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El Indo-Pacífico sigue en el centro, por José Piqué

El debilitamiento de Rusia viene a confirmar aún más que el juego se desarrolla en el Indo-Pacífico. Más centro de gravedad que nunca, a pesar de las apariencias.

JOSEP PIQUÉ |  2 de junio de 2022

Aunque la invasión de Ucrania por Rusia pueda hacer pensar lo contrario, no hay un regreso del centro de gravedad geopolítico al Atlántico. Sigue en el Indo-Pacífico. Incluso más que antes. Las razones para esta afirmación contra-intuitiva son diversas, pero contundentes.

Para Estados Unidos, el principal adversario geopolítico para su hegemonía global sigue siendo, sin ninguna duda, China. Mientras, China sigue empeñada en avanzar y crear las condiciones objetivas para sustituir a EEUU como gran superpotencia global a mediados del presente siglo. La guerra ucraniana no ha cambiado en absoluto esa realidad. Y ambas partes van moviendo sus piezas en esta gran partida y se observan mutuamente cada vez con más agresividad. El riesgo de caer en la “trampa de Tucídides” sigue intacto.

Veamos algunos acontecimientos recientes. La visita de Joe Biden a Japón y Corea del Sur ha supuesto la reafirmación de la voluntad de EEUU de mantener sus compromisos de seguridad con ambos países y de propiciar su acercamiento, algo que, más tarde o más temprano, tendrá que producirse. Por otra parte, ha tenido lugar en Tokio otra reunión al máximo nivel del QUAD –que agrupa a Japón, Australia, EEUU e India–, en un claro intento de desmentir de nuevo la predicción del ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, de que este se “desharía como la espuma en el mar”. La cooperación es creciente en asuntos de seguridad, incluidas maniobras aeronavales conjuntas. Nótese el esfuerzo por incorporar a India en una creciente alianza cuyo principal objetivo implícito es la contención del expansionismo cada vez más agresivo de China.

No es circunstancial que China, aprovechando la equidistante actitud india en la guerra de Ucrania, esté intentando acercarse a su tradicional enemigo histórico, incluyendo posibles soluciones al secular enfrentamiento en unas fronteras inmensas y no claramente delimitadas. Parafraseando a Buñuel, India se ha convertido en “ese oscuro objeto del deseo”, ya que, por su dimensión y su potencial, se constituye, por razones objetivas, en una gran potencia celosa de su autonomía estratégica y con un proyecto nacional –basado en el hinduismo– independiente de la pugna entre las dos superpotencias.

«Nótese el esfuerzo por incorporar a India en una creciente alianza cuyo principal objetivo implícito es la contención del expansionismo cada vez más agresivo de China»

Asimismo, y no menos importante, Biden ha declarado –aunque luego sus palabras han sido “matizadas” por el departamento de Estado– su firme determinación de defender militarmente a Taiwán ante cualquier agresión china. Poco a poco, EEUU modula su tradicional doctrina de “ambigüedad estratégica”, establecida después de la histórica visita de Nixon a Pekín y sus acuerdos con Mao, hace cincuenta años.

Una doctrina que apoya la tesis de “una sola China”, reconociendo solo estatus internacional pleno a la República Popular, pero que se compromete a apoyar a Taiwán ante cualquier intento de integración que no sea pacífico y de común acuerdo. El debate en EEUU está abierto y los partidarios de abandonar esa ambigüedad son cada vez más mayoritarios en ambos partidos. La razón es obvia: las circunstancias han cambiado y China parece cada más dispuesta a reintegrar Taiwán, aunque sea utilizando la fuerza militar.

De hecho, las intrusiones de cazas chinos en el espacio aéreo de Taiwán son más recurrentes, así como de barcos “pesqueros” chinos –en realidad, patrullas militares–, por cientos, en aguas territoriales disputadas en el mar del Sur de China, como las que rodean el archipiélago de las Spartly o las Paracel. Es uno de los objetivos personales de Xi Jinping, después de, previsiblemente, prolongar su mandato indefinidamente en el próximo Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) en otoño de este año.

«China parece cada más dispuesta a reintegrar Taiwán, aunque sea utilizando la fuerza militar»

De hecho, la respuesta estadounidense a la agresión rusa debe leerse en este contexto. EEUU no va a permitir que Rusia consiga sus objetivos y en ello ha comprometido a la Alianza Atlántica y, a pesar de las dificultades internas, a la Unión Europea y al conjunto de Occidente. El mensaje es claro: el coste para Rusia va a ser inasumible –lo está siendo ya–, y lo sería también para China si optara por una invasión de Taiwán. Las declaraciones de Biden van incluso más allá. En Ucrania, el apoyo a ese país y a su gobierno legítimo es indiscutible, pero no incluye implicación militar sobre el terreno ni participar en operaciones aéreas de exclusión, para evitar una confrontación directa de la OTAN con Rusia. En el caso de Taiwán, el compromiso incluye esa vertiente de implicación militar, además de la involucración directa de otros aliados en la zona, como Australia, y el apoyo explícito de Japón y Corea del Sur, entre otros.

Asimismo, Biden está intentando revertir el descomunal error estratégico de Donald Trump al no ratificar el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) y empujar a su principal impulsor, Japón, a mantenerlo sin EEUU, presumiblemente a la espera de un cambio de posición. Acto seguido, la decisión de Trump propició la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), que incluye a la propia China –India se descolgó en el último momento–, dejando las manos libres a Pekín y debilitando la credibilidad norteamericana frente a sus aliados asiáticos.

Biden ha puesto en marcha el Indo-Pacific Economic Framework (IPEF), “sucedáneo” del TPP, más flexible y maleable, para poder sortear las previsibles dificultades que encontraría un tratado en toda regla para ser aprobado en el Capitolio. No es, pues, un acuerdo comercial en el sentido convencional, sino que descansa en cuatro pilares: promover el comercio –en particular, el digital–, potenciar cadenas de valor resilientes –sin contar con China–, promover inversiones en infraestructuras y en energías renovables, y luchar contra la corrupción, promoviendo normas fiscales adecuadas. Muchos países reclaman, para incorporarse, ir más allá y abrir el mercado estadounidense a sus productos. Pero eso hoy no es posible. Se trata de abrir un camino que pretende incorporar a dicho esquema, además de a Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, a siete países de la ASEAN –todos menos Myanmar, Camboya y Laos– y, significativamente, a India. Ello supondría en torno al 40% del PIB global y, aunque adolece de la ausencia de otros países del continente americano, se compensa con el peso de India, no solo demográfico y económico, sino por su significación política. Cabe destacar también su carácter abierto a otros Estados-isla del Pacífico. Fiji ya ha mostrado su interés.

Esta iniciativa se suma a la puesta en marcha, impulsada por el QUAD, de la Alianza para el conocimiento del Dominio Marítimo en Indo-Pacífico, que incluiría a las islas del océano. No hay que olvidar el papel desempeñado por las islas durante la Segunda Guerra Mundial y la pugna entre EEUU y Japón por el dominio oceánico.

Conviene destacar que todas esas iniciativas vienen a contrarrestar la clara voluntad china de expandir su influencia en dicho teatro, en detrimento no solo de EEUU, sino de Australia, tradicional garante de su seguridad. Máxime después del AUKUS, el acuerdo entre EEUU, Reino Unido y Australia –en detrimento de Francia, a su vez históricamente presente en la región, con posesiones en la Polinesia– para el suministro a Camberra de submarinos de propulsión nuclear y de altísima y sofisticada tecnología militar –hasta ahora no compartida con nadie– por parte de Washington.

«No hay que olvidar el papel desempeñado por las islas del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial y la pugna entre EEUU y Japón por el dominio oceánico»

La respuesta de China está siendo clara: un empeoramiento de las relaciones con Australia, a pesar de ser su principal socio comercial, y, sobre todo, la puesta en marcha de su propia iniciativa. La “Visión de Desarrollo Conjunto entre China y las Islas Naciones del Pacífico” ha tenido su primera plasmación en acuerdos de cooperación –incluyendo la seguridad, además de aduanas o pesca– entre China y las Islas Salomón, que previsiblemente incluyen la posibilidad de establecer una base militar en las mismas, algo que hasta ahora China solo ha materializado en Yibuti, en la entrada del mar Rojo por el estrecho de Bab-el Mandeb.

China pretende ampliar ese acuerdo con una negociación ya avanzada con Kiribati y con conversaciones con Samoa, Tonga, Fiji, Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y Timor Leste. Wang inició la semana pasada una gira de diez días por la zona.

Finalmente, China está impulsando con otras autocracias y democracias imperfectas o iliberales una incipiente Iniciativa de Seguridad Global, sobre la doble base de la no injerencia y el rechazo a la hegemonía estadounidense.

En definitiva, ambas partes están moviendo con rapidez sus fichas, incluyendo acuerdos económicos y comerciales, estratégicos, de financiación de infraestructuras o de lucha contra los efectos del cambio climático (enormemente sensible en la región), que no ocultan la pugna estratégico-militar y por las esferas de influencia. Lo que está en juego es que la presencia estadounidense (y australiana) en la región desaparezca, nada menos, y, por tanto, que EEUU deje de ser una superpotencia global en detrimento de una China cuyo principal objetivo es, precisamente, sustituirle en ese papel.

Palabras mayores. El debilitamiento de Rusia viene a confirmar aún más que el juego se desarrolla en el Indo-Pacífico. Más centro de gravedad que nunca. A pesar de las apariencias.

ALGUNAS COSAS QUE HE LEÍDO

Biden’s China strategy cannot work with weapons alone, Edward Luce, Financial Times

The BRI and the war in Ukraine, Francesca Ghiretti and Jacob Mardell, MERICS China podcast

China’s own hotheadedness reinforces Quad’s strategic importance, Richard McGregor, Lowy Institute

La UE y España también miran al Indo-Pacífico, Emilio de Miguel, Política Exterior

The Administration’s Approach to the People’s Republic of China, Antony Blinken, US Department of State

LA ESCALA DE LOS MAPAS

Este mapa interactivo de Carnegie, titulado “The Strategic Importance of the Indian Ocean”, permite estudiar con detenimiento el laberinto geoestratégico en el que se ha convertido el Indo-Pacífico: cuellos de botella, fronteras marítimas, rutas comerciales, disputas territoriales…, añadiendo capas de complejidad a gusto del consumidor.

PLAYLIST

En su siempre interesante Sinica Podcast, Kaiser Kuo conversa cada semana con sinólogos clave. En el último episodio, Kuo entrevista a Demetri Sevastopulo, corresponsal de Financial Times y autor de algunas sonadas exclusivas, como la revelación de la prueba del misil hipersónico chino o la petición rusa de ayuda militar al poco de comenzar la invasión de Ucrania. Sevastopulo cree que en estos momentos es muy difícil mantener en Washington un debate abierto sobre China, debido a las posiciones cada vez más agresivas entre demócratas y republicanos. “Hay una gran cantidad de autocensura, que no creo que sea saludable para la democracia estadounidense ni para una administración que necesita elaborar políticas inteligentes para tratar con China”, afirma.

Este sábado 4 de junio, como cada año, los hongkoneses conmemoran Tiananmen. Por primera vez en 30 años –salvo el parón por el Covid–, la diócesis de Hong Kong no celebrará una misa conmemorativa. La represión de las autoridades chinas va de “mal en peor”, como advierte Chris Patten.

Nos volvemos a ver en dos semanas,Josep 

@joseppiquecamps

joseppique.es

¿Estaba China apostando por la derrota rusa todo el tiempo?

INFORMES DE SITUACIÓN – 13 de marzo de 2022Por Csaba Barnabas Horvath

Las opiniones expresadas en este artículo son las de los autores por sí solas y no reflejan necesariamente las de Geopoliticalmonitor.com

China ha sido vista por muchos como el aliado más importante de Rusia en la invasión de Ucrania. Sin embargo, después de casi dos semanas de combates, han estado culminando episodios confusos en torno a la actitud de China hacia la guerra. Con respecto a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Asamblea General, China se ha abstenido en lugar de votar del lado de Rusia. Con respecto a las sanciones a Rusia, China no ha mostrado mucha voluntad de ayudar hasta ahora, y dos importantes bancos chinos, el Banco de China y el Banco Industrial y Comercial de China, incluso se han negado a ayudar a Rusia a procesar las transacciones de exportación. En lugar de apoyar a Rusia, el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, ha pedido una desescalada del conflicto. China parece estar retirando su apoyo de Rusia, en todas partes, desde la diplomacia hasta la economía.

Por otro lado, sin embargo, las declaraciones chinas justo antes de la guerra parecían haber indicado el pleno apoyo de Beijing a Moscú, y el hecho de que Rusia esperara el final de los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing parece confirmar los rumores de que Xi le pidió a Putin que lo hiciera, indicando a su vez que China era plenamente consciente de lo que se avecinaba. y decidió apoyarlo con pleno conocimiento de causa. Por lo tanto: Apoyo total para la invasión antes de que comenzara, pero luego un retroceso gradual una vez que la invasión estaba en marcha – ¿Qué está pasando aquí? ¿Cambió China de opinión debido a algún suceso inesperado?

¿Qué pasaría si no sucediera nada así, pero fue una estrategia consistente para alentar a Rusia a atacar al principio, pero revertir su apoyo después de que la guerra haya comenzado? Conociendo la historia de las relaciones chino-rusas, una victoria rusa no parece ser de interés para China. Lo que interesa a China es una guerra prolongada de desgaste, drenando los recursos de Rusia tanto como sea posible, debilitándola tanto como sea posible, mientras tanto aislándola de Occidente tanto como sea posible, y con una derrota rusa al final.

Una breve historia de las relaciones chino-rusas

A lo largo de la mayor parte de la historia de las relaciones chino-rusas, Rusia fue un adversario, en lugar de un aliado de China. El objetivo de Rusia no es convertirse en el socio menor de una alianza chino-rusa, sino ser una gran potencia por derecho propio. Rusia tiene una identidad de gran potencia propia, lo que significa que persigue su «agenda de gran potencia por su cuenta», y como la historia nos ha demostrado, cada vez que esa agenda cruzaba los intereses de China, Moscú rara vez dudaba en confrontar a Beijing y, cuanto más fuerte era, más estaba dispuesto a confrontar directamente. Rusia se ha apoderado de aproximadamente un millón de millas cuadradas de China en los tratados de Aigun y Beijing en 1858-1860, un área llamada «Manchuria Exterior», la periferia norte de Manchuria hasta ese momento, y el territorio hasta ahora se conocía como el Lejano Oriente ruso, con Vladivostok y Khabarovsk establecidos allí por colonos rusos. La historiografía china todavía considera estos tratados como «tratados desiguales», la humillación occidental de China y, por lo tanto, incluso si son legalmente legítimos, son al menos moralmente ilegítimos. Mongolia, así como la república autónoma de Tuvan de Rusia fueron partes de China hasta la caída del Imperio Qing en 1911. Rusia los apoyó por primera vez para obtener la independencia de facto en la década de 1910 con Mongolia sirviendo como un estado amortiguador estratégico contra China. Luego, los bolcheviques expandieron el gobierno comunista a Mongolia y Tuva también. Después de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética logró el reconocimiento formal de la independencia de Mongolia por parte de la República Popular China, y anexó Tuva directamente. La cooperación chino-soviética después de la victoria comunista en China en 1949 duró apenas una década, y después de que se produjo la división sino-soviética a fines de la década de 1950, las dos grandes potencias incluso lucharon una breve guerra fronteriza en 1969 junto con las mismas secciones de la frontera que Rusia adquirió en los tratados desiguales de 1858-1860. Las relaciones entre los dos países solo se calentaron después del colapso de la Unión Soviética, con Rusia volviéndose lo suficientemente débil como para buscar la amistad de China y ser vista como inofensiva por China. La formación de la Organización de Cooperación de Shanghai parecía mostrar el comienzo de una alianza chino-rusa, sin embargo, una propuesta china para un área de libre comercio de la OCS fue rechazada por Rusia, mostrando los temores de Moscú en el Este: con su población como apenas una décima parte de China, y su economía una mera fracción de la de esta última, el único factor restante para que Rusia aparezca en el poder junto con China, de la misma manera que Canadá aparece junto a los Estados Unidos, es su ejército. Más tarde, agregar a India y Pakistán con su antagonismo mutuo a la OCS diluyó la organización hasta el punto de carecer de sentido estratégico y la convirtió en algo así como una versión asiática de la OSCE en el mejor de los casos. Rusia ve a Kazajstán como su propia esfera de influencia, mientras que China, al conectar el país consigo mismo con oleoductos e invertir en la industria energética kazaja, está interesada en mejorar la Vladivostok y Khabarovsk. Para abreviar, la cooperación chino-rusa en los últimos años se trataba simplemente de haber encontrado un terreno común contra los Estados Unidos, en lugar de que los dos se vieran mutuamente como aliados verdaderamente confiables.

¿Cómo entraría en escena una victoria rusa o una derrota rusa? Una victoria rusa definitivamente no sería de interés para China. Al aumentar la población de la Unión Euroasiática, la esfera de influencia más amplia de Rusia, de 185 millones a 226 millones a través de la incorporación de Ucrania, y mejorar las posiciones estratégicas de Rusia contra la OTAN y la UE mediante la eliminación de un país amortiguador de 41 millones de habitantes, Rusia se volvería significativamente más fuerte de lo que era antes de la guerra, y tal cambio estaría cerca en términos geopolíticos de una especie de restablecimiento de la Unión Soviética. Significativamente más fuerte, lo que significa menos dispuesto a cooperar con China, más dispuesto a perseguir su propia agenda de grandes potencias, a perseguirla hasta un punto en el que incluso pueda dañar los intereses chinos, con el objetivo de posicionarse como un tercer jugador entre Los Estados Unidos y China igual a ambos, en lugar del aliado de China.

Cómo es una derrota rusa

Sin embargo, una derrota rusa, que todavía parece ser posible, especialmente si se produce al final de una prolongada guerra de desgaste, debilitando significativamente a Rusia y aislándola de Occidente al mismo tiempo, la pondría en una posición en la que difícilmente tendría otra opción que convertirse en un socio menor en una alianza chino-rusa. si no un mero satélite de China. El poderío militar de Rusia, el que lo hizo aparecer hasta ahora como igual de China, no solo ha demostrado a través de esta guerra ser mucho menos formidable de lo que el mundo pensaba, sino que también ha sufrido grandes pérdidas y continuará sufriendo grandes pérdidas mientras la guerra continúe. Según una filtración de 2020 del sitio web ruso Lenta, por ejemplo, Rusia tiene menos de 3.000 tanques operativos; Según fuentes ucranianas, más de 300 de ellos ya han sido destruidos, lo que significa más del 10% de todos los tanques que Rusia tiene, en solo dos semanas. Oryx, un blog militar independiente por otro lado, estima que las pérdidas de Rusia son de 181 tanques a partir de la mañana de las 10.ésimo de marzo de 2022. Este número, aunque más bajo, todavía muestra una tasa alarmante de 12 tanques perdidos en promedio cada día, e incluso en esta tasa, Rusia perderá el 10% de sus tanques para el 20 de marzo.

Se dice que Rusia ha acumulado el 60% de su arsenal terrestre convencional en la frontera de Ucrania, y esta tasa solo ha aumentado desde entonces. Si un esfuerzo tan trascendental por parte de Rusia continúa con pérdidas tan altas, el ejército ruso será una mera cáscara de su antiguo yo al final, sin mencionar el daño causado a la economía de Rusia por las sanciones. Una Rusia tan debilitada, aislada de Occidente, no tendría más remedio que aliarse con China en los términos que esta última exija. Esto proporcionaría a China un aliado estratégico comprometido y dócil, y acceso a los recursos naturales de Siberia.

El único peligro importante para China en caso de una derrota rusa es la posibilidad de un cambio de régimen pro-occidental. A medida que pasa más tiempo sin un avance particular del esfuerzo de guerra ruso en Ucrania, cada vez más se plantea una discusión sobre la posibilidad de un posible golpe contra Vladimir Putin en caso de que la guerra termine en un fiasco obvio e innegable para Rusia, ya que en este caso, se demostraría que todo el sacrificio que Rusia tuvo que sufrir por la guerra fue en vano. Sin embargo, hay varios factores a tener en cuenta aquí: Primero, en caso de un fiasco ruso, un cambio de régimen es una mera posibilidad que puede o no suceder, mientras que en caso de una victoria rusa, el restablecimiento virtual del Imperio Soviético sería una certeza, por lo tanto, este último es un cierto mal para China, mientras que en el caso de uno anterior, el mal resultado es solo una mera posibilidad para China. Vladimir Putin podría muy bien permanecer en el poder, y en ese caso, una Rusia debilitada sería la más aislada de Occidente, por lo tanto, la más dependiente de una alianza con China. En segundo lugar, incluso si se produce un cambio de régimen, no es del todo seguro si también será un cambio de élite. Podría suceder fácilmente de una manera en la que la segunda línea del liderazgo de Putin simplemente elimine al propio Putin, culpando a él también de su propia responsabilidad en la guerra; sin embargo, ellos y el partido Rusia Unida continúan gobernando el país. En tercer lugar, si el cambio de régimen no es un mero trabajo interno, sino que derriba al partido Rusia Unida y a su propia élite, incluso entonces, a lo largo de las elecciones durante la última década, los dos partidos de oposición rusos más fuertes no eran partidos pro-occidentales, sino el partido de extrema derecha de Vladimir Zhirinovsky y los comunistas. Por lo tanto, incluso si el partido Rusia Unida cae del poder, lo más probable es que sea Zhirinovsky, o los comunistas, o una alianza de ambos que se haría cargo del país, y no algún gobierno pro-occidental. Cuarto, incluso si de alguna manera algún grupo pro-occidental intenta tomar el control, dado el inmenso apoyo no solo del partido Rusia Unida sino también del Partido de Zhirinovsky y los comunistas, el apoyo público al nacionalismo ruso antioccidental parece ser tan fuerte, que cualquier intento de toma de control pro-occidental probablemente terminaría en una agitación prolongada o incluso en una guerra civil. Esto, sin embargo, como veremos, sería algo que China podría aprovechar.

Con respecto a la probabilidad de que Rusia se debilite como resultado de la guerra, tal cambio ciertamente ocurrirá si termina con algo así como una victoria rusa absoluta. Además, es probable que Rusia termine no solo debilitada sino debilitada de una manera que lo más probable es que nunca vuelva a alcanzar la posición que tenía entre las grandes potencias del mundo antes de la guerra. Los recursos demográficos y económicos de Rusia son, de hecho, tan débiles, que lo que es sorprendente no es la debilidad que muestra su ejército en Ucrania, sino más bien cómo logró mantenerse tan fuerte tanto tiempo después de la caída de la Unión Soviética. En cuanto al tamaño de su población, Rusia es de solo 9ésimo en el ranking mundial, detrás de países como Bangladesh, Nigeria y Pakistán. En cuanto a su economía, medida por su PIB sobre una tasa nominal, es simplemente el 11ésimo, detrás de países como Canadá, Italia y Corea del Sur. Además, como su economía está dominada por las exportaciones de petróleo crudo, gas natural, materias primas y trigo, es significativamente menos sofisticada que estas economías. Dadas las posiciones tan débiles en la demografía y la economía, el estatus de gran potencia de Rusia simplemente se mantuvo debido a las capacidades militares que heredó de la época soviética, y un estatus internacional debilitado después de la guerra simplemente significaría que tomaría el rango para el que su peso económico y demográfico ya lo ha predestinado de todos modos. Además, la mera exposición de la relativa debilidad de su ejército que el mundo está presenciando ahora ya es un debilitamiento de la posición internacional de Rusia, como antes, el mero hecho de que el mundo percibiera a su ejército como mucho más poderoso de lo que realmente se transmitió una posición internacional más fuerte. Por lo tanto, además de las capacidades militares reales que Rusia heredó de la Unión Soviética, la mera creencia general de que ha sido más fuerte de lo que realmente era, esta es una fuerza que nunca recuperará. Por lo tanto, en caso de derrota, una Rusia debilitada y aislada de Occidente se encuentra en una posición sin más remedio que alinearse con China, situando al país como socio menor en una alianza no solo por un breve período hasta que se recupere de la guerra, sino a largo plazo, durante las próximas décadas.

The Siberia Factor

The key geopolitical factor in Sino-Russian relations above all is Siberia. The attitudes of China towards Siberia have long been the subject of discussion. Siberia, a vast, sparsely populated region rich in natural resources right next to China, and its’ gargantuan, resource-hungry economy obviously demands attention. Safe access to its’ natural resources would mean a most favorable guarantee for the security of China’s economy, while Siberia under hostile rule would be strangling for it. Thus declared or not, achieving safe access to Siberia’s natural resources is a de facto core geopolitical interest for China. Theoretically speaking, China can achieve this in two ways. One way, the nice and clean one, is via some kind of alliance with Russia. The other one, the ugly way, is to grab Siberia or parts of it by force. In the case of an alliance with Russia, the weaker Russia is the better for China, as a strong, independent-minded Russia may use China’s reliance on Siberian resources against it, while a weak Russia is less likely to dare to do so. Regarding the ugly option, Siberia is strategically vulnerable to China to a great degree in many ways. East Siberia, east of the river Yenisei with its’s enormous area of more than 10 million square kilometers, covers about 60% of Russia’s territory, but at the same time, only about 10% of Russia’s population, 14 million people actually live there, while Manchuria and Inner-Mongolia, China’s neighboring northern regions have a combined population of no less than 123 million people. In fact, East Siberia’s population of 14 million people is less than the urban area of each of the top three cities of China – Beijing, Shanghai, or Chongqing – and roughly equal to the population of Guangzhou or Tianjin, and it is also less than the population of Taiwan. Moreover, vast regions of East Siberia are autonomous federal subjects of indigenous Asian ethnic groups of Russia, where Russian rule has met some resistance every once in a while over the past centuries. On the other hand, however, as Russia is a nuclear power, such an attempt could likely mean nuclear war, which China would surely not dare to risk.

However, in the unlikely but not outright impossible case discussed above, if an obvious and undeniable fiasco in Ukraine triggers a coup or some other form of regime change in Russia that fails to take place quickly and smoothly and ends up in prolonged internal turmoil or even civil war, such a situation could be the “now or never” moment for China to march into Siberia, probably under the pretext of peacekeeping or something similar. This is however still a scenario of a very low likelihood, as a peculiar combination of events, factors and intents should take place for it to occur, so the more realistic scenario that China could, and possibly already is aspiring for is simply the one where the war weakens, and simultaneously isolates Russia from the West to such a degree where it has no other choice but to align itself with China and accept a junior role in the alliance. Although even in this case, given the strategic vulnerability of East Siberia, the mere undeclared possibility of the ugly option could easily be used by China to put Russia under psychological pressure any time the latter considers leaving the alliance.

No sabemos si China ha revertido su apoyo a Rusia por las razones mencionadas anteriormente o no. Sabemos, sin embargo, que si China quisiera que Rusia ganara, tendría que adoptar un enfoque diferente al que está siguiendo en este momento, y la élite de Beijing es sin duda consciente de esto. China puede tener preocupaciones sobre las sanciones occidentales en caso de que proporcione asistencia adicional, sin embargo, como Beijing no parecía temeroso de embarcarse en una guerra comercial con Estados Unidos y Australia antes, es poco probable que estas preocupaciones le impidan ayudar a Rusia si ve una victoria rusa como algo vital para sus aspiraciones globales. Por lo tanto, la explicación más simple es que China no quiere que Rusia gane porque una Rusia victoriosa probablemente se volvería demasiado asertiva para manejarla, mientras que una Rusia derrotada, debilitada y aislada no tendría más remedio que convertirse en un dócil aliado estratégico de China, otorgando acceso a los recursos naturales de Siberia en el proceso. Dado el hecho de que China parece haber sido consciente de los planes rusos para invadir Ucrania desde el principio, y alentó a Rusia a hacerlo, solo para revertir su apoyo una vez que comenzó la guerra, todo esto sugiere que China puede haber estado apostando a una derrota rusa todo el tiempo.