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Jactancia armada y falacias

EDITORIAL (10.05.2022)

Las falsas excusas de Putin para la guerra confirman que un autócrata no necesita pruebas para presentar sus actos como inevitables

La conmemoración del Día de la Victoria de la URSS frente a la Alemania nazi se anunciaba inquietante como el momento elegido por Vladímir Putin para celebrar un triunfo definitivo en Ucrania, declarar la guerra con la movilización de reservistas o dar paso al empleo de armas nucleares tácticas. Nada de eso ocurrió ayer. El autócrata del Kremlin volvió a apropiarse de tan señalada fecha haciendo de su régimen la síntesis entre el pasado soviético y el poder acumulado tras su caída, y reduciendo el sacrificio que entre otros realizaron millones de ucranianos al blandir la bandera rusa. Aunque esta vez renunció a justificar la pretendida invasión de Ucrania por el nazismo y el genocidio que encarnaría el Gobierno de Kiev para ofrecer la enésima versión de su sinrazón: que Occidente atacaba a Rusia en el territorio que considera propio del Donbás y Crimea.

Las dictaduras no necesitan argumentos probatorios para explicar la inevitabilidad de sus actos, por crueles que sean estos. Los portavoces del Kremlin van desgranando sus supuestos motivos en la seguridad de que la mayoría de sus súbditos no osarán mostrar públicamente su escepticismo y mucho menos su oposición a una «operación militar especial» de la que Putin insistió ayer en que proseguía sobre los planes previstos. El mensaje no resultó precisamente victorioso. Pero vino a dar por sentado que el Donbás forma parte de la «tierra rusa». Como si, ante las dificultades por hacer efectiva su ocupación por la fuerza, Putin volviese a dibujar una patria expansiva por naturaleza, de manera que toda resistencia a sus pretensiones se convierte en agresión.

El régimen de Moscú es un sistema sin contrapesos, capaz de hacer un uso ilimitado de la anulación de derechos básicos y de la falacia. Ayer hizo desfilar por la Plaza Roja ingenios a los que se les supone una capacidad destructiva atroz, pero que parecían inermes. Ucrania, los aliados de la OTAN y de la UE están poniendo en evidencia el poder militar ruso. Será muy difícil que el Kremlin pueda alcanzar una victoria significativa e irreversible sobre Ucrania, a la que Putin ni siquiera nombró, aunque, en contraste con la endeblez de su jactancia armada, Rusia se está mostrando más correosa ante las sanciones económicas porque los países democráticos siguen siendo en mayor o menor medida dependientes de sus fuentes de energía. Pero la ventaja rusa irá desvaneciéndose a pesar del oportunismo doméstico al que se aferra su líder.

La OTAN y la Unión Europea. Ciclo 1º AEME 2022. Autor Teniente General (r) Luis Feliú Ortega

Asociación Española de Militares Escritores.

La   OTAN y la Unión Europea UE son dos organizaciones que aparentemente son muy similares pero que en realidad son diferentes en sus finalidades, en su estructura y en su funcionamiento. Por eso es un error el tratar de compararlas o. peor aún, enfrentarlas. En cambio, la realidad es que ambas son hoy en día básicas e incluso complementarias para  la seguridad y la paz  de Europa.

La OTAN, acrónimo de Organización del Tratado del Atlántico Norte, es la organización que desarrolla el Tratado de Washington firmado en 1949 por los cinco estados europeos, que ya habían un año antes firmado en Bruselas un tratado de defensa mutua que dio origen a la Unión Europea Occidental (UEO),  más EE.UU y Canadá,  que a su vez invitaron a Noruega, Dinamarca, Islandia, Italia y Portugal.  Su finalidad es establecer una defensa colectiva  ante  cualquier ataque a alguno de sus estados miembros. Se basa en el art 51 de la Carta de las Naciones Unidas: Derecho a la autodefensa  individual y colectiva, dando cuenta al Consejo de Seguridad. Además permite el intercambio de información y es foro de consultas sobre la seguridad colectiva. Se formó por la necesidad de establecer una disuasión y en su caso una defensa militar común, ante la amenaza del expansionismo soviético en Europa. Ha ido evolucionando  y ampliándose egún la situación geopolítica y actualmente,tras la adhesión de Macedonia en 2020,  son socios  30  estados. De ellos, 24 pertenecen también a la UE.

Es pues una alianza política entre estados soberanos donde las decisiones se toman por consenso. Como alianza política está gobernada por el Consejo Atlántico (NAC) y por el Grupo de Planeamiento Nuclear, formados por los jefes de Estado o de Gobierno o sus representantes permanentes residentes en Bruselas. Además dispone de una estructura militar permanente, subordinada al nivel político,  compuesta por un Comité Militar, formado por los jefes de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) o sus representantes permanentes militares (MILREP),  auxiliado por un Estado Mayor Militar Internacional (IMS).  La organización militar  comprende además  dos  partes: Una estructura de mandos con cuarteles generales internacionales, en los que se incluye personal de los distintos Estados y una estructura de fuerzas  compuesta por unidades militares que aportan o prevén aportar las naciones.

La estrategia de la OTAN, es decir la forma de cumplir sus misiones y alcanzar sus objetivos se define como Concepto Estratégico que ha ido variando según la situación y las amenazas. Los distintos conceptos estratégicos se han ido aprobando en las denominadas Cumbres de la OTAN que  han ido reuniendo, a los jefes de estado o de gobierno en distintas capitales. El concepto estratégico en vigor (Cumbre de Lisboa de 2010) estableció como líneas de acción: La Defensa Colectiva, La Prevención y Gestión de Crisis y la Seguridad Cooperativa. Este año de 2022 la Cumbre se celebrará a Madrid coincidiendo con los 40 años de la entrada de España en la Organización.

La UE o Unión Europea, es una unión de estados soberanos pero que ponen en común determinadas decisiones en materias de economía y finanzas, así como en cuestiones de política exterior, seguridad, defensa y justicia. Es una comunidad política de derecho constituida en régimen  de organización internacional nacida para propiciar y acoger la integración y gobernanza en común de los Estados y los pueblos de Europa. La UE se ha ido constituyendo paso a paso.  Se empezó en 1951  con la llamada Comunidad Europea del Carbón y del Acero, compuesta por Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. A partir de ahí fue ampliando sus competencias y el número de Estados miembros, pasando a constituir la Comunidad Económica Europea con 12 estados que en 1992 firmaron el Tratado de Maastricht, lo que  constituyó el comienzo de la UE y que se ha ido ampliando por sucesivos tratados. Actualmente, la Unión  está compuesta por veintisiete Estados. De ellos, todos, menos Suecia, Austria y Chipre, pertenecen también a la OTAN.

Su organización comprende el Parlamento Europeo, con parlamentarios de los distintos estados miembros, el Consejo Europeo formado por los jefes de estado o de gobierno, el Consejo de la UE o simplemente Consejo (o Consilium) establecido por representantes de los Estados a nivel ministerial y la Comisión Europea, verdadero órgano internacional de la Unión. No dispone de estructura militar permanente aunque dispone de un Comité Militar y de un Estado Mayor Internacional pero, a diferencia del de la OTAN, su misión no es auxiliar al comité militar sino al secretario general. Además, al no existir estructura militar permanente, sus funciones son simplemente asesoras.

 La UE  posee una Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y al incorporar en su   tratado el de la disuelta UEO, dispone también,  de un compromiso de defensa mutua  en caso de agresión o en apoyo de la PESC pues el tratado dice que  “los estados miembros pondrán a disposición del Consejo las capacidades civiles y militares que se determinen”. Parte integrante de la PESC la constituye la Politica Común de Seguridad y Defensa (PCSD) que se coordina en el Comité Político y de Seguridad (COPS) constituido por representantes de los países a nivel de embajador.

Ambas organizaciones tienen como finalidad principal  la seguridad y la paz en Europa. La primera de ellas, la OTAN,  mediante la disuasión y en su caso la defensa ante un ataque exterior a sus miembros para lo cual se considera fundamental el lazo trasatlántico, es decir el compromiso de EE.UU y Canadá con esa defensa. Mientras la segunda, la UE,  ha perseguido siempre evitar una nueva guerra entre estados europeos, fomentando su cooperación y su unión de forma que además se consiga una mayor fuerza en las relaciones con terceros estados. Aunque la UE ha deseado siempre poseer una autonomía estratégica y una defensa propia, sin embargo al no  lograr disponer de una estructura militar permanente, sus Estados confían su seguridad en la OTAN a pesar de que los Estados de la  OTAN no miembros de la UE y en especial los EE.UU, les reclaman un mayor compromiso en cuestiones de defensa militar.

 Como hemos podido ver, la OTAN ha demostrado su utilidad a lo largo de sus casi 70 años de existencia y ante situaciones muy distintas para hacer frente con su disuasión a riesgos y amenazas cambiantes. Consiguió sus objetivos durante la Guerra Fría al disuadir a la URSS y sus satélites de conquistar nuevos países o territorios y  hoy por hoy y en un  futuro próximo, parece insustituible. Estamos muy lejos todavía de una defensa puramente europea y la ONU no tiene una organización con capacidad propia. Es la única organización capaz de hacer frente a retos en cualquier parte del mundo y es seguro que sabrá adaptarse al futuro.

La UE por su parte, ha evitado cualquier enfrentamiento armado entre sus Estados como ocurrió durante siglos, sustituyendo sus desavenencias tradicionales  por una cooperación mayor en materias económicas y comerciales.  Además, dispone de algo que complementa a la OTAN y es su mayor capacidad política y diplomática. Finalmente hay que señalar que ambas han contribuido a reforzar los sistemas democráticos de sus socios.

Sería deseable que  la UE pudiera actuar como un todo en la OTAN, en nombre de todos sus miembros y que también pudiera ofrecer y contribuir con sus CG,s y sus fuerzas propias. Para ello le falta el lograr una mayor unión política que motive la creación de la ansiada aspiración de lograr unas Fuerzas Armadas Europeas que  respalden adecuadamente la política exterior común europea y su autonomía estratégica.

El acto final de Merkel

Durante sus últimas semanas en el cargo, la canciller alemana parece estar intentando una última hazaña: reajustar Occidente.HENNING HOFF |  14 de julio de 2021

Angela Merkel dejará pronto su cargo, pero no lo parecería echando un vistazo a su agenda. A finales de junio, por ejemplo, Merkel recibió al presidente francés, Emmanuel Macron, en la cancillería; hizo lo mismo con el primer ministro italiano, Mario Draghi; pronunció un discurso ante la Federación de la Industria Alemana, seguido de una reunión con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; presidió la reunión semanal del Consejo de Ministros; se enfrentó al Parlamento en una versión alemana de las “Preguntas al Primer Ministro” británicas; se reunió con el secretario de Estado de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, y luego tomó el avión a Bruselas para asistir a dos días de una bulliciosa cumbre de la Unión Europea, en la que su idea de última hora de tentar al presidente ruso, Vladímir Putin, con un regreso al diálogo de cumbres entre la UE y Rusia fue rechazada.

Mientras otros miembros de su gobierno se toman un respiro –hay una campaña electoral por delante para muchos de ellos, que comenzará en serio a principios de agosto–, Merkel, exponente de la ética del trabajo protestante (si es que hay una), demuestra su habitual sentido del deber. Y aunque a primera vista parezca que la canciller de los últimos 16 años se limita a hacer lo que siempre ha hecho –resolver cualquier problema inmediato de forma pragmática y sensata–, parece apuntar a lo más alto en su salida: nada menos que dejar un Occidente más o menos reorganizado, con una UE que al menos tenga la oportunidad de convertirse en una fuerza más consecuente en los asuntos mundiales.

Ninguneo

Muchos en Berlín y en otros lugares, incluido este columnista, han criticado a Merkel por su tibia bienvenida a la administración de Joe Biden. ¿Cómo es posible que una transatlántica tan comprometida como Merkel no se alegre más y abrace más abiertamente a un EEUU “de vuelta”? Parte de la respuesta parece ser: porque para volver primero tuvieron que irse. Es probable que también influya el hecho de que la administración de Biden no consultara con sus aliados antes de anunciar la retirada de Afganistán, así como su política de vacunas.

Merkel es conocida por leer los cambios un poco tarde en ocasiones. Cuando cayó el muro de Berlín, al principio era una observadora, una física que había elegido la carrera de ciencias porque los dirigentes comunistas podían insistir en su propia realidad socialista de color de rosa en la mayoría de los ámbitos, pero “no podían suspender las leyes de la gravedad”. Llegó al poder en 2005 después de casi perder las elecciones porque su plataforma original estaba llena de pilares neoliberales, como los impuestos fijos o proporcionales, cuando los votantes ya habían pasado página.

Su cambio de rumbo en materia de energía nuclear fue un caso parecido. Intentó evitar el fin de la producción de energía atómica en Alemania que su predecesor, Gerhard Schröder, junto con sus socios de coalición, Los Verdes, había diseñado, pero cuando en 2011 se produjo el desastre nuclear de Fukushima en el lejano Japón, Merkel aprovechó la oportunidad para ponerse de nuevo en sintonía con la sociedad alemana (por desgracia, a expensas de la unidad europea), lanzando la “Energiewende” para orientar Alemania hacia la producción de energía limpia. Diez años después y tras mucha lentitud, la Energiewende necesita otro impulso si se quieren alcanzar los objetivos climáticos.

El giro multipolar

En una línea similar, gran parte de las conversaciones sobre el emergente mundo “multipolar” no impresionaron a Merkel durante mucho tiempo. Mientras Washington seguía siendo el principal proveedor de seguridad de Europa, ella y sus gobiernos se sintieron libres para abrir camino a las relaciones económicas especiales con Rusia –deterioradas después de la anexión de Crimea en 2014, a pesar de lo cual el controvertido y desacertado proyecto del gasoducto Nord Stream 2 se mantuvo– y, en particular, con China, de nuevo a expensas de la unidad europea. Pensar en los polos, en las dinámicas geoestratégicas y geoeconómicas, y en el peligro de crear dependencias peligrosas, se dejó para más adelante.

Sin embargo, tras cuatro años de presidencia de Donald Trump y los acuciantes temores de la élite alemana sobre si EEUU logrará resolver lo que algunos describen como “inmensos problemas” internos, Merkel parece haber tomado finalmente la decisión de que es necesario un cambio. Como mínimo, Europa y Alemania necesitan tener un “plan B” en caso de que los estadounidenses vuelvan a elegir a Trump o a una figura trumpista dentro de tres años, lo que podría acabar definitivamente con siete décadas de política exterior estadounidense. Esto significa un Occidente que en el futuro se basará más en los intereses compartidos, más que en los valores, y una Europa que cooperará estrechamente o incluso se alineará con Washington siempre que tenga sentido hacerlo, al tiempo que amplía el margen de lo que la UE puede hacer por su cuenta si es necesario.

Merkel parece apuntar ahora con firmeza a la creación de la autonomía estratégica europea: otra victoria silenciosa para Macron, quien, al final del largo mandato de la canciller, puede sentirse satisfecho de que la gran estadista de Europa, después de bloquearle durante años, se mueva ahora con firmeza en su dirección, y a toda velocidad.

No hay victorias rápidas

Debido a la irritabilidad de la China de Xi Jinping y confiando simplemente en su capacidad de persuasión con Rusia, Merkel ha fracasado hasta ahora. El Acuerdo Integral de Inversión (CAI, por sus siglas en inglés) entre la UE y China, que la canciller alemana impulsó a finales del año pasado en contra de los deseos de la administración entrante de Biden, está congelado después de que Pekín sancionara a los miembros del Parlamento Europeo, el mismo órgano necesario para ratificar el acuerdo. Y su movimiento de última hora sobre Rusia fue bloqueado por bálticos y holandeses en particular, que no solo se sintieron pasados por alto (y con mucha razón), sino que también vieron la oferta de conversaciones al más alto nivel como una recompensa a Putin por su reciente mal comportamiento, insistiendo en acordar solo una lista reforzada de contramedidas que la UE tomará contra Rusia.

Sin embargo, Merkel no se arrepiente. La cumbre de la UE supuso “un primer paso importante”, insistió el 28 de junio, ya que Bruselas estudiará ahora posibles formatos para un diálogo UE-Rusia. “No serán conversaciones de amistad: no son una señal de que nuestra relación sea buena”. Más bien, insinuó la canciller, se trata de preparar a la UE para discutir, y posiblemente dar forma, a las relaciones con los otros “polos” de los asuntos mundiales, incluida Rusia.

A mediados de julio, Merkel tiene previsto colocar otra de las piezas del rompecabezas de un Occidente reajustado. Con su visita a Biden en la Casa Blanca, la canciller tratará de resolver el Nord Stream 2, probablemente aceptando alguna forma de automatismo para dar marcha atrás, vinculando el funcionamiento del gasoducto con el buen comportamiento ruso. (Las dudas sobre la viabilidad técnica persisten.) Hasta ahora, Merkel ha mostrado una notable intransigencia en este asunto, rechazando la amenaza de sanciones estadounidenses como una violación inaceptable de la soberanía de Alemania para fijar su propia política energética.

De cumbre a cumbre

Si se elimina esa molestia, la canciller podrá explorar con Biden cuáles de las numerosas iniciativas transatlánticas establecidas en la reciente cumbre entre la UE y EEUU son las más prometedoras para desarrollarlas con rapidez y fijarlas antes de las próximas elecciones presidenciales en EEUU. Después de eso, Merkel y Macron podrían ir a Pekín (sería la decimotercera visita de la canciller alemana) para reunirse con Xi antes de que Biden, que primero dudó pero que ahora, al parecer, busca una reunión de alto nivel con su homólogo chino, tenga su primera cumbre entre EEUU y China.

Es una tarea difícil, y sin duda implica cierta arrogancia. Pero sería propio de Merkel dejar los pasos más ambiciosos para el final. “El momento en el que uno sale a campo abierto es también un momento de riesgo”, dijo a la promoción de Harvard de 2019, con un toque de sabiduría de galleta de la fortuna, en su discurso de graduación de hace dos años. “Dejar ir lo viejo es parte de un nuevo comienzo”.

Para Merkel, está empezando nada menos que un nuevo orden mundial, y quiere que la UE le dé forma. En lugar de evitar vincular a su sucesor, como algunos han especulado en relación con su tibia respuesta transatlántica, el objetivo de Merkel en sus últimas semanas parece ser casi el contrario: crear la plantilla para un Occidente futuro y para una política exterior europea que resista incluso cambios de gran alcance, especialmente en EEUU.

Versión en inglés en la web del Internationale Politk Quarterly (IPQ).

Cumbre Social Europea de Oporto

Puntos destacados del orden del día

La Cumbre Social de Oporto es un acto organizado por la Presidencia portuguesa del Consejo de la Unión Europea. Consiste en:

  • una conferencia de alto nivel con los interlocutores sociales,
  • una reunión informal de los jefes de Estado o de Gobierno de la UE.

El objetivo general es establecer el programa europeo de política social para la próxima década y garantizar que nos enfrentemos a los retos presentes y futuros sin dejar a nadie atrás. En la conferencia de alto nivel, los Estados miembros, las instituciones europeas, los interlocutores sociales y la sociedad civil se reúnen para reforzar su compromiso con la aplicación del pilar europeo de derechos sociales.

Se espera que los resultados de la conferencia de alto nivel sirvan de base a los trabajos de la reunión informal de jefes de Estado o de Gobierno del 8 de mayo.

Contexto

La UE proclamó el pilar europeo de derechos sociales en 2017. El pilar establece veinte principios clave para guiarnos hacia una Europa social fuerte que sea justa, integradora y plena de oportunidades en el siglo XXI.

En marzo de 2021, la Comisión Europea presentó un plan de acción para la aplicación del pilar europeo de derechos sociales. El plan de acción propone una serie de iniciativas y fija tres objetivos principales que deben alcanzarse en toda Europa de aquí a 2030:

  • una tasa de empleo de al menos el 78 % en la Unión Europea;
  • que cada año al menos el 60 % de los adultos asistan a cursos de formación;
  • reducir el número de personas en riesgo de exclusión social o de pobreza en al menos quince millones de personas, entre ellas cinco millones de niños.
  • Pilar europeo de derechos sociales (Comisión Europea)

Información de la reunión

  • Porto
  • 7 de mayo de 2021
  • 14:00

Comunicados de prensa

Cumbre europea en Oporto | Vacunas, pasaporte COVID y acuerdo con la India

https://es.euronews.com/2021/05/08/cumbre-europea-en-oporto-vacunas-pasaporte-covid-y-acuerdo-con-la-india

La Orientación Estratégica de la defensa de la Unión Europea. Entendimiento común y negociación estratégica

Por Ángel Satué de Córdova Minguet
Abogado del sector público empresarial

Resumen:
El presente documento versa sobre el proceso denominado en inglés Strategic Compass («orientación o brújula estratégica») de la Unión Europea.
Este está concebido para refinar la Estrategia Global de la UE, de junio de 2016, y su Plan de Ejecución, de finales de 2016, así como orientar la Política Común de Seguridad y Defensa y las culturas estratégicas de los 27 Estados miembros. Del proceso nacerá un documento final, que se presentará al Consejo Europeo en 2022 por el alto representante para la Política Exterior y vicepresidente de la Comisión, Josep Borrell.
Merced a este entendimiento estratégico de la UE, separado en dos fases, veremos como ésta, en última instancia, busca dotar de coherencia estratégica al conjunto de iniciativas lanzadas en los últimos años, en materia de defensa.
Para ello, los Estados miembros y la Comisión se adentrarán en un diálogo y negociación internacional, que presenta una serie de características. Esta negociación internacional, además, es estratégica. Veremos los diferentes planteamientos y estrategias de negociación que pueden aplicar los Estados miembros.

http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2021/DIEEEO47_2021_ANGSAT_Orientacion.pdf

Apuntes del editor de Política Exterior de Josep Piqué

Europa se ha suicidado dos veces en el siglo XX. En la Primera y en la Segunda Guerra Mundial fueron suicidios cruentos y desoladores. Ahora corremos serio riesgo de un tercer suicidio, probablemente incruento, pero también desolador en sus consecuencias.

La Unión Europea no es aún percibida como un sujeto político relevante frente a otras potencias exteriores. Se nos percibe débiles, inconsistentes y sin la necesaria determinación política para asumir las consecuencias de querer ser un actor indispensable en la configuración del nuevo escenario global. No es solo una percepción, sino el producto de nuestras deficiencias y de la falta de ambición que ha caracterizado los últimos años, ensimismados en nuestros problemas internos. Y, por qué no decirlo, de las carencias de nuestros liderazgos.

Se constata nuestra debilidad y se trata de quebrar nuestra solidaridad interna o nuestra cohesión, buscando la interlocución directa con los Estados miembros. Si esos intentos tuvieran éxito y la UE dejara de ser un proyecto político para quedarse, en el mejor de los casos, en un proyecto de integración económica, estaríamos ante nuestro tercer suicidio. No tendría los efectos trágicos de los anteriores, pero la consecuencia sería similar: perderíamos la capacidad de contribuir a dibujar el mundo que viene.

Es la hora de la responsabilidad, la visión y el lideragzo. El impulso fundamental debe venir de Alemania y Francia. España –fuera de juego sin la UE– debe asumir una contribución más proactiva, y eso solo es posible si la sociedad está detrás de un esfuerzo que corresponde a nuestros dirigentes. A ellos corresponde reconstruir los consensos internos y la cohesión social, territorial y política.

Reflexiono sobre esto en «Evitar el tercer suicidio de Europa».

ALGUNAS COSAS QUE HE LEÍDO

España en el mundo en 2021: perspectivas y desafíos, Real Instituto Elcano

The Conference on the Future of Europe: Tackling Differentiated Integration, Nicoletta Pirozzi, Istituto Affari Internazionali

Europa: ideal, realidad, destino, Pol Morillas, Política Exterior

Future of Europe. Special Eurobarometer 500, Parlamento Europeo

A VISTA DE GRÁFICO

La satisfacción de los españoles con el funcionamiento de la democracia en el país se sitúa entre las más bajas de la UE. Según el «Parlemeter 2020. A Glimpse of Certainty in Uncertain Times«, los ciudadanos que dicen sentirse «muy satisfechos» y «bastante satisfechos» con la democracia en sus países están en una media del 58% en la UE, frente al 46% de España. Entre aquellos que  se sienten «no muy satisfechos» y «en absoluto satisfechos», la media de la Unión se sitúa en el 41%, en comparación al 53% de España. Entender la UE como proyecto político pasa por fortalecer en el interior de cada país la confianza en la democracia y el sistema político.

ESTOY LEYENDO

¿Qué papel juega la diversidad lingüística de Europa en la construcción de la UE? ¿Es la ausencia de una lengua común un problema político y un obstáculo de comunicación? Arman Basurto y Marta Domínguez, dos españoles de menos de 30 años arraigados en Bruselas, hacen un original y entretenido viaje por las lenguas de Europa en ¿Quién hablará europeo?. Su conclusión es una advertencia: la falta de una lengua compartida impide la creación de una esfera pública común y levanta una barrera invisible entre gobernantes y gobernados. Su propuesta es pragmática y creativa: asumamos el inglés como lengua que ha desbordado a los países y es capaz de incorporar los particulares usos geográficos sin interferir en la posibilidad de entendernos.

En Estados Unidos casi 126 millones de personas han recibido al menos una dosis de las vacunas contra el Covid-19. Tienen la pauta de vacunación completa 78,5 millones. Al jurar como presidente, el 20 de enero pasado, Joe Biden anunció que en sus primeros 100 días 100 millones de personas serían vacunadas. Va a lograrlo con creces. Con ello, dará un paso esencial para reparar la división del país.

Volvemos en dos semanas,

Josep

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