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Guerra ruso-ucraniana. Propaganda, debates y controversias, por el coronel (Ret.) Fernando Pinto Cebrián

21. de octubre de 2022

https://www.despertaferro-ediciones.com/2022/guerra-ruso-ucraniana-debates-controversias-propaganda/

En los medios se han estado produciendo varios debates, basados en algunas certezas, especulaciones y opiniones que, en mayor medida, son desinformaciones, fruto de la propaganda y contrapropaganda de guerra. Una extensa variedad de fake news de diversos orígenes, en ocasiones derivadas de ciertos intereses políticos, buscan afirmar lo que se querría que ocurriera sobre lo que ha pasado, está pasando y pasará en la guerra ruso-ucraniana.

Estos debates han surgido y siguen surgiendo como consecuencia de lo complicado que es tratar de entender la guerra en todos sus procesos. Como guía aclaratoria veamos, sintéticamente, los debates más conocidos y difundidos en los medios de comunicación sobre la guerra ruso-ucraniana.

Toma de Bucha por las tropas ucranianas

Las primeras controversias

Con el soporte de expertos ucraniólogos y rusólogos de toda clase, tras la sorpresa inesperada de la invasión rusa hace siete meses en territorio ucraniano –fallo de los Servicios de Inteligencia occidentales que según la OTAN deberían producir información rápida en tiempo real para poder reaccionar con eficacia–, los debates apuntados se iniciaron con aquel que analizaba si tal acción era una guerra o no, ante la declaración rusa de que la invasión era solo una “operación militar especial”. Declaración que colocaba a dicha invasión, por no haber una declaración formal de guerra fuera de la concepción de una guerra convencional, aun cuando la misma fuera armada y violenta, con la realidad de que Europa estaba y está en guerra.

Concretamente, aquel debate sobre si el tipo de guerra es para unos convencional incluso acusando la acción sobre civiles, o híbrida para otros, si a la convencional se añaden procedimientos diferentes de los habituales, en apoyo a aquella confrontación bélica –proxy para los rusos ante la intervención bélica indirecta de los amigos de Ucrania–; o bien, para otros, se trata de una guerra total al estilo de la Segunda Guerra Mundial, en la que se actuó bélicamente con todo y contra todo.

Con el tiempo se debatió también sobre la duración de la guerra/conflicto. Por un lado, estaban aquellos que aseveraban que el conflicto sería de escasa duración, ya que los ucranianos recibirían a los rusos de brazos abiertos, con lo que la entrada en Ucrania sería un “paseo militar”, cosa que no ocurrió. Por el otro lado estaban los que, considerando los presuntos objetivos de Vladímir Putin –la anexión de la totalidad de Ucrania tras la caída de Kiev, o solo una parte fronteriza–, presumían que sería más larga. A la distancia de este debate, es posible anotar que ni siquiera los segundos acertaron del todo.

Como consecuencia, la aseveración de que la invasión rusa ha conseguido unir Europa y reforzar la OTAN en su contra –tal como se declaró en la Cumbre de la OTAN en Madrid–, ha sido planteada recientemente como posibilidad peligrosa por Josep Borrell, el alto representante de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la ONU, a la vista de que Hungría quiere una consulta popular sobre los efectos de las sanciones rusas y la determinación de soluciones. Esto, a pesar de que dicha aseveración no era clara para algunos pues lo que parecía tener claridad se podría romper en orden de los intereses nacionales de cada país, según avanzara el conflicto y la dureza de las sanciones rusas, las cuales ya están deteriorando y desestabilizando la economía europea y mundial.

A propósito de la mencionada unidad de los países europeos –discutida más adelante– junto a los EE. UU., se abrió el debate sobre si estábamos ya en una Tercera Guerra Mundial o no, en atención a la intervención, aunque no directamente bélica por su parte, a la existencia nominal de bloques internacionales de soporte para cada uno de los contendientes, a los apoyos logísticos bélicos de todo tipo a Ucrania –con entrega de armamento creciente en calidad y cantidad, formación de combate a sus fuerzas, etc.–; y el sufrimiento común de los rebotes de las sanciones impuestas a Rusia. Debate en el que la mayoría señaló que, aunque existiera la posibilidad de una escalada, de momento dialéctica, en dirección a la mundialización del conflicto, aún no se estaba en ella.

Líderes de la OTAN reunidos en Madrid-2022

No obstante, aún queda pendiente la amenaza rusa de comenzar la Tercera Guerra Mundial si las fuerzas de la OTAN entran en Ucrania, o si Ucrania pasa a ser miembro de tal organización. Al igual que existe la incertidumbre sobre si esta posible guerra mundial derivaría en una guerra nuclear, la cual nadie desea. Al respecto hay dos posturas, los que creen que esta amenaza no se producirá, a no ser que se rompa el efecto disuasorio que pasara de la advertencia a la realidad, o a que haya un error bélico en tal dirección –mismos que exigen a Putin que ponga fin a la guerra–; y aquellos que la ven completamente posible si, como inicio, se emplearan por parte rusa armas nucleares tácticas, en caso de que la situación bélica se torciera en demasía para los rusos, poniéndoles «entre la espada y la pared» como parece que está ocurriendo: movilización desorganizada de fuerzas con falta de recursos, avances territoriales ucranianos de reconquista, voladura en el puente de Kerch que une Rusia con Crimea,  sabotajes sobre los gaseoductos en el mar Báltico y en Polonia, etc.

El debate actual ante la reciente amenaza pública rusa de ataques nucleares –importante saber si solo se trata de un farol con intencionalidad disuasoria–, a pesar de algunos desmentidos diplomáticos, ha originado una respuesta europea y estadounidense que intenta ser disuasoria –maniobras de la OTAN de carácter anual con armamento nuclear, las Steadfast Noom–. No obstante, esta amenaza ha sido tomada en serio por algunos países fronterizos con Ucrania, como Moldavia, Rumanía, Hungría, Eslovaquia y Polonia, los cuales están adquiriendo pastillas de yodo y revisando sus búnkeres antinucleares ante la idea de que la misma pudiera ser auténtica.

También está el debate comparativo de las bajas de combatientes y de armamento en ambos bandos, esto sobre todo por el lado europeo, contando con el silencio ruso tratando de dirimir quién va perdiendo la guerra. Rusia tiene en la actualidad carencias en cuanto a armas y municiones. Al respecto, algunos señalan que incluso cuando su maquinaria e industria militar están desgastadas, todavía cuentan con potencial para seguir en la guerra; asimismo otros señalan que, a pesar de que también se está llevando a cabo en Europa la producción de armas y municiones –armamento que ante los recientes ataques a Kiev y otras quince ciudades ucranianas se va a reforzar con sistemas antimisiles dando instrucción a quien han de emplearlos– para Ucrania con el fin de atender sus propias reservas, Ucrania está creciendo en cuanto a la recepción de armamento y material bélico, de la mano de financiación bélica por parte de que quienes les apoyan, lo que va a impulsar al ejército ucraniano hacia la victoria. Y este apoyo será también necesario en el invierno, ante la dificultad para el movimiento de tropas y la acentuación, con seguridad, de los ataques rusos por el aire de cualquier tipo. En este terreno también hay que mencionar la poca experiencia bélica de las fuerzas rusas presentes frente a parte de las ucranianas, que llevaban combatiendo siete años en la región de Donbás contra los separatistas prorrusos, además de los buenos resultados de su táctica de golpear por sorpresa y huir sin enfrentarse nunca directamente.

Asimismo, se abrió el debate, sin exponer la doctrina bélica rusa –diferente en su concepción a la europea y estadounidense–, sobre si Putin tenía una estrategia definida o no. Esto entre los que admitían que lo que estaba tratando era recuperar un territorio que antes era ruso; afirmando a la vez que Rusia había sido engañada por la OTAN sobre las intenciones de reforzar Ucrania frente al Este. En el debate, igualmente estaban aquellos que veían, y siguen viendo más allá, considerando que Rusia atacará para reforzar su seguridad y retomar su presencia como potencia mundial, recuperando en el proceso la idea de volver a la Gran Rusia, a otros países europeos fronterizos con Rusia; y ello a pesar de que haya quienes consideran, a la vista de los acontecimientos, que Putin ha cambiado de estrategia en varias ocasiones: abandono del intento de ocupación de Kiev, traslado al Este de las operaciones, nuevo ataque a Kiev con misiles, junto a quince ciudades más, como «venganza», «castigo» o represalia; ante la pérdida de parte de los territorios anexionados, la voladura de parte del puente de Kerch y la amenaza reiterada de un ataque nuclear. Cambios que, al margen de intentar mejorar la opinión pública rusa sobre la guerra, no suponen nada en cuanto a la idea de Putin, al parecer fija, de seguir adelante con la guerra de cualquier forma.

Lo que se discute recientemente

Otro debate, actualmente abierto, es sobre el valor de las sanciones económicas a Rusia. Este, entre aquellos que, partidarios de las mismas, consideraron que el resultado se vería a largo plazo;  y entre aquellos que consideran que las sanciones, como parte de la guerra, una «guerra económica» que acompaña a la bélica, no resolverán el conflicto, anunciando al tiempo que el daño causado rebotaría contra Europa. Lo que abriría la puerta a una escalada de las mismas, pensando además que el efecto de las sanciones, que afectan al continente europeo y más allá, continuará en el tiempo aun cuando se alcanzara la paz. Y este debate viene acompañado del subsecuente respecto a cómo paliar, cara al presente y al futuro, las dependencias económicas.

Existe igualmente un debate referente al apoyo armamentístico y logístico, amén de otros –entre ellos, el entrenamiento de fuerzas ucranianas, tropas y mandos, la atención sanitaria, la acogida de desplazados, etc.–, a Ucrania. Este, entre aquellos que lo consideran esencial –factor decisivo para la OTAN, para evitar que Rusia gane la guerra– y los que hablan de no dar tal apoyo, dirigiendo los esfuerzos a abrir una negociación ante la idea de que la guerra terminaría pronto frente una Ucrania derrotada.

Respecto a la salud de Putin, siguiendo la creencia generalizada de que «muerto el perro se acabó la rabia», también se ha originado un debate entre los que decían tener información concreta al respecto, información que daba como seguro, ampliada con la observación de algunos de sus gestos de que Putin estaba enfermo, gravemente enfermo; y entre aquellos que, dudando, no la consideraron como hecho en ningún momento.

Además de la polémica que refería a una posible enfermedad que pudiera eliminar naturalmente a Putin, ha surgido otra discusión. En esta, por un lado están los que consideran la posibilidad de un golpe interno en Rusia que haga caer a Putin, idea que refuerzan con habilidad en su contra ante las presuntas quejas de soldados rusos en Ucrania, de sus familias, de la sociedad ante la actual movilización; ante los resultados de las sanciones, de las supuestas críticas de algunos generales y poderosos; todos, bajo la idea de que Putin ha perdido el control y que es ya incapaz de imponer su autoridad, que la invasión de Ucrania se ha vuelto contra él, que su régimen está desnortado. Y, por el otro lado, ante el tema están aquellos que consideran que el poder establecido por Putin y la presencia de una mayoría rusa nacionalista, aún no visualizada completamente al sentirse agredida por occidente, se pone a su lado, no se ha debilitado tanto, a pesar de algunos miedos a su poder,  como para ser derrocado. Y más, teniendo en cuenta la existencia de un círculo de poder próximo a Putin –el «partido de la guerra»– que exige más dureza sobre Ucrania, con acciones contra las infraestructuras vitales –energía, comunicaciones, transportes, etc.– y contra las vías de recepción de armas y medios europeos y estadounidenses para la guerra. Esto, con el objeto de colocar a Ucrania y, por ende a Europa, al borde de la supervivencia. Asimismo, hay que considerar la especulación de algunos analistas que refiere a que la ausencia de Putin no supondría ni el fin de la guerra ni que Rusia no continuara «defendiéndose» de Occidente.

Embajada de Rusia en Londres

Sobre quién está ganando o perdiendo la guerra ruso-ucraniana existe de igual forma cierta controversia. En tal caso, están los que consideran que Ucrania la ganará en un futuro más o menos lejano –que son los que manifestaban y manifiestan que la guerra no la han de ganar nunca los rusos–, sobre todo ante las ultimas reconquistas territoriales; de la mano de aquellos que afirman que la guerra está ya dada por perdida para Rusia, a la vista de lo que consideran señales de desesperación y debilidad en el ejército ruso: cambios frecuentes de generales y mandos militares, faltas de armas y de municiones. Igualmente, en el tema están los que no ven tan clara esa debilidad, dada la potencialidad rusa, de cara al futuro en su posible esfuerzo de guerra.

Un debate más responde a lo que algunos afirman sobre una posible ralentización de la guerra durante el invierno, por dificultar los movimientos de fuerzas; frente a la creencia de otros que, sin olvidar el peso de la artillería, de los misiles, de los drones y de la fuerza aérea, ven posible la continuidad bélica.

Y mientras, frente a tanto debate que ha surgido, como se puede cotejar, al compás de la evolución de la guerra bajo la mirada de los expertos antes aludidos, además de los que posiblemente se sigan planteando –ahora, por ejemplo, sobre el significado de la aplicación de la Ley Marcial por parte Rusia a los territorios irregularmente anexionados, respecto a la evacuación de civiles de la región de Jersón o sobre los nuevos aliados de Rusia, etc.–, todos ellos interrelacionados, nos vamos distanciando para aclarar el «aquí y ahora» que interesa, dejando igualmente de lado una cuestión que pudiera ser clave: ¿Qué se ha hecho en el terreno de la diplomacia para atajar la guerra?

Finalmente hay también un debate, aún inconcluso, que refiere que las partes que debieran negociar –al margen de las incitaciones a ello por parte occidental, y de lo que no hay mucho de cierto  todavía, sobre una posible reunión entre Biden y Putin en la Cumbre del G20 en Indonesia a mediados de noviembre–, no quieren hacerlo. Esto, ya que cada lado plantea exigencias encontradas. Al respecto, por un lado se encuentran los ucranianos calificando la guerra de «existencial», mostrando una elevada moral y gran voluntad de vencer, considerando la posibilidad real de derrotar a Rusia–incluso cuando Rusia llegase a emplear armamento nuclear–; empeñados, a su vez, en que se respete por parte rusa la integridad territorial de Ucrania, devolviendo todo el territorio ocupado, incluso Crimea –ello, al margen de que Volodímir Zelenski​ rechace hablar con un dirigente ruso, «criminal de guerra» y terrorista, mostrando así una falta de voluntad para negociar–. Por su parte Rusia, empeñada en continuar la guerra en Ucrania para ganarla, a pesar de los constantes apoyos de la UE y de la OTAN a Ucrania –lo que exacerba su belicismo–, no ve condiciones para la negociación –negociación que no quiere–. No obstante, algunos analistas intuyen que, en caso de producirse, Rusia exigiría el reconocimiento definitivo de Crimea como territorio ruso, que Ucrania admitiera que se repitieran los referéndums sobre las cuatro regiones anexionadas recientemente –Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia– bajo los auspicios de la ONU, y que, de cara al futuro, Ucrania sea neutral, sin formar parte de la OTAN.

En suma, ambas posiciones generan una situación de bloqueo sobre la que habría que haber considerado ya soluciones, con el fin de abrirla.

Coronel D. Fernando Pinto Cebrián

Coronel de Infantería y diplomado de Estado Mayor retirado. Exmiembro del CNI. Técnico de Inteligencia. Licenciado en Geografía e Historia por la UNED. Doctor en Historia por el Instituto Universitario de Historia «Simancas» (Universidad de Valladolid). Miembro correspondiente de la Sociedad de Geografía de Brasil. Socio fundador de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI). Miembro de la Asociación Española de Escritores Militares (AEME). Miembro de la Asociación de Exmiembros del Servicio de Inteligencia Español (AMSIE). Agregado a las embajadas de España en Brasil, Mauritania, Senegal, Mali y Angola. Autor de diversas publicaciones dedicadas a la historia, geografía, antropología y al terrorismo contemporáneo. Entre ellas: Las razones de la sinrazón de los terrorismos contemporáneos (Finvespol, 2017), Terrorismo yihadista e Inteligencia (Ediciones Áltera, 2019), Terrorismo y Contraterrorismo en España. La experiencia (Ediciones Áltera, 2021).

Hacia una nueva era geopolítica, por el general Argumosa Pila, publicado por El Mundo el 03.05.2022

El pasado 23 de abril, el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, aseguraba en el programa El Gran Juego de la televisión pública que existe peligro real de una tercera guerra mundial. «El peligro es grave, es real, no se puede subestimar», dijo, comparando la actual situación internacional con la vivida durante la crisis de los misiles de Cuba en 1962, uno de los momentos más tensos en las relaciones entre la Unión Soviética y Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Unos días antes, el 20 de abril, el presidente ruso Vladimir Putin amenazaba a Occidente con el lanzamiento de prueba del misil balístico intercontinental RS-28 SARMAT -también conocido como Satán 2 y con un alcance de 10.000 kilómetros- desde el cosmódromo de Plesetsk, a unos 800 kilómetros al norte de Moscú, que impactó en el polígono de Kura, situado en la península de Kamchatka, bañada por el océano Pacífico, a unos 6.000 kilómetros de distancia.

En palabras de Putin, el misil «hará que se lo piensen dos veces quienes amenazan a nuestro país con su retórica desenfrenada y agresiva». Con independencia de que este nuevo misil tiene capacidad nuclear y está diseñado para eludir los sistemas de defensa antimisiles, hay que tener en cuenta que este lanzamiento es uno más de un programa de pruebas que comenzó en el año 2018. El misil estará listo para su empleo solo cuando finalice el mencionado programa.

Este tipo de declaraciones con rasgos amenazantes y de intimidación estratégica ha sido una constante durante los más de dos meses que lleva ya la guerra desencadenada tras la invasión rusa de Ucrania. A los tres días de que se iniciara esta contienda, el 24 de febrero de 2022, Rusia anunciaba, de forma sorprendente, que ponía las armas nucleares en estado de alerta cuando las operaciones que se estaban realizando se hallaban claramente en el ámbito convencional. Previamente, antes del inicio de la guerra, el 19 de febrero, Putin y el presidente bielorruso Alexander Lukhasenko habían protagonizado una demostración de fuerza conjunta, con el lanzamiento de misiles desde tierra, mar y aire, algunos de ellos supersónicos y todos ellos con capacidad nuclear.

La amenaza rusa, en este caso el pasado 14 de abril, de desplegar armas nucleares en el mar Báltico en caso de que Suecia y Finlandia ingresen en la OTAN cuando Moscú ya tiene desplegados misiles Iskander -capaces de llevar ojivas nucleares- en el enclave ruso de Kaliningrado, emparedado entre dos miembros de la Alianza Atlántica como son Lituania y Polonia, no parece ni lógica ni razonable en este contexto

Coincidía esa declaración de Rusia con el hundimiento, en el mar Negro, del crucero lanzamisiles Moskva, impactado por dos misiles Neptuno ucranianos. Era el buque insignia de la flota rusa del mar Negro, con un desplazamiento de 12.400 toneladas, medio millar de tripulantes y armado con 16 lanzadores de misiles. Sin duda, ha supuesto un fuerte revés para la marina rusa en un momento en que tenía la alternativa de atacar la ciudad ucraniana de Odesa.

Todas estas amenazas son muestra, cuanto menos, de una reacción inquietante y alarmante del Kremlin ante los malos resultados del desarrollo de las operaciones militares en el país invadido. Se percibe una falta de seguridad, de confianza y de rigurosidad en los planteamientos estratégicos y operacionales de la guerra.

Decía Sun Tzu, 2.500 años antes de Cristo: «Si el objetivo principal de la guerra, la victoria, tarda demasiado en llegar es posible que la moral decaiga y que los recursos se agoten. Así que, de nada sirve que una campaña se alargue demasiado en el tiempo». Es muy posible que a Putin le esté ocurriendo algo similar. Según todos los indicadores de que ahora disponemos, la guerra en Ucrania se había planeado en un tiempo mucho más corto que en el que se está desarrollando. Y conforme más larga sea la guerra más debilitada se encontrará Rusia.

No hay duda de que la guerra no solo afecta a Rusia y a Ucrania sino también a la Unión Europea, a la OTAN y, en realidad, a toda la comunidad internacional. De hecho, ha saltado en pedazos el equilibrio estratégico de seguridad internacional en el que actualmente existe una competencia geoestratégica entre potencias de primer orden y entre los de segundo orden.

En efecto, en el panorama geopolítico mundial que se avecina se pueden establecer dos grandes niveles de países en la más alta jerarquía de poder. En el horizonte principal se hallan Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea. Serían los niveles de primer orden por el peso específico que tienen en el establecimiento y definición del orden internacional. En un nivel inmediatamente debajo se encuentran los países de segundo orden en el que podemos considerar, a su vez, dos categorías. La primera incluye a India, Japón y Brasil; y la segunda la componen Bangladesh, Corea del Sur, Egipto, Filipinas, Indonesia, Irán, México, Nigeria, Pakistán, Turquía y Vietnam -los señalados por Jim O`Neill como el Grupo de los 11, en su obra The Growth Map, en 2011- que están cerca o pasan claramente de los 100 millones de habitantes.

Por otra parte, tampoco hay muchas dudas de que cuando estamos entrando en una nueva era caracterizada, entre otras cosas, por el ascenso de China, el previsible declive de Rusia, el mundo cibernético, el escenario del ciberespacio, la computación cuántica, la revolución energética, el cambio climático o el protagonismo de las empresas digitales, parece lógico que aparezca una nueva configuración geopolítica que se distinga por responder a unos innovadores factores geopolíticos mezclados con otros tradicionales.

En los últimos años se está hablando a través de la mayor parte de los medios de comunicación de la actual y previsible rivalidad y enfrentamiento entre el bloque de países democráticos y el bloque de países autoritarios. Pero a este planteamiento hay que vestirle de algunos matices. Uno de los más importantes consiste en distinguir no solo el grado de democracia de algunas naciones sino también el grado de autoritarismo de otras. Por ejemplo, no es lo mismo la democracia en Estados Unidos que la democracia en Nigeria. Y no es igual el autoritarismo de Pekín que el de Cuba.

En todo caso, el resultado de la guerra en Ucrania va a acelerar e influir poderosamente en la configuración de la cambiante era geopolítica que se avecina, en la que los nuevos equilibrios de poder van a variar sustancialmente. Hasta ahora se ha considerado la rivalidad entre la asociación estratégica de China y Rusia, representantes del modelo autocrático, frente al vínculo transatlántico de Estados Unidos y la Unión Europea, representantes del modelo democrático. Pero ahora hay que preguntarse si esto va seguir así, en qué condiciones en su caso, y dónde se situará el resto de países mundiales, especialmente los que están integrados en el horizonte del segundo orden de poder.

En definitiva, con mucha probabilidad la guerra en Ucrania no va a tener muchos beneficios para Rusia; más bien al contrario, le causará graves perjuicios, ya que su duración y los previsibles resultados no responden a lo esperado por las autoridades del Kremlin. En cualquier caso, Moscú quedará debilitada perdiendo un fuerte protagonismo internacional que repercutirá considerablemente en la nueva era geopolítica que marcará las normas de un naciente orden mundial, aún por definir.

Jesús Argumosa Pila es general de División en la Reserva y ha sido jefe de la Escuela de Altos Estudios de la Defensa.

https://www.elmundo.es/opinion/2022/05/03/626f954a21efa029668b4579.html

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¿Con quién está India?

Si Modi aspira a convertir a India en una superpotencia como EEUU o China, deberá hacerlo sobre la base de una inteligente geometría variable de alianzas, sin prescindir ni subordinarse a nadie. No es el caso, por ahora. El supremacismo ultranacionalista suele ofuscar las mentes.

JOSEP PIQUÉ |  7 de abril de 2022 en ¿Con quién está India en el conflicto con Rusia? | Política Exterior (politicaexterior.com)

La invasión rusa de Ucrania ha puesto de relieve muchas derivadas en el orden geopolítico global y en la posición ambigua de determinados países, como China o Turquía. Lo hemos ido siguiendo en estos Apuntes. En esta ocasión, vamos a tratar de interpretar la especificidad desconcertante de la política exterior de India.

Churchill atribuía la clave para entender a Rusia a su secular manera de interpretar su interés nacional. Probablemente, esta sea la vía también para entender a India.

Por una parte, después de la caída de la Unión Soviética, India se ha ido aproximando a Occidente y, en particular, a Estados Unidos. El fortalecimiento del QUAD (diálogo cuatripartito entre ambos países, Australia y Japón), con el objetivo de garantizar la libre circulación marítima en un Indo-Pacífico libre y abierto –incluyendo maniobras navales conjuntas en el golfo de Bengala–, es el ejemplo más claro. Esta alianza cada vez más robusta ha sido correctamente interpretada por China como un mensaje contundente frente al expansionismo agresivo chino en toda la región y, particularmente, en el estrecho de Taiwán, el mar de China Meridional y el acceso al estrecho de Malaca.

Sin embargo, India y China, enemigos históricos y con recurrentes disputas fronterizas, algunas muy recientes, coinciden en su posición frente al conflicto en Ucrania, negándose a condenar la invasión rusa, aunque tampoco la avalen. Y ello, a pesar de las presiones estadounidenses para que India se sitúe en el bando de las democracias y sus valores y se sume a las sanciones impuestas por Occidente, en las que participan Australia, Japón y otros países de la región.

Es cierto que la ambigüedad india y la negativa a las sanciones es compartida por otros países como Indonesia, Pakistán o Brasil, por distintas razones. Ello está permitiendo a la propaganda rusa difundir la idea de que los países más poblados del mundo no comparten la actitud de Occidente y que su pugna es solo con la OTAN, en una narrativa que, compartida por China, viene a explicar la intervención militar por la amenaza que la Alianza puede suponer para la seguridad de Rusia.

Tal narrativa simplifica enormemente la complejidad de las distintas reacciones. En el caso de India, las cosas son mucho más matizables, como igualmente lo es con China. Están en juego sus intereses nacionales estratégicos a largo plazo. Por ello, coincidir con China o con Pakistán ahora no implica un cambio en la tradicional hostilidad de sus relaciones y, mucho menos, en su política de alianzas.

«Para India, coincidir con China o con Pakistán en Ucrania no implica un cambio en la tradicional hostilidad de sus relaciones y, mucho menos, en su política de alianzas»

Es cierto que India tiene intereses económicos evidentes en este conflicto. La relación histórica con la URSS, primero, y con Rusia después, explica fuertes los vínculos comerciales actuales, que incluyen el suministro de sistemas sofisticados de armas para sus submarinos de propulsión nuclear, misiles hipersónicos y otros equipos militares –el 60% de las importaciones indias de armas provienen de Rusia–. Sucede lo mismo con el suministro de petróleo a bajo coste. La relación bilateral viene de la independencia del Imperio británico y la voluntad de India de encabezar el vasto proceso de descolonización después de la Segunda Guerra Mundial, tanto en Asia como en África, impulsado, entre otros, por Nehru, padre de la patria, después del asesinato de Gandhi.

El protagonismo indio en el Movimiento de Países No Alineados –objetivamente sesgado en favor del bloque soviético– forma parte de esa relación con Moscú, que se retroalimenta por la alianza entre Pakistán y China, enemigos ancestrales de India, y que busca compensar con un vínculo estrecho primero con la URSS y luego con Rusia. No en vano, un 40% de indios apoya la invasión de Ucrania y más de la mitad tiene buena opinión de Vladímir Putin, que se sitúa solo un poco por debajo de la percepción que tienen de Volodómir Zelenski. Cabe pensar que el primer ministro indio, Narendra Modi, se siente más próximo a Putin, dada su concepción ultranacionalista.

De hecho, India no quiere contribuir, mediante el aislamiento y el empobrecimiento de Rusia, a que Moscú acabe definitiva e irreversiblemente bajo la influencia de Pekín. Así se entiende que quiera facilitarle a Rusia incluso medios de pago alternativos bilaterales en sus propias divisas que disminuyan esa dependencia. Al mismo tiempo, India quiere mostrar su autonomía estratégica y que solo responde a sus intereses, aunque eso lleve a posiciones aparentemente contradictorias y poco coherentes entre el corto y el largo plazo.

India argumenta que, con la retirada abrupta y unilateral de Afganistán, con el retorno de los talibán y reforzando el papel de China y Pakistán en Asia Central, EEUU y la OTAN no tuvieron en absoluto en cuenta las preocupaciones de seguridad indias, incluido el terrorismo islamista. No le falta buena parte de razón.

«India no quiere contribuir, mediante el aislamiento y el empobrecimiento de Rusia, a que Moscú acabe definitiva e irreversiblemente bajo la influencia de Pekín»

Sin embargo, no debemos quedarnos en los argumentos más o menos coyunturales. La razón más importante está en la naturaleza del proyecto político del BJP (Partido Popular de India) encabezado por Modi. Hablamos de un proyecto nacional basado en el predominio de la “indutva” o “hinduidad”, como elemento constitutivo sustancial de la nación india, extremadamente compleja con una enorme diversidad étnica, cultural, religiosa y lingüística, pero que debe subordinarse a la identidad entre la nación y su componente hindú.

Los hindúes representan el 80% de la población de India, aunque a pesar de la división de las Indias británicas entre India y Pakistán (y Bangladesh), por motivos básicamente religiosos, la población musulmana en India sigue siendo enorme –unos 200 millones–, además de sijs, cristianos, budistas y otras minorías.

El proyecto nacional de Modi es muy distinto al que representaron Gandhi y Nehru y el Partido del Congreso Nacional. Aunque ideológicamente distintos, ambos líderes creían en un Estado indio multirracial, multirreligioso y laico que, mediante el progreso, iba a ir diluyendo las diferencias ancestrales del país, incluyendo el milenario sistema de castas que sigue persistiendo y que hace que su democracia se exprese formalmente en lo político, pero no en sus relaciones sociales, caracterizadas por el hiperclasismo, la represión de los derechos de las mujeres y la persecución religiosa. De hecho, solo un 6% de indios se casan con miembros de otra casta. Y los dalit (intocables) siguen siendo duramente reprimidos y perseguidos. Poco que ver, pues, con una democracia homologable y respetuosa con la Constitución.

Esto explica por qué Modi habla de la necesidad de recuperar el pasado glorioso de India, después de “mil años de esclavitud” por el dominio musulmán primero (incluyendo el imperio mogol, uno de los más importantes, duraderos y extensos del mundo, descendientes del gran Tamerlán) y, desde el siglo XVIII, por la progresiva irrupción de la Real Compañía de las Indias Orientales y, ya en el XIX, por la dependencia directa del Imperio británico.

Este proceso de recuperación nacional de Modi está basado en la historia y, conceptualmente, no es muy diferente al de China, después del “siglo de la humillación”. Sin embargo, implica una apuesta por el supremacismo hindú y la represión brutal de los musulmanes y del resto de minorías. Se trata de darle un “sentido nacional”, homogéneo y con proyección hacia el exterior cada vez mayor, en un ejercicio de “áreas de influencia”, que reconozca su carácter de gran potencia en el subcontinente asiático, pero también en América Latina o, en menor medida, en África. El proyecto es compatible con un feroz proteccionismo en lo económico, como se ha visto recientemente con su abrupta retirada del RCEP (Asociación Económica Integral Regional), impulsado por Japón y China.

«Los resultados electorales avalan la fortaleza del proyecto de Modi que, de forma cada vez más explícita, afirma la unidad de la nación sobre la base de la exclusión de una quinta parte de sus ciudadanos»

Por el momento, los resultados electorales avalan la fortaleza y consistencia del proyecto de Modi que, de forma cada vez más explícita, afirma la unidad de la nación sobre la base de la exclusión de una quinta parte de sus ciudadanos. Un ejemplo de ello ha sido la supresión de la autonomía de Jammu y Cachemira, con población mayoritariamente musulmana.

En cualquier caso, hablamos de una potencia regional, ya que no puede aspirar aún a ser una superpotencia global como EEUU o China. Para ese propósito, debe proseguir su crecimiento económico y de renta per cápita, en un país que muy pronto será el más poblado del mundo y que sigue manteniendo unos niveles inasumibles de miseria y pobreza. Ciertamente, India se está convirtiendo en una de las principales “fábricas del mundo”, y dispone de sectores tecnológicamente muy sofisticados y un creciente soft power, además de ser una potencia militar con armamento nuclear. Pero le queda un larguísimo camino por recorrer y, para ello, no quiere prescindir de nadie, pero tampoco subordinarse a nadie.

Para ello, no obstante, India necesita a Occidente más que nunca. Por consiguiente, tiene que acompasar su autonomía estratégica con sus intereses económicos y de seguridad a largo plazo, un juego a varias bandas que tiene sus límites y sus riesgos.

Rusia puede dejar de ser para India un socio estratégico relevante, máxime si cae bajo la dependencia china. Pekín, con su política de la Franja y la Ruta –que claramente obvia a India, tanto por tierra como por mar, cercándola con su presencia en Myanmar y Bangladesh en el golfo de Bengala, Sri Lanka y Pakistán–, seguirá siendo su principal adversario y competidor en su entorno y en el Sureste Asiático. De ahí que sea esencial fortalecer su relación con los países del golfo de Bengala y, en general, con ASEAN (Asociación de Naciones del Sureste Asiático) y Australia. Y, desde luego, con EEUU y la Unión Europea.

Por todo ello, y para evitar errores, es muy importante que Occidente interprete correctamente la naturaleza del proyecto político indio. India no es como Occidente desearía. Tampoco piensa como pensamos los occidentales. Es otra cosa muy distinta. Dicho de otro modo, siguiendo su tradición, India no quiere alinearse explícita y definitivamente con ningún bando. Tampoco con unas democracias cuya naturaleza liberal no comparte.

Muchas piezas, pues, en el tablero. Es verdad que todos los imperios se han construido sobre la geometría variable. Los más duraderos son los que la han ejercido, más allá de la fuerza militar, con destreza y visión estratégica e integradora. Como hicieron los romanos, la monarquía hispánica o los mogoles durante siglos. No parece el caso. El supremacismo ultranacionalista ofusca las mentes.

Es una cuestión de vida o muerte. Así que la UE proporcionará armas para las fuerzas armadas de Ucrania, por Josep Borrell

Lo que Putin está haciendo es una violación de los principios básicos de la convivencia humana. Este es el momento de ponerse de pie y hablar.

Josep Borrell, alto representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Fotografía: Agencia Anadolu/Getty Images

En esta hora oscura, cuando vemos la invasión no provocada e injustificada de Ucrania por parte de Rusia y las campañas masivas de desinformación y manipulación de la información, es esencial separar las mentiras, inventadas para justificar lo que no se puede justificar, de los hechos.

Los hechos son que Rusia, una gran potencia nuclear, ha atacado e invadido un país vecino pacífico y democrático, que no representaba ninguna amenaza para él, ni lo había provocado. Además, el presidente Putin está amenazando con represalias contra cualquier otro estado que pueda venir al rescate del pueblo de Ucrania. Tal uso de la fuerza y la coerción no tiene lugar en el siglo 21.

Lo que Putin está haciendo no es sólo una grave violación del derecho internacional, es una violación de los principios básicos de la convivencia humana. Con su decisión de traer la guerra de vuelta a Europa, vemos el regreso de la «ley de la selva» donde el poder hace lo correcto. El objetivo no es solo Ucrania, sino la seguridad de Europa y todo el orden internacional basado en normas, basado en el sistema de las Naciones Unidas y el derecho internacional.

Su agresión está cobrando vidas inocentes, aplastando el deseo de la gente de vivir en paz. Se están atacando objetivos civiles, violando claramente el derecho internacional humanitario y obligando a la gente a huir. Vemos que se está desarrollando una catástrofe humanitaria. Durante meses, hemos llevado a cabo esfuerzos sin precedentes para lograr una solución diplomática. Pero Putin mintió a los rostros de todos los que lo conocieron, fingiendo estar interesado en una solución pacífica. En cambio, optó por una invasión a gran escala, una guerra en toda regla.

Rusia debe cesar sus operaciones militares de inmediato y retirarse incondicionalmente de todo el territorio de Ucrania. Lo mismo ocurre con Belarús, que tiene que poner fin de inmediato a su participación en esta agresión y respetar sus obligaciones internacionales. La Unión Europea está unida para ofrecer su firme apoyo a Ucrania y a su pueblo. Esto es una cuestión de vida o muerte. Estoy preparando un paquete de emergencia para apoyar a las fuerzas armadas ucranianas en su lucha.

La comunidad internacional ahora, en respuesta, optará por un aislamiento a gran escala de Rusia, para responsabilizar a Putin por esta agresión. Estamos sancionando a quienes financian la guerra, paralizando el sistema bancario ruso y su acceso a las reservas internacionales.

La UE y sus socios ya han impuesto sanciones masivas a Rusia que apuntan a sus líderes y élites y sectores estratégicos de la economía dirigida por el Kremlin. El objetivo no es dañar al pueblo ruso, sino debilitar la capacidad del Kremlin para financiar esta guerra injusta. Al hacer esto, estamos estrechamente alineados con nuestros socios y aliados: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Japón, Corea del Sur y Australia. También vemos a muchos países de todo el mundo uniéndose para proteger la integridad territorial y la soberanía de Ucrania, incluido el Reino Unido. Estamos juntos en el lado correcto de la historia frente al horrible ataque de Rusia contra un país libre y soberano.

Para justificar sus crímenes, el Kremlin y sus partidarios se han involucrado en una campaña masiva de desinformación, que comenzó hace ya semanas. Hemos visto a los medios estatales rusos y su ecosistema vendiendo falsedades en las redes sociales con el objetivo de engañar y manipular.

Los propagandistas del Kremlin llaman a la invasión «una operación especial», pero este eufemismo cínico no puede ocultar el hecho de que somos testigos de una invasión de Ucrania en toda regla, con el objetivo de aplastar su libertad, gobierno legítimo y estructuras democráticas. Llamar al gobierno de Kiev «neonazi» y «rusófobo» es una tontería: todas las manifestaciones del nazismo están prohibidas en Ucrania. En la Ucrania moderna, los candidatos de extrema derecha son un fenómeno marginal con un apoyo mínimo, sin pasar la barrera para entrar en el parlamento. El gobierno ucraniano no cortó el Donbás y no ha prohibido el uso de la lengua y la cultura rusas. Donetsk y Lugansk no son repúblicas, son regiones ucranianas controladas por grupos separatistas armados y respaldados por Rusia.

Lo sabemos, y muchos rusos lo saben. Ha habido valientes protestas en ciudades de toda Rusia desde que comenzó la invasión, exigiendo el fin de la agresión contra una nación vecina pacífica. Escuchamos sus voces y reconocemos su coraje al hablar, y también vemos a muchas figuras públicas prominentes en Rusia protestando por esta invasión sin sentido.

Sigo trabajando con nuestros socios en todo el mundo para garantizar la acción conjunta de la comunidad internacional contra el comportamiento del Kremlin. El 25 de febrero, solo Rusia vetó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la agresión de Rusia contra Ucrania, con la abstención de China, India y los Emiratos Árabes Unidos. De todo el mundo, los países condenan los ataques de Rusia, y en la Asamblea General toda la comunidad internacional debe unir fuerzas y ayudar a poner fin a la agresión militar de Rusia mediante la adopción de la resolución relacionada de la ONU.

Con esta guerra contra Ucrania, el mundo nunca volverá a ser el mismo. Es ahora, más que nunca, el momento de que las sociedades y las alianzas se unan para construir nuestro futuro sobre la confianza, la justicia y la libertad. Es el momento de ponerse de pie y hablar. El poder no hace lo correcto. Nunca lo hice. Nunca lo hará.

  • Josep Borrell es el alto representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad

Es una cuestión de vida o muerte. Por lo tanto, la UE proporcionará armas para las fuerzas armadas de Ucrania | Josep Borrell | El Guardián (theguardian.com)

AL MUNDO LE TIEMBLAN LAS CANILLAS, por F. Javier Blasco, coronel (R). 26.02.2022

Hemos acabado hasta el moño de ver, oír y escuchar a nuestros dirigentes nacionales y a las asociaciones, organismos y alianzas internacionales proclamar a todos los vientos -al son de trompetas de Jericó, bombos como para cualquiera de las famosas tamborradas en España y platillos tan grandes como los volantes- que la Comunidad Internacional no iba a consentir a Putin invadir a un país libre y democrático y, que si osaba quebrantar y pisotear sus libertades, las medidas sobre él y Rusia iban a ser de tal tamaño, que se arrepentiría de haberlo hecho, recordándonos a tiempos de la guerra contra Irak.

Las reuniones presenciales, vistas parlamentarias, así como, las amenazas individuales y colectivas sobre las medidas a adoptar, se han venido sucediendo a todos los niveles; de tal modo y manera, que no ha quedado ni un resquicio por donde poderse escapar del palo justiciero que iba a caer sobre la cabeza de Putin, sus más directos asesores y sobre la aborregada nación rusa que, acostumbrada a ello, le sigue sin apenas rechistar.

Pero a la hora de la verdad, la triste realidad es tan penosa, vergonzosa, inútil o fútil y banal, que hasta da vergüenza comentarlo y hacerlo ver a los demás. Militarmente, tal y como estaba previsto, nos arrinconamos tras la pantalla de la OTAN para decir que, legalmente no podíamos intervenir por no ser territorio de la Alianza; olvidándonos, que tampoco lo era Serbia y Kosovo y entramos en fuerza en Kosovo y bombardeamos dicho territorio y hasta Belgrado, sin miramientos ni contemplación.

Ayer daba auténtico pavor, escuchar que el Tío Sam aprobaba mandar más armamento a base de misiles y otros medios efectivos a Ucrania, cuando en Kiev y otras ciudades ucranianas se repartían fusiles en la calle a quien pasaba por la acera y se le pedía a la gente que fabricase sus propios cócteles Molotov ¿De qué servirá dicho armamento, si cuando llegue, si llega; no habrá nada que defender?

Ahora que la estructura militar ucraniana ha sido desbaratada y destruida sin piedad ni capacidad para defenderse de dichos ataques selectivos y certeros, parece ser que es el momento en que pensamos que los cinco mil cascos individuales de combate, que les remitió la gran Alemania, no son suficientes para mejorar su capacidad defensiva.

La UE pronto enarboló la Bandera Blanca porque si la OTAN no intervenía, con mucha más razón no lo haría la Unión; esgrimiendo al mismo tiempo, que no tiene capacidad de combate suficiente a pesar de que lleva años, planeando y tratando de conseguir algo que se parezca a un Ejército europeo que sirva algo más que para llevar a cabo, de forma parcial, misiones de paz de corta o pequeña entidad. 

Biden, de carrerilla en carrerilla, hablando a los medios todo el día y quitándose la mascarilla en público, para que se le viera la cara de gran enfado; pero de mandar tropas a combatir por y en Ucrania, nada de nada.

Los norteamericanos ya no están por apoyar a las democracias atacadas o en peligro y no interesa meterse con un león dormido al que llevan muchos años ninguneando y que, recientemente, se ha despertado hambriento y con ganas de romper el equilibrio y ciertos delirios de varios de sus vecinos, que quieren jugar a ser mayores e írsele de sus mansos. Está bien claro que Putin no se lo va a consentir en aras de alimentar su orgullo y para mantener su propia seguridad.

Bueno, si militarmente no podíamos hacer nada, salvo dejar a Ucrania a su maldita suerte, por lo menos económicamente, había y hay muchas herramientas que se pueden utilizar, o al menos eso nos creíamos algunos ilusos.

Se habló de todo tipo de medidas, de aplicación progresiva en función de los pasos dados por el nuevo Zar de Rusia y resulta que a pesar de haberlos dado todos y muchos más de lo esperado; ayer mismo cuando las tropas rusas asediaban a las puertas de Kiev, las bolsas del mundo entero, incluida la rusa, subieron varios enteros y hasta recuperaron las pérdidas del día anterior.

Para más inri, ese mismo día, Rusia vendía más petróleo que cualquier otro antes del conflicto y varios países europeos, precisamente, la mayoría de los más grandes, se arrugaron el ombligo y no han permitido que los bancos rusos sean desconectados de la propia red de intranet, Swift; el «arma nuclear económica» que, realmente nadie se atreve a activar contra Rusia.

Rusia puede seguir vendiéndonos de todo y nosotros se lo pagaremos en efectivo, aunque nos engañemos diciendo que ellos, no nos puede comprar tecnología. Todos sabemos que eso no será cierto, porque la economía es la economía, la pela es la pea y los votos del ciudadano sosegado alimentan los egos, calientan los riñones y multiplican las prebendas de esos mequetrefes que nos pretenden gobernar.

Tan solo el mundo del deporte, limpio y claro como casi siempre, anuncia que muchos premios, torneos y mecenazgos suprimen sus lazos con Rusia y todo lo que huela a ruso.

A estas horas del partido, no sé si será fruto de un calentón, una precipitación en sus decisiones o el haber caído en la trampa saducea de que las medidas coercitivas y punitivas del mundo iban en serio. Pronto veremos si repliegan velas, o mantienen su posición.  

Por lo demás, basta ya de tanta miseria individual y colectiva, de tamaña hipocresía y de engañar a propios y extraños con tantísima sinvergonzonería e impunidad.

Ya que la pandemia ha demostrado que las videoconferencias, son mucho más efectivas, rápidas y sencillas de organizar; creo que ha llegado la hora de que nuestros dirigentes dejen aparcados sus aviones presidenciales y a sus numerosos sequitos en casa, porque tanto vano desplazamiento a Bruselas, solo vale para reconfortarse y apoyarse el uno con el otro en su inmensa debilidad, gastar mucho dinero del erario público y para infectar el espacio aéreo de polución y gases que queremos erradicar.

Ninguno tiene vergüenza, ni torera ni de otra calidad, son unos trileros y engañabobos que nos llenan la cabeza de pajarillos y de falsa dignidad, como el ministro de exteriores, que ayer se paseó por todos los medios posibles hablando de la posición y el falso papel de España en una serie de drásticas medidas que él sabía que no se iban a aplicar.

Mucho me temo, que la fiera se ha despertado totalmente, que ha comprobado claramente la gran debilidad e hipocresía internacional y que lo hecho hasta ahora, por mucho que fuera y sea criticado y amenazado, pronto será consumado sin más. No habrá reacción que merezca la pena o le escueza de verdad y que otras víctimas propiciatorias, que ya están anunciadas en su tablero de ambiciones, pronto en sus redes caerán.

Veremos lo que ocurre cuando se quede con todos los recursos naturales ucranianos que ahora les compramos a ellos y en breve, pasarán bajo su control.

Lo peor, como siempre, es para el más débil; los ucranianos y la propia Ucrania; por lo que no me extrañaría nada que, como consecuencia de esta vergonzosa actuación internacional, aumente el número de ucranianos que desprecien todo lo que venga de la UE, la OTAN u otro Organismo internacional y se abracen a Rusia porque, al menos engañarles, no está en su afán.

Finalmente, y me arriesgo a asegurarlo porque sé que estoy en lo cierto, esta guerra de Gila o conflicto de PlayStation para todos, menos para Ucrania y sus pobladores, será aprovechada como excusa por la mayor parte de los dirigentes y organismos económicos internacionales para tapar sus incapacidades a la hora de hacer sus previsiones o de sacarnos del pozo tan profundo en el que nos encontramos sumidos por culpa de una gran crisis económica a nivel global, que no supieron o quisieron ver llegar.         

Tensión entre Rusia y Ucrania y su repercusión en EE.UU., la OTAN y la UE

Altos funcionarios de seguridad nacional de EE. UU. Llaman a sus homólogos a medida que aumentan las tensiones entre Rusia y Ucrania.

Por Oren Liebermann y Barbara Starr , CNN

Actualizado a las 0054 GMT (0854 HKT) 1 de abril de 2021

Los principales funcionarios de seguridad nacional de EE. UU. Han hablado con sus homólogos ucranianos, y el principal general de EE. UU. Realizó una llamada el miércoles con su homólogo ruso en medio de la preocupación por la actividad militar rusa en Crimea y el este de Ucrania, incluido lo que EE. UU. Consideró una violación de un alto el fuego. por Moscú que provocó la muerte de cuatro soldados ucranianos la semana pasada.»Las acciones desestabilizadoras de Rusia socavan las intenciones de desescalada que se habían logrado mediante [el acuerdo del año pasado]», dijo el miércoles el portavoz principal del Pentágono, John Kirby. 

«Además, estamos al tanto de los informes militares ucranianos sobre los movimientos de tropas rusas en las fronteras de Ucrania».El secretario de Estado Tony Blinken reafirmó el «apoyo inquebrantable» de Estados Unidos a la integridad territorial de Ucrania frente a «la agresión en curso de Rusia en Donbás y Crimea», según una lectura de su llamada con el ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, el miércoles. El presidente del Estado Mayor Conjunto, el general Mark Milley, también habló con el principal general ucraniano el miércoles, mientras que el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan habló con su homólogo ucraniano a principios de la semana.

El Pentágono se había preocupado cada vez más después de que informes de inteligencia militar evaluaran que se había observado a unas 4.000 fuerzas rusas fuertemente armadas moviéndose en Crimea, según un funcionario de defensa de Estados Unidos. «No estaba del todo claro lo que estaban haciendo», dijo el funcionario, y agregó que Estados Unidos ahora cree, en una evaluación más profunda, que pudo haber sido parte de un ejercicio militar ruso. Parte de esa evaluación se basó en llamadas con funcionarios ucranianos que también vieron la actividad rusa como un ejercicio.

Si es así, el movimiento de tanto personal militar ruso fue un gran ejercicio y puede ser un mensaje deliberado del Kremlin a la administración Biden sobre la fuerza de Rusia en la región y su capacidad para desafiar a los aliados de Estados Unidos, dijo el funcionario.

Esto se produce cuando los países de la OTAN lanzaron aviones el lunes 10 veces para rastrear un nivel inusualmente alto de vuelos militares rusos sobre una gran área de Europa, incluidos el Mar del Norte, el Mar Negro y el Mar Báltico. Los aviones de la OTAN terminaron realizando seis intercepciones en un período de seis horas.

La administración Biden está adoptando un enfoque más duro hacia Rusia, y Ucrania es solo la última fuente de tensión entre los dos adversarios. La Casa Blanca dio a conocer una serie de sanciones contra funcionarios y entidades rusos a principios de mes por el envenenamiento del líder de la oposición Alexey Navalny. El presidente Joe Biden advirtió luego que el presidente ruso Vladimir Putin «pagaría un precio» por sus esfuerzos para socavar las elecciones estadounidenses de 2020 y luego llamó a Putin un «asesino «. Mientras tanto, se espera que la administración imponga más sanciones a Rusia por la interferencia electoral y el ciberataque SolarWinds.

El miércoles, Milley habló con su homólogo ruso, el general Valery Gerasimov. Si bien los temas que discutieron los dos generales no se han hecho públicos, entre bastidores, el Departamento de Defensa ha estado preocupado durante los últimos días por la acumulación de tropas y equipos rusos a lo largo de la frontera con Ucrania. El Departamento de Defensa elevó recientemente el llamado «nivel de condición de vigilancia» en esa región para recopilar evaluaciones de inteligencia actualizadas sobre la actividad e intenciones rusas, mientras monitorea cualquier amenaza potencial. El New York Times fue el primero en informar sobre ese desarrollo.

Rusia culpó a Ucrania de reanudar los combates en el este de Ucrania. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, dijo esta semana que Rusia estaba preocupada por las «provocaciones de Ucrania», pero dijo que esperaba que no se intensificara a combates.

Pero Ucrania advirtió sobre una serie de violaciones rusas del alto el fuego, incluidos dos incidentes de fuego de mortero y fuego de ametralladora de gran calibre que provocaron la muerte de los cuatro soldados ucranianos el viernes pasado. El martes, Ucrania acusó a Rusia de violar el alto el fuego siete veces, lo que llevó al parlamento del país a pedir un aumento de la presión política y económica sobre Moscú.

https://edition.cnn.com/2021/03/31/politics/us-russia-ukraine-calls/index.html

Estados Unidos declara su apoyo ‘implacable’ a Ucrania mientras Rusia inunda Crimea con tanques llenos de trenes en medio de crecientes tensiones

  • El secretario de Estado Antony Blinken reafirmó el ‘apoyo continuo’ de Estados Unidos a Ucrania mientras Rusia trasladaba trenes con vehículos militares a la frontera
  • Varios funcionarios estadounidenses se comunicaron con sus homólogos ucranianos esta semana con respecto a las acciones del ejército ruso.
  • Blinken habló con el ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, el miércoles a la luz de la « agresión en curso de Rusia en Donbas y Crimea ».
  • El Estado Mayor Conjunto, el general Mark Milley, habló con sus homólogos ucranianos y rusos.
  • Según informes de inteligencia militar, alrededor de 4.000 soldados rusos fuertemente armados estaban en movimiento en Crimea, lo que los funcionarios dijeron que era un ejercicio.
  • Aún así, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, dijo el jueves que cree que los movimientos eran una «amenaza».
  • El ejercicio militar podría enviar un mensaje al presidente Joe Biden que ha sido más estricto contra Rusia, sancionó a algunas entidades y calificó a Vladimir Putin de ‘asesino’.

Por Nikki Schwab, reportera política senior de Estados Unidos para Dailymail.com

https://whatsnew2day.com/the-us-declares-continued-support-for-ukraine-amid-russian-escalations/amp/