, desde el momento de la petición formal y de su aceptación, la OTAN ha mostrado su voluntad de cubrir a ambos países, aplicando de facto el artículo 5 del Tratado de Washington, constitutivo de la Alianza, para evitar tentaciones rusas durante el periodo de transición hasta la plena integración.

En tercer lugar, ambos países forman parte de la Unión Europea desde 1995 y, por consiguiente, están cubiertos por los tratados, que incluyen la ayuda mutua en caso de agresión exterior. Una posibilidad, sin embargo, que no tiene el contenido real del artículo 5 mencionado.

Por último, porque la incorporación de Finlandia y Suecia supone un plus de seguridad para estos países ante la evidente agresividad rusa, su revanchismo y su determinación a usar la fuerza militar para conseguir sus objetivos. Un revanchismo que lleva a Rusia a reclamar el espacio post-soviético dentro de su área de influencia y su deseado perímetro de seguridad. Ello incluye algunas aspiraciones históricas vigentes desde la época de los zares: el dominio del Báltico, más allá de las zonas que suelen helarse en invierno, es una de ellas. Las heladas que suelen afectar al golfo de Finlandia cierran el acceso a las “aguas calientes” desde San Petersburgo. De ahí, la enorme importancia estratégica del enclave de Kaliningrado al sur de Lituania y de la neutralidad de sus países ribereños en la costa occidental del mismo, Finlandia y Suecia.

«Las heladas que suelen afectar al golfo de Finlandia cierran el acceso a las ‘aguas calientes’ desde San Petersburgo, de ahí la enorme importancia estratégica del enclave de Kaliningrado al sur de Lituania y de la neutralidad de sus países ribereños en la costa occidental del mismo, Finlandia y Suecia»

Con la integración, el Báltico, que en la guerra fría era un “mar soviético”, pasa a ser un “mar aliado”, con un control total de los accesos al océano Atlántico. Para la OTAN, pues, constituye una aportación fundamental a la seguridad europea y explica la virulenta reacción rusa, amenazando veladamente incluso con armas nucleares a ambos países y su total oposición a la decisión, libremente adoptada por dos países libres, soberanos y democráticos. Una decisión que supone, además, que siete de los ocho países del Consejo Ártico van a ser miembros de la Alianza.

Otra gran aspiración histórica de Rusia (que incluye el dominio del Cáucaso, del Caspio y de Asia Central) es la de controlar el mar Negro y la secular pugna por dominar el Bósforo con el Imperio Otomano y, posteriormente, con Turquía. Con la caída del muro de Berlín, Rumanía y Bulgaria salieron de la órbita soviética y, posteriormente, entraron en la OTAN. En ese contexto, cobran enorme importancia otros dos países ribereños: Ucrania y Turquía.

En el caso de Ucrania, el primer objetivo de Rusia era garantizar la continuidad de su flota en el mar Negro y, fundamentalmente, su histórica base en Sebastopol, en Crimea. En un primer momento, eso se logró con un arrendamiento a 25 años de dicha base (en territorio ucraniano) que luego se prorrogó. Pero esto dependía de la voluntad ucraniana de seguir con ese estatus. Por ello, la anexión ilegal de Crimea en 2014 hay que leerla desde esa perspectiva. Sin embargo, va más allá: para Rusia se trata de acabar controlando totalmente el mar de Azov (incluyendo el puerto estratégico de Mariúpol) y cerrar el acceso del resto de Ucrania al mar, con la conquista de Odesa y conectando Crimea con Trasnistria, en Moldavia, bajo control ruso desde los años noventa. En esa lógica, hay que inscribir los objetivos militares de Rusia con su intervención militar contra Ucrania.

Pero queda Turquía y su dominio sobre el Bósforo y los Dardanelos, desde la caída de la Constantinopla bizantina en el siglo XV. Primero, bajo el Imperio Otomano y luego por la Turquía surgida de la derrota y desaparición del imperio, liderada por Mustafa Kemal Atatürk. Atatürk acordó con los bolcheviques renunciar al Cáucaso a cambio de su ayuda contra la Grecia independiente en la disputa por la actual Turquía europea, después de la Primera Guerra Mundial. Ello implicaba, lógicamente, seguir controlando el acceso desde el mar Negro al Mediterráneo.

Turquía tiene, pues, la llave estratégica. Por ello, a pesar de sus carencias democráticas y de su política neo-otomana y cada vez más ambigua en su relación con la UE y con Occidente, se integró en la OTAN, casi desde el principio, como elemento sustancial de la política de contención frente a la URSS.

«La voluntad de una política autónoma, que implica no tener aliados sino solo socios más o menos circunstanciales, ha llevado a Erdogan a sobrepasar auténticas líneas rojas»

Sin embargo, muchas cosas chirrían, sobre todo a medida que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha ido consolidando su liderazgo cada vez más autocrático y su política de islamización del poder político, junto a una política exterior que le ha llevado a cambiar la tradicional máxima kemalista (“cero problemas con los vecinos”) y a tener problemas con todos ellos, incluyendo otro miembro de la Alianza como Grecia, o manteniendo la ocupación de una parte de Chipre, en contra de la legalidad internacional. Además, ha intensificado sus misiones militares en el exterior, ya sea en Siria, Irak o Libia, o apoyando al islamismo político en abierta confrontación con Arabia Saudí o Egipto en su pugna por la supremacía en el mundo árabe suní.

Esa voluntad de una política autónoma, que implica no tener aliados sino solo socios más o menos circunstanciales, le ha llevado a sobrepasar auténticas líneas rojas. La más importante es la decisión, con el pretexto de que el sistema antiaéreo y antimisiles estadounidense Patriot era demasiado caro, adquirir a Rusia su sistema S-400. Algo inadmisible para la Alianza y, desde luego, para Washington, que impuso sanciones en equipamiento militar y, fundamentalmente, suspender la provisión de sus sofisticados aviones de caza F-35 para el ejército turco. La máxima expresión de ese enfado fue la declaración del presidente de EEUU, Joe Biden, que condenó el genocidio turco contra los armenios, algo que no había sucedido antes y que Turquía sigue empeñada en negar a pesar de todas las evidencias.

A pesar de ello, ante la magnitud del desencuentro, Turquía ha estado intentando congraciarse de nuevo con EEUU, ofreciendo fórmulas de control conjunto sobre los S-400 o suavizando sus posiciones en el Mediterráneo oriental, en un movimiento soterrado y sostenido por el cambio del primer ministro Ahmet Davutoglu hace unos años.

Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania ha vuelto a poner de relieve que Turquía tiene su propia agenda y que no siempre coincide con los intereses de la OTAN, a la que pertenece.

Así, en su política de acercamiento circunstancial a Rusia y a Putin (acordando posiciones en Siria, sin objetar la continuidad de Bachar el Asad a cambio tener de manos libres en el norte contra los kurdos), y más allá de sus afinidades personales (una concepción similar del ejercicio del poder político, la relación con la religión o una política exterior reivindicativa de las antiguas áreas de influencia imperial), se le ha añadido su equidistancia, ofreciéndose como mediador en el conflicto, de momento con escaso éxito. Una equidistancia claramente contradictoria con su carácter de miembro de la Alianza.

«La decisión turca de cerrar el Bósforo a la navegación de buques de guerra mientras dure el conflicto afecta a Rusia y el posible refuerzo de su flota, pero también afecta negativamente a la OTAN»

Pero también su decisión de cerrar el Bósforo a la navegación de buques de guerra mientras dure el conflicto. Algo que, obviamente, afecta a Rusia y el posible refuerzo de su flota, para intentar el asalto anfibio de Odesa, en combinación con fuego artillero y de misiles y el despliegue de fuerzas desde tierra. Pero también afecta negativamente a la OTAN. Valga como ejemplo que el envío a la zona de la fragata Blas de Lezo por parte de España, fuertemente publicitada, ha quedado en suspenso y obligada a permanecer en el Egeo.

El último episodio es la oposición turca a la entrada de Suecia y Finlandia en la Alianza, algo que requiere la unanimidad de todos los Estados miembros de la misma. Los motivos aducidos se refieren básicamente a la actitud prokurda de ambos países. Algo de eso hay, y algo intentará conseguir a cambio de levantar el veto, pero parece más una excusa de cara a la galería. Lo más importante para Turquía es levantar el veto nórdico a la venta de armamento a raíz del ataque a los kurdos sirios en 2019 y, sobre todo, el veto norteamericano a la venta de los F-35 y de equipamiento militar adicional, utilizando el chantaje.

Un juego muy arriesgado ante la actitud abiertamente favorable de EEUU a la entrada de los dos países nórdicos y el cansancio de todos los aliados ante un socio manifiestamente desleal. La OTAN debe decidir entre abrir sus puertas a dos países socios, amigos y con los mismos valores o ceder a las exigencias oportunistas y ventajistas de Turquía. Y explorar hasta qué punto Ankara va en serio o está jugando de farol.

La Alianza tiene mucho que perder, pero debe transmitir a Turquía que los chantajes entre aliados no son admisibles. Ankara desafía y juega con fuego desde hace demasiado tiempo. Puede haber alguna concesión no esencial, pero ceder ahora comprometería el futuro de la OTAN de forma sustantiva y significaría perder credibilidad disuasoria frente a Rusia.

Habrá que optar entre una Alianza cohesionada y basada en la lealtad mutua o mantener en su seno a un país claramente estratégico, pero en el que no se puede confiar en los momentos difíciles.

¿Distensión en Oriente Próximo?

Para el autor de esta página, existe un matiz importante entre las áreas de «Oriente Medio», que abarca Arabia Saudí, Irán y como nuevo protagonista en emergencia Turquía; de la «Oriente Próximo» que es más referida a los países ribereños o en la zona de interés Mediterránea.

https://www.politicaexterior.com/revista/afkar-ideas-62/

afkar/ideas 62, primavera 2021    
Tras un año de pausa, vuelve afkar/ideas, revista que coeditamos con el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed) de Barcelona. Y lo hace con la misma vocación de servir de puente cultural entre las dos orillas del Mediterráneo, dando la palabra a voces normalmente ausentes del debate nacional. A partir de ahora, los lectores podrán disfrutar gratis, en abierto y sin límite de artículos, de todo el contenido digital de afkar/ideas. Damos así un paso más en nuestro objetivo de difundir el conocimiento y fomentar las relaciones con el mundo árabe. Empezamos esta nueva etapa abordando una de las cuestiones que probablemente marcarán el futuro del Norte de África y Oriente Medio: los Acuerdos de Abraham, por los que Baréin, Emiratos Árabes Unidos e Israel, con la mediación de Estados Unidos, normalizaron sus relaciones. Estos pactos, así como los firmados más tarde por Marruecos y Sudán, reflejan un cambio de paradigma en el mundo árabe. El pragmatismo parece haberse impuesto, Israel ha dejado de ser el enemigo principal, mientras el conflicto israelí-palestino y el Sáhara Occidental se presentan como los grandes perdedores. Habrá que estar atento a si otros países árabes siguen el mismo camino y también a la estrategia de Joe Biden, más centrado por ahora en reactivar el pacto nuclear con Irán. afkar/ideas no podía ser ajena a la Covid-19 y sus consecuencias políticas, sociales, económicas y culturales. Amparados por la pandemia, los gobiernos han impuesto duras restricciones que, en muchos casos, han supuesto un retroceso en las libertades de una población asfixiada por la falta de recursos. Varios países han vivido un rebrote de las protestas, como Argelia, donde el movimiento prodemocrático Hirak, nacido hace ya dos años, ha vuelto a tomar las calles, con las mismas consignas y la misma fuerza. La crisis social y económica, sin embargo, no puede achacarse únicamente a la pandemia. La región se enfrenta desde hace una década a unos retos estructurales –mercado laboral, economía informal, falta de financiación de las pymes o déficit del modelo de gobernanza– que limitan su progreso. Esta crisis puede ser una oportunidad para solucionar dichos problemas y lograr una mayor sostenibilidad de las finanzas públicas. Mientras tanto, el sector cultural intenta sobrevivir, reinventándose y adaptándose a las nuevas circunstancias. La situación actual no ha hecho más que poner de relieve los grandes déficit de la cultura, pero como señala Neila Tazi Abdi, productora del Festival Gnaua y Músicas del Mundo de Esauira, “a largo plazo podría tener un impacto positivo en el sector, pues hemos cobrado conciencia de su fragilidad y de la necesidad de darle solidez”.
Les esperamos en esta nueva etapa. Gabriela González de Castejón, redactora jefe de afkar/ideas  
  EN ESTE NÚMERO: Editorial: ‘Grandeur’ y sombras en Egipto Más allá del proceso de pazGiuseppe Dentice Acuerdos de Abraham: perspectivas regionalesElisabeth Marteu Palestina y los acuerdos arabo-israelíesItxaso Domínguez de Olazábal Israel-MarruecosMarina Ottaway Biden y los acuerdos de AbrahamEllen Laipson Diez años de guerra en Siriaentrevista con Zaina Erhaim Pandemia y autoritarismo: tormenta perfecta, Ignacio Álvarez-Ossorio Marruecos y Túnez ante el reto político del Covid-19Pierre Vermeren El ‘Hirak’ argelino ante la pandemiaLouisa Dris-Aït Hamadouche

Canarias: gestión local y de emergencia para unos flujos migratorios entre continentesXavier Aragall Flaqué Consecuencias de la Covid-19: una lección para repensar la sostenibilidad de las finanzas públicasRoger Albinyana Transición hacia una energía limpia en el Norte de ÁfricaAgencia Internacional de la Energía La región MENA pos-Covid: de la transformación digital a la transformación a través de lo digitalMondher Khanfir Proliferación de crisisRana Yazaji La cultura marroquí en tiempos de la Covid-19entrevista con Neila Tazi Abdi La resiliencia como medio de supervivenciaLilia Weslaty  

La primera reunión greco-turca en dos años tensa aún más la relación entre los dos países

Aunque el principal foco de conflicto es la delimitación de las respectivas zonas económicas exclusivas en el Mediterráneo oriental, los ministros intercambiaron también acusaciones en otros asuntos.

El Confidencial 15.04.2021.

https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-04-15/la-primera-reunion-greco-turca-en-dos-anos-tensa-aun-mas-la-relacion-entre-los-dos-paises_3036752/

La UE tiende puentes con Turquía bajo condiciones

Michel y Von der Leyen piden a Erdogan mayor compromiso con los derechos fundamentales para restaurar la relación bilateral

Una visita poco habitual, gestos de distensión y un mandato muy concreto de los líderes de la UE por desarrollar. Charles Michel y Ursula von der Leyen viajaron ayer a Ankara para reunirse con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. De esta forma comenzaban a dar forma a la voluntad expresada por los jefes de Estado y Gobierno de los Veintisiete el pasado 25 de marzo: reconstruir el vínculo con este socio estratégico, candidato desde hace más de dos décadas a integrarse en el proyecto comunitario. ¿La condición? Que mantenga «la actual desescalada».

Convención de Estambul

Pero este encuentro en Ankara se producía poco después de la retirada de Erdogan de la Convención de Estambul, que combate la violencia contra las mujeres; tras las presiones del Gobierno para la legalización del principal partido de la oposición, pro kurdo; y después de otro episodio cuestionable, la detención el pasado fin de semana de una decena de almirantes ya jubilados, firmantes de una carta abierta que cuestionaba el plan del presidente turco de crear una nueva vía fluvial, el Canal de Estambul, entre el Mar Negro y el Mar de Mármara para facilitar los flujos marítimos a través del Bósforo y los Dardanelos.

https://www.diariosur.es/internacional/tiende-puentes-turquia-20210407000350-ntvo.html

Las fuerzas armadas francesas se preparan para una guerra de alta intensidad

https://www.lavanguardia.com/internacional/20210330/6616738/fuerzas-armadas-francesas-preparan-guerra-alta-intensidad.html?utm_term=botones_sociales

Hay otras señales de que las fuerzas armadas francesas se encuentran en medio de una transformación generacional. En enero, el Estado Mayor creó discretamente diez grupos de trabajo para examinar la preparación del país ante una guerra de alta intensidad. Los generales franceses consideran que tienen más o menos una década para adaptarse. Los grupos lo abarcan todo, desde la escasez de municiones hasta la resiliencia de la sociedad, incluido el hecho de si los ciudadanos están «preparados para aceptar un nivel de bajas que nunca hemos visto desde la segunda guerra mundial», dice uno de los participantes. El espectro de la guerra de alto nivel está ya tan extendido en el pensamiento militar francés que el escenario tiene su propio acrónimo: HEM, o «hipótesis de enfrentamiento mayor». Los presuntos adversarios no se identifican, pero los analistas no sólo apuntan a Rusia, sino también a Turquía o a un país del norte de África.

EL REGRESO DE CARTAGO: LA NUEVA POLÍTICA EXTERIOR DEL REINO UNIDO

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

El 16 de marzo del 2021 el gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte presentó un nuevo documento donde se plasma cual será la estrategia de la política exterior y la defensa británica por los próximos 30 años. El documento se llama La Gran Bretaña Mundial en un mundo competitivo. Una revisión integral de las cuestiones de seguridad, defensa, desarrollo y política exterior.

Según el documento, los actuales líderes de Gran Bretaña consideran que China y Rusia son la principal amenaza para su país. A pesar de que el documento deja claro que debe dársele prioridad de la región Indo-Pacífica (la lucha contra China), se hace mucho énfasis en Europa del Este (la «contención» de Rusia).

Londres utilizará tanto las sanciones económicas como la presión militar en contra de sus enemigos. Para lograrlo, llevará a cabo una modernización de su armamento, tanto cibernético como espacial, naval y nuclear. Para el 2030 las fuerzas armadas británicas esperan contar con 260 ojivas nucleares. Por lo tanto, el ejército británico estará presente en todas partes del mundo y la isla británica se convertirá en «un país que se ocupe de la resolución de problemas y la administración de los conflictos a nivel mundial».

La Gran Bretaña Mundial y la sociedad abierta

El concepto de una Gran Bretaña Mundial no es para nada nuevo. Siempre ha sido el estandarte de una parte del poder conservador británico que estuvo a favor del Brexit. Debemos tener en cuenta que existían dos corrientes distintas que estuvieron a favor de la salida de Gran Bretaña de la UE: por un lado, estaban los populistas, los cuales estaban muy desilusionados de la UE como institución transnacional y liberal, y, por el otro, los ultra-liberales (también conocidos como neoconservadores). Para este último sector la UE no era lo suficientemente liberal, además de ser demasiado “continentalista” con respecto a Gran Bretaña que históricamente ha vinculado su destino a la defensa de su misión como potencia marítima, al mercado libre y a la promoción de la “democracia” en todo el mundo. Precisamente fueron estas fuerzas personificadas en el neoconservador británico e intelectual detrás del Brexit, Michael Gove, y el exalcalde de Londres, Boris Johnson, las que finalmente vencieron y arrojaron a un lado a los populistas que tenían ideas mucho más tradicionalistas como era el caso de Nigel Farrage. 

La estrategia actual de las élites de Gran Bretaña es convertir su país en una isla por donde pasen todos los flujos financieros, informáticos y de toda clase de «redes» mundiales (el término «network» se usa 52 veces en el documento), siendo una parte integral de las redes de seguridad internacional. La Chatham House (Real Instituto de Asuntos Internacionales) (1) había propuesto anteriormente varias ideas parecidas con respecto a la política internacional (siendo Gran Bretaña una especie de corredor global donde confluirían todas las contradicciones globales). Podemos decir que tanto el gobierno británico como el más importante grupo de expertos de su país sostienen las mismas ideas globalistas acerca del futuro de la Gran Bretaña.

El documento dice abiertamente que existe una «competencia ideológica» entre los poderes liberales y «autoritarios» contra las democracias, y que Londres debe convertirse en uno de los principales adalides de las «democracias» a nivel mundial. 

El documento dice que “el primer objetivo [de Gran Bretaña] como fuerza del bien proyectada hacia el mundo debe ser apoyar a todas las sociedades abiertas y proteger los derechos humanos”. 

El documento se caracteriza por sostener una imagen maniquea del mundo dividido en blanco y negro. En ese sentido los enemigos (es decir, Rusia y China) son considerados como el mal absoluto y los propios británicos son considerados como las «fuerzas del bien». Además, el concepto de «sociedad abierta» es mencionado a todo lo largo y ancho del documento. 

Misión de los Estados Púnicos y la «Gran Reconstrucción»

El 13 de noviembre del 2018 la Sociedad Henry Jackson discutió a profundidad el concepto de una Gran Bretaña Mundial desde una perspectiva geopolítica. La Sociedad Henry Jackson es un think tank muy influyente que cuenta entre sus miembros a varios parlamentarios británicos (entre ellos podemos contar con uno de los amigos de los investigadores de Bellingcat, el veterano de inteligencia militar anti-ruso Robert Seely), periodistas (como Mark Urban, uno de los confidentes de Skripal, que es especialista en cuestiones de inteligencia y asesinatos secretos), al exjefe de MI-6 Sir Richard Dearlove, al exjefe de la CIA James Woolsey, al neocon William Kristol y también algunos miembros que dirigen el Atlantic Council (organización prohibida en Rusia), además en este foro participó el cerebro detrás del Brexit: Michael Gove.

En esta reunión del 2018 el profesor Andrew Lambert, que pertenece a la Real Academia Militar de Sandhurst, la cual es la institución militar más prestigiosa del Reino Unido, expuso de forma detallada la misión histórica de Gran Bretaña como Sea Power (Poder del Mar) (2). Para Lambert, igual que para todos los que participaron en la reunión, el poder marítimo o Sea Power constituye una clase muy particular de identidad que asumieron en la antigüedad los fenicios y los cartagineses y posteriormente los venecianos, holandeses y británicos.

Esta identidad considera que el comercio es un principio fundamental. Los poderes marítimos creen que el mercado debe ser abierto igual a como el mar está abierto a la navegación. Además, los poderes marítimos no se caracterizas por el uso directo y abierto de las fuerzas militares, sino que más bien practican el equilibrio por medio del control de ciertos puntos nodales importantes. El pensamiento de los poderes «marítimos» intenta transferir los principios jurídicos del mar a las relaciones sociales terrestres, ya que en el mar no existen las fronteras y se desarrolla el libre comercio (aunque también se pueden mover libremente las fuerzas militares). Es interesante ver que este análisis retoma punto por punto las ideas de Carl Schmitt, quien describió el enfrentamiento entre la Tierra y el Mar como principios geopolíticos antagónicos.

Sin embargo, es increíble que la élite británica use abiertamente estas categorías y considere se vean a sí mismos como los continuadores del imperio comercial cartaginés que era enemigo de Roma. El profesor Lambert también considera que la Rusia actual es la continuadora de «Roma», mientras que el Occidente liberal es una especie de Cartago colectiva. China es considerada una potencia terrestre.

Todo esto ayuda a entender por qué Lambert defiende el rules‑based order, “un orden basado en reglas claras”. Este es el orden al que Londres siempre insta a que regresen tanto Moscú como Pekín.

Según Lambert el orden internacional no es solamente un «regalo» que el poder naval británico le dio al mundo. Todo ello fue construido por medio de los «barcos de vapor, los cables de telégrafos submarinos, las comunicaciones inalámbricas, los servicios bancarios y el transporte marítimo internacional y financiero».

Lambert dice que “el Reino Unido creó todos estos servicios porque hacían parte de sus intereses nacionales. No creamos nada de esto como un acto de caridad; el orden que está basado en reglas claras no es bueno en sí mismo, solo resulta bueno en la medida en que sirve a los propósitos por los cuales fue creado”.

La nueva estrategia de política exterior y de defensa de Reino Unido retoma varias de estas tesis, argumentando que «el sistema internacional que está basado en las reglas de juego creadas después de la Guerra Fría ha beneficiado muchísimo al Reino Unido y a otras naciones del mundo». Por lo que se entiende que tanto Rusia como China deben retornar al orden unipolar que antes existía y reconocer el dominio global de la ideología liberal como única ideología posible.

En este sentido, la «sociedad abierta» es entendida como una sociedad que debe estar sometida a las influencias externas, o a la autodestrucción, más o menos del mismo modo en que los británicos «abrieron» China en el siglo XIX con tal de imponer el libre comercio de opio. Los poderes marítimos favorecen la existencia de una sociedad abierta por las mismas razones por las que favorecían la apertura de los mares o el libre comercio.

También es interesante que la élite geopolítica británica se vea a sí misma como los continuadores de la misión de «conquista» de Cartago contra Roma. La antigua Cartago perdió, dice Andrew Lambert, pero sus sucesores han tenido un gran éxito al ser capaces de crear la civilización occidental moderna.

Ahora bien, resulta claro cuál es el papel que juega el príncipe Carlos como el artífice de la “Gran Reconstrucción”. El deseo de imponer a la fuerza la unipolaridad es ahora parte de la agenda de los liberales británicos y europeos (el príncipe Carlos y Klaus Schwab). Los Estados Unidos, a pesar de todo su poder, han demostrado que, después de haber elegido y apoyado a Trump, siguen siendo en el fondo demasiado provincianos y se encuentran demasiado atados a los principios «terrestres», algo que los diferencia muchísimo de la exmetrópoli. 

Un camino bastante problemático

Pero no debemos dejarnos engañar: esta independencia, o, mejor dicho, nueva autonomía de Londres con respecto a la política de Washington, tema en el que insisten los partidarios de una «Gran Bretaña Mundial», no debe subestimarse. Con esta autonomía Londres no está descartando a los Estados Unidos, simplemente pretende hacerlos retomar el camino que deben seguir. El decrépito imperio de los Estados Unidos, representado por el demente Biden, debe ser ayudado con tal de que no abandone su misión liberal como hegemón mundial. Así que ahora Gran Bretaña debe comenzar a asumir su responsabilidad como potencia marítima con tal de enfrentar a los poderes continentales que desafían el orden mundial.

Por lo tanto, Rusia debe estar muy pendiente de las actividades que desarrolle de ahora en adelante Gran Bretaña en Europa del Este y especialmente en Ucrania. Los servicios especiales británicos y sus fuerzas armadas han estado cooperando activamente con el régimen de Kiev desde hace mucho tiempo. En este sentido, el aumento de las tensiones militares alrededor del Donbass y la futura guerra que esta a punto de estallar sin duda se encuentra conectada con la nueva política que esta promocionando Londres. Los medios de comunicación ucranianos han escrito acerca de cómo la organización británico-holandesa Bellingcat está chantajeando a Vladimir Zelensky, además de que amenaza con abrir una investigación en su contra por supuestos hechos de «traición» durante su administración. También existen pruebas de que Zelensky está tratando de resolver todo esto con la ayuda del MI-6.

Otro de los grandes problemas que enfrenta Rusia es Turquía. Londres tiene la intención de ayudar a Ankara tanto en lo económico como en la seguridad, especialmente porque reconoce el rápido crecimiento de este país como potencia. Tras la publicación de la nueva estrategia de política exterior, el embajador británico en Turquía, Dominic Chilcott, dijo en Twitter que a Londres le gustaría “trabajar con Turquía, ya que es una potencia regional importante que puede ayudar a resolver los problemas de Chipre y Libia además de ayudar al fortalecimiento del sistema internacional basado en reglas de juego claras” (3).

Tampoco debemos olvidar que el actual jefe del MI-6, Richard Moore, fue embajador en Turquía, y Ersin Tatar, actual presidente de la República Turca del Norte de Chipre, quien estudió su secundaria en Inglaterra y curso sus estudios universitarios en Cambridge puedan tener alguna relación entre sí. Es importante tener en cuenta las redes de influencia británicas en los países árabes de Oriente Medio, incluida Siria. 

Ahora bien, es imposible ignorar la continua interferencia de Gran Bretaña en África y el «imperio» de PMC británicas que funciona sin ninguna interferencia en ese continente. 

Guerra informática

Es curioso señalar que en el documento publicado el 16 de marzo, el cual nos da a conocer la estrategia de la Gran Bretaña Mundial, exista una sección dedicada a un programa de contra desinformación y desarrollo de medios de comunicación (Counter Disinformation and Media Development programme). Este programa hace parte del Fondo de Conflictos, Estabilidad y Seguridad (Conflict, Stability and Security Fund) del Ministerio de Relaciones Exteriores Británicas, ministerio que es conocido por patrocinar a los Cascos Blancos que han apoyado a grupos de terroristas sirios.

El programa comenzó a funcionar en el 2017 y se encuentra dirigido contra los medios de comunicación que publican en ruso. Anteriormente, el portal estadounidense Grayzone (4) contaba con el apoyo de Reuters, BBC y Bellingcat, siendo todas ellas agencias financiadas por este programa de contra información.

Todos los años este programa cuenta con alrededor de 23-25 ​​millones de libras (su página oficial solo muestra una pequeña fracción de la cantidad de dinero que es proveída por la ODA – Official development assistance), que son gastadas en:

  1. Fortalecer los medios de comunicación independientes y las ONG;
     
  2. Interactuar con audiencias que son potencialmente vulnerables a la desinformación;
     
  3. Toda clase de proyectos de comunicación estratégica, incluido el seguimiento, la evaluación y la investigación de los medios de comunicación del enemigo;
     
  4. Interactuar con las partes que estén interesadas en el programa y evaluar los costos de implementación del mismo.

El sitio web del gobierno británico contiene muy poca información acerca de este programa y simplemente se dice que en el participan varias «ONG» y otras organizaciones afines. No obstante, la parte que está dedicada a los “costos de implementación del programa y los participantes que estén interesados en este” están en blanco. Simplemente se afirma que se los deja de lado por «razones de seguridad», lo cual parece indicar que los servicios especiales británicos están en contacto directo con los «interesados en este proyecto».

Entre los socios directos de este programa se encuentran la Foreign Office y el Ministerio de Defensa británico, lo que indica que todo esto forma parte de una guerra informática dirigida en contra de Rusia. Y esta guerra no solo va a continuar, sino que también comenzará a intensificarse en los próximos años.

El documento La Gran Bretaña Mundial en un mundo competitivo. Una revisión integral de las cuestiones de seguridad, defensa, desarrollo y política exterior indica que Londres está tratando de fortalecer su papel en el escenario internacional, siendo una de las principales fuerzas liberales que promueven la “Gran Reconstrucción”. Eso significa que ahora se ha declarado una guerra abierta tanto contra Rusia como contra China. Esta guerra adquiere en el frente ideológico la forma de una lucha a favor de la «democracia» global y la «sociedad abierta» como «fuerzas del bien» que deben eliminar al mal. En ella no se tomará ningún prisionero. Cartago dice que “Roma” debe ser destruida. 

Notas:

1. https://www.chathamhouse.org/2021/01/global-britain-global-broker

2. https://henryjacksonsociety.org/members-content/the-future-of-global-bri…

3. https://twitter.com/DChilcottFCDO/status/1372091995443855361

4. https://thegrayzone.com/2021/02/20/reuters-bbc-uk-foreign-office-russian-media/

Fuente: https://katehon.com/

https://www.geopolitica.ru/es/article/el-regreso-de-cartago-la-nueva-politica-exterior-del-reino-unido