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Geopolítica en el Mediterráneo: pasado, presente y futuro, por Rafael Vidal Delgado

Cubierta del libro

INTRODUCCIÓN
Este pequeño repaso a la geopolítica en el Mediterráneo, no pretende extraer conclusiones, sino simplemente relacionar históricamente el hecho geopolítico; hacer mención a los actores que intervienen, de los que se ha hecho una breve relación existiendo muchos más, de carácter internacional y privado; enumerar las tensiones o conflictos existentes sobre la base de zonas concretas del ámbito objeto de este estudio y por último recoger de una forma sucinta lo que el Concepto Estratégico de la OTAN 2022, aprobado en la Cumbre de Madrid de 30 de junio, lo que señala para el Mediterráneo.
Al final, como anexo, se dispone del texto completo del Concepto Estratégico.

EL VINCULO TRANSATLANTICO DE LA OTAN. EVOLUCION Y PERSPECTIVAS DE FUTURO (1º Ciclo AEME de 2022)

Una relación ligada a valores compartidos

En la actual situación que vive Europa, se antoja imposible encontrar a alguien a quien no lleguen, al menos una vez al día, noticias sobre la OTAN. Pero más allá de su carácter de alianza defensiva militar del mundo occidental, ni los medios de comunicación ni los ciudadanos tienen una idea clara de  la organización, estructura y misiones de la misma. Como otras muchas instituciones supranacionales, la Alianza se identifica con su logo, consistente en una estrella de cuatro puntas blanca, azul y verde; sus siglas, NATO u OTAN, y una expresión que se encuentra en muchos de sus documentos y que define el carácter de la relación entre sus miembros. Se trata del «transatlantic link», o vínculo transatlántico.

El vínculo transatlántico es el lazo espiritual que une las orillas occidental y oriental del océano que baña a muchos de sus países miembros, aunque no a todos, y mucho menos desde hace unos pocos años. Este vínculo se estableció antes de1949, fecha de la creación de la Alianza Atlántica,  en el momento en que los norteamericanos se unieron, como antes sus vecinos canadienses, al esfuerzo aliado contra la Alemania nazi. Tras el triunfo, el temor a la amenazante Unión Soviética de Stalin hizo posible el Tratado de Washington, firmado por doce países en su inicio y que cuenta con treinta signatarios en la actualidad.

Su significado se entiende como la expresión de un compromiso entre países que comparten los mismos valores y los mismos principios ligados a la democracia y a la libertad de sus ciudadanos, y también como la asunción de una responsabilidad compartida en la defensa de esos valores. Este compromiso formalizado en Washington, la asunción por todos del mecanismo de toma de decisiones por consenso, que las convierte en unánimes tras el consiguiente proceso de acercamiento de posturas , y la contundencia de la respuesta de la Alianza ante un ataque armado a cualquiera de sus miembros expresado en su emblemático Artículo V y apoyado por la capacidad nuclear de los Estados Unidos, mantuvo una «paz helada» a ambos lados del llamado » telón de acero», frontera entre los países signatarios y los comunistas, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1989, fecha de la caída de la Unión Soviética. En definitiva, el triunfo de una Alianza militar vencedora sin tener que superar un conflicto previo.

¿Ejército de la UE o pilar europeo de la Alianza?  El condicionamiento de las tres D.

Entonces, paradójicamente, empezaron a replantearse algunos la propia existencia del hasta entonces exitoso «transatlantic link». Desaparecida la URSS, mantener la OTAN carecía de sentido, se decía en algunos foros. En Europa, se experimentaba con embriones de organizaciones  de defensa europeas como la UEO, y Grandes Unidades como la Brigada Franco-Alemana y el Cuerpo de Ejército Europeo. Se hablaba de conceptos como «separables pero no separadas» al tratar de fuerzas militares que atendieran a necesidades de defensa específicas de USA o de Europa, todo ello mientras el peso mayoritario del fardo de los gastos y el elemento principal de la disuasión, el poder nuclear, corrían abrumadoramente del lado estadounidense.

Tras la declaración de Saint-Malo, emitida por los gobiernos de UK y Francia en su cumbre bilateral de 1998: «la Unión Europea debe disponer de una capacidad autónoma de acción, apoyada por fuerzas militares creíbles», la Secretaria de Estado Madeleine Albright, en la reunión de Ministros de Exteriores de la OTAN en Diciembre de ese año , expreso la respuesta norteamericana a la misma, recalcando el  entusiasta apoyo USA hacia medidas que incrementaran  las capacidades (militares) europeas, pero planteando al mismo tiempo tres elementos  de juicio a considerar: no desligar la Iniciativa Europea de Seguridad y Defensa de la OTAN( de-linking): evitar duplicaciones (de- duplication ) y evitar cualquier tipo de discriminacion ( discrimination)  con los miembros europeos de la OTAN no miembros de la UE, caso de Turquia. Estos elementos fueron denominados desde entonces» las tres D», condiciones que debían mantenerse, en cualquier caso.

Lo sucedido entre las postrimerías del siglo XX y la actualidad ha brindado a todos la posibilidad de extraer lecciones valiosas: los Estados Unidos solos frente al mundo, con el paraguas de la OTAN cerrado, sienten frío (segunda guerra de Irak), y los resultados han sido, en muchos aspectos, catastróficos. Europa no contempla ni siquiera la posibilidad de quedarse sola frente al mundo: los piratas somalíes son una amenaza diferente al terrorismo islámico global o a las intenciones de aspirantes a la hegemonía mundial. Incluso en las operaciones en que la OTAN ha prevalecido, como en el caso de Kosovo, la solución política final de la independencia de la provincia fue considerada como una voladura del Acta Final de Helsinki por Rusia, con dolorosas consecuencias. Mientras tanto, la comunidad internacional, o al menos la parte que no pertenece a ese concepto a veces tan ambiguo de » Occidente», donde felizmente se van cobijando naciones que han vuelto a ser ellas mismas tras 1991, observa en un silencio a veces significativo las actividades de la OTAN.

La determinación de los países aliados frente a la agresión rusa a Ucrania es una excelente oportunidad para mostrar a los europeos un camino: la defensa compartida empieza por la defensa propia, la seguridad de todos se inicia con la firme convicción de cada uno de defender lo que es suyo. Europa es una gran potencia demográfica, económica y comercial. Prácticamente todos sus países se han conformado y cohesionado en la lucha con sus vecinos o con poderes exteriores. Todos ellos, hermanados felizmente hoy, han dado muestras continúas en la Historia de sus virtudes militares. Solo falta un liderazgo auténtico y profundo, basado escrupulosamente en los valores de nuestra civilización para asumir la inmensa tarea de equilibrar el hasta ahora desequilibrado vínculo, cuyo valor sea quizás ahora más importante que nunca.

La búsqueda del equilibrio entre las dos orillas atlánticas

Porque, y eso es una realidad palpable, el lazo transatlántico es un compromiso entre dos partes muy desequilibradas en el argumento más importante de una alianza defensiva: la fuerza militar. Mientras la supremacía convencional y nuclear de la OTAN se encuentra en Norteamérica, las sucesivas ampliaciones de la organización se han producido en Europa, en la vecindad próxima del antiguo enemigo «convencional», extendiendo considerablemente el territorio a defender sin un incremento proporcionado de la capacidad para defenderlo, debido a las características demográficas y económicas de los nuevos miembros.

El futuro del vínculo, en mi opinión, puede resumirse en una frase: búsqueda del equilibrio. Una búsqueda ligada a la asunción por Europa de que, fundamentalmente, la amenaza pende sobre ella, y en consecuencia debe asumir de una vez por todas que sus Fuerzas Armadas deben estar al nivel de su potencial tecnológico, industrial, demográfico y social. Y ello incluye una capacidad nuclear digna de ese nombre, y no desligada de la Alianza, sino parte de la concepción estratégica de la misma. Del mismo modo, en un vínculo transatlántico reequilibrado, el incremento de esa capacidad militar europea debe hacerse sentir en las estructuras de mando, en las capacidades de despliegue y, sobre todo, en la firme determinación de todos sus miembros, cualesquiera que sean su tamaño e importancia, de imponerse al adversario en cualquier circunstancia. En definitiva, considerar la pertenencia a la OTAN como la inserción de un elemento importante en su coraza y no como el tranquilizador ingreso en un corral seguro protegido por torres más firmes que las propias.

                                                                                                               Marín Bello Crespo

                                                                                      General de Brigada de Infantería (R)

                                                                              Asociación Española de Militares Escritores

La OTAN y la Unión Europea. Ciclo 1º AEME 2022. Autor Teniente General (r) Luis Feliú Ortega

Asociación Española de Militares Escritores.

La   OTAN y la Unión Europea UE son dos organizaciones que aparentemente son muy similares pero que en realidad son diferentes en sus finalidades, en su estructura y en su funcionamiento. Por eso es un error el tratar de compararlas o. peor aún, enfrentarlas. En cambio, la realidad es que ambas son hoy en día básicas e incluso complementarias para  la seguridad y la paz  de Europa.

La OTAN, acrónimo de Organización del Tratado del Atlántico Norte, es la organización que desarrolla el Tratado de Washington firmado en 1949 por los cinco estados europeos, que ya habían un año antes firmado en Bruselas un tratado de defensa mutua que dio origen a la Unión Europea Occidental (UEO),  más EE.UU y Canadá,  que a su vez invitaron a Noruega, Dinamarca, Islandia, Italia y Portugal.  Su finalidad es establecer una defensa colectiva  ante  cualquier ataque a alguno de sus estados miembros. Se basa en el art 51 de la Carta de las Naciones Unidas: Derecho a la autodefensa  individual y colectiva, dando cuenta al Consejo de Seguridad. Además permite el intercambio de información y es foro de consultas sobre la seguridad colectiva. Se formó por la necesidad de establecer una disuasión y en su caso una defensa militar común, ante la amenaza del expansionismo soviético en Europa. Ha ido evolucionando  y ampliándose egún la situación geopolítica y actualmente,tras la adhesión de Macedonia en 2020,  son socios  30  estados. De ellos, 24 pertenecen también a la UE.

Es pues una alianza política entre estados soberanos donde las decisiones se toman por consenso. Como alianza política está gobernada por el Consejo Atlántico (NAC) y por el Grupo de Planeamiento Nuclear, formados por los jefes de Estado o de Gobierno o sus representantes permanentes residentes en Bruselas. Además dispone de una estructura militar permanente, subordinada al nivel político,  compuesta por un Comité Militar, formado por los jefes de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) o sus representantes permanentes militares (MILREP),  auxiliado por un Estado Mayor Militar Internacional (IMS).  La organización militar  comprende además  dos  partes: Una estructura de mandos con cuarteles generales internacionales, en los que se incluye personal de los distintos Estados y una estructura de fuerzas  compuesta por unidades militares que aportan o prevén aportar las naciones.

La estrategia de la OTAN, es decir la forma de cumplir sus misiones y alcanzar sus objetivos se define como Concepto Estratégico que ha ido variando según la situación y las amenazas. Los distintos conceptos estratégicos se han ido aprobando en las denominadas Cumbres de la OTAN que  han ido reuniendo, a los jefes de estado o de gobierno en distintas capitales. El concepto estratégico en vigor (Cumbre de Lisboa de 2010) estableció como líneas de acción: La Defensa Colectiva, La Prevención y Gestión de Crisis y la Seguridad Cooperativa. Este año de 2022 la Cumbre se celebrará a Madrid coincidiendo con los 40 años de la entrada de España en la Organización.

La UE o Unión Europea, es una unión de estados soberanos pero que ponen en común determinadas decisiones en materias de economía y finanzas, así como en cuestiones de política exterior, seguridad, defensa y justicia. Es una comunidad política de derecho constituida en régimen  de organización internacional nacida para propiciar y acoger la integración y gobernanza en común de los Estados y los pueblos de Europa. La UE se ha ido constituyendo paso a paso.  Se empezó en 1951  con la llamada Comunidad Europea del Carbón y del Acero, compuesta por Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. A partir de ahí fue ampliando sus competencias y el número de Estados miembros, pasando a constituir la Comunidad Económica Europea con 12 estados que en 1992 firmaron el Tratado de Maastricht, lo que  constituyó el comienzo de la UE y que se ha ido ampliando por sucesivos tratados. Actualmente, la Unión  está compuesta por veintisiete Estados. De ellos, todos, menos Suecia, Austria y Chipre, pertenecen también a la OTAN.

Su organización comprende el Parlamento Europeo, con parlamentarios de los distintos estados miembros, el Consejo Europeo formado por los jefes de estado o de gobierno, el Consejo de la UE o simplemente Consejo (o Consilium) establecido por representantes de los Estados a nivel ministerial y la Comisión Europea, verdadero órgano internacional de la Unión. No dispone de estructura militar permanente aunque dispone de un Comité Militar y de un Estado Mayor Internacional pero, a diferencia del de la OTAN, su misión no es auxiliar al comité militar sino al secretario general. Además, al no existir estructura militar permanente, sus funciones son simplemente asesoras.

 La UE  posee una Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y al incorporar en su   tratado el de la disuelta UEO, dispone también,  de un compromiso de defensa mutua  en caso de agresión o en apoyo de la PESC pues el tratado dice que  “los estados miembros pondrán a disposición del Consejo las capacidades civiles y militares que se determinen”. Parte integrante de la PESC la constituye la Politica Común de Seguridad y Defensa (PCSD) que se coordina en el Comité Político y de Seguridad (COPS) constituido por representantes de los países a nivel de embajador.

Ambas organizaciones tienen como finalidad principal  la seguridad y la paz en Europa. La primera de ellas, la OTAN,  mediante la disuasión y en su caso la defensa ante un ataque exterior a sus miembros para lo cual se considera fundamental el lazo trasatlántico, es decir el compromiso de EE.UU y Canadá con esa defensa. Mientras la segunda, la UE,  ha perseguido siempre evitar una nueva guerra entre estados europeos, fomentando su cooperación y su unión de forma que además se consiga una mayor fuerza en las relaciones con terceros estados. Aunque la UE ha deseado siempre poseer una autonomía estratégica y una defensa propia, sin embargo al no  lograr disponer de una estructura militar permanente, sus Estados confían su seguridad en la OTAN a pesar de que los Estados de la  OTAN no miembros de la UE y en especial los EE.UU, les reclaman un mayor compromiso en cuestiones de defensa militar.

 Como hemos podido ver, la OTAN ha demostrado su utilidad a lo largo de sus casi 70 años de existencia y ante situaciones muy distintas para hacer frente con su disuasión a riesgos y amenazas cambiantes. Consiguió sus objetivos durante la Guerra Fría al disuadir a la URSS y sus satélites de conquistar nuevos países o territorios y  hoy por hoy y en un  futuro próximo, parece insustituible. Estamos muy lejos todavía de una defensa puramente europea y la ONU no tiene una organización con capacidad propia. Es la única organización capaz de hacer frente a retos en cualquier parte del mundo y es seguro que sabrá adaptarse al futuro.

La UE por su parte, ha evitado cualquier enfrentamiento armado entre sus Estados como ocurrió durante siglos, sustituyendo sus desavenencias tradicionales  por una cooperación mayor en materias económicas y comerciales.  Además, dispone de algo que complementa a la OTAN y es su mayor capacidad política y diplomática. Finalmente hay que señalar que ambas han contribuido a reforzar los sistemas democráticos de sus socios.

Sería deseable que  la UE pudiera actuar como un todo en la OTAN, en nombre de todos sus miembros y que también pudiera ofrecer y contribuir con sus CG,s y sus fuerzas propias. Para ello le falta el lograr una mayor unión política que motive la creación de la ansiada aspiración de lograr unas Fuerzas Armadas Europeas que  respalden adecuadamente la política exterior común europea y su autonomía estratégica.

AL MUNDO LE TIEMBLAN LAS CANILLAS, por F. Javier Blasco, coronel (R). 26.02.2022

Hemos acabado hasta el moño de ver, oír y escuchar a nuestros dirigentes nacionales y a las asociaciones, organismos y alianzas internacionales proclamar a todos los vientos -al son de trompetas de Jericó, bombos como para cualquiera de las famosas tamborradas en España y platillos tan grandes como los volantes- que la Comunidad Internacional no iba a consentir a Putin invadir a un país libre y democrático y, que si osaba quebrantar y pisotear sus libertades, las medidas sobre él y Rusia iban a ser de tal tamaño, que se arrepentiría de haberlo hecho, recordándonos a tiempos de la guerra contra Irak.

Las reuniones presenciales, vistas parlamentarias, así como, las amenazas individuales y colectivas sobre las medidas a adoptar, se han venido sucediendo a todos los niveles; de tal modo y manera, que no ha quedado ni un resquicio por donde poderse escapar del palo justiciero que iba a caer sobre la cabeza de Putin, sus más directos asesores y sobre la aborregada nación rusa que, acostumbrada a ello, le sigue sin apenas rechistar.

Pero a la hora de la verdad, la triste realidad es tan penosa, vergonzosa, inútil o fútil y banal, que hasta da vergüenza comentarlo y hacerlo ver a los demás. Militarmente, tal y como estaba previsto, nos arrinconamos tras la pantalla de la OTAN para decir que, legalmente no podíamos intervenir por no ser territorio de la Alianza; olvidándonos, que tampoco lo era Serbia y Kosovo y entramos en fuerza en Kosovo y bombardeamos dicho territorio y hasta Belgrado, sin miramientos ni contemplación.

Ayer daba auténtico pavor, escuchar que el Tío Sam aprobaba mandar más armamento a base de misiles y otros medios efectivos a Ucrania, cuando en Kiev y otras ciudades ucranianas se repartían fusiles en la calle a quien pasaba por la acera y se le pedía a la gente que fabricase sus propios cócteles Molotov ¿De qué servirá dicho armamento, si cuando llegue, si llega; no habrá nada que defender?

Ahora que la estructura militar ucraniana ha sido desbaratada y destruida sin piedad ni capacidad para defenderse de dichos ataques selectivos y certeros, parece ser que es el momento en que pensamos que los cinco mil cascos individuales de combate, que les remitió la gran Alemania, no son suficientes para mejorar su capacidad defensiva.

La UE pronto enarboló la Bandera Blanca porque si la OTAN no intervenía, con mucha más razón no lo haría la Unión; esgrimiendo al mismo tiempo, que no tiene capacidad de combate suficiente a pesar de que lleva años, planeando y tratando de conseguir algo que se parezca a un Ejército europeo que sirva algo más que para llevar a cabo, de forma parcial, misiones de paz de corta o pequeña entidad. 

Biden, de carrerilla en carrerilla, hablando a los medios todo el día y quitándose la mascarilla en público, para que se le viera la cara de gran enfado; pero de mandar tropas a combatir por y en Ucrania, nada de nada.

Los norteamericanos ya no están por apoyar a las democracias atacadas o en peligro y no interesa meterse con un león dormido al que llevan muchos años ninguneando y que, recientemente, se ha despertado hambriento y con ganas de romper el equilibrio y ciertos delirios de varios de sus vecinos, que quieren jugar a ser mayores e írsele de sus mansos. Está bien claro que Putin no se lo va a consentir en aras de alimentar su orgullo y para mantener su propia seguridad.

Bueno, si militarmente no podíamos hacer nada, salvo dejar a Ucrania a su maldita suerte, por lo menos económicamente, había y hay muchas herramientas que se pueden utilizar, o al menos eso nos creíamos algunos ilusos.

Se habló de todo tipo de medidas, de aplicación progresiva en función de los pasos dados por el nuevo Zar de Rusia y resulta que a pesar de haberlos dado todos y muchos más de lo esperado; ayer mismo cuando las tropas rusas asediaban a las puertas de Kiev, las bolsas del mundo entero, incluida la rusa, subieron varios enteros y hasta recuperaron las pérdidas del día anterior.

Para más inri, ese mismo día, Rusia vendía más petróleo que cualquier otro antes del conflicto y varios países europeos, precisamente, la mayoría de los más grandes, se arrugaron el ombligo y no han permitido que los bancos rusos sean desconectados de la propia red de intranet, Swift; el «arma nuclear económica» que, realmente nadie se atreve a activar contra Rusia.

Rusia puede seguir vendiéndonos de todo y nosotros se lo pagaremos en efectivo, aunque nos engañemos diciendo que ellos, no nos puede comprar tecnología. Todos sabemos que eso no será cierto, porque la economía es la economía, la pela es la pea y los votos del ciudadano sosegado alimentan los egos, calientan los riñones y multiplican las prebendas de esos mequetrefes que nos pretenden gobernar.

Tan solo el mundo del deporte, limpio y claro como casi siempre, anuncia que muchos premios, torneos y mecenazgos suprimen sus lazos con Rusia y todo lo que huela a ruso.

A estas horas del partido, no sé si será fruto de un calentón, una precipitación en sus decisiones o el haber caído en la trampa saducea de que las medidas coercitivas y punitivas del mundo iban en serio. Pronto veremos si repliegan velas, o mantienen su posición.  

Por lo demás, basta ya de tanta miseria individual y colectiva, de tamaña hipocresía y de engañar a propios y extraños con tantísima sinvergonzonería e impunidad.

Ya que la pandemia ha demostrado que las videoconferencias, son mucho más efectivas, rápidas y sencillas de organizar; creo que ha llegado la hora de que nuestros dirigentes dejen aparcados sus aviones presidenciales y a sus numerosos sequitos en casa, porque tanto vano desplazamiento a Bruselas, solo vale para reconfortarse y apoyarse el uno con el otro en su inmensa debilidad, gastar mucho dinero del erario público y para infectar el espacio aéreo de polución y gases que queremos erradicar.

Ninguno tiene vergüenza, ni torera ni de otra calidad, son unos trileros y engañabobos que nos llenan la cabeza de pajarillos y de falsa dignidad, como el ministro de exteriores, que ayer se paseó por todos los medios posibles hablando de la posición y el falso papel de España en una serie de drásticas medidas que él sabía que no se iban a aplicar.

Mucho me temo, que la fiera se ha despertado totalmente, que ha comprobado claramente la gran debilidad e hipocresía internacional y que lo hecho hasta ahora, por mucho que fuera y sea criticado y amenazado, pronto será consumado sin más. No habrá reacción que merezca la pena o le escueza de verdad y que otras víctimas propiciatorias, que ya están anunciadas en su tablero de ambiciones, pronto en sus redes caerán.

Veremos lo que ocurre cuando se quede con todos los recursos naturales ucranianos que ahora les compramos a ellos y en breve, pasarán bajo su control.

Lo peor, como siempre, es para el más débil; los ucranianos y la propia Ucrania; por lo que no me extrañaría nada que, como consecuencia de esta vergonzosa actuación internacional, aumente el número de ucranianos que desprecien todo lo que venga de la UE, la OTAN u otro Organismo internacional y se abracen a Rusia porque, al menos engañarles, no está en su afán.

Finalmente, y me arriesgo a asegurarlo porque sé que estoy en lo cierto, esta guerra de Gila o conflicto de PlayStation para todos, menos para Ucrania y sus pobladores, será aprovechada como excusa por la mayor parte de los dirigentes y organismos económicos internacionales para tapar sus incapacidades a la hora de hacer sus previsiones o de sacarnos del pozo tan profundo en el que nos encontramos sumidos por culpa de una gran crisis económica a nivel global, que no supieron o quisieron ver llegar.         

¿Cómo se podría haber evitado la conquista talibana de Afganistán?

En el EEUU de hoy, hay voces que dicen que fue un error involucrarse en lo que ellos llaman “construcción de nación” inmediatamente después del acuerdo de Bonn.

Por Carl Bildt*

30/08/2021 – 05:00

El 20 aniversario del atentado terrorista del 11-S coincidirá ahora con la consolidación del segundo Emirato talibán en Afganistán, bienvenido por mensajes jaculatorios de Al Qaeda. ¿Se podría haber evitado? ¿U Occidente y la comunidad internacional estuvieron siempre encaminados a la derrota desde el momento en que Estados Unidos derrocó el régimen talibán en un ataque relámpago a finales de 2001? ¿Se perdieron las oportunidades para un arreglo político estable, ya sea por defecto o por diseño?

Hay obviamente lecciones que debemos aprender, aunque auguro una feroz controversia sobre cuáles son exactamente esas lecciones en los próximos años.

Bienvenido Mr. Talibán: la geopolítica pospandémica pasa por el tablero afganoE. Andrés Pretel A. Alamillos

Quizá la oportunidad más importante que se dejó pasar fue justo después de la partida de las últimas fuerzas soviéticas en febrero de 1989. Hubo propuestas entonces para un acuerdo patrocinado por la ONU entre lo que quedaba del régimen de Najibulá y los diferentes grupos antisoviéticos muyahidines. Pero quedaron en nada, rechazado principalmente por Estados Unidos y Pakistán.https://d-31693348683385083089.ampproject.net/2108132216000/frame.html

Por supuesto, nunca se sabrá si hubo otra oportunidad para un arreglo más estable justo después del derrocamiento del régimen talibán 12 años después. En teoría, habría tenido sentido intentar incluir también a los talibanes en un acuerdo político inclusivo. Pero Estados Unidos difícilmente habría aceptado esto, y los grupos de la Alianza del Norte estaban ansiosos por hacerse con todo el poder que pudieran.

El acuerdo salido de la conferencia de Bonn marcó el rumbo de los años venideros. Su esencia era un sistema presidencial altamente centralizado, estructuras dominadas por la antigua Alianza del Norte y una continua dependencia de los viejos señores de la guerra regionales que habían sido impulsados y financiados por las sacas de dólares de la CIA.

Putin teme la desestabilización talibana de Asia CentralJavier Espadas. Moscú

En el EEUU de hoy, hay voces que dicen que fue un error involucrarse en lo que ellos llaman “construcción de nación” inmediatamente después del acuerdo de Bonn. Pero lo que sucedió fue más bien al revés. Estados Unidos se resistió activamente a un enfoque más ambicioso para ayudar al país, centrándose en cambio en su propia operación antiterrorista y, a lo sumo, aceptando alguna ‘reconstrucción’. Esto llevó, en contra del consejo de muchos, a una presencia internacional muy escasa con fuerzas de asistencia de seguridad limitadas solo a Kabul. Estos fueron los años de Donald Rumsfeld y, en la medida en que hubo una atención sostenida de Estados Unidos en Afganistán (antes de que la guerra en Irak se la robara toda), se centró en la operación antiterrorista Libertad Duradera.

Pero estos años iniciales fueron el periodo en el que quizás hubiera sido posible un acuerdo político más amplio y duradero. En su ausencia, y como reacción a los otros fracasos de este periodo, entre ellos la dependencia de los viejos señores de la guerra, los talibanes comenzaron su regreso en 2005 y empezó la nueva guerra en Afganistán.

Los años siguientes fueron de altibajos, con los esfuerzos internacionales dependientes en gran medida de los cambios en las políticas de Washington. Los países europeos desempeñaron un papel clave en los esfuerzos de seguridad de la OTAN y gradualmente se convirtieron en dominantes en la financiación de los diferentes esfuerzos civiles. Las decisiones políticas para Afganistán se establecían casi exclusivamente en Washington, impulsadas por una mentalidad militar​ estadounidense no siempre en sintonía con enfoques más europeos.

Las decisiones políticas para Afganistán se establecían casi exclusivamente en Washington, impulsadas por una mentalidad militar

Con la excepción parcial de Londres, ninguna capital europea hizo ningún esfuerzo serio para influir en la política estadounidense sobre Afganistán durante estos años. Afganistán nunca ocupó un lugar destacado en la agenda de la UE, ya que se suponía implícitamente que todo era responsabilidad de la OTAN. Las visitas del alto representante de la UE a Kabul fueron extremadamente raras.

La política estadounidense no fue de ninguna manera coherente. Varias doctrinas iban y venían. Durante su periodo como comandante de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, David Petraeus creía que la victoria vendría a través de una política de asesinatos selectivos de comandantes talibanes a través de controvertidas «redadas nocturnas». Richard Holbrooke, como representante especial de Estados Unidos, abogó por un proceso político con los talibanes, incluido el acercamiento a Irán.

Al final, ninguno de los dos enfoques dio resultados. Las redadas nocturnas probablemente fueron contraproducentes, ya que alienaron a muchos afganos, y ciertamente no faltaron nuevos reclutas para llenar los vacíos en las filas talibanas que dejaron los muertos. Y los esfuerzos para establecer un proceso político fueron derribados en Washington, donde existía la creencia de que los talibanes primero debían ser derrotados, o al menos reducidos en tamaño.

Las últimas horas de Kabul, en primera persona desde el Palacio PresidencialAlicia Alamillos

A menudo, era una guerra de alta tecnología contra una insurgencia de baja tecnología. Los ataques aéreos de cazas desde el Golfo o desde portaaviones ciertamente podrían ser tácticamente efectivos. Pero los llamados ‘daños colaterales’ aumentaron el resentimiento entre la población. Y fue muy caro; evidentemente, toda esta alta tecnología no venía gratis.

Y luego estaba la naturaleza de la política del propio Afganistán. Las elecciones presidenciales se convirtieron en graves crisis que trastocaron y deslegitimaron el propio sistema político. Y las vastas entradas de dinero en un país que carece de la experiencia o de las estructuras para lidiar con él estaban destinadas a fomentar, y lo hicieron, un clima de corrupción.

La abrumadora presencia militar internacional durante el llamado ‘incremento’ (‘surge’) de Obama en 2009 y 2010 fue claramente insostenible y probablemente contraproducente. Se inició un proceso de reducción gradual de la presencia internacional y entrega de responsabilidades a las autoridades afganas. Solo entonces se dio peso a los esfuerzos por buscar un arreglo político. Si se hubiera hecho antes de que se señalara la retirada, la posibilidad de progreso podría haber sido mayor.

La OTAN terminó su misión de combate en 2015, aunque continuó el entrenamiento y el apoyo, y las fuerzas afganas se volvieron aún más dependientes del poder aéreo estadounidense y de contratistas estadounidenses de diferentes tipos.

¿Cómo 75.000 talibanes han recuperado en seis semanas lo que perdieron en 20 años?Alicia Alamillos

Se puede argumentar que todo estaba, paso a paso, en camino hacia algo que podría haber sido sostenible hasta que fuera posible un arreglo político más amplio e inclusivo. Cuando los soviéticos se marcharon en 1989, el régimen permaneció en su lugar, cambió sus colores de comunista a nacionalista y se mantuvo durante algunos años. Cayó cuando desaparecieron la Unión Soviética y su apoyo financiero, y cuando no hubo un acuerdo político más amplio.

Pero, en última instancia, fue la política divisoria de Washington, no la política corrupta de Kabul, la que allanó el camino hacia el desastre que estamos presenciando.

Fue la política divisoria de Washington, no la política corrupta de Kabul, la que allanó el camino hacia el desastre

Donald Trump quería salir de Afganistán, así como de casi todos los demás lugares donde Estados Unidos tenía presencia militar. Fue debido al temor a que se despertara una mañana y ordenara una retirada inmediata que se firmó el infame acuerdo de Doha de febrero de 2020. No fue un acuerdo de paz, sino un acuerdo de retirada, y, además de eso, abandonó ‘de facto’ al Gobierno afgano y cualquier intento serio de proceso político.

Lo que comenzó Trump, lo concluyó Joe Biden. El 14 de abril, anunció que todas las fuerzas estadounidenses restantes deberían estar fuera para el 11 de septiembre. Pero las consultas con los aliados fueron incluso más inexistentes que cuando Trump selló el acuerdo de Doha. Tuvieron que leerlo en la prensa.

Pero Afganistán no era solo un problema de Estados Unidos. En ese momento, las fuerzas estadounidenses en la misión de la OTAN constituían un poco más de una cuarta parte del total. Las contribuciones de la Unión Europea y sus Estados miembros a los esfuerzos económicos y civiles fueron más del doble que las de Estados Unidos.

¿Qué es el ISIS-K? La filial afgana del Daesh que ve a los talibanes como traidores al islamAlejandro Requeijo Alicia Alamillos

En aquel momento, todavía existía la posibilidad de que la salida de Estados Unidos fuera algo mejor que la salida de la Unión Soviética. Pero esto habría requerido una estrategia política concertada para manejar la política de la retirada y, más aún, la política de la pos-retirada. Podría haber funcionado. Las evaluaciones de inteligencia filtradas de que el régimen podría sobrevivir algún periodo no eran necesariamente erróneas. Pero evidentemente carecían de una evaluación de la política del propio Estados Unidos y su efecto sobre la moral y la confianza en Afganistán.

Después del colapso, tanto Biden como el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, han culpado de todo a Afganistán y al Ejército afgano.

La salida de Estados Unidos de Afganistán resultó ser mucho peor manejada que la salida soviética

Pero la fuerza de un Ejército no es principalmente la fuerza de sus armas, sino la fuerza de su moral y su confianza en una eventual victoria. El Ejército afgano claramente tenía lo primero, pero perdió casi todo lo segundo cuando comenzaron a fluir mensajes estadounidenses instando a los estadounidenses a salir del país lo antes posible.

Los dignatarios extranjeros se apresuraron a ir a Doha para reunirse con los talibanes mientras nadie se presentaba en Kabul, donde, como era de esperar, la sensación de traición se estaba haciendo más fuerte. Evidentemente, ese mensaje se leyó alto y claro en las filas de las fuerzas de seguridad afganas.

Entonces todo fue mucho más lejos de lo que incluso los talibanes habían previsto. En cierto modo, fue una reversión de lo que experimentaron con el rápido colapso de su régimen hace dos décadas.

Un final ignominioso

El régimen afgano colapsó cuando Estados Unidos envió la señal de que se lavaba las manos, y finalmente se evaporó el 15 de agosto. Al no haberse preparado para este escenario, EEUU acabó con la humillación de tener que pedir permiso a los talibanes para quedarse unos días para sacar al menos a algunas personas.

Fue un final tan ignominioso como se puede imaginar. La salida de Estados Unidos de Afganistán resultó ser mucho peor manejada que la salida soviética.

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Claramente, Biden quería salir de Afganistán y no le importaban demasiado los métodos ni las consecuencias. Esta era una ‘guerra eterna’, y no quería nada de eso.

Veinte años es mucho tiempo en la impaciente esfera política de Estados Unidos, pero no cuando se trata de ayudar a construir un Estado funcional, un Ejército razonable y una nación más estable. El éxito estratégico en situaciones como estas solo se logra con paciencia estratégica, y eso es lo que Estados Unidos perdió.

El reto de la paciencia estratégica: tres lecciones de la caída de AfganistánJean-Marie Guéhenno*

Pero no debería haber sido imposible mantener una presencia de seguridad reducida centrada en Kabul y mantener un mensaje firme a los talibanes de que se mantendría hasta que hubiera un arreglo político creíble e inclusivo. Pero, que yo sepa, ningún Gobierno puso tal opción sobre la mesa para su discusión. Parece que Afganistán ni siquiera estaba en la agenda de ninguna de las reuniones de la UE después del dramático anuncio estadounidense de abril.

Ahora estamos donde estamos.

Para el 11 de septiembre, quizá sepamos si existe algún tipo de régimen semi-inclusivo en Afganistán, aunque en esencia dominado por los victoriosos talibanes, o si el país habrá entrado en una nueva fase larga de conflicto renovado y desesperación cada vez más profunda. No debemos olvidar que el país también se enfrenta a una sequía horrible, una pandemia devastadora, un desastre humanitario y un sistema financiero que colapsa.

En cuanto a las consecuencias más amplias para el desorden global y para Europa, es un tema para hablar, mucho más ampliamente, en otra ocasión.

* Carl Bildt es ex primer ministro y exministro de Exteriores de Suecia. Artículo publicado originalmente en el European Council for Foreign Relations, con el título «Afghanistan: How it could have been different».

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El trilema de Israel y la causa palestina

09.07.2021 Josep Piqué

Oriente Próximo sigue siendo uno de los focos de atención geopolítica, a pesar de (y a causa de) la progresiva retirada de Estados Unidos de la región y el muy escaso papel de la Unión Europea en sus conflictos.JOSEP PIQUÉ |  9 de julio de 2021

Estados Unidos está consumando su retirada de Afganistán (como ya ha hecho en Irak o en el conflicto sirio, mediante el cese del apoyo a las milicias kurdas). Una retirada muy controvertida porque todo apunta a que el retorno del régimen talibán es inevitable en un plazo relativamente corto de tiempo. Veinte años después del inicio de la guerra, volvemos al punto de partida y la incógnita es si eso va a propiciar también un refuerzo del yihadismo, que fue el origen y la justificación de la intervención militar, al tener Al Qaeda sus principales bases y dirigentes en el país. Parece más bien una asunción realista de la derrota y los paralelismos con la retirada de Vietnam son cada vez más evidentes.

Ese repliegue incluye la aceptación de un papel relevante a otras potencias no occidentales, como RusiaTurquíaIrán o las monarquías del golfo Pérsico que, en un nuevo “Great Game”, están pugnando por la influencia en una vasta región, incluyendo la parte oriental del norte de África que fue en su día parte sustancial del Imperio Otomano.

El interés geoestratégico de EEUU se ha basado en el control y en la estabilidad de los suministros energéticos, hoy menos relevantes dada la creciente autosuficiencia energética del país y la progresiva disminución del peso de las energías fósiles en el mix de generación. Pero ha habido otro “anclaje” esencial, derivado del apoyo a Israel (un asunto de política interna en EEUU) y la búsqueda de una eventual solución a la cuestión palestina. En cualquier caso, el paradigma ha cambiado, más allá de la reorientación de Washington hacia el Indo-Pacífico y su confrontación sistémica con China.

El apoyo norteamericano a las llamadas “primaveras árabes” de hace una década ha derivado, en general, hacia una mayor inestabilidad en Oriente Próximo (incluidas sangrientas guerras civiles e injerencias de otras potencias, antes impensables) o un retorno al autoritarismo represivo en el marco de la competencia por la influencia y la hegemonía en el mundo árabe, que disputan potencias árabes, pero también potencias musulmanas no árabes, particularmente Turquía e Irán.

Acuerdos del Siglo

Por otra parte, el apoyo árabe a la causa palestina –condicionando la relación con Israel a la solución del conflicto– que ya se resquebrajó con la paz entre Israel y Egipto, en 1979, o entre Israel y Jordania, en 1997, ahora se ha visto golpeado por los llamados Acuerdos de Abraham (auténticos Acuerdos del Siglo y no el inefable planteamiento realizado por Donald Trump y su yerno, Jared Kushner), que suponen la normalización de las relaciones con Israel de países árabes importantes, sin condicionarla en la práctica a la resolución del conflicto palestino-israelí. Este auténtico cambio cualitativo ha sido rubricado por Emiratos Árabes UnidosBahrein (impensable sin el visto bueno implícito de Arabia Saudí), Sudán y Marruecos.

Ciertamente, tales movimientos telúricos están propiciando una ofensiva de Irán y Turquía (con el apoyo catarí) para convertirse en los adalides de la causa palestina, ante la “traición” del mundo árabe, y aprovecharlo para reforzar su influencia frente a Arabia Saudí y su ahora incondicional aliado, Egipto.

Se ha visto con meridiana claridad en la llamada “nueva intifada” (nada que ver con las anteriores) que se inicia a mediados de mayo pasado con las protestas por las resoluciones judiciales sobre propiedades en un barrio mayoritariamente palestino en Jerusalén Este, desata enfrentamientos entre jóvenes arabo-israelíes, ultraortodoxos judíos y las fuerzas del orden de Israel –rompiendo una conllevancia más o menos habitual– y, muy especialmente, se materializa en la confrontación bélica entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza. Durante este último enfrentamiento ha habido lanzamientos masivos de misiles hacia territorio israelí, interceptados en su mayoría por el sistema antimisiles Cúpula de Hierro, la destrucción de importantes edificios en Gaza y la amenaza de una intervención terrestre.

Finalmente, se ha impuesto un frágil alto el fuego, con la mediación de Egipto, pero ha quedado de nuevo de manifiesto un conflicto profundo y no superado que, pese a los éxitos diplomáticos de Israel y su política de hechos consumados en la Cisjordania ocupada, está muy lejos de resolverse. La seguridad y la estabilidad sostenibles de Israel siguen dependiendo de ello, máxime con la involucración de otras potencias que siguen pretendiendo la destrucción de Israel.

«Se ha impuesto un frágil alto el fuego, pero ha quedado de nuevo de manifiesto un conflicto profundo y no superado que está muy lejos de resolverse»

En primer lugar, es cierto que hay un problema de interlocución. Pero también un problema conceptual.

La interlocución por parte palestina está afectada por la división entre Hamás, que controla la Franja de Gaza, y Al Fatah, partido que controla la Autoridad Nacional Palestina. Por un lado, una fuerza que utiliza métodos terroristas y que está muy ligada a Irán. Por otro, una institución desprestigiada por la corrupción, la gerontocracia y su incapacidad congénita para ofrecer soluciones reales a las necesidades de unos ciudadanos palestinos sin horizonte, que ven aplazadas las elecciones por enésima vez en los últimos 15 años.

Por parte israelí, hay un gobierno muy inestable, de composición contradictoria (desde ultraortodoxos a partidos árabes) y cuya única cohesión deriva de su voluntad de retirar a Benjamin Netanyahu del poder después de 12 años ininterrumpidos como primer ministro, a pesar de las acusaciones de corrupción que pesan sobre él.

Difícil, pues, esperar gran cosa.

El ‘trilema de Israel’

Pero quizá lo más relevante sea el problema conceptual, que podemos resumir en el llamado “trilema de Israel”. Se trata de decidir si Israel quiere ser un Estado democrático, judío y controlar de facto los territorios ocupados. Si quiere ser judío y controlar el territorio, no puede ser democrático, al condenar a los palestinos a ser ciudadanos “de segunda” en su propia tierra. Si quiere ser judío y democrático, no cabe seguir con la ocupación. Y si quiere ser democrático y controlar los territorios, no puede ser judío y debe abrirse a un Estado plurinacional en el que todos sus ciudadanos tengan los mismos derechos.

Esto nos lleva al debate sobre la solución de los dos Estados, defendida por la comunidad internacional, y si hoy puede ser viable. No lo parece. Hablaríamos de un Estado palestino, fragmentado entre una “isla” (Gaza) y un “archipiélago” (Cisjordania), sin capacidad de autonomía real ni en lo económico, ni en su seguridad y defensa, muy vulnerable además a la subordinación de facto a potencias exteriores como Irán. Algo inadmisible para Israel pero también para el mundo árabe.

Por ello, avanzan cada vez más las posiciones que defienden la posibilidad de un solo Estado binacional y democrático, que garantice los derechos y las oportunidades para todos los ciudadanos, sean judíos, árabes o palestinos, con el apoyo explícito de la comunidad internacional y, en particular, de Naciones Unidas. Se trata de poner el énfasis en los intereses reales de la gente y no en unas aspiraciones históricas incompatibles entre sí.

En este punto vuelve la responsabilidad de EEUU. Este país ya no tiene, ni quiere tener, la capacidad para imponer acuerdos de paz, como en los tiempos de Bill Clinton, pero sí puede influir para que las posiciones se vayan decantando en el tiempo. Puede parecer un objetivo utópico y naif, especialmente hoy. Y, desde luego, nada fácil. Pero hay que explorar alternativas a una solución que ya se ha mostrado inviable. Y Europa debe acompañar en ese empeño.

Biden en Europa ¿Ningunea a España?

La «credibilidad» es la virtud más preciada de un político. Cuando tiene la responsabilidad del gobierno, es credibilidad se traslada al ejecutivo y por ende a la nación. Alguien comentó en voz alta que la «misión del político es mentir». Tal vez sea una exageración, pero desde luego, nuestro Presidente del Gobierno, D. Pedro Sánchez es la persona que más «mentiras» ha pronunciado a lo largo de los años. No hay más que ver las hemerotecas y videotecas para comprobar la negación de los pactos y las líneas rojas marcadas antes de las elecciones, para posteriormente traspasarlas impunemente, de tal forma que puede decirse que este singular personaje tiene «legitimidad popular», porque ha sido elegido por los votantes, pero carece de «legitimidad de ejercicio», dado que el programa político que le dio la victoria electoral, lo ha tirado a la basura y ha seguido otra senda, es decir ha traicionado a sus votantes.

Por ello no podemos extrañarnos que ningún presidente extranjero, aparte por supuesto de los de la Unión Europea, quiere reunirse con él y además que repercuta en los medios, porque eso sería perder la «credibilidad» que ellos tienen.

Biden no se verá a solas con Sánchez. No lo ha llamado en los meses que lleva de presidente ¿Cómo lo va a hacer, si se ha aliado con sus enemigos como la Venezuela de Maduro y otros de calaña similar?

Biden ignora a Sánchez en su primera gira europea

El presidente español no es una prioridad para el de Estados Unidos, que verá a los mandatarios del G-7, a Erdogan, a Putin, a Von der Leyen y hasta al primer ministro belga.

REPUBLICA | 04/06/2021

El presidente estadounidense, Joe Biden, se reunirá con su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, y con el primer ministro británico, Boris Johnson, entre otros mandatarios del G-7, durante su gira europea la próxima semana, según informó este jueves la Casa Blanca. En un comunicado, la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, dio más detalles sobre el primer viaje al extranjero de Biden como presidente, que le llevará a Cornualles (Reino Unido), Bruselas y Ginebra del 9 al 17 de junio. Y, de momento, y nada parece indicar lo contrario, el presidente Pedro Sánchez no aparece en su agenda. De hecho, Biden ni siquiera ha tenido una simple conversación con el jefe del Ejecutivo español, lo que deja claro el papel secundario que tiene el país para Estados Unidos, tal y como le ha recordado durante las últimas semanas el líder del PP, Pablo Casado. Y todo ello con la crisis con Marruecos, socio estratégico de Washington, al fondo.

Al parecer, este pasotismo de Biden tiene su origen en la época de José Luís Rodríguez Zapatero como presidente, al que Washington considera muy cercano a Sánchez. Allá por 2010, y según informa ‘ABC’, Zapatero hizo un desplante a Biden, al que dejó solo durante una visita en España a las tropas que iban a ir a Afganistán. Y el presidente estadounidense tomó nota. 

Hace aproximadamente un mes, la subsecretaria de Estado adjunta para Europa y Eurasia de Estados Unidos, Molly Montgomery, trasladó que Biden hablará con Sánchez cuando «las circunstancias lo permitan».

El caso es que el mandatario norteamericano va a ver a diferentes líderes europeos e incluso al el rey de los belgas Felipe y el primer ministro belga, Alexander de Croo, aprovechando su participación en una cumbre EEUU-UE con el que aspira a enfatizar los «intereses y valores compartidos» entre las dos partes. Dentro de esta «agenda común» figuran la seguridad sanitaria global, el cambio climático, la cooperación comercial, el refuerzo de la democracia y «preocupaciones» en materia de política exterior, según la oficina de Biden.

Será un encuentro a tres bandas al que, además de Biden, acudirán los responsables del Consejo Europeo y de la Comisión, Charles Michel y Ursula Von der Leyen, respectivamente. En principio no hay prevista a corto plazo ningún encuentro de Biden con los líderes de los Veintisiete, como llegó a especularse estos meses.

Psaki precisó que el 10 de junio, nada más llegar al Reino Unido, Biden se reunirá con el primer ministro británico, Boris Johnson, y del 11 al 13 del mismo mes participará en la cumbre del G-7 en Cornualles (Inglaterra), donde también mantendrá encuentros bilaterales con otros líderes de ese grupo.

El día 13, Biden visitará a la reina Isabel II de Inglaterra en el Castillo de Windsor, en las afueras de Londres, acompañado de la primera dama estadounidense, Jill Biden, quien regresará a Estados Unidos al terminar esa reunión.

Desde allí, Biden viajará a Bruselas, donde el 14 de junio participará en la cumbre de la OTAN para «reafirmar el compromiso de Estados Unidos» con la Alianza Atlántica, «la seguridad transatlántica y la defensa colectiva», indicó Psaki.

Ese día, Biden también se reunirá en Bruselas con Erdogan, en la que será el primer encuentro entre ambos desde la llegada al poder del primero en enero.

Biden mantuvo una relación fría con Erdogan cuando era vicepresidente estadounidense (2009-2017) y desde que ocupa el Despacho Oval ha protagonizado varias tensiones con el presidente turco, las más recientes relacionadas con la ofensiva israelí de mayo en Gaza.

El 15 de junio, Biden participará en la citada cumbre entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Por último, Biden viajará a Ginebra, donde el día 16 mantendrá una cumbre bilateral con su homólogo ruso, Vladímir Putin, además de reunirse con el presidente suizo, Guy Parmelin, y con el ministro de Exteriores del país, Ignazio Cassis.

El encuentro entre Biden y Putin también será el primero entre ambos desde la llegada del primero al poder y tiene como objetivo rebajar la tensión en una relación marcada por desacuerdos sobre la soberanía de Ucrania, el régimen de Bielorrusia y los supuestos ciberataques de Moscú.

El presidente estadounidense se reunirá con los líderes europeos del G-7; Ursula Von der Leyen; Charles Michel; Putin y Erdogan, pero no con Pedro Sánchez

Por Jesús Ortega Echevarría 4 junio 2021

https://www.economiadigital.es/politica/biden-excluye-a-sanchez-de-su-gira-europea.html

¿Un Biden europeo? Mejor una Europa americanizada

Aunque Estados Unidos no se está europeizando, a la Unión Europea le conviene prestar atención. No para emular todo lo que hace Washington, pero sí su capacidad de reacción ante las crisis.

JORGE TAMAMES |  6 de mayo de 2021

Biden excluye a Sánchez de su gira europea

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